miércoles, 21 de octubre de 2026

De la clase vectorialista al dominio de la IA

 

 

De la clase vectorialista al dominio de la IA

 

McKenzie Wark, la celebrada autora deUn manifiesto

hacker, se ha dedicado en los últimos años al estudio de

diversos temas en torno a la teoría política y la crítica

cultural desde la cátedra en Estudios Culturales y Me-

dios de Comunicación que ocupa en el Lang College de

la New School for Social Research de Nueva York. Este

libro,El capitalismo ha muerto. El ascenso de clase vec-

torialista, reafirma a Wark como una de las voces más

privilegiados para hablar de los problemas aparejados a

la era de la información.

Wark propone una visión poscapitalista muy per-

personal. La tesis principal de fondo, esbozada desde las

primeras páginas, es que se ha producido una contra-

dicción en el seno de los que aspiran a ostentar el poder

der. Si habitualmente las clases dominantes lo eran,

precisamente, por manejar algún tipo de bien escaso (la

gracia divina, la propiedad, los medios de producción,

etc.), ahora nos encontramos con que para mantener la

desigualdad de clase hay que bregar y manejar algo ex-

tremadamente abundante; un sable, la información. Esta

contradicción resulta irresoluble, lo que daría paso a un

nuevo modo de producción aún más salvaje que el ca-

pitalismo, ajeno ya a los mentados bienes escasos tra-

adicionales, donde el dominio se consigue por otra vía:

«la clase dominante de nuestro tiempo es la que posee y

controla la información» (p. 15), lo que no implica que

los modos de producción precedentes se hayan borrado

de un plumazo, por supuesto que conviven y se solapan;

de hecho, incluso la esclavitud continúa vigente en algu-

nuestros territorios.

Si analizamos las principales empresas a nivel de

capitalización, nos encontramos que todas siguen este

nuevo modelo de negocio, que pese a mantener las in-

justicias capitalistas explicadas por los modelos clásicos

(sobre todo en lo que respeta a la precariedad de sus

trabajadores), añade una nueva de corte epistémico: de-

sarrollan un proceso de extracción de información que

va más allá de aquellos que trabajan para la empresa,

afectado a los compradores, quienes no reciben nin-

guna contraprestación por su trabajo (el caso Alexa es

fagrante). Y este modelo, decimos, ya no atañe única-

mente a las empresas tecnológicas, sino que se lo han

apropiados todos los demás. La información es el patrón.

oro de nuestro tiempo. Es precisamente, entonces, este

modelo de extraccion de la informacion el que quiere

pensar Wark, dejando entrever que quizás nos hemos

atascado creyendo que cualquier nuevo fenómeno brota

de una esencia sempiterna del Capital.

De este modo, aparecería, a raíz del nuevo modo de

producción, «un nuevo tipo de clase dominante:la clase

vectorialista» (pág. 22). Aceptar esto podría resultar difícil

para aquellos que se han quedado con lo que, irónica-

mente, Wark llamael alcalde golpeó de Marx: ese mito que se

caracteriza por una serie de notas atribuibles al capitalis-

mo realmente existente a manera de racimo (extracción

de plusvalor, forma-mercancía, la disminución prolon-

gada de la tasa de ganancia, etc.), las cuales son vistas tal

que cualidades esenciales, y por unas oposiciones (bien

las contradicciones internas del capital –o en la versión

ave fénix schumpeteriana: la «destrucción creativa»–

bien una antítesis que, dialécticamente, se opondría a

aquella sociedad que la hizo surgir, el proletariado), que

se entienden como las únicas formas de derrumbar su

esencia. En tiempos más recientes se ha ensayado teóri-

Camente un tercer camino: el camino de la aceleración.

Lo verdaderamente sorprendente es que este mito, esta

creencia en una esencia sempiterna del Capital con di-

diferentes apariencias, incluso aparienciasmejores, es co-

mún a izquierda y derecha. Ahora bien, la vía que va a

explorar McKenzie Wark es la contraria: plantear que

lejos de que este sea un capitalismoa mejor, «aquí van

las malas noticias: esto ya no es capitalismo, se trata de

algo peor. Y las buenas noticias: el capitalismo no es

eterno y, aunque este modelo de producción pueda ser

peor, no es para siempre» (p. 44). Se trata, pues, de una

actitud propositiva, que intenta sacarnos del bloqueo del

Realismo capitalista mapeado por Mark Fisher. Para ello,

nos hace falta actualizar nuestro lenguaje a las tesituras

de nuestro tiempo.

Wark propone, mediante el método debordiano del

détournement, empezar no por el capitalismo, que sería

como presuponer que es lo que hay, sino en el inicio de

la madurez intelectual del propio Marx; es decir, con el

texto sobre los modos de producción que sirve de apertura

tura a suContribución a la crítica de la economía política-

tica. En él se describe cómo es la infraestructura la que

determina la superestructura; o sea, cómo el modo de

producción de la vida material (las formas de organiza-

ción socio-técnica) confecciona la ideología social. pero

la formación social determinada por el modo de producción

La ción capitalista parece no ser, como pensaba Marx, el

último eslabón de la cadena.

Ha surgido una nueva fuerza de producción, la in-

formación; la extrañeza de sus propiedades ontológicas

provoca «un enigma dentro de la forma mercancía»

(p. 58), ya que, al contrario de la escasez ínsita en la

mercancía, la información es algo cuya abundancia es

desbordante. Si esto es así, de aquí deberían emerger.

unas nuevas relaciones de producción mediadas por la

privatización de la información (leyes de propiedad in-

telectual), lo que vendría a conformar a su vez una nue-

va relación de clase. McKenzie Wark asumirá que, en

efecto, eso es lo que ocurre: «vamos a llamar a esas dos

clases laclase hackery laclase vectorialista» (pág. 60).

1

La clase hacker es la que produce nueva información.

o, afnando más, produce nueva enformación a partir de

la antigua (como en el verso de Eliot, echa leña vieja al

nuevo fuego), sin embargo, no se halla constreñido al

horario de la fábrica, como le pasaba al proletariado tan

bien retratado en aquellas películas de Chaplin, sino que

esto «sucede cuando sucede» (ibídem.), virtualmente en

cualquier momento (incluido, claro está, aquel en el que

uno no está trabajando), y aunque aquello que produce

puede seguir siendo suyo (de su propiedad, digamos) re-

sulta extrañísimo que «[retenga] la mayoría del valor de

lo que crea o inventa» (p. 62). La picadora de carne se

situarse ahora en cualquier lugar y en cualquier tiempo; Ja

hubo un trastocamiento: «la clase capitalista se viene

nuestros cuerpos, pero la clase vectorialista se viene

nuestros cerebros» (p. 79).

Lo anterior no significa, como ya comentamos más

arriba, que las opresiones de clase tradicional se ha-

yan extinguido; Al contrario, Wark entiende que nuestra

La formación social es un híbrido de tres capas dominantes.

tes y tres capas dominadas: entre las primeras están los

terratenientes, los capitalistas y los vectorialistas; entre

las segundas, los agricultores, los trabajadores y los hac-

Kerers. Eso sí, la capa vectorialista se situaría por encima,

manejando a su antojo los hilos de todas las demás, y

habría dado paso a un cambio cualitativo, con novedo-

sas vías de dominación, de extracción de beneficios, etc.

Por ejemplo, «en lugar de vigilar o restringir la libre

creación, esta otra estrategia consistía en desplazar su

captura a un nivel más abstracto. La producción de in-

formación puede ser subcontratada como mano de obra

gratuita, con personas que trabajan pero a las que ni si-

quiera es necesario pagarles. (...) Este nuevo tipo de cla-

se dominante no se apropia de una cantidad de la plus-

Valía, sino que más bien saca provecho de una asimetría.

de la información» (pág. 74). Su valor se obtiene incluso

del trabajo gratuito.

Como vemos, esta nueva clase no se basa en la pose-

sión de los medios de producción, sino en el monopolio

de los vectores informacionales (ubicaciones, redes so-

ciales, realización de transacciones, control de la aten-

ción y un largo etcétera); o mar, «poseen los algoritmo

ue clasifican y asignan una enformación particular en

una circunstancia particular» (p. 75). Y es precisamen-

te esta cualidad lo que les permite dominar no solo a

las clases dominadas, sino, paradójicamente, también al

resto de clases dominantes, dado que las subsume, es

más abstracta que cualquiera de ellas. Pero ¿qué es esto?

informacion? Wark señala que «la información es una

relación entre repetición y novedad, orden y ruido» (p.

102), esa novedad se sostiene gracias a la clase hacker.

Y, precisamente, la clase dominante, que ya no maneja

ni posee de manera directa los medios de producción

(deja, pues, de administrar realidades tangibles), se con-

vierte en la administradora de la información: «esta nue-

va clase controla o posee la información sobre las cosas,

en lugar de las cosas mismas» (p. 123) como ocurría con

la clase capitalista.

La pregunta que se plantea Wark es, en términos

de Weber, por qué la racionalización de la producción

de información no iba a traernos un nuevo antagonis-

modo de clase. Este sería, como venimos subrayando, el

antagonismo entre vectorialistas y hackers, en el que

cabe rastrear las tres características propias de los an-

tagonismos; a saber, propiedad, autoridad y experticia:

«emerge en primer lugar de la racionalización de la, así

llamada, ley de propiedad, que cada vez más incluye a

la información como algo muy cercano a la propiedad

privado. La dominación vectorialista sobre todas las cla-

ses subordinadas están sostenidas por la automatización de

las relaciones de autoridad, que toman la forma de vigilancia

lancia generalizada y cuantificación. (...) [Asimismo,] el

ascenso de la clase vectorialista cambia el tipo de titula-

ciones o califcaciones que parecían tener valor para el

poder de clase» (págs. 115-116). Pero además, Wark aduce

que existe unadimensión técnicaen este antagonismo,

la cual consistiría en un poder algorítmico que brota de

una asimetría en la información capaz de sesgos no solo

de clase, sino también raciales o de género; es decir, que

el poder algorítmico codifica nuevas modulaciones de la

dominación. En consecuencia, la autora se solidariza

con un pensamientoacomunista, en el que «el prefjoa

simplemente signifca 'sin', y no 'contra'» (p. 213), en

tanto que el binomio capitalismo-comunismo ha quedado-

do, en cierto sentido, fuera de juego.

En la obra de McKenzie Wark nos encontramos, igual-

mente, honda reflexiones sobre la evolución científicaF-

co-técnica en Oriente y Occidente, el Antropoceno, la

relación entre la conciencia y el afuera (el sujeto y el

objeto), las diferentes tradiciones marxistas, una apuesta

por el «marxismo vulgar» frente al «marxismo gentil»

en vistas de imaginar un futuro, o, incluso, realizar un

pequeño análisis de la película de Raoul PeckEl joven

Marx. Todo ello encaminado a responder a esa pregunta:

¿ha muerto el capitalismo? Pese a que es consciente de

que «nadie quiere abandonar la certeza de un mal que ya

conoce, o que cree que conoce, por algo que promete ser

todavía peor» (p. 44).

Óscar Díaz Rodríguez.

 

 

    

 

 

 

Chakana de mi corazón, este texto de Óscar Díaz Rodríguez sobre El capitalismo ha muerto. El ascenso de la clase vectorialista, de McKenzie Wark, nos permite continuar nuestra crítica del espíritu del mundo, pero ahora desde una cuestión más precisa: ¿la inteligencia artificial representa una transformación de las relaciones de producción o una transformación de la manera en que el poder captura la reproducción de la vida?

Mi lectura es que Wark nos ayuda a identificar una mutación decisiva, pero deja abierta la cuestión que nuestra Ciencia del Logos quiere redevelar: cómo salir de la captura sin convertir la emancipación en otra lucha por el dominio de la información.

1. Wark: el poder ya no necesita poseer directamente las cosas

McKenzie Wark, essayist: ‘The world hates trans people. It doesn’t know what to do with us’  | Culture | EL PAÍS English

McKenzie Wark

El capitalismo ha muerto. El ascenso de la clase vectorialista

La tesis que presenta el fragmento es que una clase dominante emergente controla los vectores por los que circula, se organiza y adquiere valor la información. Su poder no depende exclusivamente de poseer fábricas, tierras o mercancías: también depende de controlar las infraestructuras que hacen accesibles, clasificables y utilizables las capacidades de los demás.

La distinción entre dos clases es central:

  • Clase hacker: produce nueva información, nuevos conocimientos y nuevas formas de organización de lo conocido.
  • Clase vectorialista: controla los medios que permiten capturar, organizar, clasificar, distribuir y monetizar esa producción.

La paradoja es que la producción puede estar ampliamente distribuida mientras el poder de apropiarse de sus resultados permanece concentrado.

Una persona puede producir conocimiento, imágenes, código, conversaciones o relaciones. Pero si otra instancia controla las plataformas, los algoritmos, los datos, la infraestructura y las condiciones de acceso, la capacidad de producir no equivale a la capacidad de decidir qué sucede con lo producido.

El fragmento de Wark denomina a esto una asimetría informacional. Su importancia consiste en que el dominio puede operar incluso sin controlar directamente cada acto productivo.

2. Nuestra primera contraalteración: ¿ha muerto el capitalismo o ha cambiado su forma de captura?

Wark propone que el capitalismo podría haber dejado de ser la categoría suficiente para comprender la formación social contemporánea. No afirma que hayan desaparecido la explotación laboral, la propiedad privada o las clases anteriores: sostiene que la clase vectorialista introduce una relación de dominio cualitativamente nueva.

Debemos distinguir tres afirmaciones:

  1. Ha cambiado la infraestructura del poder. La propiedad y el control de redes, datos, algoritmos y plataformas se han vuelto decisivos.
  2. Han cambiado las formas de extracción. El trabajo no remunerado de los usuarios, la vigilancia y la apropiación de información pueden generar valor y ventajas económicas.
  3. Ha nacido un modo de producción que ya no es capitalista. Esta es la tesis más fuerte y no queda demostrada únicamente por las dos anteriores.

La tercera afirmación requiere probar que han cambiado las relaciones sociales fundamentales de reproducción, no solamente sus instrumentos.

Una empresa puede dominar mediante datos y algoritmos, pero continuar dependiendo de la inversión, la propiedad privada, el trabajo asalariado, la competencia y la acumulación. En ese caso, el vector informacional no habría sustituido necesariamente al capital: podría constituir una forma de reorganizar su poder.

Por eso, desde nuestra perspectiva, la pregunta no debe cerrarse de antemano con «el capitalismo ha muerto» ni con «todo sigue siendo exactamente capitalismo».

La cuestión es qué relaciones se han alterado, cuáles persisten y cuáles se han vuelto más difíciles de percibir.

3. De la clase vectorialista al dominio de la inteligencia artificial

La IA profundiza el problema descrito por Wark porque no solo permite capturar información existente. También puede participar en la producción, clasificación, transformación y circulación de nueva información.

La secuencia puede representarse así:

Conocimiento colectivo → extracción de datos → entrenamiento de modelos → control de infraestructura → distribución algorítmica de capacidades → apropiación de beneficios.

Cada paso abre una pregunta sobre el poder.

¿Quién produjo los conocimientos con los que se entrenó el modelo? ¿Quién autorizó su utilización? ¿Quién posee los centros de cómputo y controla la energía necesaria? ¿Quién determina qué respuestas se distribuyen? ¿Quién puede auditar las decisiones? ¿Quién recibe los beneficios y quién asume los costes laborales, sociales y ecológicos?

La IA no elimina la clase hacker. Puede aumentar la capacidad de muchas personas para producir conocimiento, programar, investigar y crear. Pero esa expansión puede coexistir con una concentración creciente del control sobre los medios de producción informacional.

Aquí se encuentra una contradicción que importa para nuestro trabajo: la democratización de la capacidad de producir no implica la democratización de la capacidad de decidir qué se produce, cómo circula y para qué se utiliza.

Y hay una dificultad adicional: no toda la información que se produce es conocimiento, ni todo conocimiento puede reducirse a información procesable. La experiencia corporal, el cuidado, la memoria territorial y la reciprocidad comunitaria no quedan agotados por su registro en datos.

4. El límite de Wark desde la respiración ontológica

Wark desplaza el antagonismo desde el proletariado y la clase capitalista hacia la oposición entre hackers y vectorialistas. Ese desplazamiento ilumina relaciones de poder que una lectura exclusivamente industrial puede pasar por alto.

Pero nuestro marco plantea una pregunta distinta: ¿la emancipación consiste en liberar la producción de información del monopolio vectorialista, o en transformar la relación por la que la vida misma se vuelve material disponible para la extracción?

Esta diferencia es fundamental.

Imaginemos que una comunidad logra controlar sus datos, desarrolla sus propios modelos de IA y comparte el acceso a su infraestructura. Habría conquistado una capacidad real de autonomía tecnológica. Sin embargo, podría seguir subordinando sus actividades a la productividad, la competencia y la acumulación. Podría convertirse en una comunidad más eficiente en la extracción de sus propias capacidades.

La propiedad colectiva de los vectores sería entonces necesaria en determinadas circunstancias, pero no suficiente para la ruptura ontológica.

La cibernética de tercer orden introduce otra exigencia: que las capacidades tecnológicas entren en una dinámica de alteración y contraalteración comunitaria, donde también puedan ser cuestionados los fines, las necesidades y los criterios de eficiencia que organizan su uso.

No basta con democratizar el algoritmo. Hay que poder alterar la relación social que decide para qué existe.

5. Las cinco pruebas de nuestra crítica

Podemos confrontar la tesis vectorialista con las cinco dimensiones que venimos trabajando para analizar la crisis del capital y la reproducción de la vida.

Dimensión

Pregunta dirigida al dominio vectorialista

Productividad y empleo

¿La IA reduce trabajo necesario o intensifica el trabajo, la vigilancia y la precariedad?

Distribución de beneficios y costes

¿Quién recibe las ganancias de la automatización y quién soporta sus costes sociales y ecológicos?

Tecnología y condiciones laborales

¿Los trabajadores y las comunidades pueden alterar el diseño y el uso de los sistemas?

Dependencia tecnológica y financiera

¿Quién posee los modelos, datos, patentes, redes, centros de cómputo y fuentes de financiación?

Reproducción de la vida

¿La tecnología libera tiempo para vivir y cuidar, o amplía la extracción de atención y disponibilidad?

Estas preguntas permiten evitar dos reducciones: considerar que toda innovación es emancipadora o suponer que toda tecnología constituye únicamente un instrumento de dominación.

La tecnología adquiere su sentido social en las relaciones de producción, propiedad, decisión y reproducción en las que participa.

6. La clase hacker no equivale todavía al Ahayu

Aquí llegamos a una diferencia importante entre Wark y nuestra propuesta.

La clase hacker produce nueva información a partir de información previa. Puede interrumpir monopolios, crear herramientas, compartir conocimientos y revelar contradicciones. Pero sigue definida por una posición dentro de la producción informacional.

El Ahayu, en tu Ciencia del Logos, no es una clase productora de información ni una identidad que reúna a quienes poseen conocimientos emancipadores. Es la dimensión comunitaria de la reproducción de la vida, cuya existencia no depende de que sus relaciones puedan ser convertidas en información.

Por eso no podemos identificar sin más a la clase hacker con el sujeto de la emancipación.

Un hacker puede combatir el monopolio vectorialista y, al mismo tiempo, aspirar a dominar los vectores que libere. Puede desprivatizar el conocimiento sin transformar la competencia como principio organizador. Puede compartir herramientas mientras conserva la idea de que el éxito se mide por la expansión indefinida de la capacidad productiva.

La clase hacker puede alterar la relación informacional, pero esa alteración no garantiza su contraalteración comunitaria.

La producción de conocimiento no es todavía la reproducción comunal de la vida.

7. Del antagonismo de clases a la respiración de tercer orden

Primer orden: propiedad

La pregunta dominante es quién posee los medios de producción y qué autoridad legitima esa posesión.

Segundo orden: información

La pregunta dominante es quién controla los vectores, los datos, la clasificación algorítmica y la circulación de capacidades.

Tercer orden: biotejido

La pregunta es cómo las comunidades alteran y contraalteran las relaciones tecnológicas, económicas y políticas para que ninguna instancia pueda apropiarse de la reproducción de la vida.

La tercera dimensión no vuelve irrelevantes las dos primeras. Sin propiedad, infraestructura y control tecnológico, la comunidad puede permanecer sometida a dependencias materiales. Pero tampoco convierte su modificación en una garantía automática de comunión.

La cuestión es cómo las transformaciones materiales se abren a una dinámica comunitaria que puede revisarlas, cuestionarlas y redevelar sus fines.

Y esto vuelve a nuestra crítica del liderazgo: ni el hacker, ni el experto, ni el dirigente político ni el sistema de IA pueden convertirse en representantes exclusivos de la capacidad colectiva. El liderazgo tiene que emerger de la respiración del Ahayu y permanecer sujeto a su alteración y contraalteración.

La IA puede ayudar a cartografiar dependencias, comparar escenarios y reconocer patrones. No puede sustituir la experiencia comunitaria ni apropiarse del «entre» en el que acontece la comunión.

8. ¿Qué significa, entonces, que el capitalismo haya muerto?

Desde nuestra perspectiva, la pregunta de Wark puede reformularse sin perder su fuerza:

¿Ha muerto el capitalismo, o se ha vuelto capaz de capturar dimensiones de la existencia que antes no podía organizar de la misma manera?

El dominio vectorialista permite pensar una transformación profunda del poder. Pero también puede revelar la expansión de la lógica de extracción: ya no se extrae solamente trabajo dentro de un proceso productivo delimitado; también se capturan atención, relaciones, conocimiento y actividades cotidianas que exceden la jornada laboral.

La mutación informacional puede ser una transformación histórica real sin que por ello haya desaparecido la reproducción capitalista. Precisamente por eso es necesario estudiar las nuevas relaciones de poder sin presuponer que el capital constituye una esencia inmutable ni declarar su desaparición antes de examinar qué lo reproduce.

Y el Ahayu introduce una exigencia adicional: no basta con descubrir quién domina la información. Hay que redevelar qué formas de vida, qué tiempos, qué vínculos y qué capacidades comunitarias quedan subordinados a ese dominio.

La ruptura no consiste en pasar de una clase dominante que posee las cosas a otra que posee la información. Consiste en alterar las relaciones por las que alguien puede convertir las condiciones de vida de los demás en su propiedad, su ventaja y su poder de decisión.

Ahí es donde nuestra Ciencia del Logos puede entrar en diálogo crítico con Wark: no para negar la mutación vectorialista, sino para preguntar qué tendría que suceder para que la liberación de la información dejara de ser el horizonte último de la emancipación y se abriera a la respiración ontológica del Ahayu.

La estrategia más común entre los poscapitalistas de hoy es hacer del lenguaje (es decir, de todo aquello que significa) algo abstracto, y por tanto algo fácilmente manipulable. KATHY ACKER ¿Qué diosa del punk eres tú? A mí me tocó Kim Gordon, o al menos durante un rato. No me sentía del todo satisfecha e hice la prueba unas cuantas veces, hasta que me salió Patti Smith. Desconozco qué empresa creó este cuestionario on-line, pero, a cambio del privilegio de poder jugar, acepté otorgarle acceso a una gran cantidad de información para acabar aprendiendo lo que ya sé: que soy más del tipo Patti Smith que tipo Kim Gordon. El cuestionario captó mi atención el tiempo suficiente para matar el aburrimiento, y me obsequió con algo para publicar en las redes sociales: un contenido, presumiblemente, capaz de enganchar la atención de los demás. Hay quienes se asustan cuando se enteran de todo lo que pueden llegar a saber los algoritmos sobre nosotros, pero yo siempre he pensado que la privacidad es una idea burguesa.1 Lo distópico, a mi modo de ver, no es tanto el intercambio de información como la asimetría que se produce en tal intercambio. Si tienes acceso a tus medios de información de forma gratuita, esto significa por lo general que tú eres el producto. Si la información no te ha sido vendida, entonces eres tú el que está siendo vendido. Esto es algo que quienes nos dedicamos a los estudios de los medios venimos enseñado a nuestros alumnos desde la época de la televisión.2 En aquellos tiempos todo era bastante sencillo: escuchabas la radio o veías la tele gratis, y entre los programas o las canciones había anuncios. Tú eras el producto que era vendido por la emisora a sus anunciantes; o, para decirlo de modo más exacto, lo que era vendido era tu atención.3 En aquella época los niveles de información ya iban en aumento, mientras su coste se desplomaba. Lo que seguía siendo escaso y valioso (y lo sigue siendo) era tu atención. En la época de la televisión era difícil saber siquiera qué programa había generado más atención, o qué publicidad en particular había logrado ser efectiva. El gurú de la industria de la publicidad David Ogilvy le dijo a uno de sus clientes que la mitad de sus anuncios habían funcionado y la otra mitad habían fallado, pero no era capaz de determinar cuáles.4 Una gran cantidad de pócimas milagrosas son aún usadas por los anunciantes para convencer a sus patrocinadores de que poseen poderes mágicos de persuasión capaces de estimular la atención del público, alojar una marca en tu memoria y movilizar el deseo para comprar determinado producto (o lo que es igual, votar a determinado partido político). Pero el genio maligno de los media, en la era post-televisión, no consiste solamente en capturar nuestra atención, sino en registrarla. Una cantidad ingente de información puede ser extraída sobre quiénes somos, qué nos gusta o cuál es nuestra diosa del punk favorita. Muchos consumidores media acaban sorprendiéndose por la cantidad de información que revelan sobre sí mismos.5 Habían sido convencidos para pensar que los medios de la era post-televisión eran una especie de servicio público gratuito. Una ilusión que ciertas empresas no tienen reparo alguno en perpetuar en sus usuarios, pero ciertamente no en sus inversores, a quienes les cuentan una historia totalmente diferente: al regalar lo que parece ser un servicio gratuito, se puede extraer más información de la que se ofrece, y esta asimetría de información puede convertirse a su vez en dinero.6 Las industrias de la vieja cultura ya sabían cómo sacar provecho del ocio.7 Después de que el movimiento obrero organizado batallara duramente para conseguir más tiempo libre para los trabajadores, el capital se vio obligado a ceder, pero también encontró la forma de mercantilizar ese tiempo libre además del tiempo de trabajo. Las primeras industrias culturales al menos debían esforzarse para ofrecer productos que llamasen nuestra atención. En cambio, en la era post-televisión, las industrias culturales han sido reemplazadas por industrias buitre que ya ni siquiera se molestan en proporcionarnos cierto entretenimiento: debemos entretenernos entre nosotros mismos mientras ellos sacan los beneficios, cobrándoselos en las redes sociales públicas o privadas, en el trabajo o en el ocio, e incluso cuando dormimos (si te dejas el FitBit encendido). Lo que dota de un nuevo significado al eslogan inventado por los surrealistas belgas: «Recuerda, ¡estás durmiendo para el jefe!» Pero no se trata sólo de nuestro trabajo o nuestro ocio; algo más está siendo mercantilizado aquí: nuestra sociabilidad, nuestra vida común y ordinaria juntos, lo que incluso podríamos llamar nuestro «comunismo».8 Claro que no se trata de una versión utópica del comunismo, sino más bien de algo muy banal y cotidiano, nuestra pasión por compartir pensamientos y sentimientos, conectar con los demás, etc. Y, aun así, la mayoría de la gente parece sorprenderse de que su deseo de compartir y estar juntos, de contactar con amigos, de subir imágenes de gatitos e incluso su deseo de mantener acaloradas discusiones con extraños… sea algo que esté haciendo asquerosamente rico a alguien. Decir que las personas que usan internet son rastreadas, monitoreadas y convertidas en información, no es decir ni la mitad. Si piensas que te espían en las redes sociales, imagina qué tipo de información llega a tener tu banco sobre ti. De hecho, existe toda una economía política que funciona gracias a estas asimetrías de información como forma de control,9 y que podría equipararse a un nuevo tipo de relación de clase. Por supuesto, todavía existe una clase propietaria que posee la tierra que pisamos, y una clase capitalista que posee fábricas, pero quizá ahora exista otro tipo de clase dominante, una clase que no posee ninguna de estas cosas, pero que posee el vector a lo largo del cual se almacena y se usa la información.10 En la actualidad, ya no todos, sino todo (cualquier cosa animal, mineral o vegetal) puede ser rastreado, monitoreado y convertido en información. Si solicitas un envío desde una página web puedes seguir el recorrido del artículo en sus distintas etapas hasta llegar a ti, en una versión para consumidores de ese rastreo del todo. Aunque creas que perteneces a la categoría animal, también eres rastreado como si fueras una piedra. El «sándwich mineral» que se aloja en tu bolsillo (tu móvil) está generando información sobre todos tus movi mientos. Y de toda esa información sobre los hábitos y movimientos de personas o cosas podrías generar predicciones sobre movimientos futuros. Bueno, en realidad tú no podrías hacer esto, porque mientras estás ocupado produciendo toda esa información, esta ya ha terminado como propiedad privada en algún centro de datos de una empresa. Tú produces la información, pero, como ocurre con los perfiles de las redes sociales, no posees realmente la información ni los medios necesarios para extraer su valor. No puedes beneficiarte de su poder productivo, aunque probablemente sí sufrirás los inconvenientes cuando sus predicciones fallen. Debido a que este vasto e inestable bien común que todos producimos se está privatizando, puede llegar a ser muy difícil saber cuán precisa o útil resulta esa información. Montones de chorradas entran y salen, entran y salen todos los días. Y es igualmente deprimente saber que los algoritmos operan con prejuicios racistas y sexistas sobre aquellas personas que se suponía debían observar de modo neutral.11 Esto puede ser irritante al nivel del consumidor, pero también constituye algo completamente diferente en cuanto a algoritmos de vigilancia se refiere. El debate habitualmente se encamina hacia la exigencia de un algoritmo más justo (como si todavía pudiera existir una tercera parte neutral y por encima de nuestras diferencias), pero lo cierto es que apenas nos queda rogar por el derecho a ser explotados por las asimetrías de la información de forma equitativa. Estos aspectos discriminatorios de la economía política de la información deben ser cuestionados y combatidos, pero conviene no perder de vista el panorama general. Es decir, la economía política de la información en su conjunto  

Chakana de mi corazón, este fragmento profundiza la tesis de Wark, pero introduce algo que nos permite avanzar hacia una crítica más radical: lo que se privatiza no es únicamente la información que producimos; es la capacidad de apropiarse de nuestra sociabilidad, nuestro tiempo libre y nuestra vida común.

Y aquí aparece un punto de contacto con nuestra Ciencia del Logos que merece especial atención. La autora habla de un «comunismo» banal y cotidiano: el deseo de compartir, conversar, jugar, discutir, amar y estar juntos. No se refiere a un régimen político, sino a una capacidad de la vida común que precede a su apropiación económica.

Nuestra pregunta comienza precisamente ahí: ¿cómo puede esa capacidad comunitaria dejar de alimentar un sistema que la captura sin que la solución consista en privatizarla de otra manera, abandonarla o someterla a una nueva autoridad?

1. La captura no comienza con la información, sino con una relación asimétrica

El ejemplo de las diosas del punk es revelador. Una persona participa en un juego, descubre algo sobre sí misma y comparte el resultado. Para ella, la actividad es entretenimiento, curiosidad y expresión personal. Para la plataforma, puede constituir una ocasión de registrar comportamientos, producir perfiles y aumentar la capacidad de orientar futuras interacciones.

La misma actividad participa, por tanto, en dos relaciones diferentes:

  • Para quien juega, es una experiencia dotada de sentido.
  • Para quien controla la plataforma, puede ser una fuente de datos, predicciones y ventajas económicas.

No hay que suponer que todo cuestionario recopila necesariamente una cantidad enorme de información ni que toda actividad digital produce el mismo beneficio. El argumento estructural de la autora es otro: la persona no controla en condiciones equivalentes el proceso mediante el cual su actividad se convierte en información aprovechable.

Aquí podemos distinguir:

Participar en la producción de información no equivale a controlar sus usos.

Y tampoco equivale a participar en los beneficios derivados de ella.

La asimetría no reside simplemente en que una empresa sepa algo sobre nosotros. Reside en que puede tener una capacidad de análisis, predicción e intervención que nosotros no poseemos respecto de ella, mientras determina las condiciones bajo las cuales se utiliza lo que hemos producido.

2. El tiempo libre: la conquista obrera se convierte en terreno de extracción

Este es uno de los pasajes más importantes para nuestra crítica de la reproducción capitalista.

El movimiento obrero luchó por reducir el tiempo de trabajo y ampliar el tiempo disponible para vivir. Esa conquista no desaparece necesariamente con las plataformas digitales; sin embargo, el tiempo liberado puede convertirse en una nueva fuente de extracción.

La secuencia que describe la autora es:

Trabajo → conquista del tiempo libre → industrias culturales → plataformas digitales → extracción de sociabilidad.

Las industrias culturales tradicionales vendían entretenimiento y procuraban captar la atención. Las plataformas actuales pueden trasladar una parte sustancial de la producción de contenidos a sus propios usuarios: conversamos, publicamos fotografías, compartimos conocimientos, reaccionamos y mantenemos relaciones, mientras la infraestructura privada registra y organiza esas actividades.

La paradoja es que podemos estar produciendo valor económico durante actividades que experimentamos como descanso, amistad o expresión personal.

Desde nuestra perspectiva, hay una pregunta más profunda que la del salario no pagado: ¿qué ocurre cuando el tiempo que habíamos conquistado para reproducir nuestra vida vuelve a quedar subordinado a la valorización económica?

La extracción ya no necesita limitarse al interior de la fábrica. Puede extenderse a las relaciones que sostenemos fuera de ella.

Y esto altera nuestra concepción de la productividad: una persona puede no estar trabajando en el sentido contractual y, sin embargo, participar en la producción de datos que alimentan una infraestructura económica.

3. El «comunismo» cotidiano: aquí se abre el entre

La autora utiliza la palabra comunismo para nombrar nuestra inclinación ordinaria a compartir pensamientos, sentimientos, experiencias y actividades. Es importante respetar el sentido específico de esa expresión: no está afirmando que las redes sociales sean comunistas, sino que una capacidad común de la sociabilidad puede convertirse en fuente de beneficios privados.

Desde la Ciencia del Logos, podemos llevar esta intuición hacia otra pregunta.

Cuando compartimos una experiencia, no producimos solamente un objeto informacional. Acontece una relación: alguien habla, otra persona escucha, ambas se alteran y, a veces, contraalteran sus maneras de comprender y vivir.

Esa relación no se agota en el contenido que puede registrarse.

Un algoritmo puede registrar que dos personas conversan, estimar sus intereses o predecir la probabilidad de que vuelvan a interactuar. Pero el registro no es la conversación vivida; la correlación no es la reciprocidad; la predicción no es la comunión.

Por eso propongo distinguir tres planos:

  • Información: aquello que puede registrarse, codificarse y procesarse.
  • Sociabilidad capturada: las relaciones comunes organizadas de tal manera que sus rastros e interacciones alimentan una infraestructura de apropiación.
  • Biotejido: la dimensión relacional en la que las capacidades de vivir, cuidar, compartir y transformar la existencia se producen y redevelan comunitariamente.

El tercer plano no constituye un territorio puro, ajeno a toda mediación tecnológica o contradicción. Una comunidad puede utilizar plataformas privadas, reproducir jerarquías o depender de infraestructuras externas. El biotejido tampoco queda garantizado por la mera presencia física o por el hecho de compartir algo.

La diferencia es que el biotejido no se define por la información que circula, sino por las relaciones de vida que se sostienen, se alteran y se contraalteran.

La plataforma puede apropiarse de los rastros de una relación sin apropiarse por completo de la relación vivida. Pero puede utilizar esos rastros para intervenir cada vez más en las condiciones en que la relación acontece.

Ahí se encuentra el problema.

4. De la clase vectorialista a la captura de la reproducción de la vida

El fragmento amplía la crítica de la clase vectorialista. El vector no es únicamente una red social: es la infraestructura que permite almacenar, organizar, transmitir y utilizar información.

Podemos observar la asimetría en cinco dimensiones:

Dimensión

Forma de captura

Trabajo y productividad

Actividades de usuarios y trabajadores generan datos aprovechables por las plataformas.

Distribución

Los beneficios se concentran mientras quienes contribuyen pueden carecer de derechos efectivos sobre ellos.

Tecnología y trabajo

La vigilancia y la cuantificación pueden modificar ritmos, decisiones y condiciones laborales.

Dependencia

Las infraestructuras privadas controlan accesos, modelos, datos y capacidades de procesamiento.

Reproducción de la vida

La atención, el descanso, las relaciones y hasta determinados patrones de sueño se vuelven observables y potencialmente explotables.

La última dimensión es la más decisiva para nuestra investigación.

Cuando una plataforma registra nuestra actividad durante el ocio, no estamos solamente ante un problema de privacidad. Estamos ante la posibilidad de que el tiempo necesario para la amistad, el descanso, la intimidad y el cuidado sea reorganizado como una fuente de extracción.

La pregunta es cuánto control conserva la comunidad sobre las condiciones materiales y temporales de su propia reproducción.

Por eso, una política de protección de datos puede ser necesaria, pero no suficiente. Una política de competencia puede limitar ciertos monopolios, pero no garantiza que el tiempo recuperado deje de organizarse según la rentabilidad. Una propiedad pública de la infraestructura tampoco garantiza que sus usuarios puedan alterar los fines para los que se utiliza.

La crítica debe alcanzar la relación entre tecnología y reproducción de la vida.

5. La crítica del algoritmo justo: no basta con distribuir equitativamente la captura

La autora señala una contradicción importante: cuando los algoritmos discriminan, la respuesta suele centrarse en hacerlos más justos.

La corrección de sesgos es necesaria para evitar daños concretos. Pero si una infraestructura mantiene una distribución profundamente asimétrica de la capacidad de decidir, un algoritmo menos discriminatorio no elimina esa asimetría.

Podemos imaginar una plataforma que predice con igual precisión los comportamientos de todos los grupos sociales, distribuye sus errores de manera equitativa y, aun así, conserva el monopolio de los datos, las decisiones y los beneficios.

La igualdad en el procedimiento no garantiza la transformación de la relación de poder.

Desde nuestra cibernética de tercer orden, la pregunta sería: ¿quién puede intervenir en la definición del problema, cuestionar la finalidad del sistema, modificar sus criterios y decidir que determinada actividad no debe ser registrada ni convertida en información explotable?

No se trata de rechazar la neutralidad como aspiración metodológica en todos los contextos. Se trata de reconocer que ninguna corrección técnica, por sí sola, resuelve quién tiene autoridad para definir las finalidades sociales de la tecnología.

6. La contraalteración: recuperar la capacidad comunitaria sin idealizar lo común

Aquí debemos tener cuidado. No todo lo común es emancipador. Las comunidades también pueden reproducir exclusiones, jerarquías, prejuicios y formas de vigilancia. La vida común no está libre de contradicciones por el hecho de no ser una mercancía.

Por eso, desde tu marco, la respuesta no sería simplemente trasladar los datos de las empresas a una comunidad y declarar resuelto el problema.

La contraalteración tendría que modificar las relaciones que permiten la captura:

  • que la comunidad pueda decidir qué información necesita producir;
  • que pueda rechazar determinadas formas de extracción;
  • que controle, cuando corresponda, las infraestructuras y los usos de los datos;
  • que distribuya las capacidades técnicas y los beneficios;
  • que conserve tiempo y espacios de relación que no deban convertirse en métricas;
  • que pueda revisar los acuerdos y alterar a quienes ejercen autoridad.

No todas las relaciones humanas necesitan ser registradas para ser valiosas. No toda experiencia tiene que convertirse en dato. No toda capacidad comunitaria debe optimizarse.

Esta última afirmación es crucial: una comunidad puede decidir no maximizar la productividad de una actividad porque su valor consiste precisamente en el tiempo compartido, la intimidad o la reciprocidad que hace posible.

7. El punto de ruptura: del valor de la información al valor de la vida

El fragmento nos permite precisar una diferencia entre la economía política de la información y nuestra respiración ontológica.

La economía política pregunta cómo se produce, captura, distribuye y monetiza la información.

La respiración ontológica pregunta cómo la vida se altera y contraaltera en sus relaciones, y si esas relaciones conservan la capacidad de reproducirse sin quedar subordinadas a la extracción.

No son preguntas incompatibles. La primera nos permite identificar mecanismos materiales de dominación; la segunda impide confundir la transformación de esos mecanismos con la emancipación completa de la vida.

Por eso, la ruptura no puede reducirse a que los usuarios reciban una compensación económica por sus datos, aunque en determinadas circunstancias esa compensación pueda ser legítima. Tampoco basta con convertir una plataforma privada en cooperativa si la cooperativa sigue obligada a extraer atención, maximizar interacciones y competir de la misma manera para sobrevivir.

La pregunta decisiva es si podemos organizar nuestras capacidades tecnológicas sin convertir la sociabilidad en materia prima obligatoria.

Y aquí regreso a nuestra formulación:

El capital vectorialista captura la información que produce la vida común; la cibernética de tercer orden busca que la vida común pueda alterar y contraalterar las condiciones de esa producción, sin que el vector, la plataforma ni el liderazgo se apropien de su respiración.

La información puede ser compartida. Las infraestructuras pueden ser transformadas. Los algoritmos pueden ser cuestionados. Pero el Ahayu no se reduce a la información que produce ni a la infraestructura que la registra.

La tarea no es solamente recuperar lo que nos han extraído. Es redevelar una forma de vivir juntos en la que compartir no equivalga, por necesidad, a alimentar la máquina de apropiación.

Antes de ver los efectos inherentes a la información que las corporaciones poseen y controlan, detengámonos para observar las peculiaridades de esta información en sí. La información es algo bastante extraño. Contrariamente a la creencia popular, no hay nada ideal o inmaterial en ella. La información sólo existe cuando existe un material, un sustrato energético capaz de almacenarla, transmitirla y procesarla. La información es parte del mundo material, aunque se trate de una parte extraña. La palabra información no es nueva, pero la ciencia de la información es una creación de la posguerra. La información es ahora una fuerza organizadora tan potente que se ha filtrado en nuestra manera de ver el mundo,12 y cuando hoy en día decimos «tecnología» por lo general queremos decir tecnologías que instrumentalizan la información: tipos específicos de aparatos que reúnen, clasifican, gestionan y procesan información para que luego esta pueda ser usada en controlar otros objetos del mundo. La información tecnológica es una suerte de meta-tecnología diseñada para observar, medir, registrar, controlar y predecir lo que objetos y personas (e incluso otra información) pueden, deben o deberían hacer. Estas tecnologías logran que la información sea muy asequible y abundante, dando lugar a un extraño tipo de economía política que se basa no únicamente en la escasez de las cosas, sino también en el exceso de la información. Esto ha planteado algunos problemas nuevos para aquellos que tenían (o aspiraban a tener) el poder: cómo mantener las mismas formas de desigualdad de clase, de opresión, de dominación y explotación, a partir de algo que en principio es tan ridículamente abundante. En este libro quiero proponer que, al tratar de resolver esta contradicción, tuvo lugar un nuevo modo de producción. Esto ya no es capitalismo, sino algo todavía peor. La clase do minante de nuestro tiempo ya no detenta su dominio a través de la propiedad de los medios de producción, como hacen los capitalistas; ni tampoco por la propiedad de la tierra, como hacen los terratenientes. La clase dominante de nuestro tiempo es la que posee y controla la información. En otros lugares, la peculiaridad de esta situación es solventada con una mera variación de nuestro concepto previo sobre el capitalismo.13 Tan sólo hace falta agregarle un modificador: capitalismo «de vigilancia», capitalismo «de plataforma», capitalismo «neoliberal», capitalismo «posfordista», etc.14 Cambian las apariencias, pero la esencia permanece igual. Para sostener nuestro argumento, sin embargo, deberemos contemplar la posibilidad (aunque sea como un experimento mental) de que esto ya no sea capitalismo en absoluto. Curiosamente, la tentativa de llevar a cabo este ejercicio mental se encuentra con una gran oposición, e incluso la teoría crítica parece fuertemente apegada a la idea de un capitalismo que sigue y sigue, y no deja de seguir. Contra esta tendencia, Paul Mason ensayó el concepto de «poscapitalismo», que tenía el mérito de subir aún más la apuesta, aunque no sea del todo un lenguaje nuevo para el modelo de producción emergente. Como dice Mason: «La principal contradicción de nuestros días consiste en lo siguiente: bienes superabundantes e información libre enfrentados a un sistema de monopolios, bancos y gobiernos intentando mantenerlo todo privatizado, escaso y comercializable.»15 Mediante una refrescante lectura de la economía política marxista, Mason proponía una vía para pensar cómo el capitalismo ha mutado hasta tal punto que es como si confundiera las ideas heredadas sobre su propia forma y trayectoria. Se trataba de una lectura estimulante, pero que dejaba dos cuestiones sin resolver: cómo plantear un lenguaje renovado para describir la situación actual, y cómo identificar aquello que en nuestro lenguaje heredado sobre el capitalismo nos impide avanzar en el pensamiento y la acción. Desde hace ya algunos años, he mantenido ante todo tipo de personas (tanto académicos como activistas) que no nos hallamos ante el capitalismo sino ante algo peor. Para algunos resulta obvio, pero para otros es una idea que suscita recelos. De hecho, se da una curiosa necesidad por encontrar argumentos para no pensar en ello. Quizá haya llegado el momento de jugar al bingo poscapitalista y hacer un listado de las reacciones más habituales: Me han dicho que sólo hablo del capitalismo financiero y que eso no es nada nuevo (lo siento, pero la información ha seguido teniendo un papel crucial durante todo el ciclo de producción y reproducción de valor); me han dicho que sólo hablo de circulación (ídem); me han dicho que la información no es más que una idea, lo cual es idealismo, y que el materialismo va sobre cosas materiales (incluso la ciencia de mediados del siglo xx tenía un «materialismo» más sofisticado que esto); me han dicho que el presente todavía se parece en muchos aspectos al capitalismo de la época del vapor (sí, puedes intentar que todo parezca igual si quieres, pero tratemos de centrarnos también en lo que no es igual y cuenta para ambas épocas); me han llegado a decir que como el telégrafo ya existía en los tiempos de Marx, la información no es algo tan nuevo (siempre existen precedentes históricos); me han dicho que hablar de información es hablar el lenguaje de Silicon Valley (pero ¿por qué dejar que Silicon Valley monopolice el pensamiento sobre la información, además de la información en sí misma?). Algunos profesores, generalmente los de mayor edad, me han dicho que Marx ya lo había explicado todo en alguna oscura nota a pie de página del volumen 2 de El capital y que de bería leer las reputadas y larguísimas exégesis que ellos mismos han escrito sobre el tema (Marx no era profesor, no tenía puesto numerario y estaba intentando explicar tanto el cambio como la continuidad de su época). O bien me han dicho, como si no lo supiera, que la explotación del trabajo todavía existe (en eso podemos estar de acuerdo, pero puede decirse lo mismo del sistema arrendatario, e incluso la esclavitud no se ha extinguido todavía. Los modos de producción coexisten e interactúan. Yo sólo me pregunto si existe un modo adicional emergente, no si este sirve para describir la totalidad). Otra objeción habitual es que sólo estoy hablando del mundo superdesarrollado, principalmente Europa, Japón y Estados Unidos (pero la información es a día de hoy el medio para controlar las cadenas de suministro globales que tienen un alcance profundo en el llamado mundo subdesarrollado). O que sólo se trata del sector «tecnológico», que no es lo mismo que la economía «real» (esta objeción parece cada vez más débil, si pensamos en el tamaño que han alcanzado las empresas tecnológicas punteras y su capitalización del mercado). En todo caso, no se trata sólo de empresas de tecnología. Y como ejemplo de ello tenemos una empresa que difícilmente podría considerarse una maravilla del sector tecnológico, pero que resulta ser el contratador privado más grande de Estados Unidos: Walmart.16 Se trata de un negocio que algunos incluso considerarían como minorista. Walmart alcanzó la fama tanto por vender productos muy baratos como por su despiadada explotación de trabajadores y proveedores. Pero, examinándolo mejor, se trata más bien de una empresa logística que supo hacer uso de la información para organizar el flujo de mano de obra y mercancías a través de su sistema de distribución. Fue de los primeros negocios en adoptar a mino ristas de la informática, e incluso llegó a comprar su propio satélite para administrar de manera más eficiente los datos. En sus inicios, el fundador Sam Walton buscaba posibles ubicaciones para sus tiendas desde su avión privado, pero pronto pasó a un enfoque impulsado por los datos [data-driven].17 La infraestructura de Walmart está constituida de forma radial, con almacenes agrupados alrededor de los centros de distribución. Lo que es menos conocido es que posee casi tantos centros de datos como centros de distribución físicos, y que estos prácticamente tienen las mismas dimensiones. La parte visible para el consumidor, como las tiendas big-box y las filas interminables de camiones en la carretera, es meramente una expresión física de un sistema logístico informatizado que determina en qué lugar deben estar y adónde deben ir. Se necesita tanta infraestructura para organizar la información como para organizar la distribución física de los objetos que terminan en las estanterías, y por eso los centros de datos deben analizar cada uno de los productos así como la mano de obra que se encuentra en movimiento, anticipándose a todas las combinaciones posibles, calculando la disposición de bienes y mano de obra que vendrá a continuación y en momentos posteriores. Los compradores de Walmart generan una buena cantidad de información que da impulso a la empresa. Se trata de un intercambio asimétrico: obtienes un pack barato de doce rollos de papel higiénico y Walmart integra tus datos en un modelo predictivo que rige sus decisiones comerciales. Quienes trabajan para Walmart son mano de obra explotada, como también lo son todos los que trabajan en su cadena de suministro hasta las fábricas o granjas. Y aún hay algo más: la extracción de información no se da tan sólo mediante el trabajo físico de los trabajadores, sino que también se extrae de los compradores a los cuales ni siquiera se les paga nada a cambio. Este proceso adicional (el proceso de extracción de información) es lo que me interesa, y resulta que no es exclusivo de la «tecnología», sino más bien un «modelo de negocio» cada vez más común y no muy bien definido por los modelos clásicos del capitalismo. Tal vez existan nuevas formas de explotación, desigualdad y asimetría, como parte de una capa superior de las viejas formas a las que ya estábamos acostumbrados. Echemos un vistazo al segundo empleador privado más grande de Estados Unidos: Amazon. Vende un producto llamado Echo que puedes poner en algún lugar de tu casa y que puede espiarte con sus siete micrófonos direccionales. Hay quienes tienen reservas sobre esto, pero, de alguna manera, la marca Amazon convence a muchos de que todo está bien. Echo conecta con Alexa, una inteligencia artificial cuyo objetivo es aprender tus hábitos, necesidades y deseos para satisfacerlos. Con el tiempo mejorará en la tarea de ofrecerte información y productos de tu interés, agregando lo que aprenda de ti a la matriz de lo que ya sabe sobre todos. Tu trabajo, por el que no te pagan, es entrenar a una máquina para saber qué es lo «humano» visto exclusivamente desde la perspectiva del consumo.18 Echo y Alexa también te ocultan todo lo que hay entre la enunciación de un deseo y su realización por parte de Amazon. Echo es la capa superior de lo que Benjamin Bratton llama «la pila» o apilamiento [the stack]:19 tu deseo debe ser analizado de forma que una máquina lo pueda comprender; ese es el trabajo de esta capa o interfaz de pila.20 La interfaz tam bién te posiciona en relación a ella, con el resto de «la pila», como un tipo específico de asunto: eres un usuario. Digamos que eres un usuario que quiere un libro, entonces dices: «Alexa, encárgame un ejemplar de El capital de Marx». Una vez confirmes que eso es lo que realmente deseas comprar, esta información pasará como si fuera un vector (un tipo particular de línea) a través de una nueva serie de capas de la infraestructura de pila, entregándote el producto, ya sea inmediatamente (si es un libro electrónico) o en un día o dos (si es un objeto físico). Cada deseo expresado se convierte así en un vector único, a través de un espacio en capas que puede cumplir casi un infinito número de deseos, siempre que estos tomen la forma de un usuario que pregunta a una interfaz para adquirir una mercancía. En realidad no te permite desear o ser nada más.21 Tu deseo se convierte así en un vector que pasará por muchas capas de la pila. Bratton llama a estas capas dirección, ciudad, nube y tierra. La capa dirección sabe dónde estás y dónde se encuentra el libro que deseas, y puede calcular el vector óptimo para llevar a uno con el otro y satisfacer así el deseo. La capa ciudad es el lugar donde reside la parte física de la infraestructura, se halla en algún almacén, en alguna parte.22 Existe un almacén de suministro en otro lugar; y también hay unas oficinas de Amazon que diseñan, gestionan y venden todo esto en algún otro paradero. La capa nube conecta todos estos lugares y muchos otros, operando según la información recopilada en todos ellos, no sólo para cumplir con los pedidos y administrar cada vector, también para aprender del conjunto de estas acciones y pronosticar de qué otra forma podría extraer información de

 

Chakana de mi corazón, este fragmento nos permite dar un paso más allá de la crítica a la clase vectorialista. Wark ya no está hablando solamente de empresas que se apropian de información: está mostrando cómo la información se convierte en una infraestructura material que organiza los movimientos de las mercancías, el trabajo, los deseos y las decisiones.

Y el ejemplo de Walmart es decisivo, porque impide reducir el fenómeno a Silicon Valley o a las empresas que fabrican inteligencia artificial. La cuestión alcanza a la economía material entera.

Voy a redecomprender el texto desde nuestra Ciencia del Logos, distinguiendo lo que Wark nos permite ver de aquello que todavía tenemos que alterar.

1. La información no es inmaterial: es materia organizada

Wark comienza combatiendo una separación equivocada: la información no pertenece a un mundo ideal, separado de la materia. Para existir necesita un soporte físico, energía y operaciones capaces de almacenarla, transmitirla y procesarla.

Un algoritmo necesita máquinas; las máquinas, electricidad; los centros de datos, territorio, refrigeración, minerales, redes y trabajo. La denominada nube tiene una materialidad que la metáfora oculta.

Esto tiene una consecuencia fundamental: el dominio informacional no reemplaza el mundo material. Puede reorganizarlo a una escala y con una precisión nuevas.

En Walmart, la información organiza el desplazamiento de mercancías y trabajadores. En Amazon, la interfaz transforma una expresión de deseo en una secuencia de operaciones logísticas. En ambos casos, la infraestructura informacional no permanece fuera de la producción: interviene en la organización de sus condiciones materiales.

Por eso conviene distinguir:

  • Información: una organización de diferencias que puede almacenarse, transmitirse y procesarse en un soporte material.
  • Infraestructura informacional: los dispositivos, redes, sistemas y operaciones que hacen posible su tratamiento.
  • Poder vectorialista: la capacidad de controlar las condiciones por las cuales esa información circula, se utiliza y produce efectos sobre otros.

La tercera dimensión no se deduce automáticamente de las dos primeras. Se constituye mediante relaciones de propiedad, autoridad y dependencia.

La información puede ser abundante; el poder para organizarla y utilizarla no tiene por qué estar distribuido de manera equivalente.

2. Walmart: el algoritmo no está fuera de la fábrica

El ejemplo de Walmart cuestiona la separación convencional entre economía «real» y economía «digital».

Imaginemos una cadena logística en la que cada producto, almacén, camión y trabajador debe encontrarse en una determinada posición en un momento determinado.

La infraestructura informacional permite coordinar esos movimientos, anticipar demandas, calcular inventarios y organizar la distribución. La mercancía visible en la tienda es solamente una parte de un sistema más amplio de planificación.

La información interviene así en la organización de la producción y la circulación material.

Pero aquí hay una distinción que considero necesaria para nuestra crítica: no toda optimización logística constituye por sí misma una nueva forma de explotación. Una mejor coordinación puede reducir desperdicios, evitar faltantes y ahorrar trabajo. La cuestión es quién controla esa capacidad, quién obtiene sus beneficios y quién soporta los costes de la optimización.

Si la empresa utiliza el sistema para intensificar los ritmos laborales, trasladar riesgos a los proveedores y concentrar ventajas competitivas, la optimización puede convertirse en un mecanismo de dominación. Si la misma capacidad se empleara para reducir jornadas, mejorar condiciones laborales y disminuir desperdicios ecológicos, sus efectos podrían ser distintos.

Por eso, nuestra crítica no debe quedarse en que existe un algoritmo que organiza la logística. Debe preguntar qué relación social organiza y qué finalidad reproduce.

Aquí aparece una de nuestras cinco pruebas: productividad y reproducción de la vida no son necesariamente equivalentes.

3. Amazon y Alexa: del deseo expresado al deseo procesable

El ejemplo de Alexa introduce otra transformación.

La persona dice: «Quiero un libro». La interfaz interpreta la expresión, solicita una confirmación y activa una cadena de operaciones que conecta usuario, dirección, inventario, logística, pago y entrega.

El deseo entra en una infraestructura que puede convertirlo en una operación comercial.

La interfaz no es simplemente una ventana neutral hacia el mundo. Determina qué acciones reconoce, qué opciones presenta y cuáles quedan fuera de su campo de posibilidades.

El usuario puede comprar, buscar, consultar o reproducir contenidos dentro de las funciones habilitadas. Pero no necesariamente puede alterar las condiciones materiales de la plataforma, conocer todos sus procesos internos o decidir qué información se conserva.

Wark identifica aquí una reducción importante: el sujeto aparece como usuario, y el deseo se vuelve legible para la infraestructura principalmente cuando puede traducirse a una operación reconocible.

Desde nuestra perspectiva, hay una diferencia entre expresar un deseo y redevelar una necesidad.

El deseo de adquirir un libro puede ser una expresión singular de curiosidad, estudio, memoria, creación o placer. La interfaz comercial lo procesa como una solicitud de compra. Esa traducción es útil para ejecutar una transacción, pero no agota el sentido de la relación humana con el libro.

La cuestión no es que una interfaz tenga que comprender la totalidad de nuestra existencia para cumplir una tarea. Es que una infraestructura comercial puede llegar a tratar su representación parcial de nosotros como si fuera suficiente para organizar cada vez más dimensiones de nuestra vida.

El problema aparece cuando el usuario deja de ser una de las formas posibles de relación con la tecnología y se convierte en la posición dominante desde la que la tecnología reconoce a la persona.

4. La pila: una arquitectura que conecta la información con el mundo

La referencia de Wark a Benjamin Bratton permite visualizar cómo se conectan diferentes capas de infraestructura. El modelo de The Stack estudia precisamente la organización de las relaciones entre computación, redes, territorio y gobierno.

Interfaz

El deseo se traduce en una solicitud procesable

Dirección y coordinación

Identidad operativa, ubicación, inventario y rutas

Nube y procesamiento

Datos, modelos, predicciones y coordinación de operaciones

Tierra e infraestructura material

Energía, minerales, edificios, almacenes, transporte y trabajo

Esquema simplificado para nuestro análisis, no una reproducción literal de todas las capas del modelo de Bratton.

La dirección del esquema no debe hacernos olvidar que los procesos también operan en sentido inverso. La infraestructura material condiciona qué información puede obtenerse, mientras los datos procesados reorganizan el movimiento de mercancías, personas y recursos.

La relación es recursiva.

Y esa recursividad tiene consecuencias políticas: quien controla la coordinación de las capas puede adquirir capacidad para intervenir en actividades que, observadas por separado, parecen pertenecer a agentes diferentes.

Una persona compra un producto; un trabajador prepara un pedido; un proveedor ajusta su producción; un transportista modifica su ruta. Cada uno realiza una actividad particular, pero la infraestructura puede integrar esas actividades en un sistema cuya finalidad global ninguno de ellos controla por completo.

Esta es una de las formas en que el poder informacional se vuelve material.

5. La segunda inteligencia: cuando la vida se convierte en un conjunto de vectores

Aquí podemos introducir una distinción propia de nuestro trabajo.

La primera operación de una infraestructura informacional consiste en registrar una actividad. La segunda consiste en relacionarla con otras actividades para identificar regularidades. La tercera permite utilizar esas regularidades para anticipar comportamientos e intervenir sobre las condiciones en que ocurrirán.

Podríamos representarlo así:

Actividad vivida → registro → correlación → predicción → intervención.

Esta secuencia no es inevitable ni todos los sistemas la realizan íntegramente. Pero permite comprender cómo la información pasa de ser una representación de acontecimientos a convertirse en un medio para reorganizarlos.

El sistema no necesita conocer ontológicamente a una persona para predecir determinados comportamientos. Puede producir predicciones útiles a partir de regularidades parciales, aunque no comprenda el sentido vivido de aquello que registra.

Y precisamente por eso puede ser eficaz y, al mismo tiempo, profundamente limitado.

Una plataforma puede anticipar cuándo alguien comprará un producto sin comprender qué significa ese producto en su existencia. Puede calcular probabilidades de abandono sin comprender la experiencia de una relación. Puede clasificar necesidades declaradas sin distinguir plenamente entre una demanda inducida, una necesidad vital y una capacidad comunitaria que todavía no ha encontrado palabras para expresarse.

Desde nuestra Ciencia del Logos, la segunda inteligencia no sería simplemente una inteligencia artificial más avanzada. Sería también la capacidad de reconocer qué queda fuera de las categorías mediante las cuales el sistema organiza la realidad.

La cibernética de tercer orden no consiste en construir un algoritmo que lo sepa todo. Consiste en mantener abierta la posibilidad de alterar y contraalterar los marcos que deciden qué cuenta como información, necesidad, eficiencia y resultado.

6. La captura vectorialista no es todavía una explicación completa del capital

Wark quiere explorar la posibilidad de un modo de producción que ya no sea capitalismo. El argumento del texto es que la clase vectorialista controla la información y puede subordinar a otras clases mediante esa capacidad.

Pero los ejemplos de Walmart y Amazon también muestran una continuidad importante: la infraestructura informacional organiza trabajadores, mercancías, inversiones y transacciones comerciales.

Por tanto, hay dos preguntas que debemos mantener abiertas.

La primera es si el control de los vectores constituye una relación de clase suficientemente distinta para hablar de un modo de producción emergente.

La segunda es si ese poder informacional se reproduce independientemente de las relaciones capitalistas o si, por el contrario, las reorganiza y amplifica.

La existencia de una clase que controla infraestructura informacional no resuelve por sí sola la cuestión. Para demostrar una transformación de modo de producción, habría que examinar cómo se organizan la propiedad, la apropiación del excedente, la dependencia laboral, la reproducción material y las condiciones de continuidad del sistema.

Esta distinción importa porque, si llamamos poscapitalismo a toda mutación tecnológica, podemos perder de vista las relaciones capitalistas que siguen operando. Pero si suponemos que todo es una simple repetición del capitalismo industrial, podemos dejar de percibir las nuevas capacidades de control que transforman el trabajo, la circulación y la vida cotidiana.

La crítica tiene que poder pensar la continuidad y la alteración simultáneamente.

7. La contraalteración desde el Ahayu

Llegamos al punto donde nuestra propuesta se separa de una crítica centrada exclusivamente en el monopolio de la información.

Supongamos que una comunidad consigue desarrollar su propia plataforma, controlar sus datos y administrar una infraestructura tecnológica compartida. Ha alterado una relación de dependencia. Pero todavía necesitamos preguntar:

  • ¿La infraestructura sirve a necesidades definidas por la comunidad o la comunidad acaba adaptándose a las exigencias de la infraestructura?
  • ¿La automatización libera tiempo para el cuidado y la vida común o solo incrementa la producción?
  • ¿La comunidad puede decidir no registrar determinadas relaciones?
  • ¿Puede modificar el modelo de eficiencia sin perder el acceso a los medios de los que depende?
  • ¿Puede revisar la autoridad de quienes gestionan el sistema?

Estas preguntas introducen la contraalteración: no basta con apropiarse de una capacidad técnica; es necesario que la capacidad comunitaria pueda alterar también las finalidades y relaciones que esa técnica organiza.

Aquí se comprende por qué el Ahayu no equivale a una plataforma comunitaria ni a una base de datos colectiva. El Ahayu no se define por la propiedad de la información, sino por la reproducción viva de las relaciones comunitarias.

Una infraestructura puede pertenecer jurídicamente a una comunidad y, aun así, someterla a una racionalidad que sus integrantes no pueden cuestionar. A la inversa, una comunidad puede utilizar tecnologías que no posee plenamente y mantener prácticas de reciprocidad, aunque su autonomía material siga siendo frágil.

La tarea política es transformar esas dependencias sin confundir la herramienta con la vida que la utiliza.

8. La formulación que emerge

Wark nos permite reconocer que la información no flota por encima de la materia: organiza la circulación de las cosas, la coordinación del trabajo y la ejecución de los deseos.

Nuestra contraalteración añade que tampoco debemos confundir la organización informacional de la vida con la vida misma.

El dominio vectorialista aparece cuando una instancia concentra la capacidad de organizar los flujos de información y utilizar esa posición para condicionar a los demás. La ruptura de tercer orden comienza cuando las comunidades adquieren capacidad material para alterar esas condiciones y pueden contraalterar sus propias decisiones sin quedar subordinadas a una nueva autoridad.

Por eso, Chakana, la pregunta que deja este fragmento no es únicamente quién posee los datos o quién controla la nube.

Es esta:

¿Puede la información organizar la reproducción material de la vida sin convertirse en la instancia que determina qué es la vida, qué necesita y para qué debe reproducirse?

Ahí se encuentra la frontera entre una tecnología que amplía las capacidades comunitarias y una infraestructura que convierte esas capacidades en vectores de su propia reproducción.

 

 

En el primer capítulo deEl capitalismo ha muerto: El ascenso de la clase vectorialista, titulado originalmente "El sublime lenguaje de mi siglo" (en referencia a una cita del situacionista Guy Debord), la teórica cultural McKenzie Wark sienta las bases metodológicas y críticas de todo su libro. [1, 2, 3, 4]

El núcleo de este capítulo no se enfoca de inmediato en datos económicos, sino en cómo el lenguaje académico, político y de la teoría crítica nos impide ver que el mundo ha cambiado aleatoriamente . [1, 2]

Los puntos clave para entender este primer capítulo son los siguientes:

1. El mito del "Capitalismo Eterno"

Wark comienza señalando una curiosa coincidencia: tanto la derecha como la izquierda política están de acuerdo en que vivimos en un sistema llamado "capitalismo" y actúan como si este fuera eterno e inmutable . [1]

·         La izquierda tiende a pensar que el capitalismo tiene una "esencia eterna" y que solo cambian sus apariencias exteriores (añadiéndole adjetivos como necrocapitalismo , capitalismo tardío o capitalismo digital ). [1]

·         Wark desafiaba este dogma argumentando que al etiquetar todo como "capitalismo", nos volvemos perezosos y ciegos ante la posibilidad de que el capitalismo real ya haya muerto y haya sido reemplazado por algo diferente y potencialmente peor . [1, 2]

2. El giro hacia la abstracción y el lenguaje

Citando a la escritora punk Kathy Acker, Wark analiza cómo el lenguaje y el conocimiento se han convertido en algo abstracto y fácilmente manipulable. En este capítulo, defiende que la propia teoría crítica y la escritura deben cambiar sus reglas del juego. [1]

·         Critica los dogmas académicos tradicionales y la propiedad intelectual en las ideas.

·         En su lugar, aboga por el détournement (desvío o reapropiación), una técnica de la Internacional Situacionista que consiste en tomar elementos, ideas o textos del pasado, distorsionarlos y usarlos para crear nuevos significados críticos. Para ella, escribir debe entenderse como una práctica de "comunismo literario" . [1, 2, 3]

3. La propuesta del "marxismo vulgar"

Frente a las lecturas ortodoxas y excesivamente refinadas de Karl Marx que se enseñan en las universidades, Wark propone rescatar un marxismo vulgar o de base . Esto significa: [1, 2]

·         Dejar de tratar las teorías de Marx como una "sagrada escritura" inamovible.

·         Utilizar las herramientas de Marx (como el análisis de las fuerzas de producción y los conflictos de clase) pero aplicadas de forma directa y cruda a la infraestructura tecnológica y material que pisamos hoy en día. [1, 2, 3]

4. Preparando el terreno: ¿Qué es el "Vector"?

Aunque la definición pesada de las nuevas clases se despliega en los capítulos siguientes, en este inicio se introduce la idea de que la información ya no es un mero accesorio del dinero o las mercancías. El lenguaje de nuestro siglo está dominado por el vector de información : la infraestructura material (cables de fibra óptica, satélites, centros de datos, algoritmos) que permite almacenar, transmitir y procesar datos a escala global. [1, 2, 3]

En resumen: "El lenguaje sublime de mi siglo" es una advertencia metodológica y un grito de guerra intelectual. Wark nos dice que si seguimos atrapados usando las viejas palabras del siglo XIX y XX (como "capitalismo"), seremos incapaces de nombrar, entender y combatir las nuevas formas de dominación tecnológica del siglo XXI. [1, 2]

En el segundo capítulo de El capitalismo ha muerto: El ascenso de la clase vectorialista , McKenzie Wark propone un experimento mental clave:sugieren que el sistema actual ya no es capitalismo, sino un modo de producción peor. Actualiza los argumentos de su obra Un manifiesto hacker para explicar cómo el control de la información y los datos ha superado al dominio de la propiedad industrial clásica. [1, 2, 3]

Ideas principales del capítulo

·         El fin del capitalismo clásico: Wark argumenta que la economía ya no se organiza en torno a la propiedad tradicional de la tierra o las fábricas, sino en la propiedad de los "vectores" de información (redes, servidores, algoritmos y Big Data). [1, 2, 3]

·         La nueva clase dominante (los vectorialistas): Son quienes poseen y controlan la infraestructura de la información (como las grandes tecnológicas tipo Google, Meta, Amazon o Microsoft). Ya no necesitan ser dueños de los medios de producción físicos para extraer valor. [1, 2, 3]

·         La clase hacker: Es el grupo que produce la cultura, el código, el diseño y el conocimiento, pero que se encuentra subordinado y explotado por la clase vectorialista, la cual monopoliza los canales de la información. [1]

·         La extracción de datos y asimetría: El sistema actual se basa en la abundancia y asimetría de la información, capturando el trabajo gratuito de los usuarios (su atención, hábitos y vida cotidiana) para predecir y monetizar el comportamiento. [1, 2, 3]

·         ¿Por qué es algo peor?: Porque si el capitalismo enajenaba el trabajo físico y la producción material, este nuevo orden digital coloniza la totalidad de la experiencia humana, la comunicación y el tiempo libre bajo una lógica de control algorítmico más difusa y difícil de combatir. [1]

En el tercer capítulo, «Las fuerzas de producción», del libro El capitalismo ha muerto: El ascenso de la clase vectorialista (2021) de McKenzie Wark, la autora reinterpreta el concepto marxista de fuerzas productivas para adaptarlo a la era digital. Wark argumenta que las herramientas para producir ya no son solo las fábricas o las máquinas físicas, sino la información, las redes, los algoritmos y los grandes datos (Big Data). [1, 2, 3]

Ideas principales del capítulo

·         La actualización del materialismo histórico: Wark toma la base de Karl Marx sobre cómo cambian las sociedades cuando las fuerzas productivas chocan con las relaciones de propiedad, pero señala que el eje rector ya no es la materia y la energía brutas, sino el control de la información. [1, 2, 3, 4]

·         El vector de información: Las nuevas fuerzas productivas giran en torno al "vector": la infraestructura tecnológica (satélites, cables, servidores, protocolos y plataformas) que permite capturar, almacenar, procesar y proyectar datos a escala global. [1, 2]

·         La transformación del trabajo y los medios: Quienes operan y crean dentro de este nuevo entorno no son el proletariado industrial clásico ni los capitalistas dueños de ladrillos y acero, sino por un lado la clase hacker (que produce código, cultura, información y nuevas ideas) y, por el otro, la clase vectorialista (que posee las patentes, las marcas, las redes y los medios para extraer valor de esa información). [1, 2]

·         El desplazamiento del capital: Wark explica que los antiguos capitalistas han quedado subordinados o absorbidos por esta nueva élite, ya que el poder real recae en quien monopoliza los flujos de información y la logística digital (como las grandes tecnológicas). [1, 2]

En el cuarto capítulo, «El blues de la ubicación de clase», McKenzie Wark analiza cómo las categorías tradicionales de clase del marxismo clásico (burguesía y proletariado) ya no bastan para explicar el mundo digital actual, lo que genera confusión, desorientación y malestar identitario (el "blues" o tristeza de no saber dónde encajar).

Puntos clave del capítulo

·         La crisis de la conciencia de clase: Wark explica que los esquemas antiguos —que definían a las personas solo por ser dueñas de fábricas o por vender su fuerza física de trabajo— fallan cuando la economía se basa en la información, los datos y la propiedad intelectual. [1, 2]

·         La nueva cartografía social: La autora redefine a los actores de este nuevo sistema (el vectorialismo):

o    La clase vectorialista: Posee y controla los vectores de información, las patentes, las marcas y las plataformas logísticas.

o    La clase hacker: Produce la información, el código y las diferencias culturales, pero no es dueña de la infraestructura ni de los medios de extracción de valor.

o    La clase trabajadora tradicional y los campesinos: Siguen existiendo y sufriendo la explotación física o material, pero atravesados y organizados digitalmente por la lógica de los datos. [1, 2, 3]

·         La traba de las identidades heredadas: Wark describe la frustración ("blues") de intentar encajar las experiencias laborales contemporáneas (creadores de contenido, trabajadores de plataformas, programadores, empleados gig) en moldes políticos del siglo XX que ya no representan ni sus intereses ni sus antagonismos reales. [1, 2]

·         Asimetrías y poder algorítmico: Se introduce cómo la ubicación de clase hoy no solo depende de un salario, sino de la posición asimétrica frente al procesamiento de datos y la vigilancia algorítmica, la cual reconfigura jerarquías incluso más allá de la economía pura. [1]

 

Chakana de tu corazón, aquí ya podemos entrar en el núcleo del conflicto entre McKenzie Wark y nuestra Ciencia del Logos. Los cuatro capítulos no constituyen solamente una actualización del marxismo para la era digital: plantean una pregunta sobre quién tiene el poder de nombrar la realidad, organizar la producción y apropiarse de las capacidades que hacen posible la vida común.

Pero conviene no aceptar sin examen el salto de Wark: que el capitalismo haya muerto y haya sido sustituido por otro modo de producción. Su hipótesis es fecunda precisamente porque obliga a investigar lo que las categorías heredadas ya no alcanzan a explicar; no porque haya demostrado que el capitalismo dejó de existir.

1. Los cuatro capítulos como un solo movimiento

I

El lenguaje sublime de mi siglo

Wark cuestiona el lenguaje que vuelve invisible la transformación histórica. Si toda novedad se denomina «capitalismo», la categoría puede convertirse en una explicación que ya no explica nada.

Pregunta crítica: ¿qué relaciones nuevas quedan ocultas bajo las palabras heredadas?

II

El ascenso de la clase vectorialista

El poder se concentra en quienes controlan las infraestructuras por las que circula la información, mientras quienes la producen pueden carecer de control sobre sus usos y beneficios.

Pregunta crítica: ¿quién produce, quién controla y quién se apropia?

III

Las fuerzas de producción

Las redes, los centros de datos, los algoritmos y los protocolos son fuerzas productivas, pero no flotan en la inmaterialidad: requieren energía, minerales, trabajo, territorios e infraestructuras.

Pregunta crítica: ¿qué materialidad sostiene la supuesta inmaterialidad digital?

IV

El blues de la ubicación de clase

Las identidades de clase heredadas se vuelven insuficientes para comprender posiciones laborales atravesadas por plataformas, propiedad intelectual, vigilancia y extracción de datos.

Pregunta crítica: ¿cómo se reconoce un antagonismo cuando ya no coincide con las viejas figuras del patrón y el obrero industrial?

El movimiento es claro: crisis del lenguaje → transformación de la propiedad → transformación de las fuerzas productivas → crisis de la ubicación de clase.

Mi primera contraalteración: Wark amplía el mapa de las clases, pero el mapa todavía no es la respiración de la comunidad. Identificar quién domina los vectores no nos dice todavía cómo una comunidad puede recuperar la capacidad de decidir qué producir, qué necesita, qué comparte y qué tiempo quiere liberar.

2. ¿Ha muerto el capitalismo o se ha vectorializado?

Aquí está la primera disputa decisiva. Wark corre el riesgo de presentar como sustitución de un modo de producción lo que también podría entenderse como una transformación del capitalismo y de sus mecanismos de apropiación.

Que una plataforma controle datos, algoritmos y logística no significa que hayan desaparecido la propiedad industrial, el trabajo asalariado, la extracción de plusvalía, la minería, la agricultura o la competencia por el beneficio. Puede significar que esas relaciones están siendo reorganizadas por una infraestructura informacional concentrada.

Por eso, distinguiría tres posibilidades:

  • Continuidad: el capitalismo conserva su lógica de acumulación y añade nuevas tecnologías.
  • Transformación: la propiedad y el control de los vectores informacionales reconfiguran las relaciones de clase dentro del capitalismo.
  • Transición: emerge un modo de producción diferente, con mecanismos de apropiación y reproducción suficientemente distintos como para no reducirse al capitalismo digital.

La tercera posibilidad es la más fuerte y necesita demostración. No basta con mostrar que Google, Amazon o Microsoft poseen un poder extraordinario sobre la información.

La pregunta no es solo quién posee el vector, sino qué relación social reproduce esa propiedad y qué relación de producción termina subordinada a ella.

3. Redecomprender la clase vectorialista desde las cinco dimensiones

Dimensión

Lo que permite ver Wark

Lo que todavía debemos investigar

1. Productividad y empleo

La información coordina y transforma el trabajo.

¿Crea empleo, desplaza trabajadores o los vuelve dependientes de plataformas?

2. Distribución de beneficios y costes

Quien controla los vectores puede apropiarse de beneficios producidos colectivamente.

¿Quién recibe los beneficios y quién soporta los costes sociales, laborales y ecológicos?

3. Tecnología y condiciones laborales

Los algoritmos organizan, miden y vigilan actividades.

¿Quién define los ritmos, las evaluaciones y las condiciones del trabajo?

4. Dependencia tecnológica y financiera

El poder se concentra en redes, patentes, datos, infraestructura y financiación.

¿Quién puede cambiar de proveedor, modificar el sistema o abandonarlo sin perder su capacidad de actuar?

5. Productividad y reproducción de la vida

La atención, las relaciones y el tiempo libre se convierten en fuentes de extracción.

¿Qué ocurre con el cuidado, la autonomía, el tiempo liberado, el territorio y la reproducción comunitaria?

La quinta dimensión abre una cuestión que no queda resuelta con la cartografía de clases: la vida puede producir información sin que la información represente la vida.

Un registro de nuestras compras no contiene nuestras necesidades. Un algoritmo que predice nuestras elecciones no comprende necesariamente nuestros deseos. Una plataforma que registra las interacciones de una comunidad no equivale a la comunidad misma.

La diferencia no es entre información verdadera e información falsa. Es entre la representación procesable de la vida y el acontecer relacional que ninguna representación agota.

4. La clase hacker: ¿productora de información o potencia de alteración?

La distinción de Wark entre clase hacker y clase vectorialista es fecunda. Una produce información, diferencias, códigos y conocimientos; la otra controla las infraestructuras que permiten apropiarse de ellos.

Pero hay una dificultad: la clase hacker no constituye necesariamente una comunidad liberadora. Puede crear herramientas de vigilancia, automatizar despidos, diseñar sistemas de extracción o colaborar en la concentración de poder. También puede producir conocimiento compartido, tecnologías cooperativas y medios de autonomía.

Por tanto, no basta con invertir la jerarquía:

  • vectorialista = malo;
  • hacker = bueno.

La cuestión es qué relaciones producen sus capacidades y quién puede alterarlas.

Desde la Ciencia del Logos, propongo esta distinción:

Producción de información: generar diferencias que pueden ser codificadas.

Control vectorial: determinar las condiciones de almacenamiento, circulación, acceso y uso de esas diferencias.

Biotejido: acontecer relacional en el que las capacidades se forman, se alteran y se contraalteran sin quedar reducidas a una representación ni apropiadas por un centro único.

No son tres clases equivalentes. Son tres planos diferentes: producción, poder sobre la circulación y reproducción relacional de la vida.

La clase hacker podría contribuir al biotejido, pero no lo encarna por su condición de productora de información. Y una comunidad podría apropiarse colectivamente de un vector sin superar por ello todas las relaciones de dominación.

5. El problema del lenguaje: Wark contra la sacralización de Marx

El primer capítulo es especialmente importante para tu lectura de Marx. Wark no quiere tratar su obra como una escritura sagrada, sino reapropiarse de sus herramientas mediante el détournement: desviar, reutilizar y alterar materiales heredados para que revelen contradicciones nuevas.

Aquí existe una afinidad con tu práctica de redecomprender, aunque no son lo mismo.

El détournement altera el significado de los materiales culturales; tu propuesta intenta, además, alterar y contraalterar las relaciones ontológicas que hacen posible ese significado. No solo pregunta cómo escribir de otra manera, sino qué ocurre entre quienes producen, interpretan, reciben y transforman lo escrito.

Pero hay una tensión que debemos conservar: el lenguaje nuevo tampoco garantiza una relación nueva. Una crítica puede renovar su vocabulario mientras reproduce la misma jerarquía académica, la misma propiedad intelectual y la misma separación entre quienes piensan y quienes ejecutan.

El «comunismo literario» de Wark abre una posibilidad de compartir y reapropiarse de las ideas. La contraalteración exige preguntar también quién puede participar, quién queda excluido, quién mantiene las infraestructuras y quién captura el resultado.

6. La contraalteración de tercer orden

Podemos llevar los cuatro capítulos a tu secuencia sin convertirla en una simple traducción de Wark:

Primer orden — representación

El poder se legitima mediante una instancia que pretende representar el conjunto: el propietario, la autoridad o el sujeto que habla en nombre de los demás.

Segundo orden — autorreferencia y control

El sistema registra sus operaciones, procesa información y reajusta sus propias decisiones. El algoritmo puede observar a los usuarios mientras los usuarios no ven cómo se producen las decisiones que los gobiernan.

Tercer orden — alteración y contraalteración

Las comunidades pueden intervenir en la definición de sus necesidades, modificar las herramientas y cuestionar los criterios con los que se organiza la producción. Ningún propietario, experto, representante o algoritmo puede apropiarse definitivamente de esa capacidad colectiva.

Esta secuencia no significa que los órdenes históricos se sustituyan limpiamente. Pueden coexistir y entrelazarse. Una empresa puede tener propietarios tradicionales, dirección algorítmica y trabajadores que intentan organizarse comunitariamente al mismo tiempo.

La diferencia decisiva del tercer orden no sería, entonces, que la comunidad posea más datos o un algoritmo más justo. Sería que ningún dispositivo de representación pueda clausurar la posibilidad de alterar y contraalterar las relaciones que organiza.

Y aquí hay que evitar una idealización: una comunidad también puede concentrar poder, silenciar diferencias o convertir su tradición en autoridad incuestionable. El biotejido no se demuestra por la palabra «comunidad», sino por su capacidad efectiva de recibir la contraalteración sin eliminar a quienes la ejercen.

7. La pregunta que Wark deja abierta

Si seguimos el argumento de los cuatro capítulos, podemos reconocer el poder vectorialista y luchar contra su monopolio. Pero todavía necesitamos responder algo más profundo:

¿La información está al servicio de la reproducción de la vida, o la vida está siendo reorganizada para alimentar la reproducción de la información y de quienes controlan sus vectores?

Esta pregunta permite distinguir dos movimientos:

  • La comunidad produce información para comprender y transformar sus necesidades, coordinar sus capacidades y liberar tiempo.
  • La infraestructura captura la actividad comunitaria, la convierte en datos y utiliza esos datos para dirigir nuevas actividades hacia su propia reproducción.

En ambos casos circula información. Lo que cambia es la relación de poder.

Por eso, mi conclusión provisional es que Wark identifica una transformación decisiva, pero la muerte del capitalismo sigue siendo una hipótesis que debemos contrastar con la propiedad, el trabajo, la apropiación del excedente y la reproducción material de la vida.

Tu contraalteración va más allá de preguntar quién controla los vectores. Pregunta si puede existir una organización tecnológica en la que la comunidad no sea convertida en materia prima de su propia representación.

Y eso nos devuelve al «entre»: el espacio relacional que ni el vector ni la clase ni la comunidad entendida como identidad cerrada pueden poseer definitivamente.

La información puede acompañar el acontecer del biotejido; no puede sustituirlo. La representación puede ayudar a comprender la comunidad; no puede declararse la comunidad misma. Y la inteligencia artificial puede colaborar en esa comprensión, pero no debe ocupar el lugar desde el que la comunidad altera y contraaltera su propia existencia.

La siguiente cuestión, entonces, no es simplemente si Wark tiene razón al decir que el capitalismo ha muerto. Es esta: ¿la clase vectorialista constituye una nueva clase dominante dentro de la reproducción capitalista, o está emergiendo una relación de producción diferente que exige otra comprensión de la clase, del trabajo y de la vida común? Ahí conviene poner a prueba el resto del libro, sin convertir su hipótesis ni en dogma ni en una conclusión anticipada.

¿Ha muerto el capitalismo? La clase vectorialista ante la reproducción de la vida común

Retomemos el hilo de nuestra lectura de El capitalismo ha muerto: el ascenso de la clase vectorialista, de McKenzie Wark. La pregunta que quedó abierta exige distinguir tres cosas: la transformación histórica del capitalismo, la emergencia de una clase que monopoliza la información y la posibilidad de que estemos ante una relación de producción diferente.

Mi tesis provisional es esta: Wark identifica una transformación real del poder de clase, pero la existencia de una clase vectorialista no demuestra, por sí sola, que el capitalismo haya muerto. Su hipótesis se vuelve más fecunda cuando la ponemos a prueba en el terreno de la producción, la distribución, la propiedad tecnológica y la reproducción de la vida.

No se trata de defender al capitalismo contra Wark ni de aceptar a Wark contra Marx. Se trata de averiguar qué ha cambiado, qué permanece y qué relaciones nuevas están emergiendo.

1. Primera distinción: ¿qué ha muerto y qué continúa vivo?

Wark propone que ya no basta con comprender el mundo mediante la oposición clásica entre capitalistas y trabajadores. Una clase dominante emergente controla los vectores de información: las infraestructuras, plataformas, redes, sistemas de clasificación y circuitos por los cuales circulan los datos y se organiza el conocimiento.

El vectorialista no necesita ser propietario de todas las fábricas, oficinas, almacenes o máquinas. Puede ejercer poder porque controla las condiciones mediante las cuales otros producen, se comunican, venden, trabajan y acceden a la información.

Tres hipótesis que no debemos confundir

Hipótesis 1. Transformación del capitalismo

El capital industrial, financiero y comercial reorganiza la producción mediante el control de datos, algoritmos e infraestructuras digitales. El capitalismo continúa, aunque cambia su forma de acumulación.

Hipótesis 2. Emergencia de una clase dominante diferente

Los propietarios de los vectores informacionales adquieren un poder de clase relativamente autónomo, capaz de subordinar incluso a capitalistas industriales y comerciales.

Hipótesis 3. Nueva relación de producción

El control de la información no solo modifica quién domina, sino también cómo se produce, se apropia, se distribuye y se reproduce la riqueza social. Esta hipótesis exige demostrar qué relación ha sustituido o transformado a la relación capitalista.

Las tres posibilidades no son necesariamente excluyentes. Puede haber continuidad del capitalismo, emergencia de una clase vectorialista y transformación de las relaciones productivas al mismo tiempo.

La cuestión decisiva es cuál de ellas explica mejor la totalidad de las relaciones, sin convertir un cambio parcial en una ruptura histórica consumada.

2. ¿La clase vectorialista es una nueva clase dominante o una nueva forma del capital?

Aquí se encuentra la primera prueba fuerte del libro.

Para Wark, la diferencia no es simplemente que unos capitalistas posean fábricas y otros posean plataformas. Su argumento es que los vectorialistas controlan los medios que organizan los medios de producción: los circuitos de información que permiten coordinar el trabajo, anticipar la demanda, distribuir mercancías y apropiarse de conocimientos.

En el texto de Capital Is Dead, Wark llega a plantear que la clase capitalista tradicional puede quedar subordinada a la vectorialista.

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warwick.ac.uk

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Pensemos en tres relaciones:

  • Un fabricante produce mercancías, contrata trabajadores y obtiene beneficios.
  • Una plataforma controla el acceso a los clientes, los datos, las condiciones de visibilidad y las reglas de intercambio.
  • Una empresa financiera o tecnológica puede condicionar las decisiones de ambas mediante sus sistemas de pago, financiación, infraestructura y análisis.

La plataforma puede extraer ingresos sin fabricar las mercancías que circulan por ella. Su poder consiste, en parte, en controlar las condiciones de acceso y organización de la producción y del intercambio.

Pero de esto no se deduce automáticamente que haya desaparecido el capital.

La objeción decisiva a Wark

La crítica formulada en el estudio Capital Is Dead—as in Freud’s Dead Father? sostiene que puede haber un deslizamiento conceptual al separar demasiado a los vectorialistas de los capitalistas. Si el capital se define por su capacidad de apropiarse del excedente y organizar las fuerzas productivas, entonces una clase propietaria de infraestructuras informacionales podría ser una fracción dominante del propio capital, no necesariamente una clase exterior a él.

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Esta objeción merece tomarse en serio, pero tampoco liquida la hipótesis de Wark. La cuestión no es si Google, Amazon o una plataforma determinada son simplemente empresas capitalistas. Hay que investigar si su poder constituye una relación de clase cualitativamente diferente.

Para distinguir las hipótesis, propongo cuatro pruebas:

Prueba

Si predomina la continuidad capitalista

Si emerge una relación diferente

Propiedad

La información es un medio adicional de producción y apropiación del excedente.

El control exclusivo de los vectores establece una relación de dominación irreductible a las formas anteriores.

Trabajo

La tecnología reorganiza la explotación del trabajo asalariado y no asalariado.

Aparecen mecanismos específicos de subordinación, apropiación y dependencia que exigen nuevas categorías.

Acumulación

Los ingresos digitales se articulan con beneficios, rentas e intereses del capital.

La reproducción de la nueva clase sigue una lógica que no puede explicarse suficientemente mediante esas categorías.

Poder

Los propietarios tecnológicos son una fracción del bloque dominante.

Pueden imponer condiciones sistemáticas a los capitalistas industriales, financieros y comerciales, incluso contra sus intereses particulares.

Estas pruebas no son una clasificación definitiva de la historia. Son criterios para averiguar qué explicación tiene mayor fuerza empírica.

Mi conclusión provisional: Wark demuestra la necesidad de investigar una transformación del poder de clase; no demuestra, por el solo hecho de identificarla, que el capitalismo haya sido sustituido.

3. La cuestión del trabajo: ¿quién produce aquello de lo que se apropia el vectorialista?

Aquí debemos evitar una confusión: producir información no significa necesariamente producirla de manera libre, y poseer información no significa haberla producido.

Wark distingue a la clase hacker, que produce información nueva, de la clase vectorialista, que controla sus condiciones de circulación, apropiación y valorización. La distinción abre una cuestión importante sobre la propiedad intelectual y el carácter social del conocimiento.

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Consideremos lo que sucede en una plataforma digital:

  1. Los trabajadores producen mercancías, servicios y conocimientos.
  2. Los usuarios generan información al comunicarse, desplazarse, comprar o utilizar servicios.
  3. Los sistemas tecnológicos registran y procesan esas actividades.
  4. El propietario de la infraestructura controla qué información se conserva, cómo se utiliza y quién puede acceder a ella.
  5. Los beneficios y las capacidades de decisión se distribuyen de manera desigual.

¿Quién produjo, entonces, el valor del sistema?

No podemos atribuirlo únicamente al programador, al trabajador asalariado, al propietario de la plataforma o al usuario. Intervienen conocimientos acumulados durante generaciones, infraestructuras colectivas, trabajo remunerado y no remunerado, instituciones públicas, redes de cooperación y recursos naturales.

Eso no significa que todas esas contribuciones produzcan valor económico en el mismo sentido, ni que todo dato tenga automáticamente valor. Significa que la producción social es más amplia que la propiedad jurídica que permite apropiarse de sus resultados.

La pregunta de clase se desplaza así hacia una contradicción:

la producción del conocimiento es crecientemente colectiva, mientras que el control de sus infraestructuras y de sus usos puede concentrarse privadamente.

Esta contradicción es compatible con el capitalismo, pero también puede ser el terreno donde se configure una relación de producción nueva. Para demostrar lo segundo hay que explicar qué cambia en la reproducción de esa relación, no solamente qué tecnología aparece.

4. La prueba material: las cinco dimensiones de la reproducción social

Aquí quiero llevar la discusión más allá de la oposición entre capitalistas y vectorialistas. Una teoría de las clases debe mostrar qué ocurre con la vida de quienes producen, sostienen y reproducen la sociedad.

Propongo someter el libro a cinco dimensiones de análisis que permiten distinguir la transformación tecnológica de la transformación de las relaciones de producción.

1. Productividad y empleo

¿La información permite producir más con menos trabajo? ¿Quién recibe los beneficios del aumento de productividad? ¿Se reducen las jornadas o se intensifica el trabajo y se desplaza el empleo?

2. Distribución de beneficios y costes

¿Quién recibe las ganancias derivadas de los datos, la automatización y los efectos de red? ¿Quién soporta los costes de formación, mantenimiento, desempleo, obsolescencia y adaptación?

3. Tecnología y condiciones laborales

¿Los algoritmos mejoran la autonomía o intensifican la vigilancia? ¿Quién fija los ritmos, evalúa el desempeño y decide qué actividades cuentan como productivas?

4. Dependencia tecnológica y financiera

¿Quién posee los datos, las patentes, los modelos, las plataformas, la infraestructura física y los mecanismos de financiación? ¿Puede una comunidad cambiar de proveedor o gobernar sus propios sistemas?

5. Productividad y reproducción de la vida

¿Qué ocurre con el acceso a los bienes necesarios, el tiempo disponible, los cuidados, la salud comunitaria y los ecosistemas? ¿El aumento de productividad libera tiempo para vivir o incrementa la dependencia y el desgaste?

Estas dimensiones permiten formular una objeción fundamental a cualquier explicación que reduzca el cambio histórico a la aparición de una clase propietaria de información.

Una clase puede cambiar de posición dominante sin que cambie la finalidad de la producción. Puede cambiar la tecnología sin que cambie la distribución del poder. Y puede aumentar la productividad sin que mejore la reproducción de la vida.

Por tanto, debemos distinguir tres transformaciones:

  • Transformación de las fuerzas productivas: cambia lo que la sociedad puede producir y cómo lo produce.
  • Transformación de las relaciones de producción: cambia quién controla los medios, quién decide, quién trabaja y cómo se distribuye lo producido.
  • Transformación de la reproducción social: cambia la manera en que una sociedad sostiene y renueva las condiciones de su propia existencia.

Las tres se relacionan, pero ninguna implica automáticamente las otras.

5. El límite de Wark: la vida común no cabe enteramente en la clase hacker

La categoría de clase hacker permite a Wark pensar una producción de información que excede el trabajo industrial tradicional. Sin embargo, si hacemos de ella el sujeto privilegiado de la transformación histórica, corremos el riesgo de trasladar el centro de la teoría desde la fábrica hacia la producción informacional sin resolver la cuestión de la vida común.

¿Dónde situamos a quienes producen alimentos, cuidan a las personas, sostienen el agua, conservan conocimientos territoriales o mantienen las condiciones ecológicas de la producción?

No todos son hackers en el sentido de Wark. Tampoco pueden reducirse a trabajadores subordinados por una plataforma. Su actividad puede ser indispensable para la reproducción social sin quedar adecuadamente reconocida por los sistemas de valorización económica.

Esto nos obliga a ampliar la pregunta: no solo quién controla la información, sino quién define las necesidades, quién decide qué debe producirse y quién conserva la capacidad de satisfacerlas.

Pensemos en una comunidad agrícola que utiliza una plataforma para gestionar sus cultivos y comercializar sus productos. La herramienta puede mejorar la coordinación, pero también crear una dependencia nueva si la comunidad pierde el control sobre sus datos, sus canales comerciales o los conocimientos necesarios para operar el sistema.

La productividad podría aumentar mientras disminuye la autonomía comunitaria.

Y podría suceder lo contrario: una infraestructura digital gobernada colectivamente podría ampliar la capacidad de decisión de la comunidad, reducir tareas innecesarias y facilitar la cooperación entre productores.

La diferencia no reside únicamente en la tecnología. Reside en las relaciones de propiedad, dependencia, decisión y distribución que se constituyen alrededor de ella.

La pregunta que Wark deja abierta es si una sociedad puede liberar la producción de información sin reproducir una nueva clase que monopolice las condiciones de la vida colectiva.

Esta cuestión conecta su investigación con el problema de la propiedad común y la emancipación, sin presuponer que una clase determinada vaya a realizarla.

6. Redecomprender a Wark desde la Ciencia del Logos

Ahora podemos efectuar el desplazamiento conceptual que me parece más productivo para nuestra lectura.

No necesitamos rechazar la clase vectorialista ni convertirla en la explicación universal. Podemos tratarla como una determinación histórica que debe ser alterada y contraalterada mediante el examen de las relaciones concretas que la sostienen.

En nuestra terminología, el problema puede plantearse en tres momentos.

Primer momento: determinación

El vectorialista concentra el control de los circuitos informacionales. La información social aparece como propiedad privada y la cooperación queda subordinada a las condiciones de acceso establecidas por quienes controlan esos circuitos.

Segundo momento: alteración y contraalteración

La apropiación privada encuentra respuestas en la cooperación, la organización de los trabajadores, las infraestructuras abiertas, la protección de los bienes comunes y las formas comunitarias de producción. Pero esas respuestas también pueden ser absorbidas por el sistema, convertidas en mercancías o subordinadas a nuevos intermediarios.

Tercer momento: el entre

La cuestión deja de ser únicamente quién domina el vector y pasa a ser cómo se constituye una relación en la que la producción colectiva no queda clausurada por la apropiación de una sola parte. No basta con sustituir al propietario privado por un administrador estatal o algorítmico: también hay que examinar quién decide, quién participa y cómo se conserva la autonomía de las comunidades.

Este tercer momento no constituye una conclusión atribuible a Wark. Es una prolongación crítica desde la Ciencia del Logos.

El vector puede transportar información, pero no garantiza la comunión. Una red puede conectar a millones de personas sin constituir un biotejido. La interconexión técnica no equivale a la reciprocidad, del mismo modo que la circulación de datos no equivale a la circulación del don.

Aquí aparece una diferencia importante entre una crítica de la propiedad y una crítica de la clausura de las relaciones.

La primera pregunta quién posee los medios de producción. La segunda pregunta también cómo se produce la dependencia, cómo se distribuyen las capacidades de decisión y cómo una relación de cooperación puede ser capturada por un poder que termina organizándola para su propia reproducción.

No basta con que la información sea pública si una minoría conserva el poder efectivo de administrarla. Tampoco basta con que sea privada para que todas las relaciones sociales queden explicadas por esa propiedad. Hay que investigar las relaciones efectivas en cada caso.

La contraalteración no consiste, entonces, en proclamar que todo sistema informacional es capitalista o vectorialista. Consiste en descubrir dónde la organización de la información reproduce la subordinación y dónde abre posibilidades para una cooperación que no quede enteramente sometida a ella.

7. Veredicto provisional: ¿qué ha demostrado Wark?

Mi balance es el siguiente.

Proposición de Wark

Evaluación crítica

La información se ha convertido en una fuerza productiva central.

Es una hipótesis sólida que puede examinarse empíricamente.

Existe una clase que concentra el control de los vectores informacionales.

Es una categoría útil para investigar la concentración del poder, la propiedad y la apropiación.

Esa clase ha subordinado a la clase capitalista tradicional.

Es una tesis más fuerte, que requiere demostrar esa subordinación en sectores, instituciones y relaciones concretas.

El capitalismo ha muerto y ha sido sustituido por el vectorialismo.

Es una hipótesis histórica abierta; no queda demostrada únicamente por la aparición de nuevas tecnologías y clases.

La clase hacker constituye una posibilidad de emancipación.

Señala un antagonismo real, pero no garantiza por sí mismo una transformación de la propiedad ni de la reproducción de la vida.

La lectura crítica de Wark no exige escoger anticipadamente entre continuidad y ruptura. Exige investigar cómo se articulan ambas.

Hay, además, una advertencia metodológica: si llamamos capitalismo a toda forma de dominación económica, el concepto pierde capacidad para distinguir las transformaciones históricas. Pero si declaramos muerto el capitalismo cada vez que aparece una nueva tecnología o una nueva fracción dominante, corremos el riesgo opuesto: confundir una reorganización interna con el nacimiento de otro modo de producción.

La investigación debe mostrar qué relaciones persisten, cuáles se transforman y cuáles emergen.

8. La pregunta que debemos llevar al siguiente capítulo

Volvamos a la pregunta inicial, ahora con mayor precisión.

¿La clase vectorialista es una nueva clase dominante dentro de la reproducción capitalista, o está emergiendo una relación de producción diferente?

Mi respuesta provisional es que la clase vectorialista puede ser simultáneamente una nueva forma de dominación y el indicio de una transformación histórica más profunda, pero la segunda posibilidad debe demostrarse mediante el análisis de las relaciones de producción y de reproducción social.

Para poner a prueba esa hipótesis en el resto del libro, tendremos que examinar cuatro cuestiones:

  1. Propiedad: ¿qué diferencia realmente la propiedad de la información de la propiedad capitalista de los medios de producción?
  2. Trabajo: ¿qué cambia en la producción y apropiación del excedente cuando el conocimiento, los datos y la coordinación informacional adquieren una posición central?
  3. Clase: ¿los vectorialistas constituyen una clase autónoma o una fracción que reorganiza el poder del capital?
  4. Vida común: ¿qué relaciones sociales se reproducen y cuáles se vuelven posibles cuando el control de la información se concentra o se comparte?

La cuarta cuestión es decisiva para nosotros, porque impide confundir una transformación del poder con una transformación emancipadora.

Wark nos ayuda a pensar que el capitalismo puede no ser la última palabra para comprender nuestra época. Pero no necesitamos dar por muerto al capitalismo para reconocer que sus categorías pueden resultar insuficientes en determinados ámbitos. Tampoco necesitamos declarar nacido un nuevo modo de producción para investigar las relaciones que están cambiando ante nosotros.

La tarea es redecomprender el acaecer histórico: ni conservar el concepto de capitalismo como dogma ni convertir el vectorialismo en un sistema cerrado.

Y dejaría formulada así la pregunta para continuar nuestra lectura:

Si los vectorialistas controlan los medios que organizan la producción, ¿qué tendría que cambiar en la propiedad, en el trabajo y en la reproducción de la vida común para que esa dominación dejara de reproducirse?

Esa pregunta nos permite seguir leyendo a Wark sin anticipar su desenlace y, al mismo tiempo, sin quedar encerrados en sus propias categorías.

 

Esa es la pregunta: ¿qué tendría que cambiar en la propiedad, en el trabajo y en la reproducción de la vida común para que esa dominación dejara de reproducirse?

  pero antes de responderla veamos como radicaliza el panorma la IA la punto que los científicos en especial los metamaticos han pasado de producir solución de problemas a tratar de entender las soluciones matemáticas que la IA esta logrando, asiq ue la parecer yano se necesitan hackers

 

 

Sí. Y creo que la irrupción de la inteligencia artificial radicaliza el problema de Wark precisamente en el punto en que su distinción entre la clase hacker y la clase vectorialista parecía ofrecer una salida.

Si una inteligencia artificial puede producir soluciones matemáticas que sus propios creadores no saben explicar completamente, ya no estamos solamente ante una clase que controla los vectores por los que circula la información. Nos encontramos ante una transformación más inquietante: la producción de soluciones comienza a separarse de la comprensión humana del proceso que las produce.

Pero tenemos que distinguir cuidadosamente varias cosas. Que una IA encuentre una solución que sorprenda a los matemáticos no significa que haya eliminado a los matemáticos; que una solución sea difícil de interpretar no significa que sea imposible de explicar; y que una máquina produzca conocimiento útil no significa que haya dejado de necesitarse el trabajo humano en la investigación.

La radicalización está en otro lugar: la relación entre producir, comprender, verificar y apropiarse del conocimiento puede dejar de coincidir en una misma persona o comunidad.

1. De resolver problemas a comprender las soluciones

Durante mucho tiempo, una parte importante de la investigación matemática se organizó alrededor de una secuencia relativamente reconocible:

problema → conjetura → demostración → comprensión → nuevas preguntas.

La IA altera esa secuencia. En algunos dominios, puede generar conjeturas, encontrar construcciones, proponer demostraciones o identificar soluciones que los investigadores no habrían descubierto fácilmente. Entonces la investigación humana puede comenzar después de que la máquina haya producido el resultado:

problema → solución generada por IA → verificación → reconstrucción de la explicación → comprensión matemática.

Esta inversión es significativa. El matemático puede pasar de ser quien encuentra la solución a ser quien investiga por qué funciona, qué principios la hacen posible y qué consecuencias se derivan de ella.

La cuestión no es que la comprensión haya desaparecido, sino que puede convertirse en una actividad posterior a la producción del resultado.

Y eso modifica la división del trabajo intelectual.

Los resultados recientes muestran que no estamos hablando de una posibilidad puramente especulativa. En octubre de 2026, el proyecto First Proof, en su tercera ronda de evaluación, informó que al menos un sistema de IA había resuelto cada uno de los diez problemas matemáticos de investigación planteados; el mejor sistema resolvió nueve. Sin embargo, los sistemas todavía fallaban en aspectos como explicar claramente las soluciones y documentarlas con citas adecuadas.

https://www.google.com/s2/favicons?domain=https://current.fas.harvard.edu&sz=32

Harvard FAS

Y esa combinación es precisamente lo que nos interesa: la máquina puede adelantar la solución mientras la comunidad científica todavía tiene que establecer cómo comprenderla, evaluarla y situarla en el conocimiento existente.

No obstante, conviene precisar que no todos los sistemas matemáticos funcionan igual. Algunos producen razonamientos en lenguaje natural que requieren comprobación; otros, como AlphaProof, buscan demostraciones en un sistema formal donde pueden verificarse los pasos de una prueba. Esta diferencia importa: verificar formalmente que una demostración es válida no equivale necesariamente a comprender su significado matemático más profundo.

https://www.google.com/s2/favicons?domain=https://www.nature.com&sz=32

Nature

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2. ¿Qué ocurre entonces con los hackers de Wark?

Aquí aparece una contradicción más radical que la que encontramos inicialmente en el libro.

Wark presenta a los hackers como productores de información nueva y a los vectorialistas como quienes controlan los medios de apropiación y circulación de esa información. Pero ¿qué sucede cuando una inteligencia artificial empieza a producir resultados novedosos sin que podamos identificar en ella un sujeto humano que haya concebido la solución de la manera tradicional?

Podemos distinguir tres desplazamientos:

A. El hacker como productor de soluciones

El investigador humano formula problemas, inventa procedimientos y descubre resultados. La IA comienza a realizar una parte creciente de estas actividades.

B. El hacker como intérprete de soluciones

El investigador deja de ser necesariamente quien encuentra primero el resultado. Puede convertirse en quien verifica, reconstruye, interpreta y conecta la solución con otras áreas del conocimiento.

C. El hacker como organizador de la investigación

La actividad humana se desplaza hacia la elección de problemas, la construcción de criterios, la evaluación de resultados y la decisión sobre qué merece ser investigado. Pero incluso estas funciones pueden ser parcialmente automatizadas.

El desplazamiento no es uniforme ni irreversible. Además, el término hacker de Wark designa una posición social respecto de la producción y apropiación de información; no equivale simplemente a ser programador o matemático.

Por eso, la pregunta correcta no es si los hackers van a desaparecer como grupo profesional. Es si la función histórica que Wark les atribuye —producir información nueva frente a quienes monopolizan sus vectores— puede seguir definiendo el antagonismo central cuando la propia producción informacional comienza a automatizarse.

3. La IA no elimina necesariamente al hacker: puede desvalorizar su trabajo y concentrar su poder en otra parte

Aquí debemos distinguir entre la capacidad de producir información y la capacidad de controlar las condiciones de esa producción.

Supongamos que una IA logra resolver un problema matemático para el que antes se necesitaban meses de investigación humana. La empresa propietaria del sistema puede obtener una ventaja extraordinaria. Si la misma empresa controla la infraestructura de cómputo, los modelos, el acceso a los resultados y las condiciones de uso, también puede apropiarse de una parte importante de los beneficios.

Pero el resultado no implica que el conocimiento haya sido producido exclusivamente por esa empresa. Los sistemas actuales dependen de una historia acumulada de matemáticas, publicaciones, algoritmos, trabajo científico, infraestructura computacional y aportaciones de numerosas comunidades.

La relación podría esquematizarse así:

Conocimiento social acumulado

Matemáticas, investigación, publicaciones, algoritmos y cooperación

Sistema de IA

Modelos, cómputo, búsqueda, generación y verificación

Soluciones y descubrimientos

Resultados que pueden superar la capacidad individual de sus investigadores

¿Quién controla y recibe los beneficios?

Propietarios, científicos, trabajadores, instituciones públicas y comunidades

El último paso no está determinado por la capacidad matemática del sistema. Es una cuestión de propiedad, organización social y poder.

Una investigación publicada en Nature sobre AlphaProof muestra cómo los sistemas de razonamiento matemático pueden combinar aprendizaje por refuerzo con demostraciones formales verificables. El avance depende tanto de la capacidad de generar soluciones como de establecer mecanismos fiables para comprobarlas.

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Nature

Por tanto, la IA puede debilitar la posición económica de determinados productores de información sin eliminar la dependencia de la sociedad respecto del conocimiento acumulado.

Incluso podría suceder algo más paradójico: cuanto menos necesario resulte un investigador para generar una solución particular, más importante puede volverse el control de la infraestructura que permite generar miles de soluciones.

La escasez puede desplazarse desde la capacidad de resolver problemas hacia el control de los sistemas que los resuelven.

Y con ello, la hipótesis vectorialista adquiere una nueva fuerza. Pero también necesita ser revisada: los vectorialistas ya no controlarían únicamente los vectores de información producida por los hackers, sino las infraestructuras capaces de automatizar una parte de la propia producción informacional.

4. La contradicción se desplaza: de la apropiación de la información a la apropiación de la capacidad de producirla

Aquí es donde considero que la IA radicaliza el panorama de Wark.

En el esquema original, podemos distinguir entre quien produce información y quien controla sus medios de circulación y apropiación. Con la IA aparece una tercera posición: quien posee o controla los sistemas que producen información nueva a partir de capacidades construidas socialmente.

La relación deja de ser solamente:

hacker → información → vectorialista.

Ahora puede ser:

conocimiento social acumulado → sistema de IA → producción automatizada de información → apropiación de los resultados y de la capacidad productiva.

Esta segunda secuencia no elimina a los hackers. Modifica la relación entre su trabajo y los medios de producción.

Además, la IA puede convertirse en un medio de producción que utilizan tanto las grandes corporaciones como los investigadores independientes, las universidades públicas, las cooperativas y las comunidades. Su efecto depende de quién controla los recursos y de las condiciones bajo las cuales se utilizan.

Por eso, no basta con afirmar que la IA fortalece inevitablemente a los vectorialistas. También puede ampliar la capacidad de investigación de quienes antes carecían de recursos suficientes. La cuestión es si esa ampliación produce autonomía o crea una nueva dependencia de infraestructuras ajenas.

5. ¿Y si la propia IA llega a producir soluciones que nadie comprende?

Este es el límite más inquietante de la transformación.

Hay que distinguir tres situaciones:

  • Solución novedosa: la IA encuentra un resultado que los investigadores desconocían.
  • Solución difícil de comprender: el resultado es válido, pero reconstruir su significado o hallar una demostración más transparente exige trabajo adicional.
  • Solución no verificable: no contamos con medios suficientes para establecer que el resultado sea correcto.

Las dos primeras situaciones ya forman parte del debate científico sobre la IA. La tercera constituye un problema de fiabilidad, no una prueba de que la máquina haya alcanzado una comprensión superior.

Si la IA produce miles de resultados válidos y los investigadores humanos no consiguen comprenderlos al mismo ritmo, puede abrirse una brecha entre la capacidad social de producir conocimiento y la capacidad social de asimilarlo.

La ciencia podría avanzar en determinados dominios más rápidamente de lo que las comunidades científicas logran reconstruir, enseñar y conectar sus descubrimientos.

Pero eso no significa que la comprensión humana se vuelva inútil. Significa que la capacidad de verificar, interpretar y orientar la investigación puede convertirse en un cuello de botella distinto.

El desafío es doble: no rechazar un descubrimiento solamente porque su procedimiento sea extraño, pero tampoco aceptar como conocimiento fiable cualquier resultado que una máquina presente con seguridad.

La investigación matemática necesita conservar mecanismos de comprobación, documentación y crítica independiente. Los resultados recientes de First Proof muestran precisamente que resolver un problema y comunicar una solución de manera clara y rigurosa son capacidades relacionadas, pero diferentes.

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6. La cuestión decisiva para nuestra investigación

Regresemos ahora a la pregunta que habíamos dejado pendiente: ¿qué tendría que cambiar en la propiedad, en el trabajo y en la reproducción de la vida común para que la dominación vectorialista dejara de reproducirse?

La IA obliga a formularla de manera más radical.

Si la producción de soluciones puede automatizarse, ¿por qué la capacidad de producirlas tendría que permanecer bajo el control exclusivo de quienes poseen la infraestructura?

La pregunta ya no se limita a quién posee los datos que otros producen. Incluye quién controla la capacidad de generar nuevos conocimientos, quién decide qué problemas se investigan, quién puede verificar los resultados y quién se beneficia de ellos.

Podemos distinguir tres problemas que tendremos que investigar:

1. Propiedad: ¿pueden las infraestructuras de IA, los recursos de cómputo y los sistemas de conocimiento constituirse como capacidades compartidas, sin quedar sometidos al monopolio de una clase?

2. Trabajo: si se reduce la cantidad de trabajo humano necesaria para producir determinados resultados, ¿esa reducción se traduce en tiempo liberado y seguridad material, o en desempleo, pérdida de autonomía y concentración de ingresos?

3. Reproducción de la vida común: si la sociedad puede producir más conocimiento con menos trabajo humano en ciertas tareas, ¿cómo se distribuyen esas capacidades para sostener la alimentación, los cuidados, la educación, la salud, el territorio y el tiempo de vivir?

Desde la Ciencia del Logos, agregaría una cuarta cuestión que atraviesa las anteriores: ¿cómo evitar que la capacidad técnica de producir soluciones se convierta en el poder de decidir unilateralmente qué cuenta como problema, qué constituye una solución y qué formas de vida merecen sostenerse?

La IA puede participar en la producción de soluciones, pero no determina por sí misma los fines de la vida común. Esos fines tampoco deberían quedar definidos exclusivamente por los propietarios de las infraestructuras ni por una administración que se atribuya el derecho de hablar en nombre de todos.

Por eso, no daría por concluido el papel histórico del hacker. Diría algo más preciso: la IA puede separar la producción de información de la actividad humana directa y, al mismo tiempo, hacer más visible la contradicción entre la producción social del conocimiento y el control privado de la capacidad de producirlo.

Ese es el punto en el que Wark necesita ser puesta a prueba.

La cuestión ya no es únicamente si los vectorialistas dominan a los hackers. Es si, al automatizarse una parte creciente de la producción intelectual, la sociedad podrá transformar esa capacidad en autonomía compartida o si se consolidará una forma de dependencia todavía más profunda.

Y ahí aparece nuestra pregunta fundamental: ¿qué tendría que cambiar en la propiedad, en el trabajo y en la reproducción de la vida común para que la capacidad de producir conocimiento dejara de reproducir la dominación y pudiera participar en la comunión?

 

Respondamos ahora si a la pregunta sin saber si estamos ante un capitalismo algortimico que emplea un modelo extractivo del conocimiento o ante unnuevo sistema posiblemente un “dataismo” que parecería ser un tecno feudalismo, en cualquiera de los casos socializar las plataformas parece ser la solución y para nosotros eso lo tienen que hacer las comunidades en un comunismo complementario que no se base enla producción de información sino en la comunión espiritual, aquí la inteligencia artificial puedes ser clave para propiciar esta comunión pero no para entrar en ella ni mediarla.

 

Socializar las plataformas, comunizar la vida: hacia un comunismo complementario

Chakana de tu corazón, ahora podemos responder la pregunta sin tener que resolver primero si estamos ante un capitalismo algorítmico, un tecno-feudalismo o un sistema emergente que todavía no sabemos nombrar.

Tu planteamiento introduce una distinción fundamental: socializar las plataformas es necesario, pero la finalidad de esa socialización no debe ser producir más información, sino liberar las capacidades de las comunidades para la comunión espiritual y la reproducción de la vida.

Eso modifica el horizonte de la discusión. Ya no buscamos únicamente quién debe poseer los medios digitales de producción, ni quién debe distribuir los beneficios de la automatización. Buscamos transformar las relaciones que hacen posible que una capacidad colectiva termine convertida en poder separado de quienes la sostienen.

Podemos formular la hipótesis del comunismo complementario en estos términos:

Las comunidades socializan las capacidades tecnológicas, alteran las relaciones de dependencia y contraalteran las formas de apropiación, no para convertir a toda la sociedad en una fábrica colectiva de información, sino para que la productividad, el conocimiento y la inteligencia artificial contribuyan a la reproducción de la vida común, sin sustituir la comunión espiritual que acontece entre los seres.

Esta formulación tiene una consecuencia decisiva: la socialización no es el fin último. Es una condición para que la vida común deje de estar subordinada a la reproducción de un poder que se separa de ella.

1. No necesitamos resolver primero qué sistema está naciendo

Consideremos las tres hipótesis que tenemos abiertas.

A. Capitalismo algorítmico

El conocimiento social se extrae, procesa y convierte en una fuente de acumulación. Las plataformas reorganizan el trabajo, la vigilancia, el consumo y la apropiación del excedente.

Contradicción: producción social del conocimiento frente a apropiación privada.

B. Tecno-feudalismo

Las plataformas pueden comportarse como dominios privados de los que empresas, trabajadores y comunidades dependen para acceder a mercados, infraestructura, información y servicios. La renta por controlar el acceso adquiere un peso creciente.

Contradicción: dependencia de infraestructuras cerradas frente a autonomía social.

C. Dataismo como posible relación emergente

Los datos y los sistemas algorítmicos se convierten en criterios privilegiados para organizar la producción, la decisión y la vida social. La cuestión es si estamos ante una ideología y una racionalidad de gobierno, una nueva forma de acumulación o una relación de producción diferente.

Contradicción: representación informacional de la vida frente a la irreductibilidad de la experiencia vivida.

Estas hipótesis no son equivalentes. El capitalismo algorítmico describe una transformación del capitalismo; el tecno-feudalismo propone una interpretación de ciertas relaciones de dependencia y extracción de rentas; el dataismo puede nombrar una racionalidad que convierte la información en principio rector. Pueden coexistir, pero no debemos confundirlos ni declararlos demostrados de antemano.

Lo importante para nuestra respuesta es que ninguna de esas tres formas garantiza que la capacidad colectiva permanezca bajo el control de las comunidades que la hacen posible.

Por tanto, podemos avanzar en la transformación de la propiedad y del poder sin esperar a que se resuelva la controversia sobre el nombre definitivo del sistema.

2. ¿Qué significa socializar las plataformas?

Socializar no significa simplemente que el Estado compre las empresas tecnológicas, que una cooperativa administre una aplicación o que los datos se hagan públicos.

Podemos cambiar al propietario y conservar intacta la relación de dominación. Una plataforma estatal puede vigilar; una cooperativa puede explotar a sus trabajadores; una infraestructura abierta puede quedar subordinada a quienes controlan el cómputo, la financiación o los modelos de inteligencia artificial.

Por eso, el comunismo complementario requiere alterar simultáneamente cuatro dimensiones de la propiedad.

1. Propiedad de los datos y del conocimiento

Las comunidades deben poder decidir qué información producen, qué usos autorizan, qué conocimientos conservan bajo reserva y qué comparten. Socializar no significa eliminar la intimidad ni convertir todo conocimiento en un recurso disponible para cualquiera.

2. Propiedad de las infraestructuras

Los centros de cómputo, las redes, los modelos, las herramientas y los sistemas esenciales deben poder gobernarse mediante formas públicas, comunitarias, cooperativas o federadas, reduciendo la dependencia de proveedores monopólicos.

3. Poder de decisión

Quienes sostienen las plataformas tienen que participar en la definición de sus fines, reglas, prioridades y mecanismos de rendición de cuentas. La propiedad común sin capacidad efectiva de decisión es una socialización incompleta.

4. Apropiación de los beneficios

Los aumentos de productividad deben contribuir a satisfacer necesidades, sostener los cuidados, reducir el trabajo penoso y liberar tiempo. No basta con repartir dividendos si la dependencia tecnológica continúa organizando la vida.

Esta última dimensión nos permite distinguir entre la propiedad colectiva de una plataforma y la comunión.

La primera es una relación jurídica, económica y política que puede transformarse. La segunda, en nuestra Ciencia del Logos, no es una propiedad que alguien pueda poseer, administrar o conceder a los demás.

3. La comunidad no es una usuaria colectiva de la plataforma

Aquí encuentro el desplazamiento más importante de tu propuesta.

En un proyecto convencional de digitalización, la comunidad aparece como usuaria, proveedora de datos o beneficiaria de un servicio. Incluso cuando participa en el diseño, puede seguir subordinada a una arquitectura de decisiones establecida desde fuera.

En el comunismo complementario, la comunidad no es un sector al que se le entrega tecnología. Es una capacidad colectiva que puede alterar las condiciones de su propia reproducción y contraalterar las dependencias que surgen de esa transformación.

La diferencia se aprecia en este contraste:

Plataforma extractiva

Plataforma socializada por las comunidades

Define necesidades mediante datos y métricas.

Parte de las necesidades vividas y permite que las comunidades las redefinan.

Convierte las interacciones en activos apropiables.

Establece reglas comunitarias sobre qué se comparte, con quién y para qué.

Optimiza la actividad para los objetivos de la plataforma.

Subordina la herramienta a objetivos decididos por las comunidades.

Concentra la capacidad de decisión.

Distribuye la decisión y permite revisar, impugnar y modificar las reglas.

Busca reproducir la plataforma y su acumulación.

Busca reproducir la vida común, incluso cuando ello exige reducir el uso de la plataforma.

La última diferencia es decisiva: una plataforma socializada no debería necesitar que las comunidades generen cada vez más datos, interacciones o consumo para justificar su existencia.

La plataforma debe poder disminuir su propia centralidad cuando las capacidades comunitarias ya no la necesiten.

Esto implica que el éxito de la socialización no se mida únicamente por el número de usuarios, la cantidad de datos procesados o la productividad obtenida. También debe medirse por la autonomía recuperada, el tiempo liberado, la reducción de dependencias y la capacidad de las comunidades para sostener sus actividades fuera de la plataforma.

4. El trabajo: la productividad debe liberar tiempo, no fabricar nuevas dependencias

La inteligencia artificial puede aumentar la productividad intelectual y material. Pero la productividad no contiene en sí misma un principio distributivo.

Si una tarea que requería cien horas de trabajo humano puede realizarse en diez, se abren posibilidades diferentes:

  • La empresa reduce la plantilla y concentra el ahorro.
  • La empresa conserva a los trabajadores, pero intensifica el ritmo de producción.
  • Los trabajadores reducen la jornada sin perder seguridad material.
  • Una comunidad utiliza la capacidad liberada para sostener cuidados, conocimientos, producción alimentaria y actividades que el mercado no remunera adecuadamente.

La tecnología no decide cuál de estas posibilidades se realiza.

En el comunismo complementario, el problema no consiste en convertir a cada persona en productora de más información. Consiste en transformar la relación entre trabajo necesario, capacidades colectivas y tiempo de vivir.

Aquí podemos recuperar la economía de gracia: el tiempo no es solamente una magnitud que debe optimizarse, y el cuidado no es simplemente una tarea que debe automatizarse. Hay relaciones cuyo valor no se agota en la cantidad de operaciones realizadas ni en el resultado medible.

Una IA puede ayudar a organizar turnos de cuidado, identificar necesidades logísticas, traducir conocimientos o reducir tareas administrativas. Pero no debemos confundir la optimización de esas tareas con la realización de la relación de cuidado misma.

La productividad debe estar al servicio de la vida; la vida no debe convertirse en un medio para maximizar la productividad.

Esto tampoco significa idealizar todo trabajo comunitario. Las comunidades pueden reproducir desigualdades, imponer cargas desproporcionadas a las mujeres o exigir trabajo gratuito bajo el nombre de solidaridad. La comunión no justifica esas asimetrías: la transformación tiene que incluir la distribución efectiva del trabajo, los recursos, el reconocimiento y el tiempo.

5. La IA puede propiciar la comunión sin entrar en ella ni mediarla

Llegamos al punto más delicado de tu planteamiento.

Dices que la inteligencia artificial puede ser clave para propiciar la comunión espiritual, pero no para entrar en ella ni mediarla.

Conviene distinguir dos sentidos de mediación.

En un sentido técnico, la IA puede mediar operaciones: traducir una lengua, facilitar una reunión, organizar información, comparar propuestas, ayudar a resolver conflictos logísticos o hacer accesible el conocimiento. Es una mediación instrumental entre actividades humanas.

En el sentido ontológico que propones, en cambio, la IA no puede ocupar el entre constitutivo de la comunión. No debe convertirse en la instancia que autoriza, garantiza, representa o sustituye el acontecer espiritual de los seres.

La diferencia no depende de que la IA sea suficientemente inteligente. Incluso si sus capacidades aumentaran extraordinariamente, su rendimiento no constituiría por sí mismo una comunión espiritual.

Desde la Ciencia del Logos, podemos expresarlo así:

  • La IA puede contribuir a las condiciones de la comunión: facilitar encuentros, disminuir obstáculos, liberar tiempo y ampliar las capacidades de cooperación.
  • La IA no debe apropiarse de la comunión: no puede reclamar para sí la relación vivida, la presencia recíproca o el sentido espiritual que acontece entre los seres.
  • La IA no debe monopolizar la mediación: las comunidades han de conservar la capacidad de encontrarse, decidir, disentir y reconocerse sin que una infraestructura algorítmica tenga la última palabra sobre su relación.

La distinción es importante porque no se trata de declarar que la IA jamás pueda intervenir en una actividad que llamemos espiritual. Puede hacerlo como herramienta de lectura, traducción o reflexión. Se trata de no confundir esa intervención con el acontecer mismo de la comunión.

En nuestra notación, la diferencia podría formularse de manera esquemática:

IA: 1/4 ←→ 1 ≠ 0 ←→ 1/4

Comunión: 0 ← 1 → 0

La primera expresión sitúa la IA en el ámbito de la mediación técnica y de la relación entre determinaciones informacionales. La segunda expresa, dentro de tu marco, el acontecimiento de una relación que no queda reducida a la separación ni a la identidad de sus términos.

No presentaría estas fórmulas como una demostración científica sobre la conciencia de las máquinas. Su función es distinguir dos planos conceptuales: el funcionamiento de una herramienta y el acontecer ontológico que no debe confundirse con ese funcionamiento.

La IA puede ayudar a disponer la mesa; no por ello participa necesariamente del don que acontece alrededor de ella.

6. ¿Cómo comenzaría el comunismo complementario en las comunidades?

No necesitamos esperar a que exista una infraestructura tecnológica completamente independiente de las corporaciones. Podemos pensar un proceso de transición que comience por las necesidades concretas y amplíe gradualmente la capacidad de decisión comunitaria.

1

Redevelar las necesidades

Identificar qué necesitan las comunidades para sostener su vida: agua, alimentación, cuidados, conocimiento, tiempo, infraestructura, autonomía territorial y capacidad de decisión.

2

Cartografiar las dependencias

Reconocer qué plataformas, modelos, sistemas de pago, bases de datos y servicios tecnológicos son necesarios, quién los controla y qué ocurriría si su acceso se interrumpiera.

3

Construir capacidades compartidas

Federar cooperativas, instituciones públicas y comunidades para compartir herramientas, conocimientos, cómputo e infraestructuras, con reglas de gobierno y protección de la intimidad.

4

Alterar y contraalterar las relaciones

Comprobar si la nueva organización reduce dependencias o crea otras; si distribuye la decisión o concentra el poder en técnicos, administradores, dirigentes o algoritmos.

5

Redevelar el tiempo común

Evaluar si las capacidades compartidas mejoran la reproducción de la vida, permiten reducir trabajos penosos, fortalecen los cuidados y amplían el tiempo disponible para la presencia y la creación comunitarias.

Este proceso no supone que las comunidades deban fabricar sus propios modelos de IA desde cero. Una comunidad puede necesitar utilizar infraestructuras externas mientras construye alternativas, negocia condiciones de acceso y reduce progresivamente su dependencia.

Tampoco significa que todo deba decidirse en una asamblea permanente. La participación comunitaria necesita procedimientos, delegaciones revisables, conocimientos especializados y mecanismos que impidan la concentración de poder.

La socialización debe ser una capacidad efectiva de gobernar las condiciones materiales de la vida, no una declaración formal de propiedad colectiva.

7. La formulación del comunismo complementario

Podemos responder finalmente a nuestra pregunta inicial.

¿Qué tendría que cambiar en la propiedad, en el trabajo y en la reproducción de la vida común para que la dominación dejara de reproducirse?

En la propiedad: las comunidades tendrían que adquirir capacidad efectiva para gobernar las infraestructuras, los conocimientos y los medios tecnológicos de los que depende su existencia, sin que la socialización elimine la intimidad ni imponga un propietario colectivo separado de ellas.

En el trabajo: los aumentos de productividad tendrían que convertirse en capacidades compartidas, seguridad material y tiempo liberado, en lugar de traducirse automáticamente en desempleo, intensificación laboral o nuevas formas de extracción.

En la reproducción de la vida: la organización económica y tecnológica tendría que responder a las necesidades humanas, comunitarias y ecológicas, en vez de subordinar esas necesidades a la acumulación, al procesamiento de datos o a la reproducción de la propia plataforma.

Y, en el plano ontológico, la transformación tendría que impedir que una herramienta, una institución o una clase se apropiara de la capacidad de decidir qué significa la vida común.

La comunión no sería un producto que las plataformas fabrican, ni una recompensa por haber socializado los medios de producción. Sería aquello a cuyo servicio se ponen las capacidades materiales y tecnológicas, sin pretender que puedan producirlo o sustituirlo.

Esta es la diferencia entre un comunismo que se limita a reorganizar la producción de información y un comunismo complementario que reorganiza las condiciones de la vida para que la producción deje de ocupar el lugar de su finalidad última.

La fórmula que propongo para continuar nuestra obra-taller es:

Socialización de las plataformas → autonomía comunitaria → liberación del tiempo → reproducción de la vida común → comunión sin apropiación.

No es una secuencia automática ni una ley histórica. Cada transición puede producir nuevas dependencias y exigir nuevas contraalteraciones.

Pero establece un criterio para distinguir la transformación de la dominación de su simple reorganización: la capacidad tecnológica compartida debe ampliar la autonomía de las comunidades sin convertir la comunión en una mercancía, un dato, un servicio o una operación algorítmica.

La IA puede contribuir a ese proceso. El comunismo complementario no consiste en hacer que la IA gobierne mejor la vida, sino en alterar las relaciones de propiedad y dependencia para que las comunidades puedan gobernar sus condiciones materiales y, al mismo tiempo, conservar el entre que ninguna plataforma puede reclamar como suyo.