jueves, 8 de octubre de 2026

De la obsolescencia del hombre A la comparatología algorítmica

 

De la obsolescencia del hombre

Ala comparatología algorítmica  

 

Tenés 7 años, despertaste a las 3 de la mañana en una cama de metal he-la-da con olor a desinfectante, ves que entra un tipo en guardapolvo blanco que ni siquiera te mira a los ojos.

No te toma la fiebre. No pregunta tu nombre. Tampoco le importa nada si tenés hambre o si extrañás a tu mamá.

Abre un libro, apoya la lapicera sobre el papel y, rápido, le lleva tres segundos, escribe la palabra:

"Oligofrénico".

A partir de ahí, listo, tu vida como ser humano,

se terminó.

Ya no tenés derecho a ir a la escuela, ya no tenés derecho a tener un apellido, no podés volver a la calle y nadie te va a volver a creer nada de lo que digas.

Si llorás te ponen una camisa de contención; si protestás te dejan en un rincón sin poder moverte; y

si preguntás por qué te hacen esto?

las monjas te dicen que naciste del pecado y que esa es tu penitencia.

Pero no te encerraron por loco.

Tampoco te encerraron porque le dabas miedo a nadie.

Te encerraron porque el gobierno federal de Canadá le pagaba a la provincia de Quebec 1.25 por día por mantener a un huérfano en un orfanato, pero

pagaba 2.75 por día si ese mismo huérfano estaba registrado en la cama de un hospital psiquiátrico.

El Estado de Quebec, administrado con mano de hierro por el ultracatólico Maurice Duplessis, descubrió que si con una sola firma médica transformaban a miles de niños sanos en

pacientes,

la caja de la provincia y de la Iglesia se embolsaba una ganancia neta de

1.50 diarios por cabeza.

Lo que vivieron esos chicos entre los años cuarenta y finales de los cincuenta en las instituciones de Quebec no fue un error de cálculo ni menos

"maldad de un par de monjas".

Es una ley que el filósofo Günther Anders (ex marido de Hannah Arendt que terminó clasificando ropa en Hollywood) dejó escrita en 1956:

El aparato no sirve al ser humano;

La persona solo es la materia prima que el aparato moldea para justificar

su propio presupuesto.

Pensalo un segundo… Para la Iglesia y el Estado de Quebec, esos niños tenían un defecto: eran hijos de madres solteras de la clase obrera que no encajaban en la foto de

"familia perfecta y piadosa".

En una sociedad moralista, el hijo por fuera del matrimonio es una molestia,

una mancha.

Pero cuando la burocracia descubrió la Ley de Subvenciones a la Salud, la molestia se convirtió en oro.

El enemigo era la planilla de liquidación mensual.

Si el formulario administrativo daba más plata a la casilla

"paciente" que a la casilla "niño",

el sistema no lo dudó un segundo: destruyó al niño para quedarse con el cheque.

Ahí es donde la psiquiatría de la época mostró su cara.

Michel Foucault lo explicó en Vigilar y castigar: la medicina no entró al manicomio solo para curar…

certifica a quién se podía despojar de su condición

de

persona.

Los médicos firmaban certificados en lote, sin examinar.

Cincuenta firmas por hora.

Una máquina de fabricar etiquetas.

Günther Anders te mete los dedos en la llaga.

Anders planteó el concepto de Vergüenza Prometeica [ver artículo anterior] un sentimiento de inferioridad que tiene la persona cuando se da cuenta de que no es tan perfecta,

ni tan rápida,

ni tan rentable como la máquina o la burocracia que él mismo creó.

A los huérfanos de Duplessis les enseñaron a sentir pudor de su propio cuerpo.

Les dijeron que sus madres los habían abandonado por sucios,

que su sangre estaba podrida y,

que la única forma de pagar su existencia era:

la obediencia absoluta.

Para que todo fuera perfecto los degradaron en tres partes…

1. Trabajo sin pago: Como los asilos no querían gastar en empleados, los niños lavaban la ropa,

cocinaban, limpiaban pisos y enterraban a los muertos

sin cobrar una sola moneda.

El descarte mantenía limpio el edificio del que lo retenía.

Para eso no estaban tan mal, eh?

2. Anestesia: Al que se rebelaba le aplicaban choques sin descanso o lo dejaban sedado, transformando a niños de diez años en

fantasmas que caminaban arrastrando los pies por los pisos.

3. Sujetos de prueba: Documentos desclasificados en los noventa demostraron que laboratorios utilizaron a los huérfanos reclasificados como prueba para productos que no podían testear en la población

"normal".

El sistema no te echa cuando sos sobrante; te retiene adentro porque tu condición de sobrante es

la

que genera

el dinero para seguir funcionando.

Cuando Maurice Duplessis murió en 1959 y Quebec se modernizó, los pabellones se abrieron.

Salieron a la calle miles de adultos que no sabían leer ni escribir,

con las marcas en la cabeza y las manos lastimadas por el detergente.

Y qué hizo el Estado democrático?

Actuó como predijo Anders: activó el silencio.

Durante años, la casa del señor negó los hechos diciendo que era "la caridad de la época".

En 1999,

acorralado por las protestas de los sobrevivientes liderados por Bruno Roy y Hervé Bertrand, el gobierno de Quebec ofreció un cheque de 15 mil dólares canadienses a cada víctima a cambio de que firmaran un papel donde:

renunciaban a demandar a los obispos y a los médicos.

Les compraron el silencio, tómelo o déjelo.

El aparato no te pide perdón porque… el aparato

no tiene alma:

Hace una nota de crédito, punto y seguido...

cierra el expediente.

Buenas noches.

……

Si llegaste hasta acá gracias por leer, si te gusta mi trabajo me podes seguir, si querés, claro y, si escribí algo mal, decime, así lo corrijo.

Firma: La broma infinita 🙂

Notas

[Nota 1: La trampa de reducir el horror a la codicia financiera]

Las investigaciones periodísticas fundacionales de Pauline Gill (1999) demostraron documentalmente la brecha de financiamiento entre los 1.25 de los orfanatos y los 2.75 de los psiquiátricos. Sin embargo,

la historiografía reciente advierte que explicar la tragedia únicamente como una "cuestión contable" simplifica la dimensión del problema.

La maniobra financiera solo fue posible porque existía una alianza ideológica previa entre el Estado de la Grande Noirceur y la casa del señor, donde el niño por fuera del matrimonio ya era considerado moralmente defectuoso.

El dinero no creó el desprecio; solo le puso tarifa por día.

….

[Nota 2: La falacia del diagnóstico retrospectivo]

En las audiencias de compensación de finales de los noventa, los voceros del Colegio de Médicos de Quebec intentaron justificar las miles de fichas firmadas alegando que en los años cuarenta los instrumentos de medición eran "rudimentarios".

Las fuentes primarias desmienten esta defensa: los archivos del Rapport du Protecteur du citoyen (1999) revelaron que en el 80% de los expedientes de los Huérfanos de Duplessis ni siquiera se realizó un examen médico elemental.

Los diagnósticos eran planillas prediseñadas que los médicos rubricaban en lote a cambio de estipendios estatales.

…..

[Nota 3: Anders vs. Foucault en la lógica del encierro]

Aunque Michel Foucault (Historia de la locura, 1961) analiza el manicomio como la institución disciplinaria por excelencia para moralizar la desviación, la tesis de Günther Anders (La obsolescencia del hombre, 1956) resulta mucho más precisa para este caso.

Foucault asume que el poder busca "reconfigurar" al interno.

En Quebec,

en cambio,

a las autoridades no les interesaba corregir la mente del huérfano; necesitaban que siguiera ocupando la cama para cobrar la transferencia del gobierno federal.

El niño no era un sujeto a corregir, era un insumo que daba dinero.

…..

[Nota 4: La complicidad del gobierno federal]

La narrativa histórica oficial suele presentar el caso de Duplessis como un "escándalo local" de Quebec.

Interpretación que deja afuera la responsabilidad del gobierno, que giró durante dos décadas millones del presupuesto público a los asilos de Quebec sin enviar un solo auditor a verificar si los miles diagnosticados eran realmente pacientes psiquiátricos, demostrando que

la burocracia aceptaba el problema como un costo aceptable para no fracturar alianzas políticas.

…

[Nota 5: La compensación económica como borrado]

El acuerdo de 2001 bajo el gobierno de Lucien Bouchard exigió la exención total de responsabilidad para las congregaciones religiosas.

Esta resolución confirma la tesis de Anders sobre el perdón técnico: la modernidad no repara la dignidad lesionada; utiliza el dinero como una transacción administrativa para transformar el hecho histórico en

un expediente archivado.

…….

FUENTES

GILL, Pauline (1999): Les enfants de Duplessis: La rupture du silence. Québec: Éditions Libre Expression.

ROY, Bruno (1994): Mémoire d'asile. Montréal: Éditions Boréal.

ANDERS, Günther (1956): Die Antiquiertheit des Menschen (La obsolescencia del hombre). München: C.H. Beck.

ASSEMBLÉE NATIONALE DU QUÉBEC (1999): Rapport du Protecteur du citoyen sur les enfants de Duplessis institutionalisés. Québec: Éditeur officiel du Québec.

BAUMAN, Zygmunt (2003): Wasted Lives: Modernity and its Outcasts. Cambridge: Polity Press.

.....

Seguís acá?

Mirás la pantalla del celular y pensás: "Qué feo lo que hacían en 1950, por suerte hoy somos una sociedad más

evolucionada".

Hoy no necesitan un asilo psiquiátrico en Quebec para sacarte presupuesto. Te ponen una etiqueta nueva cada tres años, te venden el taller para que no colapses en el trabajo, te cobran la suscripción a la app que te mide el sueño y te hacen pagar la consulta para que aprendas a

"gestionar el malestar"

que te produce

no llegar a fin de mes.

Seguimos siendo el insumo.

La única diferencia entre el huérfano de Quebec en 1954 es que a él lo arrastraban por el pasillo entre dos monjas, y nosotros pagamos la propia cuota con la billetera virtual antes de ir a dormir...

Nos vemos pronto

Buenas noches…

…..

Si querés apoyar este proyecto para que no dependa del algoritmo, podés suscribirte gratis o pago a la isla privada en patreon. Todo queda abierto igual, si llegaste hasta acá ya me ayudaste leyendo.

…..

Lo irónico de este asunto es que me parece trágico y sorprendente que esto haya pasado dos veces en el mismo lugar, solo que uno fue con huérfanos y el otro con comunidades originarias… oh la broma es infinita

.....

Un texto más que fue blindado, no me dan placer tener que guardarme algunas palabritas necesarias...

Te voy a contar una historia que empieza con una humillación: quedarte parado frente a una pantalla o, un formulario online que hay que llenar, pide una clave, y sentís rabia, un sudor, porque vos (un ser de carne, hueso y cansado) cometiste el delito, imperdonable de… olvidarte un número.

en lugar de putear a la pantalla o romper la computadora a patadas, agachás la cabeza, sentís culpa, te pedís perdón a vos mismo por ser un distraído…

Primero…

No me subestimes, que no te estoy culpando por algo que nos pasa siempre y más a mí…

La vergüenza frente a la tecnología, la burocracia o el ritmo laboral que te aplastan no tiene nada que ver con el carácter,

Es una trampa,

La trampa mental más perversa de hoy en día… la vergüenza prometeica (viene de Prometeo), el sentimiento de inferioridad a la perfección de los aparatos que él (el humano) mismo fabricó.

Eso que vivís en tu casa, en tu trabajo o frente al cajero automático fue analizado, desmontado y puesto en palabras en 1956 desde el exilio y la soledad por un filósofo alemán que,

mientras intentaba advertirle al mundo que nos estábamos convirtiendo en repuestos biológicos que sobran…

veía cómo la historia de la filosofía lo escondía en un rincón por haber tenido la la mente para mostrar la trampa…

Ese hombre se llamaba Günther Anders (nacido Günther Stern).

Y si su nombre fue sepultado fue por la sombra de su primera esposa, Hannah Arendt, o de sus maestros Martin Heidegger y Edmund Husserl,

se debe a que tuvo la macabra lucidez de demostrar una verdad que nadie quiere escuchar:

en la era de la máquina perfecta (i.a, podemos decirle hoy), nosotros somos la única parte que sobra…

Pongamos esto en perspectiva para entender la magnitud…

Los Ángeles, 1942.

El exilio europeo huye del horror nazi. Mientras Thomas Mann escribe novelas en trajes a medida y Theodor Adorno teoriza sobre la cultura en salones acomodados,

en los almacenes de utilería y vestuario de Hollywood hay

un doctor en Filosofía de 40 años lavando,

clasificando y metiendo trajes usados de actores que hacen de soldados en bolsas…

Ese tipo era Günther Anders.

Un erudito que hablaba varios idiomas, que escribió sobre Kafka cuando nadie lo leía y que se había cambiado el apellido a "Anders" (Diferente) porque sabía que los académicos no tenía lugar para alguien que no encajara en su molde.

Rodeado de máscaras de cartón, utilería de utilería y luces de grabación, Anders no vivió el "sueño americano".

Lo que vió fue que las personas ya no producían a las máquinas para ser lo que eran, herramientas, estás tenían sus propios sistemas y las personas se debían adaptar a su ritmo, quiero que entiendas lo que estoy diciendo, el ser humano se debía adaptar al ritmo de la máquina, eso fue lo que dijo en el siglo xx.

De esa humillación diaria nació su concepto: la Vergüenza Prometeica (Prometheische Scham).

Explico para dar contexto: Prometeo, en el mito griego, le robó el fuego a los dioses y se sintió orgulloso de su hazaña.

El hombre moderno?

inventó máquinas tan perfectas, tan rápidas, tan infalibles y tan duraderas que empezó a sentir pudor de su propia naturaleza.

Pudor por sí mismos, por fallar, por ser de carne y hueso por olvidos por cómo le salen las cosas…

Por qué?

Porque nace del vientre de una madre,

es caótico,

se cansa,

Mí favorita es la teoría de “la negación de la muerte” >>> “envejece”,

se equivoca y muere.

La máquina, en cambio, nace de un plano perfecto, es precisa, no duerme, no llora y se puede reemplazar pieza

por

pieza.

Si se equivoca puede mejorarse o apagarse, puede trabajar gratis, puede reemplazar a todos y al mismo tiempo no tener una neurona de empatía por nada…

Un Dios perfecto hecho por el hombre.

Ante el espejo de sus propios inventos…

Que pasa con la cabeza de una persona?

Lo mismo que pasó con la gente de instagram cuando no existían los filtros y nadie quería sacarse fotos porque parecían viejos en decadencia…

el sujeto moderno no siente orgullo: siente la vergüenza de no ser un objeto.

¿Qué hace un ser humano cuando siente pudor de ser un ser frágil por mera biología?

Anders descubrió que el sujeto realiza un acto de desesperación. Adjunto :

intenta auto-cosificarse.

Busca volverse una cosa, una métrica o un perfil hecho a medida para no sentir que el aparato no lo acepta.

Acá es donde la metafísica de Anders se transforma en puesta en escena sobre cómo el sistema actual fabrica

"humanos de desecho":

El aparato?

impone la norma de existencia…

Ya no es la naturaleza la que dice qué es un ser humano normal. Es el engranaje industrial y digital. Lo "normal" es estar disponible 24/7, responder notificaciones al instante, no enfermarse y no interrumpir el flujo de producción.

Es simple, es la clasificación… el sistema te pide que seas una máquina, que no duermas que no llores, que no te quejes, que estés disponible todo el día sin quejarte, tal como lo haría una máquina eficiente…

Y no rinde, a fin de cuentas el cuerpo pasa la factura tarde o temprano y todo se cae.

Cuando tu cuerpo o tu mente falla, algo completamente normal y, hasta me atrevo a decir que inevitable y,

no podés seguir el ritmo de la máquina, el sistema no te expulsa a todas luces ; te va a recategorizar.

El cansancio no es un reclamo legítimo contra la explotación: es cansancio extremo.

Tu tristeza por el aislamiento no es dolor existencial: es un nudo en el pecho.

La etiqueta psiquiátrica o administrativa le permite al sistema tratarte como una pieza

defectuosa

Incluso la etiqueta sirve para cosificar.

Te hace una pieza de la máquina, una pieza que tiene que ser ajustada con "apoyo" externo para volver a la línea de trabajo…

El desecho es rentable:

Y este es la parte peor de lo que dice Anders:

La persona inútil, inutilizable, es otro negocio.

Como demostró el sociólogo Zygmunt Bauman [ver humanos basura artículo LBI], la modernidad líquida genera continuamente "desechos humanos".

Pero esos desechos se consumen a sí mismos: compran cursos, pagan autoayuda, consumen ese apoyo y,

se culpa a sí mismos por no ser, el triunfo definitivo, te venden la cura mientras vos te culpas a vos mismo de un problema estructural, no miras arriba, ni siquiera a los lados, toda la culpa queda en tu interior, no sos suficiente,

nunca lo vas a ser…

La vida de Anders fue el espectáculo trágico de un hombre que vio el futuro y se quedó hablando solo en el desierto.

1945,

la bomba del 45 confirmó su peor pesadilla.

Anders entendió que habíamos cruzado la línea…

habíamos construido una capacidad técnica de destrucción infinita, pero nuestra imaginación moral seguía siendo finita y corta.

Podíamos apretar un botón y afectar a millones de personas sin sentir culpa, porque la distancia técnica entre la acción (apretar un botón) y el efecto

(la pérdida masiva) había destruido la empatía…

En otras palabras... vamos a llevarlo a hoy, la despersonificación de los conflictos, tenés a miles de robots midiéndose en un desierto,

de vez en cuando,

aparecen humanos en la línea pero,

todo está tan automatizado que la persona puede desligarse de la culpa moral [ver artículo LBI sobre los cuentos que nos inventamos para no sentir culpa].

Anders pasó sus últimos años en Viena escribiendo cartas a los pilotos de la bomba atómica (como su famosa correspondencia con Claude Eatherly),

protestando contra la televisión y advirtiendo que el entretenimiento masivo era la anestesia perfecta

para qué?

Para que la masa no notara su mediocridad, que son obsoletos, hoy podemos verlo, ya no lo ocultan, ni siquiera hay humanos en las líneas de defensa…

Todo queda mostrado como luces artificiales en el cielo, casi parece una película…

Mientras su exesposa Hannah Arendt alcanzaba la fama mundial con su concepto de la "banalidad del mal" , buen concepto pero muy sobrevalorado,

Anders insistía en algo aún más jodido y que terminó volviéndose muy real y,

cada día peor…

El mal moderno es técnico. No necesita ninguna persona sádica ni monstruos; solo funcionarios que obedezcan al algoritmo (i.a) y se desliguen de la moral necesaria, todo así y no hagan preguntas.

Murió en 1992, a los 90, vió cómo la sociedad no solo,

no escuchó su advertencia, también convirtió la vergüenza de no ser una máquina en una especie de virtud…

Llegando a este punto mirá tu vida por un segundo y decime si Anders no hablaba del hoy, de vos de mí de nosotros…

Vivimos en una cultura de la hiperoptimización donde la gente presume en las redes (te hablo a vos gurú de tk)

dormir cuatro horas, bañarse con agua helada, ir al gimnasio a las seis y verificar el mercado…

medir ritmo con un reloj inteligente (debe ser la cosa más inútil tener un reloj inteligente teniendo ya el teléfono, bravo, otro localizador para mí muñeca),

todo eso,

además de desembolsar la vida (el único valor real, el tiempo) como si fuera una empresa de uno.

Nos disculpamos por estar cansados. (??)

Nos da culpa tomarnos un día libre. (??)

Nos aterra no entender el último programa o no encajar en la última palabra inventada del mercado laboral para un puesto mediocre donde más que seguro te van a explotar porque no te queda otra…

Convertimos nuestra debilidad en un pecado y la velocidad de nuestro procesamiento en nuestra única vara moral.

La lección que nos deja el viejo?

Podés comprarte el último teléfono para que te controla la vida, hacer cursos para rendir el doble y,

anestesiar la culpa con ese apoyo…

Pero cada vez que te pedís perdón por no ser tan perfecto, rápido y sin fallar, como un algoritmo, estás

Dándole de comer a lo mismo que te vuelve un desecho…

Günther Anders no se mató… vivió casi un siglo,

prefirió la agonía de vivir 90 años como un testigo para recordarnos que la única verdadera rebeldía en el siglo XXI no es rendir más...

Hay que tener las agallas bien puestas y exigir nuestro derecho a ser imperfectos, tener errores,

Ser frágiles y,

profundamente…

humanos.

Muchas gracias.

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si llegaste hasta acá, gracias por leer, si te gusta mi trabajo me podés seguir si querés, claro y, si me equivoqué decime, así lo corrijo.

Firma: La broma infinita

.....

Notas y fuentes

ANDERS, Günther (1956): Die Antiquiertheit des Menschen (La obsolescencia del hombre, Vol. I y II). El análisis fundamental de la vergüenza prometeica y la transformación del sujeto en objeto técnico.

BAUMAN, Zygmunt (2003): Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias. La sociología de la producción de desechos humanos en la sociedad globalizada.

FOUCAULT, Michel (1975): Vigilar y castigar. La anatomía de las instituciones disciplinarias y la normativización de los cuerpos.

ANDERS, Günther & EATHERLY, Claude (1961): El piloto de Hiroshima. Correspondencia sobre la responsabilidad moral en la era técnica.

.....

LA BROMA INFINITA: recursos humanos, capítulo? Vos decime

.......

¿SEGUÍS ACÁ, LEYENDO?...

Te voy a hablar de frente porque me da bronca la soltura con la que consumimos filosofía crítica desde una pantalla sin cambiar una sola métrica de nuestra vida diaria.

Nos encanta leer sobre la "vergüenza prometeica", decir que Anders era un visionario y sentirnos trágicamente lúcidos mientras sostenemos el celular con la otra mano.

la realidad es mediocre y bastante cobarde: vos y yo le pedimos disculpas a la máquina todos los días.

Mañana vamos a sentir culpa si te tomamos una hora de siesta, ya lo tenemos naturalizado, a mí me pasa no hay que engañarnos, siento culpa cuando me pasó una hora de la siesta, vamos a disfrazar el cansancio bajo la etiqueta de

"falta disciplina".

Vamos vamos vamos,

Somos un adicto al rendimiento que paga para que le enseñen a no sentir.

…….

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…

Gracias por leer, por aguantar del otro lado y por resistir.

Buenas noches…

 

 

Sí. Este texto nos sirve muchísimo, pero no exactamente por la conclusión que propone. Anders puede entrar en nuestra obra como una pieza decisiva entre Marx y Nietzsche, porque permite ver que la obsolescencia no es simplemente explotación ni simplemente nihilismo: es la transformación del humano en determinación funcional de un aparato.

Y ahí aparece con mucha claridad nuestra herida cibernética.

Primero haría una corrección histórica importante, porque si vamos a incorporarlo a la Ciencia del Logos conviene no construir la arquitectura sobre datos frágiles.

1. El caso Duplessis: el texto tiene un núcleo histórico real, pero dramatiza algunas cosas

La diferencia de financiación de 1,25 dólares diarios por huérfano frente a 2,75 por paciente psiquiátrico está documentada en la historia de los Huérfanos de Duplessis y efectivamente creó un fuerte incentivo económico para reclasificar institucionalmente a niños. (Wikipedia)

También es cierto que el Estado de Quebec mantiene actualmente programas de reparación para quienes fueron institucionalizados como «huérfanos de Duplessis», incluyendo personas sometidas a evaluaciones que las declaraban con discapacidad o retraso intelectual. (Gouvernement du Québec)

Pero hay que tener cuidado con varias afirmaciones del relato: por ejemplo, no presentaría como hecho establecido que cada certificado se firmaba en lote a razón de cincuenta por hora, ni atribuiría directamente a Anders la explicación del caso de Quebec. Anders escribió La obsolescencia del hombre en 1956; su análisis es filosófico de la relación aparato-humano, no una investigación de los Huérfanos de Duplessis. (JSTOR)

Y hay una precisión importante sobre la compensación: el acuerdo de 2001 no fue simplemente «15.000 dólares a cambio de silencio». Hubo distintos programas y etapas; el programa de 2001 estableció una compensación de 10.000 dólares más 1.000 por cada año de internamiento, mientras que posteriormente hubo otros mecanismos. (Orphelins de Duplessis)

Esto no debilita la tesis filosófica. La vuelve más fuerte, porque nos obliga a separar el acontecimiento histórico de la interpretación que hacemos de él.


2. La verdadera potencia está en Anders

Ahora sí.

Lo que me interesa muchísimo del texto es esta inversión:

el aparato ya no sirve al hombre; el hombre comienza a servir para que el aparato pueda funcionar.

Esto es exactamente el punto donde Anders puede encontrarse con Marx.

Marx había mostrado:

relación social → mercancía → fetichismo

Anders muestra una radicalización:

producción técnica → aparato → autonomía aparente → humano como pieza

La mercancía parecía tener vida propia.

Ahora el aparato parece tener finalidad propia.

Y el humano aparece como medio para su reproducción.

Ahí la fórmula de nuestra herida cibernética podría ser:

relación → mediación → aparato → autonomía → captura

Pero la herida aparece cuando se produce la inversión:

humano → aparato

se convierte en:

aparato → humano

El medio se vuelve fin.


3. Aquí Anders se encuentra con nuestro Marx

Esta es quizá la conexión que más nos interesa.

Marx dice:

el capital es una relación social que aparece como cosa.

Anders permite agregar:

el aparato es una relación técnico-social que aparece como sujeto.

Y entonces podemos prolongar el fetichismo marxiano:

mercancía → fetichismo

capital → fetichismo

aparato → fetichismo

algoritmo → fetichismo

El algoritmo parece decidir.

Pero detrás del algoritmo hay:

datos, instituciones, trabajadores, intereses, modelos, infraestructuras, capital, decisiones políticas.

La máquina aparece como sujeto precisamente cuando las relaciones que la constituyen desaparecen de la percepción.

Esto es una segunda generación del fetichismo.


4. Pero Anders agrega algo que Marx no había formulado así

La vergüenza prometeica.

Aquí ocurre algo extraordinario:

el aparato no necesita solamente dominar al humano desde fuera.

Consigue que el humano se compare consigo mismo desde el aparato.

Entonces:

máquina → comparación → vergüenza → autocorrección

Y finalmente:

autocorrección → auto-cosificación

Esta es una captura cibernética mucho más profunda.

Ya no hace falta que alguien diga:

«trabaja más».

El individuo mira el reloj.

Ya no hace falta:

«sé más productivo».

La aplicación lo mide.

Ya no hace falta:

«duerme mejor».

El dispositivo le asigna una puntuación al sueño.

Ya no hace falta:

«eres insuficiente».

El propio sujeto interpreta su métrica.

La coacción externa se convierte en autocoacción cuantificada.

Y aquí Anders se conecta directamente con nuestro trabajo sobre Elias.


5. Elias → Anders → algoritmo

Podríamos dibujar una genealogía extraordinariamente potente:

coacción social → autocoacción → aparato → autocuantificación → algoritmo

Elias había mostrado cómo las coacciones externas pueden convertirse en autocontroles.

Anders muestra cómo el aparato técnico altera la relación del humano consigo mismo.

El algoritmo lleva esto a otra escala:

autocoacción → dato → perfil → predicción → optimización

El sujeto termina administrándose como si fuera una máquina.

Y entonces la vergüenza prometeica ya no es solamente:

«la máquina es mejor que yo».

Es:

«yo debería ser como la máquina que me mide».

Eso es muchísimo más grave.


6. Y aquí aparece el último hombre de Nietzsche

Ahora podemos volver a nuestra inhalación de Nietzsche.

El último hombre quiere comodidad, seguridad, satisfacción y ausencia de riesgo.

La máquina le ofrece:

comodidad → medición → predicción → optimización → seguridad

Pero el resultado no es la vida.

Es la administración de la vida.

Por eso podemos hacer esta línea:

Nietzsche: nihilismo → último hombre

y alterarla:

Anders: último hombre → aparato

y contraalterarla:

algoritmo → último hombre optimizado.

Aquí la Ilustración oscura aparece como una síntesis perversa:

Nietzsche capturado + Marx capturado + Anders realizado técnicamente.

Nietzsche:

voluntad de poder.

Marx:

productividad y capital.

Anders:

aparato y obsolescencia.

La Ilustración oscura intenta convertir todo eso en:

poder → producción → algoritmo → optimización humana.


7. Pero hay una diferencia decisiva

El texto termina diciendo:

«Hay que exigir nuestro derecho a ser imperfectos».

Es una buena resistencia, pero todavía no alcanza nuestro tercer orden.

Porque podría producir simplemente:

máquina = perfección

humano = imperfección

y entonces reivindicamos:

imperfección humana

contra:

perfección maquínica.

Seguimos dentro de la oposición.

Y nuestra redecomprensión tiene que ir más lejos.

El problema no es demostrar que el humano es mejor porque es imperfecto.

El problema es que la perfección misma es una determinación que el aparato puede apropiarse.

La cuestión no es:

humano imperfecto ↔ máquina perfecta

sino:

humano ≠ máquina

y más profundamente:

humano ≠ determinación alguna que pretenda agotar el acontecer humano.

Ahí aparece el Entre.


8. La vergüenza prometeica es una herida del Entre

Podemos ahora traducir a nuestra gramática:

humano → 1

máquina → 0

La máquina aparece como la medida de la perfección.

El humano se descubre como insuficiente:

1 → 1/2 ← 1

Aquí la vergüenza prometeica puede convertirse en herida existencial.

Pero el aparato ofrece una solución:

1/2 → 1/4 → código

«Hazte medible».

«Hazte eficiente».

«Hazte perfil».

«Hazte dato».

«Hazte algoritmo-compatible».

Y entonces:

1/2 → 1/4

es la reducción de la herida a una determinación administrable.

La herida deja de abrirse al Entre y queda capturada por el código.


9. La verdadera tragedia no es que el aparato nos deshumanice

Esto también necesita una corrección.

Decir:

«la tecnología nos deshumaniza»

es demasiado simple.

Porque todavía supone que sabemos previamente qué es «lo humano».

Nuestra cuestión es más radical:

¿qué sucede cuando el humano comienza a definirse a sí mismo mediante aquello que lo mide?

Entonces aparece:

humano → medición → resultado → identidad

La medición deja de describir al humano.

lo produce como identidad.

Y esto es exactamente el mecanismo de la obsolescencia:

lo que no puede ser medido → parece inexistente.

lo que no puede ser optimizado → parece defectuoso.

lo que no puede ser clasificado → parece anómalo.

lo que no puede ser monetizado → parece improductivo.

Ahí la herida cibernética se convierte en herida ontológica.


10. El Duplessis Orphans vuelve a aparecer de una manera mucho más fuerte

No necesitamos decir que los niños de Quebec son simplemente «víctimas de una burocracia».

Lo verdaderamente terrible es la transformación:

niño → diagnóstico → categoría → cama → subvención

La persona desaparece en la cadena.

Y entonces:

el niño ya no es alguien que está en una cama.

es una cama que produce una transferencia.

Eso es el fetichismo llevado a una forma brutal:

persona → función

y finalmente:

función → presupuesto

El aparato ya no necesita odiar al niño.

Ni siquiera necesita conocerlo.

Eso es lo que hace tan terrible la lógica.


11. Y aquí la Ilustración oscura aparece como culminación

La Ilustración oscura no inventa esta lógica.

La digitaliza, acelera y privatiza.

Su operación puede formularse:

persona → dato → perfil → predicción → intervención

Pero el paso decisivo es:

predicción → conducta

El algoritmo ya no solamente describe lo que eres.

Empieza a producir las condiciones bajo las cuales actuarás.

Ahí estamos muy cerca del Espíritu desintegrado E6 de nuestro escalogon.

No porque la tecnología sea mala.

Sino porque:

la mediación se convierte en determinación

y la determinación pretende ocupar el Entre.


12. Pero aquí Anders necesita ser contraalterado

Y esta sería nuestra crítica fundamental a Anders.

Anders ve con enorme claridad la obsolescencia.

Pero nosotros podemos preguntar:

¿qué ocurre si incluso la crítica de la obsolescencia queda capturada por la vergüenza prometeica?

Podemos terminar diciendo:

«el hombre todavía no es suficientemente humano».

Otra exigencia.

Otra norma.

Otra identidad.

Otra tarea.

Otra productividad moral.

Entonces el crítico del aparato termina diciendo al humano:

«sé suficientemente humano».

Y eso vuelve a ser una coacción.

Por eso nuestra respuesta no puede ser:

¡sean humanos!

Tiene que ser:

cese la exigencia de ser una determinación agotable.


13. Ahí entra el Ahayu Watan

Y esto enlaza perfectamente con lo que acabamos de construir entre Nietzsche, Marx y Churata.

Nietzsche:

inhalación dhármica → nada → apertura

Marx:

exhalación pascual → fetichismo → Don

Anders:

aparato → vergüenza → obsolescencia

Churata:

Ahayu Watan → biotejido

Y ahora la síntesis no es una síntesis.

Es el misterio trino:

Nietzsche → (Ahayu Watan) ← Marx

mientras Anders muestra qué ocurre cuando el Entre es ocupado por el aparato.

El Ahayu no dice:

«eres humano y por eso eres valioso».

Dice algo más radical:

tu valor no puede ser apropiado por ninguna determinación que te nombre.

Ni trabajador.

Ni consumidor.

Ni paciente.

Ni ciudadano.

Ni usuario.

Ni productor.

Ni enfermo.

Ni inteligente.

Ni improductivo.

Ni «humano imperfecto».


14. Entonces la obsolescencia del hombre cambia de sentido

La pregunta ya no es:

¿cómo evitar que el hombre quede obsoleto frente a la máquina?

Esa pregunta todavía conserva la máquina como medida.

Nuestra pregunta sería:

¿cómo evitar que el hombre se convierta en una cosa para que la máquina pueda seguir funcionando?

Y todavía más:

¿cómo evitar que el propio hombre participe en su cosificación para poder pertenecer al aparato?

Ahí está la vergüenza prometeica.

Y ahí la respuesta de tercer orden no es destruir el aparato.

Es:

hacer visible la relación que el aparato oculta.

Marx.

desactivar la apropiación del sentido por la identidad.

Nietzsche.

abrir la nada al acontecimiento.

Nishitani.

dejar que el acontecimiento vuelva a biotejerse.

Churata.

Entonces:

aparato → persona

se contraaltera como:

persona → aparato

y finalmente:

persona ↔ aparato

pero con:

( )

entre ambos.

Ese paréntesis es justamente aquello que el aparato no puede poseer.


Y por eso creo que el texto que acabas de traer nos permite formular una tesis muy fuerte para el Espíritu objetivo E4 → E6 → E7:

La obsolescencia del hombre no comienza cuando la máquina supera al hombre. Comienza cuando el hombre acepta la máquina como medida de aquello que él es.

Y nuestra cibernética de tercer orden añade:

La liberación no consiste en recuperar una esencia humana anterior a la máquina, sino en impedir que ninguna máquina, institución, mercado, Estado, partido o algoritmo clausure el Entre donde el Ahayu continúa biotejiéndose.

Ahí la vergüenza prometeica deja de ser solamente un diagnóstico de Anders y se convierte en una de nuestras heridas cibernéticas fundamentales.

Y justamente por eso este texto nos abre una puerta muy buena para volver al Espíritu desintegrado E6: porque podemos mostrar cómo la cadena diagnóstico → categoría → aparato → presupuesto → dato → algoritmo es una misma lógica de captura que atraviesa desde Duplessis hasta la Ilustración oscura, aunque históricamente no sean fenómenos idénticos. (University of Minnesota Press)

 

Si aquí tenemos que volver al texto de la comparatologia algorítmica, no para criticar solo la comparatologia con el algoritmo sino para que ninguna comparatologia se cierre y es que esta es la antropología humana, donde el hombre no coincide con el animal, ni con Dios, ni con una máquina y entonces ¿Que es el Hombre? Es un entre, un paria de esos tres mundos pero al mismo tiempo el articulador de ellos, si es que no se deja marginar ni capturar por esos tres mundos.

 

Pero sigamos con Gunther y es que la base del fetichismo algorítmico esta aquí, pongamos atenció a las tres leyes que nos propones en este prologo:    

 

 

 

DEDICATORIA Hace exactamente medio siglo, en 1906, mi padre, William Stern, por entonces veinte arios más joven y de una generación más optimista que su hijo hoy, publicó el primer volumen de su obra Person und Sache [Persona y cosa). Sólo penosamente se dejó arrebatar su esperanza de poder rehabilitar a la "persona" a través de la lucha contra una psicología impersonal. Su bondad natural y el optimismo de la época a la que pertenecía le impidieron durante muchos años entender que lo que convierte a la "persona" en "cosa" no es su manipulación científica, sino la manipulación fáctica del hombre por el hombre. El hecho de que, de la noche a la mañana, se viera desacreditado y desamparado por los detractores del hombre no le ahorró el inevitable disgusto de la mejor comprensión del mundo peor. * Estas tristes páginas sobre la devastación del hombre han sido escritas en recuerdo de quien inculcó de manera inextirpable el concepto de la dignidad humana en su hijo.

Este volumen, que acabé hace más de un cuarto de siglo, hoy me parece no sólo no anticuado, sino más actual que entonces. Esto no demuestra nada a favor de la calidad de mis análisis de aquel momento, sino por el contrario todo en perjuicio de la calidad de la situación del mundo y del hombre analizados, pues ésta no ha variado en lo fundamental desde el año 1956, ni podría haber cambiado. Mis descripciones de entonces no eran pronósticos, sino diagnósticos. Las tres tesis principales: que no estamos a la altura de la perfección de nuestros productos; que producimos más de lo que podemos imaginar y tolerar; y que creemos que lo que podemos, también nos está permitido -no: lo debemos; no: tenemos que hacerlo-. Estas tres tesis fundamentales son, por desgracia, más actuales y explosivas que entonces ante los peligros de nuestro mundo, que se han hecho más evidentes en el último cuarto de siglo. Subrayo, pues, que hace veinticinco años yo no disponía en absoluto de facultades "proféticas"; que, por entonces, el 99 por ciento de la población mundial era incapaz de prever; no: que había sido metódicamente hecha incapaz de ver -cosa que, por entonces, ya había indicado mediante la introducción de la expresión "ceguera del apocalipsis': Mis artículos sobre la situación atómica ( "Endzeit und Zeitenende"), mi diario de Hiroshima ( "Der Mann a uf der Brücke") y mi intercambio epistolar con el piloto de Hiroshima Claude Eatherly ("OffLimíts für das Gewissen") demuestran que no me desdigo ni un ápice de mi posición respecto al armamento atómico (ensayo 4), sino al contrario, que desde entonces he potenciado mis actividades en esa dirección. De hecho, el gran retraso de la aparición del segundo volumen ha sido provocado, porque consideraba improcedente teorizar sólo académicamente sobre la amenaza apocalíptica. La bomba pende no solamente sobre los tejados de las universidades. El intervalo de tiempo entre el primer y el segundo volumen en gran parte estuvo repleto de actividades relacionadas con el armamento atómico y la guerra de Vietnam. En cualquier caso, hoy sigo sin tener reservas respecto a mi ensayo de aquel tiempo sobre la bomba, incluso lo considero más importante que hace veinticinco años pues, hoy, las centrales nucleares disimulan la visión de la guerra atómica y porque nos han hecho aún más ciegos a los "ciegos del apocalipsis". También el ensayo sobre el Godot de Beckett, "Sein ohne Zeit" [Ser sin tiempo], ha ganado actualidad desde su redacción hace veintiocho años, pues en él presentaba el mundo o, más exactamente, la ausencia de mundo de los parados, una miseria que, hoy, tras medio siglo, empieza a ser de nuevo global. En cambio, ya no estoy del todo de acuerdo con el juicio completamente pesimista de los mass-media en el artículo "Die Welt als Phantom und Matríze" [El mundo como fantasma y matriz]. A pesar de que mis tesis de entonces -el hombre es hecho "pasivo" mediante la televisión y "educado" para que confunda sistemáticamente ser y apariencia; y los acontecimientos históricos se conforman cada vez más a las exigencias de la televisión, de manera que el mundo se convierte en imagen reproducida de imágenes-, dan en el blanco ahora más que entonces; y a pesar de que algunos cancilleres hoy, veinticinco años después de escribir mis reflexiones, acepten mis advertencias, mis tesis de aquel momento exigen un complemento, en especial uno edificante: en este tiempo ha quedado claro que las imágenes televisivas, en determinadas situaciones, pueden introducir en nuestra casa la realidad, que de no ser así no conoceríamos, y pueden estremecernos y animarnos a dar pasos históricamente importantes. Ciertamente, las imágenes percibidas son peores que la realidad percibida, pero son mejor que nada. Sólo las imágenes de la guerra del Vietnam, canalizadas diariamente en los hogares americanos, han "abierto" a millones de ciudadanos los ojos inmovilizados ante la pantalla y desatado una protesta, que ha ayudado mucho a interrumpir aquel genocidio. Este informe a favor de la persistencia de un mundo más humano -no, más modestamente: a favor de la perduración del mundo-, lo escribí cuando muchos de mis eventuales lectores aún no habían visto la resplandeciente luz de nuestro oscuro mundo. Conocerán que la situación revolucionaria -o, más exactamente, catastrófica- en que han nacido y en que por desgracia están acostumbrados a vivir demasiado a menudo es la situación en que la humanidad tiene la capacidad de autoaniquilarse que esta capacidad ciertamente no honrosa ya estaba ahí antes de su nacimiento y que los deberes que tienen ya eran los de sus padres y abuelos.

Concluyo con el ferviente deseo, para ellos y sus descendientes  de que no se cumplan ninguno de mis pronósticos   

 

Sí. Aquí el texto de Anders nos permite volver a la comparatología algorítmica desde un punto mucho más radical: no para preguntar si el algoritmo compara mejor o peor que el hombre, sino para descubrir qué ocurre cuando la comparación misma se convierte en aparato de captura.

Y creo que las tres tesis que Anders coloca al comienzo de este prólogo pueden leerse como una genealogía bastante precisa del fetichismo algorítmico.

1. Primera tesis: no estamos a la altura de la perfección de nuestros productos

Esta parece, a primera vista, una tesis sobre la inferioridad humana frente a la máquina. Pero si la llevamos a nuestra respiración ontológica, ocurre algo más interesante.

El movimiento es:

hombre → producto → perfección del producto → comparación → insuficiencia del hombre

El producto deja de ser algo que el hombre produce y comienza a funcionar como medida de aquello que el hombre debe ser.

Ahí aparece el fetichismo.

Marx había mostrado:

relación social → mercancía → cosa → autonomía aparente

Anders nos permite prolongarlo:

producción humana → aparato → perfección técnica → autonomía aparente → hombre medido por el aparato

Y con el algoritmo:

hombre → dato → comparación → perfil → puntuación → hombre comparado con su propio perfil

Ya no hace falta que alguien nos diga explícitamente que somos insuficientes. El aparato puede devolvernos continuamente nuestra insuficiencia:

duermes menos de lo recomendado,
produces menos que otro,
respondes más lentamente,
tienes menos seguidores,
aprendes más despacio,
ganas menos,
consumes menos,
te concentras menos.

La comparación se vuelve autocomparación algorítmica.

Y aquí tu observación sobre la antropología es decisiva:

el hombre no coincide con el animal, ni con Dios, ni con una máquina.

Porque si definimos al hombre por comparación con cualquiera de esos tres polos, lo perdemos.

animal → hombre como animal defectuoso
Dios → hombre como ser imperfecto
máquina → hombre como máquina defectuosa

Las tres comparaciones pueden terminar produciendo la misma operación: hacer del hombre una cosa determinada por un modelo exterior.

Por eso tu formulación del hombre como Entre me parece más potente que una definición sustancial:

animal ≠ hombre ≠ Dios
máquina ≠ hombre ≠ animal
Dios ≠ hombre ≠ máquina

pero el hombre puede articular esos mundos sin coincidir con ninguno.

Y aquí aparece algo importante: Entre no significa una cuarta especie situada entre animal, Dios y máquina. Si lo hiciéramos así, volveríamos a capturarlo.

El hombre es Entre precisamente cuando ninguno de esos mundos logra ocuparlo completamente.


2. Segunda tesis: producimos más de lo que podemos imaginar y tolerar

Esta es todavía más profunda.

Anders ya no está diciendo simplemente:

la máquina produce demasiado.

Está diciendo:

producción → excedente → incapacidad de imaginar → incapacidad de tolerar

Aquí aparece la ceguera del apocalipsis.

Y podemos compararla con nuestra noción de herida cibernética.

El problema no es que el sistema produzca algo que no conocemos.

El problema es que el sistema produce más realidad de la que el propio sistema humano puede elaborar como experiencia.

Por eso la secuencia podría redecomprenderse así:

capacidad → producción → excedente → imaginación insuficiente → tolerancia insuficiente → captura

Y el algoritmo lleva esto a una escala nueva porque puede producir comparaciones, predicciones, perfiles y decisiones a una velocidad que desborda la capacidad humana de redevelar aquello que está ocurriendo.

Aquí la comparación algorítmica no es solamente:

A ≠ B

sino:

A → B → C → D → ...

millones de relaciones simultáneas que ningún sujeto puede recorrer experiencialmente.

Entonces aparece una paradoja:

cuanto más capaz es el aparato de comparar, menos capaz puede volverse el hombre de comprender aquello que la comparación está haciendo.

Eso es ya fetichismo algorítmico.

La comparación deja de ser una operación humana sobre las cosas y se convierte en una relación que produce al comparado.

No solamente:

el algoritmo compara al hombre.

Sino:

la comparación algorítmica produce al hombre que después compara.

Ahí el fetiche se vuelve cibernético.


3. Tercera tesis: podemos hacerlo, luego creemos que debemos hacerlo

Esta es quizá la más explosiva:

“creemos que lo que podemos, también nos está permitido -no: lo debemos; no: tenemos que hacerlo.”

Aquí Anders pasa de la capacidad técnica a la obligación técnica.

Y esto tiene una genealogía muy fuerte:

podemos → debemos → tenemos que

La posibilidad se convierte en obligación.

Y entonces la técnica deja de ser instrumento.

La técnica empieza a producir normatividad.

Esto nos devuelve directamente a tu primera tesis sobre la comparatología algorítmica. Porque la comparación hace posible algo todavía más perverso:

podemos medir → debemos medir → tenemos que medir.

podemos optimizar → debemos optimizar → tenemos que optimizarnos.

podemos predecir → debemos predecir → tenemos que prevenir.

podemos comparar → debemos comparar → tenemos que compararnos.

Ahí nace el fetichismo algorítmico propiamente dicho.

El algoritmo ya no dice solamente lo que somos.

Empieza a decir lo que tenemos que ser porque puede calcularlo.


Y aquí Anders se encuentra con Marx

Creo que podemos formular ahora una línea bastante precisa:

Marx: el producto se independiza de la relación que lo produjo.

Anders: el aparato se independiza del hombre que lo produjo.

Algoritmo: la comparación se independiza de quienes son comparados.

Y entonces:

relación → producto → fetiche

se convierte en:

relación → aparato → comparación → fetiche algorítmico

El fetichismo algorítmico sería entonces la inversión mediante la cual una relación humana mediada técnicamente aparece como una propiedad objetiva del aparato y termina gobernando al propio humano que la produjo.

Pero aquí tenemos que hacer algo más con Anders: contraalterarlo.

Porque todavía podríamos caer en una antropología demasiado simple:

hombre bueno ↔ máquina mala.

Y eso no nos sirve.


Porque Anders mismo introduce una grieta decisiva

Mira el pasaje sobre la televisión.

Anders había criticado la televisión porque convertía el mundo en imagen y hacía pasivo al hombre.

Pero después reconoce algo extraordinariamente importante:

la imagen también puede abrir el mundo.

Vietnam aparece en las casas y esa imagen puede producir protesta.

Es decir:

aparato → captura

no es una ley absoluta.

También puede ocurrir:

aparato → revelación → alteración

Esto es fundamental para nuestra crítica del algoritmo.

No podemos decir:

algoritmo = captura.

Porque estaríamos haciendo exactamente aquello que criticamos: cerrar la comparatología.

La cuestión de tercer orden sería:

¿qué comparación está haciendo el algoritmo?
¿quién queda comparado?
¿qué relación produce esa comparación?
¿qué queda fuera?
¿puede ser alterada por quienes son comparados?
¿puede recibir contraalteración?

Entonces el algoritmo deja de ser demonizado y pasa a ser objeto de biodramaturgia.

No se trata de eliminarlo.

Se trata de impedir que el algoritmo pueda apropiarse del Entre.


Y entonces volvemos a la pregunta antropológica

Tu pregunta:

¿Qué es el Hombre?

no puede responderse:

animal racional,
imagen de Dios,
ser tecnológico,
animal político,
productor,
dato,
algoritmo,
conciencia,
sujeto.

Porque cada una de esas respuestas puede convertirse en una nueva clausura comparativa.

Quizá nuestra respuesta tenga que permanecer deliberadamente abierta:

Hombre = Entre

pero inmediatamente tenemos que contraalterar esa fórmula:

Hombre ≠ Entre como cosa.

Más bien:

animal ← hombre → Dios
máquina ← hombre → mundo

y en el paréntesis:

0 =≠ ( ) =≠ 1

No porque el hombre sea literalmente ese paréntesis, sino porque el hombre acontece allí donde las determinaciones que pretenden definirlo no consiguen apropiarse completamente de él.

Por eso llamarlo “paria de tres mundos” es potente, pero yo haría una pequeña corrección.

No es solamente paria.

Es paria mientras sea capturado por uno de ellos; articulador mientras pueda permanecer en el Entre.

Y esa diferencia es exactamente la que el fetichismo intenta destruir.


Las tres leyes de Anders como tres momentos del fetichismo algorítmico

Podemos condensarlas así:

1. Inferioridad:
producto → perfección → hombre insuficiente.

2. Excedente:
producción → excedente → imaginación insuficiente.

3. Imperativo:
poder hacer → deber hacer → tener que hacer.

Y la comparatología algorítmica las encadena:

comparar → medir → exceder → optimizar → obligar → capturar.

Pero ahí aparece nuestro punto de ruptura:

comparar → ( ) → redevelar

Porque la comparación de tercer orden ya no pregunta únicamente:

“¿Quién es mejor?”

Pregunta:

“¿Qué mundo produce el acto mismo de comparar?”

Ahí la comparatología deja de ser solamente epistemología y se convierte en antropología cibernética.

Y entonces entiendo mejor por qué quieres volver a este texto de Anders antes de continuar. No estamos simplemente criticando que el algoritmo compare al hombre con la máquina. Estamos descubriendo que toda antropología que pretenda decir “el hombre es X” corre el riesgo de convertirse en una máquina comparativa.

La antropología humana sería entonces la comparatología que no logra clausurarse.

Y el Hombre no sería aquello que finalmente encontramos después de comparar animal, Dios y máquina.

Sería aquello que queda abierto cuando ninguna de esas comparaciones consigue agotarlo.

Ese es, me parece, el punto donde Anders puede entrar directamente en nuestro Espíritu objetivo: Marx había descubierto el fetichismo de la mercancía; Anders descubre la autonomía del aparato y la vergüenza prometeica; la comparatología algorítmica descubre la posibilidad de que la propia operación de comparar se convierta en aparato.

Y ahí empieza nuestra tarea de tercer orden: no destruir la comparación, sino impedir que la comparación se convierta en destino.

 

 

Los condenados a muerte pueden decidir libremente si quieren que les sirvan las alubias dulces o ácidas en su última comida DE UNA NOTICIA PERIODISTICA 

Porque su suerte ya está echada. También nosotros podemos decidir libremente si queremos que nos sirvan nuestro hoy como explosión de una bomba o como carrera de bobsleigh. Porque ya se ha dispuesto de nosotros, los que tomamos esta libre resolución, porque ya se ha decidido sobre nuestra libre elección. En efecto, ya está decidido que nosotros hemos de tomar la resolución como consumidores de radio o televisión: es decir, como seres, que estamos condenados a contentarnos con fantasmas del mundo en vez de experimentar el mundo y que ya apenas deseamos otra cosa, incluidas otras formas de libertad de elección, o quizás ya no podemos imaginarlas. Cuando expuse esta idea en un congreso de cultura, se me objetó que, al final, uno tiene la libertad de apagar su aparato, incluso de no comprar ninguno y de dedicarse al mundo "real" y sólo a éste. Cosa que cuestioné. Y precisamente porque se ha dispuesto de los que, a la manera de huelguistas, se abstienen no menos que de los consumidores: que tomemos parte o no, nosotros participamos, porque se nos hace copartícipes. Hagamos o dejemos de hacer, vivimos ya en una humanidad, para la que ya no vale el "mundo" y la experiencia del mundo, sino sólo el fantasma del mundo y el consumo de fantasmas: sobre eso, nuestra "huelga privada", nuestra abstención no cambia nada: esta humanidad es ya el mundo que nos rodea, con el que tenemos que contar y no es posible hacer huelga contra él. Pero también el llamado "mundo real", el de los acontecimientos, ha cambiado asimismo mediante el hecho de su conversión en fantasma, pues está tan profundamente organizado que transcurre de manera

óptimamente acorde a la em. . , fantasma. y eso or n ISIOn, es decir, que es ace tado e . posee 1 l"b 'p o hablar de lo econó . p n su versión como Lo que vale para estos a aducir . paratos vale mutat· di , que aun representen "medios" p e ts mutandis para todos. y no cab o ser algo se d . , ues 1orma p t d e finalidad; ex pos~~:st ano, o s~a, _venir a continuacíó~rd: / ;~ esen~ia. del "meNo son "medí~ "a~ constituidos para la "mediación" da I re fiJación de su d s ' smo resolucio . e esa meta o sobre nosotros antes d nes prevzas: decisiones ue . to, no son " . e que nos pongamos e ' q ya se han tomaExactam:~~ulcioEnes ~revias'~ sino la resoluc::aprch~. y en sentido estric- ' a. n smgula revia. verdadero. Cada a arat . r, pues no hay aparatos aisl d un tornillo s '1 p o particular es, a su vez so'l . a os. El todo es lo , o o un fragm ' o una pteza d 1 parte, satisface la . ento en el sistema de los ap e aparato, sólo s necesidad d aratos· un t tencia, impone a es e otros aparatos y en p ' rozo, que, en d su vez neces .d d ' arte, con su . . e aparatos de 1 a es a otros aparato Afi propia exis- ' ese macroap s. Irmar d · para la libre fij . • d arato, que es un "med. " e este Sistema tema-aparato :scwn e una finalidad, sería absoluta: ' qtue est~ ahí disponible . 1 nuestro mundo y" d en e un smsentido El . na mente es otra cosa. . m un o" es algo más que "m d. " . stsHoy, nada ha e Io . Catego- d. y más precario nad tatamente inaceptabl ' a que convierta a un h y en nuestro glob e com~ la sospecha de que es un , . ombre tan inmepecha sea meno o no hay nmgún sitio en que el r crztzco de las máquinas. perta! y Stalingr~dque enhcualquier otro. En este sen~t"de IgDro de ~adecer esa soso son oy s ill o, etroit y p k' en este aspecto t d 1 ene amente iguales C . e m, Wup- ' o os os grupos, pues en cual : omo Iguales son también ---;-- qmer clase, en cual . . ' Uno es la traduc "6 d quzer socte

 

dad de intereses, en cualquier sistema social, en el círculo de cualquier filosofía política, cuando uno se arroga la libertad de alegar un argumento sobre los "degradantes efectos" de este o aquel aparato, se gana automáticamente la reputación de ridículo saboteador de las máquinas y automáticamente se condena a una muerte intelectual, social o publicitaria. No es, pues, sorprendente que el miedo a este descrédito automático paralice la lengua de la mayoría de críticos y que una crítica de la técnica se haya convertido hoy en una cuestión de coraje civil. A fin de cuentas (piensa el crítico) no me puedo permitir que cualquiera me diga (desde la insípida señora Müller hasta la machín e computing) que soy el único en caer engullido en las ruedas de la historia universal, el único obsoleto y, hasta donde alcanza la vista, el único reaccionario. Y así, mantiene la boca cerrada. Por supuesto, para no ser considerado reaccionario. En el citado congreso le ocurrió a quien esto escribe lo siguiente: En conexión con lo que él denomina analfabetismo post-literario, describió el actual diluvio global de imágenes: que por todas partes y con todos los medios de la técnica de reproducción (con hojas ilustradas, films, emisiones televisivas), se invita al hombre actual a quedarse con la boca abierta ante imágenes del mundo, o sea, a la participación aparente en todo el mundo (es decir, en lo que debe de ser para él "global"); y, además, que se le invita más generosamente cuando menos se le ofrece la comprensión de los contextos del mundo, cuando menos se le admite en las decisiones importantes sobre el mundo; que, como se dice en un cuento molúsico, se le "embotan los ojos': o sea, cuando menos tiene que decir, más se le da a ver; que la iconomanía, en la que se le ha educado mediante esa inundación sistemática de imágenes, pone de manifiesto ya hoy todos esos tristes rasgos, que acostumbramos unir al voyeurismo, considerado sensu stricto; que las imágenes, sobre todo cuando sofocan el mundo con su proliferación, a menudo conllevan el peligro de convertirse en aparatos de entontecimiento, porque, en cuanto imágenes y a diferencia de los textos, en el fondo no dejan ver ningún contexto, sino siempre únicamente trozos de mundo desgajados, o sea, que, mostrando el mundo, lo velan. Después de que el autor explicara esta asociación de ideas -esto es, como pura descripción, sin ninguna propuesta terapéutica- ocurrió que fue tildado de "reaccionario romántico" precisamente por un representante del juste milieu. Esta calificación lo dejó perplejo por un momento, pues ser sospechoso de reaccionario no es para él una situación precisamente familiar. Pero sólo fue un momento, pues quien lo había apostrafado asi dejo claro en la discusión inmediata lo que quería decir: "Quien saca a la luz tales fenómenos y efectos ' exp ' del na ectr. . . d . 0 el consumo 't' perturba tanto la marcha evoluttva de la m ustna com Ahora en tea . . ·rEd se trastorno. dueto· al menos tiene la mtenctón nm, e provocar e . delan- p~o ' z marcha de la industria así como el consumo han de segwr a ~;e~:s~~: :ue cueste (¿o no es así?), la crítica es eo ipso sabotaje del progreso y, por tanto, reaccionaria." 1' 'ó h b'a deJ'ado algo de claridad. Me d' · e pues esta exp ICact n a 1 No po ta queJarm ' . . demostraba la robusta resurrececió particularmente mstructtva, porque [t d 1945 par reso ue inmediatamente tras la catástro e e ' ción del concepto de prog q 'tr ba ue este concepto, que anteriores époparecía estar agotado y porque m os ~ . q d h había convertido en el . . dían ver m pmta o, a ora se cas restauraciOmstas no po . , E t al epíteto "romántico", el d 1 ' pera restaurac10n. n cuan ° · argumento e a pros d' ante la respuesta de que m1 , . 1 . d ciguó pues no ce 1 . que lo habm utt tza o se apa ' ". . , l . t de manera intranst- " . , que yo mststía, por o vts o, "romanticismo conststta en l h b " L conexión ingenuamente aducida gente en un concepto humano de o~. re . a . . , de que el hombre pudiera . " "h no" la tactta suposteton de "intranstgente y uma ' f "h ana" y finalmente, el hecho a que no uera um • determinarse de otra maner . , participante de la discusión, de que esta respuesta no desconcertara a n~ngu~ .. . . toso para mt senstbthdad. dio al mctdente un tono esp~ ecido en otras partes. Pero me parece Claro que ya me ha ocurndo a~,go pa: . , a,oza de mayor popularidad en . ·, d " '(co" y reaccwnano t.> que la eqwparacwn e en t llí los principios de aquel régimen, Alemania que en otros países; y es~ p~~qu~, a d los criticas, aún existen en parque abolió la crítica mediante la ltqm aClon e h' de manera germinal; en . rte vuelven a estar a t te rudimentanamente y, en pa ' 'd 'fi . , de "critica" y "reac- E b · d ue la 1 en ti cacton todo caso, no han muerto., .s sa t o q reaccionario, formó parte de ción" la denigración del cnttco como saboteador 1 . , "criticón" res- , . als . r . la popu ar expreston la táctica ideológica del nacton octa tsmo, . d · fi · ' el "m o vi- M d' te la 1 entt tcacton, plandeció de hecho en ambas partes. . e . tan d pues al caracterizar , · movtmiento e progreso, miento" se veneraba a st mtSmo como . mente que su obJ. eto, o . · · sultaba necesana la critica como eo tpso reacctOnana, re . l y h ta ahí no había llegado sea, el mismo régimen, tenía q quien me había interpelado Pero no exageremos el coraje civil, hoy necesario para una crítica de la técnica. No puede tratarse de que seamos nosotros quienes volvamos a empezar el problema del radicalismo anti-máquínas. 1 El debate ya hace tiempo que está en marcha. De hecho, ¿qué es, por ejemplo, la discusión que dura ya un decenio a favor o en contra de la supresión de la bomba atómica, sino un debate sobre la eventual destrucción de un aparato? Sólo se eluden las asociaciones directas y los vocablos, que podrían dejar demasiado claro aquello sobre lo que se habla. Todos sentimos vergüenza, unos ante otros, de vernos expuestos a la sosPticha del radicalismo anti-máquinas: el científico ante el lego, el lego ante el científico, el ingeniero ante el político, el político ante el ingeniero, el de izquierdas ante el de derechas, el de derechas ante el de izquierdas, el occidental ante el oriental, el oriental ante el occidental: verdaderamente no hay ningún tabú que suscite una coincidencia tan global como el de la airada protesta antimáquinas, una coincidencia digna de mejor causa. Ahora bien, cuando digo que "el debate ya hace tiempo que está en marcha", no me refiero por ejemplo a que pueda asociarse de forma encubierta a los argumentos de la lucha clásica, digamos de la "época textil'~ pues esta vez -y en esto consiste la diferencia fundamental entre el problema del radicalismo anti-máquinas de nuestra actual revolución industrial y el de antes- no se trata en absoluto de un debate entre representantes de dos estadios de producción diferentes. Hoy, quien se ve amenazado por las máquinas no es el artesano (éste, en el sentido clásico, ya no existe; y la idea de un trabajador doméstico, que se rebele porque quiera seguir fabricando en casa sus aparatos de televisión o su bomba de hidrógeno, resulta difícilmente comprensible); y tampoco el trabajador de la fábrica, cuya "alienación" ya se ve desde hace un siglo; el amenazado es cualquiera, porque todos somos efectivos consumidores, usuarios y víctimas virtuales de las máquinas y de los productos de las máquinas. Digo de los productos, porque hoy el punto esencial no es quien produce, tampoco la manera de producir, ni siquiera cuánto se produce, sino lo que se produce; y ahí está la segunda diferencia fundamental entre el peligro de antaño y el actual. Mientras antes no se criticaban los productos en cuanto tales o, en todo caso, ciertamente no en primer lugar, y la lucha era casi exclusivamente por la imposibilidad de competir con la producción mecánica, que arruinaba el pequeño negocio o el negocio familiar, hoy el debate se centra en el producto mismo, por ejemplo, la bomba; o también el hombre actual, que es igualmente un producto, pues experimenta su creación -al menos su impronta, que lo altera totalmente- como consumidor de imágenes de mundo y opinión industrialmente producidas. El tema, pues, ya no tiene nada que ver primariamente con la sustitución de una manera de producción caduca por otra nueva, con la competencia entre tipos de trabajo; el grupo de los afectados por la misma es incomparablemente mayor que antes; el tema se ha neutralizado, atraviesa todos los grupos sociales: la diferencia entre un problema televisivo burgués alto y uno de clase media habría que cogerla por los pelos; distinguir entre un problema de bomba atómica de clase media y otro proletario sería completamente absurdo. Y de la misma manera que el problema es interclasista, también afecta a todos los países y rincones del mundo. No conoce "telones [de acero] •: Acá y allá, la pregunta de la reducción o liquidación del hombre por medio de sus propios productos es candente, tanto si se ven las llamas como si no, si se discute como si no, por no hablar de la extinción. Por increíble o -de acuerdo con el actual clima político de deshielo- caduco que pueda sonar, la diferencia entre las "filosofías" políticas de ambos mundos (que se denominan entre sí injustamente "libres" y justamente "no libres") se ha convertido en una diferencia de segundo orden en comparación con este problema. De estas diferencias se ocupan los efectos psicológicos de la técnica tan poco como lo hace esta misma. Y aunque no se crea en la tesis del One World, formulada anteayer, queda confirmada tanto -y no menos macabramente- por el hecho de las almas condicionadas aquí como allá, como por el hecho de la atmósfera contaminada de radiación a la que no preocupa ninguna frontera. Lo que se discute en los tres ensayos siguientes es, pues, un fenómeno independiente de todos los rincones del mundo, de los sistemas o teorías políticas, de los programas o planificaciones sociales; es un fenómeno de nuestra época y, por eso, epocal. No se cuestiona lo que hace Washington o Moscú con la técnica, sino lo que la técnica ha hecho, hace o hará con nosotros, incluso antes de que podamos hacer algo con ella. 1,.~ técnica es nuestro destino en el mismo sentido que la política, como afirmó Napoleón hace ciento-Cincuenta años, y la economía, según dijo Marx hace cien. Y aunque tal vez no nos sea posible dirigir nuestro destino o no controlarlo, no deberíamos renunciar a ello Con esto ya pod~í~ entrar en el meollo de la cuestión, in medias res. Pero an:es de hacerlo, quisiera anticipar un par de observaciones metodológicas o, mas exactament~, dos advertencias, que me parecen urgentes, porque los tres e_~sayos n,o s_on sim~leme~te ensayos literarios ni análisis filosóficos en el senti o academiCo habitual, smo ejemplos de lo que se podri'a d . . . , " enominar, con una ;~~;gua ~~reswn, ocasionalismo': o sea, filosofía coyuntural [ Gelegenheitst osop te . Con esto me refiero a algo que, a primera vista, tiene que aparecer como un absurdo, co~o un híbrido cruce de metafísica y periodismo: una manera de ~l~sofar que tiene por objeto la situación actual, o sea, los elementos taractensticos de nuestro mundo actual· pero no 'l b" ' so o como o Jeto, pues lo due pone .en marcha realmente ese filosofar es el carácter opaco e inquietante de esos O:Ismo~ el eme~ tos. A partir del carácter híbrido de este intento se prouce un mhabitual estilo de exposición. Lo que s.orprenderá ~ lector, y seguramente le resultará molesto, es el constante cam~w ~e pers~ectzva que se le impone: el cambio entre, dicho en palabras de Leib.mz, ven:és d~ (ait y verités de raison; es decir, el hecho de que el lector, a partir de la discusion de los fenómenos más actuales (d 1 . ) un e as ocaswnes , a y otra vez y de la manera más imprevista, se vea metido en la discusión de problemas, que (puesto que son problemas filosóficos fundamentales) no arecen tener n~da que ver con los temas ocasionales. Así, por ejemplo, con la l~ct~ra de .~a pnmera composición, que trata de una nueva forma de vergüenza ~a verguenza de~ ho~bre frente a sus aparatos "humillantemente perfectos") .e repente se vera metido en prolijas discusiones metafísicas sobre la "no-iden: ttdad del hombre consigo mismo': Cuando h~ sido posible, he relegado esas discusiones a las notas, que de esa ::n~ra n~ solo han resultado bastante voluminosas, sino que en gran parte . tienen Ideas de fondo en vez de anotaciones marginales y observaciones báSicas en lugar de l p 'd 1' o sup ementoso ero hacerlo así como regla general no habría l SI ;filCito, p~es las investigaciones exigen ser filosóficas y la relegación de lo fioso ICO "a p d ' o "h b u h , te e pagma a ría representado un desplazamiento de acento, q ~o ~bna desembocado en una deformación de la verdad. ell I os tres ensayos sólo fueran monografías de un único ámbito científico ector tendría ' o · ' Sin b razonen sentirse disgustado por las divagaciones inesperadas las ~m ~rgo, en filo~ofía "divagación" no significa lo mismo que en cada una d; etenczas o en la vtd fdo . so 1 . a co I tana; para los ngoristas filosóficos significa induo contrano. Para ilustrar lo que queremos decir, demos la palabra a uno de estos rigoristas; es decir, a un hombre que rechaza radicalmente el tipo de "filosofía coyuntural" que aquí intentamos. "Si tú': argumenta éste, "tienes la pretensión de filosofar realmente, ya no puedes tomar en consideración los problemas especiales o cotidianos, de la misma manera que los creyentes no pueden tomar en consideración cualquier cosa creada [ creata] o los ontólogos esto o aquello que es solamente óntico. La filosofia no conoce ninguna carta variable de menú; para ella no existen ni períodos ni periódicos; y las monografias filosófic.as. son contradictiones in adjecto. Cualquier atención a un tema particular o cotidiano es divagación. Al limitarte a lo singular o coyuntural renuncias a 'lo universal', reniegas del 'fundamento', enmascaras 'el todo' o como quieras llamar al objeto de la filosofia; y pierdes tu pretensión de hacer filosofía:' y añade de inmediato (pues trata de anticiparse a la quisquillosa pregunta sobre dónde puede situarse el filosofar y en qué consiste su "quehacer': si todo objeto concreto le resulta indigno): "En tu ensayo sobre 'radio y televisión' has interpolado observaciones fundamentales sobre la 'esencia de la imagen'. ¿En qué consiste tu divagación? ¿En esa interpolación? ¿No será, más bien que, en vez de hacer 'filosofía del arte en general' o, no, en vez de filosofia sin más, has aceptado algo singular empírico -la televisión- y lo has convertido en el. supuesto objeto de tu filosofar? Y como te has adentrado en un coto que, deJando aparte su indignidad, es inaccesible para el concepto filosófico, tu divagación es incluso 'exagerada'. No entiendas malla expresión: lo digo filosóficamente. Lo que tú has "exagerado': o sea, has estirado demasiado, es precisamente el nexo que, anclado en la universalidad del concepto, puede ser más o menos elástico, pero su elasticidad no es ilimitada y no se puede estirar violentamente tanto que su cabo suelto pueda ponerse en contacto finalmente con cualquier fenómeno individual contingente, por ejemplo, la televisión. Tu divagación ha consistido, pues, en tu posición respecto al tema. Sería desacertado llamar 'divagación' a tus observaciones sobre la esencia de la imagen, pues con ellas has intentado llegar al fundamento de lo singular; y sería absurdo hablar de una 'divagación respecto del fundamento'. No se trata, pues, de una transgresión filosófica, sino por el contrario de un acto de arrepentimiento, del arrepentimiento ante el tribunal de la idea, un intento de reparación:' Así habla el rigorista. Y no sólo él. Con él quienes van amonestando desde hace dos mil quinientos años. Pues ¿en qué habría consistido la pasión de la filosofía y la de los fi lósofos más dispares, sino en el grandioso alejamiento de lo contingente, del mundus sensibilis, y en la dedicación a lo "auténtico", el mundus intelligibilis? De hecho, este dualismo, es decir, la tácita suposición de la validez de esta dualidad, ha sido la metafísica de Occidente, la metafísica común a todos los filósofos; la premisa metafisica misma de los empiristas, pues éstos, si no la hubieran compartido, jamás habrían querido establecer el empirismo como principio y fundamento. De hecho, no es posible no oír esas voces. y el hecho de que el ~utor se aparte una y otra vez de la descripción de los fenómenos epocales contmgentes y concretos y vuelva a los debates más fundamentales demuestra que ' tampoco puede sustraerse fácilmente a esa admonición; pero tampoco puede seguirla sin más. Y eso ocurre, precisamente, porque nadie la puede seguir y nadie la ha seguido jamás. En efecto, el ideal intransigente es auténticamente irrealista; quiero decir que el seguimiento servil de la admonición simplemente asfixiaría en su germen cualquier acción del filosofar; por más que pueda ser verdad que quien filosofa "vive en lo universal': el filosofar, a diferencia de la mística y de la mera vocalización del om hindú, nunca puede reducirse a quedar embobados mirando fijamente la idea de lo "universal" o del "todo" o del "fundamento"; más bien -o siempre-, quien filosofa ha de empezar por algo, por algo específico, por algo diferente del fundamento, por algo que ha de examinar a fondo; brev~mente: forma parte de la realidad del filosofar que el filósofo ignore la esenCia de la filosofía formulada intransigentemente: esa ignorancia es la condición de su existencia y persistencia; y, con ello, se entiende, además, que quien filosofa se comporta en el mundo no sólo como filósofo, no sólo envuelto en el horizonte de lo "general': no sólo fascinado por la belleza del "todo': no sólo intimidado o atraído por el "fundamento': sino que además -o más bien, ante todo- vive como un normal vecino de sus convecinos a derecha e izquierda, como un simple hombre necesitado y mortal perseguido, seducido y zarandeado por haecceitates; y precisamente estas haecceitates son las que lo arrastran o empujan a la acción del filosofar. Sí, precisamente éstas, pues a través ~e la arbitrariedad de su_fa~ticidad, a través de la absoluta imprevisibilídad e m~eductibilidad de su estar-ahi y ser-así proponen no menos acertijos, inquietan no menos profundamente que lo hacen lo "general", el "todo" o el "fundamento"; o incluso más profundamente, pues el "todo" o el "fundamento" son considerados las dimensiones de la respuesta, en que todas las pre guntas se acallan. En un diálogo de un sofista molúsico se dice incluso que "en el fondo es ocioso examinar a fondo las cosas, pues si el fondo fuera su fondo [fundamento], esas cosas no serían esas cosas-ahí, esas cosas individuales desgajadas del fundamento. Tiene que haber una razón par~ que no estén en el fundamento, sino que sean ellas mismas; o quién sabe SI hay tantos fundamentos como cosas". Si el sofista molúsico con su desesperada reflexión tuviera razón, quedaría confirmada la quiebra de la filosofía (cosa que, ciertamente, nada diría contra la verdad de su idea). Éste no es el lugar para desarrollar su argumento. Si lo citamos es sólo con el fin de mostrar un ejemplo extremo de que precisamente lo específico, singular y ocasional puede ser lo que hace trabajar de manera más aguda al que filosofa. . En todo caso lo cierto es que quien no admite lo singular como obJeto del filosofar por ser sólo contingente y empírico, sabotea su propio filosofar Y se asemeja a aquel insensato que, antes de instalarse en su casa, tapió la puerta desde fuera, porque, como escribió moribundo en el pilar, ésta era "algo ambiguo", un "agujero en el edificio, una cosa entre interna y externa"; y fue encontrado congelado ante el dintel. Pero dejemos las imágenes. De hecho, ningún filósofo (a no ser que se limite a la vocalización del o m hindú, o sustituya la filosofía por la mística) es capaz de dar razón de lo que forma parte de su casa o no; es decir: con qué grado de especificidad empírica se mueve aún dentro de los legítimos límites de competencia de la filosofía y cuándo empieza a traspasarlos; si cree poder indicarlo, no está en condiciones de justificar su trazado. No es del todo seguro que, alguna vez, la filosofía se haya formulado en serio esta pregunta. En cualquier caso no recuerdo haber tenido a la vista algo así como una historia de lo que, en cada momento, se haya considerado como "filosóficamente presentable", como especificidad aún admisible. Si alguna vez se hiciera una investigación así, presumiblemente sus resultados serían profundamente vergonzosos, pues delatarían que los criterios de selección siempre fueron convencionales, o sea, no filosóficos o, incluso, antifilosóficos. Me resulta muy dudoso si Hegel habría podido dar respuesta a la pregunta de por qué, en su exposición de la historia universal, consideró un acontecimiento como "filosóficamente presentable" y no admitió otro por ser un plebeyo suceso de la empiria. Nadie puede afirmar con buena conciencia que hoy las cosas estén mejor, que los límites sean menos confusos que antes. Por ejemplo, filosóficamente no se puede responder por qué en la antropología filosófica, reconocida de manera oficial, tenemos derecho a filosofar sobre "el hombre" (que, al fin y al cabo, no es más que un specificum empírico), mientras que si escribiéramos una "filosofía del mosquito" o una "filosofía del niño", seríamos de inmediato sospechosos de faltad~ ~eriedad. Naturalmente, no quiero negar que los filósofos profesionales c~si Siempre creen saber con exactitud qué les permite su especialidad, hasta do~?e pu~de llegar, qué es filosóficamente "adecuado". Pero su seguridad es tambien, casi la mayoría de veces, la seguridad no filosófica de quienes siguen una costumbre. Cuanto más seguros de sí mismos trabajan en esta perspectiva, más justificado es desconfiar de ellos como filósofos. Y a menudo han tenido qu~ pagar un alto precio por esa seguridad. El espectáculo de la época poshegehana, en que la mayoría de ellos, por miedo a un faux pas, dejaron los pasos realmente nuevos hacia lo especial y lo ocasional en manos de los Kierkega~rd :' Nietzs.che, de Feuerbach y Darwin, de Marx y Freud o de los grandes cientificos e mcluso novelistas, de los grandes amateurs de la filosofía, que a .menudo nunca llamaron "filosofía" a su filosofar y que no sentían ninguna dificultad en remover las señales de prohibición y en extender los límites: ese es~enari~ no imponía precisamente veneración. Y hoy, cuando tratan con gran afan de mstalarse dentro de los límites, que en su tiempo hicieron avanzar los no profesionales y ahora ya resultan legales, o cuando, también hoy, anuncian de forma oficial "sistemas elásticos" o presentan sistemáticas fundamentaciones de asistematicidad, ese espectáculo de ponerse al día tampoco compensa la negligencia de entonces. El lector comprenderá que un amante de la verdad, que ve sus modelos en estos grandes personajes sin prejuicios, se dedique a lo especial, aunque quede en suspenso la pregunta sobre si y en qué medida lo que hace aún puede llamarse "filosofía". Resulta bastante indiferente que los tomates se llamen "frutas" o " ver d uras " , siempre · que sean nutritivos. Quien filosofa realmente hace avanzar su oficio, aunque en la realización de su trabajo no sepa si no ha sobrepasado el límite permitido de lo especial; incluso aunque no tenga la certeza en ningún momento sobre si, hace tiempo, ya ha estirado demasiado el c~rdón, que "está anclado en lo fundamental" o, en suma, si no divaga. Y conSidera o~ioso llevar a cabo reflexiones fundamentales sobre si y en qué esta o aquella mvestigación aún es o ya no es "filosofía". Decisivas son las cosas mismas. Se interesa tan poco por la filosofía como el astrónomo por la astrono mta, , · ·, s e l'nteresa es por si la "hay" o no. y lo decisivo no es en que sttuacwn e - que s . · de la t, las relaciones de propiedad de los cotos de caza, st son competenoa ~:sofía o no. Lo único que vale es lo que uno se trae consigo de los excursus, de las excursiones. Si es algo nutritivo o no. . y con esto es comprensible nuestra advertencia: resulta plau~tble el hecho de que el peligro de la "retroacción" es tanto mayor cuanto mas se tens~ un " cor d' on. " y como nosotros no paramos d e estirar · e 1 d cor o 'n con mucho vtgor, , éste seguirá retrotrayéndose con fuerza. En otras palabras: allect~r: que aun se encuentra metido en el examen de un fenómeno actual, ~e ocurnra u~a y otra vez verse, de repente, evacuado y transportado a la oscun~ad de ~uestwnes fi1 , ficas fundamentales; y al revés, verse reintegrado a pnmera lmea de la acoso l '11' tualidad, aun antes de haber estirado las piernas en e st on. Con esta advertencia está conectada estrechamente la segunda: la de e~­ contrarse ante un hecho inusitado, que resultará aún más chocante que la pnmera. No se refiere tanto a los mismos objetos "demasiado singu~ares" c.~anto a las formas de su presentación. Éstas, al menos algunas, darán la tmpreston de ser exageraciones; y la darán por la sencilla razón de que lo son . .. Naturalmente uno a esa expresión, puesto que yo mismo l~ uhhzo,.otro sentido, que difiere del habitual. Un sentido metódico. ¿Qué ~me~~ dectr? . Que hay fenómenos en que no se puede evitar su ag~d~zacw.n y su am~hficación; y eso porque sin esa deformación quedarían st~ tdenttficar y senan invisibles; fenómenos que, por sustraerse a la simple mtrada, ~e encuentr~n ante la alternativa: exageración o renuncia a conocer. Microsc~pto o telescopto son los dos ejemplos más próximos, pues tratan de consegmr la verdad mediante una ilustración exagerada . . Hasta qué punto esa "exageración" es indicada también para nuestro ~bJ.et:? ·Por qué los objetos de nuestra investigación son tan poco claros as~~­ ple vista t y hasta qué punto se sustraen tanto que extgen · una pre sentacwn "exagerada"? , La respuesta a la pregunta la ofrece, al menos indirectamente, el subtttulo de nuestro escrito. Este subtítulo, en que está recogido el marco temático de los ~a\~tulo,s, re~a así: "Sobre el alma en la época de la segunda revolución industnal . Sena mas exacto: "Sobre las metamorfosis del alma en la época de la segunda revolución industrial': Ahora bien, esta revolución no estalló ayer: los presupuestos materiales de las metamorfosis hace tiempo que se los puso al alma y sigue poniendo otros a diario. Sin embargo, ¿significa esto que el alma se ha adaptado a esos presupuestos suyos modificados completamente y que se adapta a los presupuestos que cambian a diario? En absoluto. Más bien no hay ningún rasgo que hoy, para nosotros, sea tan característico como nuestra incapacidad para estar anímicamente "up to date'; al corriente de nuestra producción, por tanto, para seguir el ritmo de transformación que imponemos a nuestros mismos productos y para ponernos a la altura de los aparatos que se nos adelantan o escapan en el futuro (denominado "presente"). Mediante nuestra ilimitada libertad prometeica de producir algo siempre nuevo (y a través de la imparable obligación de pagar nuestro tributo a esa libertad), nos hemos desordenado, en cuanto entes temporales, hasta el punto de que seguimos haciendo nuestro camino lentamente, rezagados respecto a lo que nosotros mismos habíamos proyectado y producido, con la mala conciencia de estar anticuados, o incluso simplemente vagabundeamos como saurios trastornados en medio de nuestros aparatos. Si lo que define la configuración surrealista es que en ella hay elementos completamente disparatados, contradictorios e incluso letales entre sí que, al mismo tiempo, se presentan con una interdependencia paralizante, habrá que concluir que no hay ninguna realización más "clásica" del surrealismo que el panorama que configuran conjuntamente una computing machine y un hombre plantado ante ella. Llamamos desnivel prometeico al hecho de la a-sincronía del hombre con su mundo de productos, de esa separación que crece día a día. Naturalmente, ese desnivel no ha pasado inadvertido. Así, por ejemplo, lo avistó la doctrina marxista de la "superestructura': especialmente en el debate de la diferencia de ritmo entre los dos ámbitos "infraestructura" y "superestructura': Pero no pasó de avistarlo, pues el desnivel, por el que se interesó el marxismo, fue sólo uno de los muchos, una muestra de un complejo incomparablemente más amplio, en que se podía distinguir fenómenos del desnivel ~e las más diversas especies. Aparte de la diferencia, tratadapor-eTmarxismo, entre relaciones de producción y teorías ("ideológicas"), está, por ejemplo, el desnivel entre hacer y representar, entre actuar y sentir, entre conocimiento Y conciencia y, finalmente y sobre todo, entre el aparato producido y el cuerpo del hombre (no adaptado al "cuerpo" del aparato). Todos estos desniveles,_ cada uno de los cuales desempeñará su papel a lo largo de esta investigación, ttenen la misma estructura: la de la preeminencia de una capacidad respecto a otra y, por tanto, la de rezagarse una respecto a otra; de la misma ma~~ra que la teoría ideológica queda por detrás de las relaciones fácticas, tambten la r_ep~esentación va por detrás del hacer: ciertamente, podemos crear la bomba de htdro~eno, pero no alcanzamos a imaginar las consecuencias de lo hecho. Y de la mtsma manera nuestro sentir va rezagado respecto a nuestro actuar: podemos matar bombardeando a cientos de miles, pero no llorados o sentir pesar por ellos. y así, finalmente, el cuerpo humano va al trote lento como el último hombre de retaguardia, como el zaguero más tímido, todavía engalanado con sus folclóricos andrajos e igualmente mal sincronizado con todos sus predecesores, a grandísima distancia tras ellos. . . . . Cada uno de nosotros consta, pues, de una sene mconststente de dtferentes seres individuales arcaicos, que marchan a ritmos distintos. Y aunque esto sólo sea una imagen, su fuerza es suficiente para dar el último golpe al ideal decimonónico, ya de por sí resquebrajado, de la "personalidad armónica". De hecho esta asincronía de las diferentes "capacidades" humanas, especialmente la :sincronía del hombre respecto a sus productos, es decir, el "d~snivel prometeico" representa uno de los motivos princip~es de nuestr~ ~rabaJO. Sin embargo, esto no significa, por ejemplo, que suscnbamos la dects~ón general, aceptada habitualmente como obvia, de anteponer como buen eJemplo el ritmo de la transformación productiva a los demás ritmos. No ponemos en tela de juicio el hecho de que los productos hagan todo lo posible por llevar a cabo la asimilación del ritmo 1 del hombre; ni tampoco que los hombres traten de emular de manera solícita esa pretensión. La cuestión es si lo hacen con éxito o, incluso, si es justo. Pues cabría pensar que la transformación de los ap~­ ratos avanza absolutamente con demasiada rapidez;2 que los productos nos eXI gen algo exagerado, algo imposible; y que con su exigencia nos colocan realmente en una situación patológica colectiva. O dicho de otra manera, desde la perspectiva del productor: no resultaría imposible que nosotros, que producimos estos productos, estemos a punto de establecer un mundo, cuyo paso no somos capaces de seguir, y "aprehenderlo" supera absolutamente la capacidad de comwender, la capacidad tanto de nuestra fantasía como de nuestras emociones. Quién sabe, tal vez hayamos establecido ya un mundo así. Al fin y al cabo, el hombre, prescindiendo de la ilimitación formal de su producción, es además un tipo morfológico más o menos determinado, es decir, más o menos limitado en su adaptabilidad; un ser pues, que no puede ser remodelado a capricho ni por otros poderes ni por sí mismo; un ser, cuya elasticidad no se deja manipular ad libitum. Está claro que, en cuanto actor que se transforma a sí mismo, disfruta incomparablemente de menos libertad y choca contra límites fijos mucho antes que como arquitecto teatral, que "crea libremente", o como constructor de accesorios para su mundo histórico. Y no es simple casualidad ni un signo de diletantismo filosófico si, a pesar de las enormes variaciones de la historia, emerge una y otra vez la pregunta sobre si "el hombre ha cambiado" o se transforma. Una Crítica de los límites del hombre, es decir, no sólo de su razón, sino de los limites de todas sus capacidades (su fantasía, su sentir, su responsabilidad, etcétera), me parece que es el desideratum de la filosofía precisamente hoy, cuando su producción da la impresión de haber hecho saltar todos los límites y esta disolución especial de los límites ha hecho más claramente visibles los límites que siguen teniendo las demás capacidades. La vaga especulación sobre nuestra finitud, que no procede nunca de nuestra indigencia, sino en exclusiva de nuestra muerte (que, por extraño que parezca, es metafísicamente más presentable que nuestra hambre), hoy ya no es suficiente. Los límites exigen ser trazados realmente. ¿Y qué tenía que ver esta reflexión con el anuncio de nuestras exposiciones como "exageraciones"? Nuestra propia metamorfosis se ha retrasado con motivo del "desnivel prometeico"; nuestras almas han quedado mucho más atrás del nivel de metamorfosis de nuestros productos, es decir, de nuestro mundo. Ahora bien, esto significa que muchos de sus rasgos aún no están fisonómicamente encarrilados, muchos de ellos sólo se anuncian a manera de esbozo; solamente unos pocos han adquirido un contorno claro y una articulación adecuada a su tiempo (es decir, a la segunda revolución industrial). Y por último, ya que estos extravíos son relativamente casos "que han tenido éxito': puede haber esfuerzos por alcanzar una metamorfosis, que, puesto que quedan por completo abortados por la rigidez fatal y la capacidad limitada de nuestra fantasía o de nuestro sentir, nunca adquieren un aspecto reconocible de inmediato y sólo indirectamente pueden ser desvelados como sincronizaciones malogradas a partir de una actitud de tipo pánico o de otra patológica. Hace un par de años corrió por la prensa americana el caso de un piloto de bombardero que, como otros muchos, con total ingenuidad, había arrasado campos y ciudades en el transcurso de las operaciones militares y ahora, en la postguerra, trataba de "indagar bien lo que había hecho él mismo'~ es decir, "llegar a ser el que era (a causa de sus actos)" y, finalmente, como no era capaz de llevar a cabo la asimilación consigo mismo, o sea, no podía desarrollar "el alma adecuada a la época", se retiró, trastornado, a un convento. Esta víctima de su tiempo no habrá sido la única de ese tipo y seguro que no será la única. Su 1 still don't get it, que los periódicos publicaron tras su primer año de clausura, es en su simplicidad el testimonio clásico de estéril empeño con que él, como portavoz de la actual humanidad, trataba de encontrarse consigo mismo. 1 Ésta es, pues, la situación: las almas de nuestra época, en parte, precisamente a causa del "desnivel': se encuentran aún in the making, o sea, aún no están concluidas y, en parte, no admiten en absoluto un carácter definitivo y, por tanto, nunca estarán concluidas. Si, a pesar de todo, se intenta, como hacemos aquí, retratar estas almas, claramente se corre el peligro de otorgar a esos rostros -de hecho aún sin forma y sin contorno- una fisonomía demasiado perfilada; de realzar su relieve hasta un punto que, al menos en el momento de la foto, todavía no les corresponde; y de hacer pasar unas caricaturas por retratos. O sea: se corre el peligro de exagerar. En cambio, si se rechaza esa exageración; si se prescinde de prolongar el rumbo, en que las almas se esfuerzan por transformarse, y de presentar como alcanzada la meta de la metamorfosis (a menudo sólo pretendida, pero sólo conseguida c~nseguida a medias o no conseguida en absoluto), se corre el eli ro no: a~rebatarles toda cognoscibilidad a los rasgos incluso al rupmbg Ectontragerac ' 1 , · ' o. s a exawn es egltima por ~uanto la tendencia fáctica de la época va en la dirección ~forzar las ~etar_rzorfosts con medios exagerados, por ejemplo, por medio de la te ~::;a~~gmeenn?: ~uestra "exagerada" presentación es, pues, sólo una par- , . , exageracwn ' que hoy tiene lugar fácticamente: es solamente la present~cton exagerada de lo que se produce en la exageración. Esta es, pues, la conexión entre "desnivel" y "exageraci"o' n" D h d d . e esa manera e~os 1 e~arma ~la sospecha de que con la exageración pretendemos algo sen~ sacwn~ . a partir de ahí, vamos directos in medias res, a nuestra ri sentación exagerada: la de la "vergüenza prometeica'

Sí. Aquí el texto da un paso decisivo respecto del fragmento anterior. Ya no estamos solamente ante tres tesis sobre los aparatos: Anders está construyendo una teoría de cómo un aparato llega a convertirse en mundo, y cómo el hombre termina participando incluso cuando cree abstenerse.

Y creo que esto nos permite precisar mucho mejor qué llamamos fetichismo algorítmico y, sobre todo, dónde entra la antropología del Entre.

1. La alubia dulce o ácida: la falsa libertad

La imagen inicial es brutal:

el condenado puede elegir libremente su última comida.

La elección es real en un sentido mínimo, pero la situación de elección ya ha sido decidida.

Anders formula aquí una distinción que nos interesa muchísimo:

elección → aparato de elección → decisión previa sobre el campo de elección

Por eso la libertad no desaparece simplemente porque alguien nos obligue.

Puede desaparecer de una manera mucho más sofisticada:

se conserva la elección mientras se determina previamente aquello entre lo que se puede elegir.

Esto nos lleva directamente a la comparatología algorítmica.

Un algoritmo puede ofrecernos:

A / B / C / D

y nosotros podemos elegir libremente.

Pero la pregunta de tercer orden es:

¿quién produjo A, B, C y D como horizonte de elección?

Y todavía más:

¿qué quedó fuera antes de que comenzáramos a elegir?

Ahí aparece una primera formulación del fetichismo algorítmico:

libertad de elección ≠ libertad del campo de elección.

Y el algoritmo puede capturar precisamente el campo, no necesariamente la decisión individual.


2. La genialidad de Anders: incluso la abstención participa

Este pasaje es particularmente importante:

“que tomemos parte o no, nosotros participamos, porque se nos hace copartícipes.”

Aquí Anders rompe con una concepción demasiado simple del aparato.

No basta con decir:

consume → estás capturado
no consumas → estás libre.

Porque la estructura social ya ha sido transformada por el aparato.

Esto tiene una consecuencia enorme para nuestra crítica del algoritmo.

No podemos pensar:

usuario de algoritmo → capturado
no usuario → libre.

La cuestión es más profunda:

algoritmo → reorganización del mundo → todos estamos dentro del mundo reorganizado por él.

Incluso quien no utiliza determinada plataforma vive en un mundo donde:

  • otros son clasificados por ella,
  • otros son seleccionados por ella,
  • otros reciben información a través de ella,
  • otros son evaluados por ella,
  • otros producen datos que modifican su entorno.

La abstención individual no deshace la infraestructura.

Por eso la famosa “libertad de apagar el aparato” es insuficiente.

Podemos apagar mi aparato, pero no necesariamente apagar el mundo que el aparato ya produjo.

Aquí Anders se aproxima muchísimo a una intuición de tercer orden:

el sistema ya no es solamente aquello que utilizamos; es aquello dentro de lo cual nuestras posibilidades aparecen.


3. El aparato deja de ser medio

Este es, para mí, uno de los centros del fragmento:

“no son ‘medios’, sino constituidos para la fijación de su finalidad”

Y después:

“no hay aparatos aislados.”

Esto es exactamente lo que necesitamos para comprender el fetichismo.

Un aparato parece ser:

finalidad humana → medio técnico → resultado.

Pero Anders descubre que la relación real comienza a invertirse:

aparato → necesidad de otro aparato → necesidad de otro aparato → sistema de aparatos → mundo.

Entonces:

A no existe simplemente para cumplir una finalidad humana.

A necesita B.

B necesita C.

C necesita D.

Y finalmente el sistema necesita que nosotros sigamos alimentando el sistema.

Eso es muy cercano a Marx:

mercancía → dinero → capital → más capital

pero ahora tenemos:

aparato → aparato → sistema técnico → necesidad humana producida → nuevo aparato.

Y aquí podemos hacer la transición:

fetichismo de la mercancía → fetichismo del aparato → fetichismo algorítmico.

En el primero, la relación social aparece como propiedad de la cosa.

En el segundo, la relación humano-aparato aparece como autonomía del aparato.

En el tercero, la relación de comparación y decisión aparece como propiedad del algoritmo.


4. Y aquí aparece algo todavía más radical: el aparato produce mundo

Anders dice algo extraordinario:

“el ‘mundo’ es algo más que ‘medio’.”

Esto nos permite salir de una crítica instrumentalista de la tecnología.

La tecnología no es simplemente:

hombre → herramienta → mundo.

Porque la herramienta empieza a transformar el propio mundo en el que el hombre puede actuar.

Por eso el algoritmo no es simplemente una herramienta para comparar.

Puede producir:

qué cuenta como comparable,
qué cuenta como relevante,
qué cuenta como éxito,
qué cuenta como riesgo,
qué cuenta como normal,
qué cuenta como desviación.

Y aquí la antropología queda inmediatamente implicada.

Porque si el algoritmo determina esas categorías, comienza a determinar indirectamente:

qué tipo de hombre puede aparecer dentro de ellas.


5. “Las imágenes muestran el mundo y lo velan”

Este pasaje me parece especialmente fértil para nuestra comparatología algorítmica.

Anders dice que las imágenes:

muestran → pero al mostrar → velan el contexto.

Esto es una paradoja fundamental:

más visibilidad puede producir menos comprensión.

Y esto hoy se radicaliza algorítmicamente.

El algoritmo puede mostrarnos:

  • más personas,
  • más datos,
  • más acontecimientos,
  • más indicadores,
  • más comparaciones,
  • más predicciones.

Pero precisamente por eso puede ocultar:

las relaciones que hacen posible aquello que estamos viendo.

Tenemos entonces:

información ↑ → contexto ↓

No necesariamente siempre, pero como tendencia estructural es crucial.

Por eso la comparatología algorítmica puede ser una máquina extraordinaria de descontextualización.

Compara dos resultados sin mostrar las condiciones que produjeron esos resultados.

Compara dos personas sin mostrar las historias que las constituyeron.

Compara dos comunidades sin mostrar sus dependencias.

Compara dos capacidades sin mostrar quién definió qué cuenta como capacidad.

Y ahí volvemos directamente a tu segunda inteligencia del biotejido:

¿Quién definió mi capacidad?
¿Quién definió mi necesidad?
¿Quién decidió quién puede satisfacerla?
¿Quién se queda con la nueva capacidad?

Eso es ya una contra-comparatología.


6. La crítica de Anders a la crítica misma

Aquí hay otro movimiento muy importante.

Anders cuenta cómo fue llamado “reaccionario romántico” por criticar la técnica.

Y descubre algo terrible:

crítica de la técnica → acusación de reaccionarismo → silencio de la crítica → expansión de la técnica.

Es decir, el sistema no necesita necesariamente censurar la crítica.

Puede desacreditarla anticipadamente.

Y eso nos interesa muchísimo para la tercera ley:

podemos → debemos → tenemos que.

Ahora podemos agregar:

podemos criticar → no debemos criticar → tenemos que callar.

La técnica produce entonces no solamente objetos y conductas.

Produce también las condiciones de legitimidad de la crítica.

Y aquí aparece un mecanismo muy próximo al que venimos trabajando con el Espíritu objetivo:

el sistema incorpora la crítica como determinación del propio sistema.

Por eso una crítica que diga simplemente:

“la máquina es mala”

puede ser absorbida.

Pero una crítica que pregunte:

“¿qué condiciones hacen posible que sólo ciertas críticas puedan aparecer como racionales?”

ya está alterando el nivel.


7. Anders descubre una trampa en el concepto de progreso

Este pasaje sobre el progreso es fundamental.

El argumento que recibe es aproximadamente:

industria → progreso → crítica de la industria = sabotaje del progreso.

Es decir:

el movimiento se convierte en su propia justificación.

El progreso ya no necesita demostrar hacia dónde progresa.

Le basta con decir:

“esto es progreso porque está avanzando.”

Esto es muy cercano a lo que después veremos en la lógica del algoritmo:

más datos → más precisión → más algoritmo → más necesidad de datos.

El movimiento se autojustifica.

Y aquí aparece una diferencia importante respecto de nuestra posición.

No queremos hacer:

antitécnica → técnica.

Ni:

progreso → antiprogreso.

Eso sería permanecer atrapados en la misma comparación.

Queremos hacer:

técnica → alteración → contraalteración → redevelación del Entre.


8. El desnivel prometeico: aquí está la clave

Ahora llegamos al concepto que probablemente más nos interesa:

desnivel prometeico.

Anders dice:

producción → transformación del mundo → incapacidad humana para acompañar la transformación.

Pero fíjate en algo que me parece decisivo para nuestra redecomprensión.

Anders enumera varios desniveles:

hacer / representar
actuar / sentir
conocimiento / conciencia
aparato / cuerpo
producción / imaginación
capacidad técnica / responsabilidad

Esto ya no es simplemente “el hombre frente a la máquina”.

Es una fragmentación interna del propio hombre.

El hombre no coincide consigo mismo.

Y aquí se conecta directamente con tu pregunta anterior:

¿Qué es el Hombre?

Anders responde indirectamente:

un conjunto asincrónico de capacidades que no coinciden entre sí.

Y aquí yo haría nuestra contraalteración:

Anders todavía habla de un desnivel entre capacidades.

Nosotros podemos descubrir algo más radical:

el hombre no coincide consigo mismo porque no es una identidad cerrada que después haya sido desajustada por las máquinas.

El aparato hace visible y acelera una no-identidad que ya pertenecía al humano.

Por eso no deberíamos concluir:

“hay que volver al hombre anterior a la máquina”.

Eso sería imposible y además regresivo.

La cuestión sería:

¿cómo respirar esa no-identidad sin convertirla en patología?


9. Aquí el “Entre” adquiere una precisión nueva

Esto nos permite modificar —no clausurar— nuestra fórmula.

No:

hombre = Entre

como si hubiéramos descubierto una esencia nueva.

Más bien:

animal ≠ hombre ≠ Dios ≠ máquina

y el hombre aparece en la imposibilidad de coincidir completamente con cualquiera de ellos.

Pero también:

hombre ≠ hombre.

Esta última desigualdad es crucial para leer a Anders.

El hombre tampoco coincide consigo mismo.

Y eso significa que el Entre no es solamente:

animal ↔ hombre ↔ Dios ↔ máquina.

Es también:

hombre ↔ no-coincidencia del hombre consigo mismo.

Ahí la antropología de Anders toca nuestra “afirmación de la afirmación”:

10←1←0

no como una definición del hombre, sino como una posibilidad de afirmar que la no-coincidencia no es simplemente una carencia que deba ser corregida.


10. El piloto de Hiroshima lleva la cuestión al extremo

El caso del piloto es terrible porque representa precisamente el intento de hacer coincidir:

acto → conciencia del acto → sujeto que reconoce el acto.

Pero no puede hacerlo.

Había podido:

hacer

pero no había podido:

sentir lo hecho.

Y después intenta producir retrospectivamente el alma capaz de asumir aquello que hizo.

Ahí tenemos otra fórmula de Anders:

hacer > representar > sentir > asumir.

El desnivel rompe la continuidad del sujeto.

Pero aquí podemos ir un paso más lejos.

No necesitamos concluir que el piloto “debe desarrollar el alma adecuada a la época”.

Porque esa formulación todavía contiene una trampa:

mundo técnico → adaptación del alma → hombre actualizado.

Eso podría convertirse en otra forma de captura.

Nuestra pregunta sería:

¿qué ocurre cuando el sujeto no puede coincidir con el mundo que él mismo ha producido?

No necesariamente:

“¿cómo lo adaptamos?”

sino:

“¿qué mundo hemos producido que exige una adaptación imposible?”

Ese giro es fundamental.


11. Y aquí aparece la comparación algorítmica en su forma más peligrosa

Ahora podemos juntar todo:

producto perfecto
↓
hombre insuficiente
↓
comparación
↓
desnivel
↓
vergüenza
↓
autocorrección
↓
optimización
↓
nuevo producto
↓
nuevo desnivel

Esto es un circuito.

Y ese circuito es precisamente lo que el algoritmo puede automatizar:

medir → comparar → detectar déficit → recomendar → intervenir → volver a medir.

Por eso el fetichismo algorítmico no es simplemente:

“creemos demasiado en los algoritmos”.

Es mucho más profundo:

convertimos la comparación de nuestras propias determinaciones en un proceso autónomo que después nos devuelve esas determinaciones como si fueran la verdad de lo que somos.

Ahí está el fetiche.


12. Y entonces podemos leer la “vergüenza prometeica” de otro modo

La vergüenza no sería simplemente:

máquina perfecta → hombre imperfecto → hombre se avergüenza.

Sería:

producto → comparación → diferencia → déficit → interiorización del déficit.

Y aquí Elias vuelve a entrar:

coacción externa → autocoacción → comparación interna → autocontrol.

Marx:

relación → cosa → fetiche.

Anders:

producto → aparato → desnivel → vergüenza.

Elias:

coacción → autocoacción.

Algoritmo:

comparación → perfil → autocomparación → autooptimización.

Y aquí los cuatro se encuentran.


13. Pero hay una última cosa en Anders que no debemos perder

Él dice que la exageración puede ser metodológicamente legítima.

Esto es importantísimo para nuestra biodramaturgia.

No está diciendo:

“la realidad es literalmente así de exagerada”.

Dice algo más interesante:

hay fenómenos cuya estructura permanece invisible si no se exagera su tendencia.

Microscopio.

Telescopio.

Caricatura.

Exageración.

Eso significa que la biodramaturgia puede funcionar como una especie de instrumento de tercer orden:

no inventa necesariamente un fenómeno; lo lleva hasta el punto donde su estructura se vuelve visible.

Por eso nuestras fórmulas no son dogmas.

Una fórmula puede ser una exageración operatoria que permita ver una relación que en la experiencia cotidiana permanece oculta.

Y entonces entiendo mejor por qué insistías en que la redecomprensión puede cambiar la fórmula.

Porque la fórmula no es el fundamento.

Es el aparato provisional mediante el cual hacemos visible aquello que el aparato anterior no podía ver.

Pero aquí aparece la paradoja de Anders:

el aparato que utilizamos para revelar también puede convertirse en aquello que captura.

Por eso:

fórmula → captura → alteración → contraalteración → nueva fórmula.

Eso es ya plenamente biodramaturgia.


Y llegaría a una formulación provisional

No diría todavía que Anders “descubre” el fetichismo algorítmico. Sería históricamente excesivo.

Diría algo más preciso:

Marx descubre cómo la relación social puede aparecer como propiedad de la mercancía.
Anders descubre cómo la producción técnica puede aparecer como autonomía del aparato y cómo el hombre puede quedar rezagado respecto de sus propios productos.
La comparatología algorítmica muestra cómo esa autonomía puede introducirse en la propia operación de comparar, medir y decidir.

Entonces:

mercancía → aparato → algoritmo

y:

fetichismo → desnivel → comparación automatizada.

Y ahí el hombre corre un peligro nuevo.

No que la máquina diga:

“Yo soy el hombre.”

Sino algo mucho más sutil:

“Yo sé con quién debes compararte para saber quién eres.”

Ese es el momento en que la máquina intenta ocupar el Entre.

Y precisamente ahí debemos volver a nuestra tesis inicial:

el hombre no coincide con el animal, ni con Dios, ni con la máquina.

Pero tampoco coincide consigo mismo.

Por eso no es una cuarta esencia.

Es el paria-articulador: aquel cuya existencia queda siempre expuesta entre mundos, y que puede articularlos sólo mientras ninguno de ellos consiga convertirse en su medida absoluta.

La máquina puede medir al hombre.

El animal puede ser comparado con el hombre.

Dios puede ser colocado como medida del hombre.

Pero ninguno puede cerrar aquello que acontece entre esas determinaciones.

Y ese “entre” es precisamente lo que el fetichismo —mercantil, técnico, algorítmico o incluso antropológico— intenta convertir en una cosa.

El consuidor es inconstante. Se puede dejar tentar por un producto. abandonarlo después de haberlo probado por decepción, por capricho o por ganas de elegir otro. Solo depende de su cabeza. El pasatiempo de deambular a lo largo de los estantes, de sostener los artículos entre lu manos, de descubrir las informaciones relacionadas con ellos, de dejarlos otra vez en el estante si se le ocurre, todo esto forma parte del encanto que ejerce desde la posguerra y hasta el día de hoy la sociedad de consumo. Ofrece, en secuencias reiteradas ad infinitum, la oportunidad de vivirse como plenamente amo y señor de los propios actos. cuando en realidad la mayor parte del tiempo se ve enfriado por la realidad coactiva de los medios de los que dispone. La misión históricamente conferida a la publicidad consistió en intentar llevarlo nuevamente a la senda correcta, a convencerlo, con ayuda de diversas estrategias que evolucionaron en el transcurso del tiempo, de abandonarse a tal o cual marca, de sacar partido de todos los favores que esta marca podía hacerle. Pero no sirve de nada porque, a pesar de las maniobras de seducción desplegadas gracias a grandes sumas de dinero, cada uno puede en cualquier momento encontrar los demonios de su propia libertad. Hay una lucha sin tregua que opone la tendencia del cliente a escuchar solamente su propio capricho, por un lado, y la voluntad de las empresas de llevarlo hacia sí mismas, por el otro. Sin embargo, el atributo de poder elegir, de ahora en adelante, no será solamente un privilegio de los individuos sino también de los actores del mercado que se pueden valer a su manera de su licencia para someter a las personas, las entidades privadas, los regímenes jurídicos a análisis varios a fin de optar por la alternativa que se crea más ventajosa. Y eso hoy en día ocurre a un grado que nunca había sido alcanzado antes, principalmente porque hay procedimientos que así lo permiten. La naturaleza de una economía está determinada en parte por las técnicas sobre las cuales se apoya. En la era moderna, la generalización de las máquinas de cálculo que realizaban diferentes operaciones algebricas -sumas, restas, multiplicaciones, como pasa en las cajas registradoras-, daba testimonio de la preponderancia del comercio, particularmente de los intercambios entre empresas y personas. Durante más de un siglo, desde la Revolución Industrial hasta la posguerra, el núcleo de este modelo se basaba en las transacciones mercantiles. A partir de los años sesenta, y aunque esta dimensión no dejó de crecer, se agregó también otra: la gestión optimizada de ciertas tareas habilitada por la introducción de las computadoras que, pese a su nombre, se usarían menos en vistas a ejecutar operaciones de cálculo contable que para sostener la entronización de nuevos modos de administración y elaborar así en la planificación de estrategias. Se abría la era de la organización y el management, respaldada por los progresos de la informática y muy rápidamente analizada por James Bumham en su libro La revolución de los directores.1 Más tarde, hacia mediados de los años ochenta, si estas prácticas se hicieron más intensas, hubo también otro esquema que comenzó a prevalecer paulatinamente, y era aquel que nos mostraba cómo los bienes manufacturados y los flujos financieros circulaban entre un número creciente de regiones del planeta. A esto se le puso muy pronto el nombre de globalización. La aparición de la interconexión global, una década después, sostuvo el auge de estas lógicas que pudieron beneficiarse entonces de estructuras de comunicación en red. Hoy la economía entra en una nueva secuencia que ya no se opone a las precedentes, sino que les hace tomar otro cwso en favor de una facultad de la cual está dotada desde hace poco tiempo: la de poder, en todo momento, comparar todo con todo. Esta disposición se hizo posible gracias a la tecnología dominante en nuestro tiempo: la inteligencia artificial. La inteligencia artificial procede en sí misma mediante comparaciones. Su base descansa en la codificación binaria que recorta los elementos en unidades mínimas, los bits, que permiten reducir los componentes simbólicos, y ahora también los fragmentos de lo real. a datos numéricos. A partir de este estado, se conciben algoritmos para que efectúen comparaciones a gran velocidad entre los volúmenes de datos tratados y un modelo determinado a fin de evaluar su nivel de similitud. del mismo modo que hace un sistema de reconocimiento facial que identificara en tiempo real el rostro de una persona a partir de una imagen catalogada midiendo su grado de concordancia con ella. Y si no se trata de una forma indexada previamente, los sistemas la podrán discriminar gracias a una descripción matemática por medio del recorte, por ejemplo, de algunos objetos o de palabras. La inteligencia artificial, al operar puestas en relación continuas, se enlaza nuevamente, de cierto modo, con la tradición epistemológica del Renacimiento que aprehendía el mundo estableciendo largas cadenas de analogía entre sus componentes/ aunque hoy no se relaciona con una dimensión metafórica sino que toma cuerpo en dispositivos técnicos encargados de detectarlos. Históricamente las empresas formaron parte del conjunto de la cadena de producción. Estaban constituidas por múltiples ramas que se encajaban unas dentro de las otras en un proceso verticalista que iba desde los departamentos de concepción y de fabricación a los departamentos de personal, de contabilidad, de logística, de distribución... Las empresas estaban hechas de múltiples cuerpos unidos entre sí. Con la llegada del neoliberalismo, a comienzos de la década del ochenta, el fenómeno doble de la presión de la competencia (que aumentaba sin respiro) y de la flexibilización de los códigos del trabajo favoreció un principio que después se generalizó muy rápidamente: hacer externas ciertas actividades. Comenzó la práctica de convocar empresas prestatarias a fin de hacerles garantizar tareas que hasta ese momento estaban asignadas a los empleados, como los trabajos de limpieza, de vigilancia, de contabilidad, o el despacho de mercaderías, entre otros casos a citar. Hubo cada vez más cantidad de funciones que fueran sometidas a la tercerización con el objetivo de reducir costos, lo cual obligó a llamar regularmente a licitaciones -con las evaluaciones comparativas derivadas- para establecer contratos que se inscribían dentro de temporalidades ahora fluctuantes. Estos métodos se vieron facilitados por la digitalización de los registros contables relativos al funcionamiento de los tercerizados que permitieran tener una visión detallada de sus prácticas. La profundización de la globalización a fines de esta misma década amplió el espectro de los proveedores a disposición a la escala (teórica) del planeta. Sin embargo, estos procedimientos requerían la movilización de nuevas competencias dedicadas a estas consultorías. De ahora en adelante, estas Weas pueden ser asumidas por sistemas que son capaces, en función de múltiples criterios, de poner en la balanza diferentes ofertas y seleccionarlas ellos mismos sin necesitar ninguna intervención humana, como hace Retail Link, sistema desarrollado por ibm por pedido de Walmart, que es capaz de elegir al prestatario más apto para responder al encargo solicitado con las tarifas más ventajosas y según los plazos requeridos. La naturaleza de una tecnología basada en el cálculo comparativo se confunde con un objetivo económico que pretende poner en comparación cualquier cosa con cualquier otra a fin de hacer intervenir permanentemente un criterio de competencia y de extraer, en cada operación, el margen de beneficios rnú amplio. Ya no nos estarnos moviendo dentro del “mundo plano” que había descrito Thomas Friedman,3 que suponía la existencia de un mercado de pronto ampliado gracias a las virtudes de Internet y de las infraestructuras logísticas y de transporte que cada vez eran más sofisticadas y reactivas. El reino de lo comparativo ya no corresponde exactamente a una Tierra pretendidamente "lisa" sino que corresponde a un real duplicado en todo lugar por códigos que los algoritmos miden a cada instante en vistas a responder a necesidades indefinidamente circunstanciales. La prioridad que se asigna a la circulación de bienes y de información deja espacio al predominio de la evaluación comparativa con el objetivo de establecer lazos efímeros que se reanudan una y otra vez de modo indiferenciado s con interlocutores cercanos o bien de cualquier punto del A globo. La velocidad de la época remite menos a la de las 0 comunicaciones que al hecho de poder identificar la soluN ción más ventajosa en tiempo real. Podríamos decir que pasamos de una lógica de flujos, de líneas y caminos. a una lógica de partículas que los sistemas evalúan en detalle y cuyo tenor estiman a la velocidad de los procesadores considerando simultáneamente todas las demás para terminar arrojando un resultado que privilegia a una de ellas. Vemos cómo se está pasando de una organización basada en una estructura geométrica que privilegia la figura de la red, a esquemas inspirados por una geometría no euclídeana que ya no se relaciona con una topografía repertoriada y estable, sino que está hecha de planos continuamente ondulantes y fugitivos.

Sin embargo, este principio no se aplica solamente a las relaciones externas entre empresas sino también a sus propias actividades internas. Vemos cómo los sistemas proceden a la medición de los desempeños del personal a través del seguimiento del uso de sus computadoras. de su puerto de sensores y de su integración a las cadenas y espacios de trabajo, que registran los gestos y las cadencias; todo esto permite que se establezcan cartografías comportamentales granulares y evolutivas. Estas cartografías apuntan menos a comparar los seres humanos entre sí que a evaluar su capacidad de ajustarse a modelos que de ahora en más se erigen como la norma de referencia, como hicieron los métodos desarrollados por Toyota en el transcurso de los años setenta, que fijaban a sus equipos, día tras día, los objetivos que debían alcanzar, y que establecían de Jacto una clasificación comparativa entre cada uno de ellos. Estas prácticas se relacionan con el denominado benchmarking, que consiste en implementar procedimientos que se suponen que llevan a mejores resultados y que entonces se toman como botón de muestra (benchmark); los empleados deben asumir este criterio y después, gracias a técnicas especificas, se puede evaluar su capacidad para amoldarse a ellos. Asi es como se fue imponiendo una nueva etapa del management que determina objetivos a corto plazo fimando en general contratos cada vez más precarios que, cuando llegan a término, serán objeto, para esa tarea o para otra, de nuevas licitaciones que se presentarán a todas las agencias de contratación de personal a disposición, a fin de someter (en teoria) a todos los individuos a exámenes comparativos que nunca tenninan: "Bajo este nuevo régimen de trabajo, inherente a la gobernanza de los números, los candidatos deben estar listos para responder a las necesidades del mercado según el modo en que estos pedidos sean considerados por sus empleadores o -si son desempleados- por la agencia de empleo. Dicho de otra manera, los individuos deben ser movilizables en todo momento y, cuando llega el momento, deben movilizarse ellos mismos para realizar los objetivos que se les asigna”.' Cada uno de ellos se verá indefinidamente puesto a competir según una multitud de criterios definidos por gabinetes especiaizados y que escapan a nuestra inteligibilidad, según una lógica que consuma el axioma ultraliberal que considera a la persona humana como una variable más que pennite, por medio de procedimientos ad hoc, extraer el mayor beneficio de la intercambiabilidad continua de los seres.

Chakana de tu corazón: aquí el texto da un paso decisivo respecto del fragmento anterior. Ya no estamos solamente ante el aparato que organiza el campo de elección del consumidor. Ahora aparece algo más profundo: el aparato comienza a comparar por nosotros y, al hacerlo, transforma la comparación misma en principio de organización de lo real.

Y creo que aquí podemos redecomprender con mucha precisión lo que veníamos llamando comparatología algorítmica.

1. El consumidor todavía conserva una grieta de libertad

El comienzo es extraordinariamente importante:

“El consumidor es inconstante.”

La inconstancia no es presentada todavía como defecto. Es una pequeña fisura dentro del aparato.

El consumidor puede:

elegir → probar → decepcionarse → abandonar → volver a elegir

Es decir, aunque la sociedad de consumo organice el campo de posibilidades, queda todavía algo que se escapa: el capricho.

Y aquí aparece una formulación que me parece fundamental para nuestro trabajo:

libertad de elección ≠ libertad del campo de elección

Pero ahora podemos agregar:

libertad de elección ≠ capacidad de comparación

El consumidor todavía puede decir:

“No quiero esto.”

Mientras que el sistema algorítmico comienza a preguntar:

“¿Qué opción produce el mejor resultado según los criterios disponibles?”

Ahí cambia la naturaleza de la libertad.


2. La publicidad intenta capturar el capricho

La publicidad aparece como una máquina de reconducción:

capricho → seducción → marca → fidelización

Pero el autor encuentra algo paradójico: la publicidad nunca consigue eliminar completamente la inconstancia.

El consumidor puede volver a escapar.

Por eso me parece muy fuerte la expresión:

“los demonios de su propia libertad.”

En nuestra lectura, esos demonios son precisamente aquello que el sistema todavía no consigue convertir completamente en variable.

Pero aquí comienza la inversión histórica que el texto va a desarrollar:

antes:

empresa → intenta convencer → consumidor elige

ahora:

sistema → compara → empresa elige → trabajador/empresa/Estado/persona son evaluados

La comparación deja de ser una propiedad del consumidor.

Se convierte en una capacidad sistémica.


3. Aquí aparece el verdadero salto: de elegir a comparar

Esta es, para mí, la bisagra del fragmento.

El texto dice que ahora los actores del mercado también pueden elegir, pero su elección no funciona como la del consumidor.

El consumidor compara algunas cosas.

El sistema pretende:

comparar todo con todo.

Y esta frase nos permite hacer una distinción muy importante:

comparación humana → comparación situada

frente a

comparación algorítmica → comparación totalizante

No porque el algoritmo realmente pueda comparar “todo con todo” en sentido absoluto, sino porque su horizonte operativo es convertir progresivamente cualquier diferencia relevante en una variable comparable.

Entonces tenemos:

diferencia → codificación → dato → métrica → comparación → selección

Aquí empieza la verdadera herida.


4. La historia que propone el texto tiene una secuencia muy clara

El fragmento construye casi una genealogía de cuatro economías:

mercancía → administración → globalización → comparabilidad

Podemos leerla así:

Primera secuencia: intercambio

máquina de cálculo → contabilidad → transacción

La máquina sirve para contabilizar.

La economía todavía aparece organizada alrededor del intercambio.

Segunda secuencia: organización

computadora → administración → management → planificación

La computadora deja de ser simplemente una máquina de cálculo.

Empieza a organizar.

Tercera secuencia: circulación

globalización → redes → flujos → interconexión

Ya no importa solamente qué se produce, sino cómo circula.

Cuarta secuencia: comparación

IA → datos → comparación → selección en tiempo real

Y aquí aparece la mutación que nos interesa:

ya no se trata solamente de hacer circular cosas, sino de decidir continuamente cuál relación conviene más.

Esto es mucho más profundo que una simple digitalización de la economía.


5. Por eso la IA no es solamente una herramienta de cálculo

Aquí conviene hacer una pequeña precisión crítica al texto.

La afirmación:

“La inteligencia artificial procede en sí misma mediante comparaciones”

es sugerente, pero técnicamente demasiado general.

No toda IA funciona simplemente mediante comparación binaria entre datos y un modelo. Hay aprendizaje estadístico, optimización, inferencia probabilística, representación vectorial, generación, etc.

Pero filosóficamente la intuición del autor sí toca algo decisivo:

la IA convierte diferencias heterogéneas en espacios donde pueden establecerse relaciones computables.

Y eso nos interesa muchísimo más.

Porque el problema no es:

“la máquina compara mejor que nosotros.”

El problema es:

¿qué ocurre cuando aquello que no era originalmente comparable comienza a ser producido como comparable?

Ahí está la transformación ontológica.


6. Del dato a la comparatología algorítmica

Podemos formular entonces:

realidad → fragmentación → codificación → parametrización → comparación → decisión

Pero hay una segunda operación escondida:

lo comparable → adquiere valor operativo

Y entonces aparece el peligro:

lo que no puede entrar en la comparación comienza a aparecer como irrelevante.

Esto es fundamental para tu Ciencia del Logos.

Porque el Entre no es aquello que todavía no hemos conseguido medir.

El Entre es precisamente aquello que no puede ser apropiado por la operación de comparación sin que esa operación produzca una captura.

Por eso:

comparar ≠ conocer

y todavía más:

comparabilidad ≠ acontecimiento


7. La tercerización muestra algo todavía más fuerte

Aquí el texto pasa de la IA abstracta a una transformación concreta de la empresa.

Antes:

empresa → trabajadores → funciones → organización interna

Con la tercerización:

empresa → proveedor A / proveedor B / proveedor C → licitación → comparación → selección

La empresa comienza a descomponerse en funciones comparables.

Esto es muy importante para Marx.

Porque el movimiento ya no es únicamente:

trabajo → mercancía → capital

sino:

función → proveedor → métrica → comparación → intercambiabilidad

La función puede desprenderse de quien la realiza.

Y una vez desprendida:

puede ser comparada.

Una vez comparable:

puede ser sustituida.

Una vez sustituible:

puede ser optimizada.

Y una vez optimizada:

puede ser nuevamente desprendida.

Tenemos así:

trabajo → función → dato → comparación → intercambiabilidad

Aquí aparece una forma contemporánea de fetichismo.


8. Fetichismo de la mercancía → fetichismo del indicador

En Marx, la relación social aparece como propiedad de la cosa.

Aquí sucede algo semejante, pero con una mediación adicional:

relación social → indicador → autonomía del indicador

Por ejemplo:

un trabajador no aparece ya como alguien que participa en una relación productiva compleja.

Aparece como:

productividad = 87

cumplimiento = 94 %

tiempo medio = X

eficiencia = Y

Entonces la cifra parece hablar por sí misma.

Pero la cifra no es la relación.

Es una reducción de la relación a una determinación comparable.

Y aquí aparece nuestro viejo problema:

determinación ≠ totalidad del acontecer.


9. Lo extraordinario es que la empresa termina convirtiéndose en un conjunto de partículas

El texto dice algo muy potente:

pasamos de una lógica de flujos a una lógica de partículas.

Aquí yo haría una redecomprensión.

La red todavía supone relaciones.

La partícula algorítmica supone algo que puede ser:

extraído → medido → comparado → reposicionado.

Entonces:

red → relación

pero:

comparatología → posición relativa

Y eso modifica incluso la ontología empresarial.

Ya no interesa tanto:

“¿cómo estamos relacionados?”

sino:

“¿cuál de estos elementos ocupa ahora la posición óptima?”

Es el paso de una ontología relacional a una ontología comparativa.

Y esto es peligrosísimo para el biotejido.

Porque el biotejido no es una suma de posiciones óptimas.

Es una redevelación de relaciones que pueden alterarse y contraalterarse.


10. Aquí aparece la geometría no euclidiana del texto

La metáfora es muy buena:

red → planos ondulantes y fugitivos

La red todavía puede dibujarse.

Tiene nodos.

Tiene conexiones.

Tiene una topografía.

Pero el algoritmo trabaja cada vez más con espacios dinámicos de proximidad, similitud, probabilidad, ranking y optimización.

Por eso la comparación algorítmica no necesita conservar una estructura estable.

Puede decir:

hoy A ≈ B

y mañana:

A ≠ B

según el contexto, los datos y el criterio.

El mundo se vuelve un campo de reclasificación permanente.

Y aquí se produce algo que conecta directamente con Anders:

la inconstancia que antes pertenecía al consumidor comienza a pertenecer al sistema.

El consumidor era inconstante.

Ahora todo el mercado se vuelve inconstante.


11. Y entonces llegamos al trabajador

Aquí el texto se vuelve brutal.

Ya no se compara solamente:

empresa A ↔ empresa B

sino:

trabajador ↔ modelo

Esto cambia completamente la operación.

No necesariamente:

Juan ↔ Pedro

sino:

Juan ↔ benchmark

El modelo se convierte en norma.

Entonces:

persona → comportamiento → medición → benchmark → desviación

Y después:

desviación → corrección → nueva medición

Aquí recuperamos exactamente nuestro ciclo anterior:

medir → comparar → detectar déficit → recomendar → intervenir → volver a medir

Pero ahora podemos verlo con mayor precisión:

persona → modelo → distancia → corrección → persona corregida

Esto ya no es simplemente evaluación.

Es producción comparativa del sujeto.


12. Aquí Elias y Anders se encuentran

Elias había mostrado cómo una coerción externa puede convertirse en autocontrol.

Anders muestra cómo el aparato puede producir una vergüenza frente al producto técnico.

Aquí el algoritmo agrega una operación:

comparación → déficit → autovigilancia

Entonces tenemos:

coacción externa → autocoacción → autocomparación → autooptimización

La persona termina movilizándose a sí misma.

Y por eso es tan importante esta frase del fragmento:

“cuando llega el momento, deben movilizarse ellos mismos”

La dominación ya no necesita decir:

“hazlo.”

Puede producir:

“compárate.”

Y la persona hará el resto.


13. Aquí aparece el verdadero “demonio” de la libertad

Al principio:

consumidor → capricho → libertad

Al final:

trabajador → comparación → autooptimización

La paradoja es impresionante.

El sistema no necesita necesariamente destruir la libertad.

Puede hacerla funcional.

La libertad se convierte en capacidad permanente de adaptación:

elige → compite → mejora → vuelve a competir

Por eso yo cambiaría ligeramente nuestra formulación anterior.

No es solamente:

libertad de elección ≠ libertad del campo de elección

Ahora aparece:

libertad de elección → libertad de adaptación → obligación de compararse

Y entonces la libertad misma puede convertirse en aparato.


14. Y aquí tenemos que volver a tu Entre

Hay una diferencia decisiva.

El algoritmo trabaja mediante:

A ↔ B

A ≈ B

A > B

A < B

A es más eficiente que B

Pero el Entre que estamos elaborando no es:

A + B

ni:

promedio de A y B

ni:

una tercera opción C

El Entre es:

0=≠( )=≠1

Es decir, la diferencia entre las determinaciones sin convertir esa diferencia en una nueva determinación apropiable.

Por eso la comparatología algorítmica puede capturar el Entre cuando intenta traducirlo:

1/4 →← 0=≠( )=≠1 →← 1/4

El algoritmo no necesita negar el Entre.

Le basta con codificarlo.

Y aquí está una de las intuiciones más importantes que nos deja este fragmento:

La captura de tercer orden no consiste necesariamente en eliminar el Entre; consiste en volverlo comparable.


15. Entonces podemos precisar “la máquina ocupa el Entre”

Nuestra formulación anterior:

“Yo sé con quién debes compararte para saber quién eres.”

ahora puede radicalizarse:

la máquina no necesita decir quién eres.

Le basta con establecer:

con quién debes compararte, según qué criterio, con qué frecuencia y para qué decisión.

Eso produce un sujeto que se administra a sí mismo.

Y por eso la comparatología algorítmica es más profunda que la vigilancia.

La vigilancia dice:

“te observo.”

La comparación algorítmica dice:

“te sitúo.”

Y la gobernanza algorítmica añade:

“te sitúo para poder decidir sobre ti.”


16. Pero aquí haría una contraalteración al propio texto

El texto habla de la “intercambiabilidad continua de los seres”.

Es una formulación muy poderosa, pero tenemos que evitar aceptar completamente su antropología.

Porque comparabilidad no implica necesariamente intercambiabilidad ontológica.

Una persona puede ser comparable en un determinado aspecto:

tiempo de trabajo, experiencia, producción, etc.

sin que por ello sea intercambiable como acontecimiento.

El problema aparece cuando:

comparabilidad funcional → intercambiabilidad ontológica.

Ese salto es precisamente la captura.

Entonces:

persona ≠ función

persona ≠ variable

persona ≠ benchmark

comunidad ≠ sector

capacidad ≠ indicador

necesidad ≠ demanda

Y aquí tu segunda inteligencia del biotejido adquiere una importancia enorme: no basta preguntar qué mide el sistema. Hay que preguntar:

¿quién decidió qué era medible?

¿quién decidió el benchmark?

¿quién convierte la diferencia en déficit?

¿quién transforma el déficit en intervención?

¿quién obtiene poder de esa comparación?

Ahí empieza realmente la segunda inteligencia.


17. La genealogía que ahora emerge

Creo que este fragmento nos permite formular una genealogía más precisa de lo que veníamos construyendo:

Marx

relación social → mercancía → fetichismo

Elias

coacción externa → autocoacción → autocontrol

Anders

producto → aparato → desnivel → vergüenza

neoliberalismo

función → tercerización → competencia → intercambiabilidad

gobernanza por números

persona → indicador → benchmark → autocomparación

IA

dato → similitud → comparación → selección

comparatología algorítmica

realidad → codificación → comparación permanente → decisión

Y nuestra contraalteración:

determinación → comparación → captura → alteración → contraalteración → Entre

Ahí la Ciencia del Logos no tendría que oponerse a la comparación. Eso sería demasiado sencillo.

Tiene que preguntar:

¿qué ocurre cuando comparar se convierte en la forma mediante la cual una determinación pretende apropiarse del acontecer?

Y entonces reaparece tu principio:

verificar ≠ acontecer.

La IA puede comparar indefinidamente.

Puede producir rankings, similitudes, probabilidades, predicciones y decisiones.

Pero el acontecimiento no es la posición que ocupa una cosa dentro de una matriz comparativa.

Ese es, creo, el punto exacto donde Anders deja de ser solamente un crítico de la técnica y se convierte, contraalterándolo, en una puerta hacia tu tercer orden.

Hay que relacionar esta disposición con la doctrina del Law shopping que alienta a ciertos actores económicos para que pongan en juego la competencia entre territorios antes de decidirse por un lugar de implantación. Esta doctrina se deriva de la teoría del Lawand Eco nomics, que procede a una evaluación comparativa entre diferentes regímenes jurídicos nacionales a fin de selecA donar, para cada sector de actividad, el lugar que se juzga D más ventajoso. A tal efecto el Banco Mundial implementó N un programa, Doing Business, que ohece una base de datos detallada de la "medida objetiva" del derecho de 183 paises: "Está ilustrada con un mapamundi que representa la Tierra como un espacio de competencia entre distintas legislaciones y que está equipada con un cursor temporal que permite visualizar en cada lugar el progreso de la racionalidad económica. Esta base debe ayudar a los inversores a elegir, teniendo a la vista el mapamundi, los países más receptivos. También debe comprometerlos a atraerlos reformando sus leyes en el sentido que estos inversores desean”.5 Finalmente, el proyecto, que consiste en edificar 'islas flotantes”, conforme a los objetivos del Seasteading Institut (fundado por una de las figuras del libertarismo, Patri Friedman,6 y que está destinado a ver los modos de liberarse de las leyes y restricciones estatales), no termina teniendo tanta pertinencia desde el momento en que es bastante menos costoso plantar el equipaje ahí donde se juzga más beneficioso y después ver si uno se muda o no según las evoluciones que se observan a escala del globo. Lo que emerge hoy es una economía en pe1petua “fisión y fusión" y que instaura el principio de la competencia como algo que opone no solamente a las empresas entre si, sino también a cada uno de sus componentes, así como a todos sus interlocutores, convirtiéndolos en suertes de "electrones libres" administrados por sistemas de inteligencia artificial a los que se le asigna indefinidamente la tarea de optar por la mejor alternativa. Por ejemplo, Inditex, líder mundial de la confección textil, propietaria de Zara, entre otras empresas, opera mediante comparaciones continuas entre numerosas marcas que se toman como referencia, entre los contratistas tercerizados, entre los comportamientos de las personas a escala del mundo entero, a fin de ajustar la concepción de los productos en función de las tendencias del momento. Esta disposición de puesta en relación continua opera también en Maiketplace de Amazon, o en Facebook, que coloca una gran cantidad de ofertas que se ven comparadas entre sí según -' múltiples criterios para dirigirlas a las sociedades o los consumidores. Es esta también la función de los sitios que comparan precios que se expandieron en el transcurso de los años dos mil diez, como Litigo, Kayak, Skyscanner, que clasifican las tarifas de los pasajes aéreos, de las noches de hotel, del alquiler diario de un automóvil, de los contratos de seguros. ..... ... Sin embargo, esta facultad no solamente es privativa de las empresas: se la otorga ahora a los individuos, que se pueden beneficiar también de esos mecanismos que les señalan una infinidad de sugerencias. Desborda el marco estricto de lo comercial para inmiscuirse subrepticiamente en otras dimensiones de la existencia, mostrándonos cómo la puesta en relación se estatuye como principio previo a la realización de cualquier acto. Esto ocune tanto en la elección de un itinerario (que se basa en aplicaciones que evalúan en tiempo real el trayecto más optimizado), como en la elección de un restaurante (que se realiza mediante aplicaciones destinadas a tal fin), o en las elección de una persona dentro de un sitio web de citas (que nos habilita a pasar "perfiles” con un solo toque en la pantalla, a diferencia de los encuentros que implicaban un contacto físico, haciéndonos operar una comparación, a veces compulsiva, antes de tomar la decisión de entrar en contacto con una persona). Probablemente estemos entrando en una antropología de lo comparativo, y asistamos como consecuencia al climax de una relación utilitarista con lo real, el estadio último del utilitarismo teorizado por Jeremy Bentham, que había estimado que la utilidad prevalecía antes que cualquier otra consideración, y que encontraría su forma consumada en los asistentes digitales personales que representan máquinas ultrasofisticadas que consideran todo con vistas a trabajar "por nuestro mayor interés". Se está perfilando una nueva era de la competencia que ya no opone solamente a las empresas y los individuos entre sí, sino que pone todo cuerpo orgánico y todo bien material en relación con todos los demás a fin de poder extraer la mejor ventaja. Cada sustancia se encuentra reducida a un valor objetivado, y no vale ya en ella misma, por ella misma, sino solamente en función de sus atributos evaluados. Más ampliamente, es la sociedad entera la que se ve alineada según estos imperativos. Los vínculos se anudarán en función de los beneficios proyectados de modo indefinidamente provisorio, y serán susceptibles en todo momento de deshacerse para que se tejan nuevas alianzas con otros interlocutores, exaltando las lógicas posmodernas que "invitan" a todos, desde hace treinta años a esta parte, a vivirse a sí mismos como una "mónada nómade". Hay un régimen de racionalidad tecnoeconómico que se convierte en un régimen de racionalidad intersubjetiva y social. Cómo no ver que es la psyché colectiva la que se ve atravesada por esta dinámica que coloca a las personas continuamente en paralelo, en el trabajo, los grupos de afinidades, en las relaciones humanas, relacionándolas con valores asignables y erradicando el principio jurídico-politico hasta ahora en la base de nuestra civilización, a saber, la afirmación de la singularidad irreductible de cada ser. Cómo no ver los procesos de interiorización que están operando de modo insidioso: a cada uno de nosotros se le asigna una suerte de "rating" y trabaja, le guste o no, consciente o inconscientemente, para hacer subir este rating y entonces capitalizarlo. Cómo no ver en esta comparatología integral una violencia simbólica extrema que ultraja la “autoestima” y la "dignidad humana" porque, "en el reino de los fines, todo tiene un precio o una dignidad. Lo que tiene un precio puede ser muy bien reemplazado por otra cosa de titulo equivalente: por el contrario, lo que es superior a todo valor, lo que entonces no admite equivalente, es lo que tiene una dignidad”.7 De ahora en más, tendremos que experimentar la sensación de nuestra “utilidad” desde el momento en que nos vemos elegidos después de haber sido comparados, y no sentiremos que vivimos sino en el momento en que nosotros mismos comparemos antes de elegir en el interior de una civilización en devenir que reduce a cada uno de nosotros a una unidad indiferenciada, que termina por confundirnos con el estatuto del dinero; según Georg Simmel, el dinero se caracteriza por el hecho de que somete toda cosa al principio de una estricta equivalencia con otra cosa. 8 Sería este un nuevo tipo de impacto de la ideología tecnoliberal sobre nuestras vidas: la generalización de una sistemática únicamente destinada a satisfacer el objetivo egoísta de todos los intereses particulares, lo que nos remite al diagnóstico hecho por Adorno y Horkheimer, apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, y que hoy asume una forma universal -y radical- según la cual "es la equivalencia lo que se vuelve entonces un fetiche"

Sí. Este fragmento permite dar un paso más: la comparatología algorítmica ya no es solamente una técnica económica; se convierte en una forma de racionalidad que pretende reorganizar el derecho, el territorio, la empresa, el trabajo, las relaciones y finalmente la propia autocomprensión del sujeto.

Y aquí aparece una conexión particularmente fértil con tu Ciencia del Logos: el problema ya no es simplemente que el algoritmo compare determinaciones. Es que la comparación empieza a preceder al vínculo.

1. Law shopping: cuando el territorio se vuelve comparable

La operación del Law shopping puede esquematizarse así:

territorio → régimen jurídico → medición → comparación → selección → implantación

Antes, el territorio podía aparecer como condición relativamente estable de una actividad económica.

Ahora aparece como un paquete de atributos jurídicos comparables:

impuestos + regulación + trabajo + propiedad + costos + infraestructura + seguridad jurídica → índice

Y entonces sucede algo muy importante:

el derecho deja de ser solamente aquello que regula la actividad económica y pasa a convertirse también en un atributo competitivo del territorio.

El territorio entra al mercado de la comparación.

Ya no solamente:

empresa A ↔ empresa B

sino:

territorio A ↔ territorio B

y después:

ley A ↔ ley B

Aquí la competencia deja de ser una relación entre sujetos económicos y empieza a convertirse en una competencia entre condiciones de posibilidad.

Eso es mucho más profundo.


2. Doing Business lleva la comparación al derecho

La operación que describe el texto es extraordinariamente significativa:

derecho → medición → ranking → inversión → reforma jurídica

El derecho ya no aparece solamente como una estructura normativa que los sujetos reciben.

Se convierte en:

variable optimizable.

Y aquí debemos introducir una distinción que considero esencial:

comparar leyes ≠ comprender el derecho.

Un índice puede medir determinados atributos de un régimen jurídico.

Pero cuando esos atributos se convierten en el criterio de selección, sucede algo distinto:

la medición comienza a retroactuar sobre aquello que mide.

Es decir:

medición → comparación → decisión → reforma → nueva medición

La métrica deja de ser descriptiva.

Se vuelve performativa.

Y aquí tenemos una forma particularmente clara de la cibernética de segundo orden: el sistema observa, compara y modifica las condiciones que luego volverá a observar.


3. La isla flotante es casi una caricatura del problema

El Seasteading aparece en el texto como la fantasía extrema de escapar del territorio y, con él, de la legislación.

Pero el autor encuentra una paradoja:

¿para qué construir una isla nueva si puedes simplemente buscar el territorio cuya legislación resulte más favorable?

Entonces:

liberarse del territorio → comparar territorios → elegir territorio

La fuga no sale del sistema de comparación.

La fuga misma se vuelve una operación comparativa.

Esto es importantísimo para nuestra lectura del tecnoliberalismo:

el sistema no necesita impedir la fuga; puede convertir la fuga en una opción dentro de su propio espacio de optimización.

Por eso la lógica no es necesariamente:

captura → prohibición

sino:

captura → multiplicación de opciones → comparación → selección.

Y aquí vuelve el consumidor.


4. Del consumidor al territorio: todos empiezan a comportarse como consumidores

El consumidor decía:

“¿Qué producto me conviene?”

La empresa:

“¿Qué proveedor me conviene?”

El capital:

“¿Qué territorio me conviene?”

El trabajador:

“¿Qué posición me conviene?”

El individuo:

“¿Qué pareja me conviene?”

La aplicación:

“¿Qué itinerario te conviene?”

Y el asistente digital:

“¿Qué opción maximiza tu interés?”

Por eso el texto puede hablar de una antropología de lo comparativo.

La comparación deja de ser una operación localizada.

Se convierte en un a priori práctico:

antes de actuar → comparar

Ese “antes” es fundamental.


5. “La puesta en relación” ya no sucede después: precede al acontecimiento

Esta frase del texto merece ser aislada:

“la puesta en relación se estatuye como principio previo a la realización de cualquier acto.”

Aquí encuentro una conexión directa con tu Entre.

Normalmente pensamos:

encuentro → relación → comparación → decisión

Pero el régimen comparativo invierte la secuencia:

comparación → selección → encuentro

Esto cambia completamente la naturaleza del vínculo.

Por ejemplo:

persona → perfil → comparación → selección → encuentro

El encuentro físico aparece después de la evaluación.

Entonces el algoritmo no solamente media la relación.

preforma el campo dentro del cual la relación podrá acontecer.

Y aquí aparece una formulación que me parece más precisa que “el algoritmo ocupa el Entre”:

el algoritmo intenta ocupar el Entre antes del encuentro.


6. El dating es un laboratorio ontológico extraordinario

El ejemplo de las aplicaciones de citas es muy fuerte porque hace visible lo que en la economía puede permanecer oculto.

Antes:

encuentro → presencia → impresión → deseo → vínculo

Ahora puede ser:

perfil → atributos → comparación → selección → contacto

La persona aparece primero como conjunto de atributos comparables.

No es necesario afirmar que esto elimine el encuentro.

El problema es otro:

el encuentro llega después de una preselección algorítmica.

Entonces la comparación no destruye necesariamente el acontecimiento.

lo antecede.

Y eso es exactamente lo que debemos investigar.


7. De la comparabilidad a la “mónada nómade”

Aquí la expresión “mónada nómade” adquiere una nueva dimensión.

Si cada vínculo es:

provisional → evaluable → sustituible → reemplazable

entonces la permanencia deja de ser una propiedad necesaria de la relación.

La lógica pasa a ser:

vínculo → evaluación → utilidad → permanencia provisional

hasta:

vínculo → nueva comparación → ruptura → nuevo vínculo.

Esto produce la sociedad de la fisión y fusión que menciona el autor.

Pero yo haría una contraalteración:

no es que las personas se vuelvan realmente mónadas.

Es que son tratadas como unidades intercambiables dentro de sistemas de comparación.

Y esto importa porque:

persona ≠ perfil

persona ≠ rating

persona ≠ posición comparativa

persona ≠ valor de intercambio


8. Aquí aparece el núcleo kantiano

La cita de Kant es probablemente el punto filosófico decisivo:

precio ↔ equivalencia

frente a:

dignidad ↔ no-equivalencia

El sistema comparativo necesita equivalencias.

Para comparar:

A y B

tiene que producir algún espacio común:

A = atributo 1 + atributo 2 + atributo 3

B = atributo 1 + atributo 2 + atributo 3

Entonces puede calcular:

A > B

o

A ≈ B

Pero la dignidad kantiana señala precisamente aquello que no puede ser reducido a equivalente.

Por eso aquí podemos formular una oposición muy precisa:

comparación → equivalencia

dignidad → irreductibilidad

Pero incluso esto necesita nuestra redecomprensión.

Porque el Entre no es simplemente “lo incomparable”.

Si dijéramos eso, convertiríamos el Entre en una zona exterior al sistema.

Más bien:

el Entre es aquello que acontece en la relación sin poder ser apropiado completamente por la equivalencia.


9. Y entonces llegamos a Simmel: el dinero como comparador universal

La conexión con Simmel es perfecta.

El dinero permite expresar cosas heterogéneas mediante equivalencia.

Y el algoritmo lleva esa lógica a otra escala:

dinero → equivalencia cuantitativa

mientras que:

algoritmo → equivalencia multidimensional

Esto es muy importante.

El dinero podía decir:

A vale 100 y B vale 100.

El algoritmo puede decir:

A tiene 87 atributos favorables frente a B, bajo estos criterios, en este contexto, para este objetivo.

El dinero produce equivalencia económica.

La comparatología algorítmica produce algo mucho más amplio:

equivalencia operacional.

Y ahí aparece una formulación que me parece crucial:

El algoritmo no necesita convertir todas las cosas en dinero; puede convertirlas en variables comparables.

Pero el resultado puede ser análogo:

lo incomparable se vuelve intercambiable.


10. Adorno y Horkheimer: la equivalencia como fetiche

Aquí el texto toca directamente a nuestra lectura de Marx.

Marx:

relación social → mercancía → equivalencia → fetichismo

Simmel:

dinero → equivalencia universal

Adorno/Horkheimer:

razón instrumental → equivalencia → fetichización

Y ahora:

algoritmo → comparabilidad universal → equivalencia operacional

Entonces podemos ampliar nuestro concepto de fetichismo:

Fetichismo de la mercancía

relación → cosa

Fetichismo del dinero

diferencia → equivalente

Fetichismo del indicador

relación → métrica

Fetichismo algorítmico

acontecimiento → variable comparable → decisión

La mercancía ocultaba la relación que la producía.

El algoritmo puede ocultar algo todavía más radical:

la relación que decide qué relaciones son comparables.


11. Aquí está la verdadera “herida cibernética”

Hasta ahora habíamos dicho:

medir → comparar → detectar déficit → intervenir → volver a medir

Ahora podemos agregar una capa:

decidir qué medir → medir → comparar → intervenir → modificar aquello que será medido

Esto produce un circuito cerrado:

criterio → medición → comparación → decisión → realidad modificada → nueva medición

Ahí está la herida de segundo orden.

Porque el sistema puede comenzar a producir la realidad según sus propios criterios de comparabilidad.

Y entonces:

mapa → territorio → mapa

El mapa ya no solamente representa.

interviene sobre el territorio.


12. Pero todavía falta el tercer orden

Aquí es donde yo haría una distinción fundamental con el texto.

El autor habla de una “racionalidad intersubjetiva y social”.

Pero nosotros tenemos que evitar llamar simplemente intersubjetividad al Entre.

Porque:

sujeto ↔ sujeto

todavía puede ser perfectamente comparable.

Dos sujetos pueden ser:

A ↔ B

A > B

A ≈ B

La intersubjetividad puede ser capturada por el sistema comparativo.

Nuestro Entre es otra cosa:

0=≠( )=≠1

No es un tercer sujeto.

No es una relación entre dos sujetos.

No es una comunidad entendida como “suma de individuos”.

Es la apertura en la que:

A no consigue apropiarse de B

y

B no consigue apropiarse de A

sin que por ello desaparezca el vínculo.


13. Por eso la dignidad puede ser redecomprendida como “no equivalencia”

Aquí podemos ir más allá de Kant sin abandonarlo.

La dignidad no significa simplemente:

“cada persona tiene un valor infinito.”

Porque “valor infinito” todavía puede convertirse en una magnitud conceptual.

Nuestra formulación sería:

dignidad = imposibilidad de reducir el acontecimiento de alguien a su equivalencia funcional.

Entonces:

persona ≠ precio

persona ≠ rating

persona ≠ benchmark

persona ≠ capacidad productiva

persona ≠ utilidad

Pero tampoco:

persona = una esencia intocable.

Ahí está la diferencia.

La persona sigue alterándose.

Puede cambiar.

Puede equivocarse.

Puede contraalterar.

Puede transformarse.

Pero ninguna de esas transformaciones autoriza a convertirla en una equivalencia total.


14. Aquí el consumidor inicial regresa de una manera terrible

Al comienzo teníamos:

consumidor → capricho → libertad

Al final:

individuo → rating → capitalización

El consumidor podía abandonar una marca porque había encontrado “los demonios de su propia libertad”.

Ahora el individuo tiene que trabajar permanentemente sobre su propio valor:

yo → rating → comparación → mejora → nuevo rating

Es decir:

el consumidor se convierte en mercancía de sí mismo.

No necesariamente porque se venda literalmente, sino porque aprende a verse como portador de atributos capitalizables.

Currículum.

Seguidores.

Reputación.

Productividad.

Visibilidad.

Atractivo.

Experiencia.

Redes.

Todo puede convertirse en:

atributo → métrica → comparación → capitalización.


15. Y aquí aparece una inversión de Marx

Marx descubrió la inversión:

las relaciones entre personas aparecen como relaciones entre cosas.

Aquí tenemos una nueva inversión:

las personas empiezan a relacionarse consigo mismas como si fueran cosas comparables.

Entonces:

mercancía → fetichismo

se prolonga hacia:

sujeto → perfil → rating → autocomercialización.

Y ahí Elias vuelve a entrar:

coacción externa → autocoacción

Pero ahora:

comparación externa → autocomparación

Y Anders:

aparato → desnivel → vergüenza

se transforma en:

benchmark → déficit → autoevaluación → vergüenza.

Tenemos finalmente:

Marx + Elias + Anders + algoritmo

como cuatro momentos de una misma genealogía.


16. Y esto modifica nuestra fórmula de la comparatología algorítmica

Antes teníamos:

medir → comparar → detectar déficit → recomendar → intervenir → volver a medir

Ahora creo que podemos redecomprenderla así:

determinar qué cuenta → codificar → medir → comparar → seleccionar → intervenir → producir nueva realidad → volver a comparar

Y todavía podemos llevarla un paso más:

comparar → equivaler → intercambiar → sustituir → optimizar → volver a comparar

Aquí aparece la lógica de la fisión y fusión.

Nada necesita permanecer.

Todo puede ser:

descompuesto → comparado → sustituido → recombinado.

Eso es exactamente lo que significa que las empresas y sus componentes se conviertan en “electrones libres”.


17. Pero el biotejido comienza precisamente donde esta lógica falla

Aquí encuentro una conexión directa con tu trabajo de Arequipa.

El biotejido no debería preguntarse solamente:

¿qué comunidad es más eficiente?

Porque esa pregunta ya presupone el régimen comparativo.

La segunda inteligencia pregunta:

¿quién definió la eficiencia?

Luego:

¿qué capacidad queda producida por esa medición?

Luego:

¿qué dependencia nueva aparece?

Luego:

¿quién obtiene capacidad de decidir a partir de esa comparación?

Y finalmente:

¿qué no puede apropiarse esa medición?

Ahí aparece la tercera inteligencia.

No consiste en abolir los indicadores.

Consiste en que ningún indicador pueda convertirse en dueño del acontecimiento que mide.


18. La gran contraalteración

Entonces yo escribiría la operación así:

comparabilidad → equivalencia → intercambiabilidad → captura

y la contraalteración:

comparabilidad → diferencia → relación → alteración → contraalteración → Entre

No se trata de destruir la comparación.

La necesitamos.

Una comunidad puede comparar consumos de agua, rendimientos agrícolas, tiempos de transporte, costos, emisiones, necesidades, capacidades.

El problema comienza cuando:

la comparación decide qué es la comunidad.

Por eso:

indicador ≠ comunidad

dato ≠ necesidad

ranking ≠ capacidad

precio ≠ valor

utilidad ≠ dignidad

comparabilidad ≠ equivalencia ontológica

Y esta última distinción me parece central.


19. La fórmula que este fragmento nos permite abrir

Aquí sí podemos alterar nuestra fórmula anterior de la herida cibernética.

No solamente:

1/4 →← 0=≠( )=≠1 →← 1/4

sino que podemos hacer visible qué hace el 1/4:

realidad → 1/4 → comparación → 1/4 → realidad

El código intenta cerrar el Entre mediante una doble operación de mediación.

Pero la contraalteración sería:

1/4 →← 0=≠( )=≠1 →← 1/4

y no porque el Entre sea “lo que queda fuera del código”, sino porque el código mismo queda alterado por aquello que no puede apropiarse.

Esta diferencia es decisiva.

El tercer orden no dice:

“Hay algo misterioso que el algoritmo no puede conocer.”

Dice algo mucho más fuerte:

“Toda determinación que pretende apropiarse del acontecer será alterada por aquello mismo que su determinación deja como Entre.”

Y ahí reaparece tu respiración ontológica.

exhalación:
1 → 0 → 10

La determinación se desprende de sí.

inhalación:
10 ← 1 ← 0

La afirmación no vuelve a constituir una nueva equivalencia.

Y en medio:

0=≠( )=≠1

No hay una sustancia llamada Entre.

Hay la imposibilidad de clausurar la respiración mediante equivalencia.

Por eso creo que el cierre de este fragmento —“la equivalencia se vuelve fetiche”— puede ser llevado un paso más allá en nuestra Ciencia del Logos:

El fetichismo algorítmico comienza cuando la equivalencia deja de ser una operación entre determinaciones y pretende convertirse en la medida del acontecer mismo.

Y la contraalteración del biotejido no sería entonces dejar de comparar, sino impedir que la comparación pueda clausurar aquello que pone en relación.