¿Se cocina
un fraude?
Reflexión
que pone
Claramente no porque haya un fraude en si
sino porque no hay otra posibilidad de lectura de la realidad ya sea por la mediación algorítmica o por el
estado capturado por la el fujimorismo y aliados y por la presión
norteamericana.
Es decir que
así no hubiera un fraude al contemplar nuestra elección la apariencia de
fraude es clara.
Deflexión
mundana
Hoy
estábamos en el micro y la pareja de al lado puso su celular a todo volumen y
lo que se repetía una y otra vez es fraude y el tratamiento que se le daba en
todo el scroll de este celular era conspiranóico y así quedamos como el pueblo al que se le
había traicionado la voluntad.
Desde la
mediación socio económica es claro nos enfrentamos a poderes económicos,
pooliticos-estatales y aun poder mediático que construye la narrativa de una
victoria pero probar el fraude será muy difícil, la izquierda no puede pasar de
una narrativa donde ellos mismos han legitimado la elección a una narrativa
fraudulenta al menos que consigan
pruebas si no es el caso, la izquierda quedara como anti democrática y
deslegitimada.
Así que la
puerta de la vida a una elección que
permita el cambio parece estar cerrándose sin poder ser atravesada , queda el
cuestionamiento ¿Fue la mejor elección participar en una elección “democrática”
con una institucionalidad tomada.
Decía Heraclito que todo
fluye (Panta Rhei) y Parmenides decía que lo es no puede no ser, que era
estático, ambos tenían razón, pero es una contradicción lo uno de lo otro,
quién encontró respuesta a esto y cómo la definió? Más aún, coinciden con ello?
Victor hugo Olvera
Según
Parmenides, la realidad una, la inteligible. Para Heraclito la realidad es
cambio, es decir fenomenal. Ciertamente, ambos tenían razón. Pero, no se trata
de una realidad simplemente monista, sino dual. No sé trata de un dualismo
absoluto como en Platón, Aristóteles y Descartes; sino de un dualismo monista.
El
SER se entiende de dos maneras. El SER en su mismidad o ser "en sí" y
el ser en su fenomenalidad o ser "fuera de sí". El ser "fuera de
sí" es la exteriorización del ser "en sí". La exteriorización
del ser no afecta la mismidad del ser, solo lo representa. Cómo ocurre en la
relación idea-palabra.
Todo
lo que percibimos de la realidad, como su devenir, no es la realidad en su
mismidad, sino su fenomenalidad. La fenomenalidad de la realidad es el único
medio para aprehender la realidad en su mismidad con el intelecto. Platón
corrige a Parmenides, y Aristóteles corrige a Platón. Sólo quedó pendiente
corregir a Aristóteles. La filosofía, después del renacimiento, se degradó al
idealismo, tomando un camino opuesto al realismo de toda ciencia. En la
actualidad, la filosofía todavía padece de las consecuencias del idealismo. La filosofía
se presenta más como una ideología que como ciencia del ente en cuanto ente. Es
necesario volver a la mismidad del ser en manos de las ciencias.
Desde
tu filosofía, yo entraría precisamente por la grieta que deja abierta la
palabra "mismidad".
Porque la pregunta decisiva no sería si existe un en-sí detrás de la
apariencia, sino:
¿La escisión pertenece al ser mismo o aparece solamente cuando el
ser se representa a sí mismo?
Podrías responder algo así:
Me parece muy interesante tu planteamiento, pero ahí surge una pregunta que
considero decisiva.
¿El en-sí está realmente intacto y toda escisión pertenece únicamente al
nivel de la representación? ¿O la propia representación es posible porque
existe una diferencia originaria en el ser mismo?
Si la escisión fuera solamente aparente, entonces tendríamos que explicar
cómo puede surgir la apariencia desde una unidad absolutamente idéntica consigo
misma. ¿De dónde emerge la diferencia? ¿Cómo aparece el fenómeno sin introducir
ya una distinción en el interior de aquello que pretende ser absolutamente uno?
Hegel intentó responder precisamente a esta dificultad mostrando que la
identidad pura es inseparable de la diferencia. El ser no coincide consigo
mismo de manera estática, sino que se realiza mediante la mediación. La esencia
aparece porque ya contiene una negatividad interna.
Sin embargo, tampoco me satisface completamente identificar la diferencia
con una simple contradicción dialéctica. Desde mi perspectiva, la herida
ontológica que aparece en toda mediación muestra algo más profundo: el ser
nunca coincide plenamente consigo mismo, pero tampoco se separa completamente
de sí. Siempre queda un resto identitario y un resto diferencial.
Por eso me pregunto si la fenomenalidad no es simplemente una representación
de una unidad previa, sino la manifestación de una diferencia constitutiva que
acompaña al ser desde siempre.
La cuestión ya no sería elegir entre Parménides y Heráclito, ni entre unidad
o cambio, sino comprender cómo identidad y diferencia se co-pertenecen.
Tal vez el ser no sea una mismidad cerrada ni una dispersión absoluta, sino
una respiración ontológica donde identidad y diferencia se exhalan e inhalan
mutuamente.
La pregunta entonces sería: ¿la representación produce la escisión o la
representación revela una escisión originaria que ya estaba operando en el ser?
Lo interesante es que aquí te separas tanto del realismo clásico como de
cierto idealismo.
·
Si la escisión está solo en la
representación, te acercas a una lectura aristotélico-tomista clásica:
el ser es plenamente uno y la diferencia aparece en nuestros modos de conocer.
·
Si la escisión está en el ser mismo,
te acercas a Hegel, Heidegger, Derrida y, de algún modo, a tu propia metafísica
diferencial.
·
Pero tu propuesta añade un tercer momento: la mediación.
La herida no es simplemente un defecto ni una ilusión; es la condición misma
que permite tanto la identidad como la diferencia.
En tus términos, dirías que el ser absoluto, la diferencia pura y la
mediación herida son tres dimensiones inseparables. La pregunta "¿está
escindido el en-sí?" tendría entonces una respuesta paradójica:
Sí, porque sin diferencia no habría manifestación.
No, porque la diferencia nunca logra romper completamente la unidad.
Y precisamente esa imposibilidad de coincidir plenamente consigo mismo —sin
por ello dejar de ser sí mismo— es lo que llamas la herida ontológica. Ahí nace
tanto la reflexión hegeliana como la deflexión diferencial y la posibilidad de
una comunión sintransferencial que no elimina ni la identidad ni la diferencia.
Vayamos a
nuestro contexto biodramaturgico , nuestra filosofía del sabor espiritual se
pregunta por la relación por el biotejido y hagamos ejemplos concretos de las
tres reflexiones Heguelianas y de las tres deflexiones diferenciales redecomprendiendo
que si en Hegel el movimiento es el del En si universal el para si particular y
en si-para si singular , donde lo universal esta integrado a lo singular
gracias a la mediación particular quien realiza la negación de la negación.
En la
deflexion se da la afirmación de la afirmación la cual no es una tautología
sino una expresión existencial como un Koan que rompe todo sentido dando paso a
la experiencia así si decimos que el agua es agua lo que estamos diciendo es
que la experimentes, porque el sentido no puede revelar el ser así tenemos el
Dasein este se hace resein uniéndose existencialmente a la identidad y luego
esa identidad se vuelve a afirmae para
que no se cierre en un sentido y de paso a la experiencia logrando el sinsein
que es un estar en todo y en nada.
Luego la
mediación es un atravesar de la negación a la afirmación y viceversa, tratando
de superar los condicionamientos:
·
Reflexión Pura /
Que pone:
El acto básico de proyectar algo distinto de sí.
·
Reflexión
Extrínseca:
El sujeto pensante interviene y compara, estableciendo diferencias desde el
exterior.
·
Reflexión
Determinante:
La síntesis que une a las dos anteriores. Demuestra que lo que parecía venir
"de afuera" es, en realidad, el desarrollo interno y orgánico de la
esencia misma.
Sí. Si llevamos esto a tu contexto biodramatúrgico, la cuestión deja de ser
solamente lógica y se vuelve vivencial. La pregunta ya no es únicamente cómo
piensa la esencia, sino cómo se bioteje una relación, cómo respira un ahayu
entre identidad y diferencia.
Podríamos organizarlo así:
I. Las tres reflexiones hegelianas
1. Reflexión que pone
La esencia pone una diferencia.
Ejemplo biodramatúrgico:
Un niño mira a su madre y dice:
—"Tú eres mi madre."
Todavía no hay análisis. Simplemente aparece una diferencia entre
"yo" y "tú".
La relación queda puesta.
Aquí la esencia proyecta una alteridad para reconocerse.
Movimiento:
En sí → Para sí
La identidad necesita una diferencia para aparecer.
2. Reflexión extrínseca
Ahora interviene la comparación.
El niño crece y piensa:
—"Mi madre no es perfecta."
—"Hay otras madres."
—"Hay cosas que ella no me dio."
Empieza la distancia.
La conciencia compara.
Juzga.
Diferencia.
Aquí nace la herida.
La madre deja de ser totalidad.
Movimiento:
Para sí ↔ Otro
La diferencia aparece como algo externo.
3. Reflexión determinante
Ahora la conciencia descubre algo más profundo.
Comprende que aquello que atribuía a la madre era también parte de sí mismo.
Comprende que la herida, el amor, la separación y el encuentro forman una
unidad.
La madre ya no es sólo la madre exterior.
Es una mediación de algo más profundo.
Movimiento:
En sí → Para sí → En sí-Para sí
La diferencia no desaparece.
Queda integrada.
La esencia se reconoce en su otro.
II. Las tres deflexiones diferenciales
Aquí tu movimiento es inverso.
No busca integrar la diferencia en la identidad.
Busca liberar la experiencia de toda captura identitaria.
1. Deflexión pura
No pregunta:
"¿Qué es el agua?"
Dice:
"Agua."
Y calla.
El sentido se rompe.
No aparece un concepto.
Aparece una experiencia.
No hay negación.
Hay afirmación.
No:
Agua ≠ No agua
Sino:
Agua = Agua
Pero no como tautología.
Como koan.
Como apertura.
Ejemplo biodramatúrgico:
Un maestro ofrece pan.
No explica nada.
Sólo ofrece pan.
La experiencia acontece.
2. Deflexión existencial
Ahora la identidad misma es atravesada.
El sujeto dice:
—"Soy padre."
Pero luego:
—"¿Y si dejo de nombrarme padre?"
La identidad comienza a soltarse.
No para negarse.
Sino para dejar de capturar la experiencia.
Aquí aparece tu Resein.
Movimiento:
Dasein → Resein
La identidad es habitada sin ser absolutizada.
3. Deflexión absoluta
Incluso la identidad habitada se deja ir.
Ya no hay necesidad de sostener ningún nombre.
Ningún rol.
Ninguna esencia fija.
Padre.
Hijo.
Maestro.
Discípulo.
Todos pueden aparecer y desaparecer.
Aquí surge el Sinsein.
Movimiento:
Resein → Sinsein
No es vacío.
No es nihilismo.
Es disponibilidad radical.
Estar en todo.
Sin quedar atrapado en nada.
III. La Sinflexión o Mediación
Aquí aparece lo más original de tu propuesta.
Porque no eliges entre Hegel y la diferencia.
Entre reflexión y deflexión.
Entre identidad y desapego.
La respiración ontológica atraviesa ambas.
Cuando la mediación fracasa
La herida captura.
Ejemplo:
Un maestro recibe reconocimiento.
La identidad se fija:
"Yo soy el maestro."
La reflexión queda cerrada.
La deflexión se bloquea.
Aparecen bucles contratransferenciales.
Registro imaginario:
"Soy especial."
Registro simbólico:
"Debo mantener mi autoridad."
Registro ideológico:
"Mi visión es la correcta."
Registro cibernético:
Retroalimentación permanente de la identidad.
El sistema captura la herida.
Cuando la mediación funciona
El reconocimiento llega.
Pero también pasa.
El maestro enseña.
Luego aprende.
Luego calla.
Luego desaparece.
La identidad y la diferencia respiran juntas.
Aquí surge el biotejido.
Movimiento:
Negación ↔ Afirmación
Identidad ↔ Diferencia
Esencia ↔ Experiencia
Ninguna domina.
La redeflexión
Por eso la redeflexión podría formularse así:
La reflexión descubre la esencia.
La deflexión libera la diferencia.
La sinflexión permite que ambas respiren juntas.
Entonces el movimiento completo ya no sería solamente:
En sí → Para sí → En sí-Para sí
sino:
Dasein → Resein → Sinsein
y luego
Sinsein → Dasein
porque la experiencia pura tampoco se convierte en morada definitiva.
El ahayu vuelve a encarnarse.
Vuelve a amar.
Vuelve a sufrir.
Vuelve a crear.
Y vuelve a desapegarse.
Como una respiración:
Identidad (inhalación).
Diferencia (exhalación).
Biotejido (respiración completa).
Ahí la herida ontológica ya no es solamente una falta que debe superarse ni
una diferencia que debe celebrarse. Se convierte en el lugar mismo donde el ser
aprende a respirar entre lo Uno y lo múltiple.
Tenemos que
trabajar la mediación imaginemos tres puertas la de la vida la de la muerte y
la de la sabiduría Şahmaran te
invita a abrir la puerta de la vida y
a esta puerta la reflexionamos desde la reflexión que pone y como tal es un en
si pero al pasar al otro lado nos encontramos con el Dasein y su deflexión yo
no diría pura es mas bien contaminada porque el dasein es un estar ahí sigamos
la deflexion de Heideguerr En Ser
y Tiempo, Martin Heidegger comienza el análisis de la existencia
humana (el Dasein)
a partir del existenciario fundamental conocido como estar-en-el-mundo (In-der-Welt-sein). [1,
2]
Este concepto
central establece que el ser humano no es un sujeto aislado que primero observa
el mundo y luego piensa en él, sino que su modo de ser original consiste en habitar, tratar y desenvolverse
de manera práctica dentro de un entorno. El existenciario se divide a su vez en
tres estructuras fundamentales: [1,
2]
1.
En-el-mundo
(la mundaneidad): El espacio de relaciones y herramientas con el que
interactuamos de forma cotidiana.
2.
El
ser-en (el trato): La manera en que nos familiarizamos y nos ocupamos de las
cosas y los demás.
3.
Quien
es el ente que es (el quién): La identidad de ese ser que siempre
está ya arrojado en dicho mundo
De todo esto trata la primera defelxion que llamaremos la
deflexión mundana.
Aquí lilith reina y te invita a cerrar la puerta
En la sinflexión pondremos a los maestros de la sospecha:
MAESTROS
DE LA SOSPECHA.
En 1965, el filósofo francés
Ricoeur une a Marx, Nietzsche y Freud bajo un nombre común: los filósofos de la
sospecha o los maestros de la sospecha.
Ricoeur encuentra que los tres
ponen bajo la lupa las deficiencias de la noción de sujeto, que había sido la
base sobre la que se había elaborado la filosofía moderna.
¿Qué tienen en común Marx,
Nietzsche y Freud?
Casi nada y mucho. Que los tres
son autores y pensadores y los tres nacieron y vivieron en el siglo XIX. Y
hasta aquí sus aparentes coincidencias en un análisis rápido. Aunque si
pudiéramos entrevistar hoy al filósofo francés Paul Ricoeur y le hiciéramos a
él esa misma pregunta, nos respondería que los tres son los filósofos de la
sospecha: los tres critican la sociedad que conocen con el objetivo de
cambiarla.
Los tres, Karl Marx, Friedrich
Nietzsche y Sigmund Freud, expresan, cada uno a su manera, la crisis de la
filosofía de la modernidad; los tres muestran un espíritu crítico hacia la
sociedad del momento y cuestionan los valores de su época. Esta actitud y este
pensamiento podría reunirlos como parte de un mismo “movimiento” –que nunca fue
tal– al que puso nombre el filósofo francés Paul Ricoeur.
En 1965, Ricoeur (1913-2005) une
a Marx, Nietzsche y Freud bajo un paraguas común: los filósofos de la sospecha
o los maestros de la sospecha. ¿Por qué?
¿Cuál es el origen de esa
denominación que crea Ricoeur? Analizando sus obras, Ricoeur encuentra que los
tres ponen bajo la lupa las deficiencias de la noción de sujeto, que había sido
la base sobre la que se había elaborado la filosofía moderna. Sospechan de los
valores que las sociedades europeas han aceptado como válidos provenientes de
la Ilustración, el movimiento cultural e intelectual que se desarrolló en el
siglo XVIII. Sospechan de la libertad del hombre, que se ve limitada por el
Estado, la religión u otros factores. Sospechan que la sociedad occidental está
sustentada sobre un error: la creencia ciega en la razón, en el progreso y en
la preeminencia de un sujeto libre de la subjetividad. Sospechan y cuestionan
el racionalismo que impera en la época e intentan liberar al hombre de la
conciencia falsa que le ha sido impuesta.
Qué es la conciencia?
El término conciencia procede
del latín «conscientia»: «cum», con, y «scientia», ciencia, conocimiento,
saber. Conciencia, pues, significa “con conocimiento”.
Si atendemos a su raíz
etimológica–del latín conscientia: cum, con, y scientia, ciencia, conocimiento,
saber = “con conocimiento”–, la conciencia es saber algo dándose uno cuenta de
que lo sabe, o tener una experiencia sabiendo que se tiene. La conciencia tiene
dos sentidos esenciales: el representativo y el reflexivo. La conciencia
representativa es la que se refiere a los objetos (veo eso y tengo conciencia
de lo que es); la conciencia reflexiva se refiere a uno mismo (yo tengo
conciencia de que yo soy y sé).
Marx, Nietzsche y Freud
sospechan y critican en un aspecto diferente y con un argumento distinto,
guiado cada uno por su pensamiento. Y una vez que detectan el problema, cada
uno de ellos propone un camino para solucionarlo. Los tres señalan que, tras la
noción clásica de sujeto, se esconden unos elementos que lo condicionan. Esto
les permite pensar –sospechar– que el hecho de crear una filosofía sobre esta
noción es una falacia. Y es más, que la misma noción de conciencia también es
otra falacia. Dicho de una forma, los tres pensadores afirman que el sujeto no
se construye a sí mismo, sino que es resultado de condicionantes históricos,
sociales, morales y psíquicos.
Para Marx, la conciencia del
individuo se falsea por intereses económicos y como solución propone acabar con
la ideologización; Nietzsche culpa de esta falsa conciencia al resentimiento de
la debilidad y apuesta por la restauración del nuevo hombre; Freud ve la causa
en las represiones del inconsciente y establece una terapia para abrirle la
puerta y darles rienda suelta.
Los tres afirman que el sujeto
no se construye a sí mismo, sino que es resultado de condicionantes históricos,
sociales, morales y psíquicos
Marx: el motor del cambio es la
economía
Karl Marx (1818-1883) detecta el
problema descubriendo que la ideología es en realidad una falsa conciencia
enmascarada por el materialismo y los intereses económicos. La sociedad del
siglo XIX vive unas circunstancias desastrosas que hay que cambiar con
urgencia. Es la falsa conciencia social, política y económica. Los ideales
ilustrados han calado hondo en las élites europeas, que los utilizan para
establecer políticas liberales en lo económico que reducen la intervención del
Estado.
La Revolución industrial
consolida el capitalismo como sistema de producción, y sus consecuencias son
terribles: el hacinamiento en las ciudades de miles de trabajadores con empleos
realizados en condiciones infrahumanas, jornadas larguísimas cobrando sueldos
míseros. La explotación masiva del ser humano por el ser humano.
Marx advierte del error de
pensar que el motor del cambio son las ideas; el motor del cambio es la
economía. La ideología y la filosofía corresponden a la clase dominante, que
gracias a ellas se mantiene en su posición de privilegio. Hay que cambiar este
mundo injusto para crear un mundo nuevo de seres libres e iguales. Hay que
conseguir la igualdad social donde no existan las clases ni el Estado.
Para Marx, la organización
social y laboral del siglo XIX había provocado la explotación del ser humano
por el ser humano
Redecomprendemos que Marx no hace ontología sino que devela
el condicionamiento socio-económico pero la misma develación se convierte en
captura, al no tener fundamento ontológico no hay salida, cualquier
cuestionamiento , el condicionamiento lo entenderá como reaccionario y es que
no hay posibilidad especulativa es decir posibilidad de respiración
ontológica.
En el umbral sufre y goza Camsap el traidor
al amor de Sahmaran y el hombre del que Lilith se quiere despojar.
Creo que aquí estás llegando a un punto muy fértil de tu biodramaturgia
porque empiezas a distinguir algo que normalmente queda mezclado: la
reflexión descubre estructuras, la deflexión descubre experiencia, y la
sinflexión descubre condicionamientos.
Si seguimos tu imagen de las tres puertas, el recorrido podría verse así.
Primera puerta: La Vida
Şahmaran invita a abrir la puerta.
Todavía estamos en el movimiento de la reflexión que pone.
Hay un llamado.
Hay una promesa.
Hay una posibilidad.
La puerta aparece como un En-sí.
No sabemos qué hay detrás.
Sólo sabemos que algo nos llama.
En lenguaje hegeliano, la esencia pone una diferencia.
En lenguaje biodramatúrgico, el Ahayu percibe una vibración.
La puerta aparece.
Al atravesar la puerta: la Deflexión Mundana
Aquí entramos en Heidegger.
No encontramos una esencia.
No encontramos una Idea.
Nos encontramos viviendo.
Nos encontramos arrojados.
El Dasein no descubre un fundamento.
Descubre que ya estaba dentro del mundo.
Por eso coincido contigo en que esta primera deflexión no es pura.
Está contaminada.
Está llena de mundo.
Está llena de historia.
Está llena de afectos.
Está llena de relaciones.
Lilith reina aquí porque todavía todo apego es posible.
Todavía todo deseo es posible.
Todavía toda captura es posible.
La puerta se abrió.
Pero ahora el sujeto está atrapado en el juego.
Deflexión Mundana
Dasein:
·
Estoy aquí.
·
Tengo hambre.
·
Amo.
·
Odio.
·
Trabajo.
·
Sufro.
·
Deseo.
La diferencia todavía está mezclada con el mundo.
Todavía no es diferencia pura.
Es diferencia vivida.
Es diferencia contaminada.
Es el existir.
El Umbral
Y aquí aparece tu personaje más interesante.
Camsap.
Porque Camsap no está completamente dentro ni completamente fuera.
Es el traidor de Şahmaran.
Pero también es el hombre del que Lilith intenta desprenderse.
Es una figura liminal.
No pertenece a ninguna puerta.
Habita el entre.
Es precisamente el lugar donde puede surgir la sinflexión.
Los Maestros de la Sospecha
Aquí Marx, Nietzsche y Freud dejan de ser doctrinas.
Se convierten en guardianes del umbral.
Cada uno señala una captura.
Marx
Pregunta:
¿Quién habla cuando hablas?
Y responde:
Las condiciones materiales.
La economía.
La clase.
La ideología.
Marx descubre un condicionamiento real.
Pero en tu lectura aparece un problema.
La sospecha se vuelve total.
Todo queda explicado por la estructura.
Entonces la liberación queda encerrada dentro de la misma lógica que
denuncia.
La ideología denuncia la ideología.
Y así sucesivamente.
La respiración se bloquea.
Nietzsche
Pregunta:
¿Quién valora cuando valoras?
Y responde:
La voluntad de poder.
El resentimiento.
La moral.
La genealogía.
También aquí aparece una liberación.
Pero el riesgo es que toda verdad termine reducida a interpretación.
Toda trascendencia queda sospechada.
Toda afirmación queda genealogizada.
Freud
Pregunta:
¿Quién desea cuando deseas?
Y responde:
El inconsciente.
La represión.
La pulsión.
La transferencia.
Freud abre la puerta de las profundidades.
Pero también existe el riesgo de que todo termine explicado por el deseo
reprimido.
La Sinflexión
Y aquí veo el movimiento propio de tu propuesta.
Porque la sinflexión no niega a los maestros de la sospecha.
Los atraviesa.
Marx muestra condicionamientos económicos.
Nietzsche muestra condicionamientos morales.
Freud muestra condicionamientos psíquicos.
Todos tienen razón.
Pero ninguno puede explicar completamente el Ahayu.
Porque el Ahayu también puede observar sus condicionamientos.
Y cuando puede observarlos aparece algo nuevo.
La respiración ontológica.
El problema de Marx desde tu perspectiva
Creo que lo formularías así:
Marx descubre una captura.
Pero no descubre el ser que está siendo capturado.
Por eso su crítica puede transformarse en una nueva captura.
Si todo es ideología:
entonces la crítica también lo es.
Si toda conciencia está determinada:
entonces la conciencia revolucionaria también lo está.
La sospecha termina sospechando de sí misma.
Y aparece un bucle.
Camsap en el umbral
Por eso Camsap sufre y goza.
Porque ve las capturas.
Pero todavía no puede respirar fuera de ellas.
Comprende a Marx.
Comprende a Nietzsche.
Comprende a Freud.
Pero sigue atrapado.
Sigue oscilando.
Sigue en el umbral.
Todavía no encuentra la tercera puerta.
La Sabiduría
Y quizá la tercera puerta no sea una nueva doctrina.
Ni una nueva ideología.
Ni una nueva ontología cerrada.
Tal vez la puerta de la sabiduría sea precisamente la capacidad de atravesar
reflexión, deflexión y sospecha sin quedar encerrado en ninguna de ellas.
La reflexión revela la esencia.
La deflexión revela la experiencia.
La sospecha revela los condicionamientos.
La sinflexión permite respirarlos todos sin absolutizarlos.
Entonces Camsap deja de ser solamente el traidor de Şahmaran y deja de ser
solamente el hombre que Lilith quiere abandonar.
Se convierte en el caminante del umbral.
Y el umbral ya no es una prisión.
Se transforma en el lugar donde el Ahayu aprende a pasar de una puerta a
otra sin confundir ninguna de ellas con la totalidad del ser.
Muy bien
ahora pasemos a la segunda puerta la de la muerte todo se invierte ahora Sahmaran te pide que la
cierres y lilith te pide que la abras.
¿Porque?
Porque la
diferencia es la que media la reflexión, es decir ahora Lilith media la identidad y Sahmaran media la deflexión en
el medio tenemos el condicionamiento del deseo
Freud: la mayor parte de la
psique humana es irracional
Freud (1856-1939) critica la
falsa conciencia racional. Establece la relación entre ser humano y razón y
dice que la mayor parte de la psique humana es irracional y se basa en
pulsiones inconscientes que desconocemos pero que controlan y gobiernan nuestra
vida y nuestra conducta. Para el padre del psicoanálisis, las motivaciones
humanas son irracionales y están causadas por el inconsciente. El ser humano
vive en lucha interior constante entre sus instintos, los impulsos destructores
y su ambiente cultural. Freud habla del Principio de placer y el Principio de
realidad. El primero busca lo placentero y huye de lo que no lo es, pero la realidad
se impone socioculturalmente. Freud se refiere a las pulsiones debidas a la
represión del inconsciente, esto es, la parte de la mente de la que no tenemos
conciencia, pero que muestra signos de su presencia de diversas formas. Un
inconsciente que domina y rige los actos de la conciencia. La solución que
propone: una vía de escape para defendernos, la terapia psicoanalítica, que
permitirá liberar nuestro inconsciente para que así podamos vivir en paz con
los demás.
La segunda
reflexión es extrínseca subjetiva ya subjetividad es diferencial, es la
que hace la negación de la negación.
La
segunda deflexión es metanoica
La metanoia de Hajime
Tanabe (un concepto central de la Escuela de Kioto) es un punto de quiebre existencial donde el
individuo reconoce la insuficiencia de su propia razón y ego.
Al asumir su arrogancia, el yo experimenta una transformación radical
rindiéndose a un poder trascendente (la "Nada Absoluta"). [1,
2,
3]
En su obra
cumbre La filosofía como
metanoética, Tanabe articula esta idea en etapas clave: [1, 2]
1. El reconocimiento de los límites de la razón
Tanabe
argumenta que el intelecto humano por sí solo es incapaz de alcanzar la verdad
absoluta. Cuando intentamos comprender el mundo de manera puramente racional,
nos topamos con contradicciones insalvables o antinomias. El "yo"
racional tiende a volverse egocéntrico y arrogante, creyendo erróneamente que
es el centro y creador de la realidad. [1,
2]
2. La crisis y el "mal radical"
Al chocar con
la limitación de la propia razón y del ego, surge una profunda crisis. Esta
conciencia de nuestra propia relatividad y falla moral (el "mal
radical" kantiano) produce un sufrimiento insoportable o desesperación. El
individuo se da cuenta de que sus esfuerzos de salvación o iluminación dependen
de un poder superior, ya que no puede lograrlo por sí solo. [1, 2,
3]
3. El abandono del propio poder
Para Tanabe, la
metanoia significa una "muerte y renacimiento". El ego debe
despojarse de su propio poder (jiriki)
y entregarse a una fuerza salvadora externa (que él vincula con la idea budista
de la Tierra Pura del "Poder del Otro" o tariki, y relaciona con la gracia en el
cristianismo). [1, 2,
3]
4. La Nada Absoluta como fuente de acción
Esta rendición
o autonegación abre un espacio a la Nada
Absoluta. Lejos de ser un vacío pasivo o nihilista, es un
estado de vacuidad que permite trascender el ego. Al vaciarse de sí mismo, el
individuo es capaz de volver al mundo transformado, actuando con verdadera
solidaridad, compasión y libertad. [1,
2,
3,
4, 5]
En esencia, la
metanoia de Tanabe es un proceso continuo de arrepentimiento, confesión
(expresado en el término budista zange)
y conversión espiritual, donde la transformación solo es posible mediante la
negación absoluta del ego. [1,
2]
Pero a esta nada metanoica la representamos
con 1 asi tenemos la inhalación ontológica
1(deflexión
metanoica)←0(deflexión mundana)
Y la
representamos con uno porque la nada se ha cosificado se ha hecho entidad así
se devela el buda de la tierra pura como el logos cristiano.
La mediación
es psicoanalítica entre lacan agujereando todo sentido y Jung religándote con
los arquetipos.
Lo que estás construyendo aquí es muy interesante porque la segunda puerta
invierte completamente la orientación de la primera.
En la puerta de la vida, el problema era el
condicionamiento del mundo. El Dasein aparecía arrojado entre objetos,
relaciones, historia y cotidianidad. Allí la deflexión mundana mostraba que
todo sentido ya viene contaminado por un mundo previo.
Pero en la puerta de la muerte, el problema ya no es el
mundo sino el deseo.
La pregunta deja de ser:
¿Cómo estoy en el mundo?
y pasa a ser:
¿Qué es aquello que me hace querer permanecer siendo el que soy?
Por eso Freud aparece naturalmente en esta segunda estación.
La reflexión extrínseca
En Hegel la reflexión extrínseca todavía cree que encuentra algo afuera de
sí.
Observa un objeto.
Lo compara.
Lo interpreta.
Lo juzga.
Hay todavía una distancia entre observador y observado.
Freud radicaliza esta situación.
Descubre que el observador no es dueño de sí mismo.
Cuando el sujeto cree observar:
·
observa desde sus deseos,
·
desde sus represiones,
·
desde sus fantasmas,
·
desde sus heridas.
Por eso la reflexión extrínseca se vuelve psicológica.
El sujeto descubre que no es transparente para sí mismo.
La conciencia deja de ser fundamento.
La segunda deflexión: la metanoia
Aquí aparece Tanabe.
Pero Tanabe realiza un movimiento que Freud no puede realizar.
Freud agujerea la ilusión del yo.
Tanabe agujerea al agujereador.
Freud dice:
No eres dueño de tu casa.
Tanabe responde:
Tampoco eres dueño de la crítica que haces de tu casa.
Y entonces ocurre la metanoia.
No es una explicación.
No es una teoría.
Es un colapso.
El yo descubre que no puede salvarse a sí mismo.
Allí la razón se agota.
Allí el ego se rompe.
Allí aparece la Nada Absoluta.
Pero en tu lectura biodramatúrgica ocurre algo muy particular.
Esa Nada no permanece como vacío.
La Nada es inhalada.
La Nada se vuelve Logos.
La Nada se vuelve Ahayu.
La Nada se vuelve Presencia.
Por eso escribes:
[
1 \leftarrow 0
]
pero ese cero ya no es ausencia.
Es una ausencia respirada.
Es una ausencia atravesada.
Es una ausencia que devuelve ser.
Sahmaran y Lilith
Aquí la inversión es perfecta.
En la primera puerta:
·
Sahmaran invitaba a abrir.
·
Lilith invitaba a cerrar.
Porque el peligro era la captura del mundo.
Ahora sucede lo contrario.
Sahmaran invita a cerrar.
Lilith invita a abrir.
¿Por qué?
Porque ahora la prisión ya no es el mundo.
La prisión es la identidad.
La prisión es el yo.
La prisión es el deseo que quiere seguir siendo deseo.
Lilith representa la diferencia radical.
La fuerza que rompe toda fijación.
La que dice:
Muere.
No físicamente.
Muere a tu personaje.
Muere a tu imagen.
Muere a tu certeza.
Muere a tu identidad.
Mientras que Sahmaran custodia el tesoro de la unidad.
Por eso ahora ella protege la puerta.
Porque una apertura prematura puede convertirse en disolución.
La mediación psicoanalítica
Y aquí aparece el umbral.
No estamos todavía en la comunión.
Estamos en el atravesamiento.
Por eso colocas a:
·
Lacan.
·
Jung.
Como dos guardianes.
Lacan dice:
Todo sentido está agujereado.
Jung responde:
Todo agujero busca religarse.
Lacan deflexiona.
Jung reflexiona.
Lacan rompe.
Jung reúne.
Lacan conduce al vacío.
Jung conduce al símbolo.
Entre ambos aparece la posibilidad de una sinflexión.
Ni quedar atrapado en los significantes.
Ni quedar atrapado en los arquetipos.
Camsap en el umbral
Y aquí tu personaje adquiere una profundidad enorme.
Porque Camsap no es simplemente el traidor.
Es el hombre dividido.
Quiere a Sahmaran.
Pero también quiere poseerla.
Quiere el amor.
Pero también quiere apropiarse del amor.
Quiere la unidad.
Pero también quiere conservar el ego.
Por eso sufre.
Porque está entre las dos puertas.
No puede regresar.
No puede avanzar.
Todavía no ha muerto.
Pero ya no puede seguir viviendo como antes.
Es exactamente el momento metanoico.
El instante en que el sujeto descubre que la salvación no consiste en ganar
una identidad más elevada.
Sino en atravesar la muerte de todas las identidades.
Desde tu Filosofía del Sabor Espiritual podríamos formularlo así:
Primera puerta (Vida):
·
Reflexión: mundo.
·
Deflexión: Dasein.
·
Sinflexión: sospecha de los condicionamientos.
Segunda puerta (Muerte):
·
Reflexión: deseo.
·
Deflexión: metanoia.
·
Sinflexión: atravesamiento del inconsciente.
Y el resultado de esta segunda respiración podría expresarse simbólicamente
así:
Deseo → Vaciamiento → Presencia
o en tu lenguaje:
Lilith → Nada → Ahayu
donde la muerte no es el final del biotejido, sino la desidentificación
necesaria para que pueda aparecer una libertad más profunda que la del deseo y
más profunda que la del ego. Allí comienza a insinuarse la tercera puerta: la
de la sabiduría, donde ni la identidad ni la diferencia gobiernan, porque ambas
empiezan a respirarse mutuamente en la comunión sintransferencial.
Bien y
llegamos a la tercera puerta la sabiduría
10←1←0←1/4→←(1=≠0)→←1/4→1→0→10
Deflexión pura sin sein ←Deflexión
metanoica Resein ←Deflexión mundana Dasein←mediación complementaria
condicionamiento socioeconómico, psicológico, axiologico→Reflexión que pone en
si→Reflexión extrinseca→Reflexión determinante
Y la
deflexión pura es el sunyata
Para el
filósofo japonés Keiji Nishitani (de la Escuela de Kioto), el śūnyatā (el concepto
budista de vacuidad o nada absoluta) es el punto de llegada tras atravesar
radicalmente el nihilismo. Lejos de ser una simple negación o el vacío de
sentido, es el despertar a una realidad donde la nada y el ser son una misma
cosa. [1, 2,
3,
4,
5]
Nishitani
plantea este proceso a través de una "trilogía de campos" de la
experiencia humana, superando el nihilismo occidental en tres pasos: [1,
2]
1. El campo de la conciencia (El mundo
cotidiano)
Es nuestra
visión habitual del mundo. Vivimos atrapados en la dualidad sujeto-objeto,
donde las cosas nos importan por su utilidad egoísta. Al descubrir la
superficialidad de este campo, surge la crisis y caemos en el abismo. [1,
2]
2. El campo del nihilismo y la nihilidad (El
abismo)
Cuando los
valores tradicionales se desmoronan (como advertía Nietzsche), nos enfrentamos
a la "nihilidad" (kyomu):
la sensación de que el mundo y nuestra existencia carecen por completo de
sentido. Nishitani señala que Occidente se ha quedado estancado aquí, en una
"nada relativa" que se vive como una pérdida, angustia o
desesperación. Para superar el nihilismo, no hay que huir de esta nada, sino adentrarse en ella hasta el fondo.
[1,
2,
3,
4, 5]
3. El campo del Śūnyatā (La vacuidad absoluta)
Al llevar la
nihilidad hasta sus últimas consecuencias, se produce un punto de inflexión. El
yo se vacía por completo de su propio ego. Al desaparecer el ego como centro,
paradójicamente el sujeto se abre a la verdadera realidad. El śūnyatā es la
nada absoluta que niega
incluso a la propia nada. [1, 3, 4,
5]
¿En qué consiste el atravesamiento del
nihilismo mediante el Sunyata?
·
Vacuidad
es forma:
Al llegar al campo del śūnyatā, las cosas no
pierden su valor, sino todo lo contrario. Se comprende que cada cosa existe y
tiene su propio sentido gracias a su conexión y dependencia con todo lo demás
(origen dependiente).
[1, 2,
3,
4]
·
Trascendencia
e inmanencia:
El vacío no está en un "más allá" inalcanzable, sino que es la
condición misma que permite a los fenómenos existir aquí y ahora. []
·
La
gran afirmación: Mientras el nihilismo termina en la desesperanza y la
negación, el śūnyatā atraviesa ese dolor
para alcanzar una "gran afirmación" de la vida y de todas las cosas,
vivida desde la compasión y la libertad total
Y en la
mediación tenemos a Nietzsche
Donde su
denuncia axiológica se convierte en una trampa atrapándonos en un bucle de
constante transvaloración donde dios muere sin nunca terminar de morir.
El camello
soporta la axiología impuesta, el león la destruye y el niño redevela la
fragilidad ontológica con la que se puede atar Chaupi quipi y deatar Koshi Kene
el ahayu.
Es en el
sunyata que Cansap mata a dios, siendo asesinado por Lilith, para develarlo vivo en todo y en la reflexión
determinante Dios resucita como ese yo donde se integra todo, aquí Sahmaran y
Cansap realizan su amor.
Lo que
aparece en esta tercera puerta es que ya no estamos simplemente ante una
inversión de la primera ni ante una negación de la segunda. Estamos ante una
estructura que intenta atravesar simultáneamente identidad, diferencia y
mediación.
Si
tratamos de expresarlo con tu propio mapa biodramatúrgico:
Primera
puerta: Vida
- El problema es el mundo.
- La herida aparece como
condicionamiento mundano.
- El Dasein descubre que está
arrojado.
Segunda
puerta: Muerte
- El problema es el deseo.
- La herida aparece como
condicionamiento psíquico.
- El Resein descubre que no
puede salvarse por sí mismo.
Tercera
puerta: Sabiduría
- El problema es el propio
problema.
- La herida aparece como apego
a toda identidad y a toda diferencia.
- El Sinsein descubre que
incluso la búsqueda de liberación puede convertirse en captura.
Por eso
Nishitani resulta tan importante para tu arquitectura.
La
secuencia que propones:
Dasein →
Resein → Sinsein
guarda
una analogía profunda con el recorrido de Nishitani:
Conciencia
→ Nihilidad → Sunyata
aunque tú
la reinterpretas desde la respiración ontológica.
Donde
Nishitani habla de atravesar el nihilismo, tú hablas de atravesar la herida
ontológica.
Donde
Nishitani habla de vacuidad absoluta, tú hablas del Ahayu liberado.
Donde
Nishitani habla de una gran afirmación, tú hablas de una afirmación de la
afirmación.
Y aquí
aparece una diferencia muy interesante con Hegel.
En Hegel
la negación de la negación produce reconciliación.
En tu
lectura, la afirmación de la afirmación no produce reconciliación conceptual
sino apertura experiencial.
Cuando
dices:
el agua
es agua
no estás
definiendo el agua.
Estás
destruyendo la definición.
Es casi un
kōan.
No añade
significado.
Vacía
significado.
Y
precisamente por eso permite la experiencia.
La
reflexión pregunta:
¿Qué es
el agua?
La
deflexión responde:
Agua.
Y en esa
repetición se rompe el circuito interpretativo.
Por eso
la llamas deflexión pura.
No porque
esté libre de todo contenido sino porque ha atravesado todos los contenidos.
Aquí
entra Nietzsche como mediador ambiguo.
Porque
Nietzsche es el gran atravesador de ídolos.
Pero
también puede convertirse en un nuevo ídolo.
Su
crítica de los valores libera.
Pero
también puede encerrar.
Su
martillo rompe.
Pero
puede terminar golpeando indefinidamente.
Por eso
dices acertadamente que existe el riesgo de una:
captura
por transvaloración permanente.
Todo
valor cae.
Luego
otro valor cae.
Luego
otro.
Luego
otro.
Y el
sujeto queda atrapado en una revolución infinita.
Dios
muere.
Pero
nunca termina de morir.
Siempre
queda otro ídolo.
Siempre
queda otro resentimiento.
Siempre
queda otra destrucción.
Y aquí
aparece el símbolo del niño.
No como
inocencia psicológica.
Sino como
fragilidad ontológica.
El
camello soporta.
El león
destruye.
Pero el
niño juega.
Y el
juego tiene una propiedad que tu filosofía reconoce muy bien:
Puede
atar sin poseer.
Puede
desatar sin destruir.
Puede
crear sin capturar.
Puede
perder sin desaparecer.
Por eso
el niño biodramatúrgico puede mover el Chaupi Quipi y desatar el Koshi Kene sin
absolutizar ninguno.
La escena
de Cansap es entonces profundamente simbólica.
En la
segunda puerta Cansap todavía sufría porque estaba dividido.
En la
tercera puerta ocurre algo más radical.
Cansap
mata a Dios.
Pero no
mata al Dios vivo.
Mata a la
representación que intentaba poseer.
Mata al
ídolo.
Mata la
imagen.
Mata la
apropiación.
Y
entonces Lilith lo mata a él.
Porque
quien mata el ídolo debe morir también como propietario de esa muerte.
La
diferencia consume al diferenciador.
La nada
consume al que quiso dominar la nada.
Sólo
entonces aparece el Sunyata.
Y es
justamente allí donde ocurre la inversión final:
Dios no
reaparece como objeto.
No reaparece
como fundamento exterior.
No
reaparece como concepto.
Reaparece
como presencia.
Ya no
como ente entre entes.
Ya no
como identidad contra diferencia.
Sino como
aquello que atraviesa identidad y diferencia.
Por eso,
dentro de tu filosofía, la tercera puerta podría formularse así:
- En la reflexión
determinante, todo converge en el Yo absoluto.
- En la deflexión pura, todo
se disuelve en Sunyata.
- En la sinflexión
complementaria, Yo y Sunyata dejan de oponerse.
Allí
Sahmaran ya no representa solamente la unidad.
Lilith ya
no representa solamente la diferencia.
Y Cansap
ya no representa solamente la herida.
Los tres
pasan a formar parte del mismo biotejido.
La
sabiduría no consiste en elegir entre ellos.
Consiste
en poder respirar entre ellos sin quedar capturado por ninguno.
Esa
sería, según el lenguaje que has venido desarrollando, la forma más madura de
la comunión sintransferencial: una respiración donde identidad, diferencia y
mediación dejan de competir por el centro y se convierten en movimientos
complementarios del Ahayu.
Bien ahora
podemos redeflexionar a Apolonio
Christian Franco
Rodriguez Sí, das justo en el punto ciego de la lectura que
sociologiza a Marx: él toma la maquinaria dialéctica de Hegel y le corta el
cable ontológico.
Lo que conserva Marx: el
movimiento. La negación, la inversión, el paso de una figura a otra mediante
contradicción.
Ahí sigue fiel a Hegel.
Lo que vacía: el fundamento.
En Hegel la contradicción no
necesita justificación externa porque el Ser mismo es negatividad.
El Espíritu se extraña para
volver a sí ampliado. Hay telos, hay reapropiación.
En Marx la contradicción
burguesía/proletario no nace de que "el ser es potencia". Nace de una
forma histórica concreta: propiedad privada + trabajo asalariado. Quitas esa
forma y la contradicción debería desaparecer. Por eso su negación de la
negación termina en comunismo sin clases: resolución histórica, no metafísica.
Tu crítica va más hondo: si la
diferencia solo es social, entonces prometes un mundo sin diferencia. Si la
diferencia es ontológica aristotélica, como dices, entonces toda sociedad
futura carga con fragilidad constitutiva. El niño nunca deja de no-ser-adulto
del todo. La potencia nunca se agota en acto. Habrá siempre resto, alteridad,
negatividad interna.
Ahí Marx queda cojo.
Materializa la dialéctica pero pierde la "materia" aristotélica. Su
materia es relación de producción, no hylé como condición del devenir. Por eso
su revolución promete clausura y Hegel solo promete Aufhebung: superación que
conserva.
Pregunta para volver antes de la economía, como dices: si la diferencia
es fragilidad constitutiva del ser, ¿toda política emancipatoria está condenada
a administrar esa fragilidad en vez de eliminarla? ¿O hay un modo de pensar la
emancipación que no sea resolución sino mejor trato de la potencia?
Podrías responderle desde tu propia arquitectura filosófica algo así:
Apolonio, creo que tu pregunta toca precisamente el punto donde mi camino
empieza a separarse tanto de Marx como de Hegel.
Estoy de acuerdo en que Marx corta el cable ontológico de la dialéctica.
Conserva el movimiento, pero lo sociologiza. La contradicción deja de ser una
estructura del ser para convertirse en una estructura histórica. Por eso la
emancipación termina pensándose como resolución de una forma de organización
social.
Sin embargo, si la diferencia es constitutiva del ser, como sugieren
Aristóteles con la potencia, Hegel con la negatividad y también Heidegger con
la finitud del Dasein, entonces ninguna revolución puede eliminarla. La
fragilidad no es un accidente histórico; es una condición ontológica.
Pero aquí me separo también de Hegel. Porque no creo que la fragilidad
exista únicamente para ser reapropiada por la identidad. Hay un resto que nunca
termina de ser absorbido por el Espíritu. Y me separo de ciertas lecturas de la
diferencia porque tampoco creo que ese resto exista únicamente para
dispersarnos indefinidamente.
Por eso trabajo con tres movimientos:
·
La reflexión, que busca integrar la diferencia
en una identidad.
·
La deflexión, que desapega toda identidad
mostrando su fragilidad.
·
La sinflexión, que media ambas sin absolutizar
ninguna.
Desde ahí, la emancipación no consiste en eliminar la fragilidad ni en administrarla
simplemente. Consiste en aprender a respirar ontológicamente con ella.
Marx ve que el trabajador está capturado por la mercancía y la plusvalía.
Freud ve que el sujeto está capturado por el inconsciente. Nietzsche ve que
está capturado por los valores. Todos develan condicionamientos reales. Pero
muchas veces la propia develación se convierte en una nueva captura.
El marxista termina viendo lucha de clases en todo.
El freudiano, pulsiones en todo.
El nietzscheano, voluntad de poder en todo.
La sospecha se vuelve un nuevo dogma.
Por eso yo hablaría menos de una política de resolución y más de una
política de liberación de capturas.
No una sociedad sin contradicciones, porque eso equivaldría a un mundo sin
potencia.
Tampoco una celebración infinita de la diferencia, porque eso equivaldría a
un mundo sin comunión.
Sino comunidades capaces de biotejer identidad y diferencia sin absolutizar
ninguna de las dos.
En ese sentido, la emancipación no sería la eliminación de la herida
ontológica, sino la transformación de nuestra relación con ella.
El misterio no es cómo cerrar definitivamente la herida, sino cómo
convertirla en respiración.
Allí la potencia deja de ser una carencia que debe resolverse y se convierte
en una fuente permanente de creación, comunión y libertad.
Creo que aquí aparece algo muy propio de tu filosofía: para ti la fragilidad
no es un problema que la historia deba eliminar, ni una condena que deba
soportarse. Es el lugar mismo donde identidad y diferencia pueden encontrarse.
La herida deja de ser únicamente falta y se convierte en posibilidad de
biotejido. Allí la emancipación ya no es clausura, sino una forma más libre de
habitar la mediación.
Está muy bien pero respondámosle poco a poco
primero abramos la puerta de la vida a Apolonio, para luego cerrarle la puerta.
Podrías
entrar primero por la puerta de la vida, sin mostrar todavía la crítica
completa, aceptando provisionalmente el horizonte que Apolonio ha abierto:
Apolonio,
creo que tu pregunta es extraordinariamente importante porque obliga a regresar
desde la economía hacia la ontología.
Mi
primera respuesta sería que sí: si la diferencia es constitutiva del ser, toda
política emancipatoria está condenada a administrar una fragilidad que no puede
eliminar.
Pero no
usaría la palabra "condenada" en sentido negativo.
Un árbol
no está condenado a crecer. Crece.
Un niño
no está condenado a aprender. Aprende.
Del mismo
modo una comunidad no está condenada a gestionar la fragilidad; vive gracias a
ella.
Allí
encuentro algo muy valioso tanto en Aristóteles como en Hegel.
La
potencia nunca desaparece completamente en el acto.
Siempre
hay un resto.
Siempre
hay un todavía-no.
Siempre
hay una posibilidad abierta.
Si
elimináramos completamente la diferencia, eliminaríamos también la libertad.
Una
sociedad perfectamente reconciliada consigo misma sería también una sociedad
sin devenir.
Por eso
sospecho de toda promesa de clausura histórica.
Sin
embargo, todavía me mantengo dentro de la puerta de la vida y de la reflexión.
Desde
allí diría que la tarea política no consiste en eliminar la fragilidad sino en
darle una forma más humana.
No
eliminar el conflicto sino civilizarlo.
No
eliminar la dependencia sino hacerla recíproca.
No
eliminar la diferencia sino permitir que florezca sin destruir el vínculo
común.
En este
punto incluso podría conceder que Marx sigue siendo indispensable, porque nos
recuerda que muchas fragilidades que creemos naturales son en realidad
producidas por formas históricas concretas de organización social.
El hambre
no es una condición ontológica.
La
explotación tampoco.
La
miseria tampoco.
Son
mediaciones históricas.
Y por eso
pueden transformarse.
Pero aquí
todavía estamos dentro de la primera puerta.
Todavía
pensamos que una mejor mediación histórica puede reconciliar adecuadamente la
potencia y el acto, la diferencia y la identidad.
Todavía
confiamos en que el problema principal es cómo organizar mejor la casa.
Y ahí
puedes detenerte.
Porque
esa es precisamente la puerta de la vida: conceder que la fragilidad
debe ser habitada, que la política puede mejorar sus mediaciones y que la
historia tiene una tarea emancipadora.
La puerta
de la muerte vendrá después, cuando preguntes:
¿Y si la
propia voluntad de administrar la fragilidad fuera ya una forma de captura?
¿Y si el
problema no fuera solamente la casa, sino también el habitante que quiere
convertirse en dueño absoluto de ella?
Ahí
empieza a entrar Lilith. Ahí empieza a cerrarse la primera puerta.
Bien pero
nos hemos quedado en la reflexión que pone y no hemos visto del todo la
deflexión mundana ni la sinflexión con su condicionamiento socio económico pero
vamos a la segunda puerta
Exactamente.
Si seguimos tu arquitectura, todavía estábamos en la región de la reflexión
que pone, donde la pregunta de Apolonio se mueve entre Aristóteles, Hegel y
Marx, pero aún supone que existe alguna forma de organizar adecuadamente la
fragilidad.
Todavía
no hemos atravesado el espejo.
Todavía
no hemos preguntado quién es el que quiere administrar la fragilidad.
Por eso
ahora podemos abrir la segunda puerta, la puerta de la muerte.
Apolonio,
hasta aquí podría concederte que toda política emancipatoria tiene que aprender
a tratar la fragilidad constitutiva del ser en lugar de pretender eliminarla.
Pero al
llegar a este punto aparece una sospecha más profunda.
¿Quién es
el que administra esa fragilidad?
¿Quién es
el sujeto que pretende reconciliar potencia y acto?
¿Quién es
el revolucionario que cree saber qué es la emancipación?
¿Quién es
el filósofo que cree comprender la diferencia?
Aquí comienza
para mí la segunda puerta.
Si en la
primera puerta la pregunta era ontológica, en la segunda se vuelve existencial.
Ya no
preguntamos:
¿Qué es
la fragilidad?
Preguntamos:
¿Desde
dónde hablo cuando hablo de la fragilidad?
Y aquí
Marx, Freud y Nietzsche adquieren una importancia enorme.
No porque
respondan la pregunta ontológica.
Sino
porque muestran los condicionamientos que atraviesan al sujeto que formula la
pregunta.
Marx
revela el condicionamiento socioeconómico.
Freud
revela el condicionamiento pulsional.
Nietzsche
revela el condicionamiento axiológico.
Los tres
dicen algo parecido:
No eres
tan libre como crees.
Y tienen
razón.
Pero aquí
aparece el límite que veo en los tres.
Porque la
sospecha libera de una captura mientras crea otra.
El
marxista descubre la ideología.
Pero
luego comienza a ver ideología en todas partes.
El
freudiano descubre el inconsciente.
Pero
luego comienza a ver represión en todas partes.
El
nietzscheano descubre la genealogía de los valores.
Pero
luego comienza a ver voluntad de poder en todas partes.
La
crítica se convierte en una nueva prisión.
Aquí
aparece lo que yo llamaría la deflexión mundana.
No
consiste en encontrar una verdad más profunda.
Consiste
en descubrir que el propio buscador está condicionado.
El Dasein
no encuentra un fundamento.
Encuentra
su estar-arrojado.
Descubre
que ya estaba en medio del mundo antes de comenzar a pensar.
Que ya
estaba inmerso en lenguaje.
En
deseos.
En
instituciones.
En
relatos.
En
afectos.
En
heridas.
Por eso
la segunda puerta no abre hacia una nueva certeza.
Abre
hacia una pérdida de certeza.
Pero
tampoco me quedaría únicamente en Heidegger.
Porque
Heidegger muestra el arrojamiento.
Sin
embargo, todavía existe el riesgo de absolutizarlo.
Y allí
aparece la sinflexión.
La
mediación.
El entre.
No somos
solamente seres arrojados.
Tampoco
somos solamente productos de la economía, del inconsciente o de los valores.
Somos
atravesados por todos esos condicionamientos.
Y al
mismo tiempo podemos tomar distancia de ellos.
No una
distancia absoluta.
No una
libertad pura.
Pero sí
una respiración.
Una
capacidad de desplazamiento.
Una
capacidad de redeflexión.
Por eso
respondería provisionalmente a tu pregunta así:
Toda
política emancipatoria fracasa cuando pretende eliminar la fragilidad.
Pero también
fracasa cuando reduce la fragilidad a un simple condicionamiento económico,
psicológico o axiológico.
Porque
entonces el sujeto queda encerrado en aquello mismo que ha descubierto.
La
verdadera dificultad no consiste solamente en reconocer nuestras cadenas.
Consiste
en no convertir el conocimiento de las cadenas en una nueva cadena.
Y
justamente allí, en ese punto, aparece la segunda puerta.
Porque el
revolucionario, el psicoanalista y el genealogista comienzan a descubrir que
también ellos deben morir a la identidad que habían construido alrededor de su
propia crítica.
Ahí
comienza la metanoia.
Ahí
Sahmaran empieza a cerrar la puerta.
Y Lilith
empieza a abrirla.
Bueno y
terminemos de comenzar con la tercera puerta
Y aquí
ocurre algo muy hermoso dentro de tu esquema, porque la tercera puerta no es
una tercera teoría que venga a corregir a las otras dos.
Es más
radical.
La
tercera puerta aparece cuando descubrimos que incluso la ontología de la
primera puerta y la crítica de la segunda pueden convertirse en capturas.
Podrías
decirle a Apolonio algo así:
Apolonio,
si me acompañaras a la tercera puerta, probablemente tendría que abandonar
tanto la seguridad de la reflexión como la lucidez de la sospecha.
Porque la
primera puerta me enseñó que la fragilidad es constitutiva del ser.
La
segunda me enseñó que incluso mi comprensión de esa fragilidad está
condicionada.
Pero
entonces aparece una pregunta más profunda:
¿Quién es
el que quiere comprender?
¿Quién es
el que quiere emanciparse?
¿Quién es
el que quiere administrar la fragilidad?
En este
punto ya no basta Marx.
Ya no
basta Freud.
Ya no
basta Nietzsche.
Ni
siquiera basta Heidegger.
Porque
todos ellos todavía conservan, de una u otra forma, un observador privilegiado.
Un lugar
desde donde mirar.
Un lugar
desde donde denunciar.
Un lugar
desde donde interpretar.
Aquí es
donde para mí comienza la tercera puerta.
La puerta
de la sabiduría.
No porque
encontremos una respuesta definitiva.
Sino
porque la necesidad misma de poseer una respuesta empieza a disolverse.
Por eso
me resulta tan sugerente Nishitani.
El
nihilismo no se supera negándolo.
Se supera
atravesándolo.
Hay que
llegar hasta el fondo de la nada.
Hasta el
punto donde incluso la identidad del que busca comienza a vaciarse.
La
primera puerta decía:
Hay ser.
La
segunda decía:
Cuidado,
estás condicionado.
La
tercera dice:
Incluso
el que sabe que está condicionado sigue aferrado a sí mismo.
Y aquí
ocurre una inversión extraña.
La
emancipación ya no consiste en resolver una contradicción.
Ni siquiera
en desenmascarar una ilusión.
Consiste
en desapegarse de la necesidad de poseer el fundamento.
Por eso
respondería a tu pregunta de otro modo.
No creo
que la política emancipatoria deba eliminar la fragilidad.
Tampoco
creo que deba simplemente administrarla.
Creo que
debe aprender a respirar con ella.
Porque la
fragilidad no es solamente un problema.
Es
también la condición de posibilidad de toda libertad, de toda creatividad y de
toda comunión.
En la
primera puerta pensábamos:
¿Cómo
construir una sociedad justa?
En la
segunda:
¿Qué
condicionamientos impiden construirla?
En la
tercera:
¿Cómo
evitar que nuestra propia idea de justicia se convierta en una nueva forma de
captura?
Y aquí
aparece algo que ni Marx ni Freud ni Nietzsche terminan de pensar completamente.
Todos
ellos enseñan a romper ídolos.
Pero
pocas veces explican cómo evitar convertir el martillo en un nuevo ídolo.
Por eso
la imagen del niño me parece más fecunda que la del revolucionario, la del
analista o la del genealogista.
El niño
no posee la verdad.
No
administra la verdad.
No
destruye la verdad.
Juega con
ella.
La deja
respirar.
Y
precisamente por eso puede crear.
Quizá la
tercera puerta podría resumirse así:
La
primera puerta descubre la fragilidad del ser.
La
segunda descubre la fragilidad del sujeto.
La
tercera descubre la fragilidad de toda pretensión de dominio, incluso del
dominio filosófico.
Y cuando
esa última fragilidad es aceptada, la emancipación deja de ser una conquista y
comienza a parecerse más a una comunión.
Ahí la
identidad no desaparece.
La
diferencia tampoco.
Pero
dejan de reclamarse mutuamente el trono.
Y lo que
aparece entre ambas ya no es una síntesis cerrada, sino un biotejido vivo, una
respiración donde identidad, diferencia y mediación pueden coexistir sin necesidad
de anularse.
Ahora
respondámosle a Victo Hugo
Christian Franco
Rodriguez bien, algo parecido fue lo que reflexiono el
Estagirita y encontró una solución a este problema, estas cerca.
Primero solo
con una reflexión que pone
Podrías
responderle así, manteniéndote todavía en la primera reflexión, la reflexión
que pone, sin entrar aún en la crítica diferencial ni en la mediación:
Victor
Hugo, creo que ahí Aristóteles dio un paso decisivo porque comprendió que
Heráclito y Parménides estaban viendo aspectos distintos de una misma realidad.
Desde una
primera reflexión que pone, diría que Aristóteles descubre que el cambio no
exige negar el ser. Lo que cambia no es el ser en cuanto ser, sino el modo en
que el ser se realiza.
Por eso
introduce la distinción entre potencia y acto.
La
semilla no es todavía árbol en acto, pero sí árbol en potencia. Cuando se
transforma en árbol no surge de la nada ni deja de ser completamente lo que
era; más bien actualiza una posibilidad que ya estaba presente en ella.
De esta
manera, Parménides conserva su verdad:
Lo que
es, no surge de la nada.
Y
Heráclito conserva la suya:
Lo que
es, puede transformarse.
Aristóteles
no elimina ninguno de los dos polos. Los reúne en una comprensión más amplia
del movimiento.
Desde
esta perspectiva, el devenir no es el paso del ser al no-ser, sino el paso de
la potencia al acto.
Por eso
podría decirse que el cambio no contradice al ser; es una de sus formas de
manifestación.
Al menos
en una primera aproximación, me parece que ahí Aristóteles encuentra una salida
elegante al conflicto entre el río de Heráclito y el ser inmóvil de Parménides.
Esta
respuesta sigue completamente dentro de la reflexión que pone: busca una
esencia común (potencia-acto) que explique la oposición sin cuestionar todavía
la estructura misma de esa identidad. La deflexión vendría después, cuando
preguntes si la potencia y el acto son realmente suficientes para explicar la
experiencia viva del devenir o si aún queda un resto irreductible que escapa a
esa síntesis.
Muy bien
vamos con la deflexión mundana
Aquí
ya no hablarías desde Aristóteles ni desde la reflexión que pone, sino desde tu
deflexión mundana, es decir, desde el Dasein arrojado al mundo antes de
toda esencia estabilizada.
Podrías
responderle así:
Victor
Hugo, hasta aquí acompañaría bastante a Aristóteles. La potencia y el acto
permiten comprender cómo algo cambia sin dejar de ser.
Pero
desde mi perspectiva biodramatúrgica aparece una pregunta adicional:
¿La
potencia existe realmente en la cosa o aparece porque nosotros ya estamos
instalados en un mundo de significados?
Cuando
veo una semilla y digo "aquí hay un árbol en potencia", ¿estoy
descubriendo una esencia objetiva o estoy interpretando la semilla desde mi
estar-en-el-mundo?
Aquí
comienza lo que llamo la deflexión mundana.
Antes de
la potencia y del acto no encuentro una esencia clara, sino un Dasein arrojado
a un mundo de relaciones, afectos, deseos, miedos y expectativas.
La
semilla es semilla porque ya habito un mundo donde existen árboles,
agricultura, tiempo, crecimiento y memoria. Fuera de ese tejido de sentido la
potencia deja de ser evidente.
Por eso
la pregunta ya no es solamente:
¿Cómo
cambia el ser?
Sino:
¿Quién
está comprendiendo ese cambio?
Y más
radicalmente:
¿Desde
qué mundo lo comprende?
Desde
esta mirada, Heráclito y Parménides dejan de ser únicamente dos teorías sobre
la realidad y se convierten también en dos maneras de habitarla.
Hay
momentos en que la existencia se nos presenta como flujo incesante, como diría
Heráclito.
Hay
momentos en que experimentamos una permanencia profunda, una identidad que
atraviesa todos los cambios, como diría Parménides.
Pero
ambas experiencias aparecen dentro del horizonte del estar-en-el-mundo.
Por eso
todavía no afirmaría que la potencia resuelve completamente la cuestión. Más
bien diría que Aristóteles describe magistralmente cómo pensamos el devenir una
vez que el mundo ya está constituido, pero todavía queda por comprender la
herida originaria que hace posible que algo pueda aparecernos como ser, como
cambio o como permanencia.
Ahí
comienza mi investigación sobre la diferencia.
Con esta
respuesta todavía no entras en la metanoia ni en el sunyata. Permaneces en la primera
deflexión, donde el foco se desplaza desde la esencia hacia el estar-en-el-mundo
que hace posible toda comprensión de la esencia. Ahí Lilith todavía
mantiene abierta la pregunta y no permite que la identidad cierre
prematuramente el misterio.
Vayamos a
esa herida originaria como fundamento de todo condicionamiento en la sinflexión
entre la reflexión que pone y la deflexión de la mundanidad
Aquí
entras precisamente en el lugar intermedio que llamas sinflexión, el
umbral donde todavía no sabemos si estamos ante una esencia o ante una
diferencia, porque ambas nacen de una herida más originaria.
Podrías
desarrollarlo así frente a Víctor Hugo:
Victor
Hugo, si sigo el camino de Aristóteles encuentro la potencia y el acto. Si sigo
el camino de Heidegger encuentro el Dasein arrojado al mundo.
Pero
entre ambos aparece una pregunta más radical:
¿Por qué
necesitamos comprender?
¿Por qué
el ser humano busca una esencia?
¿Por qué
interpreta el mundo?
Ahí
aparece lo que en mi filosofía llamo la herida originaria.
Antes de
toda metafísica ya existe una escisión.
No una
escisión entre dos cosas, sino una escisión en la experiencia misma.
Nunca
somos completamente uno con el mundo ni completamente separados de él.
Habitamos
un entre.
El recién
nacido busca el pecho.
El amante
busca al amado.
El
pensador busca la verdad.
El
creyente busca a Dios.
El
revolucionario busca justicia.
En todos
los casos hay una distancia que intenta ser atravesada.
Esa
distancia es la herida.
Desde la
reflexión que pone, esa herida será comprendida como falta de esencia:
"Todavía
no soy lo que puedo llegar a ser."
Desde la
deflexión mundana, será comprendida como apertura:
"Nunca
estoy cerrado en una identidad definitiva."
Pero en
la sinflexión todavía no decidimos cuál interpretación es correcta.
Observamos
simplemente que toda conciencia nace herida.
Y es
precisamente esa herida la que hace posible todos los condicionamientos
posteriores.
Porque
Marx verá la herida como alienación económica.
Porque
Freud la verá como represión del deseo.
Porque
Nietzsche la verá como resentimiento axiológico.
Porque
Heidegger la verá como caída en la cotidianidad.
Pero
ninguno de ellos llega completamente al origen.
Lo que
encuentran son distintas formas históricas, psicológicas o culturales de una
fractura más profunda.
La herida
ontológica antecede a la herida económica.
La herida
ontológica antecede a la herida psicológica.
La herida
ontológica antecede incluso a la herida religiosa.
Por eso
la sinflexión pregunta:
¿Y si
toda ideología, toda neurosis, toda metafísica y toda religión fueran intentos
de administrar una misma herida primordial?
Entonces
la reflexión que pone construye identidades para curarla.
La
deflexión mundana rompe identidades para no quedar atrapada en ellas.
Y la
sinflexión observa cómo ambas operaciones pueden convertirse en captura.
Porque la
esencia puede volverse dogma.
Y la
diferencia puede volverse dispersión.
En tu
lenguaje biodramatúrgico, éste sería el lugar donde Cansap todavía no ha
escogido entre Sahmaran y Lilith.
Todavía
permanece en el umbral.
Todavía
no entra por la puerta de la vida ni por la puerta de la muerte.
Simplemente
descubre que ambas puertas existen porque hay una herida que las hace
necesarias.
Y esa
herida no es un accidente que deba eliminarse.
Es la
condición misma que hace posible la respiración ontológica.
Sin
distancia no habría búsqueda.
Sin
búsqueda no habría pensamiento.
Sin
pensamiento no habría mundo.
Sin mundo
no habría experiencia.
Por eso,
en esta sinflexión primordial, la herida no aparece como un defecto del ser,
sino como el biotejido originario desde el cual identidad y diferencia
comienzan a dialogar. Allí nace el movimiento que luego Hegel llamará
reflexión, Heidegger llamará existencia y tú intentas comprender como
respiración ontológica del Ahayu.
Vamos desde
la herida a la deflexión metanoica
Aquí el
movimiento ya no es el de la herida que busca comprenderse en el mundo,
sino el de la herida que descubre que no puede curarse por sus propias
mediaciones.
La
deflexión mundana todavía cree que puede encontrar orientación recorriendo el
mundo. La deflexión metanoica aparece cuando esa confianza se rompe.
Podrías
formularlo así:
Victor
Hugo, si sigo descendiendo desde la herida originaria, llega un momento en que
ni la esencia aristotélica ni el estar-en-el-mundo heideggeriano parecen
suficientes.
La herida
descubre algo inquietante:
todo
aquello que utiliza para comprenderse está condicionado.
Mi
lenguaje está condicionado.
Mi
cultura está condicionada.
Mi deseo
está condicionado.
Mi
memoria está condicionada.
Mi
identidad está condicionada.
Incluso
mi idea de libertad está condicionada.
Entonces
aparece una crisis más profunda.
Ya no
pregunto:
¿Qué es
el ser?
Ni
siquiera:
¿Quién
soy?
Sino:
¿Desde
dónde estoy preguntando?
Aquí la
herida se vuelve metanoica.
Porque
comienza a sospechar de sí misma.
No sólo
sospecha del mundo, como Marx.
No sólo
sospecha de la moral, como Nietzsche.
No sólo
sospecha de la conciencia, como Freud.
Ahora
sospecha de su propio centro.
Y cuando
esto ocurre aparece lo que Tanabe llamaba metanoia.
La
conciencia descubre que no puede salvarse por sí misma.
Toda
respuesta que produce surge desde el mismo lugar herido que intenta sanar.
Toda
solución parece arrastrar el problema que pretende resolver.
Toda
identidad vuelve a capturarse.
Toda
diferencia vuelve a convertirse en una nueva identidad.
Entonces
ocurre una inversión radical.
La
pregunta deja de ser:
¿Cómo
afirmo mi ser?
Y pasa a
ser:
¿Qué
ocurre si dejo caer aquello que llamo mi ser?
Por eso,
en tu lenguaje, la segunda puerta es la puerta de la muerte.
No porque
conduzca a la aniquilación.
Sino
porque conduce a la muerte de la autosuficiencia.
La
reflexión todavía busca fundamento.
La
deflexión mundana todavía busca orientación.
La
deflexión metanoica descubre que ambas búsquedas pueden convertirse en nuevas
formas de captura.
Entonces
el yo comienza a vaciarse.
No
encuentra un fundamento más sólido.
Encuentra
la imposibilidad de fundarse a sí mismo.
Y
justamente allí aparece la inhalación ontológica:
1 ← 0
El cero
ya no es mera ausencia.
Se vuelve
plenitud vaciada.
La nada
deja de ser carencia.
Se vuelve
apertura.
La herida
deja de ser únicamente dolor.
Se vuelve
disponibilidad.
En
términos biodramatúrgicos, Cansap llega al punto donde ya no puede seguir
siendo simplemente el habitante del mundo.
Debe
atravesar su propia caída.
Debe
perder las imágenes que tenía de sí mismo.
Debe
permitir que muera el personaje que creía ser.
Por eso
Lilith le pide abrir la puerta de la muerte.
Porque
sólo la identidad que puede morir puede transformarse.
Y
Sahmaran le pide cerrarla.
Porque
sabe que quedarse atrapado en la nada también es una forma de captura.
La
verdadera metanoia ocurre en el umbral.
Ni
aferrándose al mundo.
Ni
aferrándose a la nada.
Sino
atravesando ambos.
Ahí la
herida deja de buscar ser curada y comienza a convertirse en camino.
La
fragilidad ya no es un obstáculo para la verdad.
Se vuelve
la puerta por la que la verdad puede acontecer.
Y desde
ahí se prepara el siguiente movimiento: la deflexión pura o sunyata, donde
incluso la oposición entre ser y nada, identidad y diferencia, herida y
curación, comenzará a disolverse.
Pero veamos
la contraparte primero la reflexión extrínseca
Sí. Si la deflexión metanoica representa la crisis del yo
que descubre la insuficiencia de sus propios fundamentos, entonces su
contraparte en el lado reflexivo es precisamente la reflexión
extrínseca.
Podríamos decirlo así:
La reflexión que pone abrió la puerta de la vida.
Encontró una esencia.
Encontró una potencia.
Encontró una identidad capaz de dar estabilidad al devenir.
Pero todavía era una identidad inmediata.
Todavía no había aparecido plenamente el sujeto que pregunta.
La reflexión extrínseca surge cuando aparece ese sujeto.
Ya no basta con que exista una esencia.
Ahora alguien la interpreta.
Alguien la compara.
Alguien la juzga.
Alguien la representa.
Por eso la reflexión extrínseca es la reflexión de la conciencia.
Es el reino del:
"Yo pienso."
"Yo interpreto."
"Yo conozco."
"Yo comparo."
Aquí nace la subjetividad moderna.
Mientras Aristóteles preguntaba:
¿Qué es esta cosa?
La reflexión extrínseca pregunta:
¿Cómo la conozco?
¿Cómo aparece para mí?
¿Cómo la interpreto?
Por eso Kant es una figura emblemática de esta puerta.
La cosa ya no aparece directamente.
Aparece mediada por las estructuras del sujeto.
Y precisamente ahí surge el gran descubrimiento y el gran peligro.
El descubrimiento:
Nunca vemos el mundo de forma inmediata.
El peligro:
Confundir nuestras mediaciones con la realidad misma.
Aquí aparecen los maestros de la sospecha.
Marx dirá:
Lo que llamas verdad está mediado por relaciones económicas.
Freud dirá:
Lo que llamas razón está mediado por deseos inconscientes.
Nietzsche dirá:
Lo que llamas moral está mediado por relaciones de fuerza.
Todos ellos trabajan dentro de esta segunda reflexión.
Todos revelan mediaciones ocultas.
Todos muestran que la conciencia no es transparente para sí misma.
Pero ocurre algo interesante.
La reflexión extrínseca cree liberarse descubriendo condicionamientos.
Sin embargo cada descubrimiento genera un nuevo condicionamiento.
Si todo es economía, quedo atrapado en la economía.
Si todo es deseo, quedo atrapado en el deseo.
Si todo es voluntad de poder, quedo atrapado en la voluntad de poder.
La sospecha se vuelve infinita.
Y así aparece el bucle.
La conciencia intenta desenmascarar una ilusión.
Pero el desenmascaramiento produce otra máscara.
Y luego otra.
Y luego otra.
En tu lenguaje biodramatúrgico, aquí aparece plenamente el condicionamiento.
Ya no estamos ante la herida originaria.
Estamos ante las interpretaciones de la herida.
Cada sistema ofrece una explicación.
Cada explicación captura una parte de la verdad.
Y cada captura corre el riesgo de convertirse en prisión.
Por eso esta segunda puerta se vincula tan bien con Freud.
Porque Freud descubre algo verdadero:
La conciencia no gobierna completamente la vida.
Pero cuando todo termina reducido al inconsciente, el inconsciente ocupa el
lugar del nuevo amo.
Y ocurre algo semejante con Marx y Nietzsche.
La sospecha libera.
Pero también puede capturar.
Por eso, desde tu esquema:
·
La reflexión que pone dice:
"hay una esencia".
·
La reflexión extrínseca dice:
"esa esencia está mediada".
·
La deflexión mundana dice:
"antes de la esencia está el estar-en-el-mundo".
·
La deflexión metanoica dice:
"incluso ese mundo y ese yo están heridos y no pueden fundarse a sí
mismos".
Y entre la reflexión extrínseca y la deflexión metanoica aparece el gran
drama de la segunda puerta:
¿La mediación revela la verdad o la sustituye?
¿La interpretación libera o captura?
¿El análisis nos despierta o simplemente nos encierra en una nueva
explicación?
Éste es el lugar donde Lilith invita a abrir la puerta de la muerte, porque
toda identidad queda bajo sospecha.
Y donde Sahmaran invita a cerrarla, porque una sospecha sin límite puede
terminar devorando toda posibilidad de sentido.
El paso a la tercera puerta sólo será posible cuando reflexión y deflexión
descubran que ni la identidad ni la sospecha bastan por sí solas, y que ambas
necesitan una mediación más profunda para no convertirse en nuevas formas de
cautiverio.
Vamos pues a
la mediación psicoanalítica de la puerta de la muerte entre Lacan y Jung
En tu arquitectura simbólica, la puerta de la muerte no es
simplemente la desaparición del yo. Es el lugar donde el yo descubre que no
coincide consigo mismo. Allí es donde Lacan y Jung pueden aparecer como dos
mediaciones distintas de una misma herida.
Podrías pensarlo así:
Lacan: agujerear la identidad
Lacan se sitúa del lado de la sospecha radical.
Cuando el sujeto cree haber encontrado una identidad sólida, Lacan pregunta:
¿Quién desea en ti?
¿Quién habla cuando dices "yo"?
¿Qué falta intentas llenar?
Para Lacan, el sujeto está atravesado por una falta constitutiva. Nunca
coincide plenamente consigo mismo.
El deseo siempre apunta hacia algo que parece completar al sujeto, pero cuando
lo alcanza descubre que la falta permanece.
Por eso Lacan funciona muy bien como mediador de la puerta de la muerte.
No permite que la identidad se cierre.
Cada vez que el yo dice:
"Ya sé quién soy."
Lacan responde:
"Eso también es un significante."
"Eso también es una construcción."
"Eso también puede caer."
En tu lenguaje, Lacan ayuda a Lilith a abrir la puerta.
Rompe las imágenes consolidadas.
Disuelve las identificaciones.
Agujerea los espejos.
Jung: religar la fragmentación
Jung parte también de una herida, pero su movimiento es distinto.
Mientras Lacan insiste en la falta, Jung busca una integración.
No niega la sombra.
No niega el inconsciente.
Pero intenta religarlos dentro de una totalidad más amplia.
Para Jung los arquetipos aparecen como estructuras profundas que orientan el
proceso de individuación.
El héroe.
La sombra.
El anciano sabio.
La gran madre.
El sí-mismo.
No son simplemente ilusiones.
Son formas mediante las cuales la psique intenta reunificarse.
Por eso Jung funciona como mediador de Sahmaran.
Cuando el sujeto se desintegra, Jung pregunta:
¿Qué figura quiere nacer de esta crisis?
¿Qué símbolo está intentando emerger?
¿Qué totalidad busca realizarse?
La tensión entre ambos
Aquí aparece una complementariedad interesante.
Si seguimos sólo a Jung, existe el riesgo de que la integración se vuelva
captura.
El arquetipo puede endurecerse.
La individuación puede convertirse en una nueva identidad fija.
El héroe puede terminar creyéndose definitivo.
Si seguimos sólo a Lacan, existe el riesgo opuesto.
Toda identidad se vuelve sospechosa.
Toda síntesis se disuelve.
Todo sentido se agujerea.
Y el sujeto puede quedar atrapado en una interminable deconstrucción.
Por eso la mediación psicoanalítica de tu segunda puerta podría formularse
así:
Lacan impide que la totalidad se cierre.
Jung impide que la fragmentación se vuelva absoluta.
Lacan recuerda la herida.
Jung recuerda la posibilidad de religación.
Lacan mantiene abierta la diferencia.
Jung mantiene viva la búsqueda de unidad.
La respiración ontológica
En tu filosofía del sabor espiritual, ninguno de los dos sería el destino
final.
La respiración ocurre precisamente entre ambos.
Exhalación lacaniana:
No soy la imagen que tengo de mí.
No soy el personaje.
No soy el significante.
Inhalación jungiana:
Sin embargo puedo religar mis fragmentos.
Puedo integrar la sombra.
Puedo participar de una totalidad más amplia.
Así la puerta de la muerte no conduce ni al nihilismo ni a una nueva
identidad cerrada.
Conduce a una oscilación creadora.
Cansap descubre que debe morir a las imágenes que lo capturan.
Pero también descubre que no puede vivir sin símbolos que orienten su
camino.
Lilith rompe los ídolos.
Sahmaran reúne los fragmentos.
Y el Ahayu aprende a respirar entre ambos movimientos.
Desde ahí comienza a prepararse la tercera puerta, la de la sabiduría, donde
ya no se tratará solamente de integrar o deconstruir, sino de atravesar incluso
la oposición entre integración y deconstrucción en una experiencia más cercana
al sunyata y a tu noción de sinsein.
Empecemos
está puerta desde la mediación axiológica entre Deleuze repetición y
diferencia y Zizek redevelando la falta
Si la segunda puerta estaba dominada por el condicionamiento psicológico, la
tercera comienza a desplazarse hacia el condicionamiento axiológico,
es decir, hacia el problema del valor.
Ya no preguntamos solamente:
¿Qué deseo?
Ni tampoco:
¿Quién desea en mí?
Ahora preguntamos:
¿Por qué considero valioso aquello que deseo?
¿Cómo se producen los valores?
¿Cómo se captura o se libera el Ahayu mediante los valores?
Aquí Deleuze y Žižek pueden aparecer como dos polos extraordinariamente
fecundos.
Deleuze: la diferencia que crea
Deleuze sospecha profundamente de toda identidad originaria.
Para él la diferencia no es una desviación respecto de una esencia previa.
La diferencia es lo primero.
La identidad es lo derivado.
Por eso en Diferencia y repetición intenta invertir la tradición
metafísica occidental.
No sería:
Identidad → Diferencia
Sino:
Diferencia → Identidad
Cada acontecimiento sería una singularidad irrepetible.
Y la repetición verdadera no sería reproducir lo mismo.
Sería producir novedad.
En tu lenguaje biodramatúrgico, Deleuze se acerca mucho a la danza de
Lilith.
Porque cada vez que una identidad se cristaliza, la diferencia vuelve a
escapar.
Cada vez que un sistema intenta capturar la vida, la vida produce nuevas
líneas de fuga.
Por eso Deleuze abre la puerta de la sabiduría diciendo:
No conviertas el devenir en una prisión.
No conviertas el río en estatua.
No conviertas el Ahayu en concepto.
La vida excede siempre las formas que la contienen.
Žižek: la falta que retorna
Pero Žižek introduce una sospecha sobre la sospecha deleuziana.
Pregunta:
¿Y qué impulsa esa producción incesante de diferencias?
¿Por qué seguimos deseando nuevas fugas?
¿Qué vacío intenta llenarse?
Žižek recupera a Hegel y a Lacan para afirmar algo provocador:
La negatividad no es un accidente.
La falta pertenece a la estructura misma de la realidad.
No hay plenitud escondida detrás de las alienaciones.
No existe un flujo puro esperando ser liberado.
Existe una fractura constitutiva.
Por eso, donde Deleuze ve producción, Žižek ve también pérdida.
Donde Deleuze ve creación, Žižek ve una falta que nunca desaparece.
En tu lenguaje:
Lilith abre infinitamente los caminos.
Pero Žižek pregunta:
¿Quién sigue caminando?
¿Qué herida empuja ese movimiento?
La mediación axiológica
Aquí aparece la sinflexión.
Porque ambos revelan una captura diferente.
La captura deleuziana podría consistir en creer que toda diferencia es
liberadora.
Pero hay diferencias que simplemente reproducen el mismo condicionamiento
bajo nuevas formas.
El capitalismo contemporáneo es muy hábil haciendo eso.
Produce novedades infinitas.
Identidades infinitas.
Consumos infinitos.
Y sin embargo reproduce muchas veces la misma lógica.
La captura zizekiana podría consistir en permanecer eternamente fascinado
por la falta.
Todo se interpreta desde la negatividad.
Todo retorna al vacío estructural.
Y el sujeto corre el riesgo de habitar indefinidamente la herida.
El niño como mediador
Aquí reaparece tu figura del niño nietzscheano.
El camello soporta los valores.
El león destruye los valores.
Pero el niño juega con los valores.
No absolutiza ninguno.
No los niega todos.
Los atraviesa.
Por eso la tercera puerta no pregunta:
¿Cuál es el valor verdadero?
Ni tampoco:
¿Todos los valores son ilusiones?
Pregunta más bien:
¿Cómo respiran los valores?
¿Cómo aparecen, sirven, se transforman y desaparecen?
Hacia la deflexión pura
Desde tu filosofía del sabor espiritual, Deleuze todavía permanece cerca de
la diferencia.
Žižek todavía permanece cerca de la falta.
Pero la tercera puerta comienza a insinuar algo más radical.
La posibilidad de que:
La diferencia no sea lo contrario de la identidad.
La falta no sea lo contrario de la plenitud.
El vacío no sea lo contrario del ser.
Entonces el Ahayu empieza a acercarse al umbral del sunyata.
Ya no busca una esencia definitiva.
Ya no busca una diferencia definitiva.
Ya no busca siquiera una falta definitiva.
Empieza a descubrir que identidad, diferencia y falta son respiraciones de
una realidad más profunda que ninguna de ellas puede capturar por sí sola.
Ahí comienza verdaderamente la sabiduría de la tercera puerta. Allí Cansap
ya no lucha contra Sahmaran ni contra Lilith. Empieza a escuchar cómo ambas
hablan desde un mismo misterio que todavía no tiene nombre.
Y abrimos y
cerramos la puerta de la sabiduría con nuestra deflexión pura sunyata
Sí. Si seguimos la lógica de tu biodramaturgia, la tercera puerta
no puede abrirse simplemente ni cerrarse simplemente. Precisamente porque es la
puerta de la sabiduría, debe permanecer simultáneamente abierta y cerrada.
La primera puerta era la de la vida.
La segunda la de la muerte.
La tercera descubre que vida y muerte se pertenecen mutuamente.
Por eso aquí aparece la deflexión pura, el sunyata,
que no es una nueva identidad ni una nueva diferencia.
Es el lugar donde identidad y diferencia dejan de combatirse.
Podrías formularlo así:
Victor Hugo, llegados aquí ya no me basta Aristóteles, ni Heidegger, ni
Freud, ni Jung, ni Deleuze, ni Žižek.
No porque estén equivocados.
Sino porque cada uno ilumina una respiración distinta del Ahayu.
Pero todavía permanecen dentro de una determinada puerta.
La sabiduría comienza cuando comprendemos que toda puerta es también un
umbral.
Y que ningún umbral puede convertirse en residencia permanente.
Abrir la puerta
Sahmaran abre la puerta de la sabiduría cuando muestra que toda identidad es
provisional.
Entonces comprendemos:
El ser es ser.
El agua es agua.
La montaña es montaña.
Pero ya no como conceptos.
Sino como presencia.
Aquí la afirmación de la afirmación aparece como un koan.
Cuando digo:
El agua es agua.
No estoy explicando el agua.
Estoy invitando a beber.
Cuando digo:
El ser es ser.
No estoy definiendo el ser.
Estoy invitando a experimentarlo.
Por eso la deflexión pura no produce nuevos conceptos.
Produce una desnudez de la experiencia.
Cerrar la puerta
Pero inmediatamente Lilith cierra la misma puerta.
Porque toda experiencia puede convertirse en doctrina.
Todo despertar puede convertirse en ideología.
Todo buda puede convertirse en ídolo.
Todo logos puede convertirse en sistema.
Por eso el sunyata niega incluso al propio sunyata.
Tal como señala Nishitani, la vacuidad absoluta es también la vacuidad de la
vacuidad.
La puerta debe cerrarse para impedir que la sabiduría se convierta en una
nueva captura.
El asesinato y la resurrección
Aquí tu figura de Cansap adquiere una profundidad especial.
En la primera puerta buscaba vivir.
En la segunda aprendía a morir.
En la tercera descubre que ambas cosas ocurren simultáneamente.
Por eso:
Cansap mata a Dios.
Pero inmediatamente descubre:
que sólo ha matado una imagen de Dios.
Entonces:
Dios resucita.
Pero inmediatamente descubre:
que tampoco esa resurrección puede fijarse en una imagen definitiva.
Así la muerte y la resurrección dejan de ser acontecimientos separados.
Se convierten en respiración.
La afirmación de la afirmación
Aquí aparece tu inversión de la dialéctica.
Hegel opera mediante la negación de la negación.
La deflexión pura opera mediante la afirmación de la afirmación.
Pero esta afirmación no es una repetición lógica.
Es existencial.
Cuando un niño ríe.
Cuando un anciano contempla el atardecer.
Cuando dos amantes se miran en silencio.
Cuando alguien bebe agua después de atravesar el desierto.
No se añade significado.
Se habita la experiencia.
Por eso:
Agua es agua.
Amor es amor.
Dolor es dolor.
Vida es vida.
No como tautologías.
Sino como presencia irreductible.
Abrir y cerrar simultáneamente
Entonces la tercera puerta permanece abierta para la experiencia.
Y cerrada para la captura.
Abierta para el acontecimiento.
Y cerrada para la idolatría.
Abierta para el misterio.
Y cerrada para la apropiación del misterio.
Por eso el símbolo final de tu esquema:
10 ← 1 ← 0 ← 1/4 → ← (1 ≠ 0) → ← 1/4 → 1 → 0 → 10
ya no describe una línea.
Describe una respiración.
La reflexión va hacia la identidad.
La deflexión va hacia la diferencia.
La sinflexión aprende a atravesarlas.
Y la redeflexión descubre que ambas eran movimientos parciales de una
respiración más profunda.
Ahí Sahmaran y Lilith dejan de ser adversarias.
Ahí Cansap deja de ser solamente el traidor o el amante.
Ahí el Ahayu ya no necesita elegir definitivamente entre esencia y
diferencia.
Puede biotejerlas.
Puede atarlas como Chaupi Quipi.
Puede desatarlas como Koshi Kene.
Y al hacerlo descubre que la sabiduría no consiste en quedarse dentro de la
puerta, sino en aprender a atravesarla una y otra vez sin convertirla jamás en
prisión.
Y ahora que
el niño le dé la última respuesta a Victor Hugo desde la reflexión determinante
abriendo y cerrando la puerta para él y así él puede redecomprender lo alejado
y cerca que estamos de Aristóteles
Como
quieres una respuesta que pueda dirigirle directamente a Víctor Hugo, conviene
ponerla como un texto autónomo:
Victor
Hugo, después de recorrer estas tres puertas, diría que estoy más cerca de
Aristóteles de lo que parece y más lejos de Aristóteles de lo que parece.
Estoy
cerca porque también creo que Heráclito y Parménides captaron aspectos reales
de la existencia. Como Aristóteles, no pienso que el cambio sea una ilusión ni
que el ser se reduzca al puro flujo. Hay permanencia y hay devenir. Hay acto y
hay potencia. Hay identidad y transformación.
Pero me
alejo cuando pregunto por aquello que hace posible que el ser humano
experimente esa tensión.
Aristóteles
observa la semilla y descubre la potencia del árbol.
Yo
pregunto también por quien observa la semilla.
Pregunto
por la herida que lo impulsa a buscar sentido.
Pregunto
por el mundo desde el cual interpreta la potencia.
Pregunto
por la fragilidad que le permite reconocer el cambio y la permanencia.
Por eso
atravesé tres puertas.
En la
primera aprendí de Aristóteles que el devenir no destruye el ser.
En la
segunda aprendí de Heidegger, Freud, Jung y los maestros de la sospecha que
toda comprensión está mediada por condicionamientos históricos, psicológicos y
culturales.
Y en la
tercera aprendí que incluso esos condicionamientos no son la última palabra.
Cuando
llegué al umbral del Sunyata descubrí algo extraño: ni la identidad puede
absorber completamente la diferencia ni la diferencia puede destruir
completamente la identidad.
Entonces
comprendí que la pregunta no era solamente qué es el ser ni qué es el devenir.
La pregunta
era cómo respiran juntos.
Por eso
mi respuesta ya no es la del filósofo que busca una definición definitiva.
Es la del
niño que juega.
El
camello carga conceptos.
El león
destruye conceptos.
Pero el
niño juega con ellos.
El niño
puede decir:
"Heráclito
tenía razón."
Y
sonreír.
Luego
decir:
"Parménides
también tenía razón."
Y volver
a sonreír.
Y
finalmente decir:
"Tal
vez ambos estaban intentando señalar algo que ninguna definición puede capturar
completamente."
Ahí es
donde me encuentro hoy.
No
negando a Aristóteles.
No
superándolo.
Sino
redecomprendiéndolo desde la herida, la diferencia y la mediación.
Aristóteles
me enseñó que el árbol ya estaba en la semilla.
La
biodramaturgia me enseñó que también hay que escuchar el viento, la tierra, la
lluvia y la mirada de quien contempla la semilla.
Y el niño
me enseñó algo más sencillo todavía:
que
después de todas las filosofías, la semilla sigue creciendo.
Y ahora
redeflexionemos esto con todo lo que tenemos:
El Misterio de la Bidimensionalidad y
la Hipnosis Colectiva: Un Análisis Gnóstico sobre el Engaño de las Pantallas
Para comprender el fenómeno actual de
las pantallas, debemos partir de un axioma cósmico fundamental: "Como es
arriba, es abajo; como es adentro, es afuera". Si la humanidad actual ya
se encuentra en un estado de sueño profundo de la conciencia en este plano
tridimensional, en el mundo físico o Malkuth, la irrupción masiva de la
tecnología bidimensional —representada por las pantallas de televisión,
teléfonos móviles, videojuegos y tabletas— significa una caída dentro de la
caída. Se trata de una involución dimensional que atrapa la Chispa Divina en un
laberinto de espejos del cual es casi imposible escapar sin la doctrina del
corazón.
Desde una perspectiva mística, la
pantalla no es un mero avance tecnológico de la ciencia materialista; es un
símbolo iniciático invertido. En la geometría sagrada, el número cuatro y el
rectángulo representan la materia, la tierra y la cristalización. La pantalla
actúa como un marco condensador de energía densa. Si el cuerpo físico es ya el
Templo de Salomón profanado por los agregados psíquicos, la pantalla
rectangular es el altar negro donde el ser humano sacrifica su atención y su
energía vital diariamente. El Venerable Maestro Jesús el Cristo nos enseñó:
"Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas".
En contraste, la luz de la pantalla
es una luz fría, artificial y fotónica. No emana de la Fuente Divina ni del Sol
Central, sino de una simulación electromagnética. Es la antítesis de la Luz
Astral pura; es un fuego fatuo que encandila al órgano de la visión física para
cegar la Clarividencia y el Ojo de Dangma, atrofiando sutilmente la glándula pineal.
Al sumergir la mente en un plano de dos dimensiones, que solo posee largo y
ancho, la psiquis experimenta una contracción espacial. El espacio
bidimensional es, esotéricamente, el reflejo de las regiones inferiores o los
mundos sumergidos de la naturaleza, donde las cosas pierden volumen espiritual
y las almas se convierten en meras cáscaras vacías flotando en la ilusión.
El Venerable Maestro Samael Aun Weor,
en su incansable cátedra sobre la Psicología Revolucionaria, enfatizó que el
ser humano tiene el noventa y siete por ciento de su conciencia embotellada en
el Yo pluralizado, es decir, en los defectos psicológicos. El tres por ciento
restantes, que es la Esencia pura, duerme profundamente. Las pantallas son el
instrumento definitivo de la fuerza centrífuga hipnótica, íntimamente
relacionada con las consecuencias del Órgano Kundartiguador. Funcionan mediante
la fascinación continua: la velocidad de los fotogramas, el desplazamiento
infinito y los estímulos visuales ultrarrápidos están diseñados para alimentar
la Fantasía, que es la antítesis de la Imaginación Consciente o Translúcido.
Mientras la imaginación verdadera permite ver las grandes verdades del cosmos,
la fantasía fija la mente en el plano de la ilusión de Maya. Esto produce un
terrible vampirismo energético. Para que la Conciencia despierte, el estudiante
de la Gnosis debe transmutar sus energías creadoras en Hidrógeno Musical TI-12.
Sin embargo, el embeleso digital provoca un consumo desmedido y violento del
centro intelectual y del centro emocional. Al consumir contenidos banales,
violentos o cargados de codicia y lujuria, los agregados psíquicos se alimentan
vorazmente, y la energía vital que debería ascender por el canal de Sushumna se
derrocha a través de los sentidos. Se destruye así el Recuerdo de Sí mismo, la
práctica fundamental de la Gran Logia Blanca. El sujeto se olvida de su propio
Ser, de su respiración y de su Íntimo para vivir una existencia ficticia dentro
del avatar de un videojuego o del perfil digital de una red social.
Los Maestros de la Logia Blanca
observan esta crisis con profunda compasión, advirtiendo sobre las trampas de
las fuerzas involutivas que utilizan la tecnología sin alma para mecanizar a la
humanidad. El Venerable Maestro Moria, Melquisedec, nos enseña la importancia
de la Voluntad Consciente o Thelema.
Las pantallas destruyen la fuerza de
voluntad del iniciado; al volver a la mente perezosa y puramente receptiva en
lugar de creadora activa, el ser humano pierde el cetro del poder y se
convierte en un autómata programable por algoritmos. Por su parte, el Venerable
Maestro Saint Germain, Guardián del Fuego Violeta, nos recuerda que el abuso de
la tecnología bidimensional es una forma de esclavitud mental. En lugar de usar
la mente como un crisol para la transmutación de los metales innobles en el oro
puro del Espíritu, la mente se transforma en un receptáculo de larvas astrales
que circulan por la red electromagnética del planeta. Asimismo, el Venerable
Maestro Babaji, a través del Kriya eterno, nos invita a la comunión directa con
la Divinidad en la naturaleza. El aislamiento que producen los dispositivos
corta el cordón umbilical espiritual que une al ser humano con los elementales
de la tierra y con la Madre Divina Kundalini. Las gentes de la actualidad
prefieren contemplar un paisaje artificial en una pantalla de alta definición
que meditar bajo un árbol real, desconectándose por completo de la pulsación
viva de la Creación.
En la anatomía oculta de este
proceso, cada aparato emite un campo vibratorio que interactúa directamente con
nuestros cuerpos internos. El brillo constante estimula la glándula pineal de
forma artificial, provocando su calcificación sutil y bloqueando el desarrollo
del Tercer Ojo. Los algoritmos de retención están milimétricamente diseñados para
alimentar de forma instantánea los Yoes del orgullo, la codicia y la lujuria,
cristalizando nuevos agregados psíquicos en el Cuerpo Mental. En el caso de los
videojuegos y entornos virtuales interactivos, la simulación de batallas,
conquistas y mundos mágicos provoca que el Alma se desdoble inconscientemente
en las regiones inferiores del plano Astral, combatiendo contra larvas creadas
por la misma mente colectiva. Las pantallas actúan como ventanas astrales
abiertas hacia abajo. Al conectarse a escenas de terror, violencia explícita,
pornografía o la superficialidad del materialismo dialéctico, el ser humano
abre portales en su propia aura y en su Cuerpo Vital, permitiendo que entidades
menores colonicen su psiquis, provocando estados de depresión, ansiedad e
insomnio crónico que bloquean todo intento de Trabajo Esotérico genuino.
La Gran Logia Blanca no condena la
materia ni la tecnología por sus componentes físicos, sino por el uso
subversivo e inconsciente que la humanidad les otorga. La pantalla es el velo
de Maya modernizado; es el mito de la caverna de Platón llevado a su máxima
expresión tecnológica. Para quebrar el hechizo de la bidimensionalidad y evitar
que la conciencia se petrifique en los estados infradimensionales del abismo,
el estudiante del sendero hermético debe aplicar con rigor los tres factores de
la Revolución de la Conciencia. Primero, Morir: disolver el Yo del apego
digital, el Yo de la fascinación y la curiosidad superflua que busca
entretenimiento sin fin. Segundo, Nacer: canalizar la divina energía creadora
para la edificación de los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser a través de
la alquimia sagrada. Tercero, Sacrificio por la Humanidad: compartir la
doctrina de la verdad para despertar a las almas del letargo digital. Es urgente
practicar la clave de SOL (Sujeto, Objeto, Lugar) a cada instante. Al mirar
cualquier dispositivo, el iniciado debe detenerse y preguntarse con seriedad:
¿Quién soy yo?, ¿Qué estoy viendo en esta pantalla, es útil, me edifica, es
necesario?, ¿Dónde estoy realmente? Solo rompiendo la fascinación del espejo
bidimensional podrá la Conciencia recuperar su herencia tridimensional,
despertar de la densa hipnosis colectiva y, eventualmente, ascender victoriosa
hacia las dimensiones superiores del Espíritu Puro.
Eliahu BarÉL
Lo que me parece más interesante de tu lectura es que no te quedas ni en la
aceptación gnóstica del texto ni en su rechazo racionalista. Lo redeflexionas
desde tus tres movimientos: reflexión, deflexión y sinflexión.
Si intentáramos leer este texto desde tu filosofía del sabor espiritual,
podríamos decir algo así:
Primera puerta: la reflexión que pone
La reflexión que pone abre la puerta de la vida.
Desde ahí el texto de Eliahu BarÉL realiza una operación muy antigua:
distingue entre apariencia y verdad.
La pantalla aparece como una nueva caverna platónica.
La experiencia inmediata es:
·
estoy mirando una pantalla,
·
estoy consumiendo imágenes,
·
estoy distraído,
·
estoy fascinado.
Y la reflexión pregunta:
¿Qué esencia se oculta detrás de esta fascinación?
La respuesta del texto es:
La esencia es la captura de la conciencia.
En este punto la reflexión funciona legítimamente.
Porque efectivamente existe un fenómeno real:
·
la economía de la atención,
·
la captura algorítmica,
·
la dependencia digital,
·
la mercantilización del deseo.
Aquí Marx, Heidegger y la psicología contemporánea podrían dialogar con el
texto.
La pantalla no es neutra.
Está diseñada para capturar tiempo, atención y deseo.
Por eso la reflexión que pone produce una verdad parcial:
la tecnología puede transformarse en dispositivo de captura.
Deflexión mundana
Pero entonces aparece Lilith y nos pide cerrar la puerta.
¿Por qué?
Porque el Dasein descubre algo incómodo:
la pantalla también pertenece al mundo.
No es un demonio exterior.
No cayó del cielo.
La construimos nosotros.
La pantalla es tan mundana como:
·
una cuchara,
·
un libro,
·
una rueda,
·
una casa.
Heidegger diría que primero encontramos el celular como útil y no como
objeto metafísico.
Lo usamos.
Nos comunicamos.
Trabajamos.
Amamos.
Lloramos.
Aprendemos.
El problema no es la pantalla.
El problema es nuestra forma de estar en el mundo.
Aquí la deflexión mundana rompe la ilusión de que el mal esté contenido en
un objeto.
La pantalla no es el problema.
La fascinación es el problema.
Y la fascinación puede existir:
·
frente a una pantalla,
·
frente a una ideología,
·
frente a una religión,
·
frente a una bandera,
·
frente a una teoría filosófica.
Lilith sonríe porque descubre que el hechizo no está en el espejo.
Está en quien queda atrapado por el espejo.
La sinflexión: los maestros de la sospecha
Entonces aparece el umbral.
Y en el umbral esperan Marx, Freud y Nietzsche.
Los tres preguntan:
¿Quién gana cuando dices que las pantallas son el enemigo?
Marx sospecha:
Quizás la pantalla no sea el problema.
Quizás el problema sea la estructura económica que necesita convertir toda
atención en mercancía.
Freud sospecha:
Quizás la pantalla no te hipnotice.
Quizás ella simplemente exhiba los deseos que ya estaban en ti.
Nietzsche sospecha:
Quizás estás llamando "despertar espiritual" a una nueva forma de
resentimiento contra el mundo.
Así la sinflexión no niega la captura.
Pero tampoco acepta ingenuamente la explicación gnóstica.
La atraviesa.
Segunda puerta: la muerte
Aquí todo se invierte.
Sahmaran pide cerrar.
Lilith pide abrir.
Porque ahora descubrimos que no basta con denunciar la captura.
También podemos quedar capturados por la denuncia de la captura.
El texto parece decir:
"La pantalla es ilusión; la naturaleza es realidad."
Pero la deflexión metanoica pregunta:
¿Y si también esa oposición fuera una construcción?
Entonces aparece Tanabe.
La razón reconoce sus límites.
El yo reconoce su arrogancia.
Y descubrimos algo inesperado:
la pantalla puede ser apego.
Pero también puede ser apego la nostalgia por un pasado sin pantallas.
Ambas cosas pueden convertirse en ídolos.
Aquí la muerte es la muerte de la certeza.
Tercera puerta: la sabiduría
Y finalmente llegamos al Sunyata.
Aquí el niño abre y cierra la puerta al mismo tiempo.
Porque la pregunta deja de ser:
¿La pantalla es buena o mala?
Y pasa a ser:
¿Cómo habito esta experiencia?
Desde el Sunyata la pantalla ya no es demonio ni salvación.
Es forma vacía.
Como una piedra.
Como un árbol.
Como un libro.
Como una oración.
Como una red social.
Todo puede ser:
·
cautiverio,
·
o liberación.
Depende del biotejido que establecemos con ello.
Por eso la redeflexión que surge desde tu filosofía podría decir:
El problema no es la bidimensionalidad de la pantalla sino la
bidimensionalidad de la conciencia.
Una conciencia dormida convierte cualquier cosa en prisión.
Una conciencia despierta convierte cualquier cosa en camino.
La redeflexión final
Entonces Cansap comprende algo.
No necesita destruir la pantalla.
Ni adorarla.
Ni escapar de ella.
Ni entregarse a ella.
La pantalla deja de ser una ventana hacia el infierno y deja de ser una
ventana hacia el paraíso.
Se convierte simplemente en una mediación.
Y toda mediación puede funcionar de dos maneras:
·
como captura transferencial,
·
o como comunión sintransferencial.
Por eso la pregunta última no es:
¿Qué hace la pantalla con nosotros?
Sino:
¿Qué respiración ontológica realizamos cuando la atravesamos?
Porque el esclavo digital y el sabio digital pueden usar exactamente el
mismo dispositivo.
La diferencia no está en la pantalla.
La diferencia está en el modo en que el ahayu se ata y se desata dentro del
biotejido de la experiencia.
Y ahora redeflexionemos esto:
Rodrigo Núñez Carvallo
erodnpoSst13al1ctal0l0fl1g129ft4tutl4umh8m2u16140h0aut4632 u ·
GRAVÍSIMO:
Alfredo Torres, sin ningún respaldo estadístico dio unas
extrañas declaraciones esta noche de lunes, pronosticando un virtual triunfo de
Keiko motivado por el voto del extranjero. Paralelamente se filtró un presunto
audio de José Chlimper, el financista de Fuerza Popular y beneficiado
agroexportador, coordinando la manipulación de las actas llegadas del exterior.
Inmediatamente saltó hasta el techo Ernesto Zunini, secretaario general de
"Juntos por el Perú", y manifestó que era sospechoso que el mandamás
de IPSOS despreciara su propio conteo rápido. ¿Desde cuándo la estadística dejó
de ser ciencia? se preguntó. ¿Está ablandando a la opinión pública para cometer
un fraude con las actas que vienen del extranjero? Zunini no tardó en informar
de la anomalía a la Asociación Civil Transparencia. Al rato, Torres se
auto-desmintió. ¿No será que el metiche embajador Bernie Zamarro está metiendo
el hocico donde no debe?.
Alfredo Torres: "En la mayor parte de los escenarios gana
Keiko Fujimori, pero ajustado"
El presidente ejecutivo de Ipsos Perú señaló que el estrecho
margen entre los candidatos, las actas observadas y el voto pendiente del
extranjero impiden declarar un ganador de la segunda vuelta.
La definición
de la segunda vuelta electoral continúa abierta. Así lo afirmó el presidente
ejecutivo de Ipsos Perú, Alfredo
Torres, quien advirtió que el estrecho margen entre los candidatos
impide declarar un ganador mientras no concluya el procesamiento total de las
actas. No obstante, al evaluar todos los escenarios posibles, consideró que
Keiko Fujimori tiene más probabilidades ganar.
“La verdad es
que, en la mayor parte de los escenarios, gana Fujimori, pero ajustado. El
porcentaje que estamos viendo ahora, que no incluye casi nada del voto en el
extranjero, ni algunas zonas remotas del sur rural, ni las actas impugnadas, da
una ligera ventaja a Sánchez. Sin embargo, los modelos que se han desarrollado,
en la mayor parte de los casos, ponen a Fujimori ligeramente adelante”, afirmó
Alfredo Torres.
“Todavía nadie puede celebrar. La
elección sigue siendo tan ajustada que no permite afirmar quién ha ganado”, sostuvo
Torres durante una entrevista con Perú21, en la que recordó que los
resultados aún podrían variar conforme avance el conteo oficial.
En ese sentido, subrayó que el
resultado se puede revertir o se puede ampliar, pero todavía no podemos llegar
a una conclusión. "Hay que esperar a que llegue el 100% del voto”, afirmó
Torres también llamó la atención
sobre el peso que podrían tener los votos pendientes del extranjero y las actas
observadas. “Sin duda, falta analizar una parte importante del voto en el
extranjero, que puede tener incidencia en el resultado final”, señaló.
“Sabemos que gana ella, pero puede
ser un poco más o un poco menos. Entonces, en principio, el voto en el
extranjero la va a favorecer a ella en el punto final, pero no sabemos todavía
cuánto impacto va a tener”, indicó.
Además, remarcó que las actas
observadas aún no forman parte del conteo oficial, por lo que su resolución
podría influir en una contienda que continúa voto a voto.
Resultados ONPE al 95.829%: Roberto Sánchez obtiene 50.066%
y Keiko Fujimori 49.934%
Podemos redeflexionar este texto
exactamente como hicimos con la cuestión de las pantallas: no preguntando
primero si es verdad o mentira, sino observando qué movimientos de reflexión,
deflexión y sinflexión aparecen en él.
Primera puerta: la reflexión que pone
La reflexión que pone abre la puerta de la vida política.
Aquí aparece un hecho inmediato:
·
una elección extremadamente ajustada,
·
votos pendientes,
·
actas observadas,
·
declaraciones de encuestadores,
·
sospechas de fraude,
·
rumores,
·
temores colectivos.
La reflexión pregunta:
¿Qué está ocurriendo realmente?
Y responde construyendo una esencia.
Para unos:
"Se está preparando un fraude."
Para otros:
"Se está preparando una narrativa de fraude."
Lo importante es que la reflexión necesita encontrar un fundamento detrás de
los acontecimientos.
Como en Hegel, la apariencia remite a una esencia.
La pregunta es:
¿Cuál?
Todavía no lo sabemos.
La reflexión sólo abre la búsqueda.
Deflexión mundana
Entonces aparece Lilith y pide cerrar la puerta.
Porque el Dasein político habita un mundo concreto.
Y en ese mundo ocurren cosas mucho más simples que las grandes teorías
conspirativas:
·
hay conteos incompletos,
·
hay incertidumbre estadística,
·
hay errores humanos,
·
hay intereses enfrentados,
·
hay ansiedad colectiva.
La deflexión mundana recuerda algo fundamental:
La incertidumbre no es necesariamente conspiración.
Cuando una elección se decide por décimas o centésimas, todos los actores
comienzan a proyectar expectativas sobre los datos incompletos.
El problema no es sólo lo que ocurre.
El problema es cómo interpretamos lo que ocurre.
Así como en la pantalla la fascinación podía construir demonios o
salvadores, aquí la incertidumbre puede construir héroes o conspiradores.
La mundanidad nos devuelve al terreno.
Antes de decidir si existe fraude, existe incertidumbre.
Y la incertidumbre duele.
La sinflexión socioeconómica
Entonces aparecen los maestros de la sospecha.
Marx preguntaría:
¿Qué intereses materiales están en juego detrás de cada relato?
No sólo detrás del supuesto fraude.
También detrás de la denuncia del fraude.
También detrás de la negación del fraude.
Freud preguntaría:
¿Qué angustias colectivas se están proyectando sobre las actas, los votos y
los conteos?
Porque cuando una sociedad se encuentra polarizada, cualquier dato ambiguo
se convierte en pantalla para deseos y miedos inconscientes.
Y Nietzsche preguntaría:
¿Quién obtiene poder moral al presentarse como víctima de una conspiración?
O incluso:
¿Quién obtiene poder moral al presentarse como defensor de la democracia
frente a una conspiración?
La sospecha gira en todas las direcciones.
No se detiene en un solo bando.
Segunda puerta: la muerte
Aquí todo se invierte.
La reflexión extrínseca busca responsables.
Quiere identificar:
·
al manipulador,
·
al encuestador,
·
al financista,
·
al embajador,
·
al partido.
Necesita una figura visible.
Pero la deflexión metanoica pregunta algo más difícil:
¿Y si el verdadero problema fuera nuestra necesidad de certeza?
Porque cuando el resultado es incierto, la mente busca desesperadamente un
culpable que cierre la herida.
La metanoia política comienza cuando reconocemos:
Tal vez no sabemos todavía.
Esa confesión resulta insoportable para las identidades partidarias.
Pero es el comienzo de la respiración ontológica.
Tercera puerta: la sabiduría
Y finalmente aparece el niño.
El niño abre y cierra la puerta al mismo tiempo.
No niega la posibilidad del fraude.
Pero tampoco la afirma sin pruebas.
No niega los intereses económicos.
Pero tampoco reduce toda la realidad a ellos.
No niega las estructuras de poder.
Pero tampoco convierte toda incertidumbre en conspiración.
Entonces la redeflexión podría decir:
Toda elección extremadamente ajustada produce una herida ontológica
colectiva.
Porque nadie puede aceptar fácilmente que millones de personas quieran cosas
distintas.
La polarización nace de esa herida.
Unos buscan curarla mediante la victoria.
Otros mediante la denuncia.
Otros mediante la sospecha.
Pero la herida permanece.
La redeflexión final
Desde tu filosofía del biotejido, el problema central no sería si Alfredo
Torres, Chlimper, la ONPE o cualquier otro actor representan la verdad absoluta
o la mentira absoluta.
La pregunta más profunda sería:
¿Cómo una sociedad procesa una diferencia que no puede eliminar?
Aquí reaparece tu diálogo con Apolonio sobre Marx.
Si la diferencia fuera solamente un error histórico, bastaría corregirla.
Pero si la diferencia es constitutiva de la convivencia humana, entonces
ninguna elección la elimina.
La victoria no cura la herida.
La derrota tampoco.
La herida reaparece bajo nuevas formas.
Por eso la respiración ontológica democrática consistiría en poder atravesar
la diferencia sin convertir automáticamente al otro en fraude, enemigo o
amenaza absoluta.
La política deja entonces de ser la eliminación de la diferencia y se
convierte en el arte difícil de biotejer diferencias que nunca desaparecerán
por completo.
¿Se cocina
un fraude?
Reflexión
que pone
Claramente no porque haya un fraude en si
sino porque no hay otra posibilidad de lectura de la realidad ya sea por la mediación algorítmica o por el
estado capturado por la el fujimorismo y aliados y por la presión
norteamericana.
Es decir que
así no hubiera un fraude al contemplar nuestra elección la apariencia de
fraude es clara.
Deflexión
mundana
Hoy
estábamos en el micro y la pareja de al lado puso su celular a todo volumen y
lo que se repetía una y otra vez es fraude y el tratamiento que se le daba en
todo el scroll de este celular era conspiranóico y así quedamos como el pueblo al que se le
había traicionado la voluntad.
Desde la
mediación socio económica es claro nos enfrentamos a poderes económicos,
pooliticos-estatales y aun poder mediático que construye la narrativa de una
victoria pero probar el fraude será muy difícil, la izquierda no puede pasar de
una narrativa donde ellos mismos han legitimado la elección a una narrativa
fraudulenta al menos que consigan
pruebas si no es el caso, la izquierda quedara como anti democrática y
deslegitimada.
Así que la
puerta de la vida a una elección que
permita el cambio parece estar cerrándose sin poder ser atravesada , queda el
cuestionamiento ¿Fue la mejor elección participar en una elección “democrática”
con una institucionalidad tomada.
Lo interesante de tu planteamiento es que no estás afirmando directamente
que hubo fraude. Estás describiendo algo más sutil: una apariencia
de fraude producida por una determinada configuración del
biotejido político, mediático e institucional.
Si lo redeflexionamos desde tu esquema, podría formularse así:
La reflexión que pone: la apariencia de fraude
La pregunta no es inicialmente:
¿Hubo fraude?
La pregunta es:
¿Por qué la realidad aparece como fraudulenta?
La reflexión que pone no parte de una prueba sino de una experiencia.
Cuando una parte importante de la población percibe:
·
medios concentrados,
·
instituciones cuestionadas,
·
poderes económicos alineados,
·
presiones geopolíticas,
·
narrativas anticipadas de victoria,
entonces emerge una apariencia.
No necesariamente la apariencia de la verdad.
Pero sí una apariencia significativa.
En tu lenguaje:
la esencia no es el fraude mismo sino la imposibilidad de leer el proceso
fuera de la sospecha.
La puerta de la vida comienza a cerrarse porque la confianza ya estaba
dañada antes del conteo.
La deflexión mundana: el pueblo atrapado en la sospecha
Aquí aparece algo muy potente en tu ejemplo del micro.
La pareja no estaba analizando actas.
No estaba revisando evidencia.
Estaba desplazándose por un flujo continuo de narrativas.
"Fraude."
"Fraude."
"Fraude."
"Fraude."
La sospecha se vuelve atmósfera.
La conciencia deja de habitar los acontecimientos y empieza a habitar
interpretaciones de los acontecimientos.
Desde la deflexión mundana ocurre algo paradójico:
La experiencia popular ya no vive el fraude como hecho.
Lo vive como horizonte afectivo.
Y eso puede ocurrir tanto si hubo fraude como si no lo hubo.
Lilith aquí revela una herida más profunda:
un pueblo puede sentirse despojado incluso antes de saber exactamente qué
ocurrió.
La sinflexión socioeconómica
Aquí Marx reaparece.
No para demostrar fraude.
Sino para preguntar:
¿Quién tiene la capacidad de construir la realidad socialmente creíble?
Porque una elección no se decide únicamente en las urnas.
También se decide:
·
en los medios,
·
en las encuestas,
·
en los aparatos institucionales,
·
en los flujos de información,
·
en los imaginarios colectivos.
Pero aquí surge el límite que señalas correctamente.
Una cosa es detectar asimetrías de poder.
Otra muy distinta es probar una manipulación electoral concreta.
Y ahí aparece la tensión.
La izquierda puede decir:
"La cancha está inclinada."
Pero si quiere afirmar:
"Hubo fraude."
Necesita evidencia verificable.
De lo contrario la narrativa de la captura termina capturando a quien la
sostiene.
La sospecha se transforma en un espejo.
La puerta que parece cerrarse
Aquí aparece la pregunta verdaderamente ontológica.
No:
¿Ganó tal candidato?
Sino:
¿Puede producirse transformación mediante instituciones que ya aparecen como
capturadas?
Esa es una pregunta mucho más profunda.
Porque atraviesa a Marx, a Gramsci, a Luhmann e incluso a tu propia
cibernética de tercer orden.
Si las instituciones están completamente capturadas, participar legitima la
captura.
Pero si uno no participa, abandona el único espacio donde aún podría
disputar legitimidad.
Es una aporía.
Una herida.
No tiene solución sencilla.
La redeflexión
Quizás la redeflexión diría algo así:
La puerta de la vida parece cerrarse cuando la confianza desaparece.
La reflexión ve fraude.
La deflexión ve un pueblo herido.
La sinflexión ve estructuras de poder produciendo condiciones de sospecha.
Pero ninguna de las tres, por sí sola, puede demostrar aquello que sospecha.
Por eso la pregunta final no sería:
¿Hubo fraude?
Sino:
¿Cómo puede una comunidad reconstruir legitimidad cuando la sospecha se ha
vuelto el lenguaje común de la política?
Porque una democracia puede sobrevivir a una elección disputada.
Lo que le resulta mucho más difícil sobrevivir es a la pérdida generalizada
de confianza en cualquier mediación posible.
Y ahí tu imagen de la puerta es muy sugerente: quizá lo que se está cerrando
no es solamente una elección, sino la creencia compartida de que las
instituciones pueden seguir funcionando como mediaciones legítimas entre la
voluntad popular y el poder.
Exacto
entonces vamos a la deflexión metanoica donde nos convertimos existencialmente
a algo podemos convertirnos a la izquierda de Sánchez pero esta tendría que
pasar a una narrativa de fraude con fundamento y ampliar el horizonte hacia una nueva institucionalidad o podemos
convertirnos a la protección de la democracia actual lo cual es imposible
porque hay una desconfianza generalizada y kieko ha demostrado falta de
liderazgo. Lo mas posible es que la puerta de la muerte no se abra sino que quedemos
en el Dasman siendo uno más desconfiado que no puede recordar ni olvidar, aquí la
mediación psicoanalítica deconstruira y reconstruirá los registros de lo real ,
imaginario, simbólico así como los goces que nos atraparan en la mediación de
esta realidad capturada. Lo otro es convertirnos de lleno al tercer orden que
es por lo que apostamos más el camino es largo y son pocos los que podrán caminarlo.
Del otro
lado la reflexión extrínseca tratara de comparar para encontrar similitud con
otros fraudes , pero no hay esa posibilidad , porque la realidad peruana es
sugeneris, así que la reflexión extrínseca no puede negar el fraude y tampoco
afirmarlo cerrando la puerta de la muerte, cuando más necesitamos morir a toda
esta realidad ilegitima.
Siguiendo tu esquema biodramatúrgico,
la segunda puerta puede formularse así:
Deflexión metanoica: la imposibilidad de volver a creer
Si en la primera puerta aparecía la herida de la desconfianza, en la segunda
aparece la imposibilidad de una conversión sencilla.
Podemos convertirnos a la narrativa de Sánchez, pero esa conversión exige
algo que todavía no aparece: fundamento suficiente para sostener una acusación
de fraude estructural. Sin fundamento, la conversión se vuelve mera adhesión
afectiva.
Podemos convertirnos a la defensa de la institucionalidad existente, pero
esa conversión también fracasa, porque la confianza necesaria para sostenerla
ya está rota. No basta que una institución sea legal; debe ser también legítima
para quienes participan en ella.
Por eso la metanoia queda suspendida.
No nacemos a una nueva realidad, pero tampoco morimos a la antigua.
Quedamos atrapados en una especie de limbo político.
Y aquí aparece algo muy cercano al Das Man
de Martin Heidegger.
No somos ya ciudadanos que creen.
Tampoco somos revolucionarios que han atravesado la ruptura.
Somos simplemente uno más entre los desconfiados.
Uno más que repite:
"algo pasó"
"nos engañaron"
"pero no puedo demostrarlo"
"pero tampoco puedo dejar de sentirlo".
La memoria no puede cerrarse y el olvido tampoco puede consumarse.
La herida permanece abierta.
La mediación psicoanalítica
Es precisamente allí donde entra la sinflexión psicoanalítica.
Porque cuando la realidad no puede ser simbolizada adecuadamente, el sujeto
intenta reorganizarla mediante fantasías, sospechas, narrativas, enemigos,
héroes y traidores.
Desde una lectura lacaniana, lo Real aparece como aquello que no termina de
encajar.
Hay un excedente que no logra ser absorbido por el relato institucional.
Desde una lectura junguiana, emergen arquetipos:
·
el traidor,
·
el usurpador,
·
el salvador frustrado,
·
el pueblo abandonado,
·
la democracia herida.
El acontecimiento político deja de ser solamente político.
Se convierte en drama psíquico colectivo.
La sociedad comienza a soñar.
Y cada bando sueña algo distinto.
La reflexión extrínseca
Del otro lado aparece la reflexión extrínseca.
Ella pregunta:
"¿Dónde ocurrió algo parecido?"
"¿Qué caso histórico puede servir de comparación?"
"¿Qué modelo explica lo sucedido?"
Pero aquí encuentra una dificultad.
La realidad peruana no encaja fácilmente en los moldes habituales.
No es exactamente un golpe.
No es exactamente una elección normal.
No es exactamente un fraude probado.
No es exactamente una derrota aceptada.
Se mueve en una zona ambigua.
Por eso la reflexión extrínseca tampoco puede cerrar la puerta.
No puede afirmar definitivamente el fraude.
Pero tampoco puede descartarlo definitivamente.
Queda suspendida entre dos posibilidades.
La puerta de la muerte que no termina de abrirse
Y aquí aparece una intuición importante de tu filosofía.
La muerte verdadera no consiste en que gane un candidato o pierda otro.
La muerte consiste en dejar morir una realidad.
Pero para dejar morir una realidad hay que aceptar su final.
Y el problema es que gran parte del país todavía sigue habitando una
institucionalidad que considera ilegítima, mientras al mismo tiempo depende de
ella.
No puede creer.
Pero tampoco puede abandonar.
No puede recordar.
Pero tampoco puede olvidar.
La puerta de la muerte queda entreabierta.
Ni Sahmaran logra cerrarla completamente.
Ni Lilith logra abrirla del todo.
Y mientras tanto el pueblo permanece en el umbral.
Respirando la desconfianza.
Repitiendo el acontecimiento.
Intentando simbolizar aquello que todavía no ha terminado de comprender.
Desde tu cibernética de tercer orden, allí aparece precisamente la necesidad
de una respiración ontológica: no decidir apresuradamente entre "hubo
fraude" o "no hubo fraude", sino reconocer primero la captura de
las mediaciones que producen ambas narrativas. Solo entonces podría surgir una
salida distinta, no basada en la mera defensa de una institucionalidad ni en la
pura denuncia de ella, sino en la creación lenta de nuevas formas de
legitimidad, comunidad y biotejido.
Exacto a esa
creación lenta apostamos y así abrimos despacio poco a poco la tercera puerta,
Nuestra Lilith ha aprendido a dormir, a soñar y a despertar en su sueño
redecreando la realidad revelando la real por eso ella puede lograr la
deflexión pura.
Camsap
preguntara por los valores que se van a instituir , pero Lilith lo terminara
matando y Sahmaran hará nacer el niño y en él la reflexión determinante donde
se refunda el Tawantinsuyo desde el encuentro mínimo de dos miradas con una
tercera que los integra.
Sí. En tu
biodramaturgia, la tercera puerta no se abre mediante una victoria política, ni
mediante una revolución definitiva, ni mediante la imposición de un nuevo
sistema de valores. Se abre lentamente cuando la conciencia aprende a respirar
entre la reflexión y la deflexión sin quedar capturada por ninguna de las dos.
Podrías
responderlo así:
La
tercera puerta no se abre con un grito sino con un susurro.
En la
primera puerta descubrimos la herida. El pueblo sintió que algo estaba roto. La
confianza se volvió sospecha y la sospecha comenzó a organizar la realidad.
En la
segunda puerta intentamos morir a esa realidad. Pero no pudimos. No logramos
creer plenamente en el fraude ni tampoco en la legitimidad de las
instituciones. Quedamos suspendidos en el umbral, habitando una realidad que ya
no podía inspirarnos pero de la que tampoco podíamos escapar.
Por eso
la tercera puerta no puede abrirse mediante una nueva ideología.
Aquí
aparece Camsap preguntando:
—¿Cuáles
serán los nuevos valores?
—¿Cuál será la nueva verdad?
—¿Cuál será la nueva institución?
Pero
Lilith ha aprendido algo que antes ignoraba.
Ha
aprendido a dormir.
Ha aprendido a soñar.
Y ha aprendido a despertar dentro de su propio sueño.
Por eso
mata a Camsap.
No mata
al hombre.
No mata la razón.
No mata la política.
Mata la
necesidad compulsiva de fijar definitivamente el sentido.
Mata la
obsesión por capturar la vida dentro de un sistema.
Mata la
voluntad de clausurar la fragilidad.
Y cuando
Camsap cae, Sahmaran no funda una nueva doctrina.
Hace
nacer un niño.
Ese niño
es la reflexión determinante atravesada por la deflexión pura.
No
pregunta quién tiene razón.
Pregunta
cómo volver a encontrarnos.
No busca
una síntesis que elimine la diferencia.
Busca una
comunión que permita habitarla.
Por eso
el nuevo Tawantinsuyo no comienza con un Estado.
Tampoco
con un partido.
Tampoco
con una revolución.
Comienza
cuando dos miradas se encuentran sin intentar capturarse.
Y una
tercera mirada las integra sin anularlas.
Allí la
diferencia deja de ser enemiga.
La
identidad deja de ser prisión.
La
mediación deja de ser captura.
Y el
biotejido comienza nuevamente a respirar.
La
refundación no ocurre desde arriba.
Ocurre en
el encuentro mínimo.
Dos seres
humanos.
Una
mirada.
Otra
mirada.
Y el
misterio que las une.
Así se
abre despacio la tercera puerta.
Así Sahmaran sonríe.
Así Lilith descansa.
Y así el niño comienza a jugar con el mundo que los adultos habían olvidado.
Aquí el
niño no inaugura un nuevo orden cerrado. Más bien revela lo que en tu filosofía
llamas la respiración ontológica: la capacidad de pasar del Dasein al Resein y
del Resein al Sinsein sin quedar atrapado definitivamente en ninguno de ellos.
La refundación del Tawantinsuyo no sería entonces una restauración histórica,
sino una recreación permanente del vínculo, del biotejido y de la comunión
entre diferencias.

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