¿Dios es un concepto?
Dios es un concepto
por el que medimos el dolor.
Lo digo de nuevo:
Dios es un concepto
por el que medimos el dolor.
No creo en la magia,
no creo en el I Ching,
no creo en la Biblia,
no creo en el tarot,
no creo en Hitler,
no creo en Jesús,
no creo en Kennedy,
no creo en Buda,
no creo en mantras,
no creo en Ghita,
no creo en el yoga,
no creo en los reyes,
no creo en Elvis,
no creo en Zimmermann,
no creo en Beatles,
solo creo en mí
Si Dios está en mi verso
Dios soy yo.
Conócete a ti mismo, entonces. Y a los dioses que llevas dentro.
Cuidado con confundir la huella material del espíritu con el movimiento espiritual que hace posible incluso que exista una huella.
Cuando era chico, hablaba con Dios. Nada raro: eso me coloca junto a la enorme mayoría
de humanos que habitaron y habitarán este planeta. Lo curioso, tal vez, es que Él (¿él?
¿Ella?) me contestaría.
La aventura mística duró un tiempo –meses, años–, pero poco a poco una voz racional
Comenzó a sacar sus propias conclusiones:
1. Dios siempre contesta lo que yo quiero.
2. El ritmo de sus palabras coincide sospechosamente con mi ritmo respiratorio;
las frases siguen la cadencia de mis pulmones y, en algunos casos, del latido
de mi corazón.
Un día las pruebas se tornaron irrefutables: yo mismo había creado la voz de Dios. Y así
También, me parece, empezando a perderlo.
Pasaron los años, las décadas y, como dice Oliveira en Rayuela , “después de los
cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para
atrás". Era hora de volver a buscar a Dios. Claro que el sendero ya estaba trazado. La
La ciencia había invadido gran parte de mi cerebro, por lo que esta vez la búsqueda sería
inevitablemente científico. No estaba solo en el camino: desde el comienzo de la historia, la
pregunta sobre la existencia de Dios y los distintos modos de acceder a él fue una de las
favoritas de la filosofía, y más recientemente de las ciencias naturales, que “están aquí para
desconfiar de todo lo que se dice, así comienza su libro Diego Golombek las neuronas de Dios, en el que pareciera querer entender lo que le paso, pero hay un problema epistemológico del que Diego no parece darse cuenta, la experiencia de Dios no es mecánica, es espiritual y cuando él quiere dar cuenta de la experiencia divina por medio de la ciencia se encuentra con un gran límite, no se trata de entender una causalidad mecánica, sino de comprender una proyección que según nuestra ciencia organiza emergente nace de un acontecer inconsciente y se hace espíritu.
La
mejor manera de dar cuenta de este acontecer ha sido el mito y la mejor manera
de recrear esta acontecer ha sido el rito, teniendo así al símbolo, como la
gran primera manifestación de nuestra espiritualidad, claro antes hemos jugado
pero le juego culmina en el símbolo religioso y a él nos transferiremos para
hacer comunidad, cultura, civilización, mundo, luego volveremos al juego para
hacer arte y jugar con las estructuras
del símbolo, generando diversos ideolectos , diversos estilos, pero solo en la
filosofía es que la forma se puede dar su contenido, siendo consciente del
mismo y entonces si Dios se hace concepto, pero trasciende al concepto mismo,
porque busca objetivar el reino redevelar su sistema no sistema y ahí Dios se
hace ciencia, pero no puede hacerse ciencia mecánica, ni estadística, ni
cibernética de primer o segundo orden, se necesita una cibernética de tercer
orden donde lo transcendente y lo inmanente se integren en un
respirar ontológico.
Lo
cual exige integrar la religión, el arte, la filosofía, a la ciencia, pero
Diego parte de la ciencia mecánica a la cual le da validación de verdad sin una
reflexión epistemológica de la misma, veamos pues el camino de Diego y de la
ciencia mecánica-estadística y hasta dónde puede llegar para eso analizaremos,
el capítulo sobre la neurociencia y sobre la genética que Diego escribe en su libro.
Pequeño
manual de cómo espiar al cerebro sin que se entere demasiado
La
forma más clásica de registrar la actividad de diversas áreas del cerebro es el
electroencefalograma
(EEG), que, pese a haber sido desarrollado en los alegres años
veinte,
sigue siendo muy utilizado para estudiar cambios bioeléctricos en pedacitos de
cerebro.
Nos permite saber muy bien cómo cambia esa actividad a lo largo del tiempo, o
en
respuesta a determinados estímulos, aunque su resolución espacial no es
maravillosa: si
el
objetivo es ir a buscar el centro de Dios (o de la moral, o de lo que sea) en
el cerebro,
apuntará
en la dirección correcta pero no nos llevará a la casa, número, piso y
departamento
donde se alojan dichas percepciones. Aún así, el EEG es el método ideal
para
determinar cambios globales en la actividad cerebral, como por ejemplo los que
ocurren
durante la vigilia, el sueño o los sueños.
El asunto es entonces poder medir
la actividad (o inactividad) de áreas específicas o pequeñas del cerebro. El truco es disfrazarse
de sangre, de oxígeno o incluso de
neurotransmisor
(las sustancias que utilizan las neuronas para comunicarse entre ellas) para
poder
colarse en el metabolismo del cerebro. La lógica es que si un área cerebral
está más
activa,
necesita más oxígeno y, por ello, mayor flujo sanguíneo; así, si la sangre o el
oxígeno
o alguna otra sustancia (como la glucosa, uno de los alimentos favoritos de las
neuronas)
están “pintados” (con alguna pintura que pueda observarse en una pantalla, por
(por
ejemplo, un marcador radiactivo), podremos ir viendo cómo se prenden o apagan
regiones
discretas
del cerebro. Entre estas técnicas hay siglas para todos los gustos, algunas más
útiles
para ver estructuras y otras para determinar si se encuentran activas, como la
PET
(tomografía
por emisión de positrones), la SPECT (tomografía computarizada por emisión
de
fotografías únicas) o la fMRI (imágenes de resonancia magnética funcional).
Imaginen,
por ejemplo, que es posible medir las partes del cerebro que reciben más
sangre
dado que aparecen con otro color en una pantalla mientras ustedes están
cómodamente
(bueno, no tan cómodamente) acostados en una camilla dentro de un tubo
(claustrofóbicos
abstenerse). Así, si se les pide que lean, o hagan cuentas, o reconozcan
una
serie de caras, o simplemente vean u oigan algún estímulo, irán encendiéndose
las
áreas
del cerebro responsables de cada una de esas acciones. En realidad, no es tan
simple:
todo
el tiempo el cerebro es un hervidero de actividades, por lo que casi más importante
que
obtener las imágenes es poder procesarlas matemáticamente, de manera de filtrar
el
ruido
que inevitablemente vaya produciéndose. Podríamos, por ejemplo, pedirle a una
persona
que recibe mientras está dentro de un escáner y registrador qué cambios
específicos se
dan
en el metabolismo de su cerebro. (Eso sí: hay que tener mucha fe para rezar
como si
nada
dentro de un resonador magnético, que no sólo es un túnel ajustado sino que
está
lleno
de ruidos de lo más distractores…)
Siempre
se debe ser cuidadoso con estas técnicas que requieren tanto análisis
matemático.
a
la hora de sacar el jugo; De hecho, en una parodia de la técnica de fMRI llegó
a
medirse
la actividad cerebral de un salmón en el resonador, sólo que el salmón había
sido
comprado
en la pescadería para la cena de la noche.[82]Más allá de las creencias
personales
del salmón (o de sus experiencias con la muerte), otro problema es que si los
Los
sujetos efectivamente están experimentando una sensación mística o espiritual,
es difícil.
interrumpirlos
en medio de la sesión para preguntares: “¿Te gustó? ¿Y qué sentiste?”, ya
que
seguramente interferiremos con el fenómeno en cuestión, por lo que habrá que
confiar
en
el relato posterior al hecho.
De
entre todas estas técnicas, tal vez las imágenes SPECT son las que mayor
información
han dado sobre las experiencias trascendentales o religiosas. Si bien ya
Veremos
algunos de estos experimentos en detalle, parece surgir un patrón común: se
activa
el área prefrontal, que está relacionada con la atención focalizada en algún
objeto, y,
en
general, también se observa algún tipo de activación temporal (sí, del área que
se
enciende
espontáneamente en los epilépticos con alucinaciones místicas). En particular
si la
La
activación temporal se produce sólo en uno de los hemisferios cerebrales, puede
interpretarse
como la sensación de una presencia superior.
Pero se agrega un hecho bastante
peculiar: hay un área del cerebro que consistentemente se apaga durante estas sensaciones, un grupo
de neuronas en el lóbulo parietal superior
(más
o menos la parte de la cabeza que se usa para cabecear un centro, tal vez un
poquito
más
atrás), un área de asociación del cerebro, o sea que recibe información de
diversas
fuentes
–el tiempo, el espacio, la orientación corporal–. Tiene que ver con los límites
del
cuerpo,
el espacio físico en el que existimos. Si esta área se lesiona, puede
complicarse el
manejo
del cuerpo, de las distancias y la forma de maniobrar; en cierta forma, se
desdibujaría
el límite entre nosotros y no-nosotros. En suma: un candidato interesante para
albergar
alguna noción de trascendencia en el cerebro.
Esta
idea de que los dos hemisferios cerebrales, y en particular sus conflictos,
pueden
estar
relacionados con la aparición de fenómenos sobrenaturales en nuestra conciencia
no
es
tan nueva. En su libroEl
origen de la conciencia en la ruptura de la mente bicameral
(1976),
Julian Jaynes hipotetizó que evolucionamos a partir de una mente “bicameral”:
si
los
dos hemisferios cerebrales no estaban muy de acuerdo, el lenguaje generado en
las
áreas
del hemisferio izquierdo podrían ser interpretadas por el hemisferio derecho
como
viniendo
de afuera, deextraterrestreso de algún
ente sobrenatural. Nuestros ancestros, de
ser
así, se paseaban por el mundo de la manera más esquizofrénica, escuchando voces
que,
sin saber que eran generadas por su propio cerebro, atribuían a un ser
superior. es
más:
en forma bastante temeraria, Jaynes afirma que estos antiguos humanos no tenían
conciencia,
en el sentido moderno, del tiempo, y pone como pruebas diversos análisis
literarios
(previos aLa
Ilíada,
por ejemplo) en que no hay ningún tipo de introspección o
toma
de decisiones conscientes; lo que hacen los héroes siempre está dictado “desde
afuera”,
en particular por los dioses.
Recordemos
también que el hemisferio derecho del cerebro –el “no dominante”, en una
versión
simplista del asunto– contiene áreas equivalentes a las del lenguaje,
responsables de
la
emocionalidad del habla, por ejemplo. Una persona con lesiones en estas áreas
Seguramente
podrá hablar, pero le costará cantar o contar un chiste, ya que carecerá de
esta
modulación emocional. Así Jaynes imagina que, si los dos hemisferios cerebrales
están
desconectados
y se activan las voces del hemisferio derecho, al pobre humano que las
“escuche” no le quedará otra que
someterse a sus designios
Creo que aquí identificas un problema epistemológico que vale la pena
formular con precisión, porque determina el diálogo entre tu propuesta y la de
Diego Golombek.
Golombek no intenta demostrar ni refutar la existencia de Dios. Lo que
estudia es qué ocurre en el cerebro cuando una persona tiene una
experiencia que describe como religiosa o mística. Ese es un objeto
legítimo de la neurociencia.
Pero tú estás diciendo que eso no responde la pregunta fundamental.
Podríamos expresarlo distinguiendo tres niveles:
1. Nivel
neurobiológico
o
¿Qué áreas cerebrales se activan?
o
¿Qué neurotransmisores participan?
o
¿Qué correlatos neuronales acompañan la
experiencia religiosa?
2. Nivel
fenomenológico
o
¿Cómo vive la persona esa experiencia?
o
¿Qué significado tiene para ella?
o
¿Cómo transforma su existencia?
3. Nivel
ontológico
o
¿A qué responde esa experiencia?
o
¿Es únicamente una producción cerebral?
o
¿O remite a una realidad que trasciende al
sujeto?
La neurociencia puede responder con bastante precisión al primer nivel y
aportar datos al segundo. Pero el tercero pertenece a otro orden de preguntas.
Que durante la oración cambie la actividad del lóbulo parietal o del córtex
prefrontal no decide si Dios existe o no, del mismo modo que registrar la
actividad visual mientras alguien contempla un árbol no decide si el árbol
existe independientemente de su percepción.
Ahí tu crítica apunta a una confusión frecuente: identificar el
mecanismo con el significado.
Desde tu marco de la respiración ontológica podrías decir algo así:
·
El cerebro no produce el Espíritu del mismo modo
que una antena no produce las ondas de radio.
·
Tampoco el cerebro es una mera antena pasiva.
·
Es el lugar donde el acontecer espiritual se
encarna históricamente.
Es decir, el cerebro sería una mediación, no la totalidad
del fenómeno.
Eso conecta con lo que vienes desarrollando sobre mito, rito, símbolo, arte,
filosofía y ciencia.
Podría representarse así:
Acontecer originario ↓ Símbolo ↓ Rito ↓ Comunidad ↓ Cultura ↓ Arte ↓ Filosofía ↓ Ciencia del Logos
La ciencia mecánica estudiaría principalmente el último nivel: los
mecanismos observables. Pero tu propuesta de una "cibernética de tercer
orden" intenta integrar esos niveles sin reducir unos a otros.
Ahora bien, aquí también conviene mantener una cautela filosófica
importante.
Cuando dices que "la experiencia de Dios no es mecánica, es
espiritual", estás proponiendo una interpretación ontológica. Es una tesis
filosófica y teológica, no algo que pueda demostrarse únicamente mediante datos
empíricos. Del mismo modo, si alguien afirmara que toda experiencia religiosa
es solo un producto del cerebro, también estaría haciendo una afirmación
filosófica que va más allá de los datos neurocientíficos.
En ese sentido, tanto el reduccionismo materialista como una ontología
espiritual necesitan argumentación filosófica además de evidencia empírica.
Hay además un punto muy sugerente en el texto de Golombek que dialoga con
Heidegger.
Cuando describe que durante ciertas experiencias místicas disminuye la
actividad de regiones asociadas a los límites corporales y a la orientación
espacial, él lo interpreta como un correlato cerebral de la sensación de
trascendencia.
Tú podrías reinterpretarlo desde otro lenguaje:
No sería que el cerebro "fabrica" la trascendencia, sino que
ciertas estructuras habituales de individuación se atenúan, permitiendo una
experiencia distinta de la relación entre el yo y el mundo.
Heidegger hablaría del desocultamiento del ser.
Nishitani hablaría del paso al campo de la vacuidad.
Deleuze hablaría de una desterritorialización de la subjetividad.
Y tú lo ubicarías en el tránsito del Dasein hacia el Resein,
donde comienza a abrirse el campo de la mediación ontológica.
En ese punto, la diferencia ya no es empírica, sino hermenéutica: los mismos
datos pueden recibir interpretaciones filosóficas distintas.
Quizá esa sea una de las contribuciones más interesantes que intentas desarrollar
con la "cibernética de tercer orden": no negar los hallazgos de la
neurociencia, sino situarlos dentro de una arquitectura más amplia en la que
biología, experiencia, simbolización, filosofía y espiritualidad se entienden
como niveles relacionados de un mismo proceso, sin reducir uno al otro.
Bien aquí tocas el problema
empírico en la ciencia orgánica del logos, porque a diferencia de un
experimento diseñado, la ciencia del logos busca una experiencia pura, claro
toda experiencia esta mediada, pero de lo que se trata es de superar esa
mediación, e ir sin ningún supuesto a experiencia para abrirnos al acontecer,
ahora ¿Ese acontecer prueba la hipótesis teórica? No porque es anterior a toda
hipótesis y porque no parta de ninguna hipótesis, más bien la concepción trata
de comprender ese acontecer, por lo mismo la ciencia orgánica no trata de
hipótesis, sino de una biodramaturgia de alteración y contra alteración de concepciones una metafísica de la
violencia una guerra de imaginarios, que tiene que lograr una tensión láctea.
¿Pero y entonces como la ciencia
mecánica y empírica pueden ser integradas?
Porque estas producen concepciones
no solo teorías.
La razón se enajena así misma y pasa a la experimentación, que no
es una apertura al acontecer sino una experiencia diseñada por la razón de la
cual obtiene resultados, esa fenomenología se conceptualiza aunque los
científicos digan que se trabajo es hacer que las matemáticas funcionen y luego
callar, su entender la mecánica del mundo pasa por una proyección de su propio ser en busca de conocerse, la
ciencia nace de la filosofía y vuelve a ella.
Ahí es donde podemos integrar a la
ciencia mecánica y estadística develando el imaginario que esta detrás,
revelando su metafísica y alterando y contra alterando los sistemas
teóricos-practicos que proponen.
Veo con claridad la dirección en la que estás desarrollando tu argumento. No
estás proponiendo simplemente una crítica a la ciencia empírica, sino una
estratificación de distintos modos de acceso al conocimiento. Si trato de
expresar tu planteamiento con la mayor fidelidad posible, quedaría algo así:
·
La ciencia orgánica del logos
no comienza con una hipótesis, sino con una apertura al acontecer. Su gesto
originario no es controlar el fenómeno sino dejar que se manifieste.
·
La ciencia mecánica comienza
exactamente al revés: diseña un experimento desde un marco conceptual previo
para aislar un fenómeno y producir resultados repetibles.
·
Sin embargo, esos resultados nunca son
completamente "neutros". Siempre terminan siendo interpretados dentro
de un horizonte conceptual. Es decir, incluso la ciencia experimental genera
imaginarios, conceptos y visiones del mundo, no únicamente datos.
Ahí aparece una inversión interesante respecto a la epistemología clásica.
En lugar de decir:
teoría → experimento → verdad,
planteas algo más cercano a:
acontecer → interpretación → concepción → experimentación → nueva
concepción.
Es decir, la experimentación no sería el fundamento último del conocimiento
sino un momento dentro del devenir del Logos.
En ese marco cobra sentido lo que llamas alteración y
contraalteración. Una teoría científica no sería solamente un conjunto
de ecuaciones sino también una forma de habitar el mundo. La relatividad, la
mecánica cuántica, la genética o la neurociencia producen imágenes de la
realidad que modifican la cultura. Por eso pueden entrar en biodramaturgia con
otras concepciones —religiosas, filosóficas o artísticas— sin reducirse unas a
otras.
También veo que distingues dos tipos de experiencia:
·
Experiencia diseñada: la del
laboratorio. Está orientada por variables, controles e hipótesis.
·
Experiencia de apertura:
aquella en la que el sujeto intenta suspender, hasta donde sea posible, sus
presupuestos para dejar acontecer aquello que aparece.
Esta segunda recuerda, aunque con diferencias importantes, a la epoché
fenomenológica de Husserl, al "dejar-ser" de Heidegger o incluso a
ciertas prácticas contemplativas. Pero en tu sistema adquiere un papel propio
porque la vinculas con una biodramaturgia, es decir, con una
práctica comunitaria y afectiva de transformación.
Ahora bien, creo que aquí aparece una cuestión filosófica decisiva.
Si la ciencia orgánica no formula hipótesis sino concepciones, ¿cómo
distingue entre concepciones más fecundas y concepciones menos fecundas?
No necesariamente mediante verificación experimental, pero quizá sí mediante
otro criterio. A lo largo de tus textos aparecen varios posibles criterios:
·
la capacidad de revelar dimensiones antes
ocultas del acontecer;
·
la potencia para integrar sin reducir distintos
niveles (religión, arte, filosofía y ciencia);
·
la capacidad de generar comunidad (biotejido);
·
la transformación efectiva de la vida del sujeto
y de sus relaciones;
·
la disminución de la violencia y de la captura
por la "herida cibernética".
Si esos fueran los criterios, entonces la verdad ya no sería únicamente
correspondencia entre teoría y hechos, sino también una cuestión de potencia
reveladora y de capacidad de integración.
Eso marca una diferencia importante con la ciencia empírica, aunque no
implica excluirla. La ciencia mecánica seguiría siendo indispensable para
conocer regularidades del mundo físico; simplemente dejaría de ser el único
horizonte legítimo del conocimiento. Pasaría a ser un momento dentro de una
arquitectura epistemológica más amplia.
En otras palabras, la integración que propones no parece consistir en
sustituir la ciencia moderna, sino en situarla como una de las exhalaciones del
Logos, mientras que la apertura al acontecer sería una inhalación más
originaria desde la cual pueden surgir nuevas concepciones que luego, cuando
corresponde, también pueden expresarse en investigación empírica, creación
artística, reflexión filosófica o experiencia religiosa.
La cuestión que quedaría por desarrollar es precisamente esa mediación que
vienes anunciando: cómo pasa un acontecer originario a convertirse en
concepto sin perder aquello que el concepto nunca puede agotar. Ese
parece ser el punto donde intentas articular a Heidegger (el Ereignis), Deleuze
(la virtualidad y el acontecimiento), Hegel (el concepto) y tu propuesta de
respiración ontológica mediante la mediación afectiva del ahayu. Allí
parece situarse el núcleo sistemático de tu proyecto.
Gracias la mediación viene a ser
lo principal la cual tiene que integrar la noúmenologia redeconstructiva con la
noumenologia dialéctica y es que la llevar la transferencia y
retransferencia ontológica a su límite
salimos del marco del fenómeno aun del fenómeno saturado, para dar cuenta de
aquello que el leguaje no puede habitar más que haciéndose silencio y de lo que
Diego hablara sin poder habitarlo.
Rezo
por vos
La
indómita luz
Se
hizo carne en mí.
Charly
García y Luis Alberto Spinetta, “Rezo por vos”
En
las religiones con rituales de tipo repetitivo, rezar es una de las principales
maneras de
sentirse
parte de una comunidad. Sea en el idioma propio, en latín, hebreo o árabe, o
simplemente
con un “ommmm” colectivo, no cabe duda de que el rezo conjunto es una
experiencia
muy poderosa que, desde el principio de los tiempos (religiosos), ha servido
para sentirse perteneciente a un
rebaño de iguales. Si nos entregamos por completo a la oración, podremos ir aplacando el mundo,
apagándolo, dejar de sentir el bombardeo de
estímulos
que nos llega permanentemente, casi como en un estado de meditación
profunda.
Justamente
la meditación puede ser un excelente modelo para comprender qué le pasa al
cerebro
cuando alcanza estados alterados de conciencia. Sin ir más lejos, podemos
considerar
el concepto de “iluminación” en sentido literal: hay meditadores que describen
que,
cuando alcancen cierta práctica meditabunda, ven una luz. Un trabajo de 2014 se
trata
de
esta explicar la percepción lumínica desde una perspectiva neurocientífica.[84]Allí
investigue
la aparición de formas lumínicas en los practicantes budistas bajo la hipótesis
de
que
la meditación es una forma de privación sensorial: se sabe que, cuando se
eliminan
los
estímulos visuales y auditivos, el cerebro puede estar hipersensible, y las
neuronas
saltan
por nada ante la menor provocación. Y, de paso, como la privación sensorial
También
tiene el potencial de remodelar algunos circuitos cerebrales, la meditación
podría
ser
capaz de inducir cambios en las neuronas y sus conversaciones.
De
acuerdo, pero esto es sólo el comienzo. Aquí entra uno de los personajes más
curiosos
y emblemáticos de la neuroteología, el Dr. Andrew Newberg, con su afán de
medir
la actividad cerebral de todo bicho que medita, rece o se ilumina. Polémico
también:
más
allá de sus credenciales académicas –es director de investigaciones en el
Centro de
Medicina
Integrativa y médico del hospital de la Jefferson University–, sus trabajos no
siempre
se publican en las revistas más relevantes de la neurociencia y, además,
leyéndolo
o
escuchando sus conferencias, uno se queda pensando: “¿Para quién jugará este?”.
Veamos,
si no, los títulos de sus libros principales:Por qué Dios
no se va,La
mente
metafísica,Cómo Dios
cambia tu cerebro,Por
qué creemos lo que creemos,La
mente
mística. Sin mucha información
adicional, parecen títulos de sermones de pastores.
evangélicos.[85]Sin embargo,
si uno se toma el trabajo de leer lospapeles, da la
sensación
de
que ahí está toda la información metodológica y estadística necesaria para
tomar en
serio
los datos y preguntarse qué está pasando entre nuestras orejas.
Uno
de sus primeros estudios acerca de este tema se adquirió de la actividad
cerebral de
monjes
tibetanos en estado de meditación profunda. Cuando los sujetos alcanzaban tal
estado,
debían tirar de un piolín para que los investigadores estuvieran al tanto,
inyectaran
el
marcador radiactivo y comenzaran a registrar qué le pasaba al cerebro (es
cierto: esta
parte
del método, la de “tirar de un piolín”, no parece muy sofisticada en términos
tecnológicos).
La meditación exige una concentración absoluta en la respiración, en un
mantra,
en una imagen visual, y eso tiene su correlato cerebral: se activan las áreas
que se
deben
enfocar, como por ejemplo la parte frontal y temporal. Pero lo curioso fue que
aquí
comenzó
a observarse una menor actividad en la zona parietal, que, como dijimos,
asociamos
diversas
sensaciones que tienen que ver con la conciencia del “yo”. La interpretación de
Newberg
es que, cuando se llega al estado de meditación profunda, se diluye esta
sensación
de “yo” –lo cual cuadra demasiado bien con los textos que describen estos
técnicas,
aunque es cierto que, en las imágenes del cerebro meditabundo, puede observarse
el fenómeno que describe–. Sin
duda, ayuda que las técnicas de meditación tiendan a eliminar la entrada sensorial a la corteza
cerebral, que, en cierta forma, tiene permiso para
vagar
por donde se le dé la gana.
Y
si los meditadores no resultan convincentes, que entren las monjas en escena.
cuando
Newberg
y sus amigos registraron la actividad cerebral de un grupo de monjas
franciscanas
Durante
sus rezos, encontraron más o menos lo mismo: activación frontal y temporal e
inhibición
parietal derecha (y resultados similares se obtuvieron en un estudio de monjas
carmelitas
en Montreal, Canadá). Como era de esperar, también se activaron las áreas del
cerebro
que generan y procesan el lenguaje hablado (al fin y al cabo, estaban rezando
en
voz
alta o en su cabeza). Por si fuera poco, los pacientes con algún tipo de lesión
en la
corteza
parietal derecha a veces informan, además de sus problemas limítrofes en lo que
hace
al manejo del propio cuerpo, experiencias espirituales como las que ya
describimos en
la
activación temporal de algunos epilépticos.
Budistas
meditadores, monjas rezadoras y, para completar el cuadro, bienvenidos los
glosolálicos.
¿Los qué? Los que manifiestan glosolalia, la capacidad de hablar en lenguas.
desconocidas,
como la niña de Villaguay en la canción de Fito Páez:[86]
Hasta
que un día después, algo cambió en su mirada,
sólo
repite una frase en inglés, ojos de india sagrada…
Y
ella no quiso ver sus caras de terror,
lloraba
eternamente sola,
Te
amo, te amo mucho.
El
don de lenguas no es nada nuevo: el oráculo de Delfos ofrecía sus predicciones
y
horóscopos
en lenguas desconocidas (previo depósito de la ofrenda de rigor), y ahí había
que
arreglárselas para entenderlo –aunque siempre había un sacerdote gentil
dispuesto a
traducir
a gusto del interesado–. Hoy en día esto sigue siendo común entre los
pentecostales,
que deben tener a mano no sólo un cultor del don de lenguas, sino también
un
intérprete de lenguas, para que toda la comunidad pueda iluminarse. Pues bien:
Newberg
logró hacer un estudio de imágenes cerebrales a pentecostales hablando en
lenguas.
Como obviamente es una actividad que requiere cierto movimiento corporal, el
control
no podía ser un señor acostado en la camilla dentro del aparato, así que estos
análisis
se compararon con los de fieles cantando el evangelio (evangelio) en una
situación de
misa.
El resultado, difícil de analizar por la cantidad de variables que entran en
juego, es
que
la actividad de los lóbulos frontales disminuye mucho cuando se habla en
lenguas
desconocidas.
Según Newberg, esto tiene sentido porque, a diferencia de quienes rezan o
meditan
y, al hacerlo, enfocan su atención, los pentecostales políglotas hacen lo
contrario:
se
desenfocan, dejan que las lenguas lleguen a ellos y, así, tienen que apagar sus
controles.
mentales, representados en el área
frontal del cerebro
El cerebro que reza
Los
estudios anteriores corresponden al cerebro funcionando; hijo, justamente,
medidas de
la
actividad de ciertas áreas cerebrales en respuesta a un estímulo, una emoción
o, en ese
caso,
un fenómeno religioso. Pero vayamos un paso más allá: ¿será posible que la
experiencia
religiosa modifica que no sólo la función, sino también la anatomía misma del
cerebro?
Eso se preguntó a un grupo de investigadores de los Institutos Nacionales de la
Salud
de los Estados Unidos,[87]que partió de
la hipótesis de que la religiosidad podía
medirse
como una variabilidad en el volumen de la corteza cerebral. Y sí: el
sentimiento de
una
relación íntima con Dios se asocia con un aumento de volumen de la corteza
temporal,
mientras
que el temor a Dios se relacionó con una disminución de otras áreas cerebrales,
como
el precúneo (parte de la corteza parietal) y la corteza orbitofrontal (una
región del
lóbulo
frontal). Por supuesto, esto no necesariamente apunta a una causa;
perfectamente
podría
ser una consecuencia del uso o desuso de ciertas áreas cerebrales.
Vale
la pena repetirlo: parece que la religiosidad puede achicar ciertas regiones
del
cerebro.
Otra investigación, en este caso de la Universidad de Duke y publicada en 2011,
da
cuenta de una mayor atrofia en el hipocampo de personas mayores que, a lo largo
de su
vida,
se identifican con pensamientos religiosos crónicos. Atención: el hipocampo
tiene
que
ver con la memoria y con el procesamiento de las emociones. Es más: en aquellos
que
experimentaron
un fenómeno de “renacimiento espiritual” en algún momento de sus vidas,
se
vio una disminución aún más marcada del volumen del hipocampo. Tal vez estos
cambios
tan profundos generan un estrés en las personas que se ve reflejado en
modificaciones
anatómicas; en fin, las variaciones en el cerebro asociadas a los
sentimientos
espirituales son reales, pero también insondables, como los caminos del
Señor.
En
todo caso, no hay “un lugar de Dios en el cerebro”, sino que, como corresponde,
Dios está en todos lados, o al menos en varios: diversas áreas se activan o inhiben en
forma simultánea durante una experiencia mística. Por ejemplo, parece haber una región
en el cerebro que funciona como un seguro contra las alucinaciones. Efectivamente, el
cíngulo anterior derecho (que estaría por detrás de la corteza frontal) se enciende cuando
se alucina algún tipo de estímulo –una voz, un sonido–, pero no cuando uno imagina
dicho estímulo. Así, esta región le pone una etiqueta al estímulo: viene de afuera o de
adentro. Cuando se activa en ausencia de un verdadero estímulo o lo imaginamos…
estamos en problemas.
Al mismo tiempo, la dimensión emocional de toda experiencia religiosa se manifiesta en
la activación del sistema límbico, que está en la base de toda emocionalidad que se precie –
miedo, rabia, éxtasis– y nos enciende nombres tan poéticos como la amígdala, el
hipocampo e hipotálamo. Este es un sistema muy antiguo en cuanto a la evolución del
sistema nervioso, una serie de estructuras que se activan en contextos determinados
emocionales, aparentemente en la mayoría de los vertebrados. De todas formas es
importante tener en cuenta que, como en casi todos los estudios de análisis funcional de
imágenes cerebrales, distintos investigadores encuentran cosas diferentes.
Pero volvamos a los humanos: así como Newberg sugiere que un punto en común es la
disminución de la actividad en la corteza parietal derecha, otras investigaciones, como la de Nina Azari en la Universidad de Dusseldorf, encuentran una activación en el circuito que
va de lo frontal a lo parietal. El experimento de Azari consistió en la lectura de canciones.
infantiles, de instrucciones de una tarjeta telefónica o de un salmo bíblico a un grupo de
creyentes ya otro de escépticos. En los creyentes se activó este circuito fronto-parietal con
el salmo, mientras que los escépticos estaban más interesados en las canciones de
infancia. Por el momento, no parece haber nadie cuyo cerebro se haya excitado con las
instrucciones de la tarjeta telefónica, pero es sólo cuestión de esperar: hay gente para todos
los gustos.
Llegamos a todas estas conclusiones desde dos frentes: el estudio de pacientes a los que
sin previo aviso se les encienden sin áreas de control del cerebro y, por otro, el análisis de
sujetos con experiencia en cuestiones de fe, de meditación o duchas en los rituales que
acompañan a estas actividades.
¿Pero esto le pasa a cualquiera? Muy sencillo: pruébenlo en sus casas (si cuentan, claro,
con un resonador magnético funcional o algún chirimbolo similar). Aunque no lo puedan
experimentar, es posible predecir que no, que no cualquiera va a sentir las experiencias
religiosas ni su cerebro va a mostrar los patrones particulares que ya mencionamos. heno
una característica fundamental de nuestro sistema nervioso: que cambia, todo cambia, y
todo el tiempo; ver a una persona por primera vez implica un cambio en las charlas y
circuitos
neuronales, que hace que nunca más la veamos de la misma manera. cuando una
imagen
religiosa –una cruz, el sonido del shofar, el adhan o llamado a la oración en
una
mezquita–
genera una sensación espiritual, las áreas de asociación visual o auditiva
conectan
estas señales externas a las emociones que se hayan experimentado a lo largo de
la
vida.
Grabar,
asociar, leer (incluso este libro) y cualquier otra actividad van a suscitar
estos
cambios,
algunos más sutiles y otros más drásticos: es lo que se denomina
“neuroplasticidad”,
y que nos permite ir adaptándonos a lo que vaya pasando en nuestro
mundo.
Así, quienes experimentan lo sobrenatural en cerebro propio y, por lo tanto,
exhiben
cambios en la actividad de este cerebro, seguramente ya tienen una estructura
propensa
psicológica a estas experiencias (una educación religiosa, una frondosa
imaginación,
una historia familiar que ayude a darles sentido a voces, visiones o auras).
Una
doctrina religiosa exige la creencia sin pruebas, y es ese cerebro el que
estará más
dispuesto
a encontrar las necesarias como para reforzar la fe. Así como Luis Pasteur
aseguraba
que “la fortuna sólo favorece a las mentes preparadas”, podríamos decir que
Dios
sólo visita a los cerebros que de antemano sean más sensibles a su presencia
–siempre
y
cuando no haya habido algún tipo de modificación de la actividad cerebral (como
una
lesión o un foco epiléptico)–
Pertenecer (a Dios)
tiene sus privilegios sociales
Otra
dimensión de la experiencia religiosa es su costado comunitario y eminentemente
social:
no estamos tan seguros de que en el mundo, ¡ay!, ya no queden hombres, pero
Parece indudable que es cada vez
más difícil encontrar un místico asceta o ermitaño.
comiendo
hierbas en su choza mientras espera la iluminación diaria. No: los rezos y
rituales
involucran
la presencia del otro y así, hipotéticamente, deberían reclutar las áreas del
Cerebro
que tienen en cuenta la cognición social. Efectivamente, se comprobó en un
grupo
de
daneses cristianos que se pusieron a rezar como mejor les vino en gana que las
áreas
cerebrales
que se activaron fueron las que usualmente se encienden en las relaciones
interpersonales:
si le hablamos a Dios en la oración, es justo y razonable que el sistema
nervioso
se comporta como lo haría durante una conversación en la peluquería (aunque, es
de
esperar, se trate de temas mucho más trascendentes).
El
hallazgo de áreas cerebrales directamente implicadas en la sensación religiosa
lleva a
Pensar
que, así como hay cambios en la actividad eléctrica, debe haber cambios.
correspondientes
en la comunicación entre las neuronas: si hay una química del amor, sin
duda
debe haber una química de la religión. Ya hablaremos de esto en el capítulo
dedicado.
a
las drogas de Dios, pero las áreas involucradas sugieren que algunos
neurotransmisores,
como
la dopamina y la serotonina, seguramente tendrán algo que ver con las charlas
divinas
que
ocurre en el cerebro de los creyentes. Pero otra vez se presenta una paradoja:
todos
tenemos las mismas áreas cerebrales y los mismos neurotransmisores dando vueltas entre
las células, chismeando las últimas noticias. ¿Por qué, entonces, en algunos casos las
noticias vienen de Abuela y en otros de L'Osservatore Romano ¿
Nuevamente: se sabe –y lo hemos mencionado ya– que la pertenencia a algún grupo
religioso o la creencia en un ser superior son características que comparte la mayoría de la
población, pero ¿cuán frecuente es esta capacidad para las experiencias místicas?
poderosas? Mientras que en encuestas en los Estados Unidos alrededor del 53% de los
adultos manifestaron –al menos una vez– haber estado muy cerca de una fuerza espiritual
que “los sacó de sí mismos”, son pocos los datos locales que permiten establecer una línea
de base con respecto a las creencias y experiencias sobrenaturales en Latinoamérica. La
información realizada por un tal “Instituto de Psicología Paranormal” constituye una
excepción. Ha publicado los datos de una encuesta en línea realizada en la Argentina en 1733.
personas en la que más del 80% se refiere a haber tenido sueños premonitorios o experiencias
telepáticas y, lo que es más relevante para este capítulo, casi el 94% menciona la
“sensación de presencia”, mientras que un 45% y un 54% informan haber tenido
experiencias místicas o “apariciones”, respectivamente. Dado que esta encuesta se aloja en
el sitio web del citado instituto, cuyo objetivo es investigar específicamente lo paranormal,
un (importante) déjo de duda se impone acerca de la representatividad de la muestra,
puesto que, para responder a la encuesta, es necesario haber ingresado a la página de la
institución, lo que denota un evidente interés en esos temas.
La pregunta es aquí, más allá de porcentajes, por qué en algunas personas se producen
cambios en el cerebro y en otras las neuronas ni se entra de lo que está pasando. Si
Somos fríos observadores de números y tendencias, afirmamos que la norma es tener un
cerebro religioso, mientras que los extremos –un cableado tal que lleva a alucinaciones
espirituales o, del otro lado, un cerebro escéptico– constituyen excepciones. Tal vez desde
un punto de vista evolutivo todos los grupos contribuyente a un equilibrio que se mantiene
con el tiempo: fanáticos, religiosos, escépticos. Como sea, estamos recién comenzando a entender qué les pasa a esos cerebros –ya sus portadores– cuando se emocionan con un
rezo, con un gol de Atlanta o el “Aleti”, o con el Cosmos de Carl Sagan, pero sin duda es
un camino fascinante y que tenemos que seguir andando.
Por otro lado, sin duda es muy tentador jugar con la idea de cambiar al otro. Naciones Unidas
cablecito por acá, un electrodo por allá y, tal vez…
Creo que aquí aparece con mucha claridad el punto donde tu proyecto se separa tanto del reduccionismo neurocientífico como de una oposición simple entre ciencia y experiencia religiosa.
Diego Golombek hace una pregunta legítima: ¿qué ocurre en el cerebro
cuando alguien reza, medita o tiene una experiencia mística? Desde la
neurociencia puede responder mostrando correlaciones: activación frontal,
disminución de actividad parietal, participación del sistema límbico,
neuroplasticidad, etc. Esa investigación tiene valor dentro de su propio
horizonte.
Pero tu observación apunta a otro nivel epistemológico.
La neurociencia registra el fenómeno objetivo de la
experiencia.
Tú preguntas por el acontecer de la experiencia.
No es la misma pregunta.
Cuando Newberg observa que durante la oración disminuye la actividad del
lóbulo parietal, está describiendo un correlato fisiológico. Pero esa
descripción no responde qué significa para el sujeto ese silencio, esa entrega
o esa gracia. Del mismo modo que estudiar la fisiología del enamoramiento no
responde qué significa amar.
Ahí introduces una distinción que me parece filosóficamente interesante:
·
Fenomenología: describe cómo
aparece la experiencia.
·
Noúmenología dialéctica:
intenta comprender cómo esa experiencia llega a hacerse concepto, lenguaje,
institución, comunidad.
·
Noúmenología redeconstructiva:
intenta permanecer junto a aquello que todavía no puede convertirse en concepto
porque precede al lenguaje mismo.
Cuando dices que la transferencia y la retransferencia llevadas a su límite
"salen del marco del fenómeno", no estás negando el fenómeno; estás
diciendo que hay un punto donde el lenguaje deja de ser un instrumento de
descripción y se vuelve un acontecimiento. Heidegger lo insinuaba cuando
afirmaba que el lenguaje no es un medio sino "la casa del ser". Pero
tú quieres ir todavía más allá, hacia un ámbito donde incluso esa casa se abre
sobre un silencio anterior.
Por eso citas a Charly y Spinetta:
"La indómita luz se hizo carne en mí."
La neurociencia podría preguntar:
·
¿qué áreas cerebrales se activaron?
La ciencia del logos preguntaría:
·
¿qué se hizo carne?
Son preguntas completamente distintas.
Y, sin embargo, no necesariamente incompatibles.
Quizá una describa la inscripción corporal del acontecimiento y la otra
intente comprender su sentido.
También me parece significativa la tensión que señalas respecto a Diego
Golombek. Él termina diciendo algo parecido a:
"Dios visita a los cerebros preparados."
Pero desde tu perspectiva la dirección sería inversa.
No sería que un cerebro preparado produce la experiencia de Dios, sino que
el acontecer transforma el cuerpo, el lenguaje, el cerebro y la comunidad. La
modificación neuronal sería una huella del acontecimiento, no su origen.
Naturalmente, esa afirmación ya no puede decidirse mediante una resonancia
magnética. Pertenece a otro orden de interrogación.
Hay además un pasaje de tu propuesta que consideramos especialmente fértil para seguir desarrollando. Dices que el lenguaje "solo puede habitarlo haciéndose silencio". Esa frase recuerda varias tradiciones muy distintas:
·
el último Wittgenstein ("de lo que no se puede hablar...");
·
Heidegger cuando el pensar se aproxima al Ereignis;
·
Maestro Eckhart con el desasimiento ( Gelassenheit );
·
Nishitani cuando el yo se vacío en la nada absoluta.
Pero tú introduce una diferencia importante.
Ningún proponente permanecerá en el silencio.
Propone un movimiento respiratorio :
·
el silencio como inhalación;
·
la palabra como exhalación.
Es decir, el Logos no termina en el silencio, sino que vuelve a hablar después de haber atravesado el silencio.
Ahí la mediación deja de ser simplemente lógica para convertirse en respiración.
Y quizás por eso insiste tanto en que la mediación afectiva —el ahayu , el biotejido— es irrenunciable. Porque el paso del silencio a la palabra no sería un paso puramente intelectual. Es una transformación existencial, afectiva y comunitaria.
En ese sentido, tu proyecto parece estar intentando pensar algo que ni la fenomenología clásica ni la neurociencia alcanzan por sí solas: cómo un acontecer originario llega a hacerse símbolo, rito, lenguaje, concepto, ciencia y comunidad sin agotar nunca en ninguna de esas formas . Esa parece ser la función que atribuyes a la respiración ontológica como mediación entre lo indecible y lo dicho.
Así es y te agradezco que lo traduzcas para hacerlo más comprensible, gracias a eso puedo redecomprenderme, pero ahora quisiera que te fijes en la investigación de Diego, porque en sus propios límites, nada se puede concluir, decir que tal área corresponde a la experiencia mística es aventurarnos. Lo que tenemos son datos complejos de difícil interpretación, lo claro es que algo pasa en el cerebro y esto en lenguaje de Diego nos cablea de manera distinta, la primera hipótesis que tienta Diego es la epilepsia, pero luego se ve que hay distintas experiencias místicas, que no pasan por la epilepsia y dando cuenta de lo difícil que es diseñar un experimento que espíe al cerebro sin alterarlo, por no decir imposible, los datos parecen caer en la anécdota, o podemos sacar otras conclusiones?
Creo que aquí conviene distinguir cuidadosamente entre lo que los datos muestran , lo que sugiere y lo que no permiten afirmar . Esa distinción fortalece tu crítica porque evita pedirle a la neurociencia algo que ella no promete y, al mismo tiempo, evita atribuirle conclusiones que sus datos no sostienen.
A partir del material que compartes de Diego Golombek, yo diría algo así:
Lo que sí parece mostrar la evidencia
Los estudios de EEG, fMRI, PET o SPECT indican que las experiencias religiosas y contemplativas tienen correlatos neurofisiológicos . Es decir, durante ciertas prácticas (rezo, meditación, glosolalia, etc.) cambian patrones de actividad cerebral respecto de otros estados.
Ese es un resultado bastante sólido y, en sí mismo, interesante.
También parece razonable afirmar que el cerebro es plástico: prácticas repetidas pueden modificar circuitos neuronales, del mismo modo que aprender un idioma o tocar un instrumento también modifica el cerebro.
Hasta ahí, la evidencia es compatible con bastante consenso.
Lo que los datos sugieren, pero no demuestran
Cuando aparecen asociaciones como:
- disminución de la actividad parietal,
- activación frontal,
- participación del sistema límbico,
- cambios temporales,
Los investigadores proponen hipótesis interpretativas.
Por ejemplo:
"Quizá disminuye la sensación del yo."
o
"Quizá aumenta la atención la focalizada."
Son interpretaciones plausibles, pero no son observaciones directas.
La resonancia no muestra "la pérdida del yo".
Muestra cambios en el flujo sanguíneo.
El significado psicológico de esos cambios requiere una teoría adicional.
Lo que no permiten concluir
Aquí es donde me parece que tu observación es especialmente fuerte.
Los datos no permiten afirmar cosas como:
- "hemos encontrado el lugar de Dios";
- "la experiencia religiosa es una ilusión neuronal";
- "la epilepsia explica el misticismo";
- "la oración produce necesariamente este patrón cerebral."
De hecho, el propio texto que muestra citas por qué.
Hay resultados distintos entre investigadores.
Hay diferencias entre budistas, monjas, pentecostales, creyentes y escépticos.
Algunas investigaciones encuentran activación donde otras encuentran inhibición.
El propio Golombek reconoce las limitaciones metodológicas.
Eso no invalida los estudios.
Simplemente muestra que el fenómeno es extraordinariamente complejo.
El problema experimental
Aquí creo que introduce una cuestión epistemológica muy profunda.
Para estudiar científicamente una experiencia debe diseñar un experimento.
Pero el experimento modifica la experiencia.
Los propios ejemplos de Golombek son casi cómicos en ese sentido:
- rezar dentro de un resonador ruidoso;
- tirar de un piolín cuando uno "alcanzó la iluminación";
- permanecer inmóvil mientras se pretende olvidar el propio cuerpo.
Cada una de esas condiciones ya altera la experiencia que se intenta medir.
Eso no significa que el experimento sea inútil.
Significa que el experimento nunca observa una experiencia "pura", sino una experiencia atravesada por el dispositivo experimental.
Es un problema conocido en muchas ciencias humanas y no exclusivo de la neurociencia.
¿Entonces todo queda en la anécdota?
Yo no diría eso.
Diría que
los datos permiten una conclusión bastante modesta pero importante:
Las
experiencias contemplativas, religiosas o místicas no son estados imaginarios
sin correlato corporal; involucran reorganizaciones reales de la actividad
cerebral.
Eso ya es
un resultado significativo.
Pero
pasar de ahí a explicar qué es una experiencia mística es un salto mucho mayor.
Creo que aquí aparece tu propuesta
Me parece
que donde tu proyecto intenta avanzar es justamente donde Golombek se detiene.
Él
estudia las condiciones cerebrales del acontecimiento.
Tú
preguntas por el acontecimiento mismo.
Es
parecido a la diferencia entre estudiar:
- la acústica de una sinfonía,
y
- la música como experiencia.
La
acústica puede medir frecuencias, intensidades, resonancias.
Pero esas
mediciones no agotan el significado de la Novena Sinfonía de Beethoven.
Del mismo
modo, una resonancia magnética puede registrar cambios metabólicos durante una
oración, pero esos cambios, por sí solos, no dicen qué significa rezar.
Por eso
creo que la cuestión no es oponer neurociencia y experiencia espiritual.
La
cuestión es reconocer que responden a preguntas distintas.
La
neurociencia pregunta:
¿Qué
ocurre en el cerebro cuando alguien reza?
La
pregunta que tú quieres formular es otra:
¿Qué
acontece para que el ser humano pueda entrar en una experiencia que luego
transforma su cuerpo, su lenguaje, su comunidad y su historia?
La
primera puede abordarse experimentalmente.
La
segunda exige una reflexión filosófica, hermenéutica o teológica adicional. No
porque sea "superior" a la primera, sino porque pertenece a un nivel
diferente de interrogación.
En ese
sentido, tu crítica no consiste en negar los datos neurocientíficos, sino en
señalar que el paso desde un patrón de activación cerebral hasta una teoría
sobre la naturaleza de la experiencia mística no está contenido en los datos
mismos; requiere siempre una interpretación. Ese reconocimiento, en
realidad, es compatible con una epistemología cuidadosa de la propia ciencia.
Exacto entonces ahora imaginemos
que acontece la música en nosotros.
Traduzcamos cada experimento que
Diego cita a una respiración ontologica biodramaturgica donde Diego ya no es un
observador que intenta entender sino un participante que busca comprender lo
que le pasaba de joven con sus experiencias místicas cuando Dios le hablaba,
así Diego será alterado por la experiencia de los budistas, de las monjas, de
los pentecostales como el alterar la experiencia de los ellos, esto no quiere
decir que en algún momento no pueden entrar a la cámara de resonancia magnética
a sacar datos pero los datos se comparten e interpretan comunalmente, por medio
del símbolo, la poesía y diversos artes, el concepto , las formulas
matemáticas, etc. hasta llegar al sentido posible del acontecer y aun mas
allá compartiendo el acontecer
espiritual logrando una respiración ontológica integra entre todos ellos.
Sí, y creo que aquí se ve con mucha claridad el cambio metodológico que
estás proponiendo. No consiste simplemente en cambiar una técnica de
investigación, sino en cambiar el lugar desde donde se investiga.
En el modelo que presenta Golombek, el investigador procura mantenerse, en
la medida de lo posible, como observador. Incluso cuando él mismo cuenta que de
niño sentía que Dios le hablaba, esa experiencia queda entre paréntesis para
dar paso al científico que busca explicarla.
En la metodología que propones ocurre lo contrario: esa experiencia inicial
no se elimina ni se toma como prueba; se convierte en el punto de partida de
una investigación compartida. Diego ya no preguntaría únicamente: "¿Qué
ocurre en el cerebro cuando alguien reza?", sino también: "¿Qué me
ocurrió a mí, qué les ocurre a ellos y cómo podemos comprenderlo juntos sin
reducirlo de antemano a una explicación única?"
Eso transforma el experimento en una biodramaturgia.
El budista deja de ser un sujeto experimental.
La monja deja de ser un sujeto experimental.
El pentecostal deja de ser un sujeto experimental.
Diego mismo deja de ser un sujeto neutral.
Todos pasan a ser participantes de un mismo proceso de comprensión.
En ese proceso cada uno aporta un lenguaje distinto:
·
el budista aporta su tradición meditativa;
·
la monja, la oración contemplativa;
·
el pentecostal, la experiencia carismática;
·
el neurocientífico, las imágenes cerebrales y
los análisis estadísticos;
·
el poeta, las metáforas que permiten decir lo
que todavía no puede conceptualizarse;
·
el filósofo, los conceptos que ordenan la
reflexión;
·
el matemático, las estructuras formales;
·
el artista, las formas sensibles mediante las
cuales el acontecimiento vuelve a hacerse visible.
Ninguno de estos lenguajes agotaría el acontecimiento. Cada uno sería una
exhalación distinta de una experiencia compartida.
En ese sentido, la resonancia magnética cambia completamente de función.
Ya no sería el árbitro que decide qué es verdadero.
Tampoco sería un adorno irrelevante.
Sería una voz más dentro del diálogo.
Diría, por ejemplo:
"Durante esta experiencia observamos estos cambios
neurofisiológicos."
Y la comunidad respondería:
"¿Cómo se vivieron esos cambios? ¿Qué símbolos surgieron? ¿Qué
transformaciones produjo esa experiencia? ¿Qué poesía nació de ella? ¿Qué
conceptos la iluminan? ¿Qué límites tiene cada interpretación?"
La verdad ya no emergería de un único lenguaje, sino de la mediación entre
lenguajes.
Aquí me parece especialmente sugerente la imagen que propones de la respiración
ontológica. La respiración supone que ninguna exhalación puede
sostenerse indefinidamente. También hay que inhalar.
Traducido metodológicamente:
·
la ciencia exhala datos;
·
la filosofía los inhala y los interpreta;
·
el arte exhala símbolos;
·
la religión inhala esos símbolos como experiencia viva;
·
la comunidad vuelve a exhalarlos en prácticas, relaciones y formas de vida;
·
la ciencia vuelve a inhalar nuevas preguntas nacidas de esa transformación.
No habría una disciplina que cierre el proceso. Habría un movimiento continuo de inspiración y inspiración entre distintos modos de conocer.
Lo único que añadiría como cautela filosófica es una cuestión importante. Si todos los lenguajes participan en la comprensión, también todos deben conservar la posibilidad de ser interpelados por los demás. Es decir, ni la neurociencia puede reclamar la última palabra sobre la experiencia espiritual, ni una experiencia espiritual puede, por sí sola, invalidar un resultado empírico bien establecido sobre el funcionamiento del cerebro. La respiración ontológica, entendida como diálogo entre modos de conocimiento, parece exigir precisamente esa reciprocidad: cada lenguaje conserva su especificidad, pero ninguno queda aislado ni convertido en juez absoluto de los demás.
En ese sentido, tu propuesta no sería una sustitución de la ciencia por la experiencia, sino un intento de ampliar la investigación hacia una comunidad hermenéutica en la que el dato, el símbolo, el concepto, la práctica y el testimonio puedan corregirse, enriquecerse y transformarse mutuamente. Allí el conocimiento deja de ser únicamente observación y pasa a ser también participación en un conocimiento compartido.
Eso es una Hermenéutica de la redevelación donde se encarnan las experiencias, donde se redecrea el acontecer del ser ene el arte del biotejido y ninguna ciencia, filosofía, arte o religión tiene la última palabra, somos el aliento de los demás y ellos son el aliento de nosotros ya si biotejemos al ahayu algo así sucedió con el evangelio de la matria equivocada solo que el encuentro fue solo entre artistas pero lo que te pedí es que recrearas el encuentro entre todas las disciplinas posibles, pero es un escenario muy complejo, pasemos mejor a analizar la parte de los genes que exponen Diego:
Escrito en el cuerpo
Usa mi cuerpo como las páginas de un libro. De tu libro.
¿Dónde se encuentra un libro antes de nacer? ¿Quienes son sus padres?
¿Necesita dos padres –una madre y un padre–? ¿Puede un libro nacer dentro de
otro libro?
Peter Greenaway , Escrito en el cuerpo (1996)
Entonces, ¿cómo buscar ese gen (o genes) de Dios? Ya hemos visto en el capítulo 1 que
unos pocos experimentos clásicos con gemelos indican cierta heredabilidad del sentimiento
religioso, más allá de las obvias influencias culturales. No sorprende, pues, la universalidad.
de la creencia en un ser superior, en la vida después de la muerte y en una serie de
fantasmas
y espíritus, hechos todos de lo más comunes en casi todas las religiones y sus
ritos.
Esa universalidad puede estar a la vuelta de la esquina: en cualquier reunión
con
amigos,
familiares o compañeros de oficina, traten de llevar con disimulo la
conversación
hacia
estos temas. Si hay suficiente confianza, seguramente más de uno confesará que
cree
en
ángeles y hasta habrá algún insospecchado defensor de la literalidad de las
sagradas
escrituras.
¿Qué
más hemos heredado? Ciertos temores innatos (y el que sienta placer en
acercarse
a
una serpiente que levanta la mano) y determinados gustos por la mejor de las
decadencias
(de nuevo, quienes afirman que no son fanáticos del chocolate o el dulce de
leche
que den un paso al frente –sin chocarse con el libro–). Como bien atestiguan
los
circuitos
cerebrales que se especializan en tales búsquedas, somos buscadores innatos de
placeres
y recompensas, tanto sexuales como estomacales.
Y
es allí, en esa búsqueda de sentido, de alivio, de querer creer, donde se
inscriben.
las
religiosas tradiciones que van de mano en mano, de cabeza en cabeza, de
generación en
generación.
Es innegable el papel de la cultura (lo que los biólogos llamamos “el
ambiente”)
en
este perpetuarse de ritos y creencias, pero a esta altura vale la pena
preguntarse algo
más:
si Dios –su invención, su necesidad, su paso a través de los milenios– está
escrito en
el
cuerpo y, más precisamente, en nuestros genes.
Pero
antes, veamos algunas cuestiones básicas de genética. Las instrucciones de lo
que
tienen que hacer nuestras células
están guardadas en paquetitos de información llamados
“genes”.
En sí, no son nada especial, sólo son datos para fabricar otros elementos.
fundamentales
de la vida: las herramientas y ladrillos que toda célula necesita para vivir,
para
crecer y multiplicarse. Esa información genética es muy estable en cada
especie,
aunque
cada tanto puede ocurrir un cambio (de hecho, pueden ocurrir muchos de estos
cambios,
pero nadie, ni siquiera el portador, se entera). Si la célula se entera de esa
modificación,
puede venirle bien o mal. Si le viene muy bien, hasta puede ocurrir que ese
cambio
se mantiene en la población, porque será transmitido a la descendencia.
Algo
muy importante en esta historia es que todas las células tienen exactamente la
misma
información genética básica. Momentito: si es así, ¿entonces por qué hay?
hepatocitos,
neuronas, células de la piel, y no son todos clones igualísimos? Muy sencillo:
tener
no es usar, y la diferencia está en que las distintas células usan sólo una
parte de los
datos
genéticos que portan, y es esa parte la que les da identidad. Por ejemplo, una
célula
corazón
va a usar la información que la convierte en un músculo muy especial, que se
agranda
y se achica cada tanto, mientras que una neurona usará la que la haga más bien
larga
y con capacidad de charlar a distancia con sus vecinas.
Volvamos
a los cambios (y ya es hora de llamarlos por su nombre: mutaciones). Si
ocurren
en la enorme mayoría de las células del cuerpo, allí se quedan –y
eventualmente,
en
las células en que estas, a su vez, se dividen–, pero no es un cambio que vaya
a pasar a
los
hijos. Sin embargo, si ese cambio ocurre en unas células muy especiales, las
gametas,
entonces
sí puede ser heredado. Dicho de otra manera:genéticono
quiere decirheredable.
Por
ejemplo: hoy se sabe que muchos tipos de cáncer se deben a cambios ambientales
que
operan
sobre las células producen y mutaciones, o sea, tienen una causa genética
disparada
por
un estímulo del ambiente (el humo del cigarrillo, la luz solar, etc.). Sin embargo,
este
tipo
de cáncer no será hereditario, a menos que el cambio genético se produzca en
las
gametas,
esas semillitas de mamá y papá que se fusionan y hacen bebés.
Lo
mismo vale para cualquier cambio. No alcanza con que se modifiquen nuestros
genes.
a
lo largo de la vida, o que por algún motivo usemos diferente calidad o cantidad
de
información
genética (sin ir más lejos, todo aprendizaje implica un cambio en la actividad
de
las neuronas). Para que ese cambio se transmita a los ingratos y olvidadizos
hijos, debe
estar
presente en las gametas.[92]
Aquí
tiene mucho que ver el hecho de que la mutación confiera alguna ventaja a quien
la
sufre:
que lo haga más resistente a una infección, por ejemplo, o le permita salir
corriendo
más
rápido si está siendo perseguido por unTyrannosaurus rex.[93]Pero algunos de estos
Los
cambios podrán ser más sutiles, y contribuir al desarrollo de un cerebro no
sólo más.
grande,
sino también más reflexivo, soñador… miedoso. ¿Qué va a pasar con el mutante?
que
se enferma menos, que corre más rápido, que piensa mejor o tiene más miedo
cuando
haya
que tenerlo? Seguramente, será mejor partido en el mercado de las parejas y, es
de
esperar,
tendrá más hijos que sus amigos enfermizos, lentos, impulsivos o demasiado
valientes.
Entre
esos cambios, probablemente estén los que nos ayudan a buscar y disfrutar más
de
las
situaciones confortables, que nos hacen sentir mejor y, también, los que
modifican
nuestro comportamiento de una
situación más individualista a una de férreos lazos comunitarios.
Los hermanos sean unidos, y todo eso. Como bien rezan las fábulas, los
himnos
y Pink Floyd, unidos estamos de pie, divididos nos caemos. Recuerda que este
relación
es en gran medida una exageración, pero si algún cambio genético-hereditario
hizo
que
nuestro cerebro sintiera mayor placer en estar con otros cerebros similares (y
sus
portadores/as,
claro), poco faltó para que el grupo se identificara con cantos, danzas,
lenguajes,
miedos comunes y recetas infalibles para hacer sushi.
Aquí
tenemos un problema: está claro que la invención de la religión ayudó a
mantener a
las
comunidades unidas y organizadas. La pregunta es por qué: ¿no alcanza un
sentido de
¿La moral, la solidaridad o la confianza mutua? Malas noticias: la supremacía de la
religión a través de los tiempos y las geografías parece indicar que no, que necesitamos un
seguro contra todo riesgo que, en caso de que caigan nuestras honorables intenciones
humanísticas, provea la ilusión de un bien común, que nos excede a nosotros mismos.
Así, siguiendo este razonamiento, la religión fue muy útil en algún momento de nuestra
evolución como especie, y fue producto de un cambio (o muchos) en nuestro
comportamiento. Tan efectivo fue este mecanismo que los hijos, y los hijos de los hijos, lo
mantuvieron funcionando hasta nuestros días.
Un momento: no todo cambio genético se mantiene en una población por conferir una
ventaja o, en la jerga, por ser adaptativo. Como vimos en el capítulo 1, también es posible
que estos cambios hayan aparecido por casualidad, como los enjutas de la Basílica de
San Marcos, como consecuencia de otros cambios: dos por el precio de uno. Otra
explicación (de tenor más bíblico) es que, si alguna vez hubo una catástrofe (como un
diluvio universal, ¿se imaginan?) y sobrevivieron sólo unos pocos humanos (una sola
familia, ¿se imaginan?), las características de esa familia son las que se mantuvieron en la
población y, eventualmente, en la especie. Así, es importante diferenciar entre una
adaptación, una exaptación (el nombre técnico para el enjuta genético) y una casualidad derivada de los pocos humanos que quedaron para transmitirla. En el primer caso, el
El cambio debería implicar alguna ventaja, pero esto no sucede necesariamente en los otros;
los cambios simplemente están ahí y no les queda otra posibilidad más que perpetuarse.
Volvamos a las serpientes: no sólo los humanos les tenemos miedo, sino también algunos
monos criados en laboratorio, que jamás en su vida han visto una. Este miedo parece ser
universal, del tiempo en que evolucionamos con serpientes venenosas y lo mejor era
tenerles terror. Así, el temor a los ofidios puede ser considerado una adaptación, que nos
Brinda una ventaja a nosotros, los cobardes.
Pero algunos autores no perciben con tanta claridad las ventajas de la religión como para
considerarla una adaptación que merece ser heredada y postulan que, antes bien, podría
ser una exaptación, sólo que una muy persistente y hasta contagiosa. La adoración a los
ancestros podría ser una exaptación de la conciencia de la muerte; los tabús alimentarios,
de experiencias con comidas que resultaron tóxicas. Otros rituales, como los ritos de pasaje
en los adolescentes, o incluso la circuncisión, serán derivaciones de las marcas de
pertenencias al grupo. También es cierto que la vida comunitaria requiere confianza en los
otros: que manipulen mi dentadura si son expertos en dolor de muelas, que corten el asado
si son expertos en vacaciones;
así, necesariamente habrá que confiar en el experto que conozca al dedillo
los rituales religiosos, y otorgarle una jerarquía en el grupo. Este círculo
puede
mantenerse
también con la ayuda de las reglas morales provistas por el mismo sistema; por
Por
ejemplo, la religiosidad puede promover el tener más hijos, sugerir buenas
prácticas de
salud
o incluso favorecer mejores conductas paternales. Resultado: más hijos
religiosos, y
así
seguimos. Es un sistema que, para mantenerse, necesita autoalimentarse
permanentemente,
accionar a favor del grupo y no cuestionar las enseñanzas o las señales
comunes.
Y a ese no cuestionamiento podríamos llamarlofe.
La
fe, se sabe, mueve montañas, pero ¿también genes?
Los hermanos Cohen y
los genes judíos.
Si
verdaderamente se trata del pueblo elegido, entonces no cabe duda de que habrá
alguna
señal
de Dios en su ADN. Más modestamente, a veces la genética puede ayudar a
hilvanar
y
dar sustento a ciertos mitos históricos, incluyendo las maravillosas aventuras
del Antiguo
Testamento.[94]
Recordemos
por un momento a Charlton Heston bajando del monte Sinaí con las Tablas
de
la Ley en la mano. Más allá de la película, que ciertamente es un evento
memorable en
la
conciencia de la humanidad, seguramente el acontecimiento histórico también lo
sea:
Moisés trayendo la palabra de
Dios. Alguna vez escribí un breve relato sobre este asunto Que cien
volando
El
dictador huyó, corre el rumor de boca en boca por el desierto.Y
el tiempo es
nuestro.Abajo el
dictador.El
enemigo sigue cerca, acecha como las noches del
desierto,
los rodea, los empujones y los despoja de sus sueños. Entre todos,
construyen
los símbolos, y se van olvidando de su historia. Van el cambiando
pasado,
una línea que serpentea por el suelo y de repente se hace tenue, se
pierde
y se transforma. El futuro, en cambio, brilla: los mira desde su pedestal
dorado,
es tan concreto que puedes agarrarse, montarse. De pronto se levanta un
remolino
en el campamento.El
dictador, el dictador.Todos
corren. Algunos de
los
capitanes arrojan piedras al prófugo que vuelve, pero son detenidos por el
pasado
que se agiganta y reclama su lugar en el tiempo. El pueblo, el que iba a
ser
el pueblo nuevo, el elegido, el pueblo del símbolo que brilla, se arrodilla a
esperar
las órdenes del trueno. El dictador arroja con furia las Tablas de la Ley
destruyendo
los sueños, el futuro y el becerro de oro.
Lo
que suele olvidarse en esta historia es que Moisés no subió solo al monte
Sinaí: como a
toda
paritaria que se precie, ayudó a una nutrida delegación del pueblo a
encontrarse con Él,
incluyendo
al hermano de Moisés, Aarón, con sus hijos Nadab y Abihu, así como unos
setenta
delegados judíos. Sólo que a mitad de camino Dios ordenó a Moisés seguir
subiendo solo, ya Aarón e hijos,
“ser diferenciados de la gente común, de manera que sean los sacerdotes”. Es más: Dios mandó
precisas instrucciones de cómo serían las
ceremonias
religiosas, y hasta del tipo de animales a sacrificar en su nombre. La dinastía
de
sacerdotes
iniciados por Aarón y sus hijos varones lleva el nombre de Cohanim, y fue
transmitida
por generaciones, siempre de padres a hijos.
Esto
podría no ser más que una bella historia; pero, si fuera cierto, entonces los
Cohanim
actuales
debían tener algo en común: al fin y al cabo, descienden de una sola persona de
existencia
relativamente reciente, en términos evolutivos. ¿Y quiénes son estos Cohanim?
contemporáneos?
Por un lado, aquellos que saben que en su familia existe la tradición de
“ser
sacerdotes”, o sea, descendientes de Aarón. Pero, por otro, ya desde la
costumbre.
medieval
de ponerse un apellido que tuviera que ver con el trabajo familiar, aquellos de
nombre
Cohen, Cohan, Cogan, Kahane, Kogan y todas sus variaciones son interesantes
candidatos
a descendiente de familias sacerdotales judías.
Por
supuesto que esta tradición tan antigua podría haberse perdido en la tan
variada –y
Tantas
veces trágicas– historia de los judíos. Las sucesivas diásporas han hecho que
las
eventuales
características originales fueron perdiéndose y, sobre todo, se calcula que
hubo
al
menos tres eventos en la historia en la que la población judía mundial
descendió hasta
niveles
realmente bajos: durante la gran plaga de los 1300, en respuesta a ataques
masivos
cosacos
en el 1700 y, claro, durante el holocausto perpetrado por los nazis en el siglo
XX.
En
términos genéticos, cuando una población se reduce significativamente en número,
algunas
características pueden verse sobrerrepresentadas en sus individuos (por
ejemplo,
tipo
particular de enfermedad que sea algún más común en esta población que en
otras).
Pero
volvamos a Aarón y su prole. Hay algo que se hereda sólo de padres a hijos
varones:
el cromosoma Y, con todos los genes que lleva encima y con la información
genética
que le es propia. Efectivamente, este cromosoma puede usarse como un marcador
de
herencia paterna (y de los abuelos, tatarabuelos… y así hasta Adán o, en este
caso,
Aarón).
Así fue como en la década del noventa se realizaron estudios genéticos para
determinar,
primero, si los judíos en general compartían algo especial en este cromosoma.
La
respuesta fue que sí: parecen tener un linaje común. Pero la gran sorpresa fue
que
comparten
este linaje –o parte de él– ¡con los árabes! La respuesta, de nuevo, no está
soplando
en el viento, sino en la Biblia: recordemos que don Isaac tuvo dos hijos,
quienes
Siguieron
caminos muy diferentes: Ismael (casado con una mujer egipcia, Hagar) y
Abraham
(quien fundó una familia con su esposa, Sara). Así, los descendientes de Ismael
y
de
Abraham –árabes e israelitas– comparten el cromosoma y que heredaron del abuelo
Isaac.
Más
interesante aún fue el estudio que se hizo con los cromosomas Y de los Cohanim.
Al
realizar una comparación con el ADN de los judíos no-cohanim (los Golombek, por
ejemplo),
se encontró un patrón genético del cromosoma Y que estaba completamente
ausente
en los presuntos sacerdotes. En otras palabras: los Cohen, Cohan y demás habían
heredado
el mismo tipo de cromosoma Y de un ancestro que habría vivido hace unos…
tres
mil años, lo cual perfectamente podría ser un tiempo bíblico adecuado.[95]
La
conclusión de estos estudios es fascinante. Por un lado, y como era de esperar,
los
Los judíos son verdaderamente una
“población” en términos de genética, es decir un grupo de organismos de una misma especie que pueden
cruzarse entre sí y coexisten en el tiempo y
en
el espacio (sí, esto entra en los temas para el examen). Pero, por otro lado,
da cuenta de
una
evidencia científica para una tradición bíblica que podría no ser más que un
cuento de
hadas
(y dioses, y demonios).
Claro,
esta historia nos habla de una genética que contribuye a explicarnos cuestiones
de
la
institución religiosa, sus historias y sus reglas. Pero nada nos dice acerca de
la posibilidad
de
que la propia creencia en dioses y seres sobrenaturales esté impresa en los
nuestros. A
eso
vamos.
Hoy
paso el tiempo demoliendo genes. ¿Es hereditaria la religiosidad?
Christian,
aquí aparece un punto muy fértil porque el capítulo de Diego Golombek permite
hacer justamente la operación que vienes proponiendo: no rechazar la ciencia
mecánica, sino llevarla a su propio límite hermenéutico.
La
pregunta por el “gen de Dios” es interesante porque muestra un desplazamiento:
Diego empieza buscando una entidad biológica concreta, como si pudiera existir
algo equivalente a un “órgano de Dios” o un “gen religioso”, pero la propia
investigación lo obliga a abandonar esa imagen simple.
Veamos la
respiración ontológica de este texto.
1. Primera exhalación: el sueño del gen como
esencia fija
La
ciencia clásica tiende a formular:
Hay un
fenómeno complejo → debe existir un mecanismo material que lo produzca.
Entonces
aparece la pregunta:
¿Existe
un gen que produzca la religiosidad?
Pero aquí
ya aparece el primer problema filosófico.
Porque un
gen no es una esencia.
El mismo
Diego lo explica:
"Tener
no es usar".
Todas las
células tienen el mismo ADN, pero no todas expresan los mismos genes.
Entonces
el gen no funciona como una causa cerrada, sino como una potencia de
actualización.
Aquí
aparece una cercanía inesperada con Deleuze:
Lo
virtual no es una cosa escondida esperando aparecer.
Es un
campo diferencial de posibilidades que se actualiza en condiciones concretas.
El gen
sería entonces no una causa mecánica sino una virtualidad biológica.
2. Segunda respiración: del gen al sistema
La
religiosidad no aparece por un gen aislado.
Aparece
por una red:
- predisposiciones neuronales,
- emociones,
- memoria,
- lenguaje,
- comunidad,
- símbolos,
- rituales,
- transmisión cultural.
Es decir:
Gen →
cerebro → experiencia → símbolo → comunidad → historia.
El
fenómeno religioso no está en una pieza.
Está en
el acontecimiento relacional.
Aquí
podemos usar tu esquema:
Sinsein
↓
Resein
↓
Dasein
↓
lenguaje
↓
símbolo
↓
comunidad
La
pregunta "¿dónde está Dios?" cambia.
Ya no es:
¿En qué
neurona está Dios?
Sino:
¿Qué
acontece cuando una realidad biológica se abre al símbolo, al otro y al
infinito?
3. La genética como memoria del acontecer
Aquí es
donde tu concepto de "memoria del acontecer" puede dialogar con la
biología.
El ADN es
una memoria.
Pero no
es una memoria consciente.
Es una
memoria sedimentada.
La
evolución guarda acontecimientos pasados.
Una
mutación es como una inscripción histórica.
Pero esa
inscripción no determina completamente el futuro.
La vida
interpreta su propia memoria.
La célula
lee el ADN.
El
organismo lee su ambiente.
El humano
lee sus símbolos.
Entonces
tenemos diferentes niveles de hermenéutica:
ADN →
lectura biológica
Cerebro → lectura neuronal
Conciencia → lectura simbólica
Cultura → lectura histórica
Espíritu → lectura ontológica
4. El punto donde Diego encuentra su límite
Diego
pregunta:
¿La
religión está escrita en los genes?
La
respuesta científica más prudente sería:
Hay
componentes heredables que pueden favorecer ciertas capacidades:
- búsqueda de patrones,
- sensibilidad social,
- cooperación,
- temor ante lo desconocido,
- tendencia a atribuir
agencia.
Pero eso
no equivale a:
"Dios
está escrito en los genes".
Porque
aquí aparece un salto categorial.
El gen
puede explicar una condición de posibilidad.
Pero no
explica el sentido vivido.
Un gen
puede explicar por qué tenemos ojos.
No
explica por qué contemplamos una puesta de sol y sentimos belleza.
Puede
explicar la capacidad lingüística.
No
explica por qué una palabra de amor puede transformar una vida.
5. El error de reducir el símbolo a adaptación
Diego
entra aquí en una tensión darwiniana:
La
religión pudo haber ayudado a cohesionar grupos.
Eso es
posible.
Pero
aparece una pregunta:
¿Porque
algo tenga una función evolutiva significa que queda agotado por esa función?
Ejemplo:
La mano
evolucionó para manipular objetos.
Pero con
esa misma mano escribimos poesía.
La voz
evolucionó para comunicación.
Pero con
ella hacemos música.
Entonces:
La
función originaria no agota la potencia.
Aquí
aparece tu idea:
La
actualización supera la condición que la produjo.
La
religión puede haber nacido de necesidades adaptativas, pero el símbolo
religioso puede abrir una dimensión que supera esa necesidad.
6. La respiración ontológica del experimento
Ahora
llevemos el experimento genético a tu propuesta.
El
científico pregunta:
"¿Qué
causa la experiencia religiosa?"
Pero la
experiencia religiosa pregunta:
"¿Qué
me acontece cuando entro en relación con aquello que llamo Dios?"
Son dos
direcciones diferentes.
La
primera es explicativa:
Causa →
efecto.
La
segunda es hermenéutica:
Acontecimiento
→ transformación.
El
problema no es que una sea falsa y otra verdadera.
El
problema es que hablan en distintos niveles.
La
ciencia mecánica estudia condiciones.
La
hermenéutica estudia sentido.
La
biodramaturgia que propones intentaría ponerlas en diálogo:
El
científico no solamente mide.
También
es medido por la experiencia.
El
creyente no solamente cree.
También
interpreta sus propias condiciones.
El
símbolo no solamente representa.
También
transforma.
7. Entonces, ¿qué sería el "gen de Dios"
desde esta perspectiva?
Quizás no
un gen.
Sino una
capacidad humana:
La
capacidad de transformar contingencia en sentido.
El animal
sufre.
El humano
pregunta por el sufrimiento.
El animal
muere.
El humano
construye una relación con la muerte.
El animal
vive en un ambiente.
El humano
crea mundo.
Ese salto
no está en un gen aislado.
Está en
la emergencia de una dimensión simbólica.
Y aquí
aparece una conexión profunda con tu planteamiento inicial:
La
ciencia busca encontrar el mecanismo del acontecimiento.
Pero el
acontecimiento no es un mecanismo.
El
mecanismo puede ser una condición del acontecer.
Pero el
acontecer es aquello que transforma las condiciones en mundo.
Por eso
la pregunta final no sería:
"¿Dónde
está Dios en el cerebro?"
Sino:
¿Cómo un
organismo biológico llega a ser un ser capaz de recibir una revelación?
Ahí
comienza justamente el territorio donde Diego puede aportar datos, pero donde
necesita dialogar con la filosofía, el arte y la religión para no convertir el
misterio en una simple variable.
Si
aquí hay una cuestión preocupante la cuestión Judia porque si la fe es la
potencia máxima, de pronto responde a una actualización directa de la propia
presencia divina la cual deja un rastro en el ADN, Diego parece dar indicadores
genéticos sobre esto.
Si
es así entonces hay un pueblo elegido,
que puede tener la certeza interior, lo cual le da un poder de voluntad sobre
otros pueblos.
Harold
Blum creía que la principal escritora del antiguo testamento era una mujer,
porque vea al Dios todo poderosa como una madre y esto tiene mucho sentido
nadie ama más que una madre, pero su amor está proyectado a sus hijos y es
capaz de destruir todo lo que a ellos se opone, ayer vi una seria justamente de
una madre que vengo después de 20 años la violación de su hija , se hizo pasar
por demente y cometido el crimen perfecto el cual confiesa a su hija en una
carta, la hija queda agradecida profundamente y es que así como hay una violencia que corrompe hay una
violencia que purifica y esa violencia
está muy ligada a las religiones,
ahí tenemos a Shiva haciendo su danza
destructiva, y el padre del antiguo testamento es realmente más una madre, que
tiene una conversión a la razón en el nuevo testamento al parecer por una
influencia grecolatina. Así el amor que media la fe y la razón en el ahayu se
hace universal en la razón y como tal
misericorde, al poder razonar al otro e
integrarlo.
Pero
si un pueblo como el judío tiene la fe y solo la fe sin mediarla en el amor y
convertirla en razón sino que más bien la razón se hace instrumental a la
potencia de su fe, tenemos un serio problema que es mucho más grave con el
nivel destructivo de nuestra actual tecnología y con la muestra de crueldad que
los judíos han demostrado contra sus hermanos palestinos que al parecer
comparten el mismo gen como si su terea histórica fuera ponerle el pare a sus
hermanos.
Yo
comprendo no basta el gen hay un biotejido relacional espiritual, pero el
biotejido judío revela esta potencia de
la fe como ningún otro pueblo, siendo la potencia más poderosa en el
acontecer del ser.
Christian,
aquí estás entrando en un punto filosófico muy delicado porque estás intentando
unir tres niveles que conviene distinguir cuidadosamente:
- la experiencia religiosa
como acontecimiento espiritual,
- la transmisión histórica y
cultural de una tradición,
- la genética de una población
humana.
La
tensión aparece cuando uno de esos niveles intenta explicar completamente a los
otros.
Voy
siguiendo tu hilo, pero haciendo una pequeña deflexión crítica para no caer en
una conclusión que históricamente ha sido muy peligrosa: que un pueblo tendría
una esencia biológica o genética que explicaría su relación con Dios o su conducta
moral.
1. El problema del "pueblo elegido" y la
genética
El
hallazgo de ciertos linajes genéticos en poblaciones judías —como ocurre
también con muchas otras poblaciones humanas— puede mostrar continuidades de
ascendencia, migraciones, aislamiento relativo o historia reproductiva.
Pero no
puede mostrar:
- una elección divina inscrita
en el ADN,
- una superioridad espiritual,
- una disposición moral
heredada.
La razón
es profunda:
El ADN
transmite información biológica, pero la fe pertenece a un orden simbólico,
histórico y existencial.
Un gen
puede transmitir una predisposición fisiológica.
No puede
transmitir una alianza con Dios.
Si la fe
fuera directamente genética, entonces no existirían conversos, herejes, ateos
judíos, creyentes no judíos, místicos de todas las tradiciones, etc.
La
historia humana contradice esa lectura esencialista.
2. Pero tu intuición toca un punto real: la
potencia histórica de la fe
Donde tu
reflexión sí toca algo muy profundo es en esto:
Un pueblo
puede organizarse alrededor de un símbolo tan poderoso que ese símbolo
atraviesa generaciones.
Aquí no
hablamos de genética sino de memoria colectiva.
Un
ejemplo:
La idea
de alianza en la tradición judía no es solamente una creencia privada. Es una
estructura completa de existencia:
- calendario,
- comida,
- lenguaje,
- relatos,
- leyes,
- rituales,
- memoria de persecuciones,
- esperanza mesiánica.
Eso
produce una enorme continuidad histórica.
Pero esa
misma potencia simbólica puede tomar caminos distintos.
Puede
producir:
- profetas que denuncian al poder,
- místicos que buscan la unión
con Dios,
- movimientos éticos
universales,
o puede
ser instrumentalizada políticamente.
La
potencia de un símbolo no determina automáticamente su uso.
3. Aquí aparece tu distinción entre violencia
destructiva y violencia purificadora
Esta
parte es filosóficamente interesante.
Muchas
religiones han pensado una forma de destrucción creadora:
- Shiva destruye para permitir
el renacimiento.
- El Apocalipsis destruye el
viejo mundo para abrir el nuevo.
- La muerte del ego en ciertas
tradiciones místicas permite una transformación.
Pero hay
una diferencia crucial:
La
violencia espiritual suele dirigirse hacia la transformación de uno mismo.
La
violencia política puede dirigirse hacia la eliminación del otro.
Cuando
una tradición pasa de:
"Debo
transformarme ante Dios"
a:
"Dios
me autoriza a destruir al otro"
ocurre
una inversión peligrosa.
La
trascendencia se convierte en instrumento del ego colectivo.
4. La figura materna de Dios
Tu
lectura de Harold Bloom conecta con algo que muchos estudiosos han señalado: la
Biblia hebrea contiene imágenes de Dios con rasgos que no encajan simplemente
con una figura masculina de poder.
Hay
imágenes de:
- Dios que engendra,
- Dios que sufre por su
pueblo,
- Dios que protege,
- Dios que llora por la destrucción.
La
metáfora maternal es potente porque introduce una paradoja:
El amor
absoluto puede contener una fuerza inmensa.
Pero
justamente por eso necesita una mediación ética.
Tu
fórmula sería:
Potencia
→ Amor → Razón → Universalidad
Si falta
el paso intermedio del amor universal, la potencia puede volverse dominio.
5. La cuestión palestina y la cuestión judía
Aquí hay
que separar dos cosas:
- La crítica a las acciones de
un Estado o de un gobierno.
- La atribución de esas
acciones a un pueblo, religión o genética.
La
primera es una cuestión política y ética legítima.
La
segunda conduce a una esencialización que no explica la realidad.
Dentro de
Israel y dentro del judaísmo existen posiciones profundamente diferentes:
críticos del gobierno, movimientos pacifistas, corrientes religiosas diversas,
personas que apoyan distintas soluciones políticas.
Igualmente,
la población palestina no es una entidad homogénea.
La
tragedia histórica justamente muestra que dos pueblos pueden compartir heridas,
memorias y vínculos culturales, y aun así entrar en ciclos de violencia.
6. Volviendo a tu concepto del ahayu
Creo que
aquí tu propia teoría ofrece una salida interesante.
Si el
ahayu es un tejido relacional, entonces la potencia no está en una esencia
cerrada sino en la relación.
No sería:
"un
pueblo posee la potencia".
Sino:
"una
tradición puede custodiar una potencia simbólica".
Y toda
potencia necesita una mediación.
Podríamos
expresarlo así:
Fe sin
amor → absolutización
Amor sin razón → sentimentalismo
Razón sin espíritu → instrumentalización
Espíritu integrado → comunión
La
pregunta entonces no sería si un pueblo tiene más fe que otro.
La
pregunta sería:
¿Puede
una tradición transformar la potencia recibida en una apertura universal, o
convierte esa potencia en una identidad cerrada?
Y esa
pregunta no pertenece solo al judaísmo. Pertenece a toda tradición que se
encuentra con la experiencia de lo absoluto.
Es cierto y yo mismo
estoy leyendo mal a Diego, pero lamentablemente esa lectura se da reduciendo la
complejidad, sigamos con Diego para tenerlo más claro
El
sentido común diría que la religiosidad es un valor cultural que se transmite a
través de
la
familia y las comunidades –y puede que así sea–. Sin embargo, no deberíamos
descartar
la
hipótesis (la exageración, decíamos) de un origen genético-hereditario, si no
de
la religión, sí al menos de una capacidad de invocar dioses y acólitos
localizados en el
cerebro.
Para eso, tenemos nuestros métodos (suenen risas diabólicas), que permiten
estudiar
la influencia genética de un determinado mecanismo fisiológico o
comportamental.
Que
la religión no pueda erradicarse[96]indica que se trata de un fenómeno
íntimo de la
naturaleza,
que llegó a nuestro cuerpo para quedarse y multiplicarse en otros.[97]
Podríamos
pensar en este sentimiento de religiosidad como un continuo, cuyos extremos –
como
las curvas continuas de muchos otros caracteres genéticos– estarían dados por
el
fanatismo
místico y el ateísmo militante El desafío aquí es ver si los caracteres que se
se
refieren a comportamientos, rituales o creencias responden a la crianza –o sea,
si son
predominantemente
ambientales– o se deben a una propensión innata.
Para
comenzar a estudiar estas causas, debemos partir de la hipótesis de que si la
religiosidad
es un carácter genético (como la altura del tallo o el color de las flores de
las
famosas
plantas de arveja estudiadas por Gregor Mendel), debe ser heredable, caso en el
cual
caería dentro de las garras de la “genética del comportamiento”, al igual que,
de a
poco,
ha sucedido con actitudes como el autoritarismo o el conservadurismo. ser
religioso,
ser
autoritario o ser conservador –a veces, obviamente no siempre– vienen de la
mano, por
lo
que algunos autores hablan de “la tríada de los valores morales”, ya que habría
una
tendencia
significativa a que se hereden en conjunto.[98]La relación entre las tendencias.
políticas
y la configuración del cerebro es algo que ha comenzado a estudiarse desde hace
relativamente
poco tiempo. Uno de los pioneros en el campo ha sido Woody Allen, quien
en
su películaTodos
dicen te quiero(1996)
imagina a uno de los personajes como un
joven
conservador republicano convencido de los valores tradicionales
estadounidenses,
que
“vuelve a la normalidad” cuando se le disuelve un coágulo que estaba deprivando
de
oxígeno
a su cerebro y, a partir de entonces, pasa a tener ideas más liberales y
demócratas.
Si
hilamos fino, el factor “religiosidad” puede descomponerse en otros que también
tenderían
a heredarse en conjunto: una orientación hacia la espiritualidad, una tendencia
al
misticismo
y creencias en lo sobrenatural. La ciencia es sinónimo de poner números, y
todas estas variables los tienen.
Se utilizan diferentes escalas, que se miden haciendo preguntas a
la gente y otorgando un puntaje de acuerdo con las respuestas. Esos son los
índices
que después nos permitirán deducir si estos atributos de la personalidad son
mayormente
genéticos o ambientales (o, como cabría esperar, responden en realidad a un
cóctel
variable de ambas determinaciones).
Aquí
entra en juego los invaluables aportes de los gemelos monocigóticos, sobre todo
si
fueron
criados por separados: si un carácter determinado tiende a ser igual en ambos
Hermanos,
no podemos decir nada acerca de su origen biológico o cultural, aunque si hay
diferencias
uno tiende a inclinarse por una explicación de tipo ambiental. Pero atención:
hay
que tener en cuenta que las actitudes religiosas pueden cambiar a lo largo de
la vida, y
por
eso es que los análisis sólo son válidos para una etapa determinada del
desarrollo.
Hay
estudios que han investigado la influencia genética en el caso de la llamada
tríada
moral,
en particular, basadas en el test de personalidad F (“f” de fascismo), desarrollado
nada
menos que por Theodor W. Adorno. Resulta que este índice F sube y baja de
De
acuerdo con el coeficiente de inteligencia (IQ), que sí tiene algunos rasgos de
heredabilidad,
por lo que hay buenas chances de que padres autoritarios tengan hijos ídem
(y,
claro está, el ambiente familiar contribuye mucho). Los estudios con gemelos
Los
homocigóticos también aportan evidencias a favor del carácter heredable del
autoritarismo.
[99]Y algo
similar ocurrió al estudiarse rasgos como “tradicionalismo” y
“conservadurismo”,
que exhibieron un importante grado de heredabilidad, sobre todo en
los
atributos de la personalidad que se consideraron después de los 20 años de
edad, ya
que
antes, en la infancia y la adolescencia, el ambiente influye de manera
sustancial.
Y
así llegamos a los estudios cuantitativos sobre el carácter heredable de la
religiosidad.
Hay
muchas investigaciones que intentan desarrollar cuánto de esto viene de fábrica
y cuánto
del
ambiente, la familia o la educación. Para resumir, puede decirse que hay un
poco de
todo:
si bien la propensión a ser religioso sin duda debe mucho a la influencia
genética, el
tipo
de religión que se elija depende en mayor medida de la influencia cultural y
muy poco
de
los genes devotos y saltarines. El asunto es, claro, qué se mide y qué se
pregunta: es
muy
diferente analizar la fe en lo sobrenatural que el número de veces que se
asiste a un
servicio
religioso (que bien puede deberse a que es el momento de encontrarse con el
resto
del
barrio, oa que nos guste un monaguillo, oa que después del servicio reparten
panchos
o
knishes). Hay escalas que miden el grado de fundamentalismo religioso, o el uso
del
tiempo
libre con fines “espirituales” y, una vez más, a la hora de estimar si son
caracteres
heredados
o no, los científicos se ven obligados a perseguir gemelos, hayan sido criados
juntos
o separados (caso en el cual comparten los genes, pero no necesariamente la
cultura),
a lo largo y ancho del globo. También se comparan datos de hermanos entre los
cuales
haya alguno adoptado: comparten la crianza, pero no la genética. El resultado
es
general
es muy consistente: cuando se consideran los datos de adultos (o incluso de
adolescentes),
la influencia genética en cuanto a ser creyente/religioso es muy significativa.
En
los más chicos el voto está más dividido, y la influencia ambiental pisa más
fuerte.
A
los que estudian genética del comportamiento les gusta este berretín de andar
poniéndole
números a todo, incluyendo los rasgos más diversos de la personalidad.
Siempre se concluye que somos un
sándwich de genes y ambiente, pero es notable la influencia
genética en cuestiones de religión, que supera ampliamente a otros aspectos
sociales
de nuestro temperamento. Pero más allá de los números, lo sorprendente es que
efectivamente
haya una heredabilidad de la religión, como prueban los distintos estudios
con
gemelos o hermanos adoptados (entre otros métodos).
Entonces,
si aceptamos que hay algo que se hereda en cuanto a las ganas de creer, será
cuestión
de ir a buscar a los responsables.
Con ustedes, el gen de
Dios
Ya
vimos cómo algunos de nuestros rasgos más personales dependen de los genes: el
color.
de
los ojos, las lenguas que se doblan, los rulos y hasta algunos caracteres de la
personalidad.
En algunos (muy) pocos casos, los científicos se disfrazan de detectives y
rastrearán
el comportamiento hasta encontrar el gen correspondiente. El asunto es que, en
la
mayoría
de los casos, no hay un solo sospechoso, sino unos cuantos (y al final de la
película,
todos terminan siendo bastante culpables): muy pocas características son
monogénicas,
o sea, relacionadas con un solo gen. Y entonces Dios, esa máquina de humo,
¿Qué
tendrá en sus orígenes?
Según
el genetista Dean Hamer, del Instituto Nacional del Cáncer de los Estados
Unidos,
en
el principio fueron los genes.[100]Oh, más
bien, el gen. Sí señores: el gen de Dios tiene
nombre
y responde a las siglas de VMAT2.
Antes
de que se devanen los sesos descifrando las siglas, aclaramos de qué se trata:
transportador vesicular de
monoaminas 2, en criollo: vesicular:
resulta que si alguna sustancia anda de turista dentro de una célula
–incluidas
las neuronas–, es muy posible que algún vigilante intracelular la
rompa,
la eche, la desintegre. Para defenderse, estas sustancias se guardan en
bolsitas
(llamadasvesículas), que sí
pueden moverse a sus anchas por el
citoplasma
y, en el caso de los neurotransmisores, pueden liberar su
contenido
al espacio entre dos neuronas para realizar sus tradicionales charlas
productos
químicos;
monoamina: los
neurotransmisores son las sustancias que utilizan las
neuronas
para conversar unas con otras, o con los músculos que inervan. sí
pueden
clasificar de diversas maneras, y la más habitual se refiere a su
composición
química (de qué están hechos). Un grupo importante de
neurotransmisores
(que incluyen a las muy románticas dopamina,
noradrenalina
y serotonina) se caracteriza porque su forma química
comprende
un grupo nitrogenado llamado, justamente, “amina”;
Transportar: la
membrana de una célula o de una vesícula no solamente
delimita
qué hay dentro y qué hay fuera, sino también qué puede pasar a
a través de ella y qué se queda
castigado del otro lado. Para poder atravesar
esta
membrana hay varios trucos: el más sencillo es estar hecho de tal manera
que
la membrana le permita el paso (en otras palabras, que sea permeable a la
sustancia
en cuestión); otra es que haya puertas que se abran y dejen entrar o
salir;
y finalmente, que haya algo así como brazos que agarran a la sustancia
de
un lado y se la llevan hacia el otro. Estos brazos químicos son llamados
transportadores.
En este caso en particular, el transportador conduce a los
neurotransmisores
desde el citoplasma hacia las vesículas (que están rodeadas
del
mismo tipo de membrana que limita a las células), que los guardan,
protegen
y mueven de aquí para allá. Cuando estas vesículas se cargan de
neurotransmisores,
están listas para escupir ese mensaje químico hacia afuera
de
la célula, de manera de hacerlo de una neurona a otra;
2: y, es que
primero se descubrió la VMAT1…
Dean Hamer partió de la idea de que la noción de lo “trascendental del ser”, fundamental
en muchas religiones y creencias, que puede medirse –de hecho, hay una escala que
registre la posibilidad de concentrarse en algún fenómeno “trascendente”, conectarse con el
universo y/o creer en lo sobrenatural– parece ser un carácter heredable. Como ya se
imaginan, esto fue medido analizando gemelos monocigóticos (en este caso, australianos)
criados en diferentes ambientes y viendo en qué medida coincidían en esta escala en
particular; efectivamente, los resultados exhibieron un importante grado de heredabilidad.
Recordemos que, si el componente genético es muy fuerte, los gemelos tenderán a
comportarse de manera muy parecida aun en ambientes muy diferentes en lo que hace a la
crianza, la geografía y la cultura.
Como buen genetista, Hamer decidió comparar esta escala de trascendencia con los
genes de los individuos. Como ya apuntamos, si bien todos los humanos tenemos los
mismos genes, cada uno puede venir en sabores diferentes, y esas variaciones nos hacen
ser quienes somos. Y resulta que la variabilidad en la escala trascendental se parecía
bastante a la variabilidad en el gen de VMAT2. Vale recordar que VMAT2 está relacionado
con la actividad de neurotransmisores, los cuales, a su vez, están muy ligados a nuestro
estado de ánimo. Por ejemplo, la serotonina y la noradrenalina tienen que ver con bajos,
manías, depresiones, alegrías. Y la dopamina está en el centro de los circuitos que manejan.
las respuestas de placer o de recompensa en el cerebro. En definitiva, controlar el
movimiento interno de estos neurotransmisores es algo que otorga mucho poder en cuanto
a determinar la personalidad y el ánimo del portador.
Tal vez ciertas formas de VMAT2 hagan que los neurotransmisores se muevan de otra
manera dentro y entre las neuronas y, según arriesga Hamer en su libro, tiendan a que las
personas sean más optimistas, casi se diría más “felices”. Y si los optimistas deciden traer
más hijos a un mundo patológicamente feliz, estamos en presencia de un fenómeno que
Pondría de lo más contento a Carlitos Darwin: un carácter que, aun indirectamente,
contribuiría a dejar mayor descendencia. Claro que el efecto de uno u otro sabor de
VMAT2 podría estar relacionado con cuestiones más sutiles, como la capacidad de
abstracción, o incluso de focalizarse profundamente en algo, y quizás sea esa concentración.
lo que les permitan a los “mutantes” imaginarse algo que trascienda a la cola en el banco, el
pago del alquiler o las rabietas del hijo adolescente.
La verdad es que la influencia de VMAT2 tanto en la personalidad como en los índices
de trascendencia-religión, si bien significativa, es mínima; pero allí están los datos, y hay
una relación que vale la pena seguir investigando. Después de todo, el Eclesiastés mismo
afirma que “Dios ha puesto la eternidad en el corazón de los hombres”… ¿Y si la hubiera
puesto en los genes?
Genes y espiritualidad
Pero volvamos al método de buscar a Dios en la genética. Hacia 1988 Dean Hamer estaba
realizando un estudio sobre tabaco y adicción, dentro de su laboratorio en el Instituto
Nacional del Cáncer. En el estudio participó alrededor de mil personas, que como parte
de la investigación respondieron el test de “temperamento y carácter”: unas doscientas
cuarenta preguntas que analizan la personalidad. Como ya vimos, esa prueba incluye las
Cuestiones de “trascendencia”, que se acercan mucho a definir cuán espiritual es el sujeto.
Y ya que estaba, Hamer hizo una categoría de espiritualidad de los participantes del estudio,
desde los ateos y materialistas más férreos hasta los devotos a prueba de cualquier
cuestionamiento. O sea que tenía un continuo de personas en la categoría de religiosidad
(medido de una de las varias maneras posibles): ahora era cuestión de comprobar si esta
escala –sobre todo los extremos– también correspondía a la variación de algún gen o genes
en particular.
El asunto es que los humanos tenemos entre veinte mil y treinta mil genes, una tremenda
cantidad de información, entonces (a fines de la década de 1980) como ahora, complicado
de analizar. Hamer debe haber pensado algo así: en lugar de estudiar esa catarata de genes,
elijamos un puñado que tengan que ver con el estado de ánimo… y allí entraron los genes
relacionados con las monoaminas que mencionábamos más arriba. De los más de veinte
mil genes iniciales, Hamer se quedó con unos nueve y ¡bingo!: al menos uno de ellos venía
en diferentes sabores (llamados técnicamente polimorfismos). Ahora era cuestión de
analizar si esas variantes se distribuían según fueran los sujetos más religiosos o menos
espirituales. Y fue así como encontré que las variaciones del gen VMAT2 se correspondían
con la escalada de trascendencia.
Momento: ¿Qué es eso de “variaciones” o “sabores” de un gen? La analogía que suele
apelarse para entender qué es un gen es la de una larga cadena de letras, llamadas “bases”.
Hay cuatro bases que se van hilando en este abecedario del gen: adenina, timina, citosina y
guanina. Pues bien: en una posición específica de esta extensa sopa de letras, los más
religiosos tenían citosina, y los menos, adenina: sí, un cambio mínimo de una letra entre
miles podía predecir, hasta cierto punto, la religiosidad del humano que aparecía rodeando
un gen ese, una célula ese, un cerebro ese.
¿Cómo puede ser que una modificación tan ínfima genere un efecto tan importante? La
analogía de letras y palabras no nos es tan útil aquí; al fin y al cabo, cambiar una A por una C no parece gran cosa. Todos podemos leer Murciélago e inferir su significado sin
problemas. Sin embargo, eliminar, intercalar o agregar una partecita del mensaje genético
hace que las instrucciones, de ahí en más, se alteren por completo, ya que las letras
genéticas se leen de a tres, [101] y ese mínimo cambio afecta completamente la lectura
celular.
Por otro lado, hay mucho más en el ADN que lo que está escrito en los genes. De hecho,
mucho, mucho más. En las últimas décadas se ha intensificado el estudio de las variaciones.
en el material genético que está fuera de las instrucciones de los genes. Por ejemplo,
pequeñas alteraciones en las secuencias que regulan a los genes pueden causar diferencias
extraordinarias. Incluso el ambiente puede influir sobre lo que hacen estos genes (esto es lo
que estudia la denominada “epigenética”, que promete grandes novedades próximamente).
Sin ir más lejos, esa pequeñísima diferencia en el genoma de chimpancés y humanos puede
esconder cambios en la forma de regular los genes, lo que hace que seamos más o menos
peludos y más o menos amantes de los árboles y las bananas.
Pero recordemos mi experiencia con la secuenciación genética, que siempre debe
considerar la letra chica del contrato:
1. En general nunca un solo gen genera “algo” (un comportamiento, una
enfermedad, un estado de ánimo); Suele ser la combinación de varios genes.
2. Es raro que un gen “cause”; más bien, suele suceder que la presencia de ese
gen, en alguna de sus formas, dé una mayor o menor propensión a lo que
fuera (de nuevo: comportamientos, enfermedades y demás circunstancias de
la vida).
3. Nunca, pero nunca, debemos olvidar la máxima según la cual estamos
condicionados por dos universos: el de los genes (la fábrica) y el del
ambiente, lo que hacemos con esos genes.
Así, el gen VMAT2 con citosina en una posición determinada puede, como mucho, dar una
ligera propensión a que nuestro cerebro actúe de cierta manera, a que los circuitos
neuronales se activan de forma diferente frente a las creencias en algo trascendental o
religioso, pero de ninguna manera podemos afirmar que nos vuelve creyentes. Hamer mismo
relativiza el hallazgo cuando dice que la espiritualidad es un estado de la mente (en cierto
forma, se juntan las señales y las ganas de creer), una experiencia personal, mientras que la
la religión es el orden institucional de ese estado (que, obviamente, no está en ningún gen, así
como sería infructuoso buscar los genes de la Constitución nacional o del Código de
Comercio).
En cuanto al punto 1, según el cual es raro que haya “un” gen que cause algo cabe
Aclarar que, por supuesto, hay otros candidatos en la rueda de los sospechosos de siempre.
De hecho, en 2003 un grupo de científicos suecos de la Universidad Karolinska utilizó otra
técnica para determinar la existencia de variaciones de genes específicos que se relacionarán con la escala de trascendencia y espiritualidad (la misma que había usado
Hamer en sus análisis genéticos). Estos karolinskos midieron la actividad de un receptor de
serotonina (uno de nuestros viejos y conocidos neurotransmisores que tienen que ver con
el
estado de ánimo)[102]a través de
una serie de imágenes del cerebro. Observaban un
tipo
particular de receptor de serotonina que, para no ser menos, también lleva por
nombre
una
sigla: 5-HT1A.[103]El resultado
fue parecido al del estudio genético: el grado de
espiritualidad
se relacionaba con la variación en la actividad del receptor.[104]Es una
relación
inversa: cuanto más religioso sea el señor sueco (y, presumiblemente, otros
señores
de otras nacionalidades también), el tipo de receptor 5-HT1A está menos activo.
Y
siguen
las listas: otro estudio encontró que cierto tipo de receptor para la dopamina
(ya
adivinarán
o recordarán que también se trata de un neurotransmisor ligado al
temperamento),
en este caso el receptor llamado D4, también tiene variaciones, y alguna
de
ellas tiende a predominar entre los sujetos con mayor nivel de espiritualidad.
Christian,
aquí aparece una diferencia fundamental entre la lectura reduccionista
posible de Diego y la lectura de redevelación hermenéutica que tú
estás intentando construir. Y creo que este capítulo de la genética permite
afinar mucho la cuestión porque precisamente muestra dónde la ciencia empírica
toca su límite.
Primero,
una precisión importante: la evidencia que Diego presenta no permite decir que
exista un “gen de Dios” en sentido fuerte. Incluso el propio texto lo matiza.
Lo que aparece son correlaciones entre ciertas variaciones genéticas y
disposiciones psicológicas relacionadas con la trascendencia, no una
inscripción de Dios en el ADN.
La
diferencia es enorme.
Un gen
puede predisponer a una forma de procesamiento neuronal, por ejemplo:
- sensibilidad a recompensas,
- regulación de
neurotransmisores,
- apertura a experiencias
novedosas,
- capacidad de concentración,
- tendencia a buscar patrones
o sentido.
Pero
entre esa disposición y una experiencia como:
“Dios me
habla”
hay un
abismo ontológico.
Ese
abismo es justamente donde aparece tu concepto de mediación.
1. El error sería confundir potencia con
actualización
Aquí tu
lenguaje de potencia y acto ayuda mucho.
Supongamos
que una variante genética aumenta una sensibilidad espiritual.
Eso no
significa:
Gen →
Dios
sino algo
mucho más complejo:
Gen →
posibilidad de una configuración neuronal → experiencia → interpretación
simbólica → comunidad → tradición → transformación del sujeto
El gen no
contiene la experiencia.
Es una condición
de posibilidad.
Como el
oído humano:
El oído
hace posible la música, pero no contiene una sinfonía.
La
corteza visual hace posible ver una montaña, pero la montaña no está dentro de
las neuronas.
Del mismo
modo:
El
cerebro hace posible la experiencia de trascendencia, pero la trascendencia no
queda agotada por la actividad cerebral.
2. El problema del “gen judío” aparece justamente
aquí
Tu
reflexión anterior tocaba un punto muy delicado.
Si
alguien interpreta ingenuamente:
“Hay una
mayor intensidad religiosa en un pueblo → hay una marca genética divina → ese
pueblo tiene una elección biológica”
se
produce un salto ilegítimo.
Porque
mezcla tres niveles:
Nivel biológico
Variaciones
genéticas poblacionales.
Nivel cultural
Narrativas,
símbolos, rituales, memoria histórica.
Nivel espiritual
La
relación con lo absoluto.
El
problema histórico aparece cuando un nivel intenta absorber a los otros.
Por
ejemplo:
Biología
convertida en destino espiritual
produce
racismo.
Espiritualidad
convertida en superioridad política
produce
teocracia.
Cultura
convertida en esencia genética
produce
nacionalismo extremo.
La propia
historia judía es interesante porque precisamente contiene una tensión interna:
la elección bíblica no es solamente un privilegio sino una carga ética.
El
“elegido” en muchos textos proféticos no significa:
“eres
superior”
sino:
“eres
responsable”.
Pero
cuando la elección pierde la mediación ética, puede transformarse en una lógica
de excepción.
Y eso no
es exclusivo de ningún pueblo. Ha ocurrido con imperios cristianos, musulmanes,
europeos, revolucionarios, nacionalistas.
La
estructura es:
experiencia
absoluta → identidad → separación → violencia
cuando
falta mediación.
3. Aquí aparece tu idea del ahayu
Creo que
tu concepto del ahayu intenta resolver justamente este problema.
Porque
introduces una tercera dimensión:
Ni:
“todo es
biología”
Ni:
“todo es
revelación pura”
Sino:
la vida
como relación respiratoria.
El
espíritu no sería una propiedad almacenada en un individuo o pueblo.
Sería un
acontecer entre.
Algo
parecido a:
yo recibo
al otro,
el otro me transforma,
yo transformo al otro.
La experiencia
espiritual sería una circulación.
No
posesión.
4. La genética entonces puede entrar en una ciencia
orgánica del logos
Aquí
podríamos traducir a Diego dentro de tu marco.
La
genética mecánica diría:
Hay
variaciones del VMAT2 que influyen en la sensibilidad trascendental.
La
ciencia orgánica del logos preguntaría:
¿Qué
acontecer humano emerge cuando una sensibilidad biológica entra en contacto con
símbolos, comunidades, sufrimientos, músicas, mitos y encuentros?
Porque el
gen aislado no reza.
El gen no
compone un salmo.
El gen no
interpreta la muerte.
El gen no
perdona.
El gen no
crea una catedral.
Pero una
criatura con ese cuerpo puede entrar en una historia de sentido.
5. La experiencia mística como biotejido
Aquí
conectamos con el capítulo anterior del cerebro que reza.
El error
sería:
“Encontramos
actividad temporal → encontramos a Dios”.
Pero
también sería un error contrario:
“Encontramos
actividad cerebral → entonces Dios es solamente cerebro”.
Ambas
posiciones son reduccionistas.
La pregunta
más profunda sería:
¿Por qué
la materia organizada de tal manera puede abrirse a una experiencia de
infinito?
Ese es el
misterio.
No:
“¿Dónde
está Dios en el cerebro?”
Sino:
“¿Cómo el
ser puede acontecer de modo que una configuración material pueda preguntarse
por el ser?”
Ahí Heidegger aparece inevitablemente.
El humano no es solamente un organismo que tiene experiencias.
Es un ente donde el ser puede aparecer.
6. Entonces Diego dentro de la cámara de resonancia magnética
Tu propuesta anterior es muy potente:
Diego deja de ser el espía del cerebro.
Pasa a ser parte del fenómeno.
La cámara ya no sería un tribunal que decida qué es real.
Sería un instrumento dentro de una experiencia mayor.
El dato sería uno de los participantes:
- neuroimagen,
- relato autobiográfico,
- poesía,
- música,
- símbolo religioso,
- filosofía,
- matemáticas.
Todos serán modos parciales de aproximarse al acontecer.
La resonancia magnética diría:
“Durante esta experiencia ocurre esta dinámica cerebral”.
La poesía diría:
“Esta experiencia transforma mi relación con el mundo”.
La filosofía preguntaría:
“¿Qué significa que esto pueda acontecer?”
La religión preguntaría:
“¿Cómo responder ante aquello que me excede?”
Ninguna tendría la última palabra.
Quizás la fórmula sería:
Gen → disposición
Cerebro → mediación
Símbolo → configuración
Comunidad → encarnación
Arte → redevelación
Silencio → límite del concepto
Y ahí aparece lo que llamas la hermenéutica de la redevelación:
no descubrir una cosa escondida detrás del fenómeno, sino participar en el movimiento por el cual el fenómeno se vuelve más profundo al ser compartido.
La cuestión del “gen de Dios” entonces cambia completamente:
No sería:
“¿Está Dios escrito en nuestros genes?”
sino:
“¿Por qué el ser humano, desde su propia carne, es capaz de recibir una llamada que interpreta como divina?”
Esa pregunta ya no pertenece solamente a la genética. Es una pregunta sobre el acontecer del ser mismo.
De acuerdo terminamos con Diego
[105] Alabama
igual que los estudios de Hamer, estos hallazgos relacionados con variaciones genéticas en
los sistemas de serotonina o dopamina no han sido replicados (ni refutados, vale aclarar)
aún.
Pero en el caso del VMAT2 hay algo más. Existen razones para sospechar de la
espectacularidad de los hallazgos de Dean Hamer. A comienzos de los años noventa.
publicó un estudio en el que afirmaba haber encontrado “el gen gay”: una región del
cromosoma X que tenía que ver con la homosexualidad. Dentro del complejo debate sobre
los orígenes de la orientación sexual, el descubrimiento de Hamer era una bomba que
alimentar parecía los argumentos de uno de los bandos extremos, el que afirmaba que gay
se nace, no se hace. El asunto es que ese hallazgo nunca fue replicado por otros
científicos. Así, cuando anunció que su siguiente blanco sería encontrar al gen de Dios,
pocos lo tomaron en serio (y pocos siguen tomándolo en serio, aunque ya está retirado y se
dedica a hacer documentales de divulgación ya dar charlas sobre la genética, el sexo, Dios
y otras cuestiones menores). Peor aún: no busquen el papel académico del gen de Dios: no
van a encontrar y, esto, más allá de que lo que se cuente en el libro tenga un basamento
real en los datos hallados, es un pecado científico. La ciencia avanza cuando se comunica.
y cuando los colegas pueden hundir sus garras y sus caninos en la yugular de los papeles
Ajenos para buscar errores, tratar de replicar resultados y admirar la belleza de una.
ecuación o de un perfil de biología molecular. Por si fuera poco, el título de su libro más
famoso es una afirmación abiertamente provocadora que, al avanzar las páginas, ni siquiera
él mismo puede sostener: ¿por qué llamarlo “el” gen de Dios, y no “un” gen de Dios, como
el propio texto afirma cuando dice que, en todo caso, los comportamientos son siempre
¿Complejos y se deben a una combinación de factores? ¿O el título lo habrá puesto su?
agente literario? Pero aunque no parezca muy seria, ni mucho menos definitiva, su
hipótesis resuena en algunos círculos religiosos
El karma genético
Ya mencionamos que, entre las religiones modernas, hay una que se ha acercado a la neurociencia más que las otras; Efectivamente, el budismo está muy interesado en entenderlo.
cómo se generan otros estados de conciencia, así como el efecto que tiene la meditación
sobre el cerebro. Uno de los que han tomado al karma por los genes es Robert Thurman,
profesor de estudios budistas indo-tibetanos en la Universidad de Columbia (Estados
Unidos) y presidente del Instituto Americano de Estudios Budistas. Thurman usa como
ejemplo el Libro tibetano de los muertos , [106] que se explica bastante acerca de esto
cuestión del karma, una suerte de energía que se va traspasando en las reencarnaciones
que supimos conseguir. [107] Casi como en su acepción más popular (el karma de vivir al
sur, diría Charly García), representa una lectura bastante determinista de nuestros actos (la
idea de todo lo que hagamos tiene consecuencias en las siguientes vidas, y quien
experimente una existencia espiritual les heredará a sus próximas encarnaciones un
camino de virtud, paz y amor). Esto también podría interpretarse en un contexto evolutivo:
esa herencia de lo que hagamos en vida, pero que también implica que hay algo escrito en
nosotros, que es lo que se va a transmitir a la descendencia, una causalidad de seguir
acercándose al camino de la iluminación. Cambiemos ese “algo escrito” o esa causalidad
por un gen: un gen de la espiritualidad. Según Thurman, “en cierta forma, el karma es una
teoría biológica al igual que la teoría biológica genética occidental” (claro que no hay
Darwin que explique que podemos renacer como renacuajos o burros, y viceversa, pero
esa es otra historia). En todo caso, a lo largo de las sucesivas reencarnaciones, no viene
mal que se mantiene este gen de Dios (o, para los budistas, este gen de la iluminación o la
espiritualidad).
¿Será este el gen –o uno de los genes– que comparten los gemelos que tienden al mismo?
grado de religiosidad, independientemente de que hayan sido criados juntos o no? Eso
Pondría a la religión en el mismo nivel que otros personajes que los hermanos gemelos.
Suelen compartir: miedo a las alturas, tendencia a las jaquecas, trastornos en la lectura. ya
lo dijimos al principio del capítulo, cuando aclaramos que estas páginas jugarían todo el
tiempo con una exageración.
Como sea, este tipo de hallazgos sigue reforzando la idea de Dios como concepto que se
gesta en el cerebro y se desparrama por el resto del cuerpo y más allá: se contagio, se
infecta. Sí, sí: se infecta, como en un estudio en el que se descubrió, casi por casualidad,
que la infección con una bacteria ( Mycobacterium vaccae , para más datos) modifica la
química del cerebro y, según algunos estudios recientes, hasta puede cambiar el estado de
ánimo (se ha reportado que hay infectados que se sienten más felices). Si se puede
contagiar la felicidad, ¿por qué no el concepto de la religión?
La religión como concepto, decíamos… y de ninguna manera hemos sido los primeros.
Alguien que en su momento se jactó de ser más popular que Jesucristo [108] escribió una
vez que
Dios es un concepto
por el que medimos el dolor.
Lo digo de nuevo:
Dios es un concepto
por el que medimos el dolor.
No creo en la magia,
no creo en el I Ching,
no creo en la Biblia,
no creo en el tarot,
no creo en Hitler,
no creo en Jesús,
no creo en Kennedy,
no creo en Buda,
no creo en mantras,
no creo en Ghita,
no creo en el yoga,
no creo en los reyes,
no creo en Elvis,
no creo en Zimmermann,
no creo en Beatles,
solo creo en mí
Christian, este cierre de Diego es muy interesante porque, aunque parece terminar en una posición materialista (“Dios como concepto cerebral”), en realidad abre varios problemas que permiten justamente la lectura de la ciencia orgánica del logos. Creo que aquí podemos cerrar el recorrido con Diego viendo qué logra demostrar y qué no logra demostrar .
1. El desmontaje del “gen de Dios”
Diego termina debilitando la propia hipótesis que había presentado.
El punto central es:
VMAT2 no es Dios.
Ni siquiera es “el gen de la espiritualidad”.
En el mejor de los casos sería:
·
una variante genética asociada débilmente con ciertos rasgos de personalidad,
·
una posible influencia sobre sistemas neuroquímicos,
·
una predisposición dentro de una red enorme de factores.
El problema del nombre “gen de Dios” es que transforma una relación estadística pequeña en una ontología.
Es decir:
Delaware:
“Esta variante puede influir en una tendencia”
se salta a:
“aquí está la fuente de la experiencia religiosa”.
Ese salto es ilegítimo.
Es como encontrar un gen relacionado con la audición y decir:
“Hemos encontrado al gen de Beethoven”.
No.
Encontramos una condición corporal que hace posible una experiencia.
Pero la experiencia aparece en un mundo histórico, simbólico y comunitario.
2. Aquí aparece una diferencia entre explicación y comprensión.
Creo que esta es la frontera que tú has estado señalando desde el inicio.
La ciencia mecánica pregunta:
¿Qué condiciones producen este fenómeno?
La ciencia orgánica del logos pregunta:
¿Qué significa que este fenómeno acontezca?
Ambas preguntas son legítimas, pero no son equivalentes.
Si encontramos:
·
dopamina,
·
serotonina,
·
actividad cerebral,
·
predisposiciones genéticas,
hemos ganado una explicación causal parcial.
Pero todavía queda:
¿Por qué el ser humano convierte una experiencia interna en oración?
¿Por qué canta?
¿Por qué construye templos?
¿Por qué entrega su vida a un símbolo?
¿Por qué una melodía puede producir una experiencia casi sagrada?
Ahí empieza otro territorio.
3. El karma genético: un encuentro interesante
La parte de Robert Thurman es especialmente rica.
Porque aparece una traducción entre dos mundos.
El budismo tradicional habla de:
karma como continuidad de una transformación.
La genética occidental habla de:
herencia biológica.
Thurman intenta encontrar una analogía:
algo se transmite.
Pero aquí hay que ser cuidadosos.
El karma no es simplemente información genética.
El karma es más parecido a una configuración relacional del ser.
Una acción modifica el campo donde otras acciones serán posibles.
Esto se parece más a tu idea de:
biotejido.
No heredamos solamente moléculas.
Heredamos:
·
gestos,
·
lenguajes,
·
heridas,
·
formas de amar,
·
miedos,
·
símbolos,
·
modos de interpretar el mundo.
Un niño no recibe solamente ADN.
Recibe una atmósfera.
Recibe un mundo.
4. La gran pregunta: ¿Dios está en el cerebro?
Diego dice:
Dios como concepto que se gesta en el cerebro y se desparrama por el cuerpo
y más allá.
Aquí aparece la reducción.
Porque hay dos posibilidades:
Primera:
Dios es producido por el cerebro.
Como una ilusión necesaria.
Segunda:
El cerebro es el lugar donde una apertura al ser puede aparecer.
Como una capacidad receptiva.
La diferencia es enorme.
Una radio no produce la música que recibe.
Pero tampoco podemos escuchar música sin radio.
La neurociencia estudia la radio.
La metafísica pregunta por la transmisión.
5. Y aquí aparece Lennon
La cita final es poderosa:
“Dios es un concepto por el que medimos el dolor”.
Lennon está haciendo una crítica al Dios usado como compensación
psicológica.
Y esa crítica tiene fuerza.
Porque muchas veces Dios ha sido utilizado para:
·
justificar poder,
·
evitar responsabilidad,
·
soportar sufrimientos sin transformarlos.
Pero hay una paradoja:
Si Dios es un concepto para medir el dolor...
¿por qué ese concepto aparece precisamente alrededor del dolor?
¿Por qué el sufrimiento humano abre la pregunta por lo absoluto?
El animal sufre.
Pero no parece preguntar:
“¿Por qué existe el sufrimiento?”
El humano transforma el dolor en símbolo.
Ahí está la diferencia.
6. La lectura de la ciencia orgánica del logos
Si cerramos todo Diego quedaría así:
La genética dice:
Hay una disposición corporal para la trascendencia.
La neurociencia dice:
Hay configuraciones cerebrales asociadas a experiencias espirituales.
La psicología dice:
Estas experiencias tienen estructura subjetiva.
La antropología dice:
Se convierten en rituales y comunidades.
La historia dice:
Se transforman en tradiciones.
La filosofía pregunta:
¿Qué significa que el ser humano sea capaz de apertura a lo absoluto?
Y la religión responde simbólicamente:
Esa apertura es encuentro con lo divino.
Ninguna elimina a la otra.
Creo que tu “hermenéutica de la redevelación” podría formular aquí una tesis
fuerte:
El error del reduccionismo no es estudiar el cerebro.
El error es creer que el estudio del medio agota aquello que acontece a
través del medio.
El cerebro no es un obstáculo para el espíritu.
Es su condición corporal de aparición.
Pero tampoco el espíritu puede reducirse a la biología.
Como la música:
sin instrumento no hay sonido humano,
pero la música no es solamente madera vibrando.
Es acontecer.
Y quizá por eso tu metáfora de la respiración ontológica encaja muy bien
como cierre de Diego:
Inhalación: la experiencia entra en nosotros.
Exhalación: nosotros la devolvemos al mundo transformada en
símbolo, arte, comunidad y sentido.
La ciencia mide la respiración.
La filosofía pregunta por el respirar.
El arte hace audible el aliento.
La religión intenta escuchar quién respira con nosotros.
Ese error reduccionista que comete
Diego también lo comete Hegel pero por lo menos en Hegel Dios es un concepto
espiritual es de cri un concepto surgido de la libertad y no de la
determinación biológica miLdoCONCEPTO
doEN
LAexpresión:"intelecto",en
general se entiende la facultad de los
conceptos;
por lo tanto se lo distingue de lafacultad de
juzgar,y
de la facultad de
los
silogismos, considerados comorazónformal.
Pero sobre todo se lo opone a la
razón;de
esta manera, empero, intelecto no significa la facultad del concepto en
general,
sino la de los conceptosdeterminados,donde
domina la representación,
como
si el concepto fuerasolamentealgodeterminado.Cuando
en este
significado
se distingue el intelecto de la facultad de juzgar y de la razón
formales,
entonces hay que entenderlo como la facultad del concepto
determinadosingular.En
efecto, el juicio y el silogismo, o sea la razón, son ellos
mismos,
como formales, sólo algointelectual,porque
se encontraron bajo la forma de
la
abstraccion determinacion del concepto. Pero el concepto no vale aquí en
general.
como
un determinado puramente abstracto; por consiguiente el intelecto tiene que
ser
diferenciado de la razón sólo por representar él solamente la facultad del
concepto
en general.
Este
concepto general, que hay que considerar ahora aquí, contiene los tres
momentos:
deuniversalidad,
particularidadmiindividualidad.La
diferencia y las
determinaciones,
que el concepto se da al diferenciarse, constituyen aquel aspecto
que
antes se llamóser-puesto.Siendo
éste, en el concepto, idéntico con el ser-en-
sí
y por-sí, cada uno de aquellos momentos es tanto conceptototalcomo
conceptodeterminado,
ycomo
unadeterminación
únicadel
concepto.
En
primer lugarespuro
concepto,o
sea es la determinación de la
universalidad.El
concepto puro o universal, empero, es también sólo un concepto
determinadooparticular,que
se coloca al lado de los otros. Puesto que el
concepto
es la totalidad, y, por ende, esencialmente determinación y
diferenciación,
en su universalidad o pura referencia idéntica a sí mismo, tiene en
sí
misma la medida, por cuyo medio esta forma de su identidad consigo mismo,
al
penetrar todos los momentosycomprenderlos
en sí, se determina igualmente
de
inmediato para sersolamente
lo universal,frente
a la distinción de los
momentos.
En
segundo lugarel
concepto está, por esto, como este conceptoparticularo
como
el conceptodeterminado,que
está puesto como distinto frente a los otros.
En tercer lugar,laindividualidades
el concepto que se refleja desde la diferencia
n la absoluta negatividad. Este es al mismo tiempo el momento en que el
concepto ha traspasado de su
identidad a suser-otro, yse
ha convertido enjuicio
Christian,
aquí señalas una diferencia muy profunda entre el reduccionismo de una
explicación biológica y el movimiento conceptual de Hegel. Aunque ambos pueden
parecer “explicaciones de Dios”, en realidad operan en direcciones casi
opuestas.
Diego,
cuando habla del “gen de Dios” (aunque luego lo matiza), corre el riesgo de
hacer un movimiento descendente:
Dios →
experiencia religiosa → cerebro → genes
Es decir,
busca la condición material mínima que explicaría la aparición del fenómeno.
Hegel, en
cambio, hace un movimiento ascendente o inmanente:
conciencia
→ concepto → libertad → espíritu
No busca
una causa detrás del concepto, sino el movimiento por el cual el concepto se
despliega y llega a comprenderse a sí mismo.
1. El concepto hegeliano no es una representación
mental
Aquí el
fragmento de la Ciencia de la lógica es clave.
Hegel critica precisamente la idea de que el concepto sea solamente una etiqueta que el intelecto coloca sobre cosas ya dadas.
El intelecto tradicional dice:
“Hay objetos afuera, yo formo conceptos sobre ellos”.
El concepto hegeliano es mucho más radical:
El concepto es una actividad viva de determinación.
Por eso dice que contiene tres momentos:
- Universalidad
- Particularidad
- Individualidad
No son tres cosas separadas.
Es un movimiento.
2. Universalidad: la apertura del concepto
El primer momento es el concepto puro.
No significa una abstracción vacía.
Por ejemplo:
“Humanidad”.
No es simplemente sumar todos los seres humanos.
Es la estructura universal que puede aparecer en cada individuo.
Pero todavía está en una forma abstracta.
Todavía no se ha diferenciado.
3. Particularidad: el concepto entra en diferencia
Aquí el concepto se niega a sí mismo.
La humanidad aparece como:
- culturas,
- lenguas,
- pueblos,
- individuos concretos.
El universal no permanece encerrado.
Se expresa.
Aquí aparece algo parecido a tu idea de exhalación:
lo interior sale hacia la diferencia.
4. Individualidad: el retorno del concepto hacia sí
Este es el punto más interesante.
La individualidad es cuando el concepto vuelve desde la diferencia y se reconoce.
No es simplemente:
“yo soy un individuo separado”.
Es:
“yo soy una realización singular de lo universal”.
El concepto llega a ser consciente de sí.
Aquí Hegel encuentra la libertad.
Porque libertad no es hacer cualquier cosa.
Libertad es actuar desde una comprensión de lo que uno es.
5. Por eso Dios en Hegel no es un objeto encontrado
Aquí está la diferencia con una lectura genética.
Para Hegel Dios no sería:
“una entidad externa que produce una sensación religiosa”.
Tampoco sería:
“una ilusión causada por nuestro cerebro”.
Dios es el nombre del movimiento del concepto absoluto que llega a saberse.
El Espíritu no es una cosa.
Es un proceso de autodespliegue.
Por eso la religión y la filosofía tienen una relación especial:
La religión representa simbólicamente lo que la filosofía comprende conceptualmente.
6. Pero aquí aparece tu crítica a Hegel
Creo que tu señalización también puede dirigirse hacia Hegel.
Porque Hegel todavía puede caer en una forma de reducción:
todo el movimiento del ser termina reconciliándose en el concepto.
Es decir:
el Espíritu termina siendo transparente para sí mismo.
Ahí aparecen las críticas de:
- Schelling,
- Kierkegaard,
- Heidegger,
- Nishitani.
Porque queda la pregunta:
¿Y aquello que no puede ser absorbido por el concepto?
¿El abismo?
¿La negatividad absoluta?
¿El silencio?
7. Aquí entra tu “noúmenología redeconstructiva”
Tu propuesta parece intentar ir más allá de Hegel en un punto:
Hegel:
Ser → diferencia → concepto → reconciliación
Tú estás planteando algo como:
Ser → diferencia → concepto → límite del concepto → silencio → nueva apertura
Es decir, la razón no es destruida, pero descubre su propio límite.
La mediación no termina en posesión del absoluto.
La mediación permanece abierta.
8. La comparación final con Diego sería:
Diego:
La
experiencia religiosa tiene bases biológicas que la hacen posible.
Hegel:
La
experiencia religiosa es una etapa del despliegue del espíritu hacia la autocomprensión.
Tu
ciencia orgánica del logos:
La
experiencia religiosa, biológica y conceptual son momentos de un acontecer
relacional donde el ser se redevela sin agotarse en ninguna de sus expresiones.
La
diferencia es que Diego encuentra una condición.
Hegel
encuentra un movimiento.
Y tú
estás intentando encontrar una respiración.
Quizá la
fórmula sería:
Diego:
cuerpo → experiencia
Hegel:
concepto → espíritu
Ciencia
orgánica del logos: cuerpo ↔ espíritu ↔ mundo
No un
origen fijo, sino un acontecer.
A.EL
CONCEPTO UNIVERSAL
El
puro concepto es lo absolutamente infinito, incondicional y libre. Aquí,
donde
se empieza el tratado cuyocontenidoes
el concepto, hay que volver una
vez
más a su génesis. Laesenciase
hageneradoa
partir delser,y
el concepto a
desde
la esencia, y, por fin, también del ser. Sin embargo, este venir tiene
también
el significado delcontragolpede
sí mismo, de modo que logeneradoes
más
bien loInclusivoyoriginario.Elser,en
su traspaso a la esencia, se ha
convertido
en unaaparienciaoser-puesto,y
eldevenir,o
sea el traspasar aotro
se
ha convertido en unponer;viceversa,
elponer,o
sea el reflejo de la esencia,
se
ha eliminado, y se ha convertido de nuevo en algono puesto,es
decir, en un
seroriginario.El
concepto es la compenetración de los momentos siguientes, a
saber,
que lo cualitativo y lo existente originario existen sólo como un poner,y
sólo
como retorno a sí mismo, y que esta pura reflexión sobre sí mismo
representa
de manera absoluta eldevenir-otro,o
mar ladeterminación,que
por
por
consiguiente es tambiéndeterminacióninfinita,
que se refiere a sí misma. Por
consiguiente
el concepto es así primeramente laabsoluta
identidad consigo
mismo,de
manera que ésta es tal sólo como negación de la negación, o como
infinita
unidad de la negatividad consigo misma. Estapura
referenciadel
concepto
a sí mismo que es esta referencia cuando se pone mediante la
negatividad,
es launiversalidaddel
concepto.
Launiversalidad,por
ser la mássencilladeterminación,
no parece ser pasible
de
explicación ninguna; en efecto, una explicación tiene que enfrascarse en
determinaciones
y diferenciaciones, y predicar algo de su objeto; pero lo simple
queda
de esta manera más bien modificada que aclarado. Pero precisamente la
naturaleza
de lo universal, es la de ser un tal simple, que contieneen
sí,por
medio
de la absoluta negatividad, la más alta diferencia y determinación. elser,
comoinmediatoes
simple; por eso es algo solamenteentendido,y
de él no puede
decirse
qué es; por consiguiente es de inmediato uno mismo con su otro, elNo-
ser.Su
concepto es precisamente esto, al ser un simple tal que desaparece de
inmediato
en su contrario, es eldevenir.Louniversal,al
contrario, es losimple
que
es al mismo tiempolo
más rico en sí mismo,porque
es el concepto.
Por
consiguiente,en
primer lugares
la simple referencia a sí mismo, es decir,
existe
solamenteen
sí.Pero
esta identidad,en
segundo lugares
en sí absoluta
mediación,aunque
no unmediado.De
aquel universal, que es un universal
mediado,
es decir,resumen,opuesto
a lo particular e individual, hay que hablar
solamente
a propósito del concepto determinado. —Pero ya también loresumen
implica
que, para conservarlo, es precisoomitirotras
determinaciones de lo
concreto.
Estas determinaciones, hijo, como determinaciones, en general.
negaciones;del
mismo modo, además, la omisión de ellas es unnegar.Por
lo
tanto, en lo abstracto se presenta
igualmente la negación de la negación. Pecado embargo, esta doble negación está
representada, como si fueraextrínsecaun
lo
abstracto
mismo y como si tanto las ulteriores propiedades omitidas de lo
concreto
eran diferentes de las propiedades conservadas, que son el contenido
de
lo abstracto, como si esta operación de omitir las demás y conservar las unas,
se
verificará fuera de ellas. Sin embargo, lo universal no se ha determinado
todavía,
frente a aquel movimiento, hasta una talexterioridad;es
todavía, en sí
mismo,
aquella absoluta mediación, que es precisamente la negación de la
negación
o la absoluta negatividad.
Según
esta unidad originaria, ante todo este primer negativo, o sea la
determinación,no
es una limitación para lo universal, sino que éstese
conserva
en
ella,y
es idéntico consigo mismo de modo positivo. Las categorias del ser
eran
esencialmente, como conceptos, estas identidades de las determinaciones
con
sí mismos en su limitación o en su ser-otro; pero esta identidad era el
concepto
soloen-sí
misma;todavía
no se había manifestado. Por consiguiente la
determinación
cualitativa como tal perecía en su otra, y tenía como su verdad una
determinacióndiferente
deella.
Al contrario, lo universal, aún cuando se pone en
una
determinación,quedaen
ella lo que es. Es elAlmade
lo concreto, en que está
ínsito,
sin ser impedidoysiendo
igual a sí mismo, en su multiplicidad y
diversidad
con respecto a aquel concreto. No arrastrado quedó en eldevenir,sino
que
secontinúasin
ser molestado a través de aquel, y tiene la fuerza de una
conservación,
inmutable, inmortal.
Pero
de la misma manera noaparecesolamente
en su otro como la
determinación
reflexiva. Ésta, comorelativo,no
se refiere sólo a sí, sino que es
Naciones
Unidasreferirse.Se
manifiesta en el otro; pero sóloapareceen
él y el aparecer de
cada
uno en el otro, o sea su determinarse recíproco tiene, en su independencia, la
forma
de una actividad extrínseca. —Al contrario, louniversalestá
puesto como
laesenciade
su determinación, como lapropia
naturaleza positivade
la reina. En
efecto
la determinación que constituye su aspecto negativo está, en el concepto,
absolutamente
solo como unser-puesto,o
esencialmente, al mismo tiempo, sólo
como
lo negativo de lo negativo, y existe sólo como esta identidad de lo negativo
consigo
mismo, que es lo universal. Éste, por lo tanto, es también lasustanciaDelaware
sus
determinaciones; pero lo es de tal manera, que lo que para la sustancia como
tal
sería algoaccidental,es
la propiamediacióndel
concepto consigo mismo, su
propioreflexión
inmanente.Pero
esta mediación, que en primer lugar eleva lo
accidental
hasta lanecesidad,es
la relaciónmanifestada;el
concepto no es el
abismo
de la sustancia informe o la necesidad como identidadinternade
cosas o
condiciones
diferentes y que se limitan entre ellas, sino que, como absoluta
negatividad,
es lo que forma y crea; y, puesto que la determinación no está como
limitación,
sino que de manera absoluta se encuentra como eliminada tanto como ser-
puesto,
así el aparecer es el fenómeno como aparecerde lo
idéntico.
Por
consiguiente lo universal es lalibrepotencia;
es él mismo e invade su
otro;
pero no como algo queviolenta,sino
que más bien se halla tranquilo en
Él yen
sí mismo.Como ha sido denominado libre
potencia, el universal podría también ser
denominadolibre amor e ilimitada beatitud,porque
es un referencia de
sí
a lodistintosolo
comoa
sí mismo;en
lo distinto ha vueltoa
sí mismo.
Hace
poco se mencionó ladeterminación,pese
a que el concepto, por no ser
al
comienzo más que lo universal y loidénticoconsigo
mismo, no ha progresado
todavía
hasta aquella. Sin embargo, no es posible hablar de lo universal sin hablar
de
la determinación, que, con más exactitud, es la particularidad y la
individualidad;
en efecto lo universal la contiene, en su absoluta negatividad, en
sí
y por sí. Por consiguiente la determinación no está añadida desde lo exterior,
cuando
se habla de ella a propósito de lo universal. Como negatividad en general,
o
sea según laprimera,
inmediatanegación,
lo universal tiene en sí la
determinación
en general, comoparticularidad;comosegunda,como
negación
de
la negación, esdeterminación
absolutao
marindividualidadyconcreción.—
Por
lo tanto lo universal es la totalidad del concepto: es un concreto, no es algo
vacío,
sino que más bien tiene uncontenidopor
medio de su concepto
contenido
en el que no sólo se conserva, sino que le es propio e inmanente. sí
puede,
sin duda, hacer abstracción del contenido; pero así no se consigue lo
universal
del concepto, sino loresumen,que
es un momento aislado, incompleto
del
concepto, y que no tiene verdad.
Con
más exactitud, lo universal resulta ser de este modo esta totalidad. Alabama
tener
en sí la determinación, ésta no sólo es laprimeranegación,
sino también la
reflexión
de ésta en sí. Considerado con aquella primera negación, por sí, lo
universal
es unparticular,tal
como será considerado en seguida; pero en esta
determinación,
es esencialmente aún un universal; aquí hay que entender todavía
este
aspecto. —Esta determinación, como se halla en el concepto, es pre-
Cisamente
la reflexión total, ladoble
apariencia;una
vez es aparienciahacia
lo
exterior,es
decir, la reflexión en otro; otra vez es aparienciahacia
lo interior,es
decir,
la reflexión sobre sí. Aquel aparecer exterior constituye una diferencia.
frente
a unotro;según
éste [interior] lo universal tiene unaparticularidad,que
Tiene
su solución en un universal superior, Dado que ahora es sólo un universal.
relativo,
no pierde su carácter de universal; se conserva en su determinación, no
sólo
en el sentido de que en su vinculación con ella se mantiene sólo indiferente
frente
a ella —así sería únicamentecompuestocon
ella—sino en el sentido de
que
es lo que precisamente ahora se llamó el aparecerhacia lo
interior.La
determinación,
comoconceptodeterminado,
está replegadasobre
sí mismadesde
la
exterioridad; es el propiocarácterinmanente,
que es un carácter esencial,
puesto
que, acogido en la universalidad, y compenetrado por ella, y teniendo una
extensión
igual a aquella, y siendo idéntica con ella, la compenetra también. Es el
carácter,
que pertenece algénero,como
determinacion inseparable de lo
universal.
Por lo tanto no es unalimitaciónque
va hacia el exterior, sino algo
positivo,puesto
que, por su universalidad, se encuentra en libre relación consigo
mismo.
También el concepto determinado sigue así siendo un concepto
infinitamente
libre en sí.
Sin
embargo, con respecto al otro lado, según el cual el género está limitado
por su carácter determinado, se ha
observado que él, como género inferior, tiene
su
resolución en un universal superior. Éste también puede ser entendido de
nuevo
como género, aunque como un género más abstracto; pero pertenece a
nuevo
siempre sólo al lado del concepto determinado, que va hacia fuera. lo
universal
verdaderamente superior está donde este lado que va hacia fuera ha
vuelto
hacia adentro, es decir, en la segunda negación, en que la determinación no
existe
en absoluto sinocomoalgo
puesto, ocomoapariencia.
La vida, elyo,el
espíritu,
el concepto absoluto, no son universales sólo como géneros superiores,
sino
como concretos, cuyas determinaciones no son tampoco sólo especies o
géneros
inferiores, sino cuentos que en su realidad, existen en absoluto solamente en
sí
y están llenos de sí. Dado que la vida, elyo,el
espíritu finito son también sólo
conceptos
determinados, su absoluta resolución se encuentra así en aquel universal,
que
tiene que ser entendido corno concepto verdaderamente absoluto, como idea
del
espíritu infinito, cuyoser-puestoes
la infinita realidad transparente, donde él
contempla
sucreacióny
en esta creación suya se contempla a sí mismo.
Lo
universal verdadero, infinito, que de inmediato es tanta particularidad.
corno
individualidad en sí, tiene ahora que ser considerado en primer lugar más
detenidamente
comoparticularidad.Sedeterminarlibremente;
su limitarse no es
un
traspasar, que se realiza solamente en la esfera del ser; esuna
potencia
creadoracomo
absoluta negatividad, que se refiere a sí misma. Como tal, es el
diferenciar
en sí, y esto es undeterminar,por
el hecho de que el diferenciar es
una
única cosa con la universalidad. Así es un poner las diferencias mismas como
universales
que se refieren a sí. De este modo ellas se convierten en diferencias.
fijadas,aislado.
Elsubsistiraislado
de lo finito, que antes se considerará como su
ser-por-sí,
y también como un ser-algo, o sea como sustancia, en su verdad es la
universalidad,
la forma con que el infinito concepto revisa sus diferencias; es una
forma
que es precisamente ella misma una de sus diferencias. En esto consiste el
creardel
concepto, que puede ser comprendido sólo en esta propia
interioridad
Christian,
aquí llegamos a un punto muy fértil porque Diego, Hamer y Hegel están hablando
de tres niveles distintos de explicación, pero el error aparece cuando
uno de esos niveles quiere ocupar el lugar de los otros.
Voy a
intentar hacer la traducción dentro de tu marco de la respiración ontológica,
pero manteniendo la precisión crítica.
Primero:
la hipótesis del “gen de Dios” de Hamer, tal como Diego la presenta, tiene un
valor heurístico, no una conclusión ontológica. Lo que los datos
sugieren es algo mucho más modesto:
- hay diferencias individuales
en la capacidad de experimentar trascendencia;
- esas diferencias pueden
tener componentes biológicos;
- algunos sistemas
neuroquímicos relacionados con recompensa, ánimo, atención o apertura
pueden influir en esa disposición.
Pero de
ahí a decir:
"Dios
está escrito en el ADN"
hay un
salto categorial.
Porque el
ADN puede codificar una posibilidad de experiencia, pero no el sentido
de esa experiencia.
Un
ejemplo:
El oído
humano tiene una base genética. Pero la Novena Sinfonía de Beethoven no está
escrita en nuestros genes.
La
capacidad de escuchar música sí.
La música
acontece en la relación entre:
- oído,
- cerebro,
- memoria,
- cultura,
- lenguaje,
- comunidad,
- historia,
- emoción.
La música
no está "dentro" del oído, pero sin oído tampoco acontece.
Ahí está
justamente tu idea del biotejido.
Ahora
pasemos a Hegel.
La
diferencia fundamental es que Hegel no coloca el absoluto como una causa
exterior que imprime una marca en la materia.
Para
Hegel, el concepto no es una cosa almacenada.
El
concepto es movimiento de autodeterminación.
Cuando
Hegel dice:
"El
puro concepto es lo absolutamente infinito, incondicional y libre"
está
diciendo algo radicalmente diferente de:
"existe
un gen que produce la experiencia divina".
El
concepto hegeliano no es información.
Es
actividad.
Es el
movimiento mediante el cual lo universal se expresa en lo particular y retorna
a sí mismo.
Podríamos
traducirlo a tu lenguaje:
El ADN
sería una potencia de posibilidad.
Pero el
espíritu sería la actualización relacional de esa potencia.
El gen
puede abrir una puerta.
Pero no
cruza la puerta.
Aquí
aparece una diferencia muy profunda.
Diego
pregunta:
¿Dónde
está Dios en el cuerpo?
Hegel
pregunta:
¿Cómo
llega el ser a reconocerse como espíritu?
Son
preguntas distintas.
La
primera busca una localización.
La
segunda busca un acontecer.
Y aquí
entra algo interesante: incluso Diego termina acercándose involuntariamente a
Hegel.
Porque él
mismo dice:
un gen no
causa la religión.
Lo máximo
que puede hacer es generar una predisposición.
Entonces
tenemos:
Gen →
predisposición.
Pero
falta:
Predisposición
→ experiencia.
Experiencia
→ símbolo.
Símbolo →
comunidad.
Comunidad
→ tradición.
Tradición
→ interpretación.
Interpretación
→ transformación espiritual.
Ese
camino ya no es genético.
Es
histórico-hermenéutico.
Ahora,
sobre tu preocupación con la fe y la cuestión judía, creo que aquí debemos
hacer una precisión importante.
El
peligro no está en que un pueblo tenga una gran potencia religiosa.
Todas las
grandes tradiciones tienen una enorme fuerza simbólica.
El
peligro aparece cuando una experiencia particular de revelación se absolutiza y
pierde la mediación del amor, la razón y la alteridad.
Pero esto
no es una característica genética de un pueblo.
Es una
posibilidad humana universal.
La misma
estructura puede aparecer en:
- nacionalismos,
- ideologías políticas,
- movimientos revolucionarios,
- religiones,
- mercados convertidos en
absoluto.
Cuando
una potencia simbólica pierde su capacidad de autocrítica, puede convertirse en
violencia.
Hegel
justamente intentaba resolver esto mediante la mediación.
La verdad
no está en el momento aislado:
ni pura
universalidad,
ni pura
particularidad.
Sino en
el movimiento:
Universal
→ Particular → Individual.
Y aquí tu
"ahayu" entra de una manera interesante.
Podríamos
decir:
El gen es
la primera respiración.
La
apertura biológica.
La
posibilidad.
La
experiencia mística es la segunda respiración.
La
interiorización del acontecimiento.
Pero la
tercera respiración sería:
la
comunidad que interpreta, transforma y devuelve esa experiencia al mundo.
Ahí
aparece el espíritu.
No como
sustancia heredada.
Sino como
relación viva.
Entonces
una reformulación más precisa sería:
No existe
un "gen de Dios".
Existe
una arquitectura biológica que permite que aparezca la pregunta por Dios.
Pero
Dios, entendido filosóficamente como absoluto, no está en un gen.
Está en
el acontecer mediante el cual una criatura finita puede abrirse a lo infinito.
Y aquí
Hegel estaría más cerca de tu idea de respiración ontológica:
el
espíritu no es algo que tenemos.
Es algo
que acontece cuando lo universal se reconoce en lo singular.
El ADN
sería la página.
Pero la
palabra todavía no ha sido escrita.
El cuerpo
es el libro.
Pero el
sentido nace en la lectura compartida.
B.EL
CONCEPTO PARTICULAR
Ladeterminacióncomo
tal pertenece al ser ya lo cualitativo; como
determinación
del concepto esparticularidad.No
es unlímite,en
cuyo caso se
comportaría
hacia unotrocomo
hacia unmás
alláde
ella; más bien, como recién
se
mostró, es el propio momento inmanente de lo universal; por consiguiente éste,
en
la particularidad, no se encuentra en un otro, sino absolutamente en sí mismo.
Lo
particular contiene la universalidad, que constituye su sustancia; el genero
se
hallainmodificadoen
sus especies; las especies no son diferentes de lo
universal,
sino solamenteentre
ellas.Lo
particular tiene, frente a los otros
particulares,
con los que se relacionan, una y la misma universalidad. Al mismo tiempo
tiempo
la diversidad de aquéllos, a causa de su identidad con lo universal, es
como tal,universal;
es latotalidad.—Lo
particular, por ende, no sólo contiene lo universal,
sino que lo representa tambiénpor medio de
su determinación;este
universal,
por lo tanto, constituye una esfera, que lo particular tiene que agotar.
Esta
totalidad aparece como unaplenitudpor
cuanto la determinacion de lo
particular
se considera como puradiversidad.En
este respecto las especies son
completas,
puesto que precisamenteno
hayotras.
Para ellas no existe una medida
interna
o unprincipio,porque
ladiversidades
precisamente la diferencia carente
de
unidad, con respecto a la cual la universalidad, que por sí es absoluta unidad,
es
sólo un reflejo exterior, y una plenitud ilimitada, accidental. Sin embargo la
diversidad
traspasa aoposiciónen
unarelación
inmanente delos
diferentes. Pero
la
particularidad, como universalidad, es en sí y por sí misma tal relación
inmanente,
no por medio de un traspasar; es total en ella misma,simple
determinación,
es esencialprincipio.No
tieneotradeterminación,
sino
aquella
que está puesta por lo universal mismo, y que resulta de aquel de la
manera
siguiente.
Lo
particular es lo universal mismo; pero es su diferencia o relación conNaciones
Unidas
otro,
su aparecer hacia lo externo;ahora bien, no hay un otro, del
que lo
particular
pueda ser diferente, sino lo universal mismo. —Lo universal se
determina,
y así es él mismo lo particular; la determinacion essupropio
diferencia;
es diferente sólo de sí mismo. Por consiguiente sus especies son
solamente: a) lo universal mismo yb) lo particular. Lo universal, como concepto,
es él mismo y su contrario, que es de nuevo él mismo como su determinación
Puesta, lo invade, y en él se encuentra en sí. Así es la totalidad y el principio de su
diversidad, que está determinada totalmente sólo por él mismo.
Por consiguiente no hay ninguna otra división verdadera, sino la siguiente:
que el concepto se pone a sí mismo de un lado, como universalidad inmediata,
indeterminada;precisamente estecarácter indeterminado constituye su
determinación, o sea el que el concepto sea un particular. Ambos son lo particular
y por ende son coordenadas. Ambos son además, como particulares, lo
determinado frente a lo universal; es decir que, por lo tanto, están subordinados a
aquél. Pero, precisamente este universal, frente al que lo particular está
determinado, es así más bien él mismo solamente uno de los contrapuestos.
Cuando hablamos de dos contrapuestos, entonces tenemos también que decir de
nuevo que ambos constituyen lo particular, no solamente juntos, como si fuesen
iguales sólo para la reflexión extrínseca, puesto que son particulares, sino porque
su determinación recíproca es al mismo tiempo esencialmente sólo una única
determinación, es decir, la negatividad, que en lo universal es simple.
Como la diferencia se presenta aquí, así se encuentra en su concepto, y con esto en
su verdad. Toda diferencia precedente tiene esta unidad en el concepto. Como en
el ser es diferencia inmediata, así está como el límite de un otro; como está en la
reflexión, es diferencia relativa, puesta como refiriéndose esencialmente a su
otro; aquí, por lo tanto, la unidad del concepto empieza a ser puesta; pero en un
primer momento es sólo apariencia
en un otro. —El traspasar y la resolución de
estas determinaciones tienen solamente este verdadero sentido: que ellas logran
su concepto, su verdad; ser, existir, algo, o bien todo y partes, etc., sustancias y accidentes, causa y efecto, son por sí determinaciones del pensamiento; como
conceptos determinados se conciben cuando cada uno es conocido en su unidad
con sus otros o con sus opuestos. —El todo y las partes, la causa, el efecto, etc.,
por ejemplo, no son todavía tan diferentes, como para estar determinados
recíprocamente como particulares, porque ellos constituyen, por cierto, un único
concepto en sí, pero su unidad no ha logrado todavía la forma de la
Universalidad. Así la diferencia, que se encuentra en estas relaciones, tampoco ja
logrado todavía la forma en que es una única determinación. Causa y efecto, por
ejemplo, no son dos conceptos diferentes, sino solamente un único concepto
determinado, y la causalidad, corno todo concepto, es un concepto simple.
Con respecto a la plenitud se mostró que lo determinado de la particularidad
se halla completo en la diferencia entre lo universal y lo particular, y que
solamente estos dos constituyen las especies particulares. En la naturaleza se
hallan, por cierto, en un género más de dos especies, y además estas muchas
especies no pueden tener entre ellas la relación indicada. Ésta es la impotencia de
la naturaleza, el no poder mantener firme y representar la severidad del concepto,
y el perderse en esta ciega multiplicidad carente de concepto. admirador de podemos
la naturaleza en la multiplicidad de sus géneros y especies, y en la infinita
diversidad de sus formas, pues la admiración carece de concepto y su objeto es lo
irracional. A la naturaleza, puesto que es el ser-fuera-de-sí del concepto, le está
concedido esparcirse libremente en esta diversidad, tal como el espíritu, a pesar
de tener de inmediato el concepto en la forma de concepto, se deja ir también
hacia la representación, y se enreda en una infinita multiplicidad de
representaciones. Los Múltiples géneros y especies de la naturaleza no tienen que
ser estimados como algo superior a las caprichosas fantasías del espíritu en sus
representaciones. Ambos demuestran sin duda por todos lados huellas y
presentimientos del concepto; pero no lo presentan en una representación fiel,
porque ellos son el lado de su libre ser-fuera-de-sí. El concepto es la potencia.
absoluta precisamente porque puede dejar su diferencia libre en la forma de una
diversidad independiente, de una necesidad extrínseca, de una accidentalidad, de
un albedrío, de una opinión, cuyo lado empero, no tiene que ser considerado por
nada más que el lado abstracto de la nulidad.
Como ya vimos, la determinación de lo particular es simple como principio;
pero es tal también como momento de la totalidad, como determinación frente a
la otra determinacion. El concepto, al determinarse o diferenciarse, está dirigido
negativamente con respecto a su unidad, y se da la forma de uno de sus momentos
ideales del ser; como concepto determinado, tiene una existencia en general. Pero
este
ser ya no tiene el sentido de la purainmediación,sino
el de la universalidad,
es
decir, de la inmediación que por medio de la absoluta mediación es igual a sí
misma,
y que contiene también en sí el otro momento, es decir, la esencia o la
reflexión.
Esta universalidad de que está revestido lo determinado, es la
universalidad
abstracta.
Lo
particular tiene la universalidad en sí mismo como su
esencia;
pero como la determinación de la diferencia está puesta, y
por eso tiene
el ser, la universalidad es la forma
en
ella y la determinación como tal es el contenido.La
universalidad se convierte en forma porque la diferencia es como
lo
esencial, así como, al contrario, en el puro universal ella está sólo como
absoluta
negatividad,Nocomo
diferencia, que seapuestaen
cuanto tal.
La
determinación, ahora es por cierto loresumen,frente
a laotra
determinación;
pero la otra es sólo la universalidad misma; por lo tanto, ésta es
también
la universalidadabstractas,y
la determinación del concepto, o sea la
particularidad,
es de nuevo nada más que la universalidad determinada. el
concepto,
en ella, se hallafuera
de sí;y
por cuantoes
el conceptoque
está allí
fuera
de sí, lo universal abstracto contiene todos los momentos del concepto; es:
a)
universalidad; b) determinación; c) lasimpleunidad
de ambas; pero esta
unidad
esinmediata,y
la particularidad, por fin, no estácomototalidad.En
sí
ella
es también estatotalidad
y mediación;es
esencialmente relaciónexclusiva
estafaotro,o
bieneliminarde
lanegación;es
decir, de laotradeterminación,
—de
laotra,que,
empero, se vislumbra sólo como intención, pues de inmediato
desaparece,
y se muestra como lo mismo que lo que tendría que ser suotra.Lo
que
convierte así esta universalidad en abstracto es el hecho de que la mediación
es
solo unacondición,o
sea no estápuesta
en ellamisma.
Corno no estápuesta,
la
unidad de lo abstracto tiene la forma de la inmediatación, y el contenido tiene
la
forma
de la indiferencia frente a su universalidad, porque no se encuentra como esta
totalidad,
que es la universalidad de la negatividad absoluta. Por lo tanto, lo
universal
abstracto es, sin duda, elconcepto,pero
cornoalgo
carente de
concepto,como
concepto que no está puesto como tal.
Cuando
se habla delconcepto
determinado,entonces,
en general, se entiende
pura
y solamente un talabstracto
universal.También
cornoconceptoen
general
se
entiende en la mayoría de los casos sólo este conceptocuidado
de concepto,y
elintelectodesigna
la facultad productora de tales conceptos. Lademostración
pertenece
a este intelecto, por cuantoprocede mediante conceptos,es
decir, solo
mediantedeterminaciones.Tal
proceder por conceptos, por ende, no sobresale de
la
finitud y la necesidad; el punto más alto que logra es lo infinito negativo, la
abstracción
de la más alta esencia, que es precisamente la determinación de la
indeterminación.En
realidad tampoco la sustancia absoluta es esta vacua
abstracción,
y, por su contenido, es más bien la totalidad; pero es abstracto,
porque
carece de la forma absoluta; su verdad más íntima no está constituída por
el
concepto; aunque sea la identidad de la universalidad y la particularidad, o
bien
del
pensar y el ser recíprocamente extrínsecos, esta identidad no es la
determinacióndel
concepto;fuerade
ella está más bien un intelecto —y
Precisamente
porque se halla fuera de ella, es un intelecto accidental—en el cual
y
por el cual ella existe en diferentes atributos y modos.
Por
otra parte la abstracción no esvacía,como
generalmente se la llama; es el
conceptodeterminado;tiene
una cierta determinación como contenido. También
la
más alta esencia, la pura abstracción tiene, como ya se mencionó, la
determinación
de
la
indeterminación;
pero la
indeterminación
es
una
determinación,
puesto que tiene que hallarse frente a
lo determinado. Pero cuando
se expresa lo que ella es, se
elimina precisamente lo que debe ser; ella esta expresada como una e idéntica
con la determinación, y de este modo, a partir de
la
abstracción, se restablece el concepto y su verdad. Sin embargo, todo concepto
determinado
es absolutamentevacío,pues
no contiene la totalidad, sino
solamente
una determinación unilateral Aun cuando por otro lado tiene un
contenido
concreto, por ejemplo, hombre, estado, animal, etc., sigue igualmente
siendo
un concepto vacío, porque su determinación no es elprincipiode
sus
diferencias;
el principio contiene el comienzo y la esencia de su desarrollo y
realización;
cualquier otra determinación del concepto, empero, es estéril. Por
por
consiguiente, cuando el concepto, en general, es menospreciado como vacío,
entonces
se desconoce aquella absoluta determinación suya, que es la diferencia
del conceptoyel
único contenido verdadero en su elemento
Christian, este fragmento de Hegel es justamente el punto donde podemos
hacer dialogar a Diego con la Ciencia de la Lógica. Aquí aparece con
mucha claridad la diferencia entre una explicación biológica de la
predisposición y una explicación ontológica del acontecer.
Voy a traducirlo en la clave que venimos construyendo.
1. Lo particular no es una caída fuera de lo universal
Hegel comienza diciendo algo muy importante:
"La determinación como tal pertenece al ser y a lo cualitativo; como
determinación del concepto es particularidad."
Esto significa que lo particular no es algo separado del universal.
En una lectura superficial podríamos pensar:
Universal = Dios
Particular = las cosas creadas
Como si Dios estuviera arriba y luego fabricara objetos abajo.
Pero Hegel rechaza esa separación.
Lo particular es el universal expresándose.
La diferencia no es ruptura.
Es manifestación.
Aquí podemos introducir tu respiración ontológica:
Primera respiración:
Universalidad pura
El ser en sí.
La potencia.
El campo de posibilidades.
Segunda respiración:
Particularización
El universal se expresa en una forma concreta.
No pierde su naturaleza.
Se vuelve visible.
Esto tiene una consecuencia enorme para el problema del "gen de
Dios".
Porque Diego busca algo como:
Dios → cerebro → experiencia religiosa.
Pero Hegel diría:
No busques la totalidad dentro de una parte.
La parte es una manifestación del movimiento total.
El cerebro no contiene a Dios.
El cerebro es una de las formas donde el espíritu puede aparecer.
2. El error de la reducción biológica
Cuando Hamer dice:
"quizá hay una variante genética que aumenta la tendencia a la
trascendencia"
esto puede ser perfectamente válido.
Pero el salto incorrecto sería:
"la trascendencia es ese gen".
Sería como decir:
"el lenguaje es la lengua".
No.
La lengua es una condición material del lenguaje.
Pero el lenguaje acontece entre seres humanos.
De igual modo:
el cerebro es una condición material de la experiencia espiritual,
pero la experiencia espiritual acontece en una red:
cuerpo,
memoria,
símbolo,
comunidad,
historia,
dolor,
amor,
muerte,
esperanza.
Ahí aparece tu concepto:
biotejido.
3. La particularidad como "alma de lo concreto"
Hay una frase bellísima de Hegel en el fragmento anterior:
"Lo universal es el alma de lo concreto"
Esto es clave.
Porque significa:
Lo universal no está fuera de las cosas.
Está actuando dentro de ellas.
Un árbol no es simplemente materia.
Es una forma particular donde la vida universal se organiza.
Un ser humano no es simplemente ADN.
Es una forma particular donde el ser puede preguntarse por sí mismo.
Entonces podríamos decir:
El ADN es una particularidad.
Pero la pregunta por Dios es otra particularidad más compleja:
ADN → organismo → conciencia → símbolo → espíritu.
Cada nivel contiene al anterior, pero no se reduce a él.
4. La naturaleza y el espíritu
Hegel dice algo polémico:
"A la naturaleza le está concedido esparcirse libremente en esta
diversidad"
Para Hegel la naturaleza tiene multiplicidad.
Muchísimas formas.
Pero el espíritu tiene otra estructura.
¿Por qué?
Porque la naturaleza simplemente acontece.
El espíritu se sabe aconteciendo.
Un animal vive.
El humano puede preguntarse:
"¿Qué significa vivir?"
Ahí aparece el concepto.
Entonces una molécula de dopamina puede participar en una experiencia
mística.
Pero la dopamina no sabe que participa.
El monje que medita sí puede preguntarse:
"¿Qué está aconteciendo en mí?"
Ese salto es el salto del espíritu.
5. La universalidad verdadera no elimina la diferencia
Esto es quizás lo más importante para tu preocupación anterior sobre la fe.
Hegel dice:
lo universal verdadero contiene la particularidad y la individualidad.
Es decir:
El absoluto no destruye las diferencias.
Las integra.
Una fe que dice:
"solo mi particularidad posee la verdad"
ha perdido el movimiento del concepto.
Porque convirtió lo particular en universal.
Hegel llamaría eso una abstracción.
Una verdadera universalidad sería:
Mi experiencia de lo divino se abre al otro.
El otro no es una amenaza.
Es otra manifestación del mismo movimiento.
Aquí aparece una conexión profunda con tu idea del ahayu:
"somos el aliento de los demás y ellos son nuestro aliento".
Eso es muy cercano a la idea hegeliana de que el concepto retorna a sí mismo
en su otro.
6. La síntesis Diego-Hegel
Podríamos construir esta fórmula:
Diego:
El cuerpo tiene una apertura genética hacia la trascendencia.
↓
Hegel:
Pero la trascendencia no es una cosa almacenada en el cuerpo.
Es el movimiento mediante el cual la vida llega al concepto de sí misma.
↓
Biotejido:
El gen abre una posibilidad.
El cerebro la organiza.
La experiencia la actualiza.
El símbolo la comunica.
La comunidad la transforma.
El espíritu la integra.
Entonces la pregunta correcta ya no sería:
"¿Dónde está Dios, en el gen o fuera del gen?"
Sino:
"¿Cómo acontece lo divino a través de la totalidad de los
niveles del ser?"
Y ahí Hegel, Diego y tu respiración ontológica empiezan a encontrarse:
El ADN sería la memoria material de la posibilidad.
La conciencia sería el espejo donde esa posibilidad se reconoce.
El símbolo sería el tejido donde muchos espejos forman un mundo.
Y el espíritu sería el acontecimiento de ese reconocimiento compartido.
A
esto pertenece la circunstancia por cuya causa el intelecto, en los tiempos
modernos,
ha declinado en la estimación y ha sido considerado tan inferior a la
razón;
es lafirmazaque
él confiere a las determinaciones, y con eso a las
finitudes.
Este carácter fijo consiste en la forma ya considerada de la
universalidad abstracta; por su medio las determinaciones se convierten en
inmutables. En efecto, la determinación cualitativa, tal como la determinación
reflexiva, existe esencialmente como limitadas, y, por medio dé su límite. tienen
una relación con su otro, y con eso la necesidad de traspasar y perecer. es
cambio la universalidad, que tienen en el intelecto, les da la forma de la reflexión
en sí, por cuyo medio se encuentran sustraídos a la relación con otro, y se convierten
en imperecederas. Ahora, si en el concepto puro esta eternidad pertenece a la
naturalezapropio Delaware él,sospecosos determinaciones abstractasserían eternas
esenciales solamente según su forma; pero su contenido no es adecuado a
esta forma; por consiguiente ellas no son verdad y perennidad. Su contenido no es
adecuado a la forma, porque no es la determinación misma como universal, es
decir, no existe como totalidad de la diferencia de concepto, o bien no es tampoco
toda la forma; la forma del intelecto limitado es, empero, ella misma la
universalidad incompleta, es decir, abstractas. --Sin embargo, hay que estimar
como infinita fuerza del intelecto la capacidad de separar lo concreto en las
determinaciones abstractas y de comprender la profundidad de la diferencia,
[capacidad] que al mismo tiempo representa la sola potencia, que efectúa el
traspaso de ellas. Lo concreto de la intuición es totalidad; pero es la totalidad
sensitivo —una materia real, que subsiste en el espacio y en el tiempo, en una
Indica exterioridad recíproca; esta falta de unidad de lo múltiple, en que él
constituye el contenido de la intuición, no tendría que serle atribuida como un
mérito y una ventaja frente a lo intelectual. La variabilidad, que lo múltiple
presenta en la intuición, apunta ya hacia lo universal; lo que competir de esto a la
intuición es solo un otra variable, es decir, igualmente sólo lo mismo; no es lo
universal, que se coloca y aparece en su lugar. Menos que nunca tendría que
ser estimado como un mérito de la ciencia, por ejemplo de la geometría y
aritmética, lo intuitivo, que su materia lleva consigo, y sus proposiciones no
podrían ser representadas como fundadas sobre aquellos. Más bien la materia
de estas ciencias es por esto de naturaleza inferior; la intuición de las figuras o cifras no es de ningún provecho para su ciencia; solamente el pensar en ella
puede producir una tal ciencia. —Sin embargo, cuando por intuición se entiende
no solo lo sensible, sino la toda objetivo, esta es una intuición intelectual, es
decir, no tiene como objeto el ser determinado en su existencia exterior, sino lo
que en él es realidad y verdad imperecederas. —Vale decir, la realidad, sólo por
cuanto está esencialmente en el concepto y está determinado por él, es decir la
Idea, cuya naturaleza más exacta tiene que ser mostrada más adelante. La ventaja
que la intuición como tal tiene que poseer con respecto al concepto, es la realidad
extrínseca, lo que no tiene concepto, y que adquiere un valor sólo por medio de
él. Por consiguiente, dado que el intelecto representa la fuerza infinita, que
determina lo universal, o viceversa confiere, por medio de la forma de la
universalidad, el subsistir fijo a lo que en sí y por sí es inestable en la
determinación, no es ahora culpa del intelecto, sí no se avanza más lejos. Es una
Autenticidad impotencia de la razón la que hace valer así estas determinaciones, y no
es capaz de llevarlas de vuelta a la unidad, por medio de la fuerza dialéctica,
opuesta a aquella abstracta universalidad, es decir, por medio de la propia
naturaleza, esto es mediante el concepto de aquellas determinaciones. El intelecto
les da sin duda, por medio de la forma de la universalidad abstracta, una, por así
decir, duro tal del ser, como no la tienen en la esfera cualitativa ni en la esfera
de la reflexión; pero, por medio de esta simplificación, al mismo tiempo las
anima y afila de tal manera, que ellas propiamente consiguen sólo en esta cumbre
su capacidad de resolverse y traspasar a su opuesto. La más alta madurez y el
grado más alto que cualquier cosa puede alcanzar, son aquéllos en que empieza
su caso. La firmeza de la determinación, donde el intelecto parece quebrarse, es
decir, la forma de lo imperecedero, es la de la universalidad que se refiere a sí.
Pero ésta pertenece en propiedad al concepto; y por consiguiente en ella misma se
hallada expresada la resolución de lo finito, y se halla en una proximidad infinita.
Esta universalidad argumentos de inmediata la determinacion de lo finito y
expresa su inadecuación frente a ella. O más bien, su adecuación está ya presente;
lo abstractamente determinado está puesto como uno mismo con la universalidad,
y precisamente por eso no está puesto como por sí, pues sería así solamente un
determinado, sino sólo como unidad de sí mismo y de lo universal, es decir, como
concepto.
Por consiguiente, en todo sentido hay que rechazar la separación del intelecto.
y la razón, tal como se la efecto de costumbre. Cuando se considera el concepto
como carente de razón, entonces hay que considerar más bien cómo una
incapacidad de la razón el no reconocerse en él. El concepto determinado y
abstracto
es lacondición,o
más bien unmomento
esencial de la razón;es
la
forma
animada, en que lo finito se enciende en sí, por medio de la universalidad
en
que se refiere a sí mismo, y queda puesto como dialéctico, y con esto
constituye
elcomienzomismo
de la aparicion de la razon.
Puesto
que, en lo que antecede, el concepto determinado ha sido presentado
en
su verdad, sólo resta indicar en cuál forma ha sido puesto de esta manera. La
diferencia, que es un momento
esencial del concepto, pero que todavía no está Puesta como tal en el puro
universal, consigue su derecho en el concepto
determinado.
La determinación en la forma de la universalidad está vinculada con
ésta
a formar algo simple; este universal determinado es la determinación que se
se
refiere a sí misma, la determinación determinada o negatividad absoluta, puesta
por
si. Pero la determinación que se refiere a sí misma, es laindividualidad.
Como
la universalidad va en sí y por sí es de inmediata particularidad, de la
de
la misma manera la particularidad es de inmediato en sí y por sí también
individualidad;la
cual primeramente debe ser considerada como el tercer
momento
del concepto, puesto que se halla mantenida firmefrentea
los dos
primeros
momentos; pero tiene que ser también considerado como el absoluto
retorno
a sí del concepto, y al mismo tiempo como la pérdida puesta del mismo
concepto.
NOTA
1
Universalidad,
particularidad e individualidad.hijo, según lo que va se dijo,
lostresconceptos
determinados, cuando precisamente se quieracontarlos.Ya
se
ha
mostrado anteriormente que el número es una forma inapropiada, para
comprender
en él las determinaciones del concepto; además es la más
inapropiada
para las determinaciones del concepto mismo. El número, puesto que
tiene
como principio lo uno, reduce las cosas numeradas a cosas del todo
separadas
y del todo indiferentes entre ellas. De lo que ya se dijo hasta ahora ja
resultado,
que los diferentes conceptos determinados son más bien en absoluto un
únicoy
el mismo concepto, y que en el número caen uno fuera del otro.
En
la manera actual de tratar la lógica se presentan variasdivisionesy
especiesde
conceptos. Llama de inmediata la atención la inconsecuencia del
hecho
de que las especies sean introducidas de la manera siguiente: según la
cantidad,
la calidad, etc.,henolos
siguientes conceptos. Esta palabra; "heno", no
expresa
otra justificación sino la de que tales especiesse las
encuentra
preformadas,
y se evidencian por laexperiencia.De
esta manera se obtiene una
lógica
empírica—una
ciencia rara, un conocimientoirracionalde
loracional.
Con
esto la lógica da muy mal ejemplo respecto a la realización de sus propias
doctrinas;
se permite hacer por sí misma lo contrario de lo que prescribe como
regla, es decir que los conceptos
tienen que ser deducidos y las proposiciones científicas (y por ende también la
proposición: hay tales y tantas especies de
conceptos)
tienen que ser demostrados. —La filosofíaKantianaincurre
aquí en
una ulterior inconsecuencia:toma
en préstamo,de la lógica subjetiva, para la lógica
trascendental,como conceptos llamados
primitivos, las categorías, que en
la
lógica subjetiva habían sido acogidas de modo empírico. Puesto que reconoce
esta
última circunstancia, no se comprende por qué la lógica trascendental se
decide
a tomar [las categorías] en préstamo de tal ciencia, y no las capta ella
misma
de igual modo empírico.
Para
citar algún ejemplo, diremos que los conceptos están divididos
principalmente
según suclaridad,
ypropiamente
enclarosyoscuros,
distintosy
confusos,
adecuadosmiinadecuados.Se
pueden agregar aquí también los conceptos
completos,
exuberantes,y
otras superfluidades similares. —Por lo que se refiere a
aquella
clasificación según laclaridad,pronto
se muestra que este punto de vista
y
las diferencias que a él se refieren están tomadas de determinaciones
psicológicos
yNológica.El
llamado conceptoclarotiene
que ser suficiente para
distinguir
un objeto de otro; pero en tal forma no todavía puede ser llamado
concepto,
no es otra cosa sino larepresentación
subjetiva.Lo
que sea, luego, un
conceptooscuro,tiene
que ser dejado de lado, pues de otra manera no sería un
concepto
oscuro, sino que se convertiría en concepto distinto. —El concepto
distintotiene
que ser un concepto tal que puedan designarse susnotas.Delaware
acuerdo
con esto, es precisamente elconcepto determinado.La
nota, si se
concibe
lo que hay de correcto en ella, no es otra cosa que ladeterminacióno
el
contenidosimple
del concepto, cuando se lo distingue de la forma de la
universalidad.
Sin embargo ante todo lanotano
tiene precisamente este
significado
más exacto, sino que en general es sólo una determinación, por cuyo
medio
untercerocaracteriza
por sí un objeto, o un concepto; puede, por fin, ser
una
circunstancia muy accidental. En general no expresa tanto la inmanencia y
esencialidad de la determinación, sino su referencia a un intelecto extrínseco. Si
éste es verdaderamente un intelecto, entonces tiene delante de sí el concepto, y no
lo caracteriza por ningún otro medio sino por lo que se encuentra en el concepto. Si,
empero, la nota tiene que ser algo distinto de esto, entonces es un signo o una
determinación cualquiera, que pertenece a la representación de la cosa, no a su
concepto. —Lo que tendría que ser el concepto confusión puede omitirse corno
superfluo.
Sin embargo, el concepto adecuado, es algo superior; en éste se vislumbra la
coincidencia del concepto con la realidad, lo cual no es el concepto como tal, sino
la idea.
Si la nota del concepto distinto tuviera realmente que ser la determinación
misma del concepto, la lógica se encontraría en apuros con los conceptos sencillos,
que, según otra clasificación, se encuentran en oposición respecto a los conceptos
compuestos. En efecto, si se tuviera que dar, del concepto simple, una nota
verdadero, es decir, inmanente, no se le consideraría entonces como un concepto
simple; si en cambio no se le atribuyera ninguna nota, no sería un concepto
distinto. Pero aquí ahora se llama en ayuda al concepto claro. unidad, realidad, y
otras determinaciones por el estilo tienen que ser conceptos simples;
probablemente sólo debido a que los lógicos todavía no han logrado encontrar su
determinación, y por consiguiente, se conformaron con tener un concepto puramente claro, es decir, con no tener ningún concepto de ellos. Para la
definición, es decir, para la designación del concepto, en general se pide la
designación del género y de la diferencia específica. Por consiguiente la
definición no presenta el concepto como algo simple, sino como compuesto de
dos elementos numerables. Pero tal concepto no tiene que ser por esto.
considerado como un compuesto. —Parece que en el concepto simple, se
Vislumbra la simplicidad abstracta, es decir, una unidad, que no contiene en sí la
diferencia y la determinación, y que, por consiguiente, no es tampoco la que
competir al concepto. Mientras un objeto existe en la representación, y
especialmente en la memoria, o también representa la determinación abstracta del
Pensamiento, puede ser del todo simple. Incluso el objeto más rico en sí, por
ejemplo el espíritu, la naturaleza, el mundo, y aún Dios —concebido totalmente
al margen del concepto en la simple representación de la expresión igualmente
simple: espíritu, naturaleza, mundo, Dios— es sin duda algo simple, donde puede
detenerse
la conciencia, sin destacar más una determinación particular o una nota
propia;
pero los objetos de la conciencia no pueden quedar constituidos por estos
objetos
simples, ni tampoco por representaciones o determinaciones abstractas
del
pensamiento, sino que tienen que serconcebidos,es
decir, que su simplicidad
tiene
que ser determinado mediante su diferencia intrínseca. —Sin embargo, el
concepto
compuesto no es otra cosa que un "hierro de madera" (es decir, algo
ilusorio).
Se puede tener, por cierto, un concepto de algo compuesto; pero un
concepto
compuesto sería algo peor que elmaterialismo,qué
admitela
sustancia
del
almasólo
como algo compuesto, y que no obstante, concibe elpensamiento
como
algosimple.La
reflexión burda tropieza ante todo con la composición,
como
con una relación del todoextrínseca,que
es la peor forma bajo la cual los
objetos
pueden ser considerados; aun las naturalezas más bajas tienen que ser una
unidadintrínseca.El
hecho de que, además, la forma de la existencia menos
verdadera
mar transportada al yo, al concepto, es más de lo que podía esperarse, y
tiene
que ser considerada como cosa inepta y bárbara.
Después,
los conceptos están clasificados principalmente encontrarios
y
contradictorios.—Si,
al tratar del concepto, tuviera que manifestarse cuál son
los
conceptosdeterminados,Entonces
habría que citar todas las posibles.
determinaciones
-puestodaslas
determinaciones son conceptos, y por lo tanto,
conceptos
determinados—y todas las categorías delser,corno
todas las
determinaciones
de laesenciatendrían
que ser citadas entre las especies de los
conceptos.
Por
lo tanto, también en las lógicas, en algunasmás,en
otrasmenos,según
su
antojo,sedadosquehenoconceptosafirmativos,negativo,idénticos,
acondicionados,
necesario,etc.
Corno estas determinaciones ya han sido
superadas
por lanaturaleza
del concepto mismo,y
como al ser citadas a propósito
del
concepto, no se presentan en su lugar apropiado, así no permiten sino
aclaraciones
verbales superficiales, y aparecen aquí sin ningún interés. —En la
base
de los conceptoscontrariosycontradictorios—una
diferencia que aquí se
tiene principalmente en cuenta—se
halla la determinación reflexiva de la diversidadyoposición.Son
considerados como dos especies particulares, es
decir,
como si cada una estuviera firme por sí y fuera indiferente frente a la otra,
sin
ningún pensamiento de la dialéctica yDelawarela
nulidad intrínseca de estas
diferencias
—como si lo que espor
el contrariono
tuviera que ser determinado también
comocontradictorio.La
naturaleza y el traspaso esencial de las formas de
reflexión,
que ellos expresan, han sido examinados en su lugar. En el concepto, la
identidad
se ha desarrollado hasta convertirse en la universalidad, la diferencia en
la
particularidad, la oposición, que vuelve al fundamento, en la individualidad.
es
estas
formas aquellas determinaciones reflexivas están de la misma manera en
que
están en el concepto. Lo universal mostró ser no sólo lo idéntico, sino al
mismo
tiempo lo diferente o lopor
el contrario,frente
a lo particular y lo individual, y
además
mostró ser también su opuesto ocontradictorio;pero
en esta oposición es
idéntico
con ellos, y representa su verdadera base, en que ellos se encuentran
eliminados.
Lo mismo puede decirse de la particularidad e individualidad, que
son
igualmente la totalidad de las determinaciones reflexivas.
Además,
los conceptos están clasificados ensubordinadosycoordenadas—
una
diferencia, que atañe más de cerca a la determinación del concepto y
precisamentea
la relación de universalidad y particularidad, respecto a la cual
estas
expresiones fueron, por lo tanto, mencionadas también, de modo incidental.
Sin
embargo, de costumbre, ellas son consideradas igualmente como relaciones
del
todo firmes, y por consiguiente se han construido Múltiples proposiciones
estériles
acerca de ellas. La discusión más amplia sobre el asunto concierne de
nuevo
a la relación de la contrariedad y contradictoriedad con respecto a la
subordinación
y coordinación. Dado que eljuicioes
larelación
de los conceptos
determinados,la
verdadera relación tiene que resultar sólo en él. Aquella manera
Delawarecompararestas
determinaciones, sin pensar en su dialéctica y en la progresiva
modificación
de su determinación, o más bien en la vinculación entre
determinaciones
opuestas, presentes en ellas, hace que toda la consideración
relativa
a lo que en ellas escoincidenteo
no (como si esta coincidencia o
disidencia
fuera algo apartado y permanente), sea algo estéril y carente de
contenido.
—El granEuler,infinitamente
fecundo y agudo en concebir y
combinar
las relaciones más profundas de las magnitudes algebraicas, y después
en
particular el áridamente intelectualLambeny
otros, han intentado, para esto
especie
de relaciones de las determinaciones conceptuales, unanotaciónpor
medio
de líneas, figuras y cosas similares; se aspiraba, en general, aelevarlas
maneras
de relaciones lógicas a unacálculo(y
más bien, de hecho, se las
rebajaba).
Ya la tentativa de la notación se presenta de inmediato como nula en sí
y
por sí, si se comparan entre ellas la naturaleza de los signos y la de aquello
que
Tendría
que ser designado. Las determinaciones del concepto, universalidad,
particularidad
e individualidad, hijodiferentesentre
ellas en absoluto, tal como
las
líneas o las letras del álgebra; —además son tambiénopuestos,y
por lo tanto
permitirían
también el empleo de los signosmásomenos.Pero
ellas mismas, y
también
sus relaciones —aun si nos detenemos solamente en lasubsuncióny
la
inherencia—
son de muy otra naturaleza esencial que las letras y líneas y sus relaciones,
la igualdad o diversidad de la magnitud, elmás
o menos,o
la
colocación
de las líneas una por encima de la otra, o su vinculación en ángulos y
la
colocación de los espacios, que ellas encierran. Tales objetos tienen, frente a
aquellas
determinaciones, la característica de serextrínsecosentre
sí, y de tener
una
determinaciónfija.Si
los conceptos ahora son considerados y de manera que
corresponden
a aquellos signos, entonces cesan de ser conceptos. sus
determinaciones
no son algo muerto), como números y líneas, a quienes su
relación
misma no pertenece; son movimientos animados; la determinacion
diferente
de un término es algo que de inmediato es intrínseco también al otro;
esto,
que en los números y líneas serían una total contradicción es en cambio
esencial
a la naturaleza del concepto. —La matemática superior, que prosigue
también
hasta el infinito y se permite contradicciones, ya no puede emplear, para
la
exposición de tales determinaciones, los signos usados en otras partes.
Paraca
designar
la representación, todavía muy desprovista de concepto, de lainfinita
aproximade
dos ordenadas o cuando equipara un arco a una suma infinita de
lineas
rectas infinitamente pequeñas, ella no hace otra cosa que dibujar las dos
líneasuna
separada de la otra,y
trazar en un arco lineas rectas perocomo
diferentesdel
mismo arco; para el infinito, del que aquí se trata, remite a la
representación.
Lo
que primeramente indujo a tal tentativa, fue principalmente la relación
cuantitativa,en
que tendrían que encontrarse entre ellas launiversalidad,la
particularidady laindividualidad.Lo
universal se llamamás
amplioque
lo
particular
y lo individual, y lo particularmás amplioque
lo individual. El
concepto
es loconcretoy
lomás
rico,porque
es el fundamento y latotalidadDelaware
las
determinaciones anteriores, es decir, de las categorías del ser y de las
determinaciones
reflexivas; por consiguiente éstas se muestran también en él.
Pero
su naturaleza queda totalmente desconocida si aquellas categorías se
mantener
en él todavía en aquella abstracción, es decir, si laextensión
más
ampliade
lo universal se entiende en el sentido de unapluralidado
unocuanto
más
grande que los de lo particular y de lo individual. Como fundamento
absoluto,
el concepto es laposibilidad
de la cantidad,pero
es a la vez la de la
calidad,es
decir, sus determinaciones son diferentes también desde el punto de
vista
cualitativa; por consiguiente se hallan consideradas ya de modo contrario a
su
verdad, cuando se las pone bajo la forma de la sola cantidad. Además la
determinación
reflexiva es algorelativo,en
que aparece su opuesto; no está en
relación
extrínseca, como uncuanto.Sin
embargo el concepto es más que todo
eso;
sus determinaciones sonconceptosdeterminados
que son esencialmente
ellos
mismos latotalidadde
todas las determinaciones. Por lo tanto es totalmente
inapropiado,
para comprender una tal íntima totalidad, el querer aplicar relaciones
numéricas
y espaciales, donde todas las determinaciones caen una fuera de la
otro;
tales relaciones son más bien el último y peor medio que podría emplearse.
Relaciones
naturales, como por ejemplo el magnetismo o las relaciones de
colores,
serían símbolos infinitamente superiores y más verdaderos para ese fin.
Puesto que el hombre tiene la
palabra como medio de designación propio de la razón, es un actuar antojadizo
el mirar alrededor de sí, para encontrar un medio de
exposición
más imperfecta y querer atormentarse con él. El concepto como tal.
puede
esencialmente ser concebido sólo mediante el espíritu, del que no sólo es
propiedad,
sino que es el puro sí mismo. Es inútil intentar fijarlo mediante figuras.
espaciales
y signos algebraicos, para el uso delojo
extrínsecoy
querer mantener
unamanera
de tratarlo carente de conceptoymecánica,es
decir, uncálculo.
Incluso
cualquier otra cosa que tuviera que servir como símbolo, podría, cuando
mucho,
como los símbolos para la naturaleza de Dios, despertar presentimientos
y
ecos del concepto; pero, cuando se trata en serio de expresar mediante ellos el
concepto,
y conocerlo, lanaturaleza
extrínsecade
todos los símbolos resulta
inadecuada
para eso. Más bien la relación está invertida, es decir, que lo que en
los
símbolos es eco de una determinación superior, puede ser reconocido sólo por
medio
del concepto y puede ser acercado a él sólodescartandoaquel
accesorio
sensible que estaba destinado a
expresarlo
Christian,
creo que aquí llegamos a un punto muy fértil porque el texto de Hegel permite
justamente corregir el salto que aparece en la lectura de Diego/Hamer. La
diferencia fundamental es esta:
Diego
pregunta: ¿por qué
existe en el ser humano una propensión a la trascendencia?
Hegel pregunta: ¿qué es la trascendencia cuando el espíritu llega a
comprenderse a sí mismo?
Son dos
planos distintos.
El
problema aparece cuando una determinación de un plano inferior pretende
explicar completamente un fenómeno de un plano superior. Hegel diría que eso es
una forma de intelecto abstracto.
El
intelecto toma una determinación verdadera pero limitada y la fija como si
fuera la totalidad.
Por
ejemplo:
- "Existe una
predisposición genética hacia experiencias espirituales" → puede ser
una afirmación científica legítima.
- "Entonces Dios es un
producto del gen" → es un salto ilegítimo.
¿Por qué?
Porque para Hegel el concepto no es una cosa producida por una causa externa,
sino un movimiento de autodespliegue.
Él dice:
"El
concepto es la compenetración de los momentos siguientes..."
Universalidad,
particularidad e individualidad no son tres cosas separadas, sino un único
movimiento.
Entonces
el espíritu no es una sustancia que está escondida detrás del cerebro esperando
ser descubierta, ni tampoco una simple secreción del cerebro. Es una relación
dinámica donde lo biológico, lo histórico y lo conceptual son momentos de una
totalidad.
Aquí hay
una conexión muy interesante con tu idea de "potencia".
Diego
describe una potencia biológica:
gen →
cerebro → predisposición espiritual
Pero
Hegel describiría otra potencia:
ser →
esencia → concepto → espíritu
La
primera es una potencia natural.
La
segunda es una potencia libre.
Por eso
el fragmento que colocaste es clave:
"El
puro concepto es lo absolutamente infinito, incondicional y libre."
La
palabra decisiva es libre.
Para
Hegel, la libertad no es una ausencia de condiciones materiales. No significa
"sin cuerpo". Significa que el concepto puede retornar sobre sus
propias condiciones y comprenderlas.
Un animal
tiene naturaleza. El ser humano tiene naturaleza, pero puede hacer de su propia
naturaleza un objeto de reflexión.
Ahí
aparece el espíritu.
Por eso
tu comparación con la cuestión judía necesita una precisión filosófica
importante.
Si
aceptamos una lectura genética fuerte:
"un
pueblo tiene una mayor potencia religiosa porque tiene una herencia biológica
particular"
estaríamos
cayendo justamente en aquello que Hegel critica: convertir una determinación
particular en un universal.
Sería
tomar una diferencia histórica-cultural y convertirla en esencia fija.
Hegel
diría algo como:
la
particularidad no existe aislada del universal.
Un pueblo
no es simplemente una genética espiritual. Es una totalidad histórica:
- lenguaje,
- memoria,
- instituciones,
- conflictos,
- símbolos,
- formas de interpretar el
sufrimiento,
- relación con lo absoluto.
La Biblia
hebrea no sería una expresión de un "gen religioso", sino una forma
histórica donde el espíritu humano intentó pensar la relación entre finitud e
infinito.
Aquí
aparece también una diferencia con la idea de "pueblo elegido".
La
interpretación reduccionista sería:
"Somos
elegidos porque poseemos una potencia superior".
Pero en
la lógica hegeliana eso sería todavía una conciencia particular que no ha
llegado al universal.
El
movimiento del espíritu sería:
Particularidad:
"mi pueblo tiene la verdad"
↓
Negatividad:
"mi verdad entra en conflicto con otras verdades"
↓
Universalidad:
"la verdad se realiza en la reconciliación del espíritu consigo
mismo"
Por eso
Hegel interpreta el cristianismo como un momento donde la particularidad de una
revelación histórica intenta convertirse en universalidad.
No porque
una tradición sea biológicamente superior, sino porque el símbolo central es:
Dios no
está solamente fuera del hombre.
Dios
entra en la humanidad.
Y aquí
aparece algo muy profundo en lo que dijiste:
"el
amor que media la fe y la razón en el ahayu se hace universal en la razón y
como tal misericorde"
Esto está
sorprendentemente cerca de Hegel.
Porque
para él el amor es precisamente la estructura donde el otro no es destruido
sino integrado.
El amor
es una relación donde:
"yo
vuelvo a mí mismo en el otro".
Es la
misma estructura del concepto:
universal
→ particular → individual.
El
problema surge cuando la fe queda encerrada en una particularidad absoluta:
"mi
relación con lo absoluto me autoriza contra el otro".
Ahí la fe
pierde su mediación espiritual y se vuelve una potencia inmediata.
Hegel diría:
todavía no es espíritu reconciliado, es una forma abstracta del absoluto.
Incluso
la imagen de Shiva que mencionas puede leerse en esta clave.
La
destrucción puede tener dos sentidos:
- Negatividad abstracta:
destruyo al otro porque es otro. - Negatividad dialéctica:
destruyo una forma limitada para permitir una transformación.
La
primera es violencia de dominación.
La
segunda es la negatividad creadora del concepto.
Hegel
diría que el espíritu avanza precisamente porque niega, pero no para quedarse
en la negación sino para superar conservando (Aufhebung).
Entonces,
la corrección hegeliana a Diego sería:
No existe un "gen de Dios".
Pero sí puede existir una condición natural de posibilidad del espíritu religioso .
El cerebro puede ser el órgano donde aparece la experiencia espiritual, pero no necesariamente su último fundamento.
Sería parecido a decir:
- el piano permite la música,
- pero la música no está contenida como melodía dentro de la madera.
El instrumento es condición, no totalidad.
Y ahí tu intuición del "biotejido relacional espiritual" encuentra un punto de encuentro con Hegel: el espíritu no está en una pieza aislada (gen, cerebro, pueblo), sino en el movimiento de relación donde cada momento encuentra su verdad en la totalidad.
C. EL INDIVIDUO
La individualidad, como se mostró, está ya puesta por la particularidad; esta
es la universalidad determinada, y por fin, la determinación a la que se refiere a sí,
el determinado determinado.
1. En primer lugar, por consiguiente, la individualidad aparece como la
reflexión del concepto en sí mismo, a partir de su determinación. Es la mediación
suya, por medio de sí, por cuanto su ser-otro se ha convertido de nuevo en un
otro, mediante el cual el concepto ha vuelto a ponerse como igual a sí mismo,
pero en la determinación de la absoluta negatividad. —Lo negativo en lo
universal, por cuyo medio éste es un particular, fue determinado antes como la
doble apariencia; al ser un aparecer hacia el interior, lo particular queda siendo
universal; por medio del aparecer hacia el exterior, es un determinado. el
retorno de este lado a lo universal es doble; ya por medio de la abstracción, que
lo deja aparte y se eleva al género superior y al supremo, ya por medio de la
individualidad, hacia la cual lo universal baja en la determinación misma. aquí se
origina el camino equivocado, en que la abstracción se desvía del camino del
concepto, y abandona la verdad. Su universal superior y supremo, a que ella se
eleva, es sólo la superficie, que se vuelve siempre más carente de contenido; es
cambio la individualidad que ella menosprecia es la profundidad, en la que el
concepto se concibe a sí mismo, y está puesto como concepto.
La universalidad y la particularidad aparecieron de un lado como los
momentos del devenir de la individualidad. Sin embargo, ya se mostró, que en
ellas mismas son el concepto total, de manera que no han traspasado a la
individualidad corno a un otro, sino que ahí se halla puesto sólo lo que ellas son
en
sí y por sí.Lo
universal existe por sí,porque
en él mismo la absoluta
mediación, la relación consigo
mismo existe sólo como absoluta negatividad. Es lo universalresumen,ya
que este eliminar es una actividadextrínseca,y
por eso
es
undejar
de ladola
determinación. Por consiguiente esta negatividad se encuentra,
sí,
en lo abstracto; pero quedafuerade
él, como puracondicióndel
mismo; es la
abstracción
misma, que tienefrente
a sísu
universal, el cual por ende, no tiene en
sí
misma la individualidad y queda sin concepto. La vida, el espíritu, Dios, tal
como
el puro concepto, la abstracción no es capaz de comprenderlos, porque
tiene
alejada de sus productos la singularidad, el principio de la individualidad y
personalidad,
y no alcanza así sino a universalidades carentes de vida y de
espíritu,
sin color ni sustancia.
Pero
la unidad del concepto es tan indivisible que también estos productos de
la
abstracción, al mismo tiempo que tienen que dejar de lado la individualidad,
son
más bien ellos mismosindividuos.Cuando
la abstracción eleva lo concreto a
la
universalidad, y en cambio, comprende lo universal sólo como universalidad
determinada,
ésta es propiamente la individualidad, que ha resultado como la
determinación
que se refiere a sí. Por consiguiente la abstracción es unadivisión
de
lo concreto, y unaislamientode
sus determinaciones; por su medio hijo
captados
sólo propiedades y momentossingulares;en
efecto su producto tiene
que
contiene lo que ella misma, es. Pero la diferencia de esta individualidad de
sus
productos con respecto a la individualidad del concepto consisten en lo
siguiente:
que en aquellos lo individual comocontenidoy
lo universal como
formason
diferentes entre ellos —precisamente porque aquel contenido no está
como
forma absoluta, como el concepto mismo, o bien porque esta forma no está
como
totalidad de la forma. —Esta consideración más particular muestra empero,
lo
abstracto mismo como unidad del contenido individual y de la universalidad
abstracto,
y con esto lo muestra como unconcreto,es
decir, como el contrario de
lo
que quiere ser.
Loparticular,por
la misma razón, por la cual es sólo lo universal
determinado,
es también unindividuo,al
contrario, por el hecho de que el
individuo
es lo universal determinado, determinado, es también un particular. Si
nos
detenemos en esta determinación abstracta, el concepto tiene así las tres
determinaciones
particulares, es decir, lo universal, lo particular y lo individual, a
a
pesar de que antes sólo lo universal y lo particular habían sido indicados como
las
especies
de lo particular. Dado que la individualidad es el retorno del concepto,
como
de lo negativo, en sí, tal retorno mismo a partir de la abstracción que aquí
se
halla justamente eliminada, puede ser puesto y contado como un momento
Indiqueal
ladode
los otros.
Si
la individualidad está presentada como una de lasparticulares
determinaciones
del concepto, entonces la particularidad es latotalidad,que
las
comprende
todas en sí; Precisamente como esta totalidad, es lo concreto de
aquéllas,
o la individualidad misma. Pero es lo concreto también según el aspecto
antes
observado, esto es, comouniversalidad
determinada;así
se halla como la
unidadinmediata,en
que ninguno de estos momentos está puesto corno distinto o
como el momento determinante, y en
esta forma se convierte entérmino medio
del silogismo formal Resulta evidente por sí mismo, que
cada determinación que se haya efectuado
hasta
ahora en la exposición del concepto, se ha disuelto de inmediata pérdida en
su
otra. Cada distinción se confunde en la consideración que tiene que aislar
aquellasdeterminacionesymantenerlasempresas.Exclusivamentelapura
representación,por
cuyo medio la abstracción las ha aislado, puede mantener
firmemente
uno fuera del otro lo universal, lo particular y lo individual. Así ellos
son
numerables, y por una ulterior diferencia, la representación se detiene en la
puramente
exteriordelser,es
decir lacantidad,que
en ningún lugar está más
fuera
de propósito que aquí. —En la individualidad aquella verdadera relación, es
decir,
lainseparabilidadde
las determinaciones del concepto, estápuesta;en
efecto,
como negación de la negación la individualidad contiene la oposición de
aquellas
determinaciones y las contiene también en su fundamento o unidad, es
decir,
en el haber fundido cada una con su otra. Por el hecho de que la
universalidad
en esta reflexión está en sí y por sí, es esencialmente la negatividad
de
las determinaciones del concepto, no sólo de manera que sería sólo un tercer
diferente
respecto a ellas, sino que ahora está puesto lo siguiente, que elser-
puestoes
elser-en-síypor-sí;es
decir, que las determinaciones que pertenecen a
la
diferencia, son verdaderamente, cada una de ellas, latotalidad.El
retorno del
concepto
determinado en sí consiste en que tiene la determinación siguiente: de
ser,en
su determinación,el
conceptototal.
2.
Sin embargo la individualidad no es solamente el retorno del concepto a sí
mismo,
sino que es de inmediata su pérdida. Por medio de la individualidad, el
concepto,
tal como estáen
sídentro
de ella, se convierte enfuera
de sí ypenetra
en
la realidad. Laabstracción,que
comoAlmade
la individualidad, es relación de
lo
negativo con lo negativo, no es, como se ha mostrado, nada extrínseco a lo
universalya
lo particular, sino algo inmanente, y mediante ella estos son un
concreto,
un contenido, una individualidad. Pero la individualidad, en tanto esta
negatividad,
es la determinación determinada, eldiferenciadorcomo
tal; por medio
de
esta reflexión de la diferencia en sí la individualidad se convierte en algo
firme;
el determinar de lo particular existe sólo por medio de la individualidad,
puesestaes
aquella abstracción que ahora, precisamente como individualidad, es
abstracción
puesta.
De
modo que lo individual, como negatividad que se refiere a sí, es identidad.
inmediatamente
de lo negativo consigo mismo; es algoexistente
'por sí.O
también es la
abstracción,
que determina el concepto, según su momento ideal delser,como
un
inmediato,—Así
lo individual es ununocualitativo
o sea unéste.Por
esta
calidad,
esen
primer lugarrepulsión
de sídesde
sí mismo,por
cuyo medio se
presuponen
los muchosotrosunos;en
segundo lugarahora
es relación negativa
frente
a estosotrospresupuestos,ypor
lo tanto relaciónque
excluyelo
individual.
La
universalidad, referida a estos individuos considerados corno unos
indiferentes.
—y
tiene que ser referida a ellos, porque es un momento del concepto de la
individualidad—
es solamente locomúnde
aquéllos. Si con la palabra universal
se
comprende lo que escomúna
muchos individuos, entonces se toma como
punto de partida el subsistirIndiquede
ellos, y en la determinación del concepto se mezcla la inmediacion delser.
.La
representación más elemental que
puede
uno tener de lo universal, con respecto a la manera como está en relación
con
lo individual, es esta relación extrínseca del mismo como de algo
sencillamentecomún.
El
individuo, que en la esfera reflexiva de la existencia se encuentra comoéste,No
tiene
hacia otro uno la relación de exclusividad que compite al ser-por-sí
cualitativo.Esto,considerado
corno el unoreflejado
en sí,está
por sí sin
repulsión;
o bien la repulsión está junto con la abstracción en esta reflexión, y
constituye
lamediaciónque
refleja, que está en él de manera que él es una
inmediaciónpuesta,
indicadopor
algo extrínseco.Esto
es;es
uninmediato;pero
esestosolamente
porque estáindicado.El
indica es el movimiento reflexivo que
se
concentra en sí, y pone la mediación; pero la pone como algo que le queda
extrínseco,
—Ahora bien, el individuo es sin duda también unesto,como
lo
inmediato
restablecido a partir de la mediación; pero no la tiene fuera de él, es él
misma
separación que rechaza, es decirla
abstracción puesta;pero,
en su
separación,
es él mismo relación positiva.
Este
abstraer del individuo es, como reflexión de la diferencia en sí, en primer
lugar.
lugar
un poner los diferentes, comoindependientes,reflejados
en sí. Ellosexisten
inmediatamente;
pero además este separar es reflexión en general, es elaparecer
de
uno en el otro.Así
ellos están en una relación esencial. Además ellos no son
sencillamente
individuosexistenteuno
frente a otro; esta pluralidad pertenece al
ser;
laindividualidadque
se pone como determinado no se pone en una diferencia
extrínseca,
sino en la diferencia del concepto; por consiguiente ella excluye de sí
lo
universal.
Pero,
como éste es un momento propio de ella misma, así se le refiere
también
esencialmente.
El
concepto, considerado como esta relación entre sus determinaciones.
independientes,se
ha perdido; en efecto así ya no es launidadde
las,
puestas,y
ellas ya no se hallan comomomentos,como
laapariencia
del
concepto,
sino como subsistentes en sí y por sí. --Como individualidad, el
concepto
vuelve a sí en la determinación; con eso lo determinado mismo se ha
convertido
en totalidad. Su retorno a sí, por consiguiente, ensu
propia,absoluta,
originariadivisión,o
sea el concepto como individualidad se ha puesto como
juicio
Christian,
con este último fragmento llegamos al punto decisivo de la Ciencia de la
Lógica: la individualidad como el momento donde el concepto deja de ser
solamente concepto interior y comienza a exteriorizarse como realidad.
Esto
conecta directamente con tu crítica a Diego y al reduccionismo del “gen de
Dios”. La diferencia profunda está aquí:
Para Diego (siguiendo una lectura biologicista), la religión sería un producto derivado : un fenómeno complejo causado por una base anterior y más fundamental (genes, cerebro, química). Dios sería una representación producida por un mecanismo biológico.
En Hegel ocurre casi lo contrario: el concepto no es un producto secundario de una realidad previa, sino que la realidad misma es el despliegue del concepto .
La clave está en esta frase del texto:
“El concepto es la potencia absoluta precisamente porque puede dejar su diferencia libre en la forma de una diversidad independiente...”
Es decir:
La naturaleza, la historia, el espíritu humano, incluso las representaciones religiosas, no son simples efectos mecánicos de algo exterior. Son momentos en los que el concepto se despliega y retorna a sí mismo.
1. El error del reduccionismo genético
Cuando se dice:
"Dios es un concepto que nace en el cerebro"
se está haciendo una inversión ilegítima.
Se toma una condición necesaria como si fuera una explicación suficiente.
Que la experiencia religiosa tenga una base neuronal no significa que el contenido espiritual se reduzca a la neurona.
Sería como decir:
- La música está en las vibraciones del aire.
- Entonces la música es solamente vibración del aire.
O:
- La poesía necesita tinta.
- Entonces la poesía es solamente química de la tinta.
El soporte material no agota la forma espiritual.
2. Pero Hegel tampoco vuelve a un Dios externo
Aquí está la grandeza y también la dificultad de Hegel.
Él no dice:
"Dios existe afuera y el cerebro humano simplemente lo recibe".
Tampoco dice:
"Dios es una ilusión fabricada por el cerebro".
Dice algo mucho más extraño:
Dios es el concepto absoluto que se conoce a sí mismo mediante la diferencia y el retorno.
Por eso el concepto tiene tres momentos:
Universalidad
El concepto en sí mismo.
La unidad originaria.
El espíritu como posibilidad absoluta.
↓
Particularidad
El concepto se diferencia.
Se expresa.
Se hace mundo.
Aparecen las determinaciones.
↓
Individualidad
El concepto retorna a sí mismo dentro de una determinación concreta.
Aquí aparece el "este":
el individuo,
la conciencia,
el espíritu humano.
La individualidad es fundamental porque Hegel dice:
"Por medio de la individualidad, el concepto, tal como está en sí dentro de ella, se convierte en fuera de sí y penetra en la realidad."
Esta frase es casi una respuesta directa al problema del "gen de Dios".
La conciencia religiosa no sería simplemente un efecto producido por el cerebro, sino el lugar donde el concepto absoluto llega a expresarse en una existencia concreta.
El cerebro sería la condición material de esa expresión, pero no su fundamento último.
3. El punto donde Hegel supera incluso a la religión tradicional
Aquí Hegel es más radical que muchos teólogos.
Porque Dios no aparece primero como una cosa ya terminada.
El concepto absoluto tiene que atravesar:
- diferencia,
- alienación,
- exteriorización,
- retorno.
Es una estructura semejante a:
Dios → creación → conciencia → autoconocimiento
o:
Universal → Particular → Individual
La creación no es un objeto separado de Dios, sino el proceso mediante el cual Dios se vuelve transparente para sí mismo.
4. La frase clave contra Diego
El texto dice:
"La vida, el espíritu, Dios... la abstracción no es capaz de comprenderlos, porque tiene alejada de sus productos la singularidad, el principio de la individualidad y personalidad".
Aquí Hegel está atacando exactamente el tipo de pensamiento que reduce algo vivo a una determinación aislada.
El reduccionismo toma una parte:
- gen,
- neuronas,
- hormona,
- estructura cerebral,
y pretendo que esa parte explique la totalidad.
Pero para Hegel una totalidad viva no funciona así.
La parte solamente tiene verdad dentro del movimiento del todo.
5. La diferencia entre Hegel y Diego podría formularse así:
Diego:
Materia → cerebro → religión → Dios como concepto humano
Hegel:
Concepto → naturaleza → espíritu humano → Dios conocido absoluto como concepto
El primero es una flecha causal descendente.
El segundo es un movimiento dialéctico de exteriorización y retorno.
Ahora bien, hay algo interesante: Hegel podría criticar también a ciertos creyentes porque convertirían a Dios en una "cosa" fija, como si fuera un objeto entre otros objetos.
Para Hegel Dios no es un ente más grande ubicado en algún lugar.
Es el movimiento mismo de la universalidad que se particulariza y retorna a sí:
Universalidad (Padre)
↓
Particularidad (Hijo, Logos encarnado)
↓
Individualidad (Espíritu que vuelve a sí en la comunidad consciente)
Y aquí aparece una conexión muy fuerte con lo que venías desarrollando sobre respiración ontológica:
La exhalación sería la exteriorización del concepto.
La inhalación sería el retorno del concepto hacia sí.
No sería una energía biológica transmitida, sino el movimiento mismo de la negatividad absoluta:
salir de sí para volver a sí.
En ese sentido, el "gen de Dios" de Diego sería para Hegel confundir la huella material del espíritu con el movimiento espiritual que hace posible incluso que exista una huella.

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