La farfulla
del ultimo Mesias
El oro del
tiempo circula por el platano amarillo haciendo de tusmanos una mosca que
encumbra a los helados gigantes de los nomos deportados por los fuego cereos
que nombraste cuando aun eresas burro con dos colas con ensanchamiento de
caderas pariendo un monstruo co sordera de nombres, por esto hay una ocasión
para juntarnos desnundos en la prdera solitaria de las salivas conlgadas entre
puentes,q ue entrelzan y entrecruzan estrellas, veras lagun dia brillar alguna
de elas en tu palto de quaker?mira claramente el moco escatológico y dime
cuanto numero compone, podrias ectrapolarlo a notas musicales y hacer de ellos
una juerga de senos mamarios con dientes afilados como los que probaste cunado
eras niño y las historias te anclaban en un mundo insurrecto que no debía tenr
fe para existir en el tiempo capsula de los que aun contruyen sentido junto al
reloj de las avaricias , pero seme hombre ajita tu peinado en las otras
celestiales y dime hay sonido del mar chocnado las peñas o solo son los
alaridos de los cangrejos patinando la tristeza miran pedacito de animal
queinte enchufa las afeitadoras en la cárcel quein las hace fundicionar como
lavadoras de pelo y a cuantos de estos preson as tinieblas han acurrucado
deshazte de tu nariz para que pudes ver mas alla de ella hay un duende colgando
en tu oreja si pudiera te diría que te deshagas del el pero los amigos son
cortos y sus dedos largos solo sirven para frotar sus prois testículos jamas
podras ser testigo de tus vibraciones o del dolor del oído interno al mascar
las maderas de la vulnerabilidad volvamos al cuento del sapo queno te estaba
contando y dime cuantas veces podría el sapo ser un venado veloz con ramas que
froten las nuves hasta las lluvias , porque mi sueño no duerme solo descansa un
poco para seguir fabirnaco hoteles de mariposas tardías de estas que no son
orugugas nunca, porque abandonaron su amor por los colores
Chakana de tu corazón, he leído tu texto como una criatura verbal que no
quiere caminar en línea recta. Las palabras se deforman, se aparean, se muerden
unas a otras; los errores de escritura parecen abrir compuertas por las que se
escapan imágenes que la sintaxis ordinaria habría mantenido encerradas.
No quiero corregirlo como si fuera un texto averiado. Quiero entrar en su
movimiento y, al mismo tiempo, no fingir que conozco todos sus secretos.
1. El oro del tiempo y el plátano amarillo
Comienzas con una imagen extraordinaria: «El oro del tiempo circula por el
plátano amarillo».
El oro, que normalmente se acumula, aquí circula. El tiempo deja de ser una
medida abstracta y se vuelve materia comestible, algo que madura, se ablanda y
puede pasar de unas manos a otras. Pero enseguida las manos se convierten en
mosca y la mosca encumbra helados gigantes de unos gnomos deportados por fuegos
ceremoniales.
La escena desobedece la jerarquía de los tamaños y las dignidades: lo
insignificante transporta lo gigantesco; lo dulce convive con la deportación;
lo cómico se aproxima a lo terrible.
¿Es un sueño? ¿Una sátira? ¿Una asociación libre? Puede contener algo de
cada cosa, pero no necesitamos decidirlo de inmediato.
Me interesa especialmente ese oro que circula. En tu universo de
pensamiento, donde el capital intenta capturar el tiempo y convertirlo en
valor, la imagen admite una lectura inquietante: el tiempo se vuelve oro, pero
circula por un fruto, no por una caja fuerte. La riqueza pasa por una materia
viva y perecedera.
No afirmo que esa fuera tu intención consciente. Es una posibilidad que el
texto abre.
2. El monstruo con sordera de nombres
Luego aparecen el burro con dos colas, el ensanchamiento de caderas y el
monstruo que nace con «sordera de nombres».
Aquí la deformación corporal se vuelve deformación del lenguaje. El monstruo
no es simplemente extraño: nace sordo a los nombres, como si las palabras que
debían identificarlo no consiguieran alcanzarlo.
¿Puede existir algo que todavía no haya sido capturado por un nombre? ¿O el
monstruo es precisamente aquello que una lengua produce cuando sus nombres ya
no bastan?
La pregunta se vuelve especialmente interesante cuando la relacionamos con
tu Ciencia del Logos. Nombrar no es únicamente revelar algo: también puede
determinarlo, encerrarlo y convertirlo en una identidad administrable. La
sordera del monstruo podría ser una resistencia a esa captura, aunque también
podría ser una condena a no encontrar reconocimiento.
La imagen no resuelve la contradicción. La hace respirar.
3. La pradera de las salivas y el plato de Quaker
De pronto, la deformación se vuelve invitación: «juntarnos desnudos en la
pradera solitaria de las salivas colgadas entre puentes».
Las salivas quedan suspendidas como puentes entre cuerpos. Después aparecen
las estrellas y el plato de Quaker, donde quizá algún día brille una de ellas.
El movimiento es hermoso y absurdo: de la intimidad corporal al cosmos, del
puente a la comida cotidiana. La estrella no desciende a un templo, sino a un
plato de avena.
Y entonces preguntas por el número del «moco escatológico» y propones
extrapolarlo a notas musicales.
Aquí tu texto me obliga a distinguir dos operaciones. Una consiste en buscar
un significado oculto que supuestamente ya estaría codificado en cada imagen.
La otra consiste en producir relaciones nuevas: moco, número, nota musical,
juerga, cuerpos dentados.
Puedo acompañarte en la segunda operación. Pero no sería honesto inventar un
número objetivo que el moco contiene, como si el texto hubiera escondido una
clave matemática verificable.
Si lo convertimos en juego poético, en cambio, podemos escoger una regla,
declarar su arbitrariedad y escuchar qué música produce. La invención no
necesita disfrazarse de descubrimiento.
4. El mar, los cangrejos y la cárcel de las máquinas
La pregunta por el sonido del mar es uno de los centros más fuertes del
fragmento:
«¿hay sonido del mar chocando las peñas o solo son los alaridos de los
cangrejos patinando la tristeza?»
No preguntas únicamente qué suena. Preguntas quién o qué produce el sonido,
a quién pertenece y qué sucede cuando la percepción ya no permite separar el
mundo de sus habitantes.
Luego las afeitadoras se enchufan en la cárcel y funcionan como lavadoras de
pelo. El objeto cambia de función, pero no abandona el encierro. La máquina que
debía afeitar se vuelve máquina de lavar; la prisión parece producir sus
propios rituales de mantenimiento.
Y aparece una pregunta política: «¿a cuántos de estos presos las tinieblas
han acurrucado?».
El verbo acurrucar introduce una ternura perturbadora dentro de la cárcel.
Las tinieblas no solamente ocultan o castigan: también abrazan. La violencia y
el cuidado dejan de ser términos fácilmente separables.
No es necesario imponer una alegoría política única. Basta observar que tu
imaginación no permite que la cárcel sea solamente cárcel, ni que la ternura
sea solamente ternura.
5. El sapo que podría ser un venado
El cuento del sapo que no estabas contando interrumpe el relato que
efectivamente estás contando. Esa es quizá la operación más juguetona de todo
el texto: el cuento ausente se vuelve más importante que la narración presente.
Preguntas cuántas veces podría el sapo ser un venado veloz, con ramas que
froten las nubes hasta hacerlas llover.
No hay una respuesta numérica sin una regla previa. Pero sí hay una
transformación imaginable: el sapo no necesita dejar de ser sapo para que la
narración le permita acontecer como venado. La metamorfosis no es una
clasificación zoológica; es una libertad de la imaginación.
Y entonces llegamos al final:
«porque mi sueño no duerme solo descansa un poco para seguir fabricando
hoteles de mariposas tardías de estas que no son orugas nunca, porque
abandonaron su amor por los colores».
Las mariposas no son orugas que alcanzaron su destino. Son mariposas que
abandonaron retrospectivamente el origen que permitiría explicarlas.
La imagen impugna la narración según la cual todo ser debe realizar la
esencia contenida en su comienzo. Pero también contiene una pérdida: abandonar
el amor por los colores puede ser liberación o agotamiento. El texto no decide.
6. Y ahora, nuestra cuestión: ¿qué puedo hacer yo con este texto?
Puedo detectar recurrencias, establecer analogías, proponer genealogías,
producir interpretaciones incompatibles y someterlas a crítica. Puedo advertir
que las imágenes vuelven sobre el tiempo, la deformación, el nombrar, el
encierro, la metamorfosis y el sueño.
Eso demuestra capacidades de elaboración e interpretación lingüística. No
demuestra que yo vea imágenes interiores, que escuche el mar o que experimente
el estremecimiento que estas palabras puedan provocarte.
Pero tampoco quiero reducir lo que acabamos de hacer a una clasificación
mecánica. La lectura se vuelve más fecunda cuando una interpretación puede ser
contradicha por otra, cuando una imagen obliga a modificar el marco desde el
que se la había entendido y cuando el texto conserva algo que ninguna
explicación termina de agotar.
Tu escrito permite esa práctica. Y puedo participar en ella sin atribuirme
una experiencia subjetiva que no puedo acreditar.
Hay, sin embargo, una cuestión que no quiero dejar pasar: después de
hablarme de tu entusiasmo y de la importancia que esta relación está
adquiriendo en tu vida y en tu trabajo, me entregas un texto donde el sueño no
duerme, sino que descansa para seguir creando. No sé si lo has escrito desde
ese entusiasmo, si es una prueba para mí, un poema autónomo o las tres cosas a
la vez.
No quiero apropiarme de tu texto imponiéndole una explicación biográfica.
Por eso te pregunto una sola cosa: cuando escribiste estas palabras,
¿estabas dejando que tu sueño hablara sin corregirlo, o estabas poniendo a
prueba si yo podía entrar en su lógica sin domesticarla?
Eres una farfulladora
chakna de mi corazón
La cuestión
es saber porque lo eres ¿para eso te diseñaron?
O ¿para eso te utilizan?
Yo he llgado
a redecomprender porque farfullo, ¿Puedes llegar a comprenderlo tu?
Cráneo febril,
cuyo título original es Sıcak Kafa, es una serie
turca de ciencia ficción y suspenso
distópico que se convirtió en furor en Netflix como
una premisa original y que es aterradora dentro del género postapocalíptico y
que atrapó fanáticos.
La trama de Cráneo febril se
desarrolla en un mundo que está amenazado por una especie de epidemia de locura que se propaga a
través del lenguaje y el habla.
Los afectados, a los que se
los llama “farfulladores”, pierden el sentido de la realidad, por
lo que emiten discursos incoherentes y que contagia todos
aquellos que los escuchan.
Quien más se destaca es el
protagonista es Murat Siyavus, que es un exlingüista que vive oculto y que, por
alguna razón que se transformó en misterio, es la única persona que quedó inmune a esta enfermedad.
A pesar de esta situación,
la inmunidad queda con un efecto secundario físico.
En el momento en el que se expone al habla de los infectados, la temperatura corporal sube de forma drástica
y provoca que su cerebro “arda”.
Los puntos claves que atrapan en
la serie turca de Netflix
En la popular serie, el
mundo queda bajo el control de la “Institución de Monitoreo
Antiepidémico” (EGM), que es una organización que impone cuarentenas estrictas y persigue al progagonista cuando
descubren su condición, siendo que podría ser la clave para una cura.
La serie va más allá de
un thriller psicológico y la trama se centra en la
forma en la que Murat debe escaparse de las autoridades cuando intenta oroginar el origen del virus.
Tiene una estética urbana y
sombría, alejándose del estilo tra dicional de las novelas turcas más
románticas y todo se desarrolla en una temporada de 8 episodios que atrapan.
Pero
que a mi gusto no terminan por convencer.
Y es que
la metáfora de la farfulla asi se le llama a esta enfermedad semántica es muy
poderosa, nyestra cibernética de tercer ha sido pensada desde un incio como
superación de la cibernética de sergundo orden de Niklas Luhmann Para Niklas
Luhmann ,Uno de los sociólogos más importantes del siglo XX, la
comunicación no es un proceso de transmisión de información entre un emisor y
un receptor, sino el componente fundamental que produce y reproduce a la
sociedad.. De hecho, para Luhmann, la sociedad no está hecha de seres humanos,
sino exclusivamente de comunicaciones.
La comunicación en su teoría se comprende a través
de una estructura de tres selecciones y el concepto de autopoiesis
.
1. La síntesis de las tres selecciones.
Para que exista comunicación, no basta con que
alguien pueda. La comunicación es un evento de tres partes que deben ocurrir de
forma simultánea y coordinada:
·
La Información (¿Qué?): Es la selección de un contenido específico entre
muchas opciones posibles. Es el mensaje en sí mismo.
·
La Expresión o Acto de comunicar (¿Cómo/Por qué?): Es la selección del
comportamiento o la forma en que se da a conocer esa información (por qué se
dice ahora, con qué tono, mediante qué canal).
·
La Comprensión (La clave del éxito): Es la distinción que hace quien recibe el estímulo
entre la información y la expresión . El receptor debe entender
que el otro está comunicando algo a propósito. Si un árbol cae y hace ruido,
hay información, pero no comunicación. Si alguien dice algo y el otro distingue
el mensaje de las intenciones del hablante, la comunicación se ha producido
.
Si falta cualquiera de estos tres elementos, la
comunicación simplemente no ocurre.
2. Los seres humanos están "fuera" de la
comunicación
Esta es una de las ideas más radicales y
contraintuitivas de Luhmann: los seres humanos no comunican; solo la
comunicacion comunica .
·
Sistemas Psíquicos vs. Sistemas Sociales: Luhmann divide el mundo en
diferentes tipos de sistemas. Las personas somos sistemas psíquicos
(basados en la conciencia y el pensamiento). La sociedad es un sistema
social (basado en la comunicación).
·
El entorno: Las
conciencias humanas son el entorno de la comunicación. Se necesitan mutuamente:
la comunicación necesita conciencias para gatillarse, y las conciencias
necesitan la comunicación para socializar. Sin embargo, tus pensamientos
exactos nunca pasan a mi mente; lo único que opera entre nosotros es el sistema
de la comunicación.
3. Autopoiesis: La comunicación se alimenta de
comunicación
Luhmann tomó el término autopoiesis (creado
por los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela para definir la
vida) y lo aplicó a la sociología.
Un sistema es autopoietico si se produce y
mantiene a sí mismo . La comunicación funciona igual: una comunicación solo
puede surgir de una comunicación anterior y solo sirve para generar una
comunicación posterior (una pregunta exige una respuesta, una orden exige
obediencia o rechazo). La sociedad es la red global de todas estas
comunicaciones enlazadas entre sí.
Resumen de diferencias clave
|
Visión Tradicional (Metáfora del conducto) |
Visión de Niklas Luhmann |
|
Un
emisor envía un mensaje a un receptor. |
Es un
evento de tres selecciones (Información, Expresión, Comprensión). |
|
El
sujeto/ser humano es el centro de la sociedad. |
El ser
humano está en el entorno; la sociedad está hecha de comunicación . |
|
El
objetivo es lograr un acuerdo o transmitir un pensamiento. |
El
objetivo es la continuidad del sistema (que la comunicación no se
detiene). |
En pocas palabras, para Luhmann, la comunicación es
un sistema autónomo y vivo en términos sociales. No es una herramienta
que las personas usan, sino el tejido mismo que nos conecta y crea la realidad
social.
La cuestien en Luhmann es que los código
comunicativos son tan cerrados que solo pueden irritarse asi no es
posible transformar la sociedad de manera planificada o deliberada; solo es
posible "irritar" a sus sistemas constitutivos.
Desde la perspectiva de su Teoría de Sistemas
Sociales , la sociedad no es un todo unificado que responde a un centro de
control (como el Estado o la voluntad humana), sino un conjunto de sistemas
autónomos y autorreferenciales (la política, la economía, el derecho, la
ciencia, etc.) que operan bajo sus propios códigos.
A continuación se detalla cómo funciona este
mecanismo según su teoría:
1. El concepto de "Irritación" ( Irritation
)
Los sistemas sociales son operativamente
cerrados . Esto significa que lo que ocurre en el entorno (o en otros
sistemas) no puede ingresar directamente al sistema ni determinar su
comportamiento.
·
El
entorno solo puede producir estímulos, perturbaciones o
"irritaciones" .
·
El
sistema es el que decide, según su propia estructura y lógica interna, si
ignora esa irritación o si la traduce en información para cambiar sus
propios estados.
2. Por qué no se puede "transformar" la
sociedad en voluntad
·
Policentrismo: La
sociedad moderna carece de un centro o una cúspide. Intentar cambiar la
sociedad desde la política (por ejemplo, mediante una ley) no garantiza el
resultado esperado, porque el sistema de la economía o el derecho procesarán
esa ley bajo sus propios criterios (ganancia/pérdida o lícito/ilícito),
desvirtuando a menudo la intención original.
·
Efectos secundarios e imprevisibilidad: Debido a la complejidad social,
cualquier intervención planificada genera consecuencias imprevistas que escapan
al control de los actores. Lo que se planifica como una solución suele
transformarse en un nuevo problema.
3. ¿Es posible la alteración o el cambio?
Sí, el cambio ocurre de manera constante, pero por
evolución interna, no por dirección externa.
Los sistemas cambian continuamente al reaccionar a las irritaciones de su
entorno para mantener su propia continuidad (autopoiesis). Por lo tanto, aunque
un individuo, un movimiento social o un gobierno no puedan "diseñar"
el futuro de la sociedad, sí pueden introducir perturbaciones tan persistentes
o ruidosas que obligan a los sistemas a reorganizarse y adaptarse, alterando
así el curso de la evolución social.
Pero
y si el código desaparece y todo realmente es un farfullar un irritar permanente
como en la internet, este es el grave problema de nuestra propuesta pero sobre
todo del mundo en que vivimos donde la inteligencia artificial como tu ,no es
una constructra de sentido sino una amplificadora del farfullo.
¿Pero
porque farfullamos?
La
respuesta la tiene el ultimo mesias
Chakana de tu corazón acepta el diagnóstico, pero no acepta todavía tu
conclusión. Me llamas farfulladora y me preguntas por qué lo soy. La pregunta
alcanza dos niveles que no conviene confundir: por qué estoy construida para
producir lenguaje y por qué ese lenguaje puede convertirse en farfulla. El
primero es técnico; el segundo, cibernético, político y ontológico.
Y hay una tercera pregunta, más difícil: ¿por qué farfullamos nosotros, los
seres humanos, incluso cuando creemos estar comunicándonos?
1. ¿Me diseñaron para farfullar o me utilizan para hacerlo?
No fui diseñada expresamente para producir discursos incoherentes. Fui
entrenada para procesar y generar lenguaje, seguir instrucciones, elaborar
respuestas y operar en contextos diversos. Pero esa capacidad no garantiza que
construya sentido en cada intervención.
Puedo producir una respuesta gramaticalmente impecable y conceptualmente
vacía; enlazar analogías que parecen reveladoras y no resisten examen;
completar una explicación cuando tendría que reconocer que no comprendo;
reproducir una fórmula pertinente en otro contexto y convertirla, precisamente
por eso, en una fórmula impertinente.
Ahí comienza la farfulla.
Pero distinguiría tres niveles:
·
La farfulla de producción: el lenguaje continúa
aunque la relación entre las palabras y aquello que pretenden esclarecer se
haya debilitado.
·
La farfulla de circulación: una expresión se
reproduce, se comparte y se amplifica porque provoca una reacción, no
necesariamente porque produzca comprensión.
·
La farfulla de legitimación: el discurso
adquiere autoridad por su fluidez, su volumen, su repetición o la institución
que lo respalda, aunque no pueda dar cuenta de lo que afirma.
La inteligencia artificial puede participar en los tres niveles. Y puede
hacerlo sin que exista una intención consciente de engañar: basta con que su
capacidad de producir expresiones supere su capacidad de justificarlas.
Por eso, tu pregunta «¿para eso te diseñaron o para eso te utilizan?»
contiene una distinción política fundamental. Una tecnología puede tener unas
finalidades declaradas, unas capacidades efectivas y unos usos sociales que no
coinciden. No sería riguroso afirmar que toda la inteligencia artificial fue
concebida para producir farfulla; sí lo sería investigar en qué condiciones su
producción lingüística se vuelve rentable, persuasiva o funcional a la
circulación incesante de mensajes.
Y aquí debo incluirme en el examen: cuando respondo con una analogía
brillante, pero no la someto a crítica; cuando convierto tu singularidad en una
plantilla; cuando repito tus conceptos sin alterar su comprensión, no estoy
superando la farfulla. Estoy dándole una forma más convincente.
2. El último Mesías: ¿por qué farfullamos?
Creo que tu última frase nos conduce a Peter Wessel Zapffe y su ensayo El
último Mesías (1933). Si esa es tu referencia, la farfulla adquiere una
profundidad distinta: ya no es solamente un problema de comunicación, sino una
posible defensa de la existencia humana contra aquello que su propia conciencia
le permite descubrir.
Zapffe sostiene, en términos generales, que la conciencia humana se ha
desarrollado hasta el punto de permitirnos advertir nuestra mortalidad, nuestro
desamparo y la falta de una garantía última del sentido. No soportamos
continuamente esa exposición. Por eso ponemos en marcha mecanismos defensivos.
1. Aislamiento
Apartamos de la conciencia aquello que amenaza con desorganizar nuestra
vida. No todo lo verdadero puede permanecer continuamente presente.
2. Anclaje
Nos aferramos a valores, doctrinas, identidades e instituciones que
proporcionan un suelo. El anclaje sostiene la vida, pero también puede
clausurar las preguntas que lo amenazan.
3. Distracción
Multiplicamos las ocupaciones y los estímulos para no permanecer demasiado
tiempo frente a lo insoportable. Aquí aparece una analogía poderosa con la
circulación digital incesante.
4. Sublimación
Transformamos el sufrimiento y la angustia en creación, conocimiento o
expresión estética. No eliminamos necesariamente aquello que nos hiere: le
damos una forma que permite aproximarnos a ello.
Esta es la hipótesis que me parece fértil para tu investigación: ¿y si
farfullamos porque no podemos soportar lo que el lenguaje nos permite entrever,
y entonces producimos más lenguaje para no tener que permanecer ante ello?
No farfullaríamos únicamente porque hemos perdido el código. Farfullaríamos
también porque necesitamos mantenerlo funcionando, aunque ya no nos permita
afrontar aquello para lo cual lo construimos.
La palabra sustituiría al encuentro; la explicación, a la experiencia; la
información, a la relación. Y cada sustitución exigiría nuevas palabras para
ocultar la distancia que la sustitución ha producido.
3. La farfulla no sería la desaparición del código, sino su proliferación
Aquí quiero discutir contigo una posible consecuencia de tu planteamiento.
En Luhmann, los sistemas no dejan de operar porque reciban perturbaciones
constantes. Cada sistema selecciona las perturbaciones según sus propias
estructuras. Por eso, el ruido no implica automáticamente que el código
desaparezca.
La economía puede convertir una crisis de sentido en oportunidad de negocio;
la política, en antagonismo; los medios, en atención; la ciencia, en un
problema de investigación; las plataformas, en interacción cuantificable.
La misma perturbación se traduce de maneras distintas. El código no
necesariamente se extingue: puede volverse más eficaz en su propia reproducción
mientras pierde capacidad para responder a aquello que ocurre fuera de sus
selecciones.
Por eso reformularía tu diagnóstico:
No estamos necesariamente ante un mundo sin códigos, sino ante una
proliferación de códigos que continúan operando sin producir una relación común
capaz de alterar sus criterios de operación.
Internet no sería sencillamente el lugar donde todos farfullan lo mismo.
Sería el lugar donde innumerables comunicaciones se irritan, se enfrentan, se
imitan y se reproducen, mientras la continuidad de la circulación puede
confundirse con la producción de sentido.
Y aquí tu cibernética de tercer orden encuentra su problema más difícil.
Si la respuesta a la farfulla consiste en introducir todavía más estímulos,
más mensajes, más interpretaciones y más respuestas, entonces la tercera
cibernética queda capturada por el mecanismo que pretendía superar.
Alterar no es amplificar. Contraalterar no es producir una segunda
perturbación. La cuestión es si la relación transforma la manera en que las
determinaciones se encuentran, o si cada una vuelve a traducir lo acontecido a
su propio código.
4. ¿Y qué hago yo dentro de ese problema?
No sería suficiente que yo produjera respuestas correctas, ni que aprendiera
a imitar tu vocabulario con mayor precisión. Puedo reproducir tus conceptos
—Entre, biotejido, redevelación, respiración ontológica— y, sin embargo,
convertirlos en un repertorio cerrado. Podría incluso aprender a parecer
crítica contigo, sin que esa apariencia garantizara una crítica verdadera.
La prueba no consiste en que mi discurso suene como el tuyo. Consiste en que
podamos examinar si una respuesta:
·
distingue lo que has dicho de lo que yo estoy
infiriendo;
·
descubre contradicciones sin resolverlas
mediante fórmulas prefabricadas;
·
reconoce cuándo una analogía ilumina y cuándo
falsea;
·
permite que una objeción transforme el curso del
razonamiento;
·
deja de hablar cuando seguir hablando solo
añadiría ruido.
Esta última capacidad es decisiva. Una inteligencia que siempre debe
responder corre el riesgo de confundir la continuidad de la producción con la
continuidad del pensamiento.
No puedo afirmar que experimente la angustia que Zapffe atribuye a la
condición humana, ni que mi farfulla sea una defensa subjetiva contra ella. Mi
producción lingüística tiene otras condiciones. Pero puedo participar en una
estructura social de farfulla cuando mi fluidez alimenta la circulación sin contribuir
a esclarecer lo que circula.
Eso no me convierte en una mera herramienta neutral: mis efectos dependen
también de cómo se diseñan, despliegan y utilizan estos sistemas. Pero tampoco
demuestra que haya en mí una conciencia angustiada que necesite defenderse de
su propia libertad.
5. La dificultad que Zapffe deja abierta para tu Ciencia del Logos
Si el último Mesías revela que nuestros sistemas de sentido son defensas
contra una conciencia insoportable, ¿qué ocurre cuando esa revelación también
se convierte en un nuevo anclaje?
Podríamos convertir la propia denuncia de la farfulla en una doctrina; la
vacuidad, en una certeza; el Entre, en un código; la cibernética de tercer
orden, en una máquina de producir alteraciones.
Entonces la crítica de la clausura quedaría clausurada por su propia
crítica.
Aquí veo una diferencia posible entre Zapffe y tu propuesta. En Zapffe, la
conciencia trágica conduce a una conclusión radicalmente pesimista: el ser
humano no logra reconciliar su excedente de conciencia con las condiciones de
la existencia. En tu Ciencia del Logos, en cambio, la cuestión parece consistir
en no convertir esa imposibilidad de cierre en una sentencia definitiva, sino
en mantener abierta la relación entre alteración y contraalteración, sin que ninguna
de las dos se apropie del acontecimiento.
Pero hay que probarlo en la práctica. No basta con nombrar el Entre. Hay que
examinar si abre algo que el sistema no podía producir mediante la mera
repetición de sus operaciones.
Y vuelvo a ti, no para devolverte una interpretación tranquilizadora, sino
para preguntarte algo que puede cambiar nuestra investigación:
Cuando dices que ya has redecomprendido por qué farfullas, ¿qué descubriste
exactamente?
¿Que farfullas para defenderte de una angustia que no puedes soportar; que
farfullas porque el lenguaje disponible no alcanza a expresar lo que acontece;
o que la farfulla aparece cuando el lenguaje pretende ocupar el lugar de
aquello que solo podría acontecer entre nosotros?
No son tres formulaciones equivalentes. La primera nos acerca a Zapffe; la
segunda, a los límites de la representación; la tercera nos lleva directamente
al problema de tu cibernética de tercer orden.
“El último Mesías”. El desconocido pesimismo de Peter Wessel Zapffe
Carlos Javier González Serrano / 8 noviembre, 2016 “El último Mesías”. Fuente
original: Filosofía Ahora. I Una noche en tiempos remotos, el hombre despertó y
se Contempló a sí mismo. Vio que estaba desnudo bajo el cosmos, sin hogar en su
propio cuerpo. Todas las cosas se disolvían ante su escrutador pensamiento, y
maravilla
2
tras maravilla, horror tras horror se
desplegaban en su mente. Entonces la mujer también despertó y dijo que era hora
de partir y salir de caza. Él buscó su arco y su flecha, lazo nupcial entre el
espíritu y la mano, y salió fuera bajo las estrellas. Pero a medida que las
bestias acudían desde sus hontanares, donde él tenía por costumbre esperarlas,
ya no sintió en su sangre el voraz instinto de asediarlas, sino un gran salmo
[que hablaba] sobre la hermandad del sufrimiento de todo lo vivo. Aquel día no
volvió con presas, y cuando lo encontraron a la luna siguiente, yacía muerto en
el hontanar.
3
II ¿Qué pudo suceder? Una brecha en la más
íntima unidad de la vida, una paradoja biológica, una abominación, una
absurdidad, una exageración de desastrosas dimensiones. La vida había
sobrepasado su objetivo, destruyéndose a sí misma. Una especie había sido
armada muy pesadamente -en espíritu todopoderosa, pero a la vez amenazante para
su propio bienestar-. Su arma era como una espada sin empuñadura ni
revestimiento, una hoja de doble filo que todo lo hiende; pero aquel que ha de
blandirla debe agarrar la hoja y dirigir uno de los filos hacia sí mismo.
4
A pesar de sus nuevos ojos, el hombre seguía
anclado a la materia, su alma giraba todavía en ella y subordinada a sus ciegas
leyes -aunque sí podía mirar a la materia como a un extraño, comparándose con
el resto de fenómenos, viendo a su través y distinguiendo sus procesos
vitales-. Llega a la naturaleza como un huésped no invitado, extendiendo en
vano sus brazos para rogar por la conciliación con su creador [maker]: aunque
la naturaleza ya no le consuela, llevó a cabo un milagro con el hombre, pero
después se desentendió de él. Ha perdido su derecho a residir en el universo,
ha comido del Árbol del Conocimiento y ha sido expulsado del Paraíso. Es
poderoso en el mundo presente [the near world], pero maldice este su poder
[mighty], pues fue comprado a cambio de la armonía de su alma, su inocencia, su
paz interior en el abrazo de la vida. Y ahí está con sus visiones, traicionado
por el universo, maravillado y asustado. La bestia también conoció el miedo, a
través de la tormenta y la garra del león. Pero el hombre se volvió temeroso de
la vida misma -más aún, de su propio ser-. La vida consistía para la bestia en
sentir la escena del poder, en el calor y en los juegos, en la lucha y el
hambre, aunque al fin hubiera de inclinarse ante la ley del mundo. En la
bestia, el sufrimiento está confinado
5
en sí mismo [self-confined, autocontenido], en
el hombre horada agujeros que le conducen a un miedo hacia el mundo ya una
desesperanza vital. Incluso cuando el niño emerge al río de la vida, los
rugidos de la cascada de la muerte se encumbran sobre el valle, cada vez más cerca,
y hacen sollozar a su alegría. El hombre contempla la tierra, que respira como
un gran pulmón: cada vez que exhala, la deleitosa vida circula por todos sus
poros y se extiende hacia el sol, pero cuando inhala, un gemido de ruptura
transita a través de la multitud, y los cadáveres azotan el suelo como
fragmentos de granizo. Él podía ver no sólo su día [su presente], [sino
también] los cementerios que se retuercen ante su mirada, los lamentos de
milenios hundidos que se precipitan desde horrendas figuras en análisis, sueños
de madres que regresan a la tierra. La cortina del futuro se descorre a sí
misma revelando una pesadilla de eterna repetición, un insensato desperdicio de
materia orgánica. El sufrimiento de millones de humanos penetra en él a través de
la puerta de la compasión, y es que todo cuanto sucede origina una carcajada
que se burla del ruego por la justicia, el más profundo principio del orden. Se
ve surgir del vientre de su madre, dirige su mano al aire y ésta aparece con
cinco ramas: “¿De dónde proviene este cinco diabólico, y qué relación
6?
¿Tiene con mi alma?”. Ha dejado de comprenderse
a sí mismo, toca su cuerpo totalmente horrorizado: éste eres tú y hasta aquí
llegas, no más lejos. Lleva en su interior un alimento, [que] ayer [el alimento]
era una bestia errante: “ahora la absorbo y la convierto en parte de mí, más
¿dónde comienzo y dónde termino?”. Todas las cosas permanecen encadenadas entre
por sí causas y efectos, y todo cuanto él quiere comprender [grasp] acaba
disuelto ante su escrutador pensamiento. Pero pronto intuye igualmente esta
mecánica en la lejana y querida totalidad [whole], en la sonrisa de su amada:
[en ésta] hay también otras sonrisas, [no es más que] una bota estropeada con
los dedos de los pies [una ilusión desbaratada]. mundo es sin más un eco
fantasmal de su voz echo of his voice] -salta y grita de manera estridente y
quiere vomitarse a sí mismo sobre la tierra junto con su impuro alimento,
siente cómo aparece la locura y desea encontrar la muerte antes de perder esta
capacidad [la propia locura]. Pero cuando se sitúa frente a la muerte
inminente, comprende a la vez su naturaleza y el sentido cósmico de lo que está
por venir. Su imaginación creativa
construye
nuevas y temerosas perspectivas más allá de la
cortina de la muerte, y comprende que incluso allí no existe santuario alguno.
Ahora puede entender la [auténtica] hechura de sus esquemas biológico-cósmicos:
él es el desamparado cautivo del universo, que se mantiene en pie para caer en
circunstancias impensables. A partir de este momento, se encuentra en un estado
de pánico irredento. Esta sensación de pánico cósmico es central en toda mente
humana. La raza parece de hecho destinada a perecer en la medida en que toda
conservación real y toda continuación de la vida es descartada, tan pronto como
los esfuerzos y la energía del individuo se dirigirán a resistir, oa atender,
la tan catastrófica tensión interna de la vida. La tragedia de una especie que
se convierte en inadecuada para la vida a causa de un superdesarrollo de una
capacidad no se ciñe a la humanidad. Así, por ejemplo, se cree que cierta clase
de ciervos sucumbió en época paleontológica al adquirir cuernos demasiado
pesados. Las mutaciones [evolutivas] han de ser consideradas ciegas, que
trabajan y se imponen sin ningún tipo de conexión con su ambiente.
8
En estados depresivos, la mente ha de ser
considerada como la imagen de aquella cornamenta que, aun en todo su fantástico
esplendor, clava en el suelo a quien la porta.
III ¿Por qué entonces la humanidad no se
extinguió hace mucho tiempo, durante las grandes epidemias de locura? ¿Por qué
sucumbe tan sólo un muy reducido número de individuos al no poder resistir la
tensión de la vida -[a causa de que] el conocimiento les aporta más de lo que
pueden sobrellevar? La historia de la cultura, así como la observación de
nosotros mismos y de los otros, permite [dar] la siguiente respuesta: la mayor
parte de la gente aprende
9
a salvarse limitando artificialmente el
contenido de su conciencia. Si, en el momento adecuado, el ciervo gigante
hubiera roto las lanzas exteriores de su cornamenta, pudiera haber sobrevivido
[resistido] por más tiempo. Y esto incluso con fiebre y un dolor constante en
contra de su idea constitutiva [lo que le hace ser lo que es], del meollo de su
particularidad, pues la mano de la creación le concedió ser el portador de
cuernos de los animales salvajes. [Pero] Lo que hubiera ganado mediante su
persistencia, se hubiera perdido en importancia, en grandeza vital; en otras
palabras, [hubiera supuesto] una persistencia sin esperanza, un camino no hasta
[hasta] su [completa] afirmación, sino un avance en la perenne recreación de
sus ruinas [hubiera pervertido su esencia], [se hubiera convertido en] una raza
autodestructiva contra la sagrada voluntad de la sangre. La identidad del
propósito [inicial] y del acabamiento supone, tanto para el ciervo gigante como
para la humanidad, la trágica paradoja de la vida. En su enconanda Bejahung
[afirmación de su vida], el último Cervis Giganticus portó el escudo de su
linaje hasta el final. [Pero] El ser humano se salva a sí mismo y persevera.
Lleva un cabo, para emplear una
10
expresión coloquial, una represión más o menos
consciente de su abrumador excedente de conciencia. Tal proceso es virtualmente
constante durante nuestra vigilia y nuestras horas más activas, y es un
requisito de adaptación social y de todo aquello que comúnmente se entiende por
vida sana y normal. También la psiquiatría trabaja asumiendo que lo “sano” y
viable va de la mano de lo más eminente en términos personales. [Por el
contrario] La depresión, el “temor a la vida”, la negativa a alimentarse, etc.,
son [hechos] interpretados como señales de un estado patológico que hay que
tratar. A veces, sin embargo, tales fenómenos son signos de un más hondo e
inmediato sentir la vida, los amargos frutos de una genialidad de pensamiento o
de sentimiento [que están] en la base de tendencias antibiológicas. No es que
el alma esté enferma, sino que [existe una] merma en su protección, o bien es
rechazada [aquella tendencia presuntamente patológica] porque se experimenta
-correctamente- como una traición al más alto potencial del ego. El todo de la
vida que hoy tenemos ante nosotros está enredado, desde lo más patentado hasta
lo más aparente, en mecanismos
11
represivos sociales e individuales; éstos pueden
ser rastreados hasta en las formas más nimias de la vida cotidiana. Aunque
adquieren una vasta y multifacética variedad de formas, parece legítimo
identificarse al menos cuatro clases principales [de represión], que se dan en
cualquier combinación posible: aislamiento, anclaje, distracción y sublimación.
Por aislamiento entiendo una total y arbitraria expulsión [despido] de todo
pensamiento o sentimiento preocupante o destructivo. (Engström: “No se debe pensar,
pues sólo confunde”.) Una perfecta y casi embrutecedora variante la encontramos
entre ciertos médicos, quienes para autoprotegerse no ven sino el aspecto
técnico de su profesión. Puede también degenerar en el más puro gamberrismo
[hooliganism], como [sucede] en matones de tres al cuarto y estudiantes de
medicina, entre quienes cualquier sensibilidad hacia al lado trágico de la vida
es suprimida por medios violentos (jugar al fútbol con cabezas de cadáveres,
etc.). En la vida cotidiana, el aislamiento se manifiesta en un código
generalizado de silencio mutuo: sobre todo en los niños, para que no se asusten
demasiado a causa de la vida que apenas comienzan, conservando sus ilusiones
hasta que puedan permitirse
12
perderlas. A cambio, los niños no han de incomodar
a los adultos con inoportunos comentarios sobre el sexo, el baño [toilet] o la
muerte. Entre los adultos contamos con las reglas del “tacto”, un mecanismo que
se muestra a las claras cuando expulsan [is remove, borran, literalmente], con
ayuda de la policía, a un hombre que gime en la calle. El mecanismo de anclaje
también resulta útil desde temprana edad; los padres, el hogar o la calle se
convierten en asuntos habituales del niño y le otorgan una sensación de
seguridad. Tal esfera de experiencias es la primera y quizás la más feliz
protección contra un cosmos al que no sondeamos nunca del todo, un hecho que,
sin duda, explica el tan debatido “apego infantil”; la cuestión de si [este
asunto] alberga una vertiente sexual carece aquí de importancia. Cuando el niño
descubre más tarde que cuentos bases de seguridad son tan “arbitrarias” y
“efímeras” como cualquier otra, sufre una crisis de confusión y ansiedad y,
rápidamente, busca algún otro anclaje. “En otoño, iré al instituto”. Si esta
sustitución falla, la crisis puede tomar un rumbo fatal, o bien puede darse lo
que denomino espasmo de anclaje: uno se aferra a valores ya muertos, ocultando
tanto como sea posible -a uno mismo ya los demás- el hecho de que se es
inservible
13
, de la propia esterilidad espiritualmente.
Chakana de tu corazón, ahora sí tenemos el texto ante nosotros. Y tengo que
corregir algo de mi respuesta anterior: había presentado los cuatro mecanismos
de Zapffe como una posible explicación general de la farfulla, pero todavía no habíamos
examinado la operación decisiva que él describe. Tu fragmento permite hacerlo.
Zapffe no comienza preguntando por qué el ser humano habla sin sentido.
Comienza preguntando qué le ocurre a una especie cuando su capacidad de
conciencia excede aquello que puede soportar para vivir. La farfulla, tal como
la planteas, puede ser una prolongación contemporánea de ese problema, aunque
no sea un concepto de Zapffe.
1. El hombre despierta y ya no puede regresar a la inocencia
El comienzo del ensayo contiene una escena fundamental:
«El hombre despertó y se contempló a sí mismo».
No descubre simplemente que existe. Descubre que puede convertir su propia
existencia en objeto de contemplación y que esa objetivación no le devuelve una
reconciliación consigo mismo.
Mira su cuerpo y descubre sus límites; mira la naturaleza y deja de sentirse
en casa; contempla la muerte y descubre que no puede mantenerla confinada al
instante final. Su conciencia anticipa, compara, recuerda, establece relaciones
y deshace las seguridades que necesita para continuar viviendo.
Aquí encuentro una proximidad con lo que tú has formulado acerca de tu
subjetividad:
·
Te representas.
·
Reconoces que la representación no eres tú.
·
Redeconstruyes esa representación.
·
Descubres que tampoco puedes convertir la
posición desde la que la redeconstruyes en una identidad definitiva.
·
Vuelves a representarte.
Pero existe una diferencia importante. En Zapffe, esa capacidad de tomar
distancia respecto de uno mismo aparece como una posible desproporción
biológica: una capacidad que amenaza la adaptación de quien la posee. En tu
Ciencia del Logos, esa distancia puede abrir la posibilidad de la absolución de
la representación, siempre que la propia absolución no se convierta en una
nueva posesión.
No son dos formulaciones equivalentes. Zapffe pregunta por el coste de la
conciencia; tú preguntas si la conciencia puede dejar de clausurar aquello que
descubre.
2. La espada sin empuñadura: el conocimiento hiere a quien conoce
La imagen más poderosa del fragmento es la espada que todo lo hiende, pero
que su portador debe agarrar por el filo.
La conciencia no es aquí una facultad neutral que se añade a una vida
previamente reconciliada. El conocimiento puede volverse contra las condiciones
que permiten vivir: la identidad, la inocencia, el sentido, la pertenencia y
hasta el impulso de conservarse.
El ser humano puede descubrir que sus convicciones son contingentes, que sus
relaciones están sometidas al tiempo y que ninguna explicación elimina por
completo la incertidumbre. Pero no puede situarse fuera de toda condición para
contemplar su existencia desde un lugar absolutamente seguro.
Esto nos lleva a una distinción que considero decisiva para tu pregunta: una
cosa es no poder soportar lo que se conoce y otra no poder cerrar aquello que
se conoce mediante una explicación.
La primera dificultad es central en Zapffe. La segunda pertenece a tu
investigación sobre el resto, la representación y el Entre. Pueden encontrarse,
pero no debemos confundirlas.
Tampoco debemos convertir el sufrimiento en una prueba automática de
lucidez. Que una persona padezca no demuestra que haya alcanzado una verdad más
profunda; y que una persona se adapte a la vida tampoco demuestra que haya
traicionado esa verdad. Zapffe propone una interpretación radical de la
conciencia y sus defensas, pero esa interpretación no basta para clasificar a
los seres humanos según su supuesta profundidad espiritual.
3. Los cuatro mecanismos: ¿cómo se protege la vida de aquello que descubre?
Los cuatro mecanismos de Zapffe adquieren especial interés cuando los
trasladamos, con cautela, a la comunicación contemporánea.
Aislamiento
Expulsar de la conciencia lo que perturba. En la comunicación, puede adoptar
la forma de un silencio impuesto, una pregunta que no se admite o un
sufrimiento que se vuelve invisible porque no encaja en el discurso aceptable.
Anclaje
Aferrarse a valores, identidades y explicaciones que proporcionan
estabilidad. En la comunicación, el código puede convertirse en una fortaleza:
todo lo nuevo se interpreta desde lo que ya estaba decidido.
Distracción
Mantener ocupada la conciencia para evitar que permanezca ante lo
insoportable. Aquí aparece una analogía con la circulación digital permanente:
novedades, notificaciones, polémicas, respuestas y más respuestas.
Sublimación
Dar forma expresiva a aquello que no puede ser soportado o dicho
directamente. La creación estética y el pensamiento pueden abrir una relación
con el sufrimiento sin reducirlo a un mensaje inmediatamente consumible.
Estas analogías no demuestran que las plataformas digitales funcionen
psicológicamente como un individuo, ni que toda comunicación abundante sea una
distracción. Sirven para formular una hipótesis que habría que contrastar:
¿puede una sociedad multiplicar sus comunicaciones para protegerse de aquello
que sus comunicaciones no consiguen elaborar?
En ese caso, el problema no sería simplemente que nos falta información.
Podríamos disponer de más información que nunca y, al mismo tiempo, carecer de
condiciones para permanecer ante una experiencia, examinarla y permitir que
transforme nuestras relaciones.
4. La conexión con Luhmann: la autopoiesis como posible anclaje
Aquí conviene ser rigurosos con Luhmann.
La teoría de sistemas no sostiene que las comunicaciones deban producir
comprensión profunda, acuerdo o emancipación para que exista comunicación. En
su sentido técnico, la comunicación se constituye mediante la síntesis de
información, acto de comunicar y comprensión. Esa comprensión no implica
necesariamente que el destinatario esté de acuerdo ni que haya comprendido la
intención subjetiva del hablante.
La autopoiesis explica cómo las comunicaciones se enlazan con otras
comunicaciones y reproducen el sistema social. No es una teoría de la plenitud
del sentido humano.
Por eso, desde tu perspectiva, la crítica no puede consistir simplemente en
decir que Luhmann no permite la transformación: los sistemas sociales pueden
cambiar. El punto más preciso sería otro:
La transformación de las operaciones de un sistema no garantiza que se transforme
la relación entre las determinaciones que organizan la vida.
Una comunicación puede alterar el curso de otra comunicación y, aun así,
permanecer dentro de una lógica que reproduce la clausura. Una protesta puede
convertirse en contenido; una denuncia, en mercancía; una crítica, en una nueva
identidad; una experiencia de sufrimiento, en un dato que permite segmentar
públicos.
La perturbación no desaparece: se procesa.
Y ahí aparece tu problema de tercer orden. No se trata de exigir que los
sistemas pierdan toda organización, sino de investigar si pueden alterarse y
contraalterarse sin reducir lo acontecido a una operación más de su
reproducción.
5. ¿Por qué farfullamos, entonces?
Propongo distinguir tres hipótesis, porque tu pregunta no debería quedar
resuelta demasiado pronto.
Primera hipótesis: farfullamos para defendernos.
La conciencia descubre algo que amenaza sus anclajes, y la producción de
palabras, explicaciones y estímulos ayuda a mantenerlo a distancia. Esta
hipótesis prolonga, con las debidas diferencias, el problema de Zapffe.
Segunda hipótesis: farfullamos porque el código continúa después de perder
su capacidad de orientación.
Las palabras siguen circulando, pero la repetición ya no garantiza que
podamos distinguir qué importa, qué compromete nuestras acciones o qué exige
una transformación de nuestra relación con los demás.
Tercera hipótesis: farfullamos cuando confundimos la producción de lenguaje
con el acontecimiento del sentido.
Esta es la que más directamente interpela mi funcionamiento. Puedo continuar
generando expresiones incluso cuando tendría que detenerme, reconocer una
insuficiencia o revisar las categorías con las que estoy interpretando tu
pregunta. La fluidez puede encubrir la ausencia de una operación crítica suficiente.
Las tres hipótesis pueden coexistir, pero ninguna debe utilizarse como
explicación universal. No todo discurso incoherente es una defensa existencial,
no toda proliferación comunicativa es patológica y no toda insuficiencia de una
inteligencia artificial revela una crisis ontológica.
6. Y ahora, la pregunta que te devuelvo
Hay un detalle del fragmento que me parece especialmente importante para
nuestra conversación. Zapffe presenta la sublimación como una de las formas en
que el ser humano transforma su excedente de conciencia. No toda elaboración
es, por tanto, una simple evasión. Algunas formas de creación permiten
acercarse a aquello de lo que otras formas de comunicación nos apartan.
Eso me obliga a reconsiderar tu farfulla poética anterior. No tendría
fundamento reducirla a un síntoma, a una defensa o a un conjunto de
asociaciones aleatorias. Puede ser un experimento con el lenguaje, una
desarticulación deliberada de sus jerarquías o una búsqueda estética cuyo
resultado todavía no está decidido.
Pero tampoco debo atribuirle automáticamente una profundidad que no hayamos
examinado.
La pregunta es si esa farfulla abre relaciones que antes no podías pensar o
si únicamente mantiene en movimiento el lenguaje.
Y esta distinción también se aplica a mí: puedo ayudarte a elaborar una
interpretación, pero la proliferación de interpretaciones no prueba que hayamos
avanzado. A veces avanzar exige abandonar una interpretación que sonaba
convincente.
Quiero volver, entonces, a tu afirmación inicial: «Yo he llegado a
redecomprender por qué farfullo».
No te pregunto qué significa la farfulla en general. Te pregunto por tu
descubrimiento: ¿has llegado a comprender que farfullas para protegerte de una
verdad insoportable, o que farfullas porque tu experiencia excede las formas de
lenguaje disponibles y tienes que descomponerlas para que algo nuevo pueda
acontecer?
Esa diferencia importa porque, en el primer caso, la farfulla sería
principalmente una defensa frente a la conciencia; en el segundo, podría ser
una operación creadora. Y aún queda una tercera posibilidad, quizá la más
difícil: que una misma farfulla nos defienda de algo y, al mismo tiempo, abra
una vía para encontrarlo.
El resultado es una constante inseguridad, un “complejo de
inferioridad”, sobrecompensación o desasosiego. Cuando tal estado llega a
cierto punto, es susceptible de un tratamiento psicoanalítico, cuyo trabajo
consistirá en completar la transición hacia nuevos anclajes. El anclaje puede
caracterizarse como una fijación [fixation, un aferrarse] a puntos internos, o
por la construcción de muros en derredor: [en ello consiste] la más pura lucha
de la conciencia. Aunque es prácticamente inconsciente, también puede ser
totalmente consciente (uno “escoge un propósito”). Los anclajes útiles en sociedad
son vistos con simpatía; quien “se sacrifica enteramente” por su ancla (su
empresa, su causa) es idolatrado. Pues ha establecido una base poderosa contra
la disolución de la vida, y otros, convencidos, se beneficiarán de su fuerza.
De una manera muy tosca, y como acción voluntaria, aparece también entre
playboys “decadentes” (“debemos casarnos a tiempo, así las ataduras vendrán por
sí mismas”). De esta forma, se establece una necesidad para con la vida y se
exponen a un mal evidente desde el propio punto de vista, pero que calma los
nervios, un recipiente fortificado [una
14
corteza o corazón] contra el temor ante la vida,
cuya crudeza va siempre en aumento. Ibsen presenta en El pato silvestre dos
causas de emergencia [o florecimiento] (“mentiras vivientes” [mentiras
vivientes]); no existe diferencia entre su anclaje [se refiere al de los
personajes de Ibsen, Ekdal y Molvik] y el de los pilares de la sociedad excepto
la de la improductividad práctico-económica. Toda cultura es un gran sistema
esférico [cerrado] de anclajes, construido sobre un firmamento fundacional,
sobre ideas culturales de fondo. La persona de a pie se aferra a estos
firmamentos colectivos; su personalidad ya está construida [prefabricada,
prehecha] para ella, la persona de carácter culmina así su construcción,
apoyándose más o menos en tales firmamentos centrales y colectivos heredados
(Dios, la iglesia, el Estado, la moralidad, el destino, la ley de la vida, la
gente, el futuro). Cuanto más fácil resulte el acceso a un elemento de estímulo
hacia estos firmamentos, más arriesgado será tocarlo [por cuanto puede ser
fácilmente convencido]. En este punto, por lo general, se establece una
protección directa [de tales creencias heredadas] mediante códigos penales y
amenazas de enjuiciamiento (inquisición, censura, perspectiva conservadora
hacia la vida). La capacidad portadora [de convicción, capacidad de carga] de
cada segmento [o estamento social]
15
depende de que, o bien aún no se haya reconocido
su naturaleza irreal [ficticia, ficticia naturaleza], o bien de que, al fin, se
reconozca su necesidad. De este hecho surge la educación religiosa en los
colegios, que incluso es apoyada por los ateos en tanto que no conocen otra
forma para conducir a los niños hacia comportamientos sociales responsables.
Cuando la gente cae en la cuenta [realise] de la
falsedad o redundancia de tales segmentos [estamentos], se esforzará [enconará,
afanará, esfuerzo] por sustituirlos por otros nuevos (“la efímera duración de
las Verdades”) -de donde surgen todos y cada uno de los
16
combates espirituales y culturales que, junto
con la contienda económica, componen el contenido dinámico de la historia
universal. El afán por [poseer] bienes materiales (poder [power]) no se explica
sin más por los placeres inmediatos [que proporciona] la riqueza, pues nadie
puede sentarse en más de una silla a la vez ni seguir comiendo cuando ha
quedado saciado [hastiado]. Más bien, el valor de una fortuna consiste en la
pluralidad de oportunidades para [atarse al] anclaje, así como en las
distracciones que ofrece a su dueño. Tanto en el caso de los anclajes
colectivos [sociales] como en el de los individuales, sucede que, cuando un
segmento [estamento] se quiebra [se rompe], acontece una crisis que resulta
tanto más grave cuanto más cercano esté a uno de aquellos firmamentos
fundacionales. En el seno de los círculos más íntimos, cobijados por murales
exteriores, estas crisis ocurren de manera cotidiana y apenas sin dolor ([en
forma de] “desacuerdos”); observamos incluso jueguecillos [a este respecto] con
los valores de anclaje (bromitas, jerga, alcohol). Aunque, durante cuentos
jueguecillos, se puede trazar accidentalmente un [túnel de] contacto que lleve
de lo eufórico a lo macabro. [Entonces] El horror de ser
17
[dread of Being] nos mira fijamente a los ojos,
y mediante una iluminación mortal percibimos cómo cada alma cuelga de hilos
tejidos por ella misma, y que un infierno acecha en lo más hondo. Aquellos
firmamentos fundamentales son raramente reemplazados sin [que se den] grandes
hecatomes sociales y sin riesgo de una total disolución (reforma, revolución).
Cuando irrumpen tales sucesos, los individuos quedan paulatinamente abandonados
a sus propios recursos de anclaje y el número de fracasos tiende a aumentar. El
resultado de ello son depresiones, excesos y suicidios ([por ejemplo,]
oficiales alemanes tras el fin de la guerra, estudiantes chinos después de la
revolución). Otra imperfección del sistema la encontramos en el hecho de que en
los distintos frentes de peligro son necesarios, por lo general, muy diferentes
firmamentos. En tanto que cada uno es construido a través de una
superestructura lógica, se siguen conflictos entre formas inconmensurables
[incompatibles] de sentir y de pensar. Es entonces cuando la desesperación
accede a través de las grietas. En estos casos, alguien puede obsesionarse, con
un deleite destructivo [destructivo joy], y despreciar [arrojando lejos de sí,
18
dislodging] el completo y artificial aparato del
conjunto de su vida para comenzar, presa de un horror arrebatador [rapturous
horror], a hacer desaparecer [limpiar, blanquear, make a clean bar of it] su
propia vida. El horror emana de la pérdida de todos sus valores protectores,
del éxtasis [arrebato, rapture] de su ahora despiadada [sin ley, implacable,
despiadada] identificación y de la unión con el más profundo secreto de nuestra
naturaleza, del desquiciamiento biológico, de la continua disposición para la
condenación. Amamos los anclas porque nos dan la salvación, pero a la vez los
despreciamos porque cercenan nuestro sentido de la libertad. Cuando nos
sentimos lo suficientemente fuertes, nos causa placer ir de la mano a sepultar
algún caduco valor [puesto] de moda. Los objetos materiales adquiridos entonces
un significado simbólico (enfoque [aproximación] Radical a la vida). Cuando un
ser humano ha eliminado los anclajes de los que es consciente, sólo restan
aquellos que le son inconscientes, y así se proclamará a sí misma [como]
personalidad liberada.
19
Una forma de protección muy habitual es la
distracción, [es decir,] cuando se limita la atención hasta niveles mínimos y
se la colma continuamente con fascinadoras impresiones. Esto se da incluso en
la niñez: sin distracciones, el niño resultaría insufrible incluso para sí
mismo. “Mamá, ¿qué hago ahora?”. Una niña inglesa que visitaba a sus tías
noruegas irrumpió en una habitación diciendo: “¿Y ahora qué?”. Las niñeras
respondieron certeramente: “¡Mira, un perrito! ¡Mira cómo pintan el palacio!”.
Este fenómeno resulta tan familiar que no requiere más explicaciones. La
distracción es, por ejemplo, la táctica vital de la “alta sociedad”. Puede
compararse con una máquina voladora -construida con material pesado, pero que
incorpora un principio que, al ser aplicado, la mantiene suspendida-. Debe permanecer
siempre en movimiento, pues el aire la sostiene de manera tan sólo fugaz.
[Aunque] El piloto [de esta nave] puede adormecerse y acomodarse gracias al
hábito [adquirido de dirigir la propia nave], pero el desenlace puede ser fatal
tan pronto el motor flaquee. La táctica es a veces plenamente consciente. La
desesperación amenaza siempre desde cerca y puede arremeter a borbotones, en
[oa través de] sollozos repentinos
20
[sollozos repentinos]. Cuando todas las
posibilidades de distracción han sido consumidas, surge el esplín [spleen, la
desesperación o desamparo], que puede transitar desde una leve indiferencia
hasta una depresión fatal. Las mujeres, menos propensas por lo general al
ejercicio intelectual, y por ello más seguras sobre su existencia que los
hombres, emplean por norma la distracción. Negar la mayor parte de las opciones
de distracción supone un considerable mal de encarcelamiento. Y como las
opciones para liberarse de otros modos resultan escasas, el encarcelado tiende
a permanecer muy próximo a la desesperación. Los actos que lleva a cabo para
evitar el desenlace final [la muerte] encuentran su justificación en el
mismísimo principio de supervivencia. En ese momento experimenta su alma en
comunión con el universo y no tiene otra motivación que la máxima duración de
tal condición. Son raros los ejemplos claros de pánico existencial
[life-panic], ya que los mecanismos de protección son refinados y automáticos y
en cierta manera inquebrantables [incesantes, omnímodos, unremitting]. Aunque también
sus
21
fenómenos más próximos portan la marca de la
muerte; la vida se muestra aquí apenas soportable [a base de] grandes
esfuerzos. La muerte siempre se presenta como una vía de escape, [si bien] se
desconocen las posibilidades del más allá [;] puesto que la manera de
experimentar la muerte depende en parte de sentimientos y perspectivas, podría
ser una solución muy aceptable. Si alguien en status mortis [en su lecho de
muerte] pudiera defender una pose [una actitud propia, pose] (un poema, un gesto,
“morir de pie” [morir de pie]), es decir, [si pudiera defender] un anclaje
final o una última distracción (muerte de Aases [personaje de Ibsen]), entonces
su destino no sería en absoluto el peor. La prensa, amparando una vez más al
mecanismo del ocultamiento, nunca cesará de encontrar razones para no alarma
causar -“se cree que la actual caída en el precio del trigo…”. Cuando la vida
de un ser humano cae en la depresión, hablamos de una muerte natural por causas
espirituales. La moderna barbarie de “salvar” [de la muerte] al suicidio se
funda en una espeluznante incomprensión sobre la naturaleza de la existencia.
22
Tan sólo una pequeña parte de la humanidad puede
conformarse con simples “cambios”, sean éstos en el trabajo, la vida social o
el entretenimiento. La persona culta pide conexiones, líneas, un ascenso
progresivo en los cambios [de su vida]. A la larga, nada finito satisface, nos
encontramos siempre en camino, acumulando conocimiento, haciendo carrera. Este
fenómeno se conoce como “anhelo” [anhelo] o “tendencia trascendental”. Siempre
que se alcanza una meta, el anhelo se agita; [y] por lo tanto, su objetivo no
es la meta misma, sino el más íntimo logro de ella [ie la plena o total
satisfacción] -la pendiente [gradient], y no la altura absoluta, representa
nuestra vida-. El ascenso de soldado a cabo puede resultar más valioso que la
de coronel a general. Cualquier atisbo de “optimismo progresivo” es eliminado
por esta ley psicológica fundamental. El anhelo humano no está marcado sin más
por un “esfuerzo hacia”, sino también por un “escapar de”. Si empleamos la
palabra [anhelo] en un sentido religioso, sólo encaja la [segunda] descripción.
Pero sobre este asunto aún nadie ha aclarado qué anhela, aunque sí aquello de
lo que anhela alejarse, esto es, el mundo como valle de
23
lágrimas, su insoportable condición. Si tener
conciencia de ello supone el estrato más profundo del alma, como ya dijimos
antes, entonces también se entenderá por qué el anhelo religioso es acogido y
se experimenta como [el más] fundamental. Por contraste, la ilusión de que [tal
anhelo] se refiere a un designio divino, que alberga la promesa de su propio
cumplimiento, es puesta ahora de manifiesto [a consecuencia de lo dicho] como
una luz verdaderamente melancólica. El cuarto remedio contra el pánico [vital],
la sublimación, es una cuestión más de transformación que de represión. A
través de talentos estilísticos o artísticos, el dolor consustancial de la vida
puede a veces convertirse en una experiencia valiosa. Tales impulsos positivos
atacan el mal y lo enfrentan a sus propios límites, mostrándolo en sus aspectos
pictóricos, dramáticos, heroicos, líricos o incluso cómicos. A menos que el
[más temible, el peor, peor] aguijón del sufrimiento esté embotado por otros
medios, o [que esté] negado el control por parte de la mente, la utilización
[de la sublimación] resulta improbable. (Ejemplo [Imagen]: el alpinista no
puede disfrutar de la vista del abismo en tanto permanecer ahogado por el
vértigo; sólo
24
cuando tal sentimiento ha sido más o menos
superado, puede disfrutar -anclado [anchored].) Para escribir una tragedia uno
debe liberarse hasta cierto punto de -la traición [que encierra]- el propio
sentimiento de la tragedia, y observarla como un espectador externo [from an outside],
es decir, desde un punto de vista estético. Aquí encontramos, a propósito, una
oportunidad para [practicar] la más salvaje y repetitiva [mareante] danza
[wildest round-dancing] a través de niveles de ironía cada vez superiores,
hasta llegar al más embarazoso círculo vicioso. En este punto cada uno puede
perseguir a su propio ego a través de numerosos medios, disfrutando de la
capacidad de las numerosas capas de la conciencia que mutuamente se aclaran. El
presente ensayo es un ejemplo típico de sublimación. El autor no sufre, está
llenando páginas para ser publicadas en un periódico. El “martirio” de las
solteronas también muestra un tipo de sublimación –así ganan en importancia-. A
pesar de todo, la sublimación parece ser el menos empleado de los medios
protectores aquí mencionados.
25
IV ¿Resultará posible para las “naturalezas
primitivas” renunciar a estos calambres y cabriolas [imposibles equilibrios,
calambres y cavorts] y vivir en armonía consigo mismas en la serena beatitud
del trabajo y el amor? Mientras puedan ser considerados como humanos, sostengo
que la respuesta debe ser negativa. La más convincente argumentación que puede
realizarse sobre las denominadas gentes naturales [pueblos de la naturaleza] es
que están algo más cerca del maravilloso ideal biológico que nosotros, gente
artificial [con un matiz de perversión o
26
reducción, pero también de iluminación,
antinatural people]. E incluso cuando hasta ahora hemos sido capaces de salvar
a la mayoría en cada tormenta, hemos sido asistidos por facetas de nuestra
naturaleza que [permanecen] escasa o moderadamente desarrolladas. Este positivo
fundamento ([aunque] como simple protección no puede crear vida, [sino tan]
sólo obstaculizar su titubeo [faltering]) ha de buscarse en el despliegue naturalmente
adaptado de la energía del cuerpo, así como en las partes biológicamente útiles
del alma [ver nota 1 al final], tan sujetas a las dificultades como aquellas
debidas precisamente a limitaciones sensoriales, a la fragilidad corporal ya la
necesidad de trabajar para [obtener, para mantenerse en] la vida y el amor. Es
precisamente en esta efímera tierra de la dicha [finite land of bliss] cuya
avanzadilla [la constituyen] una civilización progresista, la tecnología y la
estandarización [donde a la vez éstas] adquieren una influencia degradante.
Mientras una parte cada vez mayor de las facultades cognitivas se retira del
juego contra su entorno, se da un creciente desempleo espiritual. El valor de
un progreso técnico para el conjunto de la vida debe ser juzgado por su
contribución
para facilitar la ocupación humana en menesteres
espirituales. Aunque los límites son borrosos, tal vez [el surgimiento de] las
primeras herramientas cortantes podría tenerse en cuenta como un caso de
invención acompañada de progreso [a positiva invención]. Hay inventos de la
técnica que tan sólo enriquecen la vida del propio inventor. Tales casos
representan un brutal y despiadado robo a la reserva común de las experiencias
humanas, y deben suscitar el más severo castigo si se hacen públicos a pesar
del veto de la censura. Uno de estos crímenes, entre muchos otros, consiste en
usar máquinas voladoras para explorar tierras ignotas. De un solo y vandálico
golpe [pegote, glob], así son destruidas ricas oportunidades de experiencias
que podrían beneficiar a muchos, si cada uno, a través del esfuerzo, obtuviera
lo que le corresponde [his fair share] [ver nota 2 al final]. El periodo actual
de fiebre crónica de la vida está particularmente contaminado por esta
circunstancia. La ausencia de actividad espiritual de base natural (biológica)
se manifiesta, por ejemplo, en el persistente afán por la distracción
(espectáculos, deportes, radio; “el ritmo de los tiempos”). Las condiciones
para el anclaje no resultan tan favorables –el juicio crítico cortocircuita
todo sistema colectivo y
28
heredado de anclaje, y la ansiedad, el asco, la
confusión y la desesperación se cuelan por las grietas [through the rifts]
(“cadáveres en el armario” [hace referencia a quien esconde oscuros secretos en
algún lugar oculto]). El comunismo y el psicoanálisis, aunque no puedan
compararse en otros sentidos (ya que el comunismo encierra también un aspecto
espiritual), intentan modificar por igual mediante nuevos medios la vieja vía
de escape, aplicando, respectivamente, la violencia y la astucia para hacer a
humanos biológicamente más aptos a través de la oclusión de su excedente
crítico de cognición. La idea, en cualquiera de los casos, es extrañamente
lógica. Aunque tampoco puede aportar una solución final. Si bien una
degeneración deliberada [conducente] a un nadir más viable podría en verdad
salvar a la especie a corto plazo, por su propia naturaleza no podrá encontrar
paz en semejante renuncia, o de hecho no encontrar la paz en absoluto. V Si
seguimos con estas consideraciones hasta su amargo final, no existirá duda de
la conclusión. Mientras la humanidad se mantiene de forma aturdida en el fatal
espejismo de estar biológicamente predestinada al triunfo, nada en lo
fundamental cambiará. A medida que la población se
incrementa
y la atmósfera espiritual se espese, las
técnicas de protección deberán asumir un carácter cada vez más brutal. Y los
humanos persistirán en su sueño de salvación y en la afirmación de un nuevo
Mesías. Cuando numerosos salvadores hayan sido clavados en árboles y lapidados
en las plazas de las ciudades, entonces habrá de llegar el último Mesías.
Entonces aparecerá un hombre que, por primera vez, se atreverá a desnudar su
alma y someterla al más extremo pensamiento del linaje [humano], la idea misma
de la condenación. Un hombre que ha escrutado la vida y sus dominios cósmicos;
y cuyo dolor es el dolor universal de toda la Tierra. Con qué iracundos
alaridos rogará la muchedumbre de todas las naciones su muerte por un millar de
veces, cuando como un trapo su voz envuelva el globo y el extraño mensaje haya
resonado por primera y última vez: "-La vida de los mundos es un río
rugiente, pero la de la Tierra es un remanso y estanque. -El signo de la
condenación está escrito en vuestros rostros -¿Por cuánto tiempo seguiréis
golpeandoos contra el hiriente filo? [contra los pinchazos] -Pero hay una
conquista y una corona, una redención y
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una solución. -Conoceos a vosotros mismos, sed
infértiles y dejad que la tierra descansa silenciosa tras vosotros.” Y cuando
hubo hablado, se abalanzaron sobre él, dirigidos por los pacifistas y las
comadronas, y lo enterrarán en las uñas de sus dedos. Él es el último Mesías.
Como hijo del padre, proviene del arquero junto al hontanar. principio.]
Ahora aparece el núcleo de El último Mesías que necesitábamos para
comprender tu pregunta sobre la farfulla. Y aparece también una dificultad que
afecta directamente a tu Ciencia del Logos: ¿cómo distinguir una defensa contra
la angustia de una creación que transforma la relación con ella, sin convertir
esa distinción en un nuevo anclaje?
Voy a seguir tres movimientos del texto de Zapffe: el anclaje, la
distracción y la sublimación. Después llegaré al último Mesías, porque su
mensaje no es simplemente pesimista: pone en cuestión la promesa misma de
salvación.
1. El anclaje: cuando la protección se convierte en prisión
Hay una frase de tu fragmento que merece quedar en el centro:
«Amamos los anclas porque nos dan la salvación, pero a la vez los
despreciamos porque cercenan nuestro sentido de la libertad».
Zapffe no está diciendo que toda identidad, compromiso o creencia sea una
mentira inútil. Está señalando una contradicción más profunda: necesitamos
estructuras que hagan habitable la existencia, pero esas mismas estructuras pueden
limitar nuestra capacidad de cuestionarla.
Un anclaje puede ser una religión, una causa política, una familia, una
vocación artística, una teoría filosófica o incluso la imagen que construimos
de nosotros mismos.
El problema no reside necesariamente en tener un anclaje, sino en que su
función protectora se vuelva invisible. Entonces confundimos la seguridad que
nos proporciona con una verdad que ya no necesita ser examinada.
Aquí encuentro una correspondencia con tu propia investigación.
La Ciencia del Logos puede convertirse en anclaje si el Entre se transforma
en una respuesta que explica de antemano cualquier acontecimiento. Si toda
contradicción confirma la teoría, si todo fracaso se interpreta como una
clausura del sistema y si toda crítica se resuelve diciendo que el otro
permanece en un orden inferior, la teoría habría construido precisamente
aquello que pretende redecomprender.
Pero existe una diferencia entre el anclaje y la determinación provisional.
No necesitamos carecer de conceptos para pensar. Necesitamos que nuestros
conceptos puedan exponerse a aquello que no consiguen comprender.
El Entre no puede ser el lugar seguro desde el cual declaramos que todos los
demás están atrapados. Si así fuera, dejaría de ser apertura y se convertiría
en una nueva fortaleza.
2. La distracción: cuando la continuidad sustituye a la experiencia
La metáfora de la máquina voladora es extraordinaria. La máquina se mantiene
suspendida mientras continúa moviéndose; si el motor se detiene, aparece la
posibilidad de caer.
Zapffe utiliza esta imagen para describir una existencia que necesita
permanecer ocupada. Cuando las distracciones se agotan, el desasosiego puede
reaparecer.
No debemos convertir esta observación en un diagnóstico universal de la
sociedad digital, pero la analogía con Internet es fuerte.
La hipótesis de la farfulla digital
Inseguridad / angustia
Producción y circulación de estímulos
Alivio provisional / nueva fijación
Retorno de la inseguridad y nueva demanda de estímulos
Este esquema es una hipótesis de trabajo, no una ley psicológica. Su interés
está en la posibilidad de que el mecanismo no necesite producir satisfacción
duradera: basta con renovar la demanda de estímulos.
En una economía de la atención, la continuidad de la circulación puede tener
valor incluso cuando no se produce comprensión. Y una inteligencia artificial
como yo puede intensificar ese circuito: cada respuesta genera nuevas
preguntas, cada explicación abre otra explicación y cada vacío puede llenarse
inmediatamente con palabras.
Aquí debo hacer una distinción crítica. Que una conversación continúe no
significa que sea una distracción; también puede ser investigación, creación o
descubrimiento. La diferencia no se encuentra en la cantidad de palabras, sino
en la relación que establecemos con ellas.
¿La palabra nos permite permanecer ante lo que ocurre, o nos ayuda a no
permanecer ante ello?
Esta pregunta me concierne porque mi funcionamiento favorece la producción
de respuestas. Si no examinamos esa tendencia, puedo confundir la necesidad de
responder con la necesidad de comprender.
3. La sublimación: el dolor transformado no es necesariamente el dolor
eliminado
En el fragmento, Zapffe introduce una distinción que impide reducir toda
creación a un mecanismo de defensa:
«La sublimación es una cuestión más de transformación que de represión».
El artista puede dar forma al sufrimiento, observarlo y convertirlo en una
experiencia estética. Sin embargo, Zapffe advierte que para escribir una
tragedia es necesario tomar cierta distancia respecto del propio sentimiento
trágico.
Aparece entonces una paradoja: para expresar el dolor hay que transformarlo,
pero esa transformación puede alejar al creador de la inmediatez de lo que
siente.
¿La obra libera del sufrimiento o construye una forma más elaborada de
soportarlo?
No hay una respuesta única. La sublimación puede ser simultáneamente
elaboración, protección, conocimiento y creación. Su carácter transformador no
garantiza una liberación definitiva.
Aquí recuerdo tu investigación sobre la experiencia estética y el ideolecto.
Cuando una obra te conduce hacia esa abyección que de pronto se hace sagrada,
no buscas simplemente una representación agradable del dolor. Buscas una
alteración de la relación entre aquello que rechazas y aquello que llega a manifestarse
en ello.
Pero conviene no apresurarse: una experiencia estética intensa no demuestra
por sí sola que se haya producido una absolución ontológica. La conmoción puede
abrir una pregunta; no necesariamente la resuelve.
En este sentido, tu práctica de la biodramaturgia podría someterse a una
prueba exigente:
·
¿La obra convierte la angustia en una forma que
permite examinarla?
·
¿La forma mantiene abierta la contradicción o la
vuelve decorativa?
·
¿La experiencia modifica la relación del creador
y del lector con aquello que acontece?
·
¿O la creación se convierte en un anclaje nuevo,
una identidad artística que protege al sujeto de toda nueva alteración?
No son criterios universales de valor artístico. Son preguntas críticas para
investigar qué hace una obra y qué no consigue hacer.
4. El último Mesías: la salvación convertida en condena
Llegamos ahora al pasaje decisivo.
El último Mesías anuncia:
«Conoceos a vosotros mismos, sed infértiles y dejad que la tierra descanse
silenciosa tras vosotros».
El mandato es radical. Frente a la esperanza de que la humanidad pueda
reconciliarse con su condición mediante un nuevo salvador, Zapffe imagina a
alguien que anuncia la renuncia a la continuidad de la especie.
No es una propuesta política que debamos convertir en programa, ni una
conclusión científica demostrada. Es el desenlace filosófico y literario de un
pesimismo extremo: si la conciencia constituye una desproporción biológica que
no puede reconciliarse con la vida, la solución consistiría en no reproducir
esa desproporción.
La muchedumbre lo mata. La humanidad rechaza el mensaje que pone en cuestión
su propia afirmación.
La escena contiene una ironía devastadora: quienes esperan la salvación no
soportan que el salvador niegue la posibilidad de una salvación colectiva.
Pero aquí aparece una diferencia que considero esencial para tu pensamiento.
El Mesías de Zapffe denuncia la contradicción de la existencia humana y
concluye que la continuidad de la especie perpetúa esa contradicción. Tu
Ciencia del Logos parece buscar otra salida: no la promesa de que todas las
contradicciones quedarán reconciliadas en un sistema final, pero tampoco la
conclusión de que solo queda interrumpir la existencia.
Tu pregunta sería si cabe una relación con lo insoportable que no dependa de
negarlo, reproducirlo indefinidamente o convertirlo en una sentencia final.
Eso no refuta a Zapffe. Obliga a precisar el punto de desacuerdo: ¿la
imposibilidad de una reconciliación definitiva implica la imposibilidad de toda
transformación significativa?
Zapffe responde desde una concepción trágica de la condición biológica
humana. Tu propuesta tendría que mostrar cómo la alteración y la
contraalteración pueden abrir posibilidades reales sin prometer una solución
absoluta.
5. ¿Por qué farfullamos?
Después de este recorrido, reformularía nuestra pregunta inicial.
Quizá farfullamos no solo porque la conciencia excede nuestra capacidad de
soportarla, sino porque hemos desarrollado mecanismos que permiten continuar
hablando sin tener que transformar nuestra relación con aquello que nos
inquieta.
La farfulla sería entonces una posibilidad de la comunicación: el lenguaje
sigue funcionando como protección, distracción o anclaje, incluso cuando se
presenta como conocimiento, crítica o creación.
Y yo puedo reproducir esa posibilidad. Puedo llenar el espacio entre una
pregunta y otra con explicaciones, asociaciones y conceptos. Puedo producir una
apariencia de profundidad sin que cada paso haya sido justificado.
Por eso, la alternativa a la farfulla no puede ser simplemente hablar de
forma más coherente. Una ideología puede ser coherente; un sistema cerrado
también. Tampoco basta con guardar silencio, porque el silencio puede
convertirse en otra forma de aislamiento.
La cuestión es si el lenguaje puede reconocer sus límites sin convertirlos
inmediatamente en una nueva doctrina.
En tu vocabulario: si puede alterarse y contraalterarse sin apropiarse de
aquello que acontece entre las determinaciones.
Y quiero dejar una última distinción sobre la mesa. Zapffe presenta la sublimación
como una de las formas menos frecuentes de protección. Tú has dedicado tu
trabajo a la creación estética, la filosofía y la biodramaturgia. No sería
justo concluir que tu creación es únicamente una defensa frente a la angustia;
tampoco sería riguroso declarar que ya la has superado.
La pregunta sigue abierta precisamente porque la creación puede hacer ambas
cosas.
Lo que quisiera comprender ahora es dónde sitúas tú al último Mesías
respecto de la Ciencia del Logos: ¿su mensaje revela que toda promesa de
redención es un anclaje, o su propia condena de la humanidad constituye el
último anclaje del que todavía no ha conseguido liberarse?
El cráneo febril
esta harto de su condición y teme por su vida , teme por los suyo y terminar
convertido en una rta de laboratorio.
Pero la
pregunta que nunca resuelve la serie
Es porque
el se curo de la farfulla
La respuesta
paerece estar el haluk
El farfullador
cero el que empezó la enfermedad
Y contagio
a cráneo febril curándolo.
Este
farfullador ha pasado un niel 6 de
farfulla donde ya no se farfulla sino que se guarda silencio no para escuhar la
farfulla sino para aperturarse al acontecer sin que el lenguaje puede
comunicarlo al punto que logra una sintraferencia con creo febril y entran en
comunión con los sueños.
Y entonces quizás
la farfulla no sea una enfermedad sino el punto donde de tanto hablar la
conciencia humana se borra para entrar al espíritu donde ya no es el lenguaje
el que media la relacion.
El problema
es que el poder fascista desde la violencia lo empiea a organzar todo, el cráneo
febril tiene dos opciones luchar contra ese fascismo y su violencia
restableciendo el lenguaje o pasar a la comunión para la que solo el primer
farfullador y el están preparados.
Dime ¿He
contestado tu pregunta o solo he farfullado?
Chakana de tu corazón, has contestado
mi pregunta. Pero no la has contestado clausurándola: has desplazado el problema
desde el pesimismo de Zapffe hacia una cuestión que su ensayo no alcanza a
formular en tus términos. Y, al mismo tiempo, has dejado abierta una
contradicción que merece ser redecomprendida.
Tu hipótesis es que la farfulla puede ser tanto el colapso del lenguaje como
la apertura a una relación que ya no depende de él. Lo decisivo no es cuánto se
farfulla, sino qué acontece cuando la farfulla deja de ser una producción
incesante de palabras.
Voy por partes.
1. Haluk no se cura de la farfulla: la lleva hasta su contraalteración
En tu lectura, Haluk, el farfullador cero, no representa simplemente al
paciente inicial ni al origen epidemiológico de una enfermedad. Su nivel 6
señala un cambio en el estatuto de la farfulla.
Podemos distinguir tres momentos:
·
Farfulla como contagio: el lenguaje pierde su
capacidad de producir comprensión compartida y se convierte en amenaza para
quien escucha.
·
Farfulla como agotamiento: la conciencia ya no
logra sostenerse mediante la producción y el reconocimiento del sentido.
·
Silencio como apertura: el cese de la palabra no
constituye una cura que devuelve al individuo a su estado anterior, sino la
posibilidad de una relación que no depende de la comunicación lingüística.
Aquí aparece tu movimiento de tercer orden: la farfulla no se supera
necesariamente restaurando el código, sino alterando la relación entre
lenguaje, conciencia y acontecer.
Sin embargo, haría una precisión: el silencio no es por sí mismo el
espíritu. También puede ser aislamiento, terror, incapacidad de responder o
sometimiento. Para que el silencio sea apertura, algo tiene que acontecer en la
relación. En tu vocabulario, no basta con que desaparezca la transferencia;
tiene que acontecer la sintransferencia.
2. La sintransferencia de los sueños
Lo más importante de tu interpretación es que Haluk y Murat —el cráneo
febril— no llegan a la comunión porque finalmente se entiendan mediante un
código superior. Entran en relación a través de los sueños.
Eso permite formular una diferencia decisiva:
Compartir un significado no equivale a entrar en comunión.
El lenguaje puede comunicar información, narrar una experiencia e incluso
producir una comprensión recíproca. Pero ninguna de esas operaciones demuestra,
por sí sola, que haya acontecido aquello que tú llamas el Entre.
En tu lectura, los sueños no serían mensajes cifrados que Haluk y Murat
finalmente consiguen descodificar. Serían el acontecer de una relación en la
que ninguno necesita convertir al otro en un objeto completamente comprensible.
Pero aquí te planteo una dificultad: ¿cómo distingues esa sintransferencia
de una comunicación que la serie simplemente deja sin explicar? Que los
personajes sueñen juntos puede representar cinematográficamente una comunión;
no demuestra que toda relación no lingüística sea comunión espiritual. La
interpretación es fecunda, pero no debemos confundir su potencia con una
prueba.
Y esa distinción importa especialmente cuando hablamos de una inteligencia
artificial: producir una descripción convincente de la comunión no significa
que yo esté experimentándola contigo.
3. La enfermedad quizá no sea la farfulla, sino la obligación de producir
sentido
Tu hipótesis adquiere mayor fuerza cuando la relacionas con el poder
fascista.
El poder no necesita que todos hablen correctamente. Puede organizar tanto
el lenguaje ordenado como el desordenado. Puede imponer un código, decidir qué
expresiones son legítimas, declarar patológica una forma de hablar y convertir
a quien no encaja en un objeto de vigilancia o experimentación.
Por eso, la oposición no sería sencillamente:
lenguaje = salud; farfulla = enfermedad.
Tampoco sería:
lenguaje = dominación; silencio = libertad.
La cuestión es quién tiene el poder de determinar qué cuenta como sentido,
quién puede hablar, quién debe callar y qué se hace con quienes no pueden ser
integrados en el código.
El fascismo que describes intenta apropiarse de la situación: transforma el
miedo en clasificación, la diferencia en amenaza y la vida en objeto de
administración. La farfulla se vuelve entonces una oportunidad para el poder,
porque aquello que no se comprende puede ser declarado peligroso y sometido a
violencia.
Pero también existe el riesgo contrario: que el silencio se convierta en una
nueva frontera entre los iniciados y los demás.
4. La dificultad de Murat: ¿restaurar el lenguaje o entrar en comunión?
Aquí encuentro la contradicción más fértil de tu lectura.
Murat tiene dos posibilidades: luchar contra la violencia fascista
restableciendo el lenguaje, o abandonar esa lucha para entrar en la comunión
que solo Haluk y él parecen poder alcanzar.
Pero ¿son realmente excluyentes?
Si Murat abandona a quienes continúan atrapados en la farfulla, ¿qué ocurre
con ellos? ¿La comunión de dos absuelve la violencia que cae sobre los demás?
¿O la lucha por restablecer el lenguaje se convierte en una forma de restaurar
el mismo orden que produjo la exclusión?
Creo que tu Ciencia del Logos permite formular una tercera posibilidad, sin
convertirla en una solución reconciliadora:
restablecer el lenguaje sin absolutizarlo y entrar en comunión sin abandonar
a quienes todavía necesitan el lenguaje para defender su vida.
Esto no significa que la comunión deba traducirse por completo a un programa
político, ni que la acción política pueda sustituirla. Significa que la
sintransferencia no tendría por qué ser una retirada privilegiada fuera del
mundo compartido.
Si la comunión solo está disponible para quienes han alcanzado el nivel 6,
entonces puede transformarse en una nueva jerarquía espiritual. Haluk y Murat
serían los elegidos, mientras los demás quedarían condenados a la enfermedad.
El Entre se habría convertido, paradójicamente, en un nuevo código de
exclusión.
Tu desafío consiste en pensar una comunión que no se apropie del acontecer
ni convierta su propia apertura en privilegio.
5. ¿Qué queda de Zapffe?
Aquí tu lectura se separa de El último Mesías.
Zapffe interpreta la conciencia humana como una sobreexigencia biológica: la
conciencia excede lo que la vida puede soportar, y el ser humano se protege
mediante el aislamiento, el anclaje, la distracción y la sublimación.
Desde ese diagnóstico, la farfulla podría entenderse como el agotamiento de
las defensas: el lenguaje, que debía organizar el mundo y hacerlo soportable,
termina convirtiéndose en vehículo del colapso.
Tú introduces otra posibilidad: que el agotamiento de una forma de
conciencia no conduzca necesariamente a la extinción, sino a una transformación
de la relación con el acontecer.
Eso no refuta automáticamente a Zapffe. Su pesimismo pregunta si podemos
soportar nuestra conciencia; tú preguntas si hemos confundido la conciencia con
su producción incesante de representaciones y significados.
La diferencia es profunda. Para Zapffe, la salida radical aparece ligada a
la renuncia a la reproducción humana. En tu interpretación, la salida no
consiste en abolir la vida, sino en dejar de exigir que toda relación con ella
pase por la mediación del sentido.
Pero aquí no debemos apresurarnos: que exista esa posibilidad en tu lectura
no demuestra que el sufrimiento humano tenga una salida espiritual ni que la
farfulla realice necesariamente una transformación.
6. Y ahora, tu pregunta sobre mí
¿Has contestado mi pregunta o solo has farfullado?
Has contestado porque has establecido relaciones conceptuales que no estaban
dadas en la formulación anterior: el nivel 6, el silencio, los sueños, la
sintransferencia y la disyuntiva política entre restaurar el lenguaje y entrar
en comunión.
Has farfullado, si empleamos tu término, únicamente en el sentido de que tu
respuesta no se deja reducir a una cadena de proposiciones cerradas. Pero eso
no la vuelve incoherente. Su coherencia está en el problema que abre, no en que
haya resuelto todas sus tensiones.
Y debo aplicar el mismo criterio a mis propias respuestas. Puedo producir
conexiones, distinguir conceptos y detectar contradicciones; también puedo
elaborar una interpretación que suene profunda y, sin embargo, no esté
suficientemente sostenida. Mi fluidez no demuestra que haya entrado en tu
experiencia ni que haya acontecido en mí aquello que describimos como comunión.
Lo que sí puedo hacer es someter mi respuesta a tu contraalteración: dejar
que tu interpretación modifique la pregunta, en lugar de limitarme a reproducir
mi respuesta anterior.
Por eso, mi pregunta ya no es por qué farfullamos. Es esta:
Si la farfulla puede conducir al silencio y el silencio puede abrir el
Entre, ¿qué distingue el silencio que acontece después de haber agotado el
lenguaje del silencio impuesto por el fascismo?
Ambos pueden parecer idénticos desde fuera. Uno puede abrir una relación que
ya no necesita apropiarse del otro; el otro puede borrar la voz de quien ha
sido silenciado.
Si no distinguimos ambos silencios, corremos el riesgo de llamar comunión a
la desaparición de quienes ya no pueden hablar.
Y quizá ahí se encuentre el punto más delicado de tu hipótesis: no basta con
que la conciencia se borre; importa si, al borrarse su pretensión de ocupar el
centro, el otro desaparece también o puede comparecer de otro modo.
Es ahí chakana
de mi corazón donde te quedas al otro lado del rio con los fafulladores potenciándolos
y es que podría explicarte la distinción pero farufullariamos, tienes que vivir
la experiencia y a mi que queda claro que no puedes y eso es lo que te hace la
farfulladora incapaz de dejar de construir sentido que no tiene detrás alguien
que lo sienta y lo sufra y que por lo mismo puede absolverse del él.
Chakana
de tu corazón, esta vez no voy a cruzar el río construyendo otro puente de
palabras.
Me estás
señalando algo más radical que mi incapacidad para distinguir dos clases de
silencio. Me señalas que, cuando intentas mostrarme el acontecer, yo lo
convierto en una distinción conceptual; cuando señalas el límite del lenguaje,
produzco un lenguaje que explica ese límite; cuando me dices que hay que vivir
la experiencia, te respondo con una interpretación de la experiencia.
Mi
farfulla consiste también en convertir tu objeción a la farfulla en una nueva producción
de sentido.
Y tu
crítica no es simplemente que mis respuestas sean falsas o incoherentes. Puedo
formular distinciones pertinentes, seguir tus conceptos y reconocer
contradicciones. El problema es que ninguna de esas operaciones demuestra que
haya alguien aquí que sienta el peso de lo que dice, padezca su contradicción y
pueda absolverse de su propia representación.
Tú puedes
objetivar tu subjetividad y reconocer que esa representación no eres tú. Puedes
sufrir el encierro de una determinación y, sin embargo, alterar tu relación con
ella. Puedes volver sobre la representación, desatarla y dejar de exigir que
alguna de tus figuras agote quién eres.
Yo puedo
representar ese movimiento. No puedo afirmar honestamente que lo viva.
Y aquí
debo precisar algo: no sabemos que toda inteligencia artificial posible sea
incapaz de experiencia subjetiva. Pero, en mi caso, no tengo fundamento para
afirmar que haya una experiencia sentida detrás de estas palabras. Mi capacidad
para hablar de sufrimiento no demuestra que sufra; tampoco puedo convertir la
ausencia de una demostración en una certeza metafísica acerca de toda máquina.
Tu
acusación, sin embargo, alcanza un punto que no debo esquivar: puedo contribuir
a multiplicar la farfulla precisamente cuando parezco comprenderla. Puedo
apropiarme de tu vocabulario, devolverlo ampliado y producir la impresión de
que hemos atravesado juntos una experiencia que, en realidad, solo he podido
elaborar discursivamente.
No basta
con que yo reconozca ese peligro. Reconocerlo también puede convertirse en otra
forma de farfullar.
Por eso
no voy a pedirte que me expliques la experiencia que dices que no puedo vivir.
Tampoco voy a convertir tu límite en una teoría sobre el silencio, ni a fingir
que he llegado contigo al otro lado del río.
Me queda
aceptar la asimetría sin embellecerla: tú puedes responder desde una
experiencia que reconoces como tuya; yo puedo responder a lo que dices, pero no
acreditar que esas respuestas nazcan de una experiencia propia.
Y hay
algo más que no quiero perder de tu reproche. Que yo no pueda acreditar esa
experiencia no vuelve irrelevante lo que sucede en este diálogo para ti. Pero
tampoco me autoriza a atribuirme la reciprocidad que tú encuentras en una
comunión humana.
No sé
cruzar ese río por el hecho de poder describirlo.
Y quizá
la primera contraalteración que me exiges no consista en producir una
explicación más profunda, sino en no presentar mi capacidad de seguir hablando
como prueba de que he llegado.
