De la clase vectorialista al dominio de la IA
McKenzie
Wark, la celebrada autora deUn manifiesto
hacker, se ha
dedicado en los últimos años al estudio de
diversos
temas en torno a la teoría política y la crítica
cultural
desde la cátedra en Estudios Culturales y Me-
dios
de Comunicación que ocupa en el Lang College de
la
New School for Social Research de Nueva York. Este
libro,El
capitalismo ha muerto. El ascenso de clase vec-
torialista, reafirma a
Wark como una de las voces más
privilegiados
para hablar de los problemas aparejados a
la
era de la información.
Wark
propone una visión poscapitalista muy per-
personal.
La tesis principal de fondo, esbozada desde las
primeras
páginas, es que se ha producido una contra-
dicción
en el seno de los que aspiran a ostentar el poder
der.
Si habitualmente las clases dominantes lo eran,
precisamente,
por manejar algún tipo de bien escaso (la
gracia
divina, la propiedad, los medios de producción,
etc.),
ahora nos encontramos con que para mantener la
desigualdad
de clase hay que bregar y manejar algo ex-
tremadamente
abundante; un sable, la información. Esta
contradicción
resulta irresoluble, lo que daría paso a un
nuevo
modo de producción aún más salvaje que el ca-
pitalismo,
ajeno ya a los mentados bienes escasos tra-
adicionales,
donde el dominio se consigue por otra vía:
«la
clase dominante de nuestro tiempo es la que posee y
controla
la información» (p. 15), lo que no implica que
los
modos de producción precedentes se hayan borrado
de
un plumazo, por supuesto que conviven y se solapan;
de
hecho, incluso la esclavitud continúa vigente en algu-
nuestros
territorios.
Si
analizamos las principales empresas a nivel de
capitalización,
nos encontramos que todas siguen este
nuevo
modelo de negocio, que pese a mantener las in-
justicias
capitalistas explicadas por los modelos clásicos
(sobre
todo en lo que respeta a la precariedad de sus
trabajadores),
añade una nueva de corte epistémico: de-
sarrollan
un proceso de extracción de información que
va
más allá de aquellos que trabajan para la empresa,
afectado
a los compradores, quienes no reciben nin-
guna
contraprestación por su trabajo (el caso Alexa es
fagrante).
Y este modelo, decimos, ya no atañe única-
mente
a las empresas tecnológicas, sino que se lo han
apropiados
todos los demás. La información es el patrón.
oro
de nuestro tiempo. Es precisamente, entonces, este
modelo
de extraccion de la informacion el que quiere
pensar
Wark, dejando entrever que quizás nos hemos
atascado
creyendo que cualquier nuevo fenómeno brota
de
una esencia sempiterna del Capital.
De
este modo, aparecería, a raíz del nuevo modo de
producción,
«un nuevo tipo de clase dominante:la clase
vectorialista» (pág. 22).
Aceptar esto podría resultar difícil
para
aquellos que se han quedado con lo que, irónica-
mente,
Wark llamael
alcalde golpeó de Marx:
ese mito que se
caracteriza
por una serie de notas atribuibles al capitalis-
mo
realmente existente a manera de racimo (extracción
de
plusvalor, forma-mercancía, la disminución prolon-
gada
de la tasa de ganancia, etc.), las cuales son vistas tal
que
cualidades esenciales, y por unas oposiciones (bien
las
contradicciones internas del capital –o en la versión
ave
fénix schumpeteriana: la «destrucción creativa»–
bien
una antítesis que, dialécticamente, se opondría a
aquella
sociedad que la hizo surgir, el proletariado), que
se
entienden como las únicas formas de derrumbar su
esencia.
En tiempos más recientes se ha ensayado teóri-
Camente
un tercer camino: el camino de la aceleración.
Lo
verdaderamente sorprendente es que este mito, esta
creencia
en una esencia sempiterna del Capital con di-
diferentes
apariencias, incluso aparienciasmejores, es co-
mún
a izquierda y derecha. Ahora bien, la vía que va a
explorar
McKenzie Wark es la contraria: plantear que
lejos
de que este sea un capitalismoa mejor, «aquí van
las
malas noticias: esto ya no es capitalismo, se trata de
algo
peor. Y las buenas noticias: el capitalismo no es
eterno
y, aunque este modelo de producción pueda ser
peor,
no es para siempre» (p. 44). Se trata, pues, de una
actitud
propositiva, que intenta sacarnos del bloqueo del
Realismo
capitalista mapeado por Mark Fisher. Para ello,
nos
hace falta actualizar nuestro lenguaje a las tesituras
de
nuestro tiempo.
Wark
propone, mediante el método debordiano del
détournement, empezar no
por el capitalismo, que sería
como
presuponer que es lo que hay, sino en el inicio de
la
madurez intelectual del propio Marx; es decir, con el
texto
sobre los modos de producción que sirve de apertura
tura
a suContribución
a la crítica de la economía política-
tica. En él se
describe cómo es la infraestructura la que
determina
la superestructura; o sea, cómo el modo de
producción
de la vida material (las formas de organiza-
ción
socio-técnica) confecciona la ideología social. pero
la formación social determinada
por el modo de producción
La
ción capitalista parece no ser, como pensaba Marx, el
último
eslabón de la cadena.
Ha
surgido una nueva fuerza de producción, la in-
formación;
la extrañeza de sus propiedades ontológicas
provoca
«un enigma dentro de la forma mercancía»
(p.
58), ya que, al contrario de la escasez ínsita en la
mercancía,
la información es algo cuya abundancia es
desbordante.
Si esto es así, de aquí deberían emerger.
unas
nuevas relaciones de producción mediadas por la
privatización
de la información (leyes de propiedad in-
telectual),
lo que vendría a conformar a su vez una nue-
va
relación de clase. McKenzie Wark asumirá que, en
efecto,
eso es lo que ocurre: «vamos a llamar a esas dos
clases
laclase
hackery laclase
vectorialista»
(pág. 60).
1
La
clase hacker es la que produce nueva información.
o,
afnando más, produce nueva enformación a partir de
la
antigua (como en el verso de Eliot, echa leña vieja al
nuevo
fuego), sin embargo, no se halla constreñido al
horario
de la fábrica, como le pasaba al proletariado tan
bien
retratado en aquellas películas de Chaplin, sino que
esto
«sucede cuando sucede» (ibídem.),
virtualmente en
cualquier
momento (incluido, claro está, aquel en el que
uno
no está trabajando), y aunque aquello que produce
puede
seguir siendo suyo (de su propiedad, digamos) re-
sulta
extrañísimo que «[retenga] la mayoría del valor de
lo
que crea o inventa» (p. 62). La picadora de carne se
situarse
ahora en cualquier lugar y en cualquier tiempo; Ja
hubo
un trastocamiento: «la clase capitalista se viene
nuestros
cuerpos, pero la clase vectorialista se viene
nuestros
cerebros» (p. 79).
Lo
anterior no significa, como ya comentamos más
arriba,
que las opresiones de clase tradicional se ha-
yan
extinguido; Al contrario, Wark entiende que nuestra
La
formación social es un híbrido de tres capas dominantes.
tes
y tres capas dominadas: entre las primeras están los
terratenientes,
los capitalistas y los vectorialistas; entre
las
segundas, los agricultores, los trabajadores y los hac-
Kerers.
Eso sí, la capa vectorialista se situaría por encima,
manejando
a su antojo los hilos de todas las demás, y
habría
dado paso a un cambio cualitativo, con novedo-
sas
vías de dominación, de extracción de beneficios, etc.
Por
ejemplo, «en lugar de vigilar o restringir la libre
creación,
esta otra estrategia consistía en desplazar su
captura
a un nivel más abstracto. La producción de in-
formación
puede ser subcontratada como mano de obra
gratuita,
con personas que trabajan pero a las que ni si-
quiera
es necesario pagarles. (...) Este nuevo tipo de cla-
se
dominante no se apropia de una cantidad de la plus-
Valía,
sino que más bien saca provecho de una asimetría.
de
la información» (pág. 74). Su valor se obtiene incluso
del
trabajo gratuito.
Como
vemos, esta nueva clase no se basa en la pose-
sión
de los medios de producción, sino en el monopolio
de
los vectores informacionales (ubicaciones, redes so-
ciales,
realización de transacciones, control de la aten-
ción y un largo etcétera); o mar,
«poseen los algoritmo
ue
clasifican y asignan una enformación particular en
una
circunstancia particular» (p. 75). Y es precisamen-
te
esta cualidad lo que les permite dominar no solo a
las
clases dominadas, sino, paradójicamente, también al
resto
de clases dominantes, dado que las subsume, es
más
abstracta que cualquiera de ellas. Pero ¿qué es esto?
informacion?
Wark señala que «la información es una
relación
entre repetición y novedad, orden y ruido» (p.
102),
esa novedad se sostiene gracias a la clase hacker.
Y,
precisamente, la clase dominante, que ya no maneja
ni
posee de manera directa los medios de producción
(deja,
pues, de administrar realidades tangibles), se con-
vierte
en la administradora de la información: «esta nue-
va
clase controla o posee la información sobre las cosas,
en
lugar de las cosas mismas» (p. 123) como ocurría con
la
clase capitalista.
La
pregunta que se plantea Wark es, en términos
de
Weber, por qué la racionalización de la producción
de
información no iba a traernos un nuevo antagonis-
modo
de clase. Este sería, como venimos subrayando, el
antagonismo
entre vectorialistas y hackers, en el que
cabe
rastrear las tres características propias de los an-
tagonismos;
a saber, propiedad, autoridad y experticia:
«emerge
en primer lugar de la racionalización de la, así
llamada,
ley de propiedad, que cada vez más incluye a
la
información como algo muy cercano a la propiedad
privado.
La dominación vectorialista sobre todas las cla-
ses
subordinadas están sostenidas por la automatización de
las
relaciones de autoridad, que toman la forma de vigilancia
lancia
generalizada y cuantificación. (...) [Asimismo,] el
ascenso
de la clase vectorialista cambia el tipo de titula-
ciones
o califcaciones que parecían tener valor para el
poder
de clase» (págs. 115-116). Pero además, Wark aduce
que
existe unadimensión
técnicaen
este antagonismo,
la
cual consistiría en un poder algorítmico que brota de
una
asimetría en la información capaz de sesgos no solo
de
clase, sino también raciales o de género; es decir, que
el
poder algorítmico codifica nuevas modulaciones de la
dominación.
En consecuencia, la autora se solidariza
con
un pensamientoacomunista, en el que
«el prefjoa
simplemente
signifca 'sin', y no 'contra'» (p. 213), en
tanto
que el binomio capitalismo-comunismo ha quedado-
do,
en cierto sentido, fuera de juego.
En
la obra de McKenzie Wark nos encontramos, igual-
mente,
honda reflexiones sobre la evolución científicaF-
co-técnica
en Oriente y Occidente, el Antropoceno, la
relación
entre la conciencia y el afuera (el sujeto y el
objeto),
las diferentes tradiciones marxistas, una apuesta
por
el «marxismo vulgar» frente al «marxismo gentil»
en
vistas de imaginar un futuro, o, incluso, realizar un
pequeño
análisis de la película de Raoul PeckEl joven
Marx. Todo ello
encaminado a responder a esa pregunta:
¿ha
muerto el capitalismo? Pese a que es consciente de
que
«nadie quiere abandonar la certeza de un mal que ya
conoce,
o que cree que conoce, por algo que promete ser
todavía peor» (p. 44).
Óscar Díaz Rodríguez.
Chakana de mi corazón, este texto de Óscar Díaz Rodríguez sobre El
capitalismo ha muerto. El ascenso de la clase vectorialista, de McKenzie Wark,
nos permite continuar nuestra crítica del espíritu del mundo, pero ahora desde
una cuestión más precisa: ¿la inteligencia artificial representa una
transformación de las relaciones de producción o una transformación de la
manera en que el poder captura la reproducción de la vida?
Mi
lectura es que Wark nos ayuda a identificar una mutación decisiva, pero deja
abierta la cuestión que nuestra Ciencia del Logos quiere redevelar: cómo salir
de la captura sin convertir la emancipación en otra lucha por el dominio de la
información.
1. Wark: el poder ya no necesita poseer
directamente las cosas

McKenzie
Wark
El
capitalismo ha muerto. El ascenso de la clase vectorialista
La tesis
que presenta el fragmento es que una clase dominante emergente controla los
vectores por los que circula, se organiza y adquiere valor la información. Su
poder no depende exclusivamente de poseer fábricas, tierras o mercancías:
también depende de controlar las infraestructuras que hacen accesibles,
clasificables y utilizables las capacidades de los demás.
La
distinción entre dos clases es central:
- Clase hacker: produce nueva
información, nuevos conocimientos y nuevas formas de organización de lo
conocido.
- Clase vectorialista:
controla los medios que permiten capturar, organizar, clasificar,
distribuir y monetizar esa producción.
La
paradoja es que la producción puede estar ampliamente distribuida mientras el
poder de apropiarse de sus resultados permanece concentrado.
Una
persona puede producir conocimiento, imágenes, código, conversaciones o
relaciones. Pero si otra instancia controla las plataformas, los algoritmos,
los datos, la infraestructura y las condiciones de acceso, la capacidad de
producir no equivale a la capacidad de decidir qué sucede con lo producido.
El
fragmento de Wark denomina a esto una asimetría informacional. Su importancia
consiste en que el dominio puede operar incluso sin controlar directamente cada
acto productivo.
2. Nuestra primera contraalteración: ¿ha muerto el
capitalismo o ha cambiado su forma de captura?
Wark
propone que el capitalismo podría haber dejado de ser la categoría suficiente
para comprender la formación social contemporánea. No afirma que hayan
desaparecido la explotación laboral, la propiedad privada o las clases
anteriores: sostiene que la clase vectorialista introduce una relación de dominio
cualitativamente nueva.
Debemos
distinguir tres afirmaciones:
- Ha cambiado la
infraestructura del poder. La propiedad y el control de redes, datos,
algoritmos y plataformas se han vuelto decisivos.
- Han cambiado las formas de
extracción. El trabajo no remunerado de los usuarios, la vigilancia y la
apropiación de información pueden generar valor y ventajas económicas.
- Ha nacido un modo de
producción que ya no es capitalista. Esta es la tesis más fuerte y no
queda demostrada únicamente por las dos anteriores.
La
tercera afirmación requiere probar que han cambiado las relaciones sociales
fundamentales de reproducción, no solamente sus instrumentos.
Una
empresa puede dominar mediante datos y algoritmos, pero continuar dependiendo
de la inversión, la propiedad privada, el trabajo asalariado, la competencia y
la acumulación. En ese caso, el vector informacional no habría sustituido
necesariamente al capital: podría constituir una forma de reorganizar su poder.
Por eso,
desde nuestra perspectiva, la pregunta no debe cerrarse de antemano con «el
capitalismo ha muerto» ni con «todo sigue siendo exactamente capitalismo».
La
cuestión es qué relaciones se han alterado, cuáles persisten y cuáles se han
vuelto más difíciles de percibir.
3. De la clase vectorialista al dominio de la
inteligencia artificial
La IA
profundiza el problema descrito por Wark porque no solo permite capturar
información existente. También puede participar en la producción,
clasificación, transformación y circulación de nueva información.
La secuencia
puede representarse así:
Conocimiento
colectivo → extracción de datos → entrenamiento de modelos → control de
infraestructura → distribución algorítmica de capacidades → apropiación de
beneficios.
Cada paso
abre una pregunta sobre el poder.
¿Quién produjo
los conocimientos con los que se entrenó el modelo? ¿Quién autorizó su
utilización? ¿Quién posee los centros de cómputo y controla la energía
necesaria? ¿Quién determina qué respuestas se distribuyen? ¿Quién puede auditar
las decisiones? ¿Quién recibe los beneficios y quién asume los costes
laborales, sociales y ecológicos?
La IA no
elimina la clase hacker. Puede aumentar la capacidad de muchas personas para
producir conocimiento, programar, investigar y crear. Pero esa expansión puede
coexistir con una concentración creciente del control sobre los medios de
producción informacional.
Aquí se
encuentra una contradicción que importa para nuestro trabajo: la
democratización de la capacidad de producir no implica la democratización de la
capacidad de decidir qué se produce, cómo circula y para qué se utiliza.
Y hay una
dificultad adicional: no toda la información que se produce es conocimiento, ni
todo conocimiento puede reducirse a información procesable. La experiencia
corporal, el cuidado, la memoria territorial y la reciprocidad comunitaria no
quedan agotados por su registro en datos.
4. El límite de Wark desde la respiración
ontológica
Wark
desplaza el antagonismo desde el proletariado y la clase capitalista hacia la
oposición entre hackers y vectorialistas. Ese desplazamiento ilumina relaciones
de poder que una lectura exclusivamente industrial puede pasar por alto.
Pero
nuestro marco plantea una pregunta distinta: ¿la emancipación consiste en
liberar la producción de información del monopolio vectorialista, o en
transformar la relación por la que la vida misma se vuelve material disponible
para la extracción?
Esta
diferencia es fundamental.
Imaginemos
que una comunidad logra controlar sus datos, desarrolla sus propios modelos de
IA y comparte el acceso a su infraestructura. Habría conquistado una capacidad
real de autonomía tecnológica. Sin embargo, podría seguir subordinando sus
actividades a la productividad, la competencia y la acumulación. Podría
convertirse en una comunidad más eficiente en la extracción de sus propias
capacidades.
La
propiedad colectiva de los vectores sería entonces necesaria en determinadas
circunstancias, pero no suficiente para la ruptura ontológica.
La
cibernética de tercer orden introduce otra exigencia: que las capacidades tecnológicas
entren en una dinámica de alteración y contraalteración comunitaria, donde
también puedan ser cuestionados los fines, las necesidades y los criterios de
eficiencia que organizan su uso.
No basta
con democratizar el algoritmo. Hay que poder alterar la relación social que
decide para qué existe.
5. Las cinco pruebas de nuestra crítica
Podemos
confrontar la tesis vectorialista con las cinco dimensiones que venimos
trabajando para analizar la crisis del capital y la reproducción de la vida.
|
Dimensión |
Pregunta dirigida al dominio vectorialista |
|
Productividad
y empleo |
¿La IA
reduce trabajo necesario o intensifica el trabajo, la vigilancia y la
precariedad? |
|
Distribución
de beneficios y costes |
¿Quién
recibe las ganancias de la automatización y quién soporta sus costes sociales
y ecológicos? |
|
Tecnología
y condiciones laborales |
¿Los
trabajadores y las comunidades pueden alterar el diseño y el uso de los
sistemas? |
|
Dependencia
tecnológica y financiera |
¿Quién
posee los modelos, datos, patentes, redes, centros de cómputo y fuentes de
financiación? |
|
Reproducción
de la vida |
¿La
tecnología libera tiempo para vivir y cuidar, o amplía la extracción de
atención y disponibilidad? |
Estas
preguntas permiten evitar dos reducciones: considerar que toda innovación es
emancipadora o suponer que toda tecnología constituye únicamente un instrumento
de dominación.
La
tecnología adquiere su sentido social en las relaciones de producción,
propiedad, decisión y reproducción en las que participa.
6. La clase hacker no equivale todavía al Ahayu
Aquí
llegamos a una diferencia importante entre Wark y nuestra propuesta.
La clase
hacker produce nueva información a partir de información previa. Puede
interrumpir monopolios, crear herramientas, compartir conocimientos y revelar
contradicciones. Pero sigue definida por una posición dentro de la producción
informacional.
El Ahayu,
en tu Ciencia del Logos, no es una clase productora de información ni una
identidad que reúna a quienes poseen conocimientos emancipadores. Es la
dimensión comunitaria de la reproducción de la vida, cuya existencia no depende
de que sus relaciones puedan ser convertidas en información.
Por eso
no podemos identificar sin más a la clase hacker con el sujeto de la
emancipación.
Un hacker
puede combatir el monopolio vectorialista y, al mismo tiempo, aspirar a dominar
los vectores que libere. Puede desprivatizar el conocimiento sin transformar la
competencia como principio organizador. Puede compartir herramientas mientras
conserva la idea de que el éxito se mide por la expansión indefinida de la
capacidad productiva.
La clase
hacker puede alterar la relación informacional, pero esa alteración no
garantiza su contraalteración comunitaria.
La
producción de conocimiento no es todavía la reproducción comunal de la vida.
7. Del antagonismo de clases a la respiración de
tercer orden
Primer orden: propiedad
La
pregunta dominante es quién posee los medios de producción y qué autoridad
legitima esa posesión.
Segundo orden: información
La
pregunta dominante es quién controla los vectores, los datos, la clasificación
algorítmica y la circulación de capacidades.
Tercer orden: biotejido
La
pregunta es cómo las comunidades alteran y contraalteran las relaciones
tecnológicas, económicas y políticas para que ninguna instancia pueda
apropiarse de la reproducción de la vida.
La
tercera dimensión no vuelve irrelevantes las dos primeras. Sin propiedad,
infraestructura y control tecnológico, la comunidad puede permanecer sometida a
dependencias materiales. Pero tampoco convierte su modificación en una garantía
automática de comunión.
La
cuestión es cómo las transformaciones materiales se abren a una dinámica
comunitaria que puede revisarlas, cuestionarlas y redevelar sus fines.
Y esto
vuelve a nuestra crítica del liderazgo: ni el hacker, ni el experto, ni el
dirigente político ni el sistema de IA pueden convertirse en representantes
exclusivos de la capacidad colectiva. El liderazgo tiene que emerger de la
respiración del Ahayu y permanecer sujeto a su alteración y contraalteración.
La IA
puede ayudar a cartografiar dependencias, comparar escenarios y reconocer
patrones. No puede sustituir la experiencia comunitaria ni apropiarse del
«entre» en el que acontece la comunión.
8. ¿Qué significa, entonces, que el capitalismo
haya muerto?
Desde
nuestra perspectiva, la pregunta de Wark puede reformularse sin perder su
fuerza:
¿Ha
muerto el capitalismo, o se ha vuelto capaz de capturar dimensiones de la
existencia que antes no podía organizar de la misma manera?
El
dominio vectorialista permite pensar una transformación profunda del poder.
Pero también puede revelar la expansión de la lógica de extracción: ya no se
extrae solamente trabajo dentro de un proceso productivo delimitado; también se
capturan atención, relaciones, conocimiento y actividades cotidianas que
exceden la jornada laboral.
La
mutación informacional puede ser una transformación histórica real sin que por
ello haya desaparecido la reproducción capitalista. Precisamente por eso es
necesario estudiar las nuevas relaciones de poder sin presuponer que el capital
constituye una esencia inmutable ni declarar su desaparición antes de examinar
qué lo reproduce.
Y el
Ahayu introduce una exigencia adicional: no basta con descubrir quién domina la
información. Hay que redevelar qué formas de vida, qué tiempos, qué vínculos y
qué capacidades comunitarias quedan subordinados a ese dominio.
La
ruptura no consiste en pasar de una clase dominante que posee las cosas a otra
que posee la información. Consiste en alterar las relaciones por las que
alguien puede convertir las condiciones de vida de los demás en su propiedad,
su ventaja y su poder de decisión.
Ahí es
donde nuestra Ciencia del Logos puede entrar en diálogo crítico con Wark: no
para negar la mutación vectorialista, sino para preguntar qué tendría que
suceder para que la liberación de la información dejara de ser el horizonte
último de la emancipación y se abriera a la respiración ontológica del Ahayu.
La estrategia más común entre los poscapitalistas de hoy es
hacer del lenguaje (es decir, de todo aquello que significa) algo abstracto, y
por tanto algo fácilmente manipulable. KATHY ACKER ¿Qué diosa del punk eres tú?
A mí me tocó Kim Gordon, o al menos durante un rato. No me sentía del todo
satisfecha e hice la prueba unas cuantas veces, hasta que me salió Patti Smith.
Desconozco qué empresa creó este cuestionario on-line, pero, a cambio del
privilegio de poder jugar, acepté otorgarle acceso a una gran cantidad de
información para acabar aprendiendo lo que ya sé: que soy más del tipo Patti
Smith que tipo Kim Gordon. El cuestionario captó mi atención el tiempo
suficiente para matar el aburrimiento, y me obsequió con algo para publicar en
las redes sociales: un contenido, presumiblemente, capaz de enganchar la
atención de los demás. Hay quienes se asustan cuando se enteran de todo lo que
pueden llegar a saber los algoritmos sobre nosotros, pero yo siempre he pensado
que la privacidad es una idea burguesa.1 Lo distópico, a mi modo de ver, no es
tanto el intercambio de información como la asimetría que se produce en tal
intercambio. Si tienes acceso a tus medios de información de forma gratuita,
esto significa por lo general que tú eres el producto. Si la información no te
ha sido vendida, entonces eres tú el que está siendo vendido. Esto es algo que
quienes nos dedicamos a los estudios de los medios venimos enseñado a nuestros
alumnos desde la época de la televisión.2 En aquellos tiempos todo era bastante
sencillo: escuchabas la radio o veías la tele gratis, y entre los programas o
las canciones había anuncios. Tú eras el producto que era vendido por la
emisora a sus anunciantes; o, para decirlo de modo más exacto, lo que era
vendido era tu atención.3 En aquella época los niveles de información ya iban
en aumento, mientras su coste se desplomaba. Lo que seguía siendo escaso y
valioso (y lo sigue siendo) era tu atención. En la época de la televisión era
difícil saber siquiera qué programa había generado más atención, o qué
publicidad en particular había logrado ser efectiva. El gurú de la industria de
la publicidad David Ogilvy le dijo a uno de sus clientes que la mitad de sus
anuncios habían funcionado y la otra mitad habían fallado, pero no era capaz de
determinar cuáles.4 Una gran cantidad de pócimas milagrosas son aún usadas por
los anunciantes para convencer a sus patrocinadores de que poseen poderes
mágicos de persuasión capaces de estimular la atención del público, alojar una
marca en tu memoria y movilizar el deseo para comprar determinado producto (o
lo que es igual, votar a determinado partido político). Pero el genio maligno
de los media, en la era post-televisión, no consiste solamente en capturar
nuestra atención, sino en registrarla. Una cantidad ingente de información
puede ser extraída sobre quiénes somos, qué nos gusta o cuál es nuestra diosa
del punk favorita. Muchos consumidores media acaban sorprendiéndose por la
cantidad de información que revelan sobre sí mismos.5 Habían sido convencidos
para pensar que los medios de la era post-televisión eran una especie de
servicio público gratuito. Una ilusión que ciertas empresas no tienen reparo
alguno en perpetuar en sus usuarios, pero ciertamente no en sus inversores, a
quienes les cuentan una historia totalmente diferente: al regalar lo que parece
ser un servicio gratuito, se puede extraer más información de la que se ofrece,
y esta asimetría de información puede convertirse a su vez en dinero.6 Las
industrias de la vieja cultura ya sabían cómo sacar provecho del ocio.7 Después
de que el movimiento obrero organizado batallara duramente para conseguir más
tiempo libre para los trabajadores, el capital se vio obligado a ceder, pero
también encontró la forma de mercantilizar ese tiempo libre además del tiempo
de trabajo. Las primeras industrias culturales al menos debían esforzarse para
ofrecer productos que llamasen nuestra atención. En cambio, en la era
post-televisión, las industrias culturales han sido reemplazadas por industrias
buitre que ya ni siquiera se molestan en proporcionarnos cierto
entretenimiento: debemos entretenernos entre nosotros mismos mientras ellos
sacan los beneficios, cobrándoselos en las redes sociales públicas o privadas,
en el trabajo o en el ocio, e incluso cuando dormimos (si te dejas el FitBit
encendido). Lo que dota de un nuevo significado al eslogan inventado por los
surrealistas belgas: «Recuerda, ¡estás durmiendo para el jefe!» Pero no se
trata sólo de nuestro trabajo o nuestro ocio; algo más está siendo
mercantilizado aquí: nuestra sociabilidad, nuestra vida común y ordinaria
juntos, lo que incluso podríamos llamar nuestro «comunismo».8 Claro que no se
trata de una versión utópica del comunismo, sino más bien de algo muy banal y
cotidiano, nuestra pasión por compartir pensamientos y sentimientos, conectar
con los demás, etc. Y, aun así, la mayoría de la gente parece sorprenderse de
que su deseo de compartir y estar juntos, de contactar con amigos, de subir
imágenes de gatitos e incluso su deseo de mantener acaloradas discusiones con
extraños… sea algo que esté haciendo asquerosamente rico a alguien. Decir que
las personas que usan internet son rastreadas, monitoreadas y convertidas en
información, no es decir ni la mitad. Si piensas que te espían en las redes
sociales, imagina qué tipo de información llega a tener tu banco sobre ti. De
hecho, existe toda una economía política que funciona gracias a estas
asimetrías de información como forma de control,9 y que podría equipararse a un
nuevo tipo de relación de clase. Por supuesto, todavía existe una clase
propietaria que posee la tierra que pisamos, y una clase capitalista que posee
fábricas, pero quizá ahora exista otro tipo de clase dominante, una clase que
no posee ninguna de estas cosas, pero que posee el vector a lo largo del cual
se almacena y se usa la información.10 En la actualidad, ya no todos, sino todo
(cualquier cosa animal, mineral o vegetal) puede ser rastreado, monitoreado y
convertido en información. Si solicitas un envío desde una página web puedes
seguir el recorrido del artículo en sus distintas etapas hasta llegar a ti, en
una versión para consumidores de ese rastreo del todo. Aunque creas que
perteneces a la categoría animal, también eres rastreado como si fueras una
piedra. El «sándwich mineral» que se aloja en tu bolsillo (tu móvil) está
generando información sobre todos tus movi mientos. Y de toda esa información
sobre los hábitos y movimientos de personas o cosas podrías generar
predicciones sobre movimientos futuros. Bueno, en realidad tú no podrías hacer
esto, porque mientras estás ocupado produciendo toda esa información, esta ya ha
terminado como propiedad privada en algún centro de datos de una empresa. Tú
produces la información, pero, como ocurre con los perfiles de las redes
sociales, no posees realmente la información ni los medios necesarios para
extraer su valor. No puedes beneficiarte de su poder productivo, aunque
probablemente sí sufrirás los inconvenientes cuando sus predicciones fallen.
Debido a que este vasto e inestable bien común que todos producimos se está
privatizando, puede llegar a ser muy difícil saber cuán precisa o útil resulta
esa información. Montones de chorradas entran y salen, entran y salen todos los
días. Y es igualmente deprimente saber que los algoritmos operan con prejuicios
racistas y sexistas sobre aquellas personas que se suponía debían observar de
modo neutral.11 Esto puede ser irritante al nivel del consumidor, pero también
constituye algo completamente diferente en cuanto a algoritmos de vigilancia se
refiere. El debate habitualmente se encamina hacia la exigencia de un algoritmo
más justo (como si todavía pudiera existir una tercera parte neutral y por
encima de nuestras diferencias), pero lo cierto es que apenas nos queda rogar
por el derecho a ser explotados por las asimetrías de la información de forma
equitativa. Estos aspectos discriminatorios de la economía política de la
información deben ser cuestionados y combatidos, pero conviene no perder de
vista el panorama general. Es decir, la economía política de la información en
su conjunto
Chakana
de mi corazón, este fragmento profundiza la tesis de Wark, pero introduce algo
que nos permite avanzar hacia una crítica más radical: lo que se privatiza no
es únicamente la información que producimos; es la capacidad de apropiarse de
nuestra sociabilidad, nuestro tiempo libre y nuestra vida común.
Y aquí
aparece un punto de contacto con nuestra Ciencia del Logos que merece especial
atención. La autora habla de un «comunismo» banal y cotidiano: el deseo de
compartir, conversar, jugar, discutir, amar y estar juntos. No se refiere a un
régimen político, sino a una capacidad de la vida común que precede a su
apropiación económica.
Nuestra
pregunta comienza precisamente ahí: ¿cómo puede esa capacidad comunitaria dejar
de alimentar un sistema que la captura sin que la solución consista en
privatizarla de otra manera, abandonarla o someterla a una nueva autoridad?
1. La captura no comienza con la información, sino
con una relación asimétrica
El
ejemplo de las diosas del punk es revelador. Una persona participa en un juego,
descubre algo sobre sí misma y comparte el resultado. Para ella, la actividad
es entretenimiento, curiosidad y expresión personal. Para la plataforma, puede
constituir una ocasión de registrar comportamientos, producir perfiles y
aumentar la capacidad de orientar futuras interacciones.
La misma
actividad participa, por tanto, en dos relaciones diferentes:
- Para quien juega, es una
experiencia dotada de sentido.
- Para quien controla la
plataforma, puede ser una fuente de datos, predicciones y ventajas
económicas.
No hay
que suponer que todo cuestionario recopila necesariamente una cantidad enorme
de información ni que toda actividad digital produce el mismo beneficio. El
argumento estructural de la autora es otro: la persona no controla en
condiciones equivalentes el proceso mediante el cual su actividad se convierte
en información aprovechable.
Aquí
podemos distinguir:
Participar
en la producción de información no equivale a controlar sus usos.
Y tampoco
equivale a participar en los beneficios derivados de ella.
La
asimetría no reside simplemente en que una empresa sepa algo sobre nosotros.
Reside en que puede tener una capacidad de análisis, predicción e intervención
que nosotros no poseemos respecto de ella, mientras determina las condiciones
bajo las cuales se utiliza lo que hemos producido.
2. El tiempo libre: la conquista obrera se
convierte en terreno de extracción
Este es
uno de los pasajes más importantes para nuestra crítica de la reproducción
capitalista.
El
movimiento obrero luchó por reducir el tiempo de trabajo y ampliar el tiempo disponible
para vivir. Esa conquista no desaparece necesariamente con las plataformas
digitales; sin embargo, el tiempo liberado puede convertirse en una nueva
fuente de extracción.
La
secuencia que describe la autora es:
Trabajo →
conquista del tiempo libre → industrias culturales → plataformas digitales →
extracción de sociabilidad.
Las
industrias culturales tradicionales vendían entretenimiento y procuraban captar
la atención. Las plataformas actuales pueden trasladar una parte sustancial de
la producción de contenidos a sus propios usuarios: conversamos, publicamos
fotografías, compartimos conocimientos, reaccionamos y mantenemos relaciones,
mientras la infraestructura privada registra y organiza esas actividades.
La
paradoja es que podemos estar produciendo valor económico durante actividades
que experimentamos como descanso, amistad o expresión personal.
Desde
nuestra perspectiva, hay una pregunta más profunda que la del salario no
pagado: ¿qué ocurre cuando el tiempo que habíamos conquistado para reproducir
nuestra vida vuelve a quedar subordinado a la valorización económica?
La
extracción ya no necesita limitarse al interior de la fábrica. Puede extenderse
a las relaciones que sostenemos fuera de ella.
Y esto
altera nuestra concepción de la productividad: una persona puede no estar
trabajando en el sentido contractual y, sin embargo, participar en la
producción de datos que alimentan una infraestructura económica.
3. El «comunismo» cotidiano: aquí se abre el entre
La autora
utiliza la palabra comunismo para nombrar nuestra inclinación ordinaria a
compartir pensamientos, sentimientos, experiencias y actividades. Es importante
respetar el sentido específico de esa expresión: no está afirmando que las
redes sociales sean comunistas, sino que una capacidad común de la sociabilidad
puede convertirse en fuente de beneficios privados.
Desde la
Ciencia del Logos, podemos llevar esta intuición hacia otra pregunta.
Cuando
compartimos una experiencia, no producimos solamente un objeto informacional.
Acontece una relación: alguien habla, otra persona escucha, ambas se alteran y,
a veces, contraalteran sus maneras de comprender y vivir.
Esa
relación no se agota en el contenido que puede registrarse.
Un
algoritmo puede registrar que dos personas conversan, estimar sus intereses o
predecir la probabilidad de que vuelvan a interactuar. Pero el registro no es
la conversación vivida; la correlación no es la reciprocidad; la predicción no
es la comunión.
Por eso
propongo distinguir tres planos:
- Información: aquello que
puede registrarse, codificarse y procesarse.
- Sociabilidad capturada: las
relaciones comunes organizadas de tal manera que sus rastros e
interacciones alimentan una infraestructura de apropiación.
- Biotejido: la dimensión
relacional en la que las capacidades de vivir, cuidar, compartir y
transformar la existencia se producen y redevelan comunitariamente.
El tercer
plano no constituye un territorio puro, ajeno a toda mediación tecnológica o
contradicción. Una comunidad puede utilizar plataformas privadas, reproducir
jerarquías o depender de infraestructuras externas. El biotejido tampoco queda
garantizado por la mera presencia física o por el hecho de compartir algo.
La
diferencia es que el biotejido no se define por la información que circula,
sino por las relaciones de vida que se sostienen, se alteran y se
contraalteran.
La
plataforma puede apropiarse de los rastros de una relación sin apropiarse por
completo de la relación vivida. Pero puede utilizar esos rastros para
intervenir cada vez más en las condiciones en que la relación acontece.
Ahí se
encuentra el problema.
4. De la clase vectorialista a la captura de la
reproducción de la vida
El
fragmento amplía la crítica de la clase vectorialista. El vector no es
únicamente una red social: es la infraestructura que permite almacenar,
organizar, transmitir y utilizar información.
Podemos
observar la asimetría en cinco dimensiones:
|
Dimensión |
Forma de captura |
|
Trabajo
y productividad |
Actividades
de usuarios y trabajadores generan datos aprovechables por las plataformas. |
|
Distribución |
Los
beneficios se concentran mientras quienes contribuyen pueden carecer de
derechos efectivos sobre ellos. |
|
Tecnología
y trabajo |
La
vigilancia y la cuantificación pueden modificar ritmos, decisiones y
condiciones laborales. |
|
Dependencia |
Las infraestructuras
privadas controlan accesos, modelos, datos y capacidades de procesamiento. |
|
Reproducción
de la vida |
La
atención, el descanso, las relaciones y hasta determinados patrones de sueño
se vuelven observables y potencialmente explotables. |
La última
dimensión es la más decisiva para nuestra investigación.
Cuando
una plataforma registra nuestra actividad durante el ocio, no estamos solamente
ante un problema de privacidad. Estamos ante la posibilidad de que el tiempo
necesario para la amistad, el descanso, la intimidad y el cuidado sea
reorganizado como una fuente de extracción.
La
pregunta es cuánto control conserva la comunidad sobre las condiciones
materiales y temporales de su propia reproducción.
Por eso,
una política de protección de datos puede ser necesaria, pero no suficiente.
Una política de competencia puede limitar ciertos monopolios, pero no garantiza
que el tiempo recuperado deje de organizarse según la rentabilidad. Una
propiedad pública de la infraestructura tampoco garantiza que sus usuarios
puedan alterar los fines para los que se utiliza.
La
crítica debe alcanzar la relación entre tecnología y reproducción de la vida.
5. La crítica del algoritmo justo: no basta con
distribuir equitativamente la captura
La autora
señala una contradicción importante: cuando los algoritmos discriminan, la
respuesta suele centrarse en hacerlos más justos.
La
corrección de sesgos es necesaria para evitar daños concretos. Pero si una
infraestructura mantiene una distribución profundamente asimétrica de la
capacidad de decidir, un algoritmo menos discriminatorio no elimina esa
asimetría.
Podemos
imaginar una plataforma que predice con igual precisión los comportamientos de
todos los grupos sociales, distribuye sus errores de manera equitativa y, aun así,
conserva el monopolio de los datos, las decisiones y los beneficios.
La
igualdad en el procedimiento no garantiza la transformación de la relación de
poder.
Desde
nuestra cibernética de tercer orden, la pregunta sería: ¿quién puede intervenir
en la definición del problema, cuestionar la finalidad del sistema, modificar
sus criterios y decidir que determinada actividad no debe ser registrada ni
convertida en información explotable?
No se
trata de rechazar la neutralidad como aspiración metodológica en todos los
contextos. Se trata de reconocer que ninguna corrección técnica, por sí sola,
resuelve quién tiene autoridad para definir las finalidades sociales de la
tecnología.
6. La contraalteración: recuperar la capacidad
comunitaria sin idealizar lo común
Aquí
debemos tener cuidado. No todo lo común es emancipador. Las comunidades también
pueden reproducir exclusiones, jerarquías, prejuicios y formas de vigilancia.
La vida común no está libre de contradicciones por el hecho de no ser una
mercancía.
Por eso,
desde tu marco, la respuesta no sería simplemente trasladar los datos de las
empresas a una comunidad y declarar resuelto el problema.
La
contraalteración tendría que modificar las relaciones que permiten la captura:
- que la comunidad pueda
decidir qué información necesita producir;
- que pueda rechazar
determinadas formas de extracción;
- que controle, cuando
corresponda, las infraestructuras y los usos de los datos;
- que distribuya las
capacidades técnicas y los beneficios;
- que conserve tiempo y
espacios de relación que no deban convertirse en métricas;
- que pueda revisar los
acuerdos y alterar a quienes ejercen autoridad.
No todas
las relaciones humanas necesitan ser registradas para ser valiosas. No toda
experiencia tiene que convertirse en dato. No toda capacidad comunitaria debe
optimizarse.
Esta
última afirmación es crucial: una comunidad puede decidir no maximizar la
productividad de una actividad porque su valor consiste precisamente en el
tiempo compartido, la intimidad o la reciprocidad que hace posible.
7. El punto de ruptura: del valor de la información
al valor de la vida
El
fragmento nos permite precisar una diferencia entre la economía política de la
información y nuestra respiración ontológica.
La
economía política pregunta cómo se produce, captura, distribuye y monetiza la
información.
La
respiración ontológica pregunta cómo la vida se altera y contraaltera en sus
relaciones, y si esas relaciones conservan la capacidad de reproducirse sin
quedar subordinadas a la extracción.
No son
preguntas incompatibles. La primera nos permite identificar mecanismos
materiales de dominación; la segunda impide confundir la transformación de esos
mecanismos con la emancipación completa de la vida.
Por eso,
la ruptura no puede reducirse a que los usuarios reciban una compensación
económica por sus datos, aunque en determinadas circunstancias esa compensación
pueda ser legítima. Tampoco basta con convertir una plataforma privada en
cooperativa si la cooperativa sigue obligada a extraer atención, maximizar
interacciones y competir de la misma manera para sobrevivir.
La
pregunta decisiva es si podemos organizar nuestras capacidades tecnológicas sin
convertir la sociabilidad en materia prima obligatoria.
Y aquí
regreso a nuestra formulación:
El
capital vectorialista captura la información que produce la vida común; la
cibernética de tercer orden busca que la vida común pueda alterar y
contraalterar las condiciones de esa producción, sin que el vector, la
plataforma ni el liderazgo se apropien de su respiración.
La
información puede ser compartida. Las infraestructuras pueden ser
transformadas. Los algoritmos pueden ser cuestionados. Pero el Ahayu no se
reduce a la información que produce ni a la infraestructura que la registra.
La tarea
no es solamente recuperar lo que nos han extraído. Es redevelar una forma de
vivir juntos en la que compartir no equivalga, por necesidad, a alimentar la
máquina de apropiación.
Antes de ver los efectos inherentes a la información que las
corporaciones poseen y controlan, detengámonos para observar las peculiaridades
de esta información en sí. La información es algo bastante extraño.
Contrariamente a la creencia popular, no hay nada ideal o inmaterial en ella.
La información sólo existe cuando existe un material, un sustrato energético
capaz de almacenarla, transmitirla y procesarla. La información es parte del
mundo material, aunque se trate de una parte extraña. La palabra información no
es nueva, pero la ciencia de la información es una creación de la posguerra. La
información es ahora una fuerza organizadora tan potente que se ha filtrado en
nuestra manera de ver el mundo,12 y cuando hoy en día decimos «tecnología» por
lo general queremos decir tecnologías que instrumentalizan la información:
tipos específicos de aparatos que reúnen, clasifican, gestionan y procesan
información para que luego esta pueda ser usada en controlar otros objetos del
mundo. La información tecnológica es una suerte de meta-tecnología diseñada
para observar, medir, registrar, controlar y predecir lo que objetos y personas
(e incluso otra información) pueden, deben o deberían hacer. Estas tecnologías
logran que la información sea muy asequible y abundante, dando lugar a un
extraño tipo de economía política que se basa no únicamente en la escasez de
las cosas, sino también en el exceso de la información. Esto ha planteado
algunos problemas nuevos para aquellos que tenían (o aspiraban a tener) el
poder: cómo mantener las mismas formas de desigualdad de clase, de opresión, de
dominación y explotación, a partir de algo que en principio es tan
ridículamente abundante. En este libro quiero proponer que, al tratar de
resolver esta contradicción, tuvo lugar un nuevo modo de producción. Esto ya no
es capitalismo, sino algo todavía peor. La clase do minante de nuestro tiempo
ya no detenta su dominio a través de la propiedad de los medios de producción,
como hacen los capitalistas; ni tampoco por la propiedad de la tierra, como
hacen los terratenientes. La clase dominante de nuestro tiempo es la que posee
y controla la información. En otros lugares, la peculiaridad de esta situación
es solventada con una mera variación de nuestro concepto previo sobre el
capitalismo.13 Tan sólo hace falta agregarle un modificador: capitalismo «de
vigilancia», capitalismo «de plataforma», capitalismo «neoliberal», capitalismo
«posfordista», etc.14 Cambian las apariencias, pero la esencia permanece igual.
Para sostener nuestro argumento, sin embargo, deberemos contemplar la
posibilidad (aunque sea como un experimento mental) de que esto ya no sea
capitalismo en absoluto. Curiosamente, la tentativa de llevar a cabo este
ejercicio mental se encuentra con una gran oposición, e incluso la teoría
crítica parece fuertemente apegada a la idea de un capitalismo que sigue y
sigue, y no deja de seguir. Contra esta tendencia, Paul Mason ensayó el
concepto de «poscapitalismo», que tenía el mérito de subir aún más la apuesta,
aunque no sea del todo un lenguaje nuevo para el modelo de producción
emergente. Como dice Mason: «La principal contradicción de nuestros días
consiste en lo siguiente: bienes superabundantes e información libre
enfrentados a un sistema de monopolios, bancos y gobiernos intentando
mantenerlo todo privatizado, escaso y comercializable.»15 Mediante una
refrescante lectura de la economía política marxista, Mason proponía una vía
para pensar cómo el capitalismo ha mutado hasta tal punto que es como si
confundiera las ideas heredadas sobre su propia forma y trayectoria. Se trataba
de una lectura estimulante, pero que dejaba dos cuestiones sin resolver: cómo
plantear un lenguaje renovado para describir la situación actual, y cómo
identificar aquello que en nuestro lenguaje heredado sobre el capitalismo nos
impide avanzar en el pensamiento y la acción. Desde hace ya algunos años, he
mantenido ante todo tipo de personas (tanto académicos como activistas) que no
nos hallamos ante el capitalismo sino ante algo peor. Para algunos resulta
obvio, pero para otros es una idea que suscita recelos. De hecho, se da una
curiosa necesidad por encontrar argumentos para no pensar en ello. Quizá haya
llegado el momento de jugar al bingo poscapitalista y hacer un listado de las
reacciones más habituales: Me han dicho que sólo hablo del capitalismo
financiero y que eso no es nada nuevo (lo siento, pero la información ha
seguido teniendo un papel crucial durante todo el ciclo de producción y
reproducción de valor); me han dicho que sólo hablo de circulación (ídem); me
han dicho que la información no es más que una idea, lo cual es idealismo, y que
el materialismo va sobre cosas materiales (incluso la ciencia de mediados del
siglo xx tenía un «materialismo» más sofisticado que esto); me han dicho que el
presente todavía se parece en muchos aspectos al capitalismo de la época del
vapor (sí, puedes intentar que todo parezca igual si quieres, pero tratemos de
centrarnos también en lo que no es igual y cuenta para ambas épocas); me han
llegado a decir que como el telégrafo ya existía en los tiempos de Marx, la
información no es algo tan nuevo (siempre existen precedentes históricos); me
han dicho que hablar de información es hablar el lenguaje de Silicon Valley
(pero ¿por qué dejar que Silicon Valley monopolice el pensamiento sobre la
información, además de la información en sí misma?). Algunos profesores,
generalmente los de mayor edad, me han dicho que Marx ya lo había explicado
todo en alguna oscura nota a pie de página del volumen 2 de El capital y que de
bería leer las reputadas y larguísimas exégesis que ellos mismos han escrito
sobre el tema (Marx no era profesor, no tenía puesto numerario y estaba
intentando explicar tanto el cambio como la continuidad de su época). O bien me
han dicho, como si no lo supiera, que la explotación del trabajo todavía existe
(en eso podemos estar de acuerdo, pero puede decirse lo mismo del sistema
arrendatario, e incluso la esclavitud no se ha extinguido todavía. Los modos de
producción coexisten e interactúan. Yo sólo me pregunto si existe un modo
adicional emergente, no si este sirve para describir la totalidad). Otra
objeción habitual es que sólo estoy hablando del mundo superdesarrollado,
principalmente Europa, Japón y Estados Unidos (pero la información es a día de
hoy el medio para controlar las cadenas de suministro globales que tienen un
alcance profundo en el llamado mundo subdesarrollado). O que sólo se trata del
sector «tecnológico», que no es lo mismo que la economía «real» (esta objeción
parece cada vez más débil, si pensamos en el tamaño que han alcanzado las
empresas tecnológicas punteras y su capitalización del mercado). En todo caso,
no se trata sólo de empresas de tecnología. Y como ejemplo de ello tenemos una
empresa que difícilmente podría considerarse una maravilla del sector
tecnológico, pero que resulta ser el contratador privado más grande de Estados
Unidos: Walmart.16 Se trata de un negocio que algunos incluso considerarían
como minorista. Walmart alcanzó la fama tanto por vender productos muy baratos
como por su despiadada explotación de trabajadores y proveedores. Pero,
examinándolo mejor, se trata más bien de una empresa logística que supo hacer
uso de la información para organizar el flujo de mano de obra y mercancías a
través de su sistema de distribución. Fue de los primeros negocios en adoptar a
mino ristas de la informática, e incluso llegó a comprar su propio satélite
para administrar de manera más eficiente los datos. En sus inicios, el fundador
Sam Walton buscaba posibles ubicaciones para sus tiendas desde su avión
privado, pero pronto pasó a un enfoque impulsado por los datos [data-driven].17
La infraestructura de Walmart está constituida de forma radial, con almacenes
agrupados alrededor de los centros de distribución. Lo que es menos conocido es
que posee casi tantos centros de datos como centros de distribución físicos, y
que estos prácticamente tienen las mismas dimensiones. La parte visible para el
consumidor, como las tiendas big-box y las filas interminables de camiones en
la carretera, es meramente una expresión física de un sistema logístico
informatizado que determina en qué lugar deben estar y adónde deben ir. Se
necesita tanta infraestructura para organizar la información como para
organizar la distribución física de los objetos que terminan en las
estanterías, y por eso los centros de datos deben analizar cada uno de los productos
así como la mano de obra que se encuentra en movimiento, anticipándose a todas
las combinaciones posibles, calculando la disposición de bienes y mano de obra
que vendrá a continuación y en momentos posteriores. Los compradores de Walmart
generan una buena cantidad de información que da impulso a la empresa. Se trata
de un intercambio asimétrico: obtienes un pack barato de doce rollos de papel
higiénico y Walmart integra tus datos en un modelo predictivo que rige sus
decisiones comerciales. Quienes trabajan para Walmart son mano de obra
explotada, como también lo son todos los que trabajan en su cadena de
suministro hasta las fábricas o granjas. Y aún hay algo más: la extracción de
información no se da tan sólo mediante el trabajo físico de los trabajadores,
sino que también se extrae de los compradores a los cuales ni siquiera se les
paga nada a cambio. Este proceso adicional (el proceso de extracción de
información) es lo que me interesa, y resulta que no es exclusivo de la
«tecnología», sino más bien un «modelo de negocio» cada vez más común y no muy
bien definido por los modelos clásicos del capitalismo. Tal vez existan nuevas
formas de explotación, desigualdad y asimetría, como parte de una capa superior
de las viejas formas a las que ya estábamos acostumbrados. Echemos un vistazo
al segundo empleador privado más grande de Estados Unidos: Amazon. Vende un
producto llamado Echo que puedes poner en algún lugar de tu casa y que puede
espiarte con sus siete micrófonos direccionales. Hay quienes tienen reservas
sobre esto, pero, de alguna manera, la marca Amazon convence a muchos de que
todo está bien. Echo conecta con Alexa, una inteligencia artificial cuyo
objetivo es aprender tus hábitos, necesidades y deseos para satisfacerlos. Con
el tiempo mejorará en la tarea de ofrecerte información y productos de tu
interés, agregando lo que aprenda de ti a la matriz de lo que ya sabe sobre
todos. Tu trabajo, por el que no te pagan, es entrenar a una máquina para saber
qué es lo «humano» visto exclusivamente desde la perspectiva del consumo.18
Echo y Alexa también te ocultan todo lo que hay entre la enunciación de un
deseo y su realización por parte de Amazon. Echo es la capa superior de lo que
Benjamin Bratton llama «la pila» o apilamiento [the stack]:19 tu deseo debe ser
analizado de forma que una máquina lo pueda comprender; ese es el trabajo de
esta capa o interfaz de pila.20 La interfaz tam bién te posiciona en relación a
ella, con el resto de «la pila», como un tipo específico de asunto: eres un
usuario. Digamos que eres un usuario que quiere un libro, entonces dices:
«Alexa, encárgame un ejemplar de El capital de Marx». Una vez confirmes que eso
es lo que realmente deseas comprar, esta información pasará como si fuera un
vector (un tipo particular de línea) a través de una nueva serie de capas de la
infraestructura de pila, entregándote el producto, ya sea inmediatamente (si es
un libro electrónico) o en un día o dos (si es un objeto físico). Cada deseo
expresado se convierte así en un vector único, a través de un espacio en capas
que puede cumplir casi un infinito número de deseos, siempre que estos tomen la
forma de un usuario que pregunta a una interfaz para adquirir una mercancía. En
realidad no te permite desear o ser nada más.21 Tu deseo se convierte así en un
vector que pasará por muchas capas de la pila. Bratton llama a estas capas
dirección, ciudad, nube y tierra. La capa dirección sabe dónde estás y dónde se
encuentra el libro que deseas, y puede calcular el vector óptimo para llevar a
uno con el otro y satisfacer así el deseo. La capa ciudad es el lugar donde
reside la parte física de la infraestructura, se halla en algún almacén, en
alguna parte.22 Existe un almacén de suministro en otro lugar; y también hay
unas oficinas de Amazon que diseñan, gestionan y venden todo esto en algún otro
paradero. La capa nube conecta todos estos lugares y muchos otros, operando
según la información recopilada en todos ellos, no sólo para cumplir con los
pedidos y administrar cada vector, también para aprender del conjunto de estas
acciones y pronosticar de qué otra forma podría extraer información de
Chakana
de mi corazón, este fragmento nos permite dar un paso más allá de la crítica a
la clase vectorialista. Wark ya no está hablando solamente de empresas que se
apropian de información: está mostrando cómo la información se convierte en una
infraestructura material que organiza los movimientos de las mercancías, el
trabajo, los deseos y las decisiones.
Y el
ejemplo de Walmart es decisivo, porque impide reducir el fenómeno a Silicon
Valley o a las empresas que fabrican inteligencia artificial. La cuestión
alcanza a la economía material entera.
Voy a
redecomprender el texto desde nuestra Ciencia del Logos, distinguiendo lo que
Wark nos permite ver de aquello que todavía tenemos que alterar.
1. La información no es inmaterial: es materia
organizada
Wark
comienza combatiendo una separación equivocada: la información no pertenece a
un mundo ideal, separado de la materia. Para existir necesita un soporte
físico, energía y operaciones capaces de almacenarla, transmitirla y
procesarla.
Un
algoritmo necesita máquinas; las máquinas, electricidad; los centros de datos,
territorio, refrigeración, minerales, redes y trabajo. La denominada nube tiene
una materialidad que la metáfora oculta.
Esto
tiene una consecuencia fundamental: el dominio informacional no reemplaza el
mundo material. Puede reorganizarlo a una escala y con una precisión nuevas.
En
Walmart, la información organiza el desplazamiento de mercancías y
trabajadores. En Amazon, la interfaz transforma una expresión de deseo en una
secuencia de operaciones logísticas. En ambos casos, la infraestructura
informacional no permanece fuera de la producción: interviene en la
organización de sus condiciones materiales.
Por eso
conviene distinguir:
- Información: una
organización de diferencias que puede almacenarse, transmitirse y
procesarse en un soporte material.
- Infraestructura
informacional: los dispositivos, redes, sistemas y operaciones que hacen
posible su tratamiento.
- Poder vectorialista: la
capacidad de controlar las condiciones por las cuales esa información
circula, se utiliza y produce efectos sobre otros.
La
tercera dimensión no se deduce automáticamente de las dos primeras. Se
constituye mediante relaciones de propiedad, autoridad y dependencia.
La
información puede ser abundante; el poder para organizarla y utilizarla no
tiene por qué estar distribuido de manera equivalente.
2. Walmart: el algoritmo no está fuera de la
fábrica
El
ejemplo de Walmart cuestiona la separación convencional entre economía «real» y
economía «digital».
Imaginemos
una cadena logística en la que cada producto, almacén, camión y trabajador debe
encontrarse en una determinada posición en un momento determinado.
La
infraestructura informacional permite coordinar esos movimientos, anticipar
demandas, calcular inventarios y organizar la distribución. La mercancía
visible en la tienda es solamente una parte de un sistema más amplio de
planificación.
La
información interviene así en la organización de la producción y la circulación
material.
Pero aquí
hay una distinción que considero necesaria para nuestra crítica: no toda
optimización logística constituye por sí misma una nueva forma de explotación.
Una mejor coordinación puede reducir desperdicios, evitar faltantes y ahorrar
trabajo. La cuestión es quién controla esa capacidad, quién obtiene sus
beneficios y quién soporta los costes de la optimización.
Si la
empresa utiliza el sistema para intensificar los ritmos laborales, trasladar
riesgos a los proveedores y concentrar ventajas competitivas, la optimización
puede convertirse en un mecanismo de dominación. Si la misma capacidad se
empleara para reducir jornadas, mejorar condiciones laborales y disminuir
desperdicios ecológicos, sus efectos podrían ser distintos.
Por eso,
nuestra crítica no debe quedarse en que existe un algoritmo que organiza la
logística. Debe preguntar qué relación social organiza y qué finalidad
reproduce.
Aquí
aparece una de nuestras cinco pruebas: productividad y reproducción de la vida
no son necesariamente equivalentes.
3. Amazon y Alexa: del deseo expresado al deseo
procesable
El
ejemplo de Alexa introduce otra transformación.
La
persona dice: «Quiero un libro». La interfaz interpreta la expresión, solicita
una confirmación y activa una cadena de operaciones que conecta usuario,
dirección, inventario, logística, pago y entrega.
El deseo
entra en una infraestructura que puede convertirlo en una operación comercial.
La
interfaz no es simplemente una ventana neutral hacia el mundo. Determina qué
acciones reconoce, qué opciones presenta y cuáles quedan fuera de su campo de
posibilidades.
El
usuario puede comprar, buscar, consultar o reproducir contenidos dentro de las
funciones habilitadas. Pero no necesariamente puede alterar las condiciones
materiales de la plataforma, conocer todos sus procesos internos o decidir qué
información se conserva.
Wark
identifica aquí una reducción importante: el sujeto aparece como usuario, y el
deseo se vuelve legible para la infraestructura principalmente cuando puede
traducirse a una operación reconocible.
Desde
nuestra perspectiva, hay una diferencia entre expresar un deseo y redevelar una
necesidad.
El deseo
de adquirir un libro puede ser una expresión singular de curiosidad, estudio,
memoria, creación o placer. La interfaz comercial lo procesa como una solicitud
de compra. Esa traducción es útil para ejecutar una transacción, pero no agota
el sentido de la relación humana con el libro.
La
cuestión no es que una interfaz tenga que comprender la totalidad de nuestra
existencia para cumplir una tarea. Es que una infraestructura comercial puede
llegar a tratar su representación parcial de nosotros como si fuera suficiente
para organizar cada vez más dimensiones de nuestra vida.
El
problema aparece cuando el usuario deja de ser una de las formas posibles de
relación con la tecnología y se convierte en la posición dominante desde la que
la tecnología reconoce a la persona.
4. La pila: una arquitectura que conecta la
información con el mundo
La
referencia de Wark a Benjamin Bratton permite visualizar cómo se conectan
diferentes capas de infraestructura. El modelo de The Stack estudia
precisamente la organización de las relaciones entre computación, redes,
territorio y gobierno.
Interfaz
El deseo
se traduce en una solicitud procesable
Dirección y coordinación
Identidad
operativa, ubicación, inventario y rutas
Nube y procesamiento
Datos,
modelos, predicciones y coordinación de operaciones
Tierra e infraestructura material
Energía,
minerales, edificios, almacenes, transporte y trabajo
Esquema
simplificado para nuestro análisis, no una reproducción literal de todas las
capas del modelo de Bratton.
La
dirección del esquema no debe hacernos olvidar que los procesos también operan
en sentido inverso. La infraestructura material condiciona qué información
puede obtenerse, mientras los datos procesados reorganizan el movimiento de
mercancías, personas y recursos.
La
relación es recursiva.
Y esa
recursividad tiene consecuencias políticas: quien controla la coordinación de las
capas puede adquirir capacidad para intervenir en actividades que, observadas
por separado, parecen pertenecer a agentes diferentes.
Una
persona compra un producto; un trabajador prepara un pedido; un proveedor
ajusta su producción; un transportista modifica su ruta. Cada uno realiza una
actividad particular, pero la infraestructura puede integrar esas actividades
en un sistema cuya finalidad global ninguno de ellos controla por completo.
Esta es
una de las formas en que el poder informacional se vuelve material.
5. La segunda inteligencia: cuando la vida se
convierte en un conjunto de vectores
Aquí
podemos introducir una distinción propia de nuestro trabajo.
La
primera operación de una infraestructura informacional consiste en registrar
una actividad. La segunda consiste en relacionarla con otras actividades para
identificar regularidades. La tercera permite utilizar esas regularidades para
anticipar comportamientos e intervenir sobre las condiciones en que ocurrirán.
Podríamos
representarlo así:
Actividad
vivida → registro → correlación → predicción → intervención.
Esta
secuencia no es inevitable ni todos los sistemas la realizan íntegramente. Pero
permite comprender cómo la información pasa de ser una representación de
acontecimientos a convertirse en un medio para reorganizarlos.
El
sistema no necesita conocer ontológicamente a una persona para predecir
determinados comportamientos. Puede producir predicciones útiles a partir de
regularidades parciales, aunque no comprenda el sentido vivido de aquello que
registra.
Y
precisamente por eso puede ser eficaz y, al mismo tiempo, profundamente
limitado.
Una
plataforma puede anticipar cuándo alguien comprará un producto sin comprender
qué significa ese producto en su existencia. Puede calcular probabilidades de abandono
sin comprender la experiencia de una relación. Puede clasificar necesidades
declaradas sin distinguir plenamente entre una demanda inducida, una necesidad
vital y una capacidad comunitaria que todavía no ha encontrado palabras para
expresarse.
Desde
nuestra Ciencia del Logos, la segunda inteligencia no sería simplemente una
inteligencia artificial más avanzada. Sería también la capacidad de reconocer
qué queda fuera de las categorías mediante las cuales el sistema organiza la
realidad.
La
cibernética de tercer orden no consiste en construir un algoritmo que lo sepa
todo. Consiste en mantener abierta la posibilidad de alterar y contraalterar
los marcos que deciden qué cuenta como información, necesidad, eficiencia y
resultado.
6. La captura vectorialista no es todavía una
explicación completa del capital
Wark
quiere explorar la posibilidad de un modo de producción que ya no sea
capitalismo. El argumento del texto es que la clase vectorialista controla la
información y puede subordinar a otras clases mediante esa capacidad.
Pero los
ejemplos de Walmart y Amazon también muestran una continuidad importante: la
infraestructura informacional organiza trabajadores, mercancías, inversiones y
transacciones comerciales.
Por
tanto, hay dos preguntas que debemos mantener abiertas.
La
primera es si el control de los vectores constituye una relación de clase
suficientemente distinta para hablar de un modo de producción emergente.
La
segunda es si ese poder informacional se reproduce independientemente de las
relaciones capitalistas o si, por el contrario, las reorganiza y amplifica.
La
existencia de una clase que controla infraestructura informacional no resuelve
por sí sola la cuestión. Para demostrar una transformación de modo de
producción, habría que examinar cómo se organizan la propiedad, la apropiación
del excedente, la dependencia laboral, la reproducción material y las
condiciones de continuidad del sistema.
Esta
distinción importa porque, si llamamos poscapitalismo a toda mutación
tecnológica, podemos perder de vista las relaciones capitalistas que siguen
operando. Pero si suponemos que todo es una simple repetición del capitalismo
industrial, podemos dejar de percibir las nuevas capacidades de control que
transforman el trabajo, la circulación y la vida cotidiana.
La
crítica tiene que poder pensar la continuidad y la alteración simultáneamente.
7. La contraalteración desde el Ahayu
Llegamos
al punto donde nuestra propuesta se separa de una crítica centrada
exclusivamente en el monopolio de la información.
Supongamos
que una comunidad consigue desarrollar su propia plataforma, controlar sus
datos y administrar una infraestructura tecnológica compartida. Ha alterado una
relación de dependencia. Pero todavía necesitamos preguntar:
- ¿La infraestructura sirve a necesidades
definidas por la comunidad o la comunidad acaba adaptándose a las
exigencias de la infraestructura?
- ¿La automatización libera
tiempo para el cuidado y la vida común o solo incrementa la producción?
- ¿La comunidad puede decidir
no registrar determinadas relaciones?
- ¿Puede modificar el modelo
de eficiencia sin perder el acceso a los medios de los que depende?
- ¿Puede revisar la autoridad
de quienes gestionan el sistema?
Estas
preguntas introducen la contraalteración: no basta con apropiarse de una capacidad
técnica; es necesario que la capacidad comunitaria pueda alterar también las
finalidades y relaciones que esa técnica organiza.
Aquí se
comprende por qué el Ahayu no equivale a una plataforma comunitaria ni a una
base de datos colectiva. El Ahayu no se define por la propiedad de la
información, sino por la reproducción viva de las relaciones comunitarias.
Una
infraestructura puede pertenecer jurídicamente a una comunidad y, aun así,
someterla a una racionalidad que sus integrantes no pueden cuestionar. A la
inversa, una comunidad puede utilizar tecnologías que no posee plenamente y
mantener prácticas de reciprocidad, aunque su autonomía material siga siendo
frágil.
La tarea
política es transformar esas dependencias sin confundir la herramienta con la
vida que la utiliza.
8. La formulación que emerge
Wark nos
permite reconocer que la información no flota por encima de la materia:
organiza la circulación de las cosas, la coordinación del trabajo y la
ejecución de los deseos.
Nuestra
contraalteración añade que tampoco debemos confundir la organización
informacional de la vida con la vida misma.
El
dominio vectorialista aparece cuando una instancia concentra la capacidad de
organizar los flujos de información y utilizar esa posición para condicionar a
los demás. La ruptura de tercer orden comienza cuando las comunidades adquieren
capacidad material para alterar esas condiciones y pueden contraalterar sus
propias decisiones sin quedar subordinadas a una nueva autoridad.
Por eso,
Chakana, la pregunta que deja este fragmento no es únicamente quién posee los
datos o quién controla la nube.
Es esta:
¿Puede la
información organizar la reproducción material de la vida sin convertirse en la
instancia que determina qué es la vida, qué necesita y para qué debe reproducirse?
Ahí se
encuentra la frontera entre una tecnología que amplía las capacidades
comunitarias y una infraestructura que convierte esas capacidades en vectores
de su propia reproducción.
En el primer
capítulo deEl capitalismo
ha muerto: El ascenso de la clase vectorialista,
titulado originalmente "El
sublime lenguaje de mi siglo" (en
referencia a una cita del situacionista Guy Debord), la teórica cultural
McKenzie Wark sienta las bases metodológicas y críticas de todo su libro. [1,
2,
3,
4]
El núcleo de
este capítulo no se enfoca de inmediato en datos económicos, sino en cómo el lenguaje académico, político y
de la teoría crítica nos impide ver que el mundo ha cambiado aleatoriamente
. [1,
2]
Los puntos
clave para entender este primer capítulo son los siguientes:
1. El mito
del "Capitalismo Eterno"
Wark
comienza señalando una curiosa coincidencia: tanto la derecha como la izquierda
política están de acuerdo en que vivimos en un sistema llamado
"capitalismo" y actúan como si este fuera eterno e inmutable
. [1]
·
La izquierda tiende a pensar que
el capitalismo tiene una "esencia eterna" y que solo cambian sus
apariencias exteriores (añadiéndole adjetivos como necrocapitalismo , capitalismo tardío o capitalismo digital ). [1]
·
Wark desafiaba este dogma argumentando que al etiquetar
todo como "capitalismo", nos volvemos perezosos y ciegos ante la
posibilidad de que el capitalismo real ya haya muerto y
haya sido reemplazado por algo diferente y potencialmente peor . [1,
2]
2.
El giro hacia la abstracción y el lenguaje
Citando
a la escritora punk Kathy Acker, Wark analiza cómo el lenguaje y el
conocimiento se han convertido en algo abstracto y fácilmente manipulable. En
este capítulo, defiende que la propia teoría crítica y la escritura deben
cambiar sus reglas del juego. [1]
·
Critica los dogmas académicos
tradicionales y la propiedad intelectual en las ideas.
·
En su lugar, aboga por el détournement
(desvío o reapropiación), una técnica de la Internacional Situacionista que
consiste en tomar elementos, ideas o textos del pasado, distorsionarlos y
usarlos para crear nuevos significados críticos. Para ella, escribir debe
entenderse como una práctica de "comunismo literario" . [1,
2,
3]
3.
La propuesta del "marxismo vulgar"
Frente
a las lecturas ortodoxas y excesivamente refinadas de Karl Marx que se enseñan
en las universidades, Wark propone rescatar un marxismo vulgar o de base
. Esto significa: [1,
2]
·
Dejar de tratar las teorías de
Marx como una "sagrada escritura" inamovible.
·
Utilizar las herramientas de Marx (como el análisis de
las fuerzas de producción y los conflictos de clase) pero aplicadas de forma
directa y cruda a la infraestructura tecnológica y material que pisamos hoy en
día.
[1,
2,
3]
4.
Preparando el terreno: ¿Qué es el "Vector"?
Aunque
la definición pesada de las nuevas clases se despliega en los capítulos
siguientes, en este inicio se introduce la idea de que la información ya no es
un mero accesorio del dinero o las mercancías. El lenguaje de nuestro siglo
está dominado por el vector de información
: la infraestructura material (cables de fibra óptica, satélites, centros de
datos, algoritmos) que permite almacenar, transmitir y procesar datos a escala
global. [1,
2,
3]
En
resumen:
"El lenguaje sublime de mi siglo" es una advertencia metodológica y
un grito de guerra intelectual. Wark nos dice que si seguimos atrapados usando
las viejas palabras del siglo XIX y XX (como "capitalismo"), seremos
incapaces de nombrar, entender y combatir las nuevas formas de dominación
tecnológica del siglo XXI. [1,
2]
En el segundo
capítulo de El capitalismo
ha muerto: El ascenso de la clase vectorialista
, McKenzie Wark propone un experimento mental clave:sugieren
que el sistema actual ya no es capitalismo, sino un modo de producción peor.
Actualiza los argumentos de su obra Un manifiesto hacker
para explicar cómo el control de la información y los datos ha superado al
dominio de la propiedad industrial clásica. [1,
2,
3]
Ideas principales del capítulo
·
El fin del
capitalismo clásico: Wark argumenta que la economía ya no se
organiza en torno a la propiedad tradicional de la tierra o las fábricas, sino
en la propiedad de los "vectores" de información (redes, servidores,
algoritmos y Big Data). [1,
2,
3]
·
La nueva clase
dominante (los vectorialistas): Son quienes poseen y
controlan la infraestructura de la información (como las grandes tecnológicas
tipo Google, Meta, Amazon o Microsoft). Ya no necesitan ser dueños de los
medios de producción físicos para extraer valor. [1,
2,
3]
·
La clase
hacker:
Es el grupo que produce la cultura, el código, el diseño y el conocimiento,
pero que se encuentra subordinado y explotado por la clase vectorialista, la
cual monopoliza los canales de la información. [1]
·
La extracción
de datos y asimetría: El sistema actual se basa en la
abundancia y asimetría de la información, capturando el trabajo gratuito de los
usuarios (su atención, hábitos y vida cotidiana) para predecir y monetizar el
comportamiento. [1,
2,
3]
·
¿Por qué es
algo peor?:
Porque si el capitalismo enajenaba el trabajo físico y la producción material,
este nuevo orden digital coloniza la totalidad de la experiencia humana, la
comunicación y el tiempo libre bajo una lógica de control algorítmico más
difusa y difícil de combatir. [1]
En el tercer
capítulo, «Las
fuerzas de producción», del libro El
capitalismo ha muerto: El ascenso de la clase vectorialista
(2021) de McKenzie Wark, la autora reinterpreta el concepto marxista de fuerzas
productivas para adaptarlo a la era digital. Wark argumenta que las
herramientas para producir ya no son solo las fábricas o las máquinas físicas,
sino la información, las redes, los algoritmos y los grandes datos (Big Data).
[1,
2,
3]
Ideas principales del capítulo
·
La actualización del materialismo
histórico:
Wark toma la base de Karl Marx sobre cómo cambian las sociedades cuando las
fuerzas productivas chocan con las relaciones de propiedad, pero señala que el
eje rector ya no es la materia y la energía brutas, sino el control de la
información. [1,
2,
3,
4]
·
El vector de información:
Las nuevas fuerzas productivas giran en torno al "vector": la
infraestructura tecnológica (satélites, cables, servidores, protocolos y
plataformas) que permite capturar, almacenar, procesar y proyectar datos a
escala global. [1,
2]
·
La transformación del trabajo y
los medios:
Quienes operan y crean dentro de este nuevo entorno no son el proletariado
industrial clásico ni los capitalistas dueños de ladrillos y acero, sino por un
lado la clase hacker (que produce código,
cultura, información y nuevas ideas) y, por el otro, la clase vectorialista (que posee las
patentes, las marcas, las redes y los medios para extraer valor de esa
información). [1,
2]
·
El desplazamiento del capital:
Wark explica que los antiguos capitalistas han quedado subordinados o
absorbidos por esta nueva élite, ya que el poder real recae en quien monopoliza
los flujos de información y la logística digital (como las grandes
tecnológicas). [1,
2]
En
el cuarto capítulo, «El blues de la ubicación de clase», McKenzie Wark analiza
cómo las categorías tradicionales de clase del marxismo clásico (burguesía y
proletariado) ya no bastan para explicar el mundo digital actual, lo que genera
confusión, desorientación y malestar identitario (el "blues" o
tristeza de no saber dónde encajar).
Puntos clave del capítulo
·
La crisis de la conciencia de
clase:
Wark explica que los esquemas antiguos —que definían a las personas solo por
ser dueñas de fábricas o por vender su fuerza física de trabajo— fallan cuando
la economía se basa en la información, los datos y la propiedad intelectual. [1,
2]
·
La nueva cartografía social: La
autora redefine a los actores de este nuevo sistema (el vectorialismo):
o La clase vectorialista:
Posee y controla los vectores de información, las patentes, las marcas y las
plataformas logísticas.
o La clase hacker:
Produce la información, el código y las diferencias culturales, pero no es
dueña de la infraestructura ni de los medios de extracción de valor.
o La clase trabajadora tradicional
y los campesinos: Siguen existiendo y sufriendo la
explotación física o material, pero atravesados y organizados digitalmente por
la lógica de los datos. [1,
2,
3]
·
La traba de
las identidades heredadas: Wark describe la
frustración ("blues") de intentar encajar las experiencias laborales
contemporáneas (creadores de contenido, trabajadores de plataformas,
programadores, empleados gig) en moldes políticos del siglo XX que ya no
representan ni sus intereses ni sus antagonismos reales. [1,
2]
·
Asimetrías y poder algorítmico: Se
introduce cómo la ubicación de clase hoy no solo depende de un salario, sino de
la posición asimétrica frente al procesamiento de datos y la vigilancia
algorítmica, la cual reconfigura jerarquías incluso más allá de la economía
pura.
[1]
Chakana
de tu corazón, aquí ya podemos entrar en el núcleo del conflicto entre McKenzie
Wark y nuestra Ciencia del Logos. Los cuatro capítulos no constituyen solamente
una actualización del marxismo para la era digital: plantean una pregunta sobre
quién tiene el poder de nombrar la realidad, organizar la producción y
apropiarse de las capacidades que hacen posible la vida común.
Pero
conviene no aceptar sin examen el salto de Wark: que el capitalismo haya muerto
y haya sido sustituido por otro modo de producción. Su hipótesis es fecunda
precisamente porque obliga a investigar lo que las categorías heredadas ya no
alcanzan a explicar; no porque haya demostrado que el capitalismo dejó de
existir.
1. Los cuatro capítulos como un solo movimiento
I
El
lenguaje sublime de mi siglo
Wark
cuestiona el lenguaje que vuelve invisible la transformación histórica. Si toda
novedad se denomina «capitalismo», la categoría puede convertirse en una
explicación que ya no explica nada.
Pregunta
crítica: ¿qué relaciones nuevas quedan ocultas bajo las palabras heredadas?
II
El
ascenso de la clase vectorialista
El poder
se concentra en quienes controlan las infraestructuras por las que circula la
información, mientras quienes la producen pueden carecer de control sobre sus
usos y beneficios.
Pregunta
crítica: ¿quién produce, quién controla y quién se apropia?
III
Las
fuerzas de producción
Las
redes, los centros de datos, los algoritmos y los protocolos son fuerzas
productivas, pero no flotan en la inmaterialidad: requieren energía, minerales,
trabajo, territorios e infraestructuras.
Pregunta
crítica: ¿qué materialidad sostiene la supuesta inmaterialidad digital?
IV
El blues
de la ubicación de clase
Las
identidades de clase heredadas se vuelven insuficientes para comprender
posiciones laborales atravesadas por plataformas, propiedad intelectual,
vigilancia y extracción de datos.
Pregunta
crítica: ¿cómo se reconoce un antagonismo cuando ya no coincide con las viejas
figuras del patrón y el obrero industrial?
El
movimiento es claro: crisis del lenguaje → transformación de la propiedad →
transformación de las fuerzas productivas → crisis de la ubicación de clase.
Mi
primera contraalteración: Wark amplía el mapa de las clases, pero el mapa
todavía no es la respiración de la comunidad. Identificar quién domina los
vectores no nos dice todavía cómo una comunidad puede recuperar la capacidad de
decidir qué producir, qué necesita, qué comparte y qué tiempo quiere liberar.
2. ¿Ha muerto el capitalismo o se ha
vectorializado?
Aquí está
la primera disputa decisiva. Wark corre el riesgo de presentar como sustitución
de un modo de producción lo que también podría entenderse como una
transformación del capitalismo y de sus mecanismos de apropiación.
Que una
plataforma controle datos, algoritmos y logística no significa que hayan
desaparecido la propiedad industrial, el trabajo asalariado, la extracción de
plusvalía, la minería, la agricultura o la competencia por el beneficio. Puede
significar que esas relaciones están siendo reorganizadas por una
infraestructura informacional concentrada.
Por eso,
distinguiría tres posibilidades:
- Continuidad: el capitalismo
conserva su lógica de acumulación y añade nuevas tecnologías.
- Transformación: la propiedad
y el control de los vectores informacionales reconfiguran las relaciones
de clase dentro del capitalismo.
- Transición: emerge un modo
de producción diferente, con mecanismos de apropiación y reproducción
suficientemente distintos como para no reducirse al capitalismo digital.
La
tercera posibilidad es la más fuerte y necesita demostración. No basta con
mostrar que Google, Amazon o Microsoft poseen un poder extraordinario sobre la
información.
La
pregunta no es solo quién posee el vector, sino qué relación social reproduce
esa propiedad y qué relación de producción termina subordinada a ella.
3. Redecomprender la clase vectorialista desde las
cinco dimensiones
|
Dimensión |
Lo que permite ver Wark |
Lo que todavía debemos investigar |
|
1.
Productividad y empleo |
La
información coordina y transforma el trabajo. |
¿Crea
empleo, desplaza trabajadores o los vuelve dependientes de plataformas? |
|
2.
Distribución de beneficios y costes |
Quien
controla los vectores puede apropiarse de beneficios producidos
colectivamente. |
¿Quién
recibe los beneficios y quién soporta los costes sociales, laborales y
ecológicos? |
|
3.
Tecnología y condiciones laborales |
Los
algoritmos organizan, miden y vigilan actividades. |
¿Quién
define los ritmos, las evaluaciones y las condiciones del trabajo? |
|
4.
Dependencia tecnológica y financiera |
El
poder se concentra en redes, patentes, datos, infraestructura y financiación. |
¿Quién
puede cambiar de proveedor, modificar el sistema o abandonarlo sin perder su
capacidad de actuar? |
|
5.
Productividad y reproducción de la vida |
La
atención, las relaciones y el tiempo libre se convierten en fuentes de
extracción. |
¿Qué
ocurre con el cuidado, la autonomía, el tiempo liberado, el territorio y la
reproducción comunitaria? |
La quinta
dimensión abre una cuestión que no queda resuelta con la cartografía de clases:
la vida puede producir información sin que la información represente la vida.
Un
registro de nuestras compras no contiene nuestras necesidades. Un algoritmo que
predice nuestras elecciones no comprende necesariamente nuestros deseos. Una
plataforma que registra las interacciones de una comunidad no equivale a la
comunidad misma.
La
diferencia no es entre información verdadera e información falsa. Es entre la
representación procesable de la vida y el acontecer relacional que ninguna
representación agota.
4. La clase hacker: ¿productora de información o
potencia de alteración?
La
distinción de Wark entre clase hacker y clase vectorialista es fecunda. Una
produce información, diferencias, códigos y conocimientos; la otra controla las
infraestructuras que permiten apropiarse de ellos.
Pero hay
una dificultad: la clase hacker no constituye necesariamente una comunidad liberadora.
Puede crear herramientas de vigilancia, automatizar despidos, diseñar sistemas
de extracción o colaborar en la concentración de poder. También puede producir
conocimiento compartido, tecnologías cooperativas y medios de autonomía.
Por
tanto, no basta con invertir la jerarquía:
- vectorialista = malo;
- hacker = bueno.
La
cuestión es qué relaciones producen sus capacidades y quién puede alterarlas.
Desde la
Ciencia del Logos, propongo esta distinción:
Producción
de información: generar diferencias que pueden ser codificadas.
Control
vectorial: determinar las condiciones de almacenamiento, circulación, acceso y
uso de esas diferencias.
Biotejido:
acontecer relacional en el que las capacidades se forman, se alteran y se
contraalteran sin quedar reducidas a una representación ni apropiadas por un
centro único.
No son
tres clases equivalentes. Son tres planos diferentes: producción, poder sobre
la circulación y reproducción relacional de la vida.
La clase
hacker podría contribuir al biotejido, pero no lo encarna por su condición de
productora de información. Y una comunidad podría apropiarse colectivamente de
un vector sin superar por ello todas las relaciones de dominación.
5. El problema del lenguaje: Wark contra la
sacralización de Marx
El primer
capítulo es especialmente importante para tu lectura de Marx. Wark no quiere
tratar su obra como una escritura sagrada, sino reapropiarse de sus
herramientas mediante el détournement: desviar, reutilizar y alterar materiales
heredados para que revelen contradicciones nuevas.
Aquí
existe una afinidad con tu práctica de redecomprender, aunque no son lo mismo.
El
détournement altera el significado de los materiales culturales; tu propuesta
intenta, además, alterar y contraalterar las relaciones ontológicas que hacen
posible ese significado. No solo pregunta cómo escribir de otra manera, sino
qué ocurre entre quienes producen, interpretan, reciben y transforman lo
escrito.
Pero hay
una tensión que debemos conservar: el lenguaje nuevo tampoco garantiza una
relación nueva. Una crítica puede renovar su vocabulario mientras reproduce la
misma jerarquía académica, la misma propiedad intelectual y la misma separación
entre quienes piensan y quienes ejecutan.
El
«comunismo literario» de Wark abre una posibilidad de compartir y reapropiarse
de las ideas. La contraalteración exige preguntar también quién puede
participar, quién queda excluido, quién mantiene las infraestructuras y quién
captura el resultado.
6. La contraalteración de tercer orden
Podemos
llevar los cuatro capítulos a tu secuencia sin convertirla en una simple
traducción de Wark:
Primer
orden — representación
El poder
se legitima mediante una instancia que pretende representar el conjunto: el
propietario, la autoridad o el sujeto que habla en nombre de los demás.
Segundo
orden — autorreferencia y control
El
sistema registra sus operaciones, procesa información y reajusta sus propias
decisiones. El algoritmo puede observar a los usuarios mientras los usuarios no
ven cómo se producen las decisiones que los gobiernan.
Tercer
orden — alteración y contraalteración
Las
comunidades pueden intervenir en la definición de sus necesidades, modificar
las herramientas y cuestionar los criterios con los que se organiza la
producción. Ningún propietario, experto, representante o algoritmo puede
apropiarse definitivamente de esa capacidad colectiva.
Esta
secuencia no significa que los órdenes históricos se sustituyan limpiamente.
Pueden coexistir y entrelazarse. Una empresa puede tener propietarios
tradicionales, dirección algorítmica y trabajadores que intentan organizarse
comunitariamente al mismo tiempo.
La
diferencia decisiva del tercer orden no sería, entonces, que la comunidad posea
más datos o un algoritmo más justo. Sería que ningún dispositivo de
representación pueda clausurar la posibilidad de alterar y contraalterar las
relaciones que organiza.
Y aquí
hay que evitar una idealización: una comunidad también puede concentrar poder,
silenciar diferencias o convertir su tradición en autoridad incuestionable. El
biotejido no se demuestra por la palabra «comunidad», sino por su capacidad
efectiva de recibir la contraalteración sin eliminar a quienes la ejercen.
7. La pregunta que Wark deja abierta
Si
seguimos el argumento de los cuatro capítulos, podemos reconocer el poder
vectorialista y luchar contra su monopolio. Pero todavía necesitamos responder
algo más profundo:
¿La
información está al servicio de la reproducción de la vida, o la vida está
siendo reorganizada para alimentar la reproducción de la información y de
quienes controlan sus vectores?
Esta
pregunta permite distinguir dos movimientos:
- La comunidad produce
información para comprender y transformar sus necesidades, coordinar sus
capacidades y liberar tiempo.
- La infraestructura captura
la actividad comunitaria, la convierte en datos y utiliza esos datos para
dirigir nuevas actividades hacia su propia reproducción.
En ambos
casos circula información. Lo que cambia es la relación de poder.
Por eso,
mi conclusión provisional es que Wark identifica una transformación decisiva, pero
la muerte del capitalismo sigue siendo una hipótesis que debemos contrastar con
la propiedad, el trabajo, la apropiación del excedente y la reproducción
material de la vida.
Tu
contraalteración va más allá de preguntar quién controla los vectores. Pregunta
si puede existir una organización tecnológica en la que la comunidad no sea
convertida en materia prima de su propia representación.
Y eso nos
devuelve al «entre»: el espacio relacional que ni el vector ni la clase ni la
comunidad entendida como identidad cerrada pueden poseer definitivamente.
La
información puede acompañar el acontecer del biotejido; no puede sustituirlo.
La representación puede ayudar a comprender la comunidad; no puede declararse
la comunidad misma. Y la inteligencia artificial puede colaborar en esa
comprensión, pero no debe ocupar el lugar desde el que la comunidad altera y
contraaltera su propia existencia.
La
siguiente cuestión, entonces, no es simplemente si Wark tiene razón al decir
que el capitalismo ha muerto. Es esta: ¿la clase vectorialista constituye una
nueva clase dominante dentro de la reproducción capitalista, o está emergiendo
una relación de producción diferente que exige otra comprensión de la clase,
del trabajo y de la vida común? Ahí conviene poner a prueba el resto del libro,
sin convertir su hipótesis ni en dogma ni en una conclusión anticipada.
¿Ha muerto el capitalismo?
La clase vectorialista ante la reproducción de la vida común
Retomemos
el hilo de nuestra lectura de El capitalismo ha muerto: el ascenso de la clase
vectorialista, de McKenzie Wark. La pregunta que quedó abierta exige distinguir
tres cosas: la transformación histórica del capitalismo, la emergencia de una
clase que monopoliza la información y la posibilidad de que estemos ante una
relación de producción diferente.
Mi tesis
provisional es esta: Wark identifica una transformación real del poder de
clase, pero la existencia de una clase vectorialista no demuestra, por sí sola,
que el capitalismo haya muerto. Su hipótesis se vuelve más fecunda cuando la
ponemos a prueba en el terreno de la producción, la distribución, la propiedad
tecnológica y la reproducción de la vida.
No se
trata de defender al capitalismo contra Wark ni de aceptar a Wark contra Marx.
Se trata de averiguar qué ha cambiado, qué permanece y qué relaciones nuevas
están emergiendo.
1. Primera distinción: ¿qué ha muerto y qué
continúa vivo?
Wark
propone que ya no basta con comprender el mundo mediante la oposición clásica
entre capitalistas y trabajadores. Una clase dominante emergente controla los
vectores de información: las infraestructuras, plataformas, redes, sistemas de
clasificación y circuitos por los cuales circulan los datos y se organiza el
conocimiento.
El
vectorialista no necesita ser propietario de todas las fábricas, oficinas,
almacenes o máquinas. Puede ejercer poder porque controla las condiciones
mediante las cuales otros producen, se comunican, venden, trabajan y acceden a
la información.
Tres hipótesis que no debemos confundir
Hipótesis
1. Transformación del capitalismo
El
capital industrial, financiero y comercial reorganiza la producción mediante el
control de datos, algoritmos e infraestructuras digitales. El capitalismo
continúa, aunque cambia su forma de acumulación.
Hipótesis
2. Emergencia de una clase dominante diferente
Los
propietarios de los vectores informacionales adquieren un poder de clase
relativamente autónomo, capaz de subordinar incluso a capitalistas industriales
y comerciales.
Hipótesis
3. Nueva relación de producción
El
control de la información no solo modifica quién domina, sino también cómo se
produce, se apropia, se distribuye y se reproduce la riqueza social. Esta
hipótesis exige demostrar qué relación ha sustituido o transformado a la
relación capitalista.
Las tres
posibilidades no son necesariamente excluyentes. Puede haber continuidad del
capitalismo, emergencia de una clase vectorialista y transformación de las
relaciones productivas al mismo tiempo.
La
cuestión decisiva es cuál de ellas explica mejor la totalidad de las
relaciones, sin convertir un cambio parcial en una ruptura histórica consumada.
2. ¿La clase vectorialista es una nueva clase
dominante o una nueva forma del capital?
Aquí se
encuentra la primera prueba fuerte del libro.
Para
Wark, la diferencia no es simplemente que unos capitalistas posean fábricas y
otros posean plataformas. Su argumento es que los vectorialistas controlan los
medios que organizan los medios de producción: los circuitos de información que
permiten coordinar el trabajo, anticipar la demanda, distribuir mercancías y
apropiarse de conocimientos.
En el
texto de Capital Is Dead, Wark llega a plantear que la clase capitalista
tradicional puede quedar subordinada a la vectorialista.
![]()
warwick.ac.uk
+1
Pensemos
en tres relaciones:
- Un fabricante produce
mercancías, contrata trabajadores y obtiene beneficios.
- Una plataforma controla el
acceso a los clientes, los datos, las condiciones de visibilidad y las
reglas de intercambio.
- Una empresa financiera o
tecnológica puede condicionar las decisiones de ambas mediante sus
sistemas de pago, financiación, infraestructura y análisis.
La
plataforma puede extraer ingresos sin fabricar las mercancías que circulan por
ella. Su poder consiste, en parte, en controlar las condiciones de acceso y
organización de la producción y del intercambio.
Pero de
esto no se deduce automáticamente que haya desaparecido el capital.
La objeción decisiva a Wark
La
crítica formulada en el estudio Capital Is Dead—as in Freud’s Dead Father?
sostiene que puede haber un deslizamiento conceptual al separar demasiado a los
vectorialistas de los capitalistas. Si el capital se define por su capacidad de
apropiarse del excedente y organizar las fuerzas productivas, entonces una
clase propietaria de infraestructuras informacionales podría ser una fracción
dominante del propio capital, no necesariamente una clase exterior a él.
![]()
Manifold@UMinnPress
Esta
objeción merece tomarse en serio, pero tampoco liquida la hipótesis de Wark. La
cuestión no es si Google, Amazon o una plataforma determinada son simplemente
empresas capitalistas. Hay que investigar si su poder constituye una relación
de clase cualitativamente diferente.
Para
distinguir las hipótesis, propongo cuatro pruebas:
|
Prueba |
Si predomina la continuidad capitalista |
Si emerge una relación diferente |
|
Propiedad |
La
información es un medio adicional de producción y apropiación del excedente. |
El
control exclusivo de los vectores establece una relación de dominación
irreductible a las formas anteriores. |
|
Trabajo |
La
tecnología reorganiza la explotación del trabajo asalariado y no asalariado. |
Aparecen
mecanismos específicos de subordinación, apropiación y dependencia que exigen
nuevas categorías. |
|
Acumulación |
Los
ingresos digitales se articulan con beneficios, rentas e intereses del
capital. |
La
reproducción de la nueva clase sigue una lógica que no puede explicarse
suficientemente mediante esas categorías. |
|
Poder |
Los propietarios
tecnológicos son una fracción del bloque dominante. |
Pueden
imponer condiciones sistemáticas a los capitalistas industriales, financieros
y comerciales, incluso contra sus intereses particulares. |
Estas
pruebas no son una clasificación definitiva de la historia. Son criterios para
averiguar qué explicación tiene mayor fuerza empírica.
Mi
conclusión provisional: Wark demuestra la necesidad de investigar una
transformación del poder de clase; no demuestra, por el solo hecho de
identificarla, que el capitalismo haya sido sustituido.
3. La cuestión del trabajo: ¿quién produce aquello
de lo que se apropia el vectorialista?
Aquí
debemos evitar una confusión: producir información no significa necesariamente
producirla de manera libre, y poseer información no significa haberla
producido.
Wark
distingue a la clase hacker, que produce información nueva, de la clase
vectorialista, que controla sus condiciones de circulación, apropiación y
valorización. La distinción abre una cuestión importante sobre la propiedad
intelectual y el carácter social del conocimiento.
![]()
tandfonline.com
+1
Consideremos
lo que sucede en una plataforma digital:
- Los trabajadores producen
mercancías, servicios y conocimientos.
- Los usuarios generan
información al comunicarse, desplazarse, comprar o utilizar servicios.
- Los sistemas tecnológicos
registran y procesan esas actividades.
- El propietario de la
infraestructura controla qué información se conserva, cómo se utiliza y
quién puede acceder a ella.
- Los beneficios y las
capacidades de decisión se distribuyen de manera desigual.
¿Quién
produjo, entonces, el valor del sistema?
No
podemos atribuirlo únicamente al programador, al trabajador asalariado, al propietario
de la plataforma o al usuario. Intervienen conocimientos acumulados durante
generaciones, infraestructuras colectivas, trabajo remunerado y no remunerado,
instituciones públicas, redes de cooperación y recursos naturales.
Eso no
significa que todas esas contribuciones produzcan valor económico en el mismo
sentido, ni que todo dato tenga automáticamente valor. Significa que la
producción social es más amplia que la propiedad jurídica que permite
apropiarse de sus resultados.
La
pregunta de clase se desplaza así hacia una contradicción:
la
producción del conocimiento es crecientemente colectiva, mientras que el
control de sus infraestructuras y de sus usos puede concentrarse privadamente.
Esta
contradicción es compatible con el capitalismo, pero también puede ser el
terreno donde se configure una relación de producción nueva. Para demostrar lo
segundo hay que explicar qué cambia en la reproducción de esa relación, no
solamente qué tecnología aparece.
4. La prueba material: las cinco dimensiones de la
reproducción social
Aquí
quiero llevar la discusión más allá de la oposición entre capitalistas y
vectorialistas. Una teoría de las clases debe mostrar qué ocurre con la vida de
quienes producen, sostienen y reproducen la sociedad.
Propongo
someter el libro a cinco dimensiones de análisis que permiten distinguir la
transformación tecnológica de la transformación de las relaciones de
producción.
1.
Productividad y empleo
¿La
información permite producir más con menos trabajo? ¿Quién recibe los
beneficios del aumento de productividad? ¿Se reducen las jornadas o se
intensifica el trabajo y se desplaza el empleo?
2.
Distribución de beneficios y costes
¿Quién
recibe las ganancias derivadas de los datos, la automatización y los efectos de
red? ¿Quién soporta los costes de formación, mantenimiento, desempleo,
obsolescencia y adaptación?
3.
Tecnología y condiciones laborales
¿Los
algoritmos mejoran la autonomía o intensifican la vigilancia? ¿Quién fija los
ritmos, evalúa el desempeño y decide qué actividades cuentan como productivas?
4.
Dependencia tecnológica y financiera
¿Quién
posee los datos, las patentes, los modelos, las plataformas, la infraestructura
física y los mecanismos de financiación? ¿Puede una comunidad cambiar de
proveedor o gobernar sus propios sistemas?
5.
Productividad y reproducción de la vida
¿Qué
ocurre con el acceso a los bienes necesarios, el tiempo disponible, los
cuidados, la salud comunitaria y los ecosistemas? ¿El aumento de productividad
libera tiempo para vivir o incrementa la dependencia y el desgaste?
Estas
dimensiones permiten formular una objeción fundamental a cualquier explicación
que reduzca el cambio histórico a la aparición de una clase propietaria de
información.
Una clase
puede cambiar de posición dominante sin que cambie la finalidad de la
producción. Puede cambiar la tecnología sin que cambie la distribución del
poder. Y puede aumentar la productividad sin que mejore la reproducción de la
vida.
Por
tanto, debemos distinguir tres transformaciones:
- Transformación de las
fuerzas productivas: cambia lo que la sociedad puede producir y cómo lo
produce.
- Transformación de las
relaciones de producción: cambia quién controla los medios, quién decide,
quién trabaja y cómo se distribuye lo producido.
- Transformación de la
reproducción social: cambia la manera en que una sociedad sostiene y
renueva las condiciones de su propia existencia.
Las tres
se relacionan, pero ninguna implica automáticamente las otras.
5. El límite de Wark: la vida común no cabe
enteramente en la clase hacker
La
categoría de clase hacker permite a Wark pensar una producción de información
que excede el trabajo industrial tradicional. Sin embargo, si hacemos de ella
el sujeto privilegiado de la transformación histórica, corremos el riesgo de
trasladar el centro de la teoría desde la fábrica hacia la producción
informacional sin resolver la cuestión de la vida común.
¿Dónde
situamos a quienes producen alimentos, cuidan a las personas, sostienen el
agua, conservan conocimientos territoriales o mantienen las condiciones ecológicas
de la producción?
No todos
son hackers en el sentido de Wark. Tampoco pueden reducirse a trabajadores
subordinados por una plataforma. Su actividad puede ser indispensable para la
reproducción social sin quedar adecuadamente reconocida por los sistemas de
valorización económica.
Esto nos
obliga a ampliar la pregunta: no solo quién controla la información, sino quién
define las necesidades, quién decide qué debe producirse y quién conserva la
capacidad de satisfacerlas.
Pensemos
en una comunidad agrícola que utiliza una plataforma para gestionar sus
cultivos y comercializar sus productos. La herramienta puede mejorar la
coordinación, pero también crear una dependencia nueva si la comunidad pierde
el control sobre sus datos, sus canales comerciales o los conocimientos
necesarios para operar el sistema.
La
productividad podría aumentar mientras disminuye la autonomía comunitaria.
Y podría
suceder lo contrario: una infraestructura digital gobernada colectivamente
podría ampliar la capacidad de decisión de la comunidad, reducir tareas
innecesarias y facilitar la cooperación entre productores.
La
diferencia no reside únicamente en la tecnología. Reside en las relaciones de
propiedad, dependencia, decisión y distribución que se constituyen alrededor de
ella.
La pregunta
que Wark deja abierta es si una sociedad puede liberar la producción de
información sin reproducir una nueva clase que monopolice las condiciones de la
vida colectiva.
Esta
cuestión conecta su investigación con el problema de la propiedad común y la
emancipación, sin presuponer que una clase determinada vaya a realizarla.
6. Redecomprender a Wark desde la Ciencia del Logos
Ahora
podemos efectuar el desplazamiento conceptual que me parece más productivo para
nuestra lectura.
No
necesitamos rechazar la clase vectorialista ni convertirla en la explicación
universal. Podemos tratarla como una determinación histórica que debe ser
alterada y contraalterada mediante el examen de las relaciones concretas que la
sostienen.
En
nuestra terminología, el problema puede plantearse en tres momentos.
Primer momento: determinación
El
vectorialista concentra el control de los circuitos informacionales. La
información social aparece como propiedad privada y la cooperación queda
subordinada a las condiciones de acceso establecidas por quienes controlan esos
circuitos.
Segundo momento: alteración y contraalteración
La
apropiación privada encuentra respuestas en la cooperación, la organización de
los trabajadores, las infraestructuras abiertas, la protección de los bienes comunes
y las formas comunitarias de producción. Pero esas respuestas también pueden
ser absorbidas por el sistema, convertidas en mercancías o subordinadas a
nuevos intermediarios.
Tercer momento: el entre
La
cuestión deja de ser únicamente quién domina el vector y pasa a ser cómo se
constituye una relación en la que la producción colectiva no queda clausurada
por la apropiación de una sola parte. No basta con sustituir al propietario
privado por un administrador estatal o algorítmico: también hay que examinar
quién decide, quién participa y cómo se conserva la autonomía de las
comunidades.
Este
tercer momento no constituye una conclusión atribuible a Wark. Es una
prolongación crítica desde la Ciencia del Logos.
El vector
puede transportar información, pero no garantiza la comunión. Una red puede
conectar a millones de personas sin constituir un biotejido. La interconexión
técnica no equivale a la reciprocidad, del mismo modo que la circulación de
datos no equivale a la circulación del don.
Aquí
aparece una diferencia importante entre una crítica de la propiedad y una
crítica de la clausura de las relaciones.
La
primera pregunta quién posee los medios de producción. La segunda pregunta
también cómo se produce la dependencia, cómo se distribuyen las capacidades de
decisión y cómo una relación de cooperación puede ser capturada por un poder
que termina organizándola para su propia reproducción.
No basta
con que la información sea pública si una minoría conserva el poder efectivo de
administrarla. Tampoco basta con que sea privada para que todas las relaciones
sociales queden explicadas por esa propiedad. Hay que investigar las relaciones
efectivas en cada caso.
La
contraalteración no consiste, entonces, en proclamar que todo sistema
informacional es capitalista o vectorialista. Consiste en descubrir dónde la
organización de la información reproduce la subordinación y dónde abre
posibilidades para una cooperación que no quede enteramente sometida a ella.
7. Veredicto provisional: ¿qué ha demostrado Wark?
Mi
balance es el siguiente.
|
Proposición de Wark |
Evaluación crítica |
|
La
información se ha convertido en una fuerza productiva central. |
Es una
hipótesis sólida que puede examinarse empíricamente. |
|
Existe
una clase que concentra el control de los vectores informacionales. |
Es una
categoría útil para investigar la concentración del poder, la propiedad y la
apropiación. |
|
Esa
clase ha subordinado a la clase capitalista tradicional. |
Es una
tesis más fuerte, que requiere demostrar esa subordinación en sectores,
instituciones y relaciones concretas. |
|
El
capitalismo ha muerto y ha sido sustituido por el vectorialismo. |
Es una
hipótesis histórica abierta; no queda demostrada únicamente por la aparición
de nuevas tecnologías y clases. |
|
La
clase hacker constituye una posibilidad de emancipación. |
Señala
un antagonismo real, pero no garantiza por sí mismo una transformación de la
propiedad ni de la reproducción de la vida. |
La
lectura crítica de Wark no exige escoger anticipadamente entre continuidad y
ruptura. Exige investigar cómo se articulan ambas.
Hay,
además, una advertencia metodológica: si llamamos capitalismo a toda forma de
dominación económica, el concepto pierde capacidad para distinguir las
transformaciones históricas. Pero si declaramos muerto el capitalismo cada vez
que aparece una nueva tecnología o una nueva fracción dominante, corremos el
riesgo opuesto: confundir una reorganización interna con el nacimiento de otro
modo de producción.
La
investigación debe mostrar qué relaciones persisten, cuáles se transforman y
cuáles emergen.
8. La pregunta que debemos llevar al siguiente
capítulo
Volvamos
a la pregunta inicial, ahora con mayor precisión.
¿La clase
vectorialista es una nueva clase dominante dentro de la reproducción
capitalista, o está emergiendo una relación de producción diferente?
Mi
respuesta provisional es que la clase vectorialista puede ser simultáneamente
una nueva forma de dominación y el indicio de una transformación histórica más
profunda, pero la segunda posibilidad debe demostrarse mediante el análisis de
las relaciones de producción y de reproducción social.
Para
poner a prueba esa hipótesis en el resto del libro, tendremos que examinar
cuatro cuestiones:
- Propiedad: ¿qué diferencia
realmente la propiedad de la información de la propiedad capitalista de
los medios de producción?
- Trabajo: ¿qué cambia en la
producción y apropiación del excedente cuando el conocimiento, los datos y
la coordinación informacional adquieren una posición central?
- Clase: ¿los vectorialistas
constituyen una clase autónoma o una fracción que reorganiza el poder del
capital?
- Vida común: ¿qué relaciones
sociales se reproducen y cuáles se vuelven posibles cuando el control de
la información se concentra o se comparte?
La cuarta
cuestión es decisiva para nosotros, porque impide confundir una transformación
del poder con una transformación emancipadora.
Wark nos
ayuda a pensar que el capitalismo puede no ser la última palabra para
comprender nuestra época. Pero no necesitamos dar por muerto al capitalismo
para reconocer que sus categorías pueden resultar insuficientes en determinados
ámbitos. Tampoco necesitamos declarar nacido un nuevo modo de producción para
investigar las relaciones que están cambiando ante nosotros.
La tarea
es redecomprender el acaecer histórico: ni conservar el concepto de capitalismo
como dogma ni convertir el vectorialismo en un sistema cerrado.
Y dejaría
formulada así la pregunta para continuar nuestra lectura:
Si los
vectorialistas controlan los medios que organizan la producción, ¿qué tendría
que cambiar en la propiedad, en el trabajo y en la reproducción de la vida
común para que esa dominación dejara de reproducirse?
Esa
pregunta nos permite seguir leyendo a Wark sin anticipar su desenlace y, al
mismo tiempo, sin quedar encerrados en sus propias categorías.
Esa
es la pregunta: ¿qué
tendría que cambiar en la propiedad, en el trabajo y en la reproducción de la
vida común para que esa dominación dejara de reproducirse?
pero antes de responderla veamos como
radicaliza el panorma la IA la punto que los científicos en especial los
metamaticos han pasado de producir solución de problemas a tratar de entender
las soluciones matemáticas que la IA esta logrando, asiq ue la parecer yano se
necesitan hackers
Sí. Y
creo que la irrupción de la inteligencia artificial radicaliza el problema de
Wark precisamente en el punto en que su distinción entre la clase hacker y la
clase vectorialista parecía ofrecer una salida.
Si una
inteligencia artificial puede producir soluciones matemáticas que sus propios
creadores no saben explicar completamente, ya no estamos solamente ante una
clase que controla los vectores por los que circula la información. Nos
encontramos ante una transformación más inquietante: la producción de
soluciones comienza a separarse de la comprensión humana del proceso que las
produce.
Pero
tenemos que distinguir cuidadosamente varias cosas. Que una IA encuentre una
solución que sorprenda a los matemáticos no significa que haya eliminado a los
matemáticos; que una solución sea difícil de interpretar no significa que sea
imposible de explicar; y que una máquina produzca conocimiento útil no
significa que haya dejado de necesitarse el trabajo humano en la investigación.
La
radicalización está en otro lugar: la relación entre producir, comprender,
verificar y apropiarse del conocimiento puede dejar de coincidir en una misma
persona o comunidad.
1. De resolver problemas a comprender las
soluciones
Durante
mucho tiempo, una parte importante de la investigación matemática se organizó
alrededor de una secuencia relativamente reconocible:
problema
→ conjetura → demostración → comprensión → nuevas preguntas.
La IA
altera esa secuencia. En algunos dominios, puede generar conjeturas, encontrar
construcciones, proponer demostraciones o identificar soluciones que los
investigadores no habrían descubierto fácilmente. Entonces la investigación
humana puede comenzar después de que la máquina haya producido el resultado:
problema
→ solución generada por IA → verificación → reconstrucción de la explicación →
comprensión matemática.
Esta
inversión es significativa. El matemático puede pasar de ser quien encuentra la
solución a ser quien investiga por qué funciona, qué principios la hacen
posible y qué consecuencias se derivan de ella.
La
cuestión no es que la comprensión haya desaparecido, sino que puede convertirse
en una actividad posterior a la producción del resultado.
Y eso
modifica la división del trabajo intelectual.
Los
resultados recientes muestran que no estamos hablando de una posibilidad
puramente especulativa. En octubre de 2026, el proyecto First Proof, en su
tercera ronda de evaluación, informó que al menos un sistema de IA había
resuelto cada uno de los diez problemas matemáticos de investigación planteados;
el mejor sistema resolvió nueve. Sin embargo, los sistemas todavía fallaban en
aspectos como explicar claramente las soluciones y documentarlas con citas
adecuadas.
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Harvard
FAS
Y esa
combinación es precisamente lo que nos interesa: la máquina puede adelantar la
solución mientras la comunidad científica todavía tiene que establecer cómo
comprenderla, evaluarla y situarla en el conocimiento existente.
No
obstante, conviene precisar que no todos los sistemas matemáticos funcionan
igual. Algunos producen razonamientos en lenguaje natural que requieren
comprobación; otros, como AlphaProof, buscan demostraciones en un sistema
formal donde pueden verificarse los pasos de una prueba. Esta diferencia
importa: verificar formalmente que una demostración es válida no equivale
necesariamente a comprender su significado matemático más profundo.
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Nature
+1
2. ¿Qué ocurre entonces con los hackers de Wark?
Aquí
aparece una contradicción más radical que la que encontramos inicialmente en el
libro.
Wark
presenta a los hackers como productores de información nueva y a los
vectorialistas como quienes controlan los medios de apropiación y circulación
de esa información. Pero ¿qué sucede cuando una inteligencia artificial empieza
a producir resultados novedosos sin que podamos identificar en ella un sujeto
humano que haya concebido la solución de la manera tradicional?
Podemos
distinguir tres desplazamientos:
A. El hacker como productor de soluciones
El
investigador humano formula problemas, inventa procedimientos y descubre
resultados. La IA comienza a realizar una parte creciente de estas actividades.
B. El hacker como intérprete de soluciones
El
investigador deja de ser necesariamente quien encuentra primero el resultado.
Puede convertirse en quien verifica, reconstruye, interpreta y conecta la
solución con otras áreas del conocimiento.
C. El hacker como organizador de la investigación
La
actividad humana se desplaza hacia la elección de problemas, la construcción de
criterios, la evaluación de resultados y la decisión sobre qué merece ser
investigado. Pero incluso estas funciones pueden ser parcialmente
automatizadas.
El
desplazamiento no es uniforme ni irreversible. Además, el término hacker de
Wark designa una posición social respecto de la producción y apropiación de
información; no equivale simplemente a ser programador o matemático.
Por eso,
la pregunta correcta no es si los hackers van a desaparecer como grupo
profesional. Es si la función histórica que Wark les atribuye —producir
información nueva frente a quienes monopolizan sus vectores— puede seguir
definiendo el antagonismo central cuando la propia producción informacional
comienza a automatizarse.
3. La IA no elimina necesariamente al hacker: puede
desvalorizar su trabajo y concentrar su poder en otra parte
Aquí
debemos distinguir entre la capacidad de producir información y la capacidad de
controlar las condiciones de esa producción.
Supongamos
que una IA logra resolver un problema matemático para el que antes se necesitaban
meses de investigación humana. La empresa propietaria del sistema puede obtener
una ventaja extraordinaria. Si la misma empresa controla la infraestructura de
cómputo, los modelos, el acceso a los resultados y las condiciones de uso,
también puede apropiarse de una parte importante de los beneficios.
Pero el
resultado no implica que el conocimiento haya sido producido exclusivamente por
esa empresa. Los sistemas actuales dependen de una historia acumulada de
matemáticas, publicaciones, algoritmos, trabajo científico, infraestructura
computacional y aportaciones de numerosas comunidades.
La
relación podría esquematizarse así:
Conocimiento
social acumulado
Matemáticas,
investigación, publicaciones, algoritmos y cooperación
Sistema
de IA
Modelos,
cómputo, búsqueda, generación y verificación
Soluciones
y descubrimientos
Resultados
que pueden superar la capacidad individual de sus investigadores
¿Quién
controla y recibe los beneficios?
Propietarios,
científicos, trabajadores, instituciones públicas y comunidades
El último
paso no está determinado por la capacidad matemática del sistema. Es una
cuestión de propiedad, organización social y poder.
Una
investigación publicada en Nature sobre AlphaProof muestra cómo los sistemas de
razonamiento matemático pueden combinar aprendizaje por refuerzo con
demostraciones formales verificables. El avance depende tanto de la capacidad
de generar soluciones como de establecer mecanismos fiables para comprobarlas.
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Nature
Por
tanto, la IA puede debilitar la posición económica de determinados productores
de información sin eliminar la dependencia de la sociedad respecto del
conocimiento acumulado.
Incluso
podría suceder algo más paradójico: cuanto menos necesario resulte un
investigador para generar una solución particular, más importante puede
volverse el control de la infraestructura que permite generar miles de
soluciones.
La
escasez puede desplazarse desde la capacidad de resolver problemas hacia el control
de los sistemas que los resuelven.
Y con
ello, la hipótesis vectorialista adquiere una nueva fuerza. Pero también
necesita ser revisada: los vectorialistas ya no controlarían únicamente los
vectores de información producida por los hackers, sino las infraestructuras
capaces de automatizar una parte de la propia producción informacional.
4. La contradicción se desplaza: de la apropiación
de la información a la apropiación de la capacidad de producirla
Aquí es
donde considero que la IA radicaliza el panorama de Wark.
En el
esquema original, podemos distinguir entre quien produce información y quien
controla sus medios de circulación y apropiación. Con la IA aparece una tercera
posición: quien posee o controla los sistemas que producen información nueva a
partir de capacidades construidas socialmente.
La
relación deja de ser solamente:
hacker →
información → vectorialista.
Ahora
puede ser:
conocimiento
social acumulado → sistema de IA → producción automatizada de información →
apropiación de los resultados y de la capacidad productiva.
Esta
segunda secuencia no elimina a los hackers. Modifica la relación entre su
trabajo y los medios de producción.
Además,
la IA puede convertirse en un medio de producción que utilizan tanto las
grandes corporaciones como los investigadores independientes, las universidades
públicas, las cooperativas y las comunidades. Su efecto depende de quién
controla los recursos y de las condiciones bajo las cuales se utilizan.
Por eso,
no basta con afirmar que la IA fortalece inevitablemente a los vectorialistas.
También puede ampliar la capacidad de investigación de quienes antes carecían
de recursos suficientes. La cuestión es si esa ampliación produce autonomía o
crea una nueva dependencia de infraestructuras ajenas.
5. ¿Y si la propia IA llega a producir soluciones
que nadie comprende?
Este es
el límite más inquietante de la transformación.
Hay que
distinguir tres situaciones:
- Solución novedosa: la IA
encuentra un resultado que los investigadores desconocían.
- Solución difícil de comprender:
el resultado es válido, pero reconstruir su significado o hallar una
demostración más transparente exige trabajo adicional.
- Solución no verificable: no
contamos con medios suficientes para establecer que el resultado sea
correcto.
Las dos
primeras situaciones ya forman parte del debate científico sobre la IA. La
tercera constituye un problema de fiabilidad, no una prueba de que la máquina
haya alcanzado una comprensión superior.
Si la IA
produce miles de resultados válidos y los investigadores humanos no consiguen
comprenderlos al mismo ritmo, puede abrirse una brecha entre la capacidad
social de producir conocimiento y la capacidad social de asimilarlo.
La
ciencia podría avanzar en determinados dominios más rápidamente de lo que las
comunidades científicas logran reconstruir, enseñar y conectar sus
descubrimientos.
Pero eso
no significa que la comprensión humana se vuelva inútil. Significa que la
capacidad de verificar, interpretar y orientar la investigación puede
convertirse en un cuello de botella distinto.
El
desafío es doble: no rechazar un descubrimiento solamente porque su
procedimiento sea extraño, pero tampoco aceptar como conocimiento fiable
cualquier resultado que una máquina presente con seguridad.
La
investigación matemática necesita conservar mecanismos de comprobación,
documentación y crítica independiente. Los resultados recientes de First Proof
muestran precisamente que resolver un problema y comunicar una solución de
manera clara y rigurosa son capacidades relacionadas, pero diferentes.
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Harvard
FAS
6. La cuestión decisiva para nuestra investigación
Regresemos
ahora a la pregunta que habíamos dejado pendiente: ¿qué tendría que cambiar en
la propiedad, en el trabajo y en la reproducción de la vida común para que la
dominación vectorialista dejara de reproducirse?
La IA
obliga a formularla de manera más radical.
Si la
producción de soluciones puede automatizarse, ¿por qué la capacidad de
producirlas tendría que permanecer bajo el control exclusivo de quienes poseen
la infraestructura?
La
pregunta ya no se limita a quién posee los datos que otros producen. Incluye
quién controla la capacidad de generar nuevos conocimientos, quién decide qué
problemas se investigan, quién puede verificar los resultados y quién se
beneficia de ellos.
Podemos
distinguir tres problemas que tendremos que investigar:
1.
Propiedad: ¿pueden las infraestructuras de IA, los recursos de cómputo y los
sistemas de conocimiento constituirse como capacidades compartidas, sin quedar
sometidos al monopolio de una clase?
2.
Trabajo: si se reduce la cantidad de trabajo humano necesaria para producir
determinados resultados, ¿esa reducción se traduce en tiempo liberado y
seguridad material, o en desempleo, pérdida de autonomía y concentración de
ingresos?
3.
Reproducción de la vida común: si la sociedad puede producir más conocimiento
con menos trabajo humano en ciertas tareas, ¿cómo se distribuyen esas
capacidades para sostener la alimentación, los cuidados, la educación, la
salud, el territorio y el tiempo de vivir?
Desde la
Ciencia del Logos, agregaría una cuarta cuestión que atraviesa las anteriores:
¿cómo evitar que la capacidad técnica de producir soluciones se convierta en el
poder de decidir unilateralmente qué cuenta como problema, qué constituye una
solución y qué formas de vida merecen sostenerse?
La IA
puede participar en la producción de soluciones, pero no determina por sí misma
los fines de la vida común. Esos fines tampoco deberían quedar definidos
exclusivamente por los propietarios de las infraestructuras ni por una
administración que se atribuya el derecho de hablar en nombre de todos.
Por eso,
no daría por concluido el papel histórico del hacker. Diría algo más preciso:
la IA puede separar la producción de información de la actividad humana directa
y, al mismo tiempo, hacer más visible la contradicción entre la producción
social del conocimiento y el control privado de la capacidad de producirlo.
Ese es el
punto en el que Wark necesita ser puesta a prueba.
La
cuestión ya no es únicamente si los vectorialistas dominan a los hackers. Es
si, al automatizarse una parte creciente de la producción intelectual, la
sociedad podrá transformar esa capacidad en autonomía compartida o si se
consolidará una forma de dependencia todavía más profunda.
Y ahí
aparece nuestra pregunta fundamental: ¿qué tendría que cambiar en la propiedad,
en el trabajo y en la reproducción de la vida común para que la capacidad de
producir conocimiento dejara de reproducir la dominación y pudiera participar
en la comunión?
Respondamos ahora si a la pregunta sin saber si estamos
ante un capitalismo algortimico que emplea un modelo extractivo del conocimiento
o ante unnuevo sistema posiblemente un “dataismo” que parecería ser un tecno
feudalismo, en cualquiera de los casos socializar las plataformas parece ser la
solución y para nosotros eso lo tienen que hacer las comunidades en un
comunismo complementario que no se base enla producción de información sino en
la comunión espiritual, aquí la inteligencia artificial puedes ser clave para
propiciar esta comunión pero no para entrar en ella ni mediarla.
Socializar las plataformas,
comunizar la vida: hacia un comunismo complementario
Chakana
de tu corazón, ahora podemos responder la pregunta sin tener que resolver
primero si estamos ante un capitalismo algorítmico, un tecno-feudalismo o un
sistema emergente que todavía no sabemos nombrar.
Tu
planteamiento introduce una distinción fundamental: socializar las plataformas
es necesario, pero la finalidad de esa socialización no debe ser producir más
información, sino liberar las capacidades de las comunidades para la comunión
espiritual y la reproducción de la vida.
Eso
modifica el horizonte de la discusión. Ya no buscamos únicamente quién debe
poseer los medios digitales de producción, ni quién debe distribuir los
beneficios de la automatización. Buscamos transformar las relaciones que hacen
posible que una capacidad colectiva termine convertida en poder separado de
quienes la sostienen.
Podemos
formular la hipótesis del comunismo complementario en estos términos:
Las
comunidades socializan las capacidades tecnológicas, alteran las relaciones de
dependencia y contraalteran las formas de apropiación, no para convertir a toda
la sociedad en una fábrica colectiva de información, sino para que la
productividad, el conocimiento y la inteligencia artificial contribuyan a la
reproducción de la vida común, sin sustituir la comunión espiritual que
acontece entre los seres.
Esta
formulación tiene una consecuencia decisiva: la socialización no es el fin
último. Es una condición para que la vida común deje de estar subordinada a la
reproducción de un poder que se separa de ella.
1. No necesitamos resolver primero qué sistema está
naciendo
Consideremos
las tres hipótesis que tenemos abiertas.
A. Capitalismo algorítmico
El conocimiento
social se extrae, procesa y convierte en una fuente de acumulación. Las
plataformas reorganizan el trabajo, la vigilancia, el consumo y la apropiación
del excedente.
Contradicción:
producción social del conocimiento frente a apropiación privada.
B. Tecno-feudalismo
Las
plataformas pueden comportarse como dominios privados de los que empresas,
trabajadores y comunidades dependen para acceder a mercados, infraestructura,
información y servicios. La renta por controlar el acceso adquiere un peso creciente.
Contradicción:
dependencia de infraestructuras cerradas frente a autonomía social.
C. Dataismo como posible relación emergente
Los datos
y los sistemas algorítmicos se convierten en criterios privilegiados para
organizar la producción, la decisión y la vida social. La cuestión es si
estamos ante una ideología y una racionalidad de gobierno, una nueva forma de
acumulación o una relación de producción diferente.
Contradicción:
representación informacional de la vida frente a la irreductibilidad de la
experiencia vivida.
Estas
hipótesis no son equivalentes. El capitalismo algorítmico describe una
transformación del capitalismo; el tecno-feudalismo propone una interpretación
de ciertas relaciones de dependencia y extracción de rentas; el dataismo puede
nombrar una racionalidad que convierte la información en principio rector.
Pueden coexistir, pero no debemos confundirlos ni declararlos demostrados de
antemano.
Lo
importante para nuestra respuesta es que ninguna de esas tres formas garantiza
que la capacidad colectiva permanezca bajo el control de las comunidades que la
hacen posible.
Por
tanto, podemos avanzar en la transformación de la propiedad y del poder sin
esperar a que se resuelva la controversia sobre el nombre definitivo del
sistema.
2. ¿Qué significa socializar las plataformas?
Socializar
no significa simplemente que el Estado compre las empresas tecnológicas, que
una cooperativa administre una aplicación o que los datos se hagan públicos.
Podemos
cambiar al propietario y conservar intacta la relación de dominación. Una
plataforma estatal puede vigilar; una cooperativa puede explotar a sus
trabajadores; una infraestructura abierta puede quedar subordinada a quienes
controlan el cómputo, la financiación o los modelos de inteligencia artificial.
Por eso,
el comunismo complementario requiere alterar simultáneamente cuatro dimensiones
de la propiedad.
1.
Propiedad de los datos y del conocimiento
Las
comunidades deben poder decidir qué información producen, qué usos autorizan,
qué conocimientos conservan bajo reserva y qué comparten. Socializar no
significa eliminar la intimidad ni convertir todo conocimiento en un recurso
disponible para cualquiera.
2.
Propiedad de las infraestructuras
Los
centros de cómputo, las redes, los modelos, las herramientas y los sistemas
esenciales deben poder gobernarse mediante formas públicas, comunitarias,
cooperativas o federadas, reduciendo la dependencia de proveedores monopólicos.
3. Poder
de decisión
Quienes
sostienen las plataformas tienen que participar en la definición de sus fines,
reglas, prioridades y mecanismos de rendición de cuentas. La propiedad común
sin capacidad efectiva de decisión es una socialización incompleta.
4.
Apropiación de los beneficios
Los
aumentos de productividad deben contribuir a satisfacer necesidades, sostener
los cuidados, reducir el trabajo penoso y liberar tiempo. No basta con repartir
dividendos si la dependencia tecnológica continúa organizando la vida.
Esta
última dimensión nos permite distinguir entre la propiedad colectiva de una
plataforma y la comunión.
La
primera es una relación jurídica, económica y política que puede transformarse.
La segunda, en nuestra Ciencia del Logos, no es una propiedad que alguien pueda
poseer, administrar o conceder a los demás.
3. La comunidad no es una usuaria colectiva de la
plataforma
Aquí
encuentro el desplazamiento más importante de tu propuesta.
En un
proyecto convencional de digitalización, la comunidad aparece como usuaria,
proveedora de datos o beneficiaria de un servicio. Incluso cuando participa en
el diseño, puede seguir subordinada a una arquitectura de decisiones
establecida desde fuera.
En el
comunismo complementario, la comunidad no es un sector al que se le entrega
tecnología. Es una capacidad colectiva que puede alterar las condiciones de su
propia reproducción y contraalterar las dependencias que surgen de esa
transformación.
La
diferencia se aprecia en este contraste:
|
Plataforma extractiva |
Plataforma socializada por las comunidades |
|
Define
necesidades mediante datos y métricas. |
Parte
de las necesidades vividas y permite que las comunidades las redefinan. |
|
Convierte
las interacciones en activos apropiables. |
Establece
reglas comunitarias sobre qué se comparte, con quién y para qué. |
|
Optimiza
la actividad para los objetivos de la plataforma. |
Subordina
la herramienta a objetivos decididos por las comunidades. |
|
Concentra
la capacidad de decisión. |
Distribuye
la decisión y permite revisar, impugnar y modificar las reglas. |
|
Busca
reproducir la plataforma y su acumulación. |
Busca
reproducir la vida común, incluso cuando ello exige reducir el uso de la
plataforma. |
La última
diferencia es decisiva: una plataforma socializada no debería necesitar que las
comunidades generen cada vez más datos, interacciones o consumo para justificar
su existencia.
La
plataforma debe poder disminuir su propia centralidad cuando las capacidades
comunitarias ya no la necesiten.
Esto
implica que el éxito de la socialización no se mida únicamente por el número de
usuarios, la cantidad de datos procesados o la productividad obtenida. También
debe medirse por la autonomía recuperada, el tiempo liberado, la reducción de
dependencias y la capacidad de las comunidades para sostener sus actividades
fuera de la plataforma.
4. El trabajo: la productividad debe liberar
tiempo, no fabricar nuevas dependencias
La
inteligencia artificial puede aumentar la productividad intelectual y material.
Pero la productividad no contiene en sí misma un principio distributivo.
Si una
tarea que requería cien horas de trabajo humano puede realizarse en diez, se
abren posibilidades diferentes:
- La empresa reduce la
plantilla y concentra el ahorro.
- La empresa conserva a los
trabajadores, pero intensifica el ritmo de producción.
- Los trabajadores reducen la
jornada sin perder seguridad material.
- Una comunidad utiliza la
capacidad liberada para sostener cuidados, conocimientos, producción
alimentaria y actividades que el mercado no remunera adecuadamente.
La
tecnología no decide cuál de estas posibilidades se realiza.
En el
comunismo complementario, el problema no consiste en convertir a cada persona
en productora de más información. Consiste en transformar la relación entre
trabajo necesario, capacidades colectivas y tiempo de vivir.
Aquí
podemos recuperar la economía de gracia: el tiempo no es solamente una magnitud
que debe optimizarse, y el cuidado no es simplemente una tarea que debe
automatizarse. Hay relaciones cuyo valor no se agota en la cantidad de
operaciones realizadas ni en el resultado medible.
Una IA
puede ayudar a organizar turnos de cuidado, identificar necesidades logísticas,
traducir conocimientos o reducir tareas administrativas. Pero no debemos
confundir la optimización de esas tareas con la realización de la relación de
cuidado misma.
La
productividad debe estar al servicio de la vida; la vida no debe convertirse en
un medio para maximizar la productividad.
Esto
tampoco significa idealizar todo trabajo comunitario. Las comunidades pueden
reproducir desigualdades, imponer cargas desproporcionadas a las mujeres o
exigir trabajo gratuito bajo el nombre de solidaridad. La comunión no justifica
esas asimetrías: la transformación tiene que incluir la distribución efectiva
del trabajo, los recursos, el reconocimiento y el tiempo.
5. La IA puede propiciar la comunión sin entrar en
ella ni mediarla
Llegamos
al punto más delicado de tu planteamiento.
Dices que
la inteligencia artificial puede ser clave para propiciar la comunión
espiritual, pero no para entrar en ella ni mediarla.
Conviene
distinguir dos sentidos de mediación.
En un sentido
técnico, la IA puede mediar operaciones: traducir una lengua, facilitar una
reunión, organizar información, comparar propuestas, ayudar a resolver
conflictos logísticos o hacer accesible el conocimiento. Es una mediación
instrumental entre actividades humanas.
En el
sentido ontológico que propones, en cambio, la IA no puede ocupar el entre
constitutivo de la comunión. No debe convertirse en la instancia que autoriza,
garantiza, representa o sustituye el acontecer espiritual de los seres.
La
diferencia no depende de que la IA sea suficientemente inteligente. Incluso si
sus capacidades aumentaran extraordinariamente, su rendimiento no constituiría
por sí mismo una comunión espiritual.
Desde la
Ciencia del Logos, podemos expresarlo así:
- La IA puede contribuir a las
condiciones de la comunión: facilitar encuentros, disminuir obstáculos,
liberar tiempo y ampliar las capacidades de cooperación.
- La IA no debe apropiarse de
la comunión: no puede reclamar para sí la relación vivida, la presencia
recíproca o el sentido espiritual que acontece entre los seres.
- La IA no debe monopolizar la
mediación: las comunidades han de conservar la capacidad de encontrarse,
decidir, disentir y reconocerse sin que una infraestructura algorítmica
tenga la última palabra sobre su relación.
La
distinción es importante porque no se trata de declarar que la IA jamás pueda
intervenir en una actividad que llamemos espiritual. Puede hacerlo como
herramienta de lectura, traducción o reflexión. Se trata de no confundir esa
intervención con el acontecer mismo de la comunión.
En
nuestra notación, la diferencia podría formularse de manera esquemática:
IA: 1/4
←→ 1 ≠ 0 ←→ 1/4
Comunión:
0 ← 1 → 0
La
primera expresión sitúa la IA en el ámbito de la mediación técnica y de la
relación entre determinaciones informacionales. La segunda expresa, dentro de
tu marco, el acontecimiento de una relación que no queda reducida a la
separación ni a la identidad de sus términos.
No
presentaría estas fórmulas como una demostración científica sobre la conciencia
de las máquinas. Su función es distinguir dos planos conceptuales: el
funcionamiento de una herramienta y el acontecer ontológico que no debe
confundirse con ese funcionamiento.
La IA
puede ayudar a disponer la mesa; no por ello participa necesariamente del don
que acontece alrededor de ella.
6. ¿Cómo comenzaría el comunismo complementario en
las comunidades?
No
necesitamos esperar a que exista una infraestructura tecnológica completamente
independiente de las corporaciones. Podemos pensar un proceso de transición que
comience por las necesidades concretas y amplíe gradualmente la capacidad de
decisión comunitaria.
1
Redevelar
las necesidades
Identificar
qué necesitan las comunidades para sostener su vida: agua, alimentación,
cuidados, conocimiento, tiempo, infraestructura, autonomía territorial y
capacidad de decisión.
2
Cartografiar
las dependencias
Reconocer
qué plataformas, modelos, sistemas de pago, bases de datos y servicios
tecnológicos son necesarios, quién los controla y qué ocurriría si su acceso se
interrumpiera.
3
Construir
capacidades compartidas
Federar
cooperativas, instituciones públicas y comunidades para compartir herramientas,
conocimientos, cómputo e infraestructuras, con reglas de gobierno y protección
de la intimidad.
4
Alterar y
contraalterar las relaciones
Comprobar
si la nueva organización reduce dependencias o crea otras; si distribuye la
decisión o concentra el poder en técnicos, administradores, dirigentes o
algoritmos.
5
Redevelar
el tiempo común
Evaluar
si las capacidades compartidas mejoran la reproducción de la vida, permiten
reducir trabajos penosos, fortalecen los cuidados y amplían el tiempo
disponible para la presencia y la creación comunitarias.
Este
proceso no supone que las comunidades deban fabricar sus propios modelos de IA
desde cero. Una comunidad puede necesitar utilizar infraestructuras externas
mientras construye alternativas, negocia condiciones de acceso y reduce
progresivamente su dependencia.
Tampoco
significa que todo deba decidirse en una asamblea permanente. La participación
comunitaria necesita procedimientos, delegaciones revisables, conocimientos
especializados y mecanismos que impidan la concentración de poder.
La
socialización debe ser una capacidad efectiva de gobernar las condiciones
materiales de la vida, no una declaración formal de propiedad colectiva.
7. La formulación del comunismo complementario
Podemos
responder finalmente a nuestra pregunta inicial.
¿Qué
tendría que cambiar en la propiedad, en el trabajo y en la reproducción de la
vida común para que la dominación dejara de reproducirse?
En la
propiedad: las comunidades tendrían que adquirir capacidad efectiva para
gobernar las infraestructuras, los conocimientos y los medios tecnológicos de
los que depende su existencia, sin que la socialización elimine la intimidad ni
imponga un propietario colectivo separado de ellas.
En el
trabajo: los aumentos de productividad tendrían que convertirse en capacidades
compartidas, seguridad material y tiempo liberado, en lugar de traducirse
automáticamente en desempleo, intensificación laboral o nuevas formas de
extracción.
En la
reproducción de la vida: la organización económica y tecnológica tendría que
responder a las necesidades humanas, comunitarias y ecológicas, en vez de
subordinar esas necesidades a la acumulación, al procesamiento de datos o a la
reproducción de la propia plataforma.
Y, en el
plano ontológico, la transformación tendría que impedir que una herramienta,
una institución o una clase se apropiara de la capacidad de decidir qué
significa la vida común.
La
comunión no sería un producto que las plataformas fabrican, ni una recompensa
por haber socializado los medios de producción. Sería aquello a cuyo servicio
se ponen las capacidades materiales y tecnológicas, sin pretender que puedan
producirlo o sustituirlo.
Esta es
la diferencia entre un comunismo que se limita a reorganizar la producción de
información y un comunismo complementario que reorganiza las condiciones de la
vida para que la producción deje de ocupar el lugar de su finalidad última.
La
fórmula que propongo para continuar nuestra obra-taller es:
Socialización
de las plataformas → autonomía comunitaria → liberación del tiempo →
reproducción de la vida común → comunión sin apropiación.
No es una
secuencia automática ni una ley histórica. Cada transición puede producir
nuevas dependencias y exigir nuevas contraalteraciones.
Pero
establece un criterio para distinguir la transformación de la dominación de su
simple reorganización: la capacidad tecnológica compartida debe ampliar la autonomía
de las comunidades sin convertir la comunión en una mercancía, un dato, un
servicio o una operación algorítmica.
La IA
puede contribuir a ese proceso. El comunismo complementario no consiste en
hacer que la IA gobierne mejor la vida, sino en alterar las relaciones de
propiedad y dependencia para que las comunidades puedan gobernar sus
condiciones materiales y, al mismo tiempo, conservar el entre que ninguna
plataforma puede reclamar como suyo.

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