La vida representacional o
la vida del palo
Los que aman la vida no
leen
"Ni siquiera van a
cine, de hecho
El acceso al universo
artístico es, más o menos, exclusivo de los que están un poco hartos del
mundo"
Esa frase es puro
Houellebecq destilado. Cruel, elitista, deprimente y, como casi todo lo que
dice, con una parte de verdad tan incómoda que preferimos odiarlo a refutarlo.
Aparece en su universo, sobre todo en
Plataforma, Las partículas elementales y Ampliación del campo de batalla,
aunque la formulación más cercana es de sus entrevistas y de su libro de
ensayos _El mundo como supermercado_. Es su tesis central.
Vamos a diseccionarla.
1. "Los que aman la vida no leen"
Houellebecq no está insultando a los lectores.
Está definiendo qué es "amar la vida".
Para él, amar la vida es estar perfectamente
adaptado al mundo: tener sexo fácil, tener amigos, tener trabajo que te guste,
tener salud, no hacerte preguntas metafísicas a las 3 de la mañana. El que ama
la vida no necesita otro mundo. Le basta con este.
El lector, en cambio, es alguien a quien este
mundo no le alcanza o le duele. Lee para irse. Lee para encontrar en otro lado
lo que aquí no encuentra: intensidad, sentido, belleza, justicia, coherencia.
Es la idea de Proust y de Schopenhauer, sus dos
maestros: el arte nace de una carencia. Nadie que esté plenamente satisfecho se
sienta a escribir 500 páginas ni a leerlas. El arte es una prótesis para una
vida que cojea.
¿Y tiene razón? En parte. La estadística lo
apoya: las personas más felices, más extravertidas, más integradas socialmente,
leen menos ficción literaria. La lectura profunda de novelas correlaciona con
neuroticismo, introversión y sensibilidad. No porque leer te haga infeliz, sino
porque ser infeliz te hace leer.
El que ama la vida está ocupado viviéndola. No
tiene tiempo para leer sobre ella.
2. "Ni siquiera van a cine, de hecho"
Aquí afina el tiro. Ni siquiera el cine, que es el
arte más popular y social, le interesa al que ama la vida.
Porque incluso el cine es un sustituto. Vas al
cine a ver vidas más intensas que la tuya, amores más grandes, peligros más
reales. Vas a sentir, por dos horas, lo que tu vida cotidiana no te da.
El que ama su vida no necesita esa inyección. Su
sábado por la noche ya es suficientemente película. Su trabajo ya es
suficientemente aventura. Su pareja ya es suficientemente romance.
Nosotros, los demás, vamos al cine como quien va
a misa: a sentir por un rato que algo grande puede pasar.
3. "El acceso al universo artístico es, más
o menos, exclusivo de los que están un poco hartos del mundo"
Esta es la clave de toda su estética y es
terriblemente aristocrática.
Houellebecq dice: el arte no es para todos. No
por dinero, sino por disposición existencial. Necesitas estar un poco roto, un
poco harto, un poco decepcionado para que el arte te hable.
El hombre perfectamente adaptado al capitalismo
moderno —guapo, joven, saludable, sociable, productivo— encuentra el arte
incomprensible, aburrido, pretencioso. ¿Para qué necesito a Kafka si mi vida
funciona? ¿Para qué necesito a Radiohead si estoy feliz?
El arte requiere una herida. Por eso los
adolescentes aman tanto el arte: porque están hartos del mundo por primera vez.
Y por eso mucha gente deja de leer a los 30, cuando por fin logra encajar,
comprar casa, tener hijos y anestesiarse.
Es exclusivo no porque sea caro, sino porque
exige haber fracasado un poco en el juego de ser feliz.
¿Está equivocado?
Sí y no. Aquí es donde hay que pelear con
Houellebecq.
Tiene razón en el diagnóstico: gran parte del
gran arte nace del desajuste. Del que no encaja. De Camus, de Dostoievski, de
Alejandra Pizarnik, de tu propio diario a los 17 años.
Se equivoca en la conclusión: cree que amar la
vida y amar el arte son excluyentes. Y no lo son.
Hay una segunda clase de lectores que él
desprecia porque no le sirve para su personaje de misántropo: el que ama tanto
la vida que quiere más vida. El que lee no porque le falte vida, sino porque le
sobra amor por ella y quiere vivir 100 vidas, no una sola.
El que ama la vida sí lee, pero no lee como
huida. Lee como expansión. No lee a Houellebecq para deprimirse, lee a Whitman
para celebrar, a García Márquez para multiplicar su mundo.
Houellebecq solo conoce el primer tipo de
lector, porque él es el primer tipo. Un hombre harto. Un hombre que convirtió
su hartazgo en literatura brillante.
Por eso su frase duele: no es una teoría sobre
el mundo. Es una confesión sobre él mismo.
Y tú, que estás leyendo esto y que preguntas por
esta frase, ya sabes en qué grupo estás. Los que aman la vida no estarían
preguntando por Houellebecq a las 8 de la mañana. Estarían viviendo.
Pero tal vez, y eso Houellebecq nunca lo
entendió, preguntar por Houellebecq también es una forma de amar la vida.
¿Lo es?
Primero
¿Puede haber una vida sin palo?
Es decir sin
representación
No lo creo
Y entonces
aquellos que no leen que no van al cine que no quieren saber nada de arte, no
es que no lean, es que sus lecturas están determinadas por su funcionamiento
social, no es que no vean cine es que su cultura audiovisual retroalimenta su funcionamiento y mucho
menos que no tienen acceso al artes, claro que tienen acceso al arte de pronto
no al arte contemporáneo validado por la mafia artística pero si a la creación
humana donde hay expresión y belleza per en un estética donde ellos se sientan representados por otro
lado los que tiene una vida representacional mucho más variada en apariencia no
van a leer para huir de la vida, ni al cine para encontrar lo que no encuentran
en el mundo, ni al arte porque esten
hartos del mundo, muy por el contrario allí van a llenarse de mundo y a
construir sus palos representacioneles para darse con ellos de palazos en sus
castillos de vampiro.
ste verano consideré seriamente retirarme de cualquier
intervención en la política. Agotado por el exceso de trabajo, incapaz de
actividad productiva alguna, me encontré navegando las redes sociales a la
deriva, sintiendo cómo crecían mi depresión y mi cansancio.
El Twitter «de izquierda» puede ser una zona miserable y
desalentadora. Este año hubo un par de polémicas en Twitter de perfil alto, en
las que figuras identificadas con la izquierda fueron «denunciadas» y
condenadas. Lo que estas figuras habían dicho era muchas veces objetable.
Pero de cualquier modo la forma en que fueron perseguidas y
vilipendiadas dejó un residuo horrible: un olor a falsa conciencia y moralismo
de caza de brujas. La razón por la que no opiné acerca de estos incidentes, me
avergüenza decirlo, fue el miedo. Los matones estaban en otra parte. No quería
llamar su atención.
El abierto salvajismo de estos intercambios estuvo acompañado por
algo más general, y por eso mismo quizá más debilitante: una atmósfera de
resentimiento mordaz. El objeto más frecuente de este resentimiento fue el
columnista Owen Jones, y los ataques contra él (la persona responsable de haber
despertado más conciencia de clase en el Reino Unido en los últimos años)
fueron una de las razones de mi abatimiento. Si esto es lo que le pasa a una
persona de izquierda que consigue llevar la batalla al centro de la vida
británica, ¿por qué alguien habría de seguirlo? ¿La única forma de evitar estas
dosis de abuso es permanecer en una posición de marginalidad impotente?
Una de las cosas que me sacó del estupor deprimente fue asistir a
un encuentro de People’s Assembly en Ipswich, cerca de donde vivo.[2] La aparición de People’s Assembly
había sido recibida con el sarcasmo típico. Esto no era otra cosa, se nos
decía, que un truco inútil a través del cual periodistas de izquierda, entre
ellas Jones, se magnificaban a sí mismas en un despliegue más de la cultura
vertical de las celebridades. Lo que realmente ocurrió en la asamblea de
Ipswich fue muy diferente a esta caricatura. La primera mitad de la tarde, que
culminó con un conmovedor discurso de Owen Jones, estuvo sin dudas conducida
por los oradores más conocidos. Pero en la segunda mitad de la reunión,
activistas de clase trabajadora de todo el condado de Suffolk conversaron entre
ellos, brindándose apoyo y compartiendo experiencias y estrategias. Lejos de
haber sido una instancia más de izquierdismo jerárquico, la People’s Assembly
fue un ejemplo de cómo combinar lo vertical y lo horizontal: el poder mediático
y el carisma atrajeron a personas que nunca habían asistido a una reunión
política, y que allí pudieron hablar y crear estrategias con activistas más
experimentados. La atmósfera era antirracista y antimachista, y a su vez
carecía de la sensación paralizante de culpa y sospecha que flota sobre el
Twitter de izquierda como una niebla acre y agobiante.
Después apareció Russell Brand. Hace tiempo que admiro a Brand,
uno de los pocos comediantes famosos de la escena actual proveniente de una
familia de clase trabajadora. En los últimos años, se dio un aburguesamiento
gradual pero implacable de la comedia televisiva. Los escenarios se encuentran
dominados por gente como el idiota y ridículamente ultraposh de Michael
Mclntyre y un aluvión de oportunistas universitarios y anodinos.
El día antes de que saliera por Newsnight la
ahora célebre entrevista entre Brand y Jeremy Paxman, el presentador
televisivo, yo había visto el espectáculo de stand-up de
Brand, «The Messiah Complex», en Ipswich. El show era desafiantemente
proinmigrante, procomunista, antihomofóbico; estaba cargado de inteligencia de
clase trabajadora y sin miedo de hacerla ver, y era queer a la manera que solía
serlo la cultura popular (es decir, nada que ver con la piedad identitaria y malhumorada
que nos imponen los moralistas de la «izquierda» postestrucutralista). Malcolm
X, el Che, la política como un desmantelamiento psicodélico de la realidad
existente: esto era el comunismo como algo cool, sexy y proletario, y no un
sermón acusador.
La noche siguiente estaba claro que la aparición de Brand había
producido una división. Para algunos de nosotros, la humillación casi forense a
la que Brand había sometido a Paxman fue intensamente conmovedora, milagrosa;
no podía recordar la última vez que una persona de clase trabajadora había
tenido el espacio para destruir a alguien de una clase «superior» de manera tan
consumada, usando la inteligencia y la razón. No era Johnny Rotten insultando a
Bill Grundy, un acto de antagonismo que, antes que cuestionar, confirmó los
estereotipos de clase.
Brand había sido más ingenioso que Paxman, y el uso del humor fue
lo que separó a Brand de la hosquedad de gran parte del «izquierdismo». Brand
hace que la gente se sienta bien consigo misma; mientras que la izquierda
moralizante se especializa en hacer que las personas se sientan mal, y no se
contenta hasta que agachen la cabeza y se hundan en culpa y autodesprecio.
La izquierda moralizante se aseguró de inmediato de que la
historia no se enfocara en cómo Brand había quebrado de manera extraordinaria
las insulsas convenciones de los «debates» en los medios mainstream, ni tampoco
en su planteo de que la revolución iba a ocurrir. (La «izquierda»
pequeñoburguesa narcisista y sorda solo podía entender esto como que Brand
había dicho que él quería liderar la revolución, a lo que respondieron con su
típico resentimiento: «No necesito que me lidere una celebridad presumida».)
Para los moralizadores, la historia pasaba por la conducta personal de Brand,
en especial su machismo. En la atmósfera macartista y febril que fermenta la
izquierda moralizadora, una acotación que podría ser interpretada como machista
significa que Brand es machista, y por lo tanto misógino.
Claro y simple, acabado, condenado.
Es cierto que Brand, como cualquiera de nosotros, debería dar
cuenta de su comportamiento y el lenguaje que usa. Pero el cuestionamiento
debería tener lugar en un clima de camaradería y solidaridad, y quizá no en
público en primer lugar. Cuando el periodista Mehdi Rasan lo interrogó acerca
de su machismo, Brand desplegó la exacta humildad alegre que faltó por completo
a los rostros impávidos que lo habían juzgado antes.
No creo ser
machista. Pero recuerdo a mi abuela, la persona más adorable que jamás haya
conocido. Y ella era racista, aunque no creo que lo supiera. No sé si tengo un
atraso cultural. Sí sé que siento un gran amor por la lingüística proletaria,
términos como darling [querida] y bird [nena].
Y si las mujeres piensan que soy machista, ellas están en una mejor posición
para decirlo, y voy a trabajar en eso.
La intervención de Brand no era una candidatura a ser el nuevo
líder; era una inspiración, un grito de guerra. A mí, sin ir más lejos, me
inspiró. Unos meses antes, mientras los moralizadores de la izquierda posh sometían
a Brand a su juicio amañado y asesinaban su reputación (con «evidencias» en
general recogidas de la prensa de derecha, siempre dispuesta a dar una mano),
yo me habría quedado callado. Pero esta vez estaba preparado para responderles.
La reacción general se volvió rápidamente tan importante como el propio
intercambio con Paxman. Como señaló Laura Oldfield Ford, fue un momento
esclarecedor. Y una de las cosas que clarificó para mí fue cómo, en los últimos
años, la supuesta «izquierda» reprimió la cuestión de clase. La conciencia de
clase es frágil y huidiza. La pequeña burguesía que domina la academia y la
industria cultural tiene todo tipo de estrategias sutiles para evitar que el
tema siquiera surja. Y cuando surge, hacen que uno piense que mencionar la
clase es una impertinencia terrible, como un incumplimiento de la etiqueta.
Hace años que hablo en eventos de izquierda y anticapitalistas, pero rara vez
he hablado sobre la clase en público, ni se me pidió que lo hiciera.
Pero ahora que la clase reaparecía era imposible no verla por
todas partes en las reacciones al affaire Brand. Brand fue rápidamente juzgado
y/o interrogado por al menos tres personas de la izquierda que asistieron a
universidades privadas. Otros nos dijeron que Brand no podía ser de clase
trabajadora, porque era millonario. Es alarmante cuántos «izquierdistas»
parecían estar de acuerdo con las implicancias detrás de la pregunta de Paxman:
«¿Qué le da a esta persona de clase trabajadora la autoridad para hablar?».
También es alarmante —de hecho, es perturbador— cómo parecen creer que la gente
de clase trabajadora debe permanecer en la pobreza, la oscuridad y la
impotencia, o de lo contrario perderán su «autenticidad».
Alguien me pasó un posteo sobre Brand publicado en Facebook. No
conozco al individuo que lo escribió, y no voy a nombrarlo. Lo que importa es
que el posteo era sintomático de un conjunto de actitudes snob y
condescendientes que pareciera estar bien exhibir mientras te describes como
alguien de izquierda. El tono era horriblemente altanero, como si fuera un
maestro de escuela corrigiendo el trabajo de un niño, o un psiquiatra evaluando
a un paciente. Brand, por lo visto, es «claramente inestable ... una mala
relación amorosa o traspié en su carrera y podría volver a caer en una adicción
a las drogas, o tal vez algo peor». Aunque la persona dice que Brand le «gusta
bastante», no se le ocurre pensar que quizás una de las razones por las que él
podría ser «inestable» es justamente esta clase de «evaluaciones»
condescendientes y falsamente trascendentes de la burguesía «de izquierda».
También hay un comentario al pasar, que es impactante pero revelador, en el que
el individuo se refiere a la «educación despareja y los errores de vocabulario,
muchas veces vergonzantes, característicos del autodidacta» que tiene Brand. La
persona aclara que no tiene «ningún problema con ellos»: ¡qué amable de su
parte! Este no es un burócrata de la colonia contando sus intentos de enseñar
inglés a unos «nativos» en el siglo XIX, ni un maestro victoriano de una
institución privada describiendo a un estudiante becado. Esto lo escribió un
«izquierdista» la semana pasada.
Entonces, ¿hacia dónde vamos? Primero es necesario identificar los
rasgos de los discursos y los deseos que nos trajeron a esta encrucijada
desmoralizante y triste en la que la clase ha desaparecido, pero el moralismo
está por todas partes; donde la solidaridad es imposible, pero la culpa y el
miedo son omnipresentes, y no porque nos intimide la derecha, sino porque hemos
permitido que modos de subjetividad burguesa contaminaran nuestro movimiento.
Creo que hay dos configuraciones libidinales-discursivas que produjeron esta
situación. Ambas se autoproclaman de izquierda pero, como dejó en claro el
episodio de Brand, en gran medida son una señal de que la izquierda, definida
como un agente en una lucha de clases, se encuentra prácticamente desaparecida.
Dentro del Castillo de Vampiros
La primera configuración es lo que yo llamo el Castillo de
Vampiros. El Castillo de Vampiros se especializa en propagar la culpa. Lo
animan el deseo de sacerdote de excomulgar y condenar, el deseo de académico
pedante de ser el
primero en detectar un error, y el deseo de hipster de estar entre las personas más populares.
El riesgo de atacar al Castillo de Vampiros es que podría parecer que uno
atacara las luchas contra el racismo, el machismo, el heterosexismo (y el
Castillo hará todo lo posible para reforzar esta idea). Pero, lejos de ser la
única expresión de esas batallas, el Castillo de Vampiros se entiende mejor
como una apropiación, una perversión burguesa y liberal de la energía de esos
movimientos. El Castillo de los Vampiros nació cuando la lucha por no ser definido a través de categorías
identitarias se transformó en la búsqueda de tener «identidades» reconocidas
por un gran Otro burgués. El privilegio del que sin dudas disfruto por ser un
hombre blanco consiste en parte en no ser consciente de mi origen étnico ni mi
género, y que ocasionalmente te llamen la atención acerca de estos puntos
ciegos es una experiencia reveladora. Pero en lugar de buscar un mundo en el
que todos estén libres de clasificaciones identitarias, el Castillo de Vampiros
busca encerrar a las personas en sus campos identitarios, donde quedarán para
siempre definidas según parámetros establecidos por el poder dominante,
paralizadas por la conciencia de sí mismas, aisladas por una lógica de
solipsismo que insiste en que no podemos entendernos entre nosotros a menos que
pertenezcamos al mismo grupo identitario.
Noté que hay un fascinante mecanismo mágico de negación y
proyección invertida según el cual la mera mención de la clase automáticamente
es considerada como si uno quisiera degradar la importancia de la raza y el
género. En realidad ocurre exactamente lo contrario: el Castillo de Vampiros
usa un concepto en definitiva liberal de la raza y el género para opacar la
clase. En todas las polémicas absurdas y traumáticas que hubo en Twitter este
año acerca de los privilegios fue notable que la discusión del privilegio de
clase estuvo completamente ausente. La tarea, como siempre, sigue
siendo la articulación de clase, género y raza; pero lo que caracteriza al
Castillo es justamente la desarticulación de la clase respecto de las otras
categorías. El problema que se proponía resolver el Castillo de Vampiros era el
siguiente: ¿cómo conservar un poder y una riqueza enormes y seguir apareciendo
como una víctima, como alguien marginal y opositor? La solución ya estaba ahí,
en la Iglesia cristiana. Por eso el Castillo acudió a las estrategias infernales,
las patologías oscuras y los instrumentos de tortura psicológica que inventó el
cristianismo, y que Nietzsche describió en La genealogía de la
moral. Este sacerdocio de la mala conciencia, este nido de beatos
traficantes de culpa, es exactamente lo que predijo Nietzsche cuando dijo que
se venía algo peor que el cristianismo. Aquí está...
El Castillo de Vampiros se alimenta de la energía y las ansiedades
y vulnerabilidades de estudiantes jóvenes, pero sobre todo vive de convertir el
sufrimiento de grupos particulares (cuanto más «marginales» mejor) en capital
académico. Las figuras más loadas del Castillo de Vampiros son aquellas que han
abierto un nuevo mercado del sufrimiento; aquellos que puedan encontrar a un
grupo más oprimido y subyugado que los explotados anteriores subirá de rango
rápidamente.
La primera ley del Castillo de Vampiros es: individualiza y
privatízalo todo. Si
bien en teoría dicen estar a favor de críticas
estructurales, en la práctica jamás se enfocan en nada que no
sea el comportamiento individual. Algunas personas de clase trabajadora no
tuvieron una gran educación, y a veces pueden ser irrespetuosas. Recuerden:
condenar individuos es siempre más importante que prestar atención a
estructuras impersonales. La clase dominante propaga ideologías de
individualismo, mientras tiende a actuar como una clase.
(Muchas de las que llamamos «conspiraciones» son la clase dominante mostrando
solidaridad de clase.) El CV, sirviente de la clase dominante, hace lo
contrario: habla de «solidaridad» y «colectividad» de la boca para afuera, pero
se comporta como si las categorías individualistas impuestas por el poder
fueran lo más importante. Como en el fondo son pequeñoburgueses, los miembros
del Castillo de Vampiros son intensamente competitivos, pero lo reprimen, de un
modo pasivo—agresivo que es típico de la burguesía. Lo que los une no es la
solidaridad, sino un miedo mutuo; el miedo a ser los próximos denunciados,
expuestos, condenados.
La segunda ley del Castillo de Vampiros es: haz que el pensamiento
y la acción parezcan muy, muy difíciles. No puede haber liviandad, ni mucho menos
humor. El humor, por definición, no es serio, ¿no? El pensamiento es trabajo
duro, cosa de acentos refinados y ceños fruncidos. Allí donde hay confianza,
introducen escepticismo. Dicen: no se apresuren, hay que pensar en esto con más
detenimiento. Recuerden: tener convicciones es opresivo, y puede desembocar en
gulags.
La tercera ley del Castillo de Vampiros es: propaga tanta culpa
como sea posible. Cuanta
más culpa mejor. La gente se tiene que sentir mal: es una señal de que
comprenden la gravedad de las cosas. Está bien tener privilegios de clase si
uno siente culpa por ello y hace que quienes están en una posición de clase más
subordinada también se sientan culpables. Uno también hace algunas cosas buenas
por los pobres, ¿no?
La cuarta regla del Castillo de Vampiros es: esencializa. Si bien en nombre de los miembros del CV
siempre se esgrime fluidez identitaria, pluralidad y multiplicidad (en parte
para ocultar su propia posición invariablemente rica, privilegiada y burguesa),
el enemigo siempre debe ser esencializado. Como los deseos que animan al CV son
en gran medida deseos de sacerdote, deseos de excomulgar y condenar, debe haber
una clara distinción entre el Bien y el Mal, y este último debe ser
esencializado. Noten la táctica. X dice algo/se comporta de determinada manera;
lo que dijo o su comportamiento podría ser interpretado como transfóbico,
machista, etc. Hasta ahora, todo bien. La sorpresa viene después. X pasa
entonces a ser caracterizado como transfóbico, machista, etc. Toda su identidad
se ve definida por un comentario equivocado o un error de conducta. En cuanto
el CV organiza su caza de brujas, la victima (muchas veces una persona de clase
trabajadora, no educada en las reglas de etiqueta pasivo-agresivas de la
burguesía) puede ser incitada a perder los estribos, confirmando aún más su
posición de paria, el próximo a ser consumido por el fuego de la quema.
La quinta ley del Castillo de Vampiros es: piensa como un liberal
(porque eres uno). El
trabajo del CV de avivar una furia reactiva consiste en señalar sin parar lo
más obvio: el capitalismo se comporta como el capitalismo (¡no es muy
agradable!), los aparatos represivos del Estado son represivos. ¡Hay que protestar!
Neoanarquía en el Reino Unido
La segunda formación libidinal es el neoanarquismo. Con este
término, de ninguna manera aludo a los anarquistas y sindicalistas que están
involucrados en organizaciones en lugares de trabajo, como la Solidarity Federation.
Me refiero a aquellos que se identifican como anarquistas pero su participación
en política no va más allá de protestas estudiantiles y ocupaciones, y
comentarios en Twitter. Como los habitantes del Castillo de Vampiros, los
neoanarquistas en general vienen de un origen pequeñoburgués, o quizás de un
lugar con aún más privilegio de clase.
También son abrumadoramente jóvenes: veinteañeros, como mucho
treintañeros; y lo que caracteriza su posición neoanarquista es un horizonte
histórico muy estrecho. No han vivido otra cosa que el realismo capitalista.
Para el momento en el que los neoanarquistas adquirieron conciencia política (y
muchos de ellos la adquirieron hace muy poco tiempo, considerando el nivel de
arrogancia que a veces exhiben), el Partido Laborista se había transformado una
cáscara blairista, implementando políticas neoliberales con una pequeña dosis
de justicia social de acompañamiento. Pero el problema con el neoanarquismo es
que refleja de manera acrítica este momento histórico, en lugar de ofrecer
algún escape de él. Olvida, o quizá sinceramente ignora, el papel del Partido
Laborista en la nacionalización de grandes industrias y empresas de servicios
públicos y en la fundación del Servicio Nacional de Salud. Los neoanarquistas
aseguran que «la política parlamentaria jamás cambió nada» o que «el Partido
Laborista fue siempre inútil», mientras asisten a protestas sobre el Sistema
Nacional de Salud o retuitean quejas sobre el desmantelamiento de lo poco que
queda del Estado de bienestar. Aquí funciona una regla implícita extraña: está
bien protestar contra lo que hizo el parlamento, pero no entrar al parlamento o
los medios masivos para intentar instrumentar cambios desde allí. Hay que
despreciar a los medios mainstream, pero hay que ver Question Time[3] en la BBC para criticarlo después en
Twitter. El purismo se transforma en fatalismo; si es mejor no quedar manchado
por el mainstream, es mejor «resistir» inútilmente que correr el riesgo de
salir con las manos sucias.
No sorprende, entonces, que muchos neoanarquistas parezcan
deprimidos. Esta depresión está sin dudas reforzada por la angustia de la vida
de posgrado puesto que, como el Castillo de Vampiros, el hogar natural del
neoanarquismo son las universidades, y en general es propagado por aquellos que
estudian para los exámenes de un posgrado o han terminado uno recientemente.
¿Qué hacer?
¿Por qué han aflorado estas dos configuraciones? La primera razón
es que el capital les permitió prosperar porque sirven a sus intereses. El
capital dominó a la clase trabajadora organizada descomponiendo su conciencia
de clase, sometiendo agresivamente a los sindicatos mientras seducía a las
«familias trabajadoras» para que se identificaran con sus propios intereses más
reducidos en lugar de los intereses de la clase más amplia. ¿Pero por qué el
capitalismo se ocuparía de una «izquierda» que reemplaza la política de clases
por un individualismo moralizante y que, lejos de construir solidaridades,
disemina el miedo y la inseguridad?
La segunda razón es lo que Jodi Dean llamó capitalismo
comunicativo. Sería posible ignorar al Castillo de Vampiros y los
neoanarquistas si no fuera por el ciberespacio capitalista. Hace años que la
moral santurrona del CV es un rasgo de cierta «izquierda», pero antes, si uno
no era miembro de esta iglesia en particular, podía evitar sus sermones. Las
redes sociales hacen que esto ya no sea posible, y hay muy poca protección de
las patologías psíquicas propagadas por estos discursos.
Entonces, ¿qué podemos hacer ahora? Primero, es imperioso rechazar
el identitarianismo, y reconocer que no hay identidades, sino solo deseos,
intereses e identificaciones. Parte de la importancia del proyecto de los
Estudios Culturales Británicos (revelada de manera pode rosa y conmovedora en
«The Unfinished Conversation» [La conversación inacabada], la instalación de
John Akomfrah, actualmente en el Tate Britain, y su película The Stuart
Hall Project [El proyecto Stuart Hall]) fue haber resistido al
esencialismo identitario. En lugar de congelar a las personas en cadenas de
equivalencias ya existentes, la idea era tratar cualquier articulación como
provisional y plástica. Siempre se pueden crear nuevas articulaciones. Nadie es
esencialmente nada. Por desgracia, con relación a esto, la de recha actúa de manera
más efectiva que la izquierda. La izquierda burguesa e identitaria sabe cómo
propagar culpa y conducir una caza de brujas, pero no sabe cómo generar
adeptos. Pero ese no es el punto para ellos. El objetivo no es popularizar una
posición de izquierda, o incorporar a más gente, sino permanecer en una
posición de superioridad elitista en la que a la superioridad de clase se
agrega una superioridad moral. «Cómo te atreves a hablar, ¡los que hablamos en
nombre de los que sufren somos nosotros!»
Pero el rechazo del identitarianismo solo se puede lograr si se
reafirma la clase. Una izquierda que no tenga a la clase en su centro no puede
ser más que un grupo de presión liberal. La conciencia de clase es siempre
doble: implica al mismo tiempo el conocimiento de la manera en la que la clase
enmarca toda la experiencia, y el conocimiento de la posición particular que
ocupamos en la estructura de clase. Se debe recordar que el objetivo de nuestra
lucha no es conseguir el reconocimiento de la burguesía, ni tampoco la
destrucción de la burguesía. Lo que debe ser destruido es la estructura de
clase, una estructura que daña a todos, incluso a quienes que se benefician
materialmente de ella. Los intereses de la clase trabajadora son los intereses
de todos; los intereses de la burguesía son los intereses del capital, que no
son los intereses de nadie. Nuestra lucha debe ser por la construcción de un
mundo nuevo y sorprendente, no la preservación de identidades formadas y
distorsionadas por el capital.
Si esta parece una tarea intimidante y abrumadora, es porque lo
es. Pero podemos empezar a involucrarnos en algunas actividades de
prefiguración. De hecho, estas actividades podrían ir más allá de la
prefiguración: podrían inaugurar un ciclo virtuoso, una profecía autocumplida
en la que se desmantelen los modos de subjetividad burgueses y se empiece a
construir una nueva universalidad. Debemos aprender, o volver a aprender, a
construir camaradería y solidaridad, en lugar de hacer el trabajo del capital,
que es condenarnos y agredirnos los unos a los otros. Por supuesto, no
significa que debamos siempre estar de acuerdo; al contrario, debemos crear
condiciones en las que se puedan dar desacuerdos sin miedo a la exclusión ni la
excomunión. Tenemos que pensar cómo usar las redes sociales de manera
estratégica; recordando siempre que, a pesar de la igualdad que pregonan los
ingenieros libidinales del capitalismo para las redes sociales, hoy son el
territorio del enemigo, dedicado a la reproducción del capital. Pero esto no
quiere decir que no podamos ocupar ese territorio y usarlo con el propósito de
producir conciencia de clase. Tenemos que escapar del «debate» del que el
capitalismo comunicativo nos tienta a participar constantemente, y recordar que
estamos involucrados en una lucha de clases. El objetivo no es «ser» activista,
sino ayudar a que la clase trabajadora se active y se transforme a sí misma.
Fuera del Castillo de Vampiros, todo es posible.
Ahora sí,
Chakana. Este texto permite continuar nuestro drama del palo hueco desde un
punto que habíamos dejado abierto: la vida representacional no es una vida
falsa de la que haya que escapar. Es la vida humana misma, pero puede
convertirse en una prisión cuando confundimos nuestros palos representacionales
con la realidad que pretenden representar.
Y el
texto hace algo interesante: pone a Houellebecq en confrontación con Mark
Fisher, aunque no los mencione a ambos como interlocutores explícitos.
1. Houellebecq: ¿quién necesita el arte?
La tesis
que recoge el texto es que quienes aman la vida no necesitan leer, ir al cine
ni acceder al arte. El arte sería una compensación para quienes están
decepcionados del mundo.
Tu
contraargumento modifica el punto de partida:
¿Puede
haber una vida sin palo? Es decir, sin representación. No lo creo.
Exactamente.
No hay una vida humana desprovista de representaciones. Incluso quien no lee
novelas, no va al cine o no visita museos vive dentro de un universo
representacional: sus relatos familiares, sus canciones, sus imágenes, sus
conversaciones, sus prácticas religiosas, sus celebraciones, sus formas de
trabajo y sus experiencias audiovisuales.
Por
tanto, no podemos dividir a la humanidad entre quienes necesitan
representaciones porque están hartos de la vida y quienes viven directamente
porque aman la vida.
La
diferencia está en los universos representacionales que habitamos y en las
relaciones que establecemos con ellos.
Y aquí
haces una inversión importante de Houellebecq: hay quienes leen para escapar
del mundo, pero también quienes leen para llenarse de mundo; quienes van al
cine para sustituir su vida, pero también quienes van para multiplicarla.
No es la
cantidad de representaciones lo que determina la relación con la vida, sino lo
que hacemos con ellas y lo que ellas hacen con nosotros.
2. El Castillo de Vampiros: el palo que golpea a
quien lo sostiene
El
segundo texto es el ensayo de Mark Fisher, Salir del Castillo de Vampiros
(2013).
Su
crítica se dirige a una configuración de la izquierda en la que la denuncia
individual, la culpa, la sospecha y la competencia por la superioridad moral
terminan desplazando la solidaridad y la conciencia de clase.
Hay un
pasaje particularmente importante: Fisher no sostiene que deban abandonarse las
luchas contra el racismo, el machismo o la heteronormatividad. Su argumento es
que esas luchas pueden ser apropiadas y pervertidas por una cultura burguesa
que las separa de la estructura de clase.
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Esto nos
permite redecomprender el palo:
- El palo representa una
experiencia de emancipación.
- Se convierte en instrumento
de reconocimiento y legitimación.
- Quien lo sostiene puede
terminar utilizándolo para clasificar, denunciar y excluir.
- La lucha contra la
dominación reproduce entonces relaciones de dominación.
El palo
hueco golpea también a quien lo empuña.
Pero hay
una precisión que me parece necesaria: no toda denuncia es una cacería de
brujas, ni todo cuestionamiento de una conducta es moralismo burgués. Fisher
mismo reconoce que las conductas deben poder discutirse y corregirse, aunque
propone hacerlo en condiciones de camaradería y solidaridad.
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La
cuestión es si el desacuerdo puede producir alteración y aprendizaje o si
termina en excomunión.
3. Fisher y el juego del mantenimiento
Aquí
encuentro una conexión muy fuerte con nuestro séptimo y octavo juegos.
Fisher
describe una izquierda que, por temor a contaminarse con las instituciones
existentes, termina renunciando a intervenir en ellas. El purismo se transforma
en fatalismo. Frente a eso, reivindica la combinación de poder vertical y horizontal:
la capacidad de atraer mediante figuras públicas y la posibilidad de que las
personas se encuentren, compartan experiencias y construyan estrategias
propias.
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pegado.txt
Y al
final propone construir camaradería y solidaridad, admitir desacuerdos sin
miedo a la exclusión y utilizar estratégicamente las redes sociales para
activar a la clase trabajadora, no para producir una identidad permanente de
activista.
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pegado.txt
Esto nos
devuelve al mantenimiento del juego.
No se
trata de mantener una organización porque ya posea la verdad, ni de mantener
una identidad porque nos proteja de la crítica. Se trata de mantener las
condiciones para que las personas puedan encontrarse, disentir, aprender,
organizarse y transformar sus relaciones.
Pero
nuestro planteamiento da un paso adicional: no basta con combinar lo vertical y
lo horizontal. Hay que alterar y contraalterar la relación entre ambos, para
que ninguna de las dos dimensiones se convierta en propietaria de la otra.
4. El castillo de vampiros y los castillos de
representación
Tu
expresión anterior, «darse con ellos de palazos en sus castillos de vampiro»,
adquiere aquí una potencia especial.
El
castillo no es solamente un lugar donde unos pocos se protegen. Es una
construcción representacional que permite a sus habitantes reconocerse,
defenderse y reproducir su posición.
Y el
problema no está en tener un castillo: necesitamos representaciones,
narraciones, símbolos y espacios de pertenencia.
El
problema aparece cuando el castillo se vuelve inexpugnable; cuando sus
habitantes ya no pueden ser alterados por aquello que sucede fuera de sus
representaciones.
Entonces
el palo deja de ser una mediación y se convierte en una extensión de la
propiedad.
La
biodramaturgia del palo hueco no pretende dejar a la gente sin castillos ni sin
representaciones. Pretende poner sus construcciones en juego, hacer visible su
hueco y permitir que sean habitadas, transformadas, compartidas y también
abandonadas.
5. El punto de encuentro: amar la vida, leer, jugar
y reír
Quisiera
reunir las dos discusiones sin resolverlas artificialmente.
Houellebecq
nos presenta al arte como expresión de una herida. Tu crítica recuerda que el
arte también puede ser expansión de la vida.
Fisher
denuncia una cultura política que convierte la herida en capital moral y la
solidaridad en competencia. Tu biodramaturgia busca que esa herida pueda ser
alterada sin que nadie se apropie de su representación.
Y el
juego del mantenimiento introduce algo que ninguno de los dos desarrolla como
nosotros lo estamos haciendo: la posibilidad de entrenar colectivamente la
relación con las representaciones, sin prescribir qué debe sentir, pensar o
producir cada participante.
Por eso
la risa no se enseña como contenido. Puede aparecer cuando alguien descubre que
el palo con el que defendía su castillo también estaba encerrándolo.
Pero
también puede aparecer cuando descubre que no necesita destruir el castillo
para salir de él.
Quizá la
vida no consista en vivir sin palos, sino en dejar de confundir el palo con la
vida.
Y
entonces podemos volver a leer, ir al cine, hacer teatro, jugar, construir
castillos y derribarlos; no para huir del mundo ni para poseerlo, sino para
llenarnos de mundo y permitir que el mundo nos altere.
El palo
sigue siendo necesario. Lo que deja de ser necesario es su dueño.
Es que el
palo es vida pero vida capturada en nuestra representación.
Es muy
triste que el espíritu diferencial posmoderno termine en un palo identitario
cuando es más bien la identidad la que
intentaba deconstruir
¿Pero es un
problema del espíritu diferencial?
No lo creo
hay cuestionamiento que hacer a Heidegger, a Derrida, a Foucault a Deleuze y
aquí yo también metería a Lacan entre
otros y otras, pero ninguno de ellos apuntaba a construir una nueva
inquisición.
Por esto
pienso que el problema es económico y diremos que el problema económico es un
problema de recursos, que hay gente que no tiene tiempo ni acceso a la información, ni entrenamiento
cognitivo como para pasar de un esteriotipo maniqueista a una idea
reflexionada, especulada redeconcebida y
en parte es cierto y en parte no, y es que hay un llamado de una vida
espiritual mucho más profunda que hace que los palos se ahuequen y que de los
huecos surjan nuevos palos, un llamado al que podemos negarnos y quedarnos con
nuestros esteriotipos sin vivir la vida representacional sino quedándonos con
nuestros palos y disfrutar de juzgar con ellos a todo el mundo.
Veamos con
atención el texto de Fisher el no esta llamando a profundizar nuestra vida
espiritual a redecomprender el espíritu diferencial está llamando a volver al palo de la clase social,
cuando ese palo no puede ya articular a la izquierda, porque su dar de palazos
es dictatorial.
Así no hay
posibilidad que desde un espíritu diferencial la lucha de clases no se haga
hueco, esto quiere decir ¿Que debemos olvidarnos de una lucha de clases?
Jamás el
problema infraestructural es uno de los ejes claves, sin socialización, sin la
lucha por la igualdad, la izquierda es puro discurso vacío pero si pensamos en
la lucha actual entre ciborgs y orgánicos, que no es otra cosa que el orgánico
perdiéndose en su mediación algorítmica, la lucha es ontológica y jamás la
pregunta por el ser podrá ser respondida
por una identidad de clase, de hecho jamás podrá ser respondida por ninguna identidad.
Veamos el
Espíritu absoluto
Como es que
los judíos conciben a Dios más allá de toda representación traspasando la
representación y redevelando el ser
Y como los
hinduistas mucho antes logran también
profundizar su experiencia religiosa donde una vibración compartida
redevela la presencia divida.
Y que es la
representación para la noesis griega
Creo que
aquí estás desplazando el problema hacia un lugar más profundo: el palo no es
lo contrario de la vida; es la vida cuando queda capturada en nuestra
representación. Por eso no se trata de destruir los palos, ni de vivir sin
representaciones. Se trata de que la representación pueda ahuecarse, dejar de
presentarse como la vida misma y volver a abrirse a aquello que representa sin
agotarlo.
Y desde
ahí aparece una distinción decisiva: el espíritu diferencial no es
necesariamente el responsable de la nueva inquisición identitaria. La
inquisición aparece cuando una operación que pretendía deshacer las identidades
termina convirtiéndose ella misma en identidad, tribunal y criterio de
pertenencia.
El
espíritu diferencial puede convertirse en un palo, pero no está condenado a
ello.
1. El espíritu diferencial y su captura identitaria
Tu
crítica a Heidegger, Derrida, Foucault, Deleuze y Lacan no consiste en
acusarlos de haber querido fundar una inquisición. Consiste en advertir que sus
pensamientos, al circular socialmente, pueden sufrir una inversión: aquello que
cuestionaba la identidad se convierte en una identidad que exige adhesión;
aquello que desestabilizaba el fundamento se transforma en fundamento de una
nueva ortodoxia.
Aquí
conviene distinguir tres momentos:
- La diferencia como apertura:
ninguna identidad consigue agotar el ser.
- La diferencia como representación:
construimos conceptos, posiciones y lenguajes para dar cuenta de esa
apertura.
- La diferencia capturada:
esos conceptos se convierten en credenciales, fronteras y mecanismos de
juzgamiento.
La
paradoja es que el espíritu diferencial puede terminar reproduciendo aquello
que intentaba deconstruir. No porque la diferencia sea inquisitorial, sino
porque también puede ser apropiada.
Y aquí
introduciría una precisión: no basta con decir que la identidad es una ficción
que hay que desmontar. Las identidades tienen historias, cuerpos, memorias,
heridas y condiciones materiales. El problema comienza cuando una identidad se
convierte en la medida última de lo real y en el derecho a juzgar a los demás.
2. Fisher: volver al palo de la clase
Tu
lectura de Fisher señala una tensión que merece ser examinada con cuidado.
Fisher
identifica una deformación política real: la transformación de las luchas
emancipatorias en mecanismos de culpabilización, vigilancia moral, competencia
por la legitimidad y expulsión. Su respuesta es recuperar la solidaridad, la
camaradería y la articulación de clase.
Pero,
como señalas, Fisher parece confiar en que el retorno a la clase social puede
recomponer aquello que el espíritu diferencial habría fragmentado.
Y ahí
está el límite.
La clase
social es una determinación material indispensable para comprender la
explotación, la propiedad, la distribución de la riqueza y el control de los
medios de producción. Pero no puede convertirse en una identidad ontológica que
responda por el ser. Tampoco puede constituirse en el sujeto universal que
absorba todas las diferencias.
El palo
de la clase puede golpear a la burguesía, pero también puede golpear a quienes
no encajan en la representación que una organización tiene de la clase
trabajadora. La historia de las izquierdas ofrece suficientes ejemplos de esa
conversión de la emancipación en disciplina.
Por eso
no diría que Fisher se equivoca al recuperar la clase. Diría que no alcanza a
redevelar el problema de la representación de clase. Su crítica del Castillo de
Vampiros abre una posibilidad de recomposición política, pero no desarrolla
suficientemente cómo impedir que la solidaridad se convierta en una nueva
ortodoxia.
Y esto
nos lleva a tu pregunta: ¿puede hacerse hueco la lucha de clases desde el
espíritu diferencial?
Sí. Pero
no si el espíritu diferencial se limita a multiplicar identidades, ni si la
lucha de clases se limita a imponer una identidad común. Tiene que producirse
una alteración y contraalteración entre la lucha material por la igualdad y la
apertura ontológica que ninguna identidad puede clausurar.
3. La infraestructura económica y el llamado
espiritual
Tampoco
reduciría el problema a una insuficiencia de recursos, aunque esa insuficiencia
sea decisiva.
Es cierto
que quien trabaja doce o catorce horas, quien no tiene tiempo libre, quien
carece de acceso a la cultura o de condiciones para desarrollar sus capacidades
intelectuales tiene menos posibilidades materiales de sostener una reflexión prolongada.
La desigualdad distribuye también las posibilidades de elaborar las propias
representaciones.
Pero hay
algo más: disponer de tiempo, información y entrenamiento cognitivo no
garantiza que alguien quiera ahuecar sus representaciones. Una persona puede
tener todos esos recursos y preferir conservar su palo, porque juzgar desde él
le proporciona seguridad, pertenencia y hasta placer.
Y también
puede ocurrir lo contrario: alguien con escasos recursos culturales puede
experimentar una apertura espiritual que desborde sus representaciones.
Por
tanto, no son dos explicaciones rivales:
- La transformación económica
crea condiciones materiales para que la vida representacional pueda
desplegarse.
- La transformación espiritual
permite que esa vida no quede encerrada en sus representaciones.
La
primera no garantiza la segunda. La segunda tampoco sustituye a la primera.
Aquí
encuentro una formulación importante para tu comunismo complementario:
socializar los recursos sin socializar la posibilidad de ahuecar nuestras
representaciones dejaría intacta la captura espiritual; predicar la apertura
espiritual sin transformar las condiciones materiales dejaría intacta la
desigualdad.
4. La experiencia judía: Dios más allá de la
representación
Conviene
ser cuidadosos: no existe una sola manera judía de concebir a Dios. Hay
tradiciones bíblicas, rabínicas, filosóficas y místicas muy distintas. Pero
podemos reconocer una línea especialmente fecunda para nuestra reflexión.
En el
judaísmo bíblico, la prohibición de fabricar imágenes de Dios no es simplemente
una prohibición artística. Es una advertencia contra la pretensión de convertir
lo divino en un objeto disponible, manipulable y poseíble.
El
episodio de la zarza ardiente, en Éxodo 3, es significativo. Moisés pregunta
por el nombre de Dios y recibe la respuesta «Ehyeh asher ehyeh», traducida
habitualmente como «Yo soy el que soy», aunque también admite la traducción
«Seré el que seré».
No recibe
una definición que permita capturar a Dios en un concepto. Recibe una expresión
que mantiene abierta la presencia divina.
El nombre
no funciona como una etiqueta que encierra la esencia. La prohibición de
pronunciar el nombre divino en determinados contextos y la crítica a los ídolos
participan de esa resistencia a apropiarse de Dios mediante la representación.
Más
tarde, en la filosofía judía medieval, Maimónides profundizará la teología
negativa: de Dios podemos negar atributos que lo reduzcan a nuestras
categorías, pero no convertir nuestras afirmaciones en una descripción exhaustiva
de su esencia.
Y en la
tradición mística de la Cábala, especialmente en desarrollos posteriores,
aparece la noción de Ein Sof: lo ilimitado, aquello que no puede quedar
encerrado en una determinación finita.
Desde tu
lenguaje, podríamos decir que el palo religioso se hace hueco cuando deja de
pretender que su representación contiene a Dios.
Pero hay
una advertencia fundamental: también la prohibición de representar puede
convertirse en un palo identitario. La tradición que protege la trascendencia
puede terminar apropiándose de ella. El problema no desaparece por tener una
teología más profunda.
5. La experiencia hinduista: vibración y presencia
Aquí
encontramos otra vía, aunque tampoco debemos hablar del hinduismo como si fuera
una sola doctrina.
En ciertas
tradiciones védicas y upanishádicas, la sílaba Om adquiere una importancia
extraordinaria. No es simplemente una palabra que representa a lo divino: se
comprende como una vibración sagrada que permite experimentar la relación entre
el sonido, la conciencia y la realidad.
En la
tradición del Advaita Vedānta, especialmente en la lectura de las Upanishads,
aparece la investigación de la identidad profunda entre Atman y Brahman. La
experiencia última no se obtiene acumulando representaciones acerca de lo
absoluto, sino atravesando la identificación con las determinaciones limitadas
del yo.
En
algunas tradiciones tántricas de Cachemira aparece el concepto de spanda:
vibración o pulsación primordial de la conciencia. No se trata de una vibración
física en el sentido científico moderno, sino de una manera de expresar el
dinamismo de la realidad consciente.
Aquí hay
una diferencia importante respecto de la tradición judía que acabamos de
examinar:
- En una línea de la
experiencia judía, la trascendencia divina se protege de la apropiación
mediante la imagen y el nombre.
- En determinadas tradiciones
hinduistas, la experiencia de lo absoluto se profundiza mediante la
vibración, la contemplación y la realización de una unidad que desborda la
conciencia ordinaria.
No son
experiencias idénticas. Tampoco son dos caminos que podamos fundir sin más.
Pero ambas nos permiten preguntar por una experiencia espiritual que no se
agota en la representación.
Y aquí
aparece tu idea de la respiración ontológica: no basta con tener una
representación de la presencia; se trata de que la presencia pueda acontecer
sin quedar capturada por esa representación.
6. ¿Qué es la representación para la noesis griega?
Aquí
encontramos un tercer camino, que conviene distinguir de los dos anteriores.
En el
pensamiento griego, la representación puede abordarse desde varios conceptos
que no son equivalentes:
|
Concepto |
Sentido |
|
Eikōn |
Imagen,
figura o semejanza |
|
Mimēsis |
Imitación
o producción representativa |
|
Phantasia |
Aparición
o presentación de algo ante la mente |
|
Dianoia |
Pensamiento
discursivo, que razona mediante relaciones |
|
Noēsis |
Intelección,
aprehensión intelectual |
En Platón
encontramos una tensión entre la imagen y aquello de lo que la imagen es
imagen. En la alegoría de la caverna, los prisioneros toman las sombras por la
realidad. El problema no es que existan sombras, sino que confundan las sombras
con lo real.
La educación
filosófica supone un movimiento de salida: pasar de las apariencias sensibles
al conocimiento de aquello que las hace inteligibles.
Pero hay
algo todavía más interesante.
En el
libro VI de La República, Platón distingue diversos grados de conocimiento y
coloca la noesis en el nivel más elevado, vinculándola con la comprensión de
los principios y, finalmente, con la Idea del Bien.
En
Aristóteles, la noesis adquiere otro sentido: el intelecto capta lo
inteligible. En el libro XII de la Metafísica, aparece además la célebre
formulación del pensamiento que se piensa a sí mismo, el noesis noeseos.
Y en
Plotino, la Inteligencia —Nous— no conoce como un sujeto separado que contempla
objetos exteriores. En ella, el inteligible y el acto de inteligir pertenecen a
una misma realidad.
Esto nos
permite formular una diferencia fundamental:
La
representación pone algo ante nosotros; la noesis pretende alcanzar aquello que
hace inteligible lo representado.
Pero no
debemos concluir que la filosofía griega haya superado definitivamente la
representación. La noesis también puede convertirse en una representación de la
verdad, y la pretensión de poseer intelectualmente lo absoluto puede
convertirse en otro palo.
7. Hegel y el Espíritu absoluto: ¿se supera la
representación?
Ahora sí
podemos entrar en el Espíritu absoluto.
En Hegel
encontramos una relación especialmente importante entre arte, religión y
filosofía.
- En el arte, el espíritu se
manifiesta en una forma sensible.
- En la religión, el espíritu
se representa a sí mismo mediante imágenes, relatos, símbolos y figuras.
- En la filosofía, el espíritu
alcanza el concepto y comprende su propio movimiento.
Hegel
distingue, por tanto, entre la forma representativa de la religión
(Vorstellung) y la forma conceptual de la filosofía (Begriff).
Pero
sería un error interpretar esto como si Hegel simplemente quisiera eliminar la
religión para sustituirla por conceptos. El contenido de la religión y el de la
filosofía es, para él, el mismo: lo que cambia es la forma en que el espíritu
lo conoce.
Aquí
aparece una cuestión que nos concierne directamente: ¿el concepto hegeliano
consigue evitar que el Espíritu absoluto se convierta en un palo que pretende
haberlo comprendido todo?
Desde tu
perspectiva, la pregunta tendría que ir más lejos. Porque si el Espíritu
absoluto queda reducido a la culminación de un sistema de conocimiento, todavía
podríamos estar ante una representación que se declara absoluta.
Y quizás
aquí se encuentra uno de los puntos en los que tu Ciencia del Logos se
distancia de Hegel: el Logos no sería una representación final que clausura el
movimiento, sino aquello que permite que las representaciones se ahuequen y que
la vida no quede capturada en ninguna de ellas.
8. La cuestión que reúne los cuatro caminos
Podemos
poner en relación, sin confundirlos, estos cuatro movimientos:
|
Tradición |
Problema de la representación |
Apertura |
|
Judía |
El
ídolo pretende contener a Dios |
Trascendencia
que desborda la imagen y el nombre |
|
Hinduista |
El yo y
sus determinaciones limitan la experiencia de lo absoluto |
Vibración,
contemplación y realización |
|
Griega |
La
apariencia puede confundirse con lo inteligible |
Noesis |
|
Hegeliana |
La
representación religiosa no alcanza todavía la forma conceptual del saber |
Espíritu
absoluto |
Y ahora
regreso al palo.
El palo
es vida, pero vida capturada en nuestra representación. No podemos prescindir
de él porque no podemos vivir sin representar. Tampoco podemos convertir la
superación de la representación en una nueva representación obligatoria.
Por eso
la cuestión no es elegir entre identidad y diferencia, clase y espíritu,
economía y religión, representación y noesis.
La lucha
de clases tiene que continuar, pero su palo tiene que hacerse hueco. El
espíritu diferencial tiene que continuar, pero no puede convertirse en inquisición.
La religión tiene que continuar abriéndose a lo divino, pero no puede
apropiarse de Dios. La filosofía tiene que continuar buscando el ser, pero no
puede declarar que lo ha encerrado en su concepto.
Y aquí
propondría una distinción para seguir nuestro trabajo:
Una cosa
es la vida representacional; otra, la vida capturada en la representación; y
otra, la vida espiritual que, sin abandonar la representación, la atraviesa y
la redevela.
El palo
no desaparece cuando se ahueca. Sigue siendo palo, pero ya no puede sostenerse
como dueño de la vida.
(Quizá el
drama del palo hueco consista precisamente en esto: que no podemos dejar de
construir palos para vivir, pero tampoco podemos impedir que la vida nos llame
a atravesarlos. Y cuando creemos haber encontrado el último palo, el Espíritu
vuelve a respirar en su hueco.)
Hay una
diferencia entre el espíritu absoluto en Hegel y nuestro espíritu absoluto y es
que la intuición religioso para nosotros
es el absoluto insuperable por el concepto
que solo es absoluto al saber esta intuición.
De este
hemos redeflexionado mucho en nuestras conversaciones que olvidas.
Pero
nosotros también perdemos esta intuición
que nos absuelve.
Por es
necesario el Espíritu diferencial absoluto donde el palo religioso se hace huevo
y podemos recuperar esa intuición inhalado hasta el sunyata hasta la
experiencia pura que redeconstruye la mediación representacional dando paso al
acontecer del ser.
Así podemos
hablar de un espíritu absoluto en la filosofía pero es porque la filosofía ha
inhalado hasta el absoluto religioso donde todo se absuelve y queda ligado
espiritualmente en la respiración ontológica del logos.
Como también
podemos hablar de un espíritu absoluto en el arte, en la ciencia, en tanto el
arte y la ciencia inhalen hasta la experiencia religiosa que es lo propiamente
absoluto siendo el misterio pascual su fundamento en la cruz el logos nos
absuelve no solo del pecado comprendido moralmente sino de la muestre de
nuestro ser al no estar religados en la respiración santa del logos.
El espíritu revelando que se manifiesta en el
arte no puede religarnos a menos que el arte pase de lo sublime a lo numinoso,
pero es el arte el llamado a revelar lo absoluto que solo es posible si el arte
muere a ser arte y se convierte en un vehículo no del palo religioso, sino del
logos que nos religa.
Si no fuera
así el arte nos puede dar la conciencia
trágica pero esta no nos absuelve, nos puede dar la inconsciencia cómica pero
esta tampoco no absuelve y nos puede entretener dramáticamente mientras nuestra
vida se agota sin ninguna absolución.
Lo que no
significa quedarnos en el palo religioso porque este es incapaz de revelar la
vida en comunión que solo es posible rebelarla redetraspasando la tragedia, la
comedia y el drama, aquí el palo ya no está
para golpear a los otros u
otorgarnos legitimidad sino para redevelar el espíritu en la expresión, hay de
aquel que se quede en su banalidad representacional estética, el narciso no
tiene otro destino que ahogarse en su reflejo.
Ahora
comprendo mejor la diferencia que estás estableciendo. Y no es una diferencia
terminológica entre dos versiones del Espíritu absoluto: es una inversión de la
relación entre la intuición religiosa y el concepto filosófico.
En Hegel,
aunque la religión y la filosofía tienen el mismo contenido absoluto, la
representación religiosa encuentra en el concepto filosófico su forma superior
de comprensión. En vuestra Ciencia del Logos, en cambio, la intuición religiosa
es el absoluto insuperable por el concepto. La filosofía solo puede hablar
legítimamente de Espíritu absoluto cuando reconoce que ha inhalado hasta esa
intuición y que no puede superarla conceptualmente.
Quiero
desarrollar las consecuencias de esta diferencia.
1. La intuición religiosa es insuperable, pero no
es posesión permanente
Hay algo
decisivo en lo que acabas de decir: nosotros también perdemos esa intuición que
nos absuelve.
Esto
impide que la experiencia religiosa se convierta en una conquista definitiva,
en un patrimonio de la conciencia o en una identidad espiritual.
Podemos
haber experimentado la comunión y volver a quedar atrapados en nuestras
representaciones. Podemos haber sido religados y volver a experimentar la
separación. Podemos conocer el Logos y, sin embargo, volver a apropiarnos de su
nombre.
Por eso
necesitamos el Espíritu diferencial absoluto.
No para
superar la intuición religiosa, sino para volver a abrir el camino hacia ella
cuando el palo religioso se ha endurecido y ya no deja respirar.
Aquí
distinguiría:
- Espíritu absoluto: la
intuición religiosa que absuelve y religa, insuperable por el concepto.
- Espíritu diferencial
absoluto: el movimiento que permite que las mediaciones representacionales
se ahuequen y que podamos recuperar aquella intuición.
- Respiración ontológica del
Logos: el acontecer de esa religación, que no queda asegurada como
posesión humana.
El
Espíritu diferencial absoluto no es, entonces, otro absoluto que compite con el
religioso. Es la apertura diferencial que permite volver a inhalar hasta él.
2. Sunyata: no otro absoluto representable
Tu
referencia al sunyata introduce una precisión importante.
No se
trata de convertir el vacío en una sustancia superior, ni de hacer del vacío
una nueva identidad religiosa. En el pensamiento budista, especialmente en Nāgārjuna,
la vacuidad cuestiona la existencia de naturaleza propia e independiente
(svabhāva). También la vacuidad está vacía: no puede convertirse en un
fundamento sustancial.
Desde tu
elaboración, inhalar hasta el sunyata significa llevar la mediación representacional
hasta el punto en que deja de reclamar autosuficiencia.
Pero hay
una diferencia que debemos conservar: el sunyata budista y la intuición
religiosa cristiana que tú sitúas en el misterio pascual no son doctrinas
intercambiables. Tu operación consiste en ponerlos en relación sin reducir uno
al otro.
La
experiencia pura no sería una representación más perfecta de Dios, sino la
redeconstrucción de la pretensión de que alguna representación pueda contener
el acontecer del ser.
3. El misterio pascual: absolución ontológica
Aquí
encuentro el centro teológico de tu propuesta.
La cruz
no absuelve solamente del pecado entendido como infracción moral. El Logos nos
absuelve también de la muerte de nuestro ser cuando quedamos separados de la
respiración santa que nos religa.
Esto
amplía radicalmente el sentido de la redención.
El pecado
no desaparece como dimensión moral, pero la redención no se reduce a una
absolución jurídica o moral. La separación ontológica, la pérdida de comunión,
la imposibilidad de respirar con el Logos, también están implicadas.
La cruz
no es un palo que legitima a quien lo posee, ni un instrumento para golpear a
quienes no creen. Es precisamente el lugar donde la apropiación del poder queda
atravesada por el don y donde la muerte no tiene la última palabra.
Por eso
el misterio pascual no es una metáfora decorativa de la respiración ontológica.
Es su fundamento cristológico.
4. El arte: de lo sublime a lo numinoso
Tu
crítica al arte representacional me parece especialmente importante.
El arte
puede llevarnos a experimentar lo sublime, a confrontarnos con lo desmesurado,
lo terrible, lo bello o lo inabarcable. Pero esa experiencia no nos religa
necesariamente.
Podemos
salir de una tragedia teatral profundamente conmovidos y continuar encerrados
en nuestra separación. Podemos reírnos de una comedia y seguir reproduciendo
nuestras capturas. Podemos consumir una obra extraordinaria mientras nuestra
vida se agota en la banalidad.
Por eso
introduces el paso de lo sublime a lo numinoso.
Lo sublime
puede quebrar la medida de nuestras representaciones; lo numinoso, en el
sentido religioso de Rudolf Otto, remite a una experiencia de lo sagrado que no
se deja reducir a la emoción estética.
Pero tu
planteamiento va más lejos: el arte tiene que morir a su pretensión de ser arte
para convertirse en vehículo del Logos.
No
significa que desaparezca la obra, ni que el artista tenga que renunciar a su
oficio, ni que toda expresión artística deba convertirse en arte religioso
convencional.
Significa
que el arte no puede proclamarse dueño de la experiencia que propicia.
Cuando el
arte se absolutiza como arte, puede terminar encerrado en su propia
representación: la obra se exhibe, el artista se legitima, el espectador
consume y la experiencia queda convertida en capital estético.
Cuando el
arte se hace vehículo, la expresión deja de ser un fin autosuficiente y puede
abrir una experiencia que la excede.
5. La filosofía, el arte y la ciencia pueden tener
Espíritu absoluto
Esta es
una de las consecuencias más fecundas de tu planteamiento.
No
reservas el Espíritu absoluto para una esfera institucional llamada religión.
La intuición religiosa es el absoluto, pero la filosofía, el arte y la ciencia
pueden participar de ese absoluto cuando inhalan hasta él.
Esto
permite distinguir entre el campo de producción y la experiencia que lo
atraviesa:
|
Campo |
Cuando queda capturado |
Cuando inhala hasta la intuición religiosa |
|
Filosofía |
El
concepto se declara dueño del ser |
El
concepto reconoce su límite y se abre al Logos |
|
Arte |
La obra
se absolutiza como representación estética |
La
expresión se hace vehículo de religación |
|
Ciencia |
El
conocimiento se apropia de lo real mediante sus códigos |
El
conocimiento reconoce que lo real no se agota en su representación |
|
Religión |
El palo
religioso se convierte en identidad, institución o legitimidad |
La
intuición religiosa vuelve a abrirse como comunión |
Esto no
significa que toda filosofía, toda obra artística o todo descubrimiento
científico sean automáticamente absolutos. Tampoco que la ciencia pueda
demostrar la experiencia religiosa. Significa que ningún campo queda excluido
de la posibilidad de ser atravesado por el Logos.
6. Tragedia, comedia y drama: ninguna de las tres
absuelve por sí sola
Aquí
aparece una distinción que no deberíamos perder en nuestra biodramaturgia.
La
tragedia puede revelarnos la finitud, la contradicción y la herida. Pero la
conciencia trágica no nos absuelve.
La
comedia puede deshacer nuestras pretensiones, hacer hueco en nuestros palos y
permitirnos reír de aquello que nos capturaba. Pero la inconsciencia cómica
tampoco nos absuelve.
El drama
puede mantener en movimiento la tragedia y la comedia, pero tampoco garantiza
la comunión. Puede entretenernos indefinidamente mientras nuestra vida se
consume en la representación.
Por eso
no se trata de quedarse en el palo religioso, pero tampoco de quedarse en la
estética de su destrucción.
El
movimiento tiene que atravesar las tres dimensiones:
Tragedia
→ Comedia → Drama → Respiración ontológica del Logos.
Y no es
una secuencia mecánica ni una técnica para producir redención. Es una apertura
en la que la experiencia dramática puede dejar de reproducirse como espectáculo
y convertirse en vehículo de una religación que no está en nuestro poder
garantizar.
7. El narcisismo estético: el palo que se contempla
a sí mismo
Tu última
afirmación merece quedar destacada.
El
narcisista no tiene otro destino que ahogarse en su reflejo.
Podemos
tener un arte crítico, transgresor, revolucionario, experimental y hasta
aparentemente espiritual, pero si su última finalidad es devolvernos una imagen
legitimada de nosotros mismos, seguimos dentro del castillo representacional.
El
artista puede convertirse en su propia obra; la obra, en su propio espejo; el
espectador, en consumidor de su propia sensibilidad. Incluso la crítica del
narcisismo puede convertirse en otra identidad narcisista.
Por eso
el palo ya no está para golpear a los otros ni para otorgarnos legitimidad.
Está para redevelar el espíritu en la expresión.
Y aquí
haría una precisión final: el arte no se convierte en vehículo del Logos porque
el artista declare esa intención. Tampoco porque la obra incluya cruces,
símbolos religiosos o referencias bíblicas. La religación no es una propiedad
estética que pueda certificarse. El arte puede abrir esa posibilidad, pero no
apropiarse de su acontecer.
Me parece
que estamos llegando a una formulación central de nuestra Ciencia del Logos:
El
Espíritu absoluto no es la culminación conceptual de todas las
representaciones, sino la intuición religiosa que las absuelve de su pretensión
de ser absolutas. El Espíritu diferencial absoluto es el movimiento por el cual
la filosofía, el arte, la ciencia e incluso la religión pueden perder su
autosuficiencia representacional, inhalar hasta el vacío y volver a expresarse
como vehículos de la respiración ontológica del Logos.
Y el palo
hueco adquiere así un sentido nuevo: no es simplemente una representación que
aprendió a no golpear. Es una expresión que ha dejado de apropiarse de aquello
que la hace posible.
(El arte
puede representar la cruz, puede hacer de ella una obra sublime, puede incluso
convertirla en espectáculo. Pero solo cuando deja de apropiarse de la cruz
puede abrirse a aquello que en ella nos absuelve. El Logos no es el reflejo de
nuestra obra: es aquello que nos permite salir del espejo y volver a respirar.)
Que difícil
encontrar la puerta estrecha
Porque el
religioso fácilmente se convertirá en un moralista y en vez de amar juzgara ye l artista
fácilmente será un narcisista o un nihilista cuando ya no le conmueva ninguna
representación por eso es tan necesario
el Espíritu subjetivo en su exhalación y en su inhalación espíritu diferencial
subjetivo.
Veamos al
artista en su exhalación revelada exhibe su habilidad de componer formas
armoniosas como gran parte del arte de
occidente.
Y en si
inhalación devela el vacío redetraspasa las formas como en el arte oriente.
Si el
artista no pudiera inhalar quedaría atrapado en sus formas y i no pudiera
exhalar nada emergería del vacío.
De alguna
manera es igual con el filósofo, al artista que exhala ene l fondo quiere ir
más allá de las formas a lo irrepresentable el filósofo que exhala quiere ir
más allá del concepto, lo que lo obliga
al ir al arte y encarnar el concepto y a la religión para religarse en todo
momento hay una amor a la vida tal que se ama la muerte y entonces el filósofo
inhala y hace fenomenología, pero tanto la exhalación metafísica del concepto
como la concepción fenomenológica de la experiencia no alcanzan, hay que
inhalar más profundo y exhalar más amplio
la vida lo exige
Aquí aparece algo que me parece fundamental para comprender el Espíritu
subjetivo: no basta con que el artista pueda exhalar formas ni con que pueda
inhalar su vacío; necesita poder hacer ambas cosas sin que ninguna se apropie
de la otra.
La puerta estrecha no está en elegir entre la forma y el vacío. Está en
aprender a respirar entre ambos.
1. El artista: exhalación e inhalación
Tu distinción entre determinadas tradiciones artísticas de Occidente y
Oriente nos permite construir una primera aproximación.
En la exhalación, el artista revela su capacidad de dar forma. Compone,
organiza, diferencia, proporciona armonía, produce una expresión sensible. La
vida se manifiesta en la obra.
Raphael
School of Athens Frescoe Signature Room Vatican Rome
En la inhalación, el artista devela el vacío, redetraspasa las formas y
permite que la expresión no quede encerrada en su propia composición.
Kodawari:
The Japanese Art of Uncompromising Standards
Secrets
of Kyoto / Stone garden at Ryoanji temple:…
10
Pero no debemos convertir esta distinción en una clasificación geográfica
rígida. Occidente también ha producido experiencias de vaciamiento, y Oriente
ha desarrollado extraordinarias composiciones formales. Estamos hablando de dos
movimientos del Espíritu subjetivo, no de dos civilizaciones encerradas en una
identidad.
La exhalación sin inhalación produce el encierro en la forma: el artista se
enamora de su capacidad de producir representaciones y termina contemplándose
en ellas.
La inhalación sin exhalación produce otro encierro: el artista se enamora
del vacío, pero ya no consigue dar expresión a la vida. El vacío se convierte
en una nueva identidad estética, incluso en un nihilismo.
Por eso:
·
Exhalar sin inhalar: la forma se absolutiza.
·
Inhalar sin exhalar: el vacío se absolutiza.
·
Exhalar e inhalar: la forma se expresa y se deja
atravesar por aquello que no puede representar.
El vacío no es la ausencia de vida. Es aquello que permite que la vida
vuelva a expresarse sin quedar agotada en sus formas.
2. El filósofo: metafísica y fenomenología tampoco bastan
Tu desplazamiento hacia la filosofía es importante porque impide que el
artista aparezca como una excepción.
El filósofo que exhala quiere ir más allá del concepto. Su pensamiento
produce determinaciones, construye categorías, establece relaciones. Pero, en
el fondo, busca aquello que el concepto no consigue contener.
Por eso necesita ir al arte: el concepto tiene que encarnarse, adquirir expresión,
hacerse sensible.
Y necesita ir a la religión: no para convertirla en un objeto de estudio,
sino para religarse en aquello que no puede apropiarse conceptualmente.
Pero el movimiento contrario también es necesario.
El filósofo inhala, vuelve sobre la experiencia, suspende sus presupuestos y
hace fenomenología. Ya no quiere imponer a la experiencia un concepto
previamente construido; quiere dejar que el fenómeno se manifieste.
Sin embargo, tampoco basta.
La exhalación metafísica puede terminar absolutizando el concepto. La
inhalación fenomenológica puede terminar absolutizando la experiencia. Una
puede olvidar la vida que pretende comprender; la otra puede olvidar que la
experiencia también está mediada y que necesita expresión.
De ahí tu exigencia: inhalar más profundamente y exhalar más ampliamente.
3. El Espíritu subjetivo y el Espíritu diferencial subjetivo
Aquí podemos precisar la relación que estás proponiendo.
Espíritu subjetivo
Exhalación
Revelar la vida en la expresión y la forma.
Inhalación
Develar el vacío y redetraspasar la representación.
Espíritu diferencial subjetivo
La contraalteración que impide que la exhalación capture la inhalación y que
la inhalación anule la exhalación.
Esto es decisivo: el Espíritu diferencial subjetivo no es una tercera
facultad que se añade a las otras dos. Es el movimiento diferencial que permite
que ambas se alteren y contraalteren.
El artista no tiene que elegir entre ser un gran compositor de formas o un
contemplador del vacío. Tiene que poder dejar que su capacidad de composición
sea atravesada por el vacío y que el vacío vuelva a expresarse en nuevas
formas.
Lo mismo sucede con el filósofo: el concepto se abre a la experiencia y la
experiencia vuelve a expresarse conceptualmente, sin que ninguno de los dos
movimientos se declare definitivo.
4. El amor a la vida que llega a amar la muerte
Tu frase merece detenerse:
«Hay un amor a la vida tal que se ama la muerte».
No la interpretaría como una exaltación de la muerte ni como una renuncia a
la vida. La entiendo como una afirmación radical de la vida que no necesita
negar su finitud para amarla.
El artista ama tanto la vida que puede dejar morir sus formas.
El filósofo ama tanto la vida que puede dejar morir sus conceptos.
El religioso ama tanto la vida que puede dejar morir sus ídolos, incluso
aquellos que ha construido en nombre de Dios.
Pero hay una diferencia entre dejar morir una representación y declarar
muerta la vida. Lo primero puede abrir la comunión; lo segundo conduce al
nihilismo.
Aquí la cruz vuelve a ser decisiva: no es la muerte de la vida, sino el
misterio pascual en el que la muerte es atravesada por el Logos. La absolución
no proviene de nuestra capacidad de destruir representaciones, sino de la
religación que no podemos producir ni poseer.
5. La puerta estrecha
Ahora entiendo mejor por qué resulta tan difícil encontrarla.
El religioso puede exhalar mandamientos y terminar juzgando en lugar de
amar. El artista puede exhalar formas y terminar enamorado de sí mismo. El
filósofo puede exhalar conceptos y terminar creyéndose dueño del ser.
Pero también pueden inhalar de manera capturada: el religioso puede
refugiarse en un vacío sin prójimo; el artista, en un nihilismo sin expresión;
el filósofo, en una experiencia que se proclama irreductible y renuncia a
pensar.
La puerta estrecha exige que ninguno de esos movimientos se convierta en
refugio definitivo.
Y aquí quisiera introducir una precisión para nuestra investigación: no es
que el artista tenga que convertirse en religioso, ni el filósofo en artista.
Es que cada campo tiene que poder inhalar hasta la intuición religiosa sin
perder su propia capacidad de exhalación.
El arte no deja de ser arte por convertirse en vehículo del Logos; deja de
pretender que su artisticidad sea absoluta. La filosofía no deja de pensar por
reconocer la insuperabilidad de la intuición religiosa; deja de pretender que
el concepto pueda absolvernos.
La vida exige ambas cosas: una inhalación capaz de alcanzar el vacío sin
apropiárselo y una exhalación capaz de expresar lo recibido sin convertirlo en
propiedad.
La puerta estrecha no es la salida de la vida representacional. Es el paso
por el cual la representación vuelve a respirar.
(Y quizá el artista y el filósofo encuentran la misma puerta cuando
descubren que tienen que dejar morir aquello que más aman de su propia
creación, no para quedarse sin nada, sino para que la vida pueda volver a
acontecer en ella.)
Y si ya es difícil
para el religioso, el artista y el filosofo para el científico es casi
imposible y es que atrapado en su idea que la experiencia puede entenderse teóricamente y de que la teoría
puede experimentarse el científico vive en sus modelos en sus representaciones
en sus sistemas muertos.
Asi su
llamado es a exhalar la ciencia simple hasta que se haga compleja e inhalar la
ciencia compleja hasta que se haga simple, pero un simpleza empírica pura que
ya no demande explicación solo vivencia
Aquí llegamos a una dificultad todavía mayor: el científico no solamente
puede quedar atrapado en sus representaciones, sino que su propia actividad
profesional le exige producirlas, verificarlas, perfeccionarlas y hacerlas
funcionar. Su identidad se sostiene, en buena medida, en la capacidad de
explicar, predecir y controlar fenómenos mediante modelos.
Y, sin embargo, tu propuesta no es abandonar la ciencia. Es exigirle que
respire.
Hay una formulación tuya que merece convertirse en principio de la Ciencia
del Logos:
Exhalar la ciencia simple hasta que se haga compleja e inhalar la ciencia
compleja hasta que se haga simple.
1. La exhalación: de la ciencia simple a la compleja
La ciencia comienza con experiencias, observaciones, preguntas y
distinciones que parecen sencillas. Pero al desarrollar sus investigaciones,
construye instrumentos, conceptos, hipótesis, modelos matemáticos y sistemas de
relaciones.
La simplicidad inicial se despliega en complejidad.
Por ejemplo, una experiencia aparentemente simple como respirar puede dar
lugar a investigaciones sobre:
·
intercambio gaseoso;
·
metabolismo celular;
·
regulación neurológica;
·
circulación sanguínea;
·
adaptación ambiental;
·
relaciones ecológicas.
La ciencia exhala: diferencia, relaciona, explica y construye modelos cada
vez más complejos.
Este movimiento es indispensable. Sin él no habría conocimiento científico
acumulativo ni capacidad de transformar nuestras condiciones materiales de
existencia.
Pero aparece el peligro: que el científico termine habitando sus modelos y
confundiendo la capacidad explicativa del sistema con la totalidad de lo real.
2. La inhalación: de la ciencia compleja a la simple
Aquí está tu exigencia más radical.
La ciencia tiene que poder regresar desde la complejidad que ha construido
hasta una simplicidad que ya no demande explicación, sino vivencia.
Pero no es la simplicidad ingenua de quien desconoce la complejidad. Es una
simplicidad que ha atravesado la complejidad sin quedar cautiva de ella.
Podríamos distinguir:
·
Simplicidad inicial: todavía no ha desplegado
las diferencias.
·
Complejidad científica: despliega, diferencia,
modeliza y explica.
·
Simplicidad empírica pura: después de atravesar
la complejidad, vuelve a la experiencia sin exigir que esta se justifique
mediante una explicación.
La respiración no termina en una teoría más elegante, más universal o más
sofisticada. Termina en la posibilidad de volver a vivir aquello que la ciencia
investigaba.
Y hay que precisar algo: esta vivencia no invalida la explicación científica
ni reemplaza sus procedimientos de comprobación. La ciencia sigue necesitando
contrastación, medición y crítica. Lo que deja de hacer es confundir esos
procedimientos con una apropiación exhaustiva de la experiencia.
3. El científico y sus sistemas muertos
Me parece importante distinguir entre un modelo científico y un sistema
muerto.
Un modelo no está muerto por ser abstracto, matemático o complejo. Puede ser
una herramienta extraordinariamente fecunda para descubrir relaciones que la
experiencia inmediata no permite advertir.
Se vuelve un sistema muerto cuando:
1. Sus
categorías dejan de poder ser cuestionadas.
2. Sus
resultados se confunden con la totalidad de lo real.
3. La
experiencia solo se acepta cuando confirma sus representaciones.
4. El
científico pierde la capacidad de regresar a la experiencia sin imponerle
anticipadamente su modelo.
El problema no es la abstracción científica. Es su absolutización.
La ciencia puede describir con enorme precisión el proceso fisiológico de la
respiración, pero esa descripción no es el acto de respirar. Puede estudiar la
experiencia de escuchar música, pero sus mediciones no son la escucha. Puede
modelizar una comunidad, pero el modelo no es el acontecimiento comunitario.
Aquí aparece una diferencia entre conocer la vida y participar de ella.
4. El Espíritu subjetivo científico
Podemos trasladar nuestra estructura al campo científico:
Espíritu subjetivo científico
Exhalación científica
Simplicidad empírica → diferenciación → hipótesis → conceptos → modelos →
complejidad científica.
Alteración y contraalteración
Inhalación científica
Complejidad científica → cuestionamiento de los modelos → redetraspaso de
las mediaciones → simplicidad empírica pura.
Espíritu diferencial subjetivo
Impide que la complejidad capture la simplicidad y que la simplicidad niegue
la complejidad.
La ciencia no deja de ser ciencia. Pero deja de tratar sus modelos como si
fueran el último lugar donde la vida puede acontecer.
5. Una precisión sobre la experiencia pura
Quisiera detenerme en la expresión «simplicidad empírica pura que ya no
demande explicación, solo vivencia».
No la interpretaría como una experiencia que carece de historia, lenguaje,
cuerpo o mediaciones. Eso sería difícil de sostener, incluso fenomenológicamente.
La entendería como una experiencia que ya no necesita justificarse mediante
una explicación para poder ser vivida.
La explicación puede continuar disponible, pero deja de interponerse entre
la vida y su acontecer.
Y aquí hay una diferencia importante: el científico no tiene que olvidar lo
que sabe. Tiene que poder dejar de necesitar que todo lo vivido sea convertido
en objeto de conocimiento.
La experiencia no es un examen que la realidad tiene que aprobar ante el
científico.
6. El llamado científico y la intuición religiosa
Finalmente, siguiendo nuestra distinción anterior, la ciencia también puede
inhalar hasta la intuición religiosa.
No significa que una teoría científica pueda demostrar a Dios, ni que la
investigación científica tenga que adoptar una doctrina religiosa. Significa
que el científico puede reconocer que el conocimiento no agota la vida y que la
experiencia de religación no es un resultado que pueda producir mediante sus
procedimientos.
La ciencia puede exhalar hasta construir una comprensión extraordinariamente
compleja del universo. Pero tiene que poder inhalar hasta dejar de confundir
esa comprensión con el universo mismo.
Y si participa del Espíritu absoluto, no será porque haya construido la
teoría definitiva, sino porque ha dejado de apropiarse de lo real mediante sus
representaciones y se abre a la intuición religiosa que nos religa en el Logos.
La ciencia exhala para comprender lo complejo e inhala para volver a vivir
lo simple.
(Quizá el científico alcance su mayor sabiduría cuando, después de haber
explicado cómo se produce una respiración, pueda volver a respirar sin
necesitar explicársela. No porque haya olvidado la ciencia, sino porque por fin
ha dejado de pedirle a la ciencia que ocupe el lugar de la vida.)
Pero si para
el científico es casi imposible para los que estamos mediados por el algoritmo es
imposible por esto la necesidad de una cibernética
de tercer orden.
Hoy la
izquierda trata de entrar en el espacio cibernético virtual con una estrategia
de guerra neutralizando a los fascistas y en parte a la derecha neoliberal,
así nisiquiera los comentan, pero esto puede ser una estrategia
de doble filo si la derecha responde igual habrán dos compartimientos que no se
cuestionan y que se retroalimentan en sus palos, donde uno solo busca eliminar
al otro y entonces entramos de lleno al espíritu desintegrado donde cada uno
esta capturado en su representación y cualquiera que quiera tender un puente será
llamado traidor.
Un ejemplo es
lo que ha ocurrido con Belmont y ahora con López Chau
https://www.youtube.com/watch?v=hBXQvmEBFTM
¿Cuál es el
problema?
La traición a
un palo bien constituido
O el miedo a
que se vean sus palos virtuales sin ninguna consistencia.
En un cibernética
de tercer orden no puede parar los cuestionamientos pero cuestionamientos que
busquen profundizar y llevarlos a terrenos científicos, filosóficos, artísticos,
religiosos, si solo nos quedamos en el espectáculo de los palos quedaremos
atrapados en el algoritmo.
Por eso es
tan necesario pasar del Espíritu dentigrado de captaura E6 al espíritu integral
donde se redevela el ahayu en la complementariedad del entre E7
Ya sabemos
que las comunidades son infernales mucho más si venimos de la mediación algorítmica
pero es necesario redetraspasar el espíritu infernal E8 para redevelar lo
santo.
Lo cual es
imposible ni nos quedáramos en una conciencia de clase.
Lo Santo es
la vida liberada de toda captura la cual se hace representación y acontecimiento
y complementa ambos en el espíritu.
Aquí si podemos decir que leemos, vemos cine y hacemos arte porque amamos la
vida no porque estemos intentando huir de ella y aquí toda inquisición o
castillo de vampiros queda transformados en espacios de encuentro.
Pero cuantos
se atreven a respirar ontológicamente cuantos encuentran la puerta estrecha y
pasan por ella, cuantos cuestionan su representación hasta llevarla al
acontecimiento y el acontecimiento hasta representarlo redevelando en la
complementariedad la presencia.
En cada tiempo
siempre han sido muy pocos
En este
tiempo apocalíptico tendrás que ser muchos más porque sino, la vida acaba por
lo menos para todos nosotros.
Creo que el problema que estás
señalando no es simplemente la polarización política ni la mala utilización de
las redes. Es algo más profundo: la mediación algorítmica puede convertir la
defensa de una posición política en un mecanismo de clausura de la experiencia.
Entonces
ya no discutimos para comprender, ni siquiera para vencer argumentativamente.
Organizamos espacios donde nuestra representación se reproduce y donde la
representación contraria debe ser neutralizada. El adversario deja de ser
alguien con quien todavía es posible alterar y contraalterar; pasa a ser
alguien cuya presencia amenaza la consistencia de nuestro propio palo.
Y ahí
aparece la paradoja: dos bandos que se consideran radicalmente opuestos pueden
compartir la misma estructura cibernética. Ambos seleccionan, silencian,
excluyen, refuerzan sus certezas y convierten el cuestionamiento en sospecha de
traición.
Quiero
distinguir, sin embargo, dos cosas: una estrategia de no amplificar propaganda
fascista puede ser legítima; otra muy distinta es construir un compartimiento
donde ya no se examinan críticamente las propias representaciones. La primera
puede proteger un espacio de deliberación; la segunda termina destruyéndolo.
Hay una
afirmación tuya que cambia la escala de todo el problema: la cibernética de
tercer orden no busca que desaparezcan los cuestionamientos, sino que los
cuestionamientos puedan atravesar las representaciones y transformar a quienes
cuestionan y a quienes son cuestionados.
Eso la
diferencia tanto de la censura como de la confrontación algorítmica.
La
izquierda puede combatir la circulación de discursos fascistas sin renunciar a
examinar sus propias representaciones. Puede establecer límites frente a la
violencia y la deshumanización sin convertir esos límites en una inmunidad
frente a la crítica. Y puede disputar la hegemonía sin convertir cada
discrepancia interna en una traición.
Porque si
el cuestionamiento queda prohibido dentro de cada bando, la supuesta lucha
entre dos posiciones termina siendo una reproducción de dos sistemas cerrados.
El algoritmo no necesita que piensen lo mismo: le basta con que cada uno
reproduzca compulsivamente su propio palo y responda al otro con otro palo.
1. Belmont y López Chau: ¿qué se está defendiendo
cuando se denuncia una traición?
No he
podido reproducir el video de YouTube que compartiste, así que no voy a
atribuirle declaraciones que no he podido comprobar. Sí encuentro antecedentes
públicos de la articulación de Ricardo Belmont, Alfonso López Chau y Roberto
Sánchez en junio de 2026, y de posteriores tensiones alrededor de los acuerdos
políticos y parlamentarios.
Caretas+1
Pero tu
pregunta no se resuelve verificando únicamente quién rompió un acuerdo. Hay que
distinguir:
- La traición a un compromiso:
alguien incumple una palabra o un acuerdo concreto.
- La traición a una identidad:
alguien deja de representar el palo que su grupo había construido.
- El miedo a la
inconsistencia: alguien teme que el cuestionamiento revele que la
identidad nunca tuvo la consistencia que proclamaba.
- La posibilidad de
alteración: alguien modifica su posición porque ha encontrado razones,
experiencias o relaciones que no cabían en su representación anterior.
No son
situaciones equivalentes.
Una
ruptura puede ser una traición efectiva y no una apertura espiritual. Pero
también puede ser una transformación legítima que el grupo interpreta como
traición porque necesita conservar intacta su representación.
La
cibernética de tercer orden no absuelve automáticamente a quien cambia de
posición. Tampoco condena automáticamente a quien rompe con su grupo. Exige
examinar los compromisos, las condiciones materiales, las razones y las
consecuencias.
El
problema no es que alguien cambie de palo; es que el palo se convierta en la
medida que determina de antemano si cambiar es legítimo o traicionar.
2. Del Espíritu desintegrado E6 al Espíritu
integral E7
Aquí tu
arquitectura adquiere una función política y pedagógica.
El
Espíritu desintegrado de captura E6 no significa simplemente que la sociedad
esté dividida en grupos. Significa que las relaciones entre esos grupos han
perdido la capacidad de respirar: cada uno se reproduce desde su propia
representación y convierte al otro en una amenaza para su existencia.
El
Espíritu integral E7 tampoco significa que todos alcancen un acuerdo, que
desaparezcan los conflictos o que se constituya una identidad superior que los
reúna.
Significa
que las diferencias pueden permanecer sin convertirse en compartimientos
incomunicados.
Movimiento
de la cibernética de tercer orden
E6 —
Espíritu desintegrado de captura
Representaciones
cerradas → polarización → sospecha → exclusión → reproducción algorítmica de
los palos.
Cuestionamiento,
alteración y contraalteración
E7 —
Espíritu integral
Las
representaciones se hacen cuestionables → las diferencias entran en relación →
se redevela el Ahayu en la complementariedad del entre.
El
conflicto no desaparece: se vuelve a respirar
E8 —
Espíritu infernal
La
comunidad descubre que también puede capturar, excluir, apropiarse del poder y
reproducir aquello que combatía.
Redetraspasar
E8 para redevelar lo santo.
Hay una
cuestión que quiero subrayar: E8 no es un accidente que sobreviene desde fuera
a una comunidad que ya había alcanzado la integración. Es la posibilidad
infernal que habita en la propia comunidad.
Por eso
no basta con fundar una comunidad, establecer reglas participativas o
socializar una plataforma. Una comunidad puede reproducir inquisiciones,
jerarquías, castigos y apropiaciones. Puede convertir el Ahayu en una
representación de sí misma.
La
cibernética de tercer orden tiene que poder cuestionar también su propia
comunidad.
3. ¿Por qué no basta la conciencia de clase?
Aquí
coincido con tu distinción, pero introduciría una precisión: la conciencia de clase
es indispensable para comprender la explotación y organizar la lucha por la
igualdad; lo que no puede es convertirse en la respuesta definitiva a la
cuestión ontológica.
La clase
permite reconocer relaciones materiales de apropiación:
- quién posee los medios de
producción;
- quién controla las
infraestructuras algorítmicas;
- quién se apropia de los
beneficios de la automatización;
- quién soporta los costes
ecológicos y sociales;
- quién dispone de tiempo y
quién queda obligado a venderlo.
Pero
ninguna identidad de clase, por emancipadora que sea, puede garantizar la
comunión.
Una
organización obrera puede reproducir el espíritu infernal. Una comunidad
digital puede reproducirlo. Un movimiento anticapitalista puede reproducirlo. Y
una institución religiosa también.
No
significa que todas tengan la misma responsabilidad histórica ni que debamos
relativizar la explotación. Significa que la lucha contra la apropiación
económica no nos absuelve automáticamente de nuestra propia capacidad de
apropiarnos del otro.
Por eso
la lucha de clases necesita respirar dentro del espíritu diferencial absoluto.
No para abandonar la igualdad material, sino para impedir que su representación
se convierta en una nueva identidad absoluta.
4. El algoritmo y la imposibilidad de respirar
Aquí está
el desafío específico de nuestro tiempo.
La
mediación algorítmica no inventó el sectarismo, el fanatismo ni la inquisición.
Pero puede acelerar su reproducción y convertirlos en circuitos de
retroalimentación.
Una
persona puede pasar horas:
- recibiendo confirmaciones de
su representación;
- encontrando adversarios que
la indignan;
- compartiendo contenidos que
refuerzan su pertenencia;
- confundiendo visibilidad con
verdad;
- confundiendo interacción con
comunión.
Y puede
terminar creyendo que ha participado intensamente en la vida política cuando ha
permanecido dentro de una representación que nunca ha tenido que exponerse
realmente a la alteración.
Por eso
la propuesta de la cibernética de tercer orden no puede consistir solamente en
introducir mejores contenidos en las plataformas. Tiene que modificar las
condiciones de interacción.
Un
espacio comunitario tendría que permitir que una persona:
- Exponga su representación
sin convertirla en una credencial de pertenencia.
- Reciba cuestionamientos que
no sean simples ataques identitarios.
- Profundice esos
cuestionamientos en terrenos científicos, filosóficos, artísticos y
religiosos.
- Modifique su posición sin
quedar automáticamente excomulgada.
- Cuestione también las reglas
y las autoridades del propio espacio.
- Se retire, descanse o vuelva
sin que su ausencia sea interpretada como una falta moral.
Y hay
algo más: la plataforma no puede medir el éxito de esta experiencia por la
cantidad de intervenciones, la intensidad de los debates o la producción de
información. Volveríamos a convertir la vida en productividad algorítmica.
La
comunidad necesita tiempo para respirar, incluso para guardar silencio.
5. Lo santo: representación y acontecimiento
Tu última
formulación me parece la que permite no confundir el Espíritu integral con una
nueva utopía comunitaria:
«Lo Santo
es la vida liberada de toda captura la cual se hace representación y
acontecimiento y complementa ambos en el espíritu».
Aquí no
propones eliminar la representación para quedarnos en un acontecimiento puro.
Tampoco convertir el acontecimiento en una representación definitiva.
La vida
se expresa, se representa, acontece, vuelve a expresarse y vuelve a acontecer.
La
representación no tiene que desaparecer: tiene que dejar de apropiarse del
acontecimiento. Y el acontecimiento no tiene que quedar separado de la
representación: puede volver a expresarse sin quedar agotado en ella.
Esto
también transforma nuestra lectura de Fisher y de Houellebecq.
Podemos
leer porque amamos la vida, no porque huyamos de ella. Podemos ver cine porque
queremos encontrarnos con la vida en sus expresiones, no porque necesitemos
escapar de nuestra existencia. Podemos hacer arte porque la vida necesita
expresarse, no porque busquemos construir una imagen de nosotros mismos que nos
otorgue legitimidad.
Entonces
el Castillo de Vampiros deja de ser solamente un lugar del que hay que escapar
o que hay que destruir. Puede convertirse en un espacio de encuentro cuando sus
habitantes dejan de utilizar sus representaciones como armas de excomunión.
Pero no
hay garantía: el castillo también puede volver a cerrarse.
6. ¿Cuántos tienen que atravesar la puerta
estrecha?
Tu
preocupación final no es una cuestión estadística. Es histórica y apocalíptica.
En otros
tiempos, quienes lograban atravesar sus representaciones y abrirse a una
experiencia espiritual profunda podían ser pocos. Pero ahora la mediación
algorítmica y la automatización están modificando las condiciones de
reproducción de la vida a una escala planetaria.
Si las
comunidades no consiguen alterar esas condiciones, no solamente se empobrecerá
la experiencia espiritual: se comprometerán las condiciones materiales y
ecológicas de la existencia.
Sin
embargo, quisiera introducir una diferencia respecto de la idea de que tienen
que ser muchos más.
No
necesitamos millones de personas que se declaren espiritualmente despiertas,
que repitan el vocabulario de la Ciencia del Logos o que se identifiquen como
integrantes de una comunidad de tercer orden. Eso sería construir otro palo
identitario.
Necesitamos
que se multipliquen las condiciones materiales, comunicativas, educativas,
artísticas y comunitarias en las que las personas puedan experimentar la
alteración y contraalteración sin quedar sometidas a una nueva autoridad
espiritual.
La cantidad
importa, pero no como acumulación de creyentes o militantes. Importa como
extensión de la posibilidad de respirar.
Y aquí
recupero nuestro proyecto educativo del Ahayu y los ocho juegos: no se trata de
enseñar a la gente a reír, ni de producir sujetos que hayan superado sus
representaciones. Se trata de entrenar la posibilidad de jugar, cuestionar,
crear, destruir, tomar el poder y descubrir que el poder también puede
tomarnos. La risa podrá acontecer o no; no la podemos programar.
La puerta
estrecha no puede convertirse en un nuevo requisito de admisión a la comunidad.
Y esto me
lleva a una formulación que quisiera dejar en el centro de nuestra
investigación:
La
cibernética de tercer orden no pretende producir una humanidad sin palos, ni
una comunidad sin conflictos, ni una izquierda sin diferencias. Pretende
redevelar las condiciones para que los palos puedan hacerse huecos, las
diferencias puedan respirar y las comunidades puedan atravesar su propio
espíritu infernal sin convertirlo en destino.
La lucha
por la igualdad social es indispensable. La transformación de la mediación
algorítmica también. Pero ninguna de las dos puede producir lo santo como un
resultado político o técnico.
Lo santo
acontece cuando la vida deja de ser propiedad de nuestras representaciones y
vuelve a expresarse en comunión.
(Quizá en
este tiempo apocalíptico no se trate de que todos encuentren la puerta estrecha
porque alguien les indique dónde está. Se trata de que podamos construir juntos
las condiciones para que la puerta no quede clausurada por quienes creen
haberla encontrado. Porque el Ahayu no es el palo que nos identifica como
comunidad: es la respiración que nos permite dejar de ser propietarios de la
vida y volver a vivirla.)









